Estoy un poco cansado de leer artículos, documentales o historias que pretenden afirmar una profunda relación amorosa entre Jesús y María Magdalena. La mayoría de ellos de derivan de novelas pseudo-históricos carente de ninguna prueba documental como el Código DaVinci de Dan Brown y similares.
La mayoría de estos libros, artículos, documentales, etc., tienden a influir en nuestra lógica humana para así crear en nosotros la duda, atacando a la Iglesia católica, la cual sería, en realidad, una organización milenaria que, para crear y autoafirmar su religión “inventada” eliminó todo signo de humanidad de Jesucristo para, así, convertirlo en “un dios” al que venerar y, a través del cual, dominar a las masas incultas e ignorantes.
Todo esto no es nuevo. Ciertamente se nos presenta como si actualmente, autores o investigadores profesionales tuviesen en su poder documentos y pruebas que certifiquen que Jesús no era dios, sino un simple mortal, que estuvo enamorado de María Magdalena y que todo esto fue un complot de San Pedro y el resto de los apóstoles para desbancar la importancia de la mujer en el cristianismo naciente y controlar ellos la totalidad de la religión.
¡Qué novedad! ¡Que descubrimiento! Se merecen un aplauso, una subida de sueldo por sus esfuerzos por acercar la verdad al pueblo ignorante y, dicho sea de paso, enriquecerse, a costa de mentiras sin fundamento, de la venta de sus libros o la publicación de sus artículos o documentales.
Y es que, como dice el refrán popular (se conoce que el pueblo no es tan ignorante como ellos creen), se cree el ladrón que todos son de su condición. En efecto, se dedican a estafar y enriquecerse a costa de sus mentiras mientras atacan a la Iglesia católica diciendo que “estafa y se enriquece de mentiras”… realmente curioso.
Analicemos primeramente la historia.
A finales del siglo I y principios del II de nuestra era, un grupo religioso, de carácter sincretista, el Gnosticismo, comenzó a inventar muchas de las patrañas que hoy nos presentan como descubrimientos actuales.
Ya hemos hablado del Gnosticismo en alguna ocasión, pero conviene recordar algunas cosas.
Los Gnósticos eran un grupo filosófico-religioso sincretista, es decir, mezclaban creencias de todas las religiones y filosofías con las que se relacionaban, especialmente de Grecia, Persia, Egipto, Siria, Asia Menor, etc., con una marcada influencia platónica y pitagórica.
Durante los tres primeros siglos del Cristianismo trataron de mimetizarse (mezclarse) con este, para conseguir ganar adeptos de la religión del momento (el Cristianismo), en creciente expansión.
Fruto de este afán mimetizador son la mayoría de los evangelios que se consideran apócrifos por no ser de origen apostólico y por falsear las enseñanzas de Jesús, transmitidas oralmente por los apóstoles y los Padres y custodiadas fielmente por los Obispos (del lat. “guardianes, vigilantes”).
Como pasa con todas las sectas, existen multitud de ramificaciones del Gnosticismo, por lo que no podemos hablar de un único Gnosticismo sino de diferentes escuelas doctrinales gnósticas. Aunque sí que podríamos sacar a relucir los puntos en común que unen a todas estas escuelas:
- Carácter iniciático: los gnósticos afirmaban poseer ciertas doctrinas secretas de Jesús y de los apóstoles que estaban destinadas a ser enseñadas a una élite de iniciados en los misterios: los iluminados, capaces de entender esas cosas.
Estos iluminados eran capaces de acceder a los conocimientos acerca de lo divino mediante la gnosis, un proceso o experimentación introspectiva mediante el que afirmaban acceder al conocimiento (de ahí gnosis) de las verdades trascendentales. La gnosis es pues, el conocimiento absoluto, únicamente al alcance de los iniciados.
- La salvación: la salvación se alcanzaba únicamente por el hecho de poseer el conocimiento de dichas verdades trascendentales. Vivir cristianamente, practicando las virtudes y el amor a Dios y al prójimo, era algo secundario (más o menos importante dependiendo de la escuela gnóstica).
- El dualismo del ser (influencia platónica): para ellos nuestro ser, se divide en materia y espíritu. El mal estaba intrínsecamente asociado a la materia, mientras que lo divino y la salvación pertenecían al espíritu. Por lo tanto la materia (el cuerpo) no servía absolutamente nada para la salvación, únicamente la consciencia del alma (espíritu), de su carácter divino y del acceso al conocimiento (gnosis) de las verdades trascendentales producía la salvación.
