Aunque en el pasado se pensaba que era una enfermedad incurable y en cierto modo maldita, la lepra no se transmite fácilmente. Con la primera dosis, el paciente ya no puede contagiar a nadie y con el tiempo puede curarse totalmente. Lo importante, según el Centro Dermatológico Federico Lleras Acosta, es consultar a tiempo cualquier alteración en la piel y no discriminar a quien la padezca.
• Los síntomas son variados y van desde manchas blancas hasta placas y nódulos en la piel.
• La insensibilización de cualquier parte del cuerpo es una de sus más comunes consecuencias, lo cual hace que queden expuestas a daños e infecciones.
• Lo importante es no rechazar ni discriminar a las personas que la padecen.
La imagen que Colombia mostraba al mundo, al término de la Guerra de los Mil Días, a comienzos del siglo XX, por poco logra aislarla del planeta. Miles de leprosos abandonados por el Estado deambulaban por los caminos y eso hizo que en la Feria Exposición de París de 1901, la nación fuera conocida como el país con más casos de lepra en todo el continente americano: la parte correspondiente a Colombia en el mapamundi estaba señalada con una gran mancha amarilla, como la gran leprosa del continente americano.
Para contrarrestar esta estigmatización, el presidente Rafael Reyes ordenó en los años siguientes “extirpar la lepra” por medio del aislamiento de los enfermos en los lazaretos. En ese entonces, La dolencia era vista como una enfermedad de la pobreza, rural, asociada con las guerras, el desplazamiento forzado, el hambre y la miseria. Por eso, la historia de injusticia de los miles de colombianos, muchos de ellos pobres, que fueron perseguidos y aislados por ser sospechosos de ser leprosos, pero también la historia de los que se hicieron pasar por leprosos, para recibir un subsidio del Estado, están por escribirse.
Hoy aún subsisten varios mitos en torno a esta enfermedad crónica y transmisible, producida por una bacteria, el bacilo de Hansen. El primero es su contagio. “Una persona que la padece la puede pasar a otra que no la tiene, pero no es para alarmarse desde el punto de vista epidemiológico”, afirma el doctor Luis Arturo Gamboa Suárez, dermatólogo del Centro Dermatológico Federico Lleras Acosta, y quien trabaja con el programa de Lepra en la entidad. “No se trata de una enfermedad de fácil transmisión –agrega–. Para que ocurra, se requiere de un contacto íntimo y prolongado, o sea que en general las personas que viven en el mismo grupo familiar del paciente son las que más riesgo tienen”.
Ello significa, según el experto del Centro Dermatológico, que un contacto casual no es peligroso. “Por decir algo, que uno vaya en el bus y la persona de al lado la padezca, no genera riesgo de trasmisión porque es de baja contagiosidad”, señala.
Además, con la primera dosis de tratamiento que reciba, el paciente deja de ser infectante para el resto de las personas.
Sin embargo, el Dermatólogo advierte que, en general, el paciente no es consciente de la enfermedad. “La lepra puede dar lesiones en la piel de muy variado tipo –dice–. Van desde manchas blancas que a veces la gente dice ‘hongos’ y las trata con crema, y resulta que no mejoran. También puede manifestarse en placas, nódulos, etc. Entonces, el consejo es que si una persona tiene lesiones en su piel, debe consultar al médico. Existen muchas enfermedades cutáneas que pueden dar esas lesiones y dentro de ellas esta el Hansen”.
Para el doctor Gamboa Suárez, no obstante, existe un síntoma que sí es claro y preocupante. “Algo que sí es muy característico en la enfermedad y que puede poner en alerta a la persona es que la lesión, aparte de estar en la piel, genera alteraciones en la sensibilidad. Es decir, si la persona siente allí más dormido o que al tocarse percibe una quemadura, es muy indicativo de que pueda tratarse de lepra”, explica.
Y ese es precisamente otra secuela grave de esta dolencia. “Ese es exactamente el mecanismo de daño en lepra –manifiesta el especialista–: el paciente va perdiendo progresivamente su función del nervio, su sensibilidad y, por ejemplo, si coge algo caliente y no lo siente, entonces se quema. Esa imagen del paciente con lepra, que ha perdido sus manos o sus pies, no es consecuencia de que la enfermedad le destruya los miembros, sino que la pérdida de la sensibilidad lleva a la discapacidad”.
Por fortuna, la lepra es, al contrario de lo que se creía a comienzos del siglo XX, 100 por ciento curable. “El paciente que toma su tratamiento va a tener garantía de que desapareció el problema en su piel, siempre y cuando la enfermedad no haya dejado secuelas. Eso es algo que toca manejar posteriormente con rehabilitación”, anota el especialista.
Al no ser una enfermedad mortal y ya que con la primera dosis del tratamiento el paciente deja de ser infectante, no hay que estigmatizar ni aislar a quienes la padecen. “Lo importante es que cada quien sea consciente de hacerse un chequeo general de piel, de estar revisando si salen este tipo de lesiones, de consultar y, si aparece, pues inmediatamente hacer el tratamiento. Uno se cura y desaparece el problema”, concluye el doctor Gamboa Suárez.
