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Usuario (Argentina)

– En su habitual catequesis de la Audiencia General, el Papa Benedicto XVI continuó la reflexión sobre Santo Tomás de Aquino, conocido como el “Doctor Angélico” de quien dijo es un ejemplo de la necesaria relación y complementariedad entre fe y razón, entre la filosofía y la teología que permiten llegar a la verdad y así a Dios. Tras recordar que este Santo es Patrono de las universidades católicas, el Santo Padre señaló que Tomás de Aquino se centra en la distinción entre filosofía y teología, porque en su época, a la luz por una parte de la filosofía aristotélica y platónica y por otra de la elaborada por los Padres de la Iglesia, “la cuestión acuciante era si el mundo de la racionalidad, la filosofía pensada sin Cristo y el mundo de la fe eran compatibles o se excluían”. “Tomás estaba firmemente convencido de su compatibilidad, más aún de que la filosofía elaborada sin conocer a Cristo esperaba casi la luz de Jesús para ser completa. Esta fue la novedad de Tomás, que determina su camino de pensador: Mostrar la independencia de la filosofía y teología y al mismo tiempo su relación”. Para el Santo “la fe consolida, integra e ilumina el patrimonio de verdad que la razón humana adquiere. La confianza que Santo Tomás concede a estos dos instrumentos de conocimiento –la fe y la razón– se remonta a la convicción de que ambos provienen de la única fuente de toda verdad, el Logos divino, que opera tanto en el ámbito de la creación como en el de la redención”. Una vez establecido este principio de la razón y la fe, Santo Tomás precisa que se avalen de procesos cognitivos diversos: “La razón acepta una verdad en virtud de su evidencia intrínseca, mediata o inmediata, la fe, en cambio, acepta una verdad sobre la base de la Palabra de Dios revelada”. “Esta distinción garantiza la autonomía sea de las ciencias humanas que de las ciencias teológicas. Sin embargo, esto no equivale a una separación, sino que implica más bien la cooperación recíproca. La fe, de hecho, protege a la razón de toda tentación de desconfianza en su capacidad y la estimula a abrirse a horizontes cada vez más amplios”. Por otra parte, “la razón con sus medios puede hacer algo importante para la fe, prestándole un tripe servicio que Santo Tomás resume así: ‘Demostrar los fundamentos de la fe, explicar mediante semejanzas las verdades de la fe, rechazar las objeciones que se plantean en contra de la fe. Toda la historia de la teología es, después de todo, el ejercicio de este esfuerzo de inteligencia, que demuestra la inteligibilidad de la fe, su articulación y armonía interior, su racionalidad y su capacidad para promover el bien del hombre’”. “La exactitud de los razonamientos teológicos y su significado cognitivo real se basan en el valor del lenguaje teológico, que es, según Santo Tomás, sobre todo un lenguaje de la analogía”. La analogía reconoce en el mundo creado y en Dios perfecciones comunes y Tomás fundamenta su doctrina de la analogía, “además que con argumentos filosóficos, con el hecho de que con la Revelación Dios mismo ha hablado y por ello nos ha autorizado a hablar de Él”. El Papa resaltó la importancia de esta doctrina, que “nos ayuda a superar algunas objeciones del ateísmo contemporáneo, que niega que el lenguaje religioso tenga un sentido objetivo, y argumenta en cambio que sólo tiene un valor subjetivo o emocional. A la luz de las enseñanzas de Santo Tomás, la teología afirma que aunque el lenguaje es limitado, tiene un significado religioso, como una flecha que apunta a la realidad que eso significa”. También su teología moral resulta de gran actualidad, cuando afirma que “las virtudes humanas, teologales y morales están arraigadas en la naturaleza humana” y que “la gracia divina acompaña, apoya y fomenta el compromiso ético, pero, de acuerdo con Santo Tomás, de por sí todos los hombres, creyentes y no creyentes, están llamados a reconocer las exigencias de la naturaleza humana, que se expresan en la ley natural y a inspirarse en ella a la hora de formular leyes positivas, es decir las emanadas por las autoridades civiles y políticas para regular la convivencia humana”. “Cuando se niegan la ley natural y las responsabilidades que conlleva se abre trágicamente el camino al relativismo ético en el ámbito individual y al totalitarismo del Estado en ámbito político. La defensa de los derechos humanos universales y la afirmación del valor absoluto de la dignidad humana se basan en un fundamento ¿No es la ley natural ese fundamento, con los valores no negociables que indica?”. Finalmente el Santo Padre señaló que “Tomás nos ofrece un concepto de la razón humana amplio y confiado: amplio porque no se limita al espacio de la denominada razón empírico-científica, sino abierto a todo el ser y por lo tanto a las cuestiones fundamentales e irrenunciables de la vidahumana; confiado porque la razón humana, sobre todo si acoge la inspiración de la fe cristiana, es promotora de una civilización que reconoce la dignidad de la persona, la inviolabilidad de sus derechos y la convicción de sus deberes”. En su saludo en español, el Papa Benedicto se dirigió de manera especial a los peregrinos de la Arquidiócesis de Bogotá, así como a los venidos de España, Nicaragua, Costa Rica, México y otros países latinoamericanos. Os invito a pedir a Dios por los que cultivan las ciencias sagradas para que, tras las huellas de Santo Tomás de Aquino, las estudien con constancia y las enseñen con fidelidad, imitando también el ejemplo de su vida santa. Muchas gracias”. link: http://www.youtube.com/watch?v=nnmoUR2Byqc&feature=player_embedded#! Fuente: http://www.datum.org.ar

El P. Manuel Carreira S.J. físico, filósofo y teólogo. Manuel Carreira S.J. Doctor en Física, filósofo y teólogo, es miembro del Observatorio Astronómico del Vaticano, profesor de la Carroll University, Cleveland (EE.UU.) y de la Universidad de Comillas (España). En Lima participará en el II Congreso sobre la Sábana Santa que se inaugura el 31 de agosto en la Universidad de Lima. – ¿Fe y mentalidad científica son incompatibles? La ciencia solo puede hablar de cómo actúa la materia. No puede decir nada de teología, de ética, de arte, de derechos y deberes, de relaciones humanas. No puede hablar de lo que no puede comprobar con un experimento. Ni siquiera puede decir por qué existe el universo ni si este y la vida humana tienen sentido. Por su parte, la fe no dice nada de cómo actúa la materia ni de si el universo es o fue caliente o frío; solo habla del plan de Dios para nosotros. Por eso, es imposible el conflicto si cada modo de conocer se mantiene en su campo y su metodología. Muchos científicos han sido y son creyentes. Yo hice mi tesis doctoral con el Dr. Cowan, descubridor del neutrino (con Reines), hombre sinceramente católico y practicante. Si quieren saber lo que la Iglesia enseña al respecto, lean la encíclica “Fe y razón” de Juan Pablo II. Ciencia y fe no se oponen, se complementan. – ¿La opinión de un católico no está sesgada por su ser confesional en temas como el aborto o la manipulación genética? ¿Es así en el mundo científico? La Iglesia puede y debe insistir en la dignidad de la persona humana, oponiéndose a tratar a un ser humano como una cobaya de laboratorio para experimentaciones de tipo nazi. La actuación biológica o médica solo es lícita para bien del paciente, que nunca puede ser una mera “cosa útil” para otro. Esto lo afirman grandes científicos que se han opuesto a la clonación, el aborto, la eutanasia. En la Academia Pontificia de las Ciencias están los científicos asesores del Papa en esas materias: no se habla por prejuicios. Yo nunca he encontrado rechazo alguno por mis posiciones en congresos internacionales, en Europa y América, aunque me ven como sacerdote. Si alguno ha querido descalificarme por eso, ha sido solamente en España, y ha quedado muy mal el que lo intentó. –El caso de Galileo se lo enrostran a la Iglesia cuando quiere aproximarse al mundo científico. ¿Qué opina de este caso? Galileo era creyente, no pasó un minuto en la cárcel, nadie le tocó un pelo ni lo excomulgó y murió profesando su fe, asistido por una hija religiosa, y con bendición papal. En su época no había realmente física ni pruebas de que la Tierra se moviese (la prueba experimental se anunció en 1838). Sus supuestas pruebas eran inválidas y otros astrónomos se las negaron. Su idea correcta era que la Biblia no enseña ciencia y quería que los teólogos cambiasen la interpretación del texto según su teoría. Los teólogos se equivocaban en pensar que la Biblia enseña astronomía, pero estaban en lo correcto en decir que mientras no hubiese pruebas, Galileo debía presentar sus ideas como teoría y no pedirles cambios de opinión. En ambos casos, se excedía el campo propio para ir al ajeno. Nosotros, hemos aprendido esa lección y debe haber mutuo respeto. –Ud. ha dado conferencias sobre la Teoría del Diseño Inteligente y el principio antrópico, una síntesis entre un Dios creador y el big bang. ¿Cómo se sostienen estas teorías? La ciencia es limitada: tuvo que aceptar que el universo no es eterno, comenzó en un estado de alta densidad y temperatura (el big bang) para el cual hay pruebas experimentales: hemos encontrado las cenizas y el resplandor de aquella hoguera. Pero no puede decir “por qué hay algo en lugar de nada” (Wheeler). Hablar del paso de nada a algo es el concepto de creación que la ciencia no puede manejar: hace falta un Creador no material. Esto lo responde la filosofía, de acuerdo con la teología. Pero los detalles del comienzo no los dice la fe ni deben tomarse del Génesis, que es una parábola de contenido filosófico, no un texto de astronomía. Negar el comienzo es anticientífico y decir que el universo existe “porque sí” es ridículo y pueril. –Participará en el Congreso sobre la Sábana Santa en Lima. ¿Por qué es provocador este lienzo que se guarda en Turín? El lienzo de Turín es un objeto arqueológico, no es fe. Da información histórica que determina su uso y su procedencia: envolvió a un crucificado al estilo romano, con las características detalladas en la pasión de Cristo; no hay otro candidato histórico. Es una provocación para la mente porque no podemos explicar esa imagen, con características tridimensionales y de detalle, con exactitud anatómica y biológica que solo se descubrieron en 1898 cuando se fotografió por primera vez. Soy físico y sigo intentando razonar cómo pudo formarse. Todavía no hay una solución completa. [/color]
Este es un texto que me pareció completo Nadie sabe cuando será el fin del mundo. Antes de la venida de Cristo ha de producirse «la apostasía general», o sea, habrá una crisis religiosa a escala mundial Hay algunas personas a las que les gusta mucho meter miedo en los corazones de ustedes. Por ejemplo les hablan del fin del mundo como si pronto los cielos y la tierra nos fueran a destruir. Escuchan de guerras, accidentes, catástrofes de la naturaleza, plagas o ven algunos signos raros en el cielo y dicen simplemente que es el fin del mundo. En vez de dar un mensaje de esperanza, de amor, de solidaridad; en vez de animar, quieren verlos atrapados en el terror y el susto. Y lo peor de todo, es que estas personas dicen fundar sus teorías en la Biblia. El mensaje de Jesucristo no es un mensaje de miedo, sino que es una «buena noticia» del Reino de Dios que se acerca a nosotros con amabilidad, paz, justicia y alegría de corazón. En esta carta les voy a hablar del fin del mundo, no con cuentos y fábulas de ciencia ficción, sino leyendo simplemente las Sagradas Escrituras. Antes que nada el «fin de los tiempos» del cual nos habla la Biblia es el gran misterio de esperanza que aparece en todo el libro sagrado. Es el misterio de la historia humana que está en el corazón de Dios, guiada hacia «un nuevo cielo y una nueva tierra». ¿Qué dice la Biblia acerca del fin del mundo? Para comenzar, las Escrituras nunca hablan del «fin del mundo», sino del «fin de los tiempos», como diciendo que este mundo no acabará del todo, sino que sería transformado en un «cielo nuevo y una tierra nueva» gracias a la Resurrección de Jesucristo. En la Biblia también encontramos muchas expresiones que se refieren al «fin del tiempo», «día de Yahvé», «día del Juicio», «el día», «la Venida de Cristo», «la resurrección final», «la Parusía», «la llegada del Reino de Dios». Son todas expresiones que indican este «fin del tiempo». ¿Cuándo pasará esto? «En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe ni los mismos ángeles del cielo, ni siquiera el Hijo de Dios. Solamente el Padre lo sabe» (Mt. 24, 36 y Mc. 13, 32). Jesús no quiso dar la fecha, ni el día ni la hora. «A ustedes no les toca saber cuándo o en qué fecha el Padre va a hacer las cosas que solamente El tiene autoridad para hacer» (Hch. 1, 1-7). Con esto, Jesús condena enérgicamente la tendencia humana que todavía existe entre nosotros de fijar el día y el año del fin del mundo. Por supuesto que la fecha exacta tiene algo de excitante y llama siempre la atención; hasta es noticia en los diarios. Pero el fijarla es simplemente una mentira y un