- Cristología herética: ya que, por lo dicho anteriormente, la materia era la causante de todo mal, la que nos mantenía unidos al mal, era imposible para los gnósticos aceptar que Jesucristo fuera un ser divino ligado o encarnado en un cuerpo material. De esta contraposición surgieron algunas herejías. Destacaremos las dos más importantes:
el docetismo o “cuerpo aparente de Cristo” que defendía que la Divinidad vino al mundo en espíritu simulando tener un cuerpo material que en realidad no tenía.
el adopcionismo que enseñaba que Jesús fue una persona normal y corriente que en un momento determinado de su ministerio fue absorbido (adoptado) por una fuerza divina.
- Teología herética: según los gnósticos todo espíritu era divino, incluso el alma que poseía el hombre, y por lo tanto no necesitaba de nadie para lograr la salvación. Cristo únicamente habría venido para revelarnos esta verdad (no para salvarnos mediante la muerte y resurrección).
Por otra parte diferenciaban al Ser Supremo (Dios) del creador/ordenador de la materia (Yahvé). Éste último era una especie de Demiurgo (arquitecto) que había ordenado la materia, multiplicándola con su creación. Al multiplicar la materia (origen del mal) se consideraba al Demiurgo como un ser malvado que se oponía a la fuente del bien: el Ser Supremo, del cual había surgido el demiurgo.
- Ética divergente: al ser la materia el origen del mal, algunas corrientes enseñaban que había que castigar el cuerpo, haciendo sufrir a la carne para conseguir liberar así el espíritu. Otros defendían que el comportamiento del cuerpo era irrelevante, pues la salvación dependía de la gnosis del alma, así el cuerpo quedaba liberado de toda atadura moral y permitía a sus adeptos disfrutar de todos los placeres sensuales y sexuales que se propusieran.
Otras corrientes condenaban la procreación, porque suponía multiplicar la materia (origen del mal). Otras defendían la reencarnación, por influencia platónica, y enseñaban que la misión el iniciado era romper este ciclo, a través de la iluminación (influencia budista).
- Jerarquía espiritual: en el culmen de la pirámide estaba Dios (el Ser Supremo), tan perfecto que su perfección le imposibilita poder relacionarse con el resto de seres, todos imperfectos. Como antítesis está el Demiurgo, un ser que en su maldad creó el mundo, la materia y encadenó las almas (espíritus) de los hombres a cuerpos materiales. Por lo tanto el universo es el escenario de una batalla entre el bien y el mal, la materia (apariencia) y el espíritu (sustancia) de influencia claramente zoroástrica (Persia).
- Jerarquía humana: arriba del todo se encuentran los iniciados (salvados por sus conocimientos) a los que les siguen el resto de cristianos, dominados aún por el alma sensible. En el grado más bajo se encuentran el resto de paganos, dominados por el cuerpo (materia).
Este intento de mimetizarse con el Cristianismo provocó mucha confusión en los primeros siglos y obligó a los Padres de la Iglesia a confrontar los errores doctrinales del gnosticismo y diferenciarlos claramente del verdadero cristianismo apostólico. Así nos encontramos con escritos de San Ireneo (130-202 d. C), Orígenes (185-254 d. C), San Justino (100/114-162/168 d. C), San Hipólito (segunda mitad del siglo II-235 d. C), San Agustín (354-430 d. C), etc.
Todos los textos gnósticos que pretendían hacerse pasar por evangelios fueron apartados de la liturgia de la Iglesia católica a finales del siglo IV y principios del V en los Concilios de Hipona (393), y Cartago (397 y 419, todos ellos de nuestra era).
A consecuencia de estas creencias gnósticas heréticas, sobretodo en lo que a la Cristología (“estudio de Cristo”) se refiere, surgen ideas como que Cristo fue una persona normal, no divina, que estuvo enamorado de María Magdalena, con la cual mantuvo una relación.
Son algunos los puntos que se aducen para defender la relación Jesús-María Magdalena:
- Que en los evangelios canónicos (reconocidos) queda claro que María Magdalena sentía un profundo afecto por Jesucristo.
- Que viene así enseñado en algunos evangelios apócrifos (gnósticos) como el “evangelio de Tomás”, los “Diálogos del Salvador”, la “Pistis Sophia” o el “evangelio de María”, en los que se dice que, tras la resurrección, Jesús enseñó a sus discípulos (hombres y mujeres) una serie de verdades secretas y que María Magdalena era la más rápida en aprenderlas, siendo la alumna preferida por Jesús y causando la envidia del resto de los apóstoles.1 O en el “evangelio de Felipe” donde se habla de un beso de Jesús y María Magdalena.