• Los síntomas son variados y van desde manchas blancas hasta placas y nódulos en la piel.
• La insensibilización de cualquier parte del cuerpo es una de sus más comunes consecuencias, lo cual hace que queden expuestas a daños e infecciones.
• Lo importante es no rechazar ni discriminar a las personas que la padecen.
La imagen que Colombia mostraba al mundo, al término de la Guerra de los Mil Días, a comienzos del siglo XX, por poco logra aislarla del planeta. Miles de leprosos abandonados por el Estado deambulaban por los caminos y eso hizo que en la Feria Exposición de París de 1901, la nación fuera conocida como el país con más casos de lepra en todo el continente americano: la parte correspondiente a Colombia en el mapamundi estaba señalada con una gran mancha amarilla, como la gran leprosa del continente americano.
Para contrarrestar esta estigmatización, el presidente Rafael Reyes ordenó en los años siguientes “extirpar la lepra” por medio del aislamiento de los enfermos en los lazaretos. En ese entonces, La dolencia era vista como una enfermedad de la pobreza, rural, asociada con las guerras, el desplazamiento forzado, el hambre y la miseria. Por eso, la historia de injusticia de los miles de colombianos, muchos de ellos pobres, que fueron perseguidos y aislados por ser sospechosos de ser leprosos, pero también la historia de los que se hicieron pasar por leprosos, para recibir un subsidio del Estado, están por escribirse.
Hoy aún subsisten varios mitos en torno a esta enfermedad crónica y transmisible, producida por una bacteria, el bacilo de Hansen. El primero es su contagio. “Una persona que la padece la puede pasar a otra que no la tiene, pero no es para alarmarse desde el punto de vista epidemiológico”, afirma el doctor Luis Arturo Gamboa Suárez, dermatólogo del Centro Dermatológico Federico Lleras Acosta, y quien trabaja con el programa de Lepra en la entidad. “No se trata de una enfermedad de fácil transmisión –agrega–. Para que ocurra, se requiere de un contacto íntimo y prolongado, o sea que en general las personas que viven en el mismo grupo familiar del paciente son las que más riesgo tienen”.
Ello significa, según el experto del Centro Dermatológico, que un contacto casual no es peligroso. “Por decir algo, que uno vaya en el bus y la persona de al lado la padezca, no genera riesgo de trasmisión porque es de baja contagiosidad”, señala.
Además, con la primera dosis de tratamiento que reciba, el paciente deja de ser infectante para el resto de las personas.
Sin embargo, el Dermatólogo advierte que, en general, el paciente no es consciente de la enfermedad. “La lepra puede dar lesiones en la piel de muy variado tipo –dice–. Van desde manchas blancas que a veces la gente dice ‘hongos’ y las trata con crema, y resulta que no mejoran. También puede manifestarse en placas, nódulos, etc. Entonces, el consejo es que si una persona tiene lesiones en su piel, debe consultar al médico. Existen muchas enfermedades cutáneas que pueden dar esas lesiones y dentro de ellas esta el Hansen”.
Para el doctor Gamboa Suárez, no obstante, existe un síntoma que sí es claro y preocupante. “Algo que sí es muy característico en la enfermedad y que puede poner en alerta a la persona es que la lesión, aparte de estar en la piel, genera alteraciones en la sensibilidad. Es decir, si la persona siente allí más dormido o que al tocarse percibe una quemadura, es muy indicativo de que pueda tratarse de lepra”, explica.
Y ese es precisamente otra secuela grave de esta dolencia. “Ese es exactamente el mecanismo de daño en lepra –manifiesta el especialista–: el paciente va perdiendo progresivamente su función del nervio, su sensibilidad y, por ejemplo, si coge algo caliente y no lo siente, entonces se quema. Esa imagen del paciente con lepra, que ha perdido sus manos o sus pies, no es consecuencia de que la enfermedad le destruya los miembros, sino que la pérdida de la sensibilidad lleva a la discapacidad”.
Por fortuna, la lepra es, al contrario de lo que se creía a comienzos del siglo XX, 100 por ciento curable. “El paciente que toma su tratamiento va a tener garantía de que desapareció el problema en su piel, siempre y cuando la enfermedad no haya dejado secuelas. Eso es algo que toca manejar posteriormente con rehabilitación”, anota el especialista.
Al no ser una enfermedad mortal y ya que con la primera dosis del tratamiento el paciente deja de ser infectante, no hay que estigmatizar ni aislar a quienes la padecen. “Lo importante es que cada quien sea consciente de hacerse un chequeo general de piel, de estar revisando si salen este tipo de lesiones, de consultar y, si aparece, pues inmediatamente hacer el tratamiento. Uno se cura y desaparece el problema”, concluye el doctor Gamboa Suárez.