engaño, porque nadie la sabe. Jesús no quiso satisfacer nuestra curiosidad, sino que quiso comunicarnos algo mucho más profundo. La Biblia, hablando del fin del mundo, siempre dice que debemos estar preparados. Aunque no sabemos la fecha, este día vendrá como un ladrón en la noche: «Ustedes, estén preparados, porque cuando menos lo piensen vendrá el Hijo del Hombre», dice Jesús (Mt. 24, 44). «El día del Señor vendrá cuando menos se espera, como viene un ladrón de noche» (2 Pedr. 3, 10; 1 Tes. 5, 2 y Apoc. 16, 15). Ahora bien, leyendo la historia vemos que siempre hubo grupos religiosos que en todos los tiempos fijaron la fecha, el día y la hora, del fin de mundo, pero se equivocaron. El casos de nuestro hermano, el fundador de los adventistas, William Miller, con el texto de Dan. 8, 14 y calculando los días de este texto como años, fijó la venida de Cristo a la tierra para el 21 de marzo de 1843 el día final. Llegó esta fecha y no pasó nada especial y luego dijo que se equivocó en sus cálculos en un año y proclamó otra vez la venida de Cristo para el 21 de octubre de 1844. Y viendo que Cristo no volvía a la tierra dijo simplemente que el juicio de los hombres comenzó en el cielo y pronto Cristo se manifestaría en la tierra. Tambien Los Testigos de Jehová anunciaron la venida de Cristo y su Reino de mil años en la tierra para el año 1914, luego para 1925. ¿Cuándo será la venida de Cristo? En algunas partes de la Biblia se habla de la pronta venida de Cristo. En otras partes se anuncia todavía un tiempo de espera. Da la impresión de que los cristianos de la primera generación esperaban con ansias la venida de Cristo. «Pronto, muy pronto vendrá el que tiene que venir y no tardará» (Hebr. 10, 37). «Dios que es el juez, está ya a la puerta». «Se acerca el fin de todas las cosas» (1 Ped. 4, 7). «Sí, ven pronto, amén. Ven, Señor Jesús» (Apoc. 22, 20). Hasta Jesús mismo anuncia su pronta venida: «En verdad les digo que hay algunos de los que están aquí presentes, que no morirán hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su Reino» (Mt. 16, 28). Los cristianos de la Iglesia primitiva pronto se dieron cuenta de que la historia podía durar mucho más. Y hasta algunos se burlaron de la propia venida de Cristo diciendo: «¿Qué pasó con la promesa de que Cristo iba a venir, pues desde que murieron nuestros antepasados todo sigue igual que desde que el mundo fue hecho?» (2 Ped. 3, 4). Y el apóstol Pedro les contestó: « Hermanos, no olviden que para el Señor un solo día es como mil años y mil años son como un solo día» (2 Ped. 3, 8). Señales que precederán al fin del mundo El apóstol Pablo, después de haber reflexionado mucho, anuncia también un tiempo de espera. Antes de la venida de Cristo deben pasar tres cosas: 1) El anuncio del Evangelio ha de llegar a todas las naciones. «Y este mensaje del Reino será predicado en todo el mundo para que todas las naciones lo conozcan; es entonces cuando vendrá el fin» (Mt. 24, 14). 2) Al final de la historia, Israel se reconciliará con Cristo y se salvará. «Una parte de Israel se va a endurecer hasta que la totalidad de los paganos hayan entrado, entonces todo Israel se salvará» (Rom. 11, 25). 3) Finalmente, antes de la venida de Cristo ha de producirse «la apostasía general», o sea, habrá una crisis religiosa a escala mundial, ha de venir el Anticristo. Nos damos cuenta de que la venida de Cristo no se realizará tan pronto como algunos esperaban; o mejor dicho, Dios no mide el tiempo como nosotros. El puede presentar algo como cercano y no realizarlo hasta cuando a El le plazca. Por otra parte, si el tiempo de espera se nos hace largo, no por eso podemos volver a una vida cómoda, ya sin esperar. El Señor vendrá para cada uno de nosotros como ladrón en la noche. No olvidemos que el día de la muerte de cada uno de nosotros, el día del juicio particular, es el día del encuentro personal con Cristo. Ojalá que nos encuentre en actitud de espera. ¿Cómo vendrá Cristo al fin del tiempo? La Biblia habla en forma bastante confusa de cómo se terminará la historia. En el Antiguo Testamento, por ejemplo, los profetas veían a todas las naciones de la tierra unidas en un complot para destruir la ciudad santa de Jerusalén. Pero en el momento más desesperado Dios intervendrá en forma triunfal para instaurar el Reino (Joel 3, 14). En el discurso de Jesús acerca del fin de los tiempos, habla «de guerras y grandes angustias en todo el mundo, el sol no alumbrará, la luna perderá su brillo y las estrellas caerán del cielo y los ángeles tocarán las trompetas» (Mt. 24, 29-31). El libro del Apocalipsis (Caps. 13 y 17) habla del dragón y de los monstruos, de la gran batalla en el cielo, de Babilonia la grande, de la madre de las prostitutas y de los abominables ídolos de todo el mundo... Todos estos textos acerca del fin del mundo fueron escritos en un estilo apocalíptico (revelaciones misteriosas). Era una forma de escribir muy común en aquel tiempo. Estos escritos misteriosos pretendían aclarar los acontecimientos últimos de la historia con visiones ficticias e imágenes fantásticas. No debemos tomar al pie de la letra estas imágenes, sino que debemos tratar de descubrir el mensaje profundo que está detrás de estas visiones. El gran mensaje de estos escritos es: «Cristo Resucitado es el centro de toda la historia y este mundo es el escenario de la lucha entre los elegidos de Cristo (su Iglesia) y las fuerzas del demonio. Estos escritos no son para amenazar ni dar miedo, como creen algunos, todo lo contrario: son escritos que quieren animarnos y exhortarnos a la fidelidad y a la confianza en Dios en momentos difíciles. ¿Cómo debemos prepararnos para el final de los tiempos? Nuestro destino último y definitivo no está lejos, no es un futuro imposible de imaginar. Ya comenzó. Jesucristo con su persona, su Palabra y su actuación ya inauguró el Reino de Dios (Lc. 11, 20); ya comenzó a juzgar a los hombres (Juan 12, 31). Su Palabra, su amor y su muerte nos juzgan y a veces nos condenan. Ya nos traspasó algo de su Resurrección (Col. 3, 1-4). Por eso el Nuevo Testamento nos habla del «tiempo» a partir de Jesús como «los últimos tiempos» (Hebr. 1- 2 y 1 Ped. 1-20). Desde entonces urge vivir conforme al Evangelio, urge para todos y cada uno, porque no sabemos cuánto falta para el fin (Mc. 13, 33-37 y Mt. 24, 42). No podemos esperar pasivamente el retorno de Cristo, el juicio final, la Resurrección general, la instauración total del Reino de Dios. Esta esperanza es el motor de la historia. Lo que Dios comenzó en Jesucristo urge que lo pueda cumplir y nosotros debemos ahora remover los obstáculos. La segunda Venida de Cristo al final de los tiempos (Mt. 24, 3) es el momento del juicio final, de la resurrección general y de la instauración definitiva del Reino de Dios. Nuestra esperanza tiende hacia ese cielo nuevo y esa tierra nueva. Por eso la Biblia termina con estas palabras de espera: «¡Ven, Señor Jesús!» (Apoc. 22, 20), que repetimos en cada celebración de la Eucaristía después de la consagración y en la que todo el pueblo contesta: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección, ven, Señor Jesús». Dice EL CONCILIO VATICANO: ¿Sabemos cuándo y cómo llegará el fin del mundo? No, no sabemos cuando será la consumación de la tierra y de la humanidad y la manera cómo se transformará el universo. ¿Qué prepara Dios para sus hijos? La figura de este mundo está afeada por el pecado pero Dios nos prepara una nueva tierra donde habita la justicia y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebosar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. El progreso material ¿interesa a Dios? El progreso material en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana interesa en gran medida al Reino de Dios. ¿Hacia dónde caminamos los cristianos? «Vivificados por el Espíritu, los cristianos caminamos como peregrinos hacia la consumación de la historia humana, la cual coincide plenamente con su amoroso designio divino de restaurar en Cristo todo lo que hay en el cielo y en la tierra». ¿Cuándo será llevada la Iglesia a su total perfección? La Iglesia será llevada a su total perfección cuando llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas (Hch. 3, 21) y cuando, el género humano, con el universo entero, será plenamente renovado (Ef. 1, 10).

NOTA DEL AUTOR SOBRE LAS VERSIONES DEL TEXTO SAGRADO: A lo largo de la obra he utilizado con preferencia mi propia traducción directa del griego para el Nuevo Testamento, y del hebreo y arameo para el Antiguo. En el primer caso me he valido del Greek-English New Testament, de Nestlé y Aland, Editio XXVI, Stuttgart 1981, y en el segundo de la Biblia Hebraica Stuttgartensia, Editio Minor, Stuttgart 1984. Cito también de las versiones prestigiosas de la Biblia comunes en el mundo de habla hispana y de las propias ediciones de las sectas. Las siglas siguientes son las utilizadas en relación con las diversas traducciones de la Biblia: VNM: Versión del Nuevo Mundo o Biblia de los Testigos de Jehová; EP: La Santa Biblia, de Ediciones Paulinas; BJ: Biblia de Jerusalén; NC: Nácar Colunga;VP: Versión Popular; VM: Versión Moderna; NBE: Nueva Biblia Española; RV: Reina-Valera. Cuando no se indica referencia, la traducción es mía. La cuestión de la divinidad de Cristo ha sido el continuo caballo de batalla en la historia del cristianismo. En las Escrituras aparecen ya los primeros intentos de negarla durante el período neotestamentario, y raro ha sido el siglo desde entonces en que no haya surgido un movimiento que, de una u otra manera, no haya cuestionado la plena divinidad de Cristo. Desde los ebionitas a los Testigos de Jehová pasando por los arrianos o los socinianos, los grupúsculos sostenedores de esta tesis se cuentan por docenas. Aunque algunas sectas, como los mormones o los adventistas, se adhieren formalmente a la doctrina de la divinidad de Cristo [Que esta adhesión es sólo formal queda de manifiesto cuando descubrimos que los adventistas afirman que Cristo era el arcángel Miguel (Questions of doctrine, pp.71-83), y que los mormones sostienen que los hombres salvados se convierten en dioses (Doctrinas y convenios, 132:37), y que Jesús fue el hijo de Adán, el único Dios con el que tenemos que tratar los habitantes de este planeta (Diary of Hosea Stout, 9 de abril de 1852, vol. 2, p. 435)], lo cierto es que la mayoría de ellas la niega de una manera u otra. Tal es el caso de los mooníes, los Testigos de Jehová o los Niños de Dios. En este capítulo trataremos de examinar las objeciones tomadas de la Biblia que presentan contra esta doctrina, la enseñanza bíblica al respecto, algunos ejemplos del pensamiento rabínico sobre la divinidad del mesías y la opinión de los primeros cristianos. 1. Las objeciones contra la divinidad de Cristo Históricamente la pobreza de los argumentos aducidos contra la divinidad de Cristo es tan considerable, que podemos decir que los consignados a continuación constituyen la práctica totalidad. Como tendremos ocasión de ver, ninguna de las citas manejadas por las sectas vulnera en absoluto la enseñanza bíblica de la Trinidad y, en su mayor parte, arrancan de una falta de conocimiento preciso acerca del contenido de ese dogma. Pasemos ahora a los textos: a) Marcos 13,32, o Mateo 24,36. La interpretación de los antitrinitarios pretende que en este pasaje se demuestra tajantemente que Cristo no era Dios, puesto que no era omnisciente. Se incurre con esto en un error que veremos repetido en varias ocasiones: la incapacidad de distinguir entre la naturaleza humana y la naturaleza divina de Jesús. Es obvio que la primera era, como humana, limitada: Jesús se cansaba, tenía sed, padecía el dolor, su conocimiento era limitado, etc. Ahora bien, como Dios, era omnisciente. Veamos algunos ejemplos de la Escritura: "Ahora sabemos que sabes todas las cosas y no necesitas que nadie te interrogue. En esto creemos que salimos de Dios" (Jn 16,30) (VNM). "De modo que le dijo: Señor, tú sabes todas las cosas" (Jn 21,17) (VNM). "... Cristo. Cuidadosamente ocultados en él están todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" (Col 2,3). Ni para Juan ni para el autor de la carta a los Colosenses, Jesús era un personaje privado de omnisciencia. Todo lo contrario: sabía todo y en él estaban, sin excepción, todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. b) Juan 14, 28. La interpretación sectaria de este pasaje adolece también de un desconocimiento de fondo del dogma trinitaria. Insistimos una vez más en que la persona del Hijo, la segunda de la Trinidad, tiene una naturaleza humana y otra divina. La humana, lógicamente, es inferior a la divina del Padre; pero ambas personas divinas, la del Padre y la del Hijo, son iguales. Es precisamente por eso por lo que el evangelio de Juan recoge la información de que los judíos del tiempo de Jesús deseaban matarle, porque se hacía igual a Dios: "A causa de esto realmente los judíos procuraban con más empeño matarlo, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Dios" (Jn 5,18-19) (VNM). c) Apocalipsis 3,14. La interpretación antitrinitaria de este pasaje (uno de los más utilizados por los