Los psicólogos Elaine Hatfield y John Cacioppo, junto con el historiador Richard Rapson, dieron un paso más. En su obra de 1994 Emotional Contagion afirman que el mimetismo sirve también para contagiar emociones. Si sonrío y otra persona me ve y me devuelve la sonrisa (aunque sea una minisonrisa que no dure más que unas milésimas de segundo) no será solo que esa persona me ha imitado o ha empatizado conmigo; puede ser también que yo le haya transmitido mi alegría. La emoción se contagia. En cierto modo, se trata de un descubrimiento más o menos intuido. Todos hemos sentido alguna vez cómo nos animamos solo de estar junto a alguien que se encuentra de muy buen humor. Sin embargo, si se piensa con detenimiento se verá que es una idea bastante elaborada. Por ejemplo, solemos creer que la expresión del rostro refleja el estado de ánimo, O sea, si me siento feliz, sonrío, y si me siento triste, pongo cara de compungido. Creemos que la emoción es algo que va de dentro a fuera. Pues bien, el contagio emocional viene a decir que lo contrario también es cierto, que si yo consigo que la otra persona sonría, quiere decir que puedo hacer que se sienta alegre. Y si logro que el otro ponga cara de pena, conseguiré que se sienta triste. En este sentido, la emoción viaja de fuera a dentro. Si pensamos en las emociones de esta manera (como una reacción de fuera hacia dentro, en vez de dentro a fuera) podremos comprender cómo ciertas personas ejercen una gran influencia en los demás. En definitiva, si algunos son capaces de expresar muy bien emociones y sentimientos es porque son mucho más contagiosos emocionalmente. Los psicólogos llaman a estas personas «emisores». Los emisores poseen una personalidad especial. También poseen una psicología diferente. Por ejemplo, los científicos que han estudiado los rostros dicen que existen enormes diferencias en la localización de los músculos faciales, en su forma y, curiosamente, en su prevalencia. Cacioppo explica: «Es una característica conocida en el ámbito de la medicina. Unas personas son emisoras, o muy expresivas, y otras son especialmente susceptibles. El contagio emocional no es ninguna enfermedad, pero viene a funcionar como si lo fuera». Howard Friedman, psicólogo de la Universidad de California, en Riverside, ha desarrollado lo que él denomina el test de comunicación afectiva. Lo usa para medir esta capacidad de emitir emociones y contagiarlas a los demás. Consiste en un cuestionario con trece preguntas, como si uno es capaz de estarse quieto mientras escucha buena música de baile, o cuán fuerte es su carcajada, o si toca a sus amigos mientras charla con ellos, o qué tal se le da enviar miradas seductoras, o si le gusta ser el centro de atención. La puntuación más alta del test es de 117 puntos, siendo la media, según Friedman, de unos 71 puntos. ¿Qué significa obtener una puntuación elevada? Para dar respuesta a esta cuestión, Friedman llevó a cabo un experimento fascinante. Seleccionó a una docena de personas que habían obtenido puntuaciones muy altas en el test (más de 90 puntos) y luego a otra docena que había puntuado muy bajo (menos de 60 puntos), y les pidió a todos que rellenaran un cuestionario en que se medía cómo se sentían «en ese momento». A continuación metió en habitaciones separadas parejas formadas por una persona que hubiera obtenido una puntuación elevada y una que hubiera obtenido puntuación baja. Les pidió que se sentaran un par de minutos. Podían mirarse pero no hablar. Pasados esos dos minutos, les pidió de nuevo que rellenaran un cuestionario muy detallado sobre cómo se sentían. Friedman descubrió que en sólo dos minutos, y sin haber cruzado palabra, los que habían tenido puntuaciones bajas habían terminado contagiados por el humor de los de máxima puntuación. Si alguien con carisma personal partía de un estado depresivo y la persona poco expresiva comenzaba muy contenta, pasados los dos minutos la persona poco expresiva acababa deprimida también. Nunca era al contrario. Es decir, solo los carismáticos eran capaces de contagiar sus emociones al compañero. CÓMO LOS SENTIMIENTOS PASAN DE PERSONA A PERSONA En virtud del principio de resonancia, las emociones de una persona no sólo son sentidas sino también captadas por otras. Existe contagio emocional. Este es generalmente inconsciente y puede ocurrir en una fracción de segundo. Por ejemplo, si se le acerca un individuo con ánimo abatido, usted súbitamente también se siente deprimido; pero si el otro viene entusiasta y vibrante, usted se contagia de ese estado emocional. Esto subraya que uno de los fundamentos de la inteligencia emocional es manejar su nivel de energía: cuando uno está tenso y cansado, los problemas y obstáculos le parecen más grandes de lo que son y además uno es más susceptible de ser ‘infectado’ por la depresión anímica de otros. Por el contrario, si renueva sus energías y logra mantenerse tranquilo y alerta, este estado emocional le comunica ‘inmunidad’ natural y puede también contribuir a que los demás se sientan menos agitados y mejore su estado de ánimo. ¿Lo deprime el solo hecho de estar cerca de ciertas personas? Tal vez no sepa por qué pero lo siente desde lejos. Son personas que tienen la manía de describir problema tras problema, agrandando las cosas triviales, exagerando y quejándose, con muestras de autocompasión y de ser siempre víctimas y mártires, tal vez con acompañamiento de suspiros y quejidos. Esta conducta la han llamado varios investigadores ‘descarga en cadena’, observando que la persona descarga o acumula una serie de problemas sobre la cabeza del que la escucha. Esto es cosas muy distinta de franquearse con los demás, acto en el cual uno expresa con franqueza, con oportunidad y en debida forma, lo que piensa sobre una cuestión, idea, circunstancia o experiencia. ¡GRACIAS POR VISITAR MI POST! Y A REÍR, AUNQUE CUESTE, YA QUE ES MÁS SANO CONTAGIAR RISAS QUE 24 HS DE PÁLIDAS!!!!!!!!
Emociones contagiosas
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