- El documental “La tumba perdida de Jesús” presentado en Discovery Channel y dirigido por James Cameron (director de “Avatar” entre otras) y Simcha Jacobvici, donde se defendía el descubrimiento de una supuesta tumba de “la familia de Jesús”. Según esto, Jesús y María Magdalena se casaron (no fue crucificado) y tuvieron un hijo, llamado Judá, así lo atestiguan los epitafios de las tumbas: “Jesús, hijo de José”, dos Marías (¿su madre y su mujer?) y otro epitafio “Judá, hijo de Jesús”.
La oposición al documental la encontramos en el propio arqueólogo israelí que descubrió dicha tumba y supervisó las excavaciones, el profesor Amos Kloner, de la Universidad Bar-Ilan y arqueólogo oficial del Distrito de Jerusalén, quien advirtió que el documental es “sólo una farsa publicitaria, un excelente material para una película de televisión, pero un total sin sentido, algo absolutamente imposible” acusando a Discovery Channel de astutas estrategias de mercado con afán de llenarse los bolsillos (lo de siempre) puesto que “la afirmación de que la tumba (de Jesús) ha sido encontrada no está basada en ninguna prueba y es solo una maniobra para vender”, y refutó “todas sus afirmaciones y esfuerzos por llamar la atención sobre los descubrimientos. Con todo respeto, no son arqueólogos.” Además, según A. Kloner, “es muy poco probable que Jesús y sus parientes tuvieran una tumba familiar. Ellos eran una familia de Galilea sin vínculos en Jerusalén. La tumba de Talpiot perteneció, en cambio, a una familia de clase media del primer siglo de nuestra era”2
- Otra prueba que se suele aducir es que para ser rabino en Jerusalén hacía falta estar casado y que a Jesús le llaman “rabí” o sea que si Jesús era rabino, debería estar casado.
Sin embargo, es una afirmación completamente falsa. No existe ninguna ley de origen mosaico (de Moisés) que obligue a los rabinos a estar casados. Únicamente podemos encontrar en el Talmud el consejo de que el rabino sea casado, de que un soltero no enseñe a los hijos pues sus madres irán a preguntar a sus hijos y estaba prohibido enseñar la Ley a las mujeres3.
Sin embargo existen casos (que podéis comprobar vosotros mismos) de rabinos cuyos matrimonios fracasaron y tuvieron que divorciarse y aún así siguieron siendo rabinos.
Estar casado no es una condición obligatoria para ser rabino, la única condición es ser temeroso del Bendito (de Dios)
Por otra parte, Jesús no era rabino, no estudió en ninguna escuela rabínica para poder alcanzar dicho título. Jesús fue un predicador deambulante cuyas enseñanzas no las había adquirido a raíz del estudio de las Sagradas Escrituras o de la influencia de alguna escuela rabínica de la época.
El hecho de que en el evangelio ciertos personajes se dirijan a él como “rabí” no implica que fuera un rabino, sino que le reconocían la autoridad de rabino (de “maestro”).
Por lo demás, no existe ninguna prueba evangélica, bíblica, histórica, filosófica o científica que nos certifique que entre Jesús y María Magdalena existió algo más que un profundo afecto de ella por Él. No hay muestras en el evangelio de que la tratara de forma especial al resto de discípulas.
No existe ninguna prueba histórica cierta que nos certifique un supuesto complot de Pedro y los apóstoles (o de los Papas y obispos sucesivos) para eliminar la importancia de María Magdalena o de la mujer en el seno de la Iglesia católica. ¡No existe!, diga lo que diga y quien lo diga. Que presenten las pruebas y se analice su autenticidad todos aquellos que aleguen dicho complot.
Dicho sea de otra forma para afirmar que entre Jesús y María Magdalena existió una relación amorosa ¡¡SE REQUIERE MÁS FE!! (pues no hay ninguna evidencia histórico-científica) que para creer que Jesucristo resucitó de entre los muertos.
“Vendrán días… en que los hombres… por el solo afán de oír novedades… apartarán sus oídos de la Sana Doctrina y se volverán a las fábulas”4
NOTA DEL AUTOR: Este relato gnóstico nos muestra ciertos datos sobre la situación de la Iglesia en aquella época: la oposición Pedro-María Magdalena de estos evangelios apócrifos, reflejan el intento del gnosticismo (representado por María Magdalena) de desprestigiar y desbancar la autoridad del Papa y los obispos (representados en Pedro y el resto de apóstoles) y la lucha entre sacerdocio masculino-sacerdocio femenino. [↩]
Fuente de la Noticia: aquí [↩]
ver Maimónides Hiljot Talmud Torá 2, 4 [↩]
2 Tm 4, 3-4 [↩]
http://www.defensacatolica.es