arrianos en su día) pretende que aquí Cristo es presentado como el "primer ser creado". Lo cierto es que tal afirmación sólo demuestra una ignorancia absoluta del sentido del término arjé (traducido aquí como "principio" ). En calidad de título, como aparece aquí, la palabra arjé tiene en multitud de ocasiones el significado de "príncipe" o "principado". En tal sentido aparece, por ejemplo, en Rom 8,38; Ef 1,21; 3,10; 6,12; Col 1,16; 2,10; Tit 3,1, etc). Ahora bien, en el libro de Apocalipsis, arjé es un título que se aplica única y exclusivamente a Dios; v.gr., Ap 21,6, en su calidad de fuente (principio) de todo. Por tanto, el pasaje no dice que Cristo fue el primer ser creado, sino que fue la fuente, el origen, el principio de que emanó la creación divina; es decir, que es el mismo creador, como tendremos ocasión de ver en el apartado que sobre ese tema hay en este capítulo. d) Colosenses 1,15. De nuevo nos hallamos ante una interpretación errónea de un texto en base a la ignorancia terminológica de las sectas. Éstas interpretan la palabra "primogénito" en el sentido de "primer creado"; Cristo, pues, sería una simple criatura. Ahora bien este análisis del pasaje es erróneo por las siguientes razones: 1a. Primogénito (protótokos en griego) no es lo mismo que primer creado (protiktos en griego). Si realmente Pablo hubiera deseado expresar que Cristo era un ser creado, hubiera empleado el verbo "crear" lo que no hizo. 2a. El término "primogénito" no equivale en lengua hebrea tanto al primero en nacer como al que posee ciertos derechos de gobierno, herencia o realeza. Así la Biblia contiene diversos ejemplos de "primogénitos" que no fueron los primeros. Así, en Sal 89,27 (VNM) se anuncia que David sería nombrado "primogénito". David no lo era familiarmente (de hecho sabemos que era el menor de su familia), ni tampoco fue el primer rey de Israel (que fue Saúl), pero sí iba a contar con una supremacía, con una "primogenitura". Otro ejemplo de la palabra "primogénito" utilizada en ese sentido se halla en Jer 31,9, donde se denomina a Efraín como "primogénito". Ahora bien, si leemos el relato de Gén 48,13-14, vemos que realmente Efraín era el menor y Manasés era el primogénito. Un ejemplo más de este empleo de la palabra "primogénito" lo hallamos en Éx 4,22, donde se aplica tal título a Israel. Lógicamente, no se pretende señalar aquí que Israel fue la primera nación creada (lo que no sería verdad), sino que Israel gozaba de una primacía a los ojos de Dios. Por lo tanto, Pablo no está aquí diciendo que Cristo es un ser creado, sino que tiene la total supremacía sobre la creación; en otras palabras, que es el mismo creador. 3a. El contexto indica que Pablo considera a Cristo no un ser creado, sino el mismo creador: De hecho esto es tan claro, que la VNM ha falseado el original griego, incluyendo palabras entre corchetes para ocultar esta revelación. Dice así, por citar un ejemplo, La Santa Biblia, de Ediciones Paulinas: "Porque por él mismo (Cristo) fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra, lo invisible y lo visible, tanto los tronos como las dominaciones, los principados como las potestades; absolutamente todo fue creado por él y para él; y él mismo existe antes que todas las cosas y todas subsisten en él" (Col 1,16-17). Este fragmento del himno cristológico del capítulo primero de Colosenses no puede estar más claro: Cristo es no un ser creado, como pretenden las sectas, sino el creador de todo. Por eso existe antes de todo lo creado, ya que si él hubiera sido una creación no hubiera podido tener vida antes de toda la creación, sino sólo de la parte posterior a él mismo. Como era de esperar, la VNM falsifica este texto para amoldarlo a su torcida teología y traduce (?) así: "Porque por medio de él todas las (otras) cosas fueron creadas... Todas las (otras) cosas han sido creadas mediante él y para él. También él es antes de todas las (otras) cosas y por medio de él se hizo que todas las (otras) cosas existieran". No puede ser mayor la diferencia entre el texto griego original y la VNM: Cristo ya no es el creador ("por él mismo" ), sino un instrumento de la creación ("por medio de él" ). Tampoco es ya el creador anterior a todo lo creado, sino un ser creado anterior a "todas las otras cosas creadas". El hecho de añadir palabras en el texto para cambiar radicalmente el significado que quiso darle el autor de la carta a los Colosenses es algo que no parece haber pesado en la conciencia de la Wachtower y que la mayoría de sus adeptos ignoran. Pero ¿qué amor puede tener la Wachtower a la Biblia cuando no sólo no busca honestamente su enseñanza, sino que además tergiversa una traducción para dar base a sus doctrinas? e) Proverbios 8,22. Dice así la VNM: "Jehová mismo me produjo como el principio de su camino, el más temprano de sus logros de mucho tiempo atrás". Según la especialísima exégesis de la Wachtower, que, quizá sin saberlo, es sólo un eco de la de Arrio, el texto de Proverbios estaría hablando aquí de Cristo, simbolizado bajo la imagen de la sabiduría, y enseñaría que fue creado ("producido" ). No obstante, tal exégesis es por muchas razones descabellada: 1a. El pasaje no dice en ningún momento que esté hablando del mesías; se trata de un hermoso poema en el que se utiliza la prosopopeya, es decir, la personificación de una cualidad para crear un efecto literario. En este caso se personifica a la sabiduría, pero no se menciona en ningún pasaje que ésta sea el mesías. 2a. El contexto niega que se pueda referir a Jesús: las profecías mesiánicas (como Is 52,l3ss.) contienen siempre referencias que podemos reconocer en la vida de Jesús. Ahora bien, aquí se nos dice que la sabiduría edificó una casa (Prov 9, 1a), que ha labrado siete columnas (Prov 9, 1b), que dispuso la mesa mezclando el vino y degollando carne (Prov 9,2), etc. Está claro que nada de esto tiene relación con la persona de Jesús; pero sí tiene sentido si se interpreta como una personificación poética de la sabiduría. 3a. La traducción "me produjo" no es correcta; pero, por si fuera poco, el pasaje, como es habitual cada vez que la Wachtower se ocupa de traducir, está penosamente traducido. La palabra hebrea que se vierte por "produjo" es qnh, que significa "poseyó" o "poseía", como han traducido la versión Reina Valera (RV) o la Nácar Colunga (NC). En algún caso este verbo puede tener un significado secundario de "engendrar", y así han vertido el pasaje la Versión Popular (VP) y la Versión Moderna (VM), pero no parece que en este contexto sea la traducción más adecuada. Intentar, pues, desprender del pasaje de Prov 8,22 que Cristo fue creado no deja de ser un dislate exegético. f) Juan 1,18. La tesis de la Wachtower es que, puesto que a Dios no lo ha visto nadie y a Cristo lo vieron, este último no puede ser Dios. Ahora bien, este pasaje no está hablando de una visión física de Dios, sino espiritual. De hecho, el Antiguo Testamento registra varios casos de visión física de Dios, como el recogido en Is 6,lss. o el de Am 9,1, que pueden comprobarse en la misma VNM. Lo que aquí se nos dice es que a Dios nadie lo ha visto como para poder explicarlo de manera cabal, pero Cristo sí lo ha explicado. Por otro lado, aunque el pasaje implicara una visión física de Dios, tampoco estaría indicando que Cristo no era Dios, ya que lo que vieron sus discípulos fue su envoltura humana, y no su naturaleza divina. En ese sentido podría decirse que a Dios, con toda la grandeza de su gloria, no lo ha visto nadie, porque cuando se encarnó en Cristo la humanidad servía de velo a aquélla. g) Jesús es Miguel, el arcángel. Esta doctrina de los Testigos no pertenece originalmente a ellos. Se origina en una doctrina idéntica sostenida por los Adventistas del Séptimo Día (Questions of Doctrine, pp 71-83). La razón es que inicialmente buena parte de los autores adventistas sostenían una visión de Cristo de corte arrianizante. Cuando, con el paso del tiempo, este enfoque varió, optando por un reconocimiento formal de la Trinidad, quedaron resquicios de arrianismo en la teología de las secta capitaneada por Ellen White, de donde los ha tomado la Wachtower. En realidad, esta objeción carece de la más mínima base. Sencillamente: no hay un solo pasaje en la Biblia donde se diga que el arcángel san Miguel es Cristo. h) Jesús habla con el Padre. La tesis de la Wachtower pretende que Cristo no puede ser Dios, puesto que se ve claramente cómo se dirige a Dios. Tal afirmación sólo revela un desconocimiento profundo de la doctrina de la Trinidad. Ésta no enseña que el Hijo, el Padre y el Espíritu Santo son la misma persona, sino que son tres personas distintas y un solo Dios verdadero. El diálogo entre el Padre y el Hijo, por lo tanto, no contradice la doctrina de la Trinidad, sino que la confirma. i) Jesús es el Hijo de Dios, y no Dios. A este respecto recomendamos repasar lo señalado arriba en relación con el texto de Jn 5,18. j) Salmo 2,7. Según la teología de la Wachtower, este pasaje indicaría que hubo una época en que el Hijo no existió y posteriormente sí; luego se trata de un ser creado. Además, el término "engendrar" debe entenderse como "crear". Lo cierto es que la fórmula que se recoge en este salmo parece ser que se utilizaba en la coronación de los reyes de Israel. Con ella se pretendía indicar que el monarca pasaba a ser "hijo de Yavé" de una manera muy especial. Ahora bien, en el caso de este salmo, el Nuevo Testamento nos ha conservado la interpretación que del mismo hacía la Iglesia primitiva. Veamos: "Pero Dios lo levantó de entre los muertos, y por muchos días se hizo visible a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, los cuales son ahora testigos de él al pueblo. De modo que nosotros estamos declarándoles las buenas nuevas acerca de la promesa hecha a los antepasados, que Dios la ha cumplido enteramente para con nosotros los hijos de ellos al haber resucitado a Jesús, así como está escrito en el Salmo segundo: Tú eres mi hijo, este día he llegado a ser tu Padre" (He 13,30-33). Para Pablo, el salmo 2 no enseñaba que Cristo fuera un ser creado, sino que contenía la afirmación de que resucitaría un día. Naturalmente somos muy libres de preferir la interpretación de la Wachtower a la del apóstol de los gentiles. Digamos, finalmente, que el término "engendrar" ni significa "crear" ni es contrario a la enseñanza de la Trinidad. De hecho, el credo trinitario de Nicea afirma que la persona del Hijo fue "engendrada y no creada, de la misma naturaleza que el Padre". Los que creemos en la Trinidad creemos asimismo que Cristo fue engendrado desde la eternidad de la misma naturaleza que el Padre, pero que no fue creado. Este texto apoyaría precisamente esa tesis, puesto que en él no se dice que el Hijo fuera creado, sino engendrado. Hasta aquí hemos podido ver el nulo fundamento que tiene afirmar que la Biblia niega la divinidad de Cristo. Ahora bien, el que no haya argumentos en contra no significa necesariamente que los haya a favor. ¿Existen pruebas en el Nuevo Testamento de que los primeros cristianos creyeran que Cristo era Dios? A examinar esa cuestión dedicaremos las próximas páginas. 2. Según la Biblia, Cristo es Díos, y no un dios Contra lo que piensan la mayoría de las personas (y es error muy repetido en diversas publicaciones), los Testigos de Jehová no niegan la divinidad de Cristo, sino su plena divinidad. Es decir, para ellos Cristo es un dios (o el arcángel san Miguel), pero no es Dios. Nosotros intentaremos mostrar en las siguientes páginas cómo la Biblia indica específicamente lo contrario: Cristo es Dios, y no un dios. Las razones, entre otras muchas, son las siguientes: 2.1. Cristo tiene títulos en el NT que sólo son aplicables a Dios Dios. La teología de los Testigos, en realidad, es politeísta. Parte de la base de que existe un gran Dios increado (Jehová), seguido por un dios inferior y creado (Cristo) y por multitud de dioses de una categoría aún más ínfima, como el diablo y los ángeles. La enseñanza de la Biblia, por otra parte, es naturalmente monoteísta: sólo hay un Dios, no ha habido ninguno antes ni lo habrá después. "Ustedes son mis testigos -es la expresión de Jehová- aun mi siervo, a quien he escogido, para que sepan y tengan fe en mí, y para que entiendan que yo soy el mismo. Antes de mí no fue formado Dios alguno y después de mí continuó sin que lo hubiera" (Is 43,10) (VNM). Este pasaje, conocido de memoria por todos los adeptos de la Wachtower, ya que de él derivan su nombre, contiene en su segunda parte una afirmación que contradice tajantemente las enseñanzas de aquélla. No enseña que hay un gran Dios (Jehová), otro inferior y creado (el mesías) y una pléyade de dioses a continuación, sino que sólo hay uno y ninguno más. "Esto es lo que ha dicho Jehová, el Rey de Israel y el Recomprador de él, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios" (Is 44,6) (VNM). La afirmación es clara y contundente; pero choca frontalmente con la teología de la Wachtower, que enseña la existencia de varios dioses. "Yo soy Jehová, y no hay ningún otro. Con la excepción de mí no hay Dios..., no hay ningún otro; no hay otro Dios" (Is 45,5,14) (VNM). Naturalmente, los primeros cristianos creían lo mismo que enseñó Isaías, y no la teología de la Wachtower, que establece que hay varios dioses. Y no sólo es que creían en un monoteísmo estricto (un solo Dios y ningún otro más), sino que además afirmaron que Cristo era ese Dios. Como esto resulta tan claro y equivale a reconocer que la teología jehovista es una farsa, los dirigentes de la Wachtower no han tenido el más mínimo inconveniente en alterar la traducción de la mayoría de los pasajes donde se dice que Cristo es Dios. A analizar algunos de éstos vamos a dedicarnos ahora. a) Romanos 9,5. Dice la versión del texto griego: "El Cristo según la carne, el cual es Dios bendito". Pablo afirma tan claramente que Cristo es Dios bendito, que la VNM no ha tenido el menor reparo en introducir una palabra entre corchetes en el texto para desvirtuar tal afirmación. Dice así: el Cristo según la carne: Dios, que está sobre todos, (sea) bendito para siempre. Basta quitar de la VNM el sea entre corchetes para tener una afirmación clarísima de la divinidad de Cristo. b) Filipenses 2,5ss. "... Cristo Jesús, el cual existiendo en forma de Dios no se aferró a ser igual a Dios". Pablo lo expresa con claridad: Cristo era igual (no inferior) a Dios, pero no se aferró a ello, sino que se vació (ése es el significado literal del término griego kenosis) para hacerse hombre y redimirnos en la cruz. Pues bien, veamos cómo esta afirmación clarísima ha sido desvirtuada en la versión del Nuevo Mundo añadiendo de nuevo palabras que no están en el original: "... Cristo Jesús, quien aunque existía en la forma de Dios, no dio consideración a una usurpación, a saber: que debiera ser igual a Dios". Basta comparar la VNM con otras traducciones para comprobar lo viciado y lleno de prejuicios que ha sido su método de trabajo, método que sólo buscaba defender a la secta, y no a la enseñanza de la Biblia. c) Colosenses 2,9. "Porque en él habita la plenitud de la divinidad corporalmente". Contra lo que enseña la Wachtower, Pablo afirma aquí que Cristo no es un dios o un mini-dios, sino que en él habita corporalmente la plenitud de la divinidad. Veamos cómo la VNM ha intentado velar esta gloriosa verdad: "Porque en él mora corporalmente toda la plenitud de la cualidad divina". Ahora bien, esta subversión del texto, a fin de cuentas, sólo a medias consigue su objetivo, porque sólo Dios puede tener cualidad divina; y hemos visto en Isaías que sólo hay un Dios. Si en Cristo mora toda la plenitud de la cualidad divina, es que es Dios, y no un dios, como pretende la Wachtower. d) Tito 2,13. "Esperando la feliz esperanza y manifestación de la gloria del gran Dios y salvador nuestro Jesucristo". El texto es diáfano como el cristal. Pablo habla de la maravillosa esperanza del creyente cristiano que aguarda la venida de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo. De nuevo la VNM ha introducido palabras en el texto para privar a Cristo de su plena divinidad: "Mientras aguardamos la feliz esperanza y la gloriosa manifestación del gran Dios y del salvador nuestro, Cristo Jesús". Con un descaro inexcusable, la Wachtower ha introducido una palabra que no está en el texto griego, para dejar a un lado a Dios y a otro al salvador Jesucristo, cuando lo cierto es que el original prodiga los dos atributos (Dios y salvador) a Cristo. e) Hebreos 1,8. "Con respecto al Hijo: El trono tuyo, oh Dios, por el tiempo del tiempo". Este texto reviste una especial relevancia porque en él es el propio Padre el que se dirige a la persona del Hijo; y no lo hace para denominarlo Miguel (como los testigos o los adventistas) ni un dios, sino Dios de manera plena. Como imaginará el lector, también en esta ocasión la VNM altera el texto añadiendo palabras: "Pero respecto al Hijo: Dios es tu trono para siempre jamás". En el fondo, sin embargo, esta burda falsificación dice lo contrario de lo que pretende; porque, ¿quién es mayor, el trono o el que se sienta en él? Pues bien, si Dios es el trono del Hijo, éste debe ser, al menos, tan grande como Dios. f) 2Pedro 1,1. "... En justicia del Dios nuestro y salvador Jesucristo". Como en Tit 2,13, de nuevo nos hallamos ante una afirmación de que Cristo es Dios. Veamos cómo vierte el pasaje la VNM: "Por la justicia de nuestro Dios y del salvador Jesucristo". Una vez más, añadiendo una palabra que no está en el original, se altera todo el sentido de la frase, privando a Cristo de la atribución que Pedro le hace de su divinidad plena. Sin embargo, es curioso que en el versículo 11 de este mismo capítulo de la primera epístola de Pedro aparezca la misma construcción gramatical; pero esta vez la Wachtower la ha traducido bien ("de nuestro Señor y salvador Jesucristo" ), porque no une a Cristo con el título de Dios. Resulta vergonzoso el contemplar cómo puede haber personas con tan pocos escrúpulos morales como para alterar el texto sagrado a fin de defender con más facilidad sus doctrinas. g) Juan 1,1. Sin duda, es ésta la falsificación más conocida de todas las que pueblan las páginas de la VNM. Dice así: "En (el) principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era un dios". Basta ir al texto griego original para comprender que se trata de una burda artimaña, consistente en intercalar una palabra que no está en el evangelio de Juan a fin de negar la divinidad de Cristo. "En principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con el Dios y Dios era la Palabra". Naturalmente, el pasaje en griego es tan claro que la Wachtower se ha visto obligada a recurrir al poco airoso método de inventarse una regla gramatical para justificar la barbaridad lingüística y teológica que implica su traducción. Según la Wachtower, en griego no existe palabra para indicar la idea de "uno", y, por lo tanto, cuando una palabra no lleva el artículo determinado (jo, je, to, en griego; el, la, lo, en castellano) debe colocarse delante la palabra "un, una". Esta regla es falsa; pero lo peor es que ni siquiera la Wachtower (pese a ser su inventora) la sigue: a') En griego sí hay palabras para expresar la idea de "uno, una" sin que tenga que suplirlas el traductor. Una de ellas es eis, mia, en (uno, una, uno), que Juan utiliza repetidas veces; v.gr.: Jn 1,40; 6,8.22; 70,71; 7,21.50; 9,25; 10,16.30; 11,49-50.52; 12,2.4; 13,21.23; 17,11.21.22.23; 18,14. 22.26.39; 19,34, etcétera; la otra es tis, ti (uno-a-o ó alguno-a-o), que también es utilizada repetidas veces en el Nuevo Testamento. Si Juan hubiera deseado decir que la Palabra (Cristo) era un dios, hubiera recurrido con toda seguridad al empleo de eis o de tis. b') La ausencia de artículo determinado ni siquiera es suplida por "un" en la misma Wachtower. Fijémonos a título de ejemplo en el mismo capítulo 1 del evangelio de Juan. En el versículo 6 se nos dice que un hombre (Juan el Bautista) fue enviado por Dios, y esta palabra va sin artículo determinado; no obstante la Wachtower no ha traducido "representante de un dios", sino "representante de Dios". En el versículo 12 se nos habla de cómo llegar a ser hijos de Dios. Ahora bien, la palabra Dios va sin artículo determinado; pero la Wachtower no ha traducido "hijos de un dios", sino "hijos de Dios". En el versículo 13, una vez más, la palabra "Dios" va desprovista de artículo determinado; pero la Wachtower no traduce "voluntad de un dios", sino "de Dios". Podríamos aducir más ejemplos; pero sinceramente éstos nos parecen suficientes para mostrar que la "regla" citada por la Wachtower no sólo no existe, sino que incluso no es aplicada por ella misma para no caer en el ridículo más absoluto. c') La construcción poética de Jn 1,1 no permite traducir "un dios". Los dieciocho primeros versículos del evangelio de Juan formaron en su conjunto un canto (muy posiblemente antifonal) que se utilizaba en las reuniones de la Iglesia primitiva. Tenía por ello una estructura (muy clara en los tres primeros versículos) de especial belleza, puesto que cada frase terminaba con la misma palabra con que empezaba la siguiente: "En principio era la Palabra, y la Palabra era con el Dios, y Dios era la Palabra". Esta construcción además hacía girar su encanto (y su impresionante vigor) en torno al hecho de que la palabra con que concluía una frase y comenzaba la siguiente tenía el mismo valor, contenido y significado. Por esto el "Dios" del final del versículo 1 nunca podía ser "un dios", sino la palabra "Dios", con su mismo contenido y fuerza con que concluía la frase anterior. Examinado el texto de Jn 1,1, en la VNM se descubre, por lo tanto, no sólo una falta de conocimiento mínimo de la lengua en que se redactó el Nuevo Testamento, sino también una carencia de honestidad por la que no ha tenido reparo, una vez más, en alterar la Escritura para hacerla encajar en sus posiciones doctrinales preconcebidas. Vamos a concluir con lo referente a este texto. Antes, no obstante, desearía hacer una breve referencia al origen de esta traducción penosa del glorioso pasaje de Jn 1,1. Cuando los testigos intentan mostrar que no son los únicos en haber traducido el pasaje de Jn 1,1 de esta manera sólo pueden (y es normal) citar un Nuevo Testamento no editado por ellos que contenga una versión similar. Me estoy refiriendo al Nuevo Testamento de Greber.[Este Nuevo Testamento de Johannes Greber aparece citado por la Wachtower para apoyar su traducción, por citar algún ejemplo, en el libro Asegúrense de todas las cosas, Brooklyn 1965, 489, y en el folleto La Palabra ¿quién es él? Brooklyn 1962, 5.] ¿Quién era Johannes Greber? La Wachtower lo ha presentado a sus adeptos como un sacerdote católico, pero esto es sólo una verdad a medias. Greber fue efectivamente un sacerdote católico; pero abandonó la Iglesia Católica para entrar en círculos espiritistas. Su propio Nuevo Testamento está cortado sobre la base de la teología espiritista y, según dice la introducción del mismo, fueron los espíritus los que le dijeron cómo traducir. Cito de la misma: "Muchas contradicciones entre lo que aparece en los rollos antiguos y el Nuevo Testamento surgieron y fueron tema de sus (de Greber) oraciones constantes pidiendo guía, oraciones que fueron contestadas y las discrepancias clarificadas por el Espíritu mundial de Dios... Su esposa (la de Greber), una médium del Espíritu mundial de Dios, fue a menudo el instrumento para dar las respuestas correctas de los Mensajeros de Dios al pastor Greber". [De hecho, yo sostengo la tesis de que la VNM no es sino una copia descarada de la traducción espiritista de Greber, como puede verse con facilidad comparando ambas versiones. La de Greber puede obtenerse solicitándola a la Johannes Greber Memorial Foundation, 139 Hillside Avenue, Teaneck, NJ, 07666. USA] No deja de ser curioso que el único autor que tradujo Jn 1,1 como la Wachtower fuera un ex-sacerdote que colgó la sotana para casarse con una médium y que dejó una versión del Nuevo Testamento que no se basaba precisamente en el estudio de los textos, sino en las instrucciones que recibía en sesiones de espiritismo. ¿Sabe esto la Wachtower? La respuesta es afirmativa. En la Atalaya del 15 de febrero de 1956, páginas 110-111, se afirma en el párrafo 11: "Está muy claro que los espíritus en los que el ex-sacerdote Greber cree lo ayudaron en su traducción". Una afirmación similar se contiene asimismo en la Atalaya del 1 de abril de 1983, página 31. [Existe un argumento de tipo histórico-teológico adicional en favor de que Juan quería señalar la plena divinidad de Cristo al escribir el primer versículo de su evangelio. Me estoy refiriendo a la utilización del término "Palabra" para definir al Cristo preexistente. Este mismo término era utilizado en los targumim (comentarios interpretativos del Antiguo Testamento) en arameo para referirse a Yavé. De manera que para decir que Yavé creó los cielos y la tierra se indica que Memra (la Palabra) creó los cielos y la tierra, etc. Ese mismo Yavé, según Juan, era el que se había hecho carne para salvarnos.] Cabría preguntarse qué clase de dirigentes tiene la secta de Brooklyn. No sólo porque están dispuestos a tergiversar el texto sagrado añadiéndole palabras que no aparecen en el mismo, sino porque también se atreven a inventar reglas gramaticales que no existen y que ellos mismos no respetan, buscando como único apoyo una versión del Nuevo Testamento carente de base científica y que, según confiesan en sus publicaciones, es obra de espíritus. Todo esto, no lo olvidemos, para negar la grandiosa verdad de la encarnación de Dios en la persona de Cristo a fin de redimirnos. ¿Realmente se puede confiar en una organización así? Podríamos presentar ahora más textos falseados; pero vamos a citar sólo dos más en los que la Wachtower, sin darse cuenta, ha permitido que en la VNM los apóstoles llamaran Dios a Jesús. Nos referimos a Jn 20,28 y 1Jn 5,20. "Dijo entonces a Tomás: Pon tu dedo aquí y ve mis manos, y toma tu mano y métela en mi costado, y deja de ser incrédulo y hazte creyente. En contestación Tomás le dijo: Mi Señor y mi Dios" (Jn 20,27-28) (VNM). "... Jesucristo. Este es el Dios verdadero y vida eterna" (1Jn 5,20) (VNM). La experiencia de la resurrección corporal de Jesús (que también niegan los testigos) significó un auténtico impulso espiritual para sus desolados discípulos. Tomás, el que había dudado, supo desde ese momento que el galileo con el que había compartido los años anteriores era Dios y Señor. Lo mismo afirmaba el apóstol Juan años después. Ahora bien, todos los apóstoles eran judíos. Conocían las Escrituras y las palabras de Isaías en el sentido de que sólo había un Dios. 0 bien se equivocaban al afirmar que Jesús era Dios y le denominaban así cuando sólo era un dios (y en ese caso la Wachtower tendría razón doctrinalmente hablando) o bien tenían razón al identificar a Cristo con el Dios del que habló Isaías: el único Dios, antes del cual no hubo ninguno y después del cual tampoco habría otro. Si los apóstoles tenían razón, lo cierto es que la Wachtower está equivocada trágicamente. El autor de estas líneas no se avergüenza en decir que cree en los apóstoles, aunque eso signifique considerar a la Wachtower y sus doctrinas una farsa total. Jehová. Precisamente como los primeros cristianos vieron en Jesús al Dios del Antiguo Testamento encarnado, no dudaron en referir al mismo multitud de textos cuyo protagonista en el Antiguo Testamento era Jehová. [Como seguramente sabrá el lector, la vocalización "Jehová" es totalmente incorrecta. El tetragramaton (o cuatro letras: YHVH) de uno de los nombres de Dios en el Antiguo Testamento (no el único, como pretenden los testigos); posiblemente se debiera vocalizar con "a" y "e", dando como resultado la forma "Yahveh". Lo que sí es seguro es que no se pronunciaba Jehová. Aquí hemos respetado esta errónea vocalización para conservar la fuerza de los argumentos en relación con los adeptos de la secta de la Wachtower.] Como en otros casos del libro, un análisis en profundidad del tema requeriría una extensa monografía; pero vamos a intentar al menos mencionar alguno de los pasajes a título de ejemplo. a) Cristo es Jehová vendido por treinta monedas de plata: "Entonces les dije: Si es bueno a sus ojos, den(me) mi salario; pero si no, absténganse. Y procedieron a pagar mi salario, treinta piezas de plata. Ante aquello, Jehová me dijo: Tíralo al tesoro... el valor majestuoso con el cual he sido evaluado" (Zac 11,12-13). Sabido es que el Nuevo Testamento aplica este pasaje a Cristo como una profecía cumplida en él. ¿Se equivocaban los primeros cristianos al decir que Cristo era el Jehová de Zacarías evaluado en treinta monedas de plata, o yerran los testigos de hoy al negarlo? b) Cristo es Jehová precedido por Juan el Bautista: "Escuchen. Alguien está clamando en el desierto: Despejen el camino de Jehová. Hagan recta la calzada para nuestro Dios a través de la llanura desértica" (Is 40,3) (VNM). La profecía de Isaías era clara: una voz aparecería en el desierto para ser precursora de la venida de Jehová Dios. Los evangelistas vieron en el texto del profeta judío una profecía que se cumplió cuando Juan el Bautista precedió a Jesús. Si Juan fue la voz en el desierto, Jesús debía ser Jehová Dios. ¿Se equivocó Isaías al profetizar la venida de Jehová, cuando en realidad vino solamente un dios? ¿Se equivocaron los apóstoles al considerar que la profecía se había cumplido, cuando en realidad no era así, porque en vez de Jehová vino un dios, o se equivoca la Wachtower porque no se equivocó Isaías ni los primeros cristianos, y, efectivamente, quien vino fue Jehová Dios precedido por Juan el Bautista? c) Cristo es Jehová traspasado: Zac 12,10 constituye uno de los pasajes más enigmáticos de todo el Antiguo Testamento. Yavé (o Jehová) se está dirigiendo al profeta y de pronto le anuncia algo que suena realmente extraño: le traspasarían y en tal situación le contemplarían los hijos de Israel; Jehová traspasado: "Y mirarán a mí, a quien traspasaron". Es sabido que los primeros cristianos vieron en este pasaje una referencia a Cristo alanceado en la cruz. Ahora bien, ¿se equivocaban al considerar que el Jehová traspasado era Cristo o lo hace la Wachtower al negarlo? Mucho nos tememos que si alguien se ha equivocado no fueron los apóstoles; y es que en la mente de ellos seguramente sonaba la profecía gloriosa de Is 35,4: "Dios mismo vendrá y os salvará". Lástima que verdad tan gloriosa haya sido sustituida en la teología de la Wachtower por el espectáculo de un arcángel que se hace hombre para salvar a la humanidad. Salvador Y es que de aceptar que Cristo no es Dios nos encontraríamos con el problema de que tenemos dos salvadores: Jehová y Cristo. Nada más lejano al pensamiento bíblico. Precisamente la Escritura nos dice: "Yo... yo soy Jehová, y fuera de mí no hay salvador" (Is 43,11). Pues bien, los autores del Nuevo Testamento dicen que nuestro salvador es Cristo (2Tim 1,10). Para los que creemos que Cristo es Dios no hay contradicción; pero para la Wachtower es cuestión de explicar si Isaías se equivocó o si lo hicieron los primeros cristianos..., a menos que reconozcan que son ellos los errados. El primero y el último Otro título de Jehová que los autores del Nuevo Testamento no tuvieron ningún problema en aplicar a Jesús fue el de "el primero y el último", que en el Antiguo se dirigía a Jehová (Is 44,6). Así se nos dice: "Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin. Felices son los que lavan sus ropas largas, para que sea suya la autoridad (de ir) a los árboles de la vida, y para que consigan entrada en la ciudad por sus puertas. Afuera están los perros y los que practican espiritismo y los fornicadores y los asesinos y los idólatras y todo aquel a quien le gusta la mentira y se ocupa de ella. Yo, Jesús, envié a mi ángel para darles a ustedes testimonio de estas cosas para las congregaciones" (Ap 22,13-16). ¿Mentía y se equivocaba (y además blasfemaba) el autor de Apocalipsis al atribuirle a Jesús un título de Jehová, puesto que Cristo es solo un dios, o es la teología de la Wachtower la equivocada al respecto? El creador Desde luego, si los primeros cristianos se equivocaban en su evaluación de quién fue Jesús, su error llegó a alcanzar cotas de delirio, porque lo identificaron con el único creador del universo; y eso cuando el Antiguo Testamento señala que Dios, sin ningún tipo de colaboración, creó todo. Veamos: "Esto es lo que ha dicho Jehová, tu Recomprador y el Formador de ti desde el vientre: Yo, Jehová, estoy haciendo todo, extendiendo los cielos, yo solo, tendiendo la tierra. ¿Quién estuvo conmigo?" (Is 44,24) (VNM). "Yo mismo he hecho la tierra y he creado aun al hombre sobre ella. Yo..., mis propias manos han extendido los cielos" (Is 45,12). Los apóstoles eran judíos, conocían estos pasajes, sabían que Dios no había utilizado ayudantes, instrumentos o intermediarios en su obra de creación. Si Cristo no era Dios, ¿por qué afirmaron que había creado todo? "En el principio existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. El estaba en el principio con Dios. Todo fue hecho por él, y sin él nada se hizo... Y aquel que es la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,1-3.14a) (EP). "Porque por él mismo fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra, lo invisible y lo visible, tanto los tronos como las dominaciones, los principados como las potestades; absolutamente todo fue creado por él y para él; y él mismo existe antes que todas las cosas y todas subsisten en él" (Col 1,16-17) (EP). ¿Disparataban Pablo y Juan al afirmar que Cristo era el único creador del universo, el Jehová creador, del que escribió Isaías, o más bien disparata la Wachtower al negarlo? El "Yo Soy" De hecho, esta conciencia que tenían los primeros cristianos de que Cristo era el Dios revelado en el Antiguo Testamento al pueblo de Israel no arrancó de su especulación personal, sino del recuerdo de las propias enseñanzas de Jesús. Quizá una de las afirmaciones más categóricas de éste al respecto fue la de apropiarse la denominación con la que Yavé se presentó ante Moisés cuando le encomendó su misión de liberar a Israel de la esclavitud de Egipto. Examinemos el texto directamente: "Moisés dijo a Dios: Bien, yo me presentaré a los israelitas y les diré: El Dios de nuestros padres me ha enviado a vosotros. Pero si ellos me preguntan: ¿cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Dios dijo a Moisés: Yo soy el que soy. Así responderás a los israelitas: Yo soy me ha enviado a vosotros" (Éx 3,13-14)(EP). El texto aparece claro en cuanto a la descripción del episodio. Moisés interroga a Yavé sobre el nombre con que debe presentarle a los hijos de Israel, y Dios le responde que ese nombre es "Yo soy". Pues bien, Jesús se aplicó ese mismo apelativo: "Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados" (Jn 8,24) (BJ) (Tanto la traducción de Ediciones Paulinas como la Nueva Biblia Española han vertido: "que yo soy el que soy" lo que recoge a la perfección el sentido del texto original desde mi punto de vista). La afirmación de Jesús era impresionante: si no creían que él era el mismo Dios que se apareció a Moisés anunciándole la liberación, morirían en sus pecados. No es de extrañar que aquella pretensión dividiera a sus oyentes de manera radical, unos creyeron (Jn 8,30), otros intentaron matarlo (Jn 8,59). Naturalmente, los pasajes mantienen entre sí una relación tan evidente que la Wachtower sólo podía alterarlos en la VNM. Así el "Yo Soy" de Éx 3,14 es vertido: "Yo resultaré ser", aunque el hebreo dice hyh, es decir, Yo soy. De la misma manera, en la VNM, Jn 8,24 es vertido como "yo soy ése", aunque el griego dice ego eimi, es decir, "Yo Soy". ¿Puede alguien dudar de que no nos encontramos ante la casualidad, sino ante una política seguida metódicamente para extirpar de la VNM todas las señales de que Cristo es Dios? El Señor Otro de los títulos ligados a Yavé en la tradición de Israel fue el de "el Señor". Tan estrechamente estaba en la mente de los judíos que sólo había un Señor y que era Yavé, que en la traducción del Antiguo Testamento al griego conocida como la Biblia de los Setenta o Septuaginta Yavé es sustituido siempre por la palabra griega kýrios (Señor); y lo mismo sucedía en el servicio sinagogas en hebreo, donde en vez de Yavé se denominaba a Dios Adonai (Señor). Con este trasfondo es fácil adivinar cómo entenderían los judíos contemporáneos de Jesús la afirmación de que éste era el Señor. Tan claro también ha quedado para la Wachtower el alcance de esta afirmación por parte de los autores del Nuevo Testamento, que ha cometido el impensable despropósito de sustituir la palabra original kýrios (Señor) por la de Jehová en docenas de textos. Que con esto se ha perseguido privar a Cristo de la gloria que merece su plena divinidad quedará de manifiesto con el texto de la VNM que, a título de ejemplo, reproduzco a continuación. Dice así: "El que observa el día, lo observa para Jehová (en el original, la palabra es kýrios = Señor). También, el que come, come para Jehová (en el original kýrios = Señor), pues da gracias a Dios; y el que no come, no come para Jehová (en el original kýrios = Señor), y sin embargo da gracias a Dios. Ninguno de nosotros, de hecho, vive con respecto a sí mismo únicamente, y ninguno muere con respecto a sí mismo únicamente; pues tanto si vivimos, vivimos para Jehová (en el original kýrios = Señor), como si morimos, morimos para Jehová (en el original kýrios = Señor). Por consiguiente, tanto si vivimos como si morimos, pertenecemos a Jehová (en el original kýrios = Señor). Porque con este fin murió Cristo y volvió a vivir otra vez para ser.... (aquí esperaríamos que dijera "Jehová", cambiando la palabra kýrios del original, como ha hecho en los versículos anteriores; pero dice: ... ) Señor tanto sobre los muertos como sobre los vivos" (Rom 14, 6-9) (VNM). No es, pues cierto, como pretende la Wachtower, que al sustituir "Señor" por "Jehová" en el Nuevo Testamento realiza un intento de restaurar la pureza del texto original. No lo es porque ni un solo manuscrito del Nuevo Testamento contiene la palabra Jehová. No lo es porque no se ha hecho siempre y de manera consecuente (en el caso citado arriba diría, por ejemplo, que Cristo es Jehová, y una afirmación así conmovería hasta sus cimientos la teología de la Wachtower). No lo es, porque lo que se persigue realmente es ocultar el efecto impresionante que tiene en el Nuevo Testamento denominar a Jesús con el título de kýrios (Señor), el mismo que en su época se daba a Yavé. Por lo tanto, la Wachtower no ha buscado que entendieran los lectores de la VNM el mensaje del Nuevo Testamento de manera clara, sino ocultarles de forma consciente y metódica la maravillosa buena nueva de que el Dios de la historia se ha encarnado en Cristo para salvarnos. El nombre salvador ¿Qué tiene, pues, de extraño que, contra lo que pretenden los adeptos de la Wachtower, los primeros cristianos fueran conocidos no como "jehovistas" o "Testigos de Jehová", sino por el nombre del que ellos creían que era Dios encarnado: Cristo? Tampoco resulta extraño el hecho de que consideraran que el nombre salvador era el de Cristo (y, no obstante, no mencionaran nunca el de Jehová, como pretende la Wachtower). El mismo Pedro, el primero de los apóstoles, lo dejó bien claro cuando se vio conducido ante las autoridades religiosas de Israel: "Jesucristo el Nazareno... Ésta es la piedra que fue tratada por ustedes los edificadores como de ningún valor, que ha llegado a ser cabeza de ángulo. Además, no hay salvación en ningún otro, porque no hay otro nombre debajo del cielo que se haya dado entre los hombres mediante el cual tengamos que ser salvos" (He 4,10-12) (VNM). Quizá Pedro se equivocaba, quizá no era cierto que el nombre de Jesús es el único por medio del cual podemos salvarnos, quizá no es cierto que no hay salvación en otro salvo en Cristo, quizá ... ; pero para el autor de estas líneas la autoridad doctrinal de Pedro es incomparablemente superior a la de los dirigentes de la Wachtower. Podríamos continuar todavía con otros títulos y atributos de Jehová que los primeros cristianos aplicaron a Cristo, pero creo que con lo ya expuesto queda suficientemente probada la tesis que deseábamos demostrar. 2.2. En la Biblia Cristo es adorado no como un dios, sino como Dios Por todo lo que hemos visto en el apartado b), no es de extrañar que la reverencia, adoración y gloria que los primeros cristianos dirigían a Jesús fueran las de] mismo Dios, y no las de un dios. Veámoslo. Es adorado En el pensamiento del Antiguo Testamento la idea de adorar a un ser que no fuera Dios resultaba sencillamente abominable. El mandato divino establecía que sólo se podía adorar a Yavé (Dt 6,13; 10,20), y así se lo repitió Jesús al diablo cuando éste le pidió que le adorara (Lc 4,8). La palabra utilizada en este texto para indicar adoración es el verbo griego proskyneo. Como era de esperar, la Wachtower ha traducido proskyneo por adorar cuando se refiere al Padre, v.gr.: Lc 4,8; pero cuando iba referido a Cristo lo ha vertido "rendir homenaje" para ocultar el hecho de que éste fue adorado por los primeros cristianos. Así, Mt 28,17 dice: "Y viéndole le adoraron (proskýnesan)". Y Lc 24,52 señala: "Y ellos, adorándole (proskynésantes), volvieron a Jerusalén". Otros ejemplos de ese empleo del término "adorar" (proskyneo) en relación a Jesús los tenemos, por ejemplo, en Mt 2,2.8 y 11, o Jn 9,38. En todos los casos, la Wachtower ha vertido por "rendir homenaje", ocultando la adoración de Jesús. Hemos tenido ocasión de ver antes cómo las propias artimañas de la Wachtower no siempre son perfectas y que se les había pasado por alto un par de textos (Jn 20,28 y 1Jn 5,20), en que se dice que Cristo es Dios. Lo mismo sucedió en el pasado con una cita en la que se habla de adorar a Jesús. Me estoy refiriendo a Heb 1,6. La VNM traducía así: "Pero cuando introduce de nuevo a su primogénito en la tierra habitada, dice: Y que todos los ángeles de Dios le adoren". Tan claramente dejaba de manifiesto el texto que los mismos ángeles adoraban a Jesús, que en la edición de la VNM de 1987 el texto se cambió. Ahora dice: "le rindan homenaje". Conductas como éstas dejan bien de manifiesto que no hay error de buena fe o simple ignorancia en la actuación de los dirigentes de la Wachtower. Existe un propósito firme y premeditado de negar la plena divinidad de Cristo, aunque para ello se tenga que recurrir a la mentira, al fraude de traducción o al Nuevo Testamento de un espiritista. Una conducta así, desprovista de toda ética, no puede pretender sinceramente que procede de gente sincera y cristiana que ama la Biblia y que se somete a las enseñanzas de la misma. Es honrado como el Padre No se puede aducir (como han pretendido algunos autores) que la honra y adoración que se prodigaba a Jesús era algo que arrancaba de mentes calenturientas que no le habían comprendido bien. El evangelista Juan señala que tal conducta partía de las mismas palabras de Jesús. Leemos en Jn 5,23: "Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha encargado todo el juicio al Hijo, para que todos honren al Hijo así como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre" (VNM). La expresión griega que la VNM traduce por "así como" es kazós, que equivale a "de la misma manera", "exactamente igual". Pero ¿cómo sería posible esto si Cristo es sólo un dios, y el Padre es Dios? ¿Acaso no será porque precisamente no es así, porque precisamente el Padre y el Hijo son Dios? Creemos que eso es lo que se desprende no sólo del texto, sino del contexto del Nuevo Testamento. Ante él se dobla la rodilla Por ello no debería extrañarnos que se doble la rodilla en el Nuevo Testamento no sólo ante el Padre (Ef 3,14) sino también ante el Hijo: "... para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los (que están) en el cielo y de los (que están) sobre la tierra y de los (que están) debajo del suelo" (Flp 2,9) (VNM). Recibe gloria En el fondo de toda esta visión de profunda adoración de Cristo que caracteriza al cristianismo neotestamentario lo que subyace, pues, es la consciencia de que Cristo es el mismo Yavé, y por ello es digno de recibir la gloria que sólo se puede tributar a aquél. Que esta gloria no podía tributarse a nadie más se desprendía con claridad del Antiguo Testamento: "Yo soy Jehová. Ése es mi nombre, y a ningún otro daré yo mi propia gloria, ni mi alabanza a imágenes esculpidas" (Is 42,8) (VNM) "... a ningún otro daré mi propia gloria" (Is 48,11) (VNM). Lo cierto, sin embargo, es que Juan afirma que la gloria de Jesús es la misma que la de Jehová. Veámoslo: "... Jesús habló estas cosas y se fue y se escondió de ellos. Pero aunque había ejecutado tantas señales delante de ellos, no ponían fe en él, de modo que se cumplió la palabra de Isaías el profeta, que él dijo: Jehová, ¿quién ha puesto fe en la cosa oída por nosotros? Y en cuanto al brazo de Jehová, ¿a quién ha sido revelado? La razón por la cual no podían creer es que otra vez dijo Isaías: Él les ha cegado los ojos y ha hecho duro su corazón, para que no vean con los ojos y se vuelvan y yo los sane. Isaías dijo estas cosas porque vio su gloria y habló de él. Con todo, hasta de los gobernantes muchos realmente pusieron fe en él, pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga" (Jn 12,36b-42) (VNM). El evangelio de Juan intenta en este pasaje explicar por qué muchos de los judíos no llegaron a creer en Jesús. Su tesis es que tal hecho ya estaba profetizado por Isaías, que, cuando vio la gloria de Jesús, anunció que los corazones de los judíos se cegarían y su corazón se endurecería. Ahora bien, el pasaje a que hace referencia Juan es el de Is 6,1-10, en el que Isaías vio... al propio Jehová. Caben dos posibilidades: o bien Juan se equivocaba al decir que la gloria de Cristo era la de Jehová y además cometía un error blasfemo porque le atribuía algo que no le correspondía (en cuyo caso la Wachtower tendría razón), o bien Juan era consciente de lo que estaba escribiendo, ya que identificaba a Cristo con Jehová y no veía dificultad en atribuirle la misma gloria. En tal caso, empero, la Wachtower estaría equivocada. El autor de estas líneas cree, en su modesto entender, que Juan el evangelista es mucho más digno de confianza que la Wachtower. En buena medida, la experiencia de Juan fue como la de Tomás. Él había visto morir a Jesús de cerca, muy de cerca, porque fue el único de los doce que no se ocultó y que permaneció al pie de la cruz con María y otras mujeres. Pero también asistió luego a su resurrección, y pudo comprobar que las afirmaciones de Jesús en el sentido de que él mismo se resucitaría se cumplían fielmente: "... Jesús les dijo: Derriben este templo y en tres días lo levantaré... pero él hablaba del templo de su cuerpo. Sin embargo, cuando fue levantado de entre los muertos, sus discípulos recordaron que él solía decir esto; y creyeron la Escritura y el dicho que Jesús dijo" (Jn 2,1922) (VNM). ¿Quién podría morir como hombre para luego levantar ese propio cuerpo de entre los muertos? ¿Acaso un dios creado, un arcángel, un mini-dios, o sólo el propio Dios creador de la vida? Citemos, finalmente, un pasaje más en el que la Wachtower ha pretendido privar a Cristo de su gloria. Se trata de 2Cor 4,4: "En los cuales el dios del mundo este cegó las mentes de los incrédulos para que no brille la luz del evangelio de la gloria del Cristo, que es imagen de Dios". El pasaje reviste una especial importancia por varios aspectos. En primer lugar hay que señalar que Pablo indica un plan diabólico, que consiste en que Satanás, al que el mundo en realidad ha convertido en su dios, ha cegado la mente de los incrédulos para que no vean la luz que proporciona el evangelio. Este evangelio trata acerca de la gloria de Cristo. Pues bien, la traducción del NM quita la gloria a Cristo para dársela a las buenas nuevas: "Entre quienes el dios de este sistema de cosas ha cegado las mentes de los incrédulos, para que no pase (a ellos) la iluminación de las gloriosas buenas nuevas acerca del Cristo" (VNM). Decididamente, la Wachtower no sabe cómo alterar el texto sagrado para privar a Cristo de su divinidad y gloria, tarea que Pablo en este pasaje atribuye al mismo Satanás. En segundo lugar, este pasaje reviste relevancia porque es utilizado por la Wachtower para probar que Cristo es un dios..., al igual que lo es también el diablo. Ahora bien, este texto no pretende que el diablo sea un dios, sino que este mundo lo ha convertido, consciente o inconscientemente, en tal. De la misma manera, Pablo dice en Flp 3,19 que muchos tienen a su vientre como Dios; pero eso no indica que el vientre sea un dios, sino que algunos lo han convertido en tal con su conducta. Por lo tanto, intentar utilizar este pasaje como base sobre la que apoyar la existencia de muchos dioses es una imposibilidad exegética. Por último, el pasaje hace referencia a Cristo como imagen de Dios, algo que la Wachtower, siempre ansiosa de llevar el agua de la Biblia al molino de sus prejuicios, interpreta en el sentido de que Cristo es una imagen, pero no el mismo Dios. Lo cierto, sin embargo, es que en el griego koiné, en que se escribió este pasaje, el término eikon indica no representación plástica, sino "manifestación autorizada". Es decir, lo que el apóstol pretende enseñarnos es que Cristo es la única manifestación autorizada y legítima de Dios que conocemos. Precisamente eso mismo creemos los que confesamos el dogma de la Trinidad: que Cristo no es un dios, sino la manifestación real de Dios. 3. El mesías-Dios en el judaísmo El cristianismo significó un choque emocional y espiritual de magnitudes incalculables para el pueblo de Israel. Jesús, su familia, sus primeros discípulos, fueron judíos. Él pretendía ser mesías, pero de una manera que cuestionaba hasta su misma raíz la existencia del status religioso judío, porque Jesús también decía que "Dios era su padre, haciéndose así igual a Dios" (Jn 5,18). Apenas muerto Jesús, los conflictos entre cristianismo y judaísmo comenzaron a recrudecerse de nuevo. Unas décadas después, los judíos que eran cristianos eran expulsados, de forma generalizada esta vez, de las sinagogas, y la propia teología judía experimentó una profunda revisión precisamente para privar de argumentos al cristianismo. De esta manera, el judaísmo arrojó por la borda multitud de corrientes e interpretaciones que había en su seno (la de que el mesías sufriría, la de que el mesías sería Dios, etc.), y el cristianismo, como reacción, empezó a delimitar su oposición al judaísmo. [He delimitado este conflicto en mi artículo, escrito en colaboración con Pilar Fernández Uricel, titulado "Anavim, apocalípticos y helenistas", en homenaje a José María Blázquez, Madrid 1990. Un estudio más a fondo del tema en J. Jocz, The jewish people and Jesus Christ, Grand Rapids, 1979, donde queda de manifiesto cómo el judaísmo -tal como se forjó en la época de la redacción del Talmud- fue principalmente un intento de los judíos de oponerse sólidamente al cristianismo.] No obstante lo anterior, se han conservado algunos vestigios que indican cómo la idea de que el mesías sería Dios era algo corriente en la época en que surgió el cristianismo, y que, además, aunque apagadamente, tal idea se conservó en algunos círculos poscristianos. Veamos algún ejemplo: "Dios le llamó (al mesías) con seis nombres que él dice en relación consigo mismo: Porque un niño nos ha nacido, se nos ha dado un hijo; y el gobierno estará sobre su hombro; y su nombre será maravilloso, consejero, Dios, fuerte, padre eterno, príncipe de paz (se está citando aquí Is 9,5-6). De manera que lo llamó Dios de una manera distintiva" (Iggereth Teman; rabí Moisés ben Maimón escribiendo a Jacob Alfajumi). "¿Cuál es el nombre del rey mesías? A esto respondió el rabí Abba bar Kahana: Yahveh es su nombre" (Midrash Echa 1,51) "Dios llamó también al rey mesías con su propio nombre (el de Dios)" (Midrash Thillim 21,2). No deja de ser paradójico que estos textos rabínicos, escritos por personas que negaban que Jesús fuera el mesías, contuvieran una concepción más correcta en relación con el mesías que la que propaga la Wachtower, que se pretende cristiana. 4. El mesías-Dios entre los cristianos primitivos No hace falta decir que también el cristianismo primitivo tuvo la absoluta certeza de que Cristo era Dios; y no sólo no se abstuvo en proclamarlo, sino que insistió en ello. Resulta imposible mencionar todas las citas del primer siglo e inicios del segundo, no bíblicas al respecto, pero vamos a dejar constancia de algunos ejemplos: a) Ignacio de Antioquía (muerto entre el 98 y el 117): "Un médico hay, en la carne hecho Dios, hijo de María e hijo de Dios, Jesucristo nuestro Señor" (Ef 7,2). b) Segunda epístola de Clemente (entre 100 y 150 d.C): "Debemos sentir de Jesucristo, que es Dios, que es juez de vivos y muertos" (1,1) c) Justino mártir (s. II): "Cristo preexiste como Dios antes de los siglos" (Diálogo con el judío Trifón 48,l) (en realidad los capítulos 48 a 108 están dedicados a mostrar con el Antiguo Testamento que el mesías es Dios y debe ser adorado). d) Atenágoras de Atenas (segunda mitad del s. II): "Admitimos a un solo Dios... Dios Padre y Dios Hijo y Dios Espíri
Como entender la Trinidad ¿Cómo entender este misterio de que hay una sola naturaleza Divina en tres personas diferentes?. Resumo las explicaciones que los teólogos han dado para facilitarnos la comprensión de este dogma de fe. La doctrina de la Trinidad enseña que existe un solo Dios, pero en Tres Personas divinas que tienen una misma naturaleza. Las palabras "naturaleza" y "persona", no se toman aquí en el sentido corriente de los términos, sino de acuerdo con el lenguaje filosófico, que es más preciso. La naturaleza o esencia de los seres es aquello que hace que las cosas sean lo que son; el principio que las capacita para actuar como tal (por ejemplo, la naturaleza del hombre es ser animal racional compuesto de alma y cuerpo), La persona, en cambio, es el sujeto que actúa (por ejemplo un hombre concreto con un nombre: Pedro Pérez, que actúa de acuerdo a su naturaleza: piensa, quiere, trabaja, etc.). Así es claro que en cada hombre hay una sola naturaleza y una sola persona. En Dios, en cambio, no ocurre así: una sola Naturaleza sustenta a una Trinidad de Personas. Por esto, a la inteligencia humana le es imposible comprender el misterio de la Santísima Trinidad. El esfuerzo racional de los teólogos (entre los que tenemos a Santo Tomás de Aquino) ha tratado de ilustrarlo de la manera siguiente: Como las tres divinas personas no se distinguen ni por su Naturaleza, ni por sus perfecciones, ni por sus obras exteriores, se distinguen únicamente por su origen. No se distinguen por su naturaleza porque tienen una naturaleza en común, la Naturaleza divina. Así no son tres dioses, sino un solo Dios. No se distinguen por sus perfecciones, porque éstas se identifican con la Naturaleza divina. Así ninguna de las tres Personas es más sabia o poderosa, sino que todas tienen infinita sabiduría y poder; ni la una es anterior a las otras, sino que todas son igualmente eternas. No se distinguen por sus obras exteriores, ya que teniendo las tres la misma Omnipotencia, lo que obre una respecto a la criatura, lo obran las otras dos. Se distinguen únicamente por su origen, porque el Padre no proviene de ninguna persona; el Hijo es engendrado por el Padre; y el Espíritu Santo procede a la vez del Padre y del Hijo. Esto es lo que impide que una Persona se confunda con las otras. Ricardo Sada Fernández en tu estudio de la Trinidad nos explica esto de una forma muy didáctica: En primer lugar, consideremos a Dios Padre. Éste, con su infinita sabiduría, al conocerse a Sí mismo, formula un pensamiento de Sí mismo. Nosotros muchas veces, hacemos una cosa parecida cuando pensamos en nosotros mismos, y nos formamos un concepto sobre el propio yo, es decir, "aquello que somos para nosotros mismos" . Sin embargo, hay una diferencia muy grande entre nuestro propio conocimiento y el de Dios sobre Sí mismo. Nuestro conocimiento propio es imperfecto, incompleto ("nadie es buen juez en causa propia" ). E incluso, si nos conociéramos perfectamente, -es decir, si nuestro concepto sobre el propio yo fuera una clarísima reproducción de nosotros mismos-, tan sólo sería un pensamiento que no saldría de nuestro interior, sin existencia independiente, sin vida propia. El pensamiento cesaría de existir, aun en mi mente, tan pronto como volviera mi atención a otro asunto. Tratándose de Dios, las cosas son muy distintas. Su pensamiento sobre Sí mismo es perfectísimo: abarca completamente todos y cada uno de los aspectos de su infinitud. Pero un pensamiento perfectísimo, para que de verdad lo sea, ha de tener existencia propia (si puede desaparecer, le faltaría esa perfección). Su pensamiento, es tan infinitamente completo y perfecto, que lo ha re-producido con existencia propia. La imagen que Dios ve de Sí mismo, la Palabra silenciosa con que eternamente se expresa a Sí mismo, debe tener una existencia propia, distinta. A este Pensamiento vivo en que Dios se expresa a Sí mismo perfectamente lo llamamos Dios Hijo. Dios Padre es Dios conociéndose a Sí mismo; Dios Hijo es la expresión del conocimiento que Dios tiene de Sí. Por ello, la segunda Persona de la Santísima Trinidad es llamada Hijo, precisamente porque es generado por toda la eternidad, engendrado en la mente divina del Padre. Además, como esa generación es intelectual, se le llama "Verbo" es decir, "Palabra". Dios Hijo es la "Palabra interior" que Dios Padre pronuncia cuando su infinita sabiduría conoce su esencia infinita. Ahora, Dios Padre (Dios conociéndose a Sí mismo) y Dios Hijo (el conocimiento de Dios sobre Sí mismo) contemplan la naturaleza que ambos poseen en común. Al verse (estamos hablando, claro está, de modo humano), contemplan en esa naturaleza lo bello y lo bueno en grado infinito. Y como lo bello y lo bueno producen amor, la Voluntad divina mueve a ambas Personas a un acto de amor infinito, de la Una hacia la Otra. Ya que el amor de Dios a Sí mismo, como el conocimiento de Dios de Sí mismo, son de la misma naturaleza divina, tiene que ser un amor vivo. Este amor infinitamente perfecto, infinitamente intenso, que dimana eternamente del Padre y del Hijo es el que llamamos Espíritu Santo "que procede del Padre y del Hijo". Es la tercera persona de la Santísima Trinidad. El Espíritu Santo es el "Amor Subsistente", el "Amor hecho Persona". Cristo es Dios. Es muy importante profundizar en este punto ya que una de las bases de la fe cristiana y de la Doctrina Trinitaria: Cristo, segunda Persona de la Trinidad es también Dios y consubstancial con Dios Padre. Algunos textos bíblicos: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.” Juan 1,1-2 “Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros.»” Mateo 1,22-23 “Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero», «Dios Fuerte», «Siempre Padre», «Príncipe de Paz»” Isaías 9,5 “Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.»” Juan 20,27-28 “Pero del Hijo: Tu trono, ¡Oh Dios!, por los siglos de los siglos; y: El cetro de tu realeza, cetro de equidad. =” Hebreos 1,8 “Y nuevamente al introducir a su Primogénito en el mundo dice: = Y adórenle todos los ángeles de Dios. =” Hebreos 1,6 Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la Vida eterna.” 1 Juan 5,20 “Porque en él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente, y vosotros alcanzáis la plenitud en él, que es la Cabeza de todo Principado y de toda Potestad;” Colosenses 2,9 Cristo comparte la gloria del Padre: Pero Jesús nos enseña que compartía la gloria con el Padre antes de la fundación del mundo “Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese.” Juan 17,5 Cristo utiliza títulos que solo Dios posee: “Así dice Yahveh el rey de Israel, y su redentor, Yahveh Sebaot: «Yo soy el primero y el último, fuera de mí, no hay ningún dios.” Isaías 44,6 “Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, «Aquel que es, que era y que va a venir», el Todopoderoso.” Apocalipsis 1,8 “Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. El puso su mano derecha sobre mí diciendo: «No temas, soy yo, = el Primero y el Ultimo, = el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades.” Apocalipsis 1,17-18 “Al Angel de la Iglesia de Esmirna escribe: Esto dice = el Primero y el Ultimo, = el que estuvo muerto y revivió.” Apocalipsis 1,8 “Yo soy el Alfa y la Omega, = el Primero y el Ultimo, = el Principio y el Fin. Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del árbol de la Vida y entrarán por las puertas en la Ciudad. ¡Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras, y todo el que ame y practique la mentira!» Yo, Jesús, he enviado a mi Angel para daros testimonio de lo referente a las Iglesias. Yo soy el Retoño y el descendiente de David, el Lucero radiante del alba.»” Apocalipsis 22,13-16 Dios se Señor de Señores, Cristo es Señor de Señores “porque Yahveh vuestro Dios es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, el Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas ni admite soborno” Deuteronomio 10,17 “Dad gracias al Dios de los dioses, porque es eterno su amor; dad gracias al Señor de los señores, porque es eterno su amor.” Salmo 136,2-3 “Estos harán la guerra al Cordero, pero el Cordero, como es = Señor de Señores y Rey de Reyes, = los vencerá en unión con los suyos, los llamados y elegidos y fieles.»” Apocalipsis 17,14 Lleva escrito un nombre en su manto y en su muslo: = Rey de Reyes y Señor de Señores. = Apocalipsis 19,16 Cristo es Todopoderoso “18 Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. 19 Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo. 20 Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. 21 Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. 22 Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, 23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado” Juan 5,18-23 Cristo, en cuanto a Dios lo sabe todo: “para que sean consolados sus corazones, unidos en la caridad, y alcancen en toda su riqueza la perfecta inteligencia y conocimiento del misterio de Dios, de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia.” Colosenses 2,2-3 “Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios.»” Juan 16,30 “Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas” Juan 21,17 Dios es el único verdadero salvador “Yo, yo soy Yahveh, y fuera de mí no hay salvador.” Isaías 43,11 “Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.»” Mateo 1,21 “os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor;” Lucas 2,11 “Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.” Juan 3,17 “y que se ha manifestado ahora con la Manifestación de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien ha destruido la muerte y ha hecho irradiar vida e inmortalidad por medio del Evangelio” I Timoteo 1,10 “Dijo él: «De cierto que ellos son mi pueblo, hijos que no engañarán.» Y fue él su Salvador en todas sus angustias. No fue un mensajero ni un ángel: él mismo en persona los liberó. Por su amor y su compasión él los rescató: los levantó y los llevó todos los días desde siempre.” Isaías 63,8-9 Solo Dios es creador. “Así dice Yahveh, tu redentor, el que te formó desde el seno. Yo, Yahveh, lo he hecho todo, yo, solo, extendí los cielos, yo asenté la tierra, sin ayuda alguna.” Isaías 44,24 “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.” Juan 1,1-2 “porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él,” Colosenses 1,16 Cristo es también Yahveh. “Contestó Moisés a Dios: «Si voy a los israelitas y les digo: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros"; cuando me pregunten: "¿Cuál es su nombre?", ¿qué les responderé?» Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: "Yo soy" me ha enviado a vosotros.»” Éxodo 3,13-14 “Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy.» Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.” Juan 8,52-59 Cristo es de la misma naturaleza (sustancia) del Padre. “el cual, siendo resplandor de su gloria e impronta de su sustancia, y el que sostiene todo con su palabra poderosa, después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,” Hebreos 1,3 Cristo es UNO con el Padre. “Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.» Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras.” Juan 14,7-11 “Yo y el Padre somos uno” Juan 10,30 Cristo siendo Dios se hizo hombre para salvarnos: “Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo: El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús = toda rodilla se doble = en los cielos, en la tierra y en los abismos, = y toda lengua confiese = que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre.” Filipenses 2,5-11 Es el Espíritu Santo verdadero Dios La Biblia identifica al Espíritu Santo con Yahveh “Y percibí la voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré? ¿y quién irá de parte nuestra»? Dije: «Heme aquí: envíame.» Dijo: «Ve y di a ese pueblo: "Escuchad bien, pero no entendáis, ved bien, pero no comprendáis." Engorda el corazón de ese pueblo hazle duro de oídos, y pégale los ojos, no sea que vea con sus ojos. y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se convierta y se le cure.»” Isaías 6,8-10 “Cuando, en desacuerdo entre sí mismos, ya se marchaban, Pablo dijo esta sola cosa: «Con razón habló el Espíritu Santo a vuestros padres por medio del profeta Isaías: = Ve a encontrar a este pueblo y dile: Escucharéis bien, pero no entenderéis, miraréis bien, pero no veréis. = = Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, y con sus oídos oigan, y con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los cure. =” Hechos 28,25-27 “Porque él es nuestro Dios, y nosotros el pueblo de su pasto, el rebaño de su mano.¡Oh, si escucharais hoy su voz!: «No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá, como el día de Massá en el desierto, donde me pusieron a prueba vuestros padres, me tentaron aunque habían visto mi obra. «Cuarenta años me asqueó aquella generación, y dije: Pueblo son de corazón torcido, que mis caminos no conocen. Y por eso en mi cólera juré:¡No han de entrar en mi reposo!»” Salmo 95,7-11 “Por eso, como dice el Espíritu Santo: = Si oís hoy su voz, = = no endurezcáis vuestros corazones como en la Querella, el día de la provocación en el desierto, = = donde me provocaron vuestros padres y me pusieron a prueba, aun después de haber visto mis obras = durante cuarenta años. = Por eso = me irrité contra esa generación y dije: Andan siempre errados en su corazón; no conocieron mis caminos. = = Por eso juré en mi cólera: ¡No entrarán en mi descanso! =” Hebreos 3,7-11 La Escritura identifica al Espíritu Santo como un ser personal Puede ser entristecido “No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el día de la redención.” Efesios 4,30 Se puede pecar contra el Espíritu Santo: “Por eso os digo: Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro.” Mateo 12,31-32 (Bastante curioso la doctrina de los testigos de Jehová que creen que el Espíritu Santo es “la fuerza activa de Dios sobre la tierra”, interpretación que aparte de absurda crea bastante inconsistencias como por ejemplo, cuando la intentamos aplicar al texto anterior: Se perdonará cualquier pecado contra el Padre y el Hijo, pero no contra la fuerza activa de Dios!!!). El Espíritu Santo puede ser resistido: “«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! ¡Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo! ¡Como vuestros padres, así vosotros!” Hechos 7,51 El Espíritu Santo consuela: “Las Iglesias por entonces gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria; se edificaban y progresaban en el temor del Señor y estaban llenas de la consolación del Espíritu Santo.” Hebreos 9,31 El Espíritu Santo es enviado por el Padre y enseña: “Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Juan 14,26 “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado. Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.” Juan 16,7-13 Fuente: http://www.apologeticacatolica.org

Hay un solo Dios verdadero Sólo puede haber un Dios verdadero. Si hubiera más, o uno mandaría sobre los demás, -y éste sería el único Dios verdadero- o serían independientes unos de otros. Pero esto es imposible, porque el Dios verdadero tiene que tener dominio absoluto sobre todo lo que existe fuera de Él. Si no, no lo podría todo. Y Dios -como demuestran los filósofos- lo puede todo. Dice la Biblia: "Así habla Yahvé...; no hay otro Dios fuera de mí". Los hebreos, por respeto a Dios, no querían ni siquiera pronunciar su nombre. Lo escribían sólo con consonantes: "YHVH". Había que rellenar las consonantes con vocales. De ahí los nombres de "Yahveh" o "Yehovah" con los que se llama a Dios. "Dios es amor", por eso es trinitario; porque el amor reclama alteridad, necesita otra persona a quien amar. Por eso en Dios hay tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Padre nos ama y nos ha hecho sus hijos. El Hijo nos ha salvado muriendo por nosotros. El Espíritu Santo nos ayuda con su gracia a ser buenos cristianos. Con la sola razón podemos llegar a conocer algo de Dios: su eternidad, su omniperfección. Pero no la vida íntima de Dios (la Trinidad). La Segunda Persona es como la idea que brota del entendimiento. Por eso se le llama Verbo: Palabra. La Tercera Persona es el Amor que brota entre las dos Primeras Personas. Sin embargo las tres Personas son simultáneas en el tiempo, porque las Tres son eternas. El Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios La Segunda Persona de la Santísima Trinidad procede del Padre, pero no es posterior a Él en el tiempo. Es procedencia de origen, no de tiempo. Podemos ilustrarlo con un ejemplo. Si yo enciendo la luz de mi cuarto, de noche, veo simultáneamente mi mano y la sombra de ella sobre la mesa. La sombra está originada por mi mano, pero veo las dos simultáneamente. No hay prioridad en el tiempo. La sombra y la mano aparecen ante mis ojos simultáneamente, aunque la sombra está originada por la mano. Algunos que no creen que el Hijo sea Dios como el Padre, engañan a los incautos que les escuchan diciendo que si el Hijo es engendrado por el Padre es posterior al Padre y no eterno como Él. Es que ignoran la distinción filosófica entre prioridad de origen y de tiempo. Por ejemplo: el fuego da origen a la luz; pero la luz no es posterior al fuego, sino que surge simultáneamente con el fuego. Lo mismo ocurre en Dios con el Padre y el Hijo. Dijo Cristo : "Os es conveniente que yo me vaya, porque si no me voy no vendrá con vosotros el Consolador; pero si me voy, os lo enviaré". El Espíritu Santo es también una Persona Divina, por lo tanto debe recibir la misma adoración y honor que las otras dos. Hay quienes niegan que el Espíritu Santo sea Persona Divina; sin embargo, la Sagrada Escritura da al Espíritu Santo atributos de Dios: Omnisciencia(250), omnipresencia, omnipotencia. El Espíritu Santo es el poder activo de Dios; es Dios en acción. Dice Jesucristo que el Espíritu Santo nos inspira y nos enseña, y San Lucas que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios. San Juan dice que nos inspira y nos consuela. San Pablo dice que es dador de la vida y que nos santifica. El Espíritu Santo nos ayuda a comprender mejor lo que Jesús nos dijo, y nos da fuerza para seguir al Señor. En el Credo del Concilio Niceno-Constantinopolitano se dice que el Espíritu Santo procede del Padre: ex Patre. Esta fórmula significa que tiene la misma naturaleza del Padre, es decir, que es Dios como el Padre. Cuando vivimos en gracia santificante somos templos vivos del Espíritu Santo. Él habita en nosotros y nos llena de sus dones. Sin su inspiración y ayuda, nada bueno podemos hacer. Dice Jesucristo que el pecado contra el Espíritu Santo no se perdona. Los teólogos lo interpretan como la voluntad de no querer arrepentirse. Y Dios no puede perdonar a quien no quiere arrepentirse. Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna. El Catecismo habla de los Dones del Espíritu Santo, que son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo. Son siete: · Don de Sabiduría: Es un gusto especial para lo espiritual. · Don de Entendimiento: Es una gracia del Espíritu Santo para comprender la Palabra de Dios y profundizar en las verdades reveladas. · Don de Consejo: Es una luz para saber en cada momento lo que es la voluntad de Dios. · Don de Ciencia: Nos hace saber distinguir entre lo verdadero y lo falso en orden a la vida eterna. · Don de Fortaleza: Es una fuerza especial para obrar valerosamente lo que Dios quiere de nosotros, y sobrellevar las contrariedades de la vida. · Don de Piedad: Es un afecto filial a Dios como Padre. · Don de Temor de Dios: Es una humilde actitud de temor a ofender a Dios, reconociendo nuestra debilidad. ] Las tres Personas no son tres dioses iguales, sino un solo Dios verdadero en tres Personas distintas Las tres Personas son distintas, porque el Padre no es el Hijo ni el Espíritu Santo, y el Hijo y el Espíritu Santo se distinguen del Padre y entre sí. Pero las tres Personas tienen la misma y única naturaleza divina. La misma grandeza, poder, sabiduría, bondad, santidad, el mismo querer y el mismo obrar, etc. Lo que hace una Persona lo hacen las tres; sin embargo, ciertas actividades parecen más apropiadas a una Persona que a otra: la Creación al Padre, la Redención al Hijo, y la Santificación al Espíritu Santo. No es que entre las tres Personas se repartan la divinidad, el poder, la sabiduría, etc., sino que cada una de las tres Personas tiene toda la divinidad, todo el poder, toda la sabiduría, etc. Esto es un misterio profundo, pero estamos seguros de que es así, porque Dios mismo lo ha dicho, y Dios no puede engañarse ni engañarnos. La Trinidad es un misterio de amor. El amor es un darse mutuamente para formar un nosotros. En la Trinidad, las Tres Personas se funden por el amor formando una sola naturaleza. También niegan la Trinidad, diciendo que esta palabra no aparece en la Biblia. Es verdad que no está la palabra Trinidad, pero está la doctrina, que se deduce de todo el Evangelio, y que Cristo condensó cuando dijo que había que bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Precisamente por expresar esta fórmula la Trinidad, algunos la eliminan en la administración de su bautismo con lo cual desobedecen a lo que Cristo dijo. Hay quienes dicen que el Misterio de la Santísima Trinidad lo hemos copiado del hinduismo, en que las tres divinidades Brahama, Vishnú y Shiva forman una trinidad. Sin embargo, el Padre Ceferino Santos, S.I. , explica en su Cátedra de Filosofía Oriental de la Universidad de Comillas en Madrid, que aunque estas tres divinidades se nombran en el Mahabarata y en algunos Puranas antes de Jesucristo, eran divinidades independientes entre sí, e incluso opuestas. La trimurti hindú (triple forma de la divinidad) es algo totalmente diferente de la Trinidad de la fe cristiana. La trimurti hindú nunca llega a ser una trinidad en sentido cristiano. Estas divinidades hindúes se relacionan como trimurti a partir del siglo V después de Cristo , probablemente por el influjo de la predicación del apóstol Santo Tomás en la India. Hay testimonios que se remontan al siglo III, de distintas procedencias, de que Santo Tomás evangelizó por la India. Allí fue muerto y su cuerpo está enterrado en la Catedral de Madrás (India). Ya nos advierte San Juan que no recibamos en nuestra casa al que viene con una doctrina que no es la de Jesucristo.
Responde el P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. Pregunta: ¿Por qué debo confesarme con un sacerdote? Gracias Respuesta: Estimado: Porque así lo instituyó Jesucristo. 'A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados' (Jn 20,23) Algunos dicen 'Yo me confieso a Dios directamente'; por ejemplo. los protestantes. Pero esto no basta. Porque Jesús ha dicho a sus apóstoles: 'A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados' (Jn 20,23). Con estas palabras autoriza y confía Jesús la práctica de la confesión sacramental a los sacerdotes. Y la historia del sacramento de la penitencia es la expresión progresiva de esta toma de conciencia en la Iglesia. ¿Por qué Cristo ha elegido esta forma de perdón? Dios se complace en actuar a través de intermediarios: así actúa en el nacimiento, la cultura, el bautismo, la educación religiosa... Haciéndose nuestro confidente, el otro -el sacerdote- nos representa sensiblemente al Otro -Dios- Y ese diálogo con él aviva nuestra fe. Algunos piensan que es difícil confiarse a una tercera persona. Sin embargo, hay en el hombre un deseo innato de confiarse a alguien. A a falta de confesarse a un sacerdote, uno se confía al primero que llega. El éxito de los psiquiatras, psicólogos y consejeros de todo tipo se explica por esta necesidad (Mons. Gouyon). ¿Pero no es el sacerdote también un pecador? Su absolución sigue siendo válida. 'Cuando Pedro bautiza es Jesús quien bautiza. Cuando Judas bautiza es Jesús quien bautiza' (San Agustín). ¡El que absuelve siempre es Cristo! En Él es el Padre quien acoge a su hijo y lo estrecha contra su corazón (Lc 15,11-32). Algunos objetan también que 'hay personas que se confiesan y no valen mas que los demás'. Pero, ¿qué sería de ellas sin la confesión? El Padre Foucauld, pese a sus dudas, aceptó en una ocasión confesar sus pecados. A partir de entonces su fe se fortaleció y su vida sufrió un profunda transformación. Cada vez se comulga más... y se confiesa menos. Las faltas graves parecen no ser un obstáculo para la comunión. No olvidemos la solemne advertencia de San Pablo: 'El que come el pan y bebe del cáliz del Señor indignamente, come y bebe su propia condenación' (1Co 11,27-29).

Por Pedro Muñoz Provengo de una familia Católica, donde las primeras oraciones fueron enseñadas por mi abuela paterna cada noche al ir a dormir. Nunca fui muy comprometido, tampoco profundicé demasiado sobre la fe católica, más bien veía la congregación como una institución social, donde encontrar amigos o una novia, todo era en forma sana, pero alejado de lo que realmente implica ser un Cristiano comprometido, esta etapa duró desde los 12 a los 20 años. A los 20 años me dirigía a una reunión del grupo juvenil en el cual participaba y 5 minutos antes de llegar a la Parroquia, me di cuenta que estaba frío, que en realidad estaba perdiendo mi tiempo, así lo sentí, me di media vuelta y no pisé nunca más la parroquia. A los 20 años, estaba iniciando mi segundo año de Universidad, en la cual existía todo un mundo diferente a la parroquia, mundo que disfruté y que me hizo romper con él cascaron en el cual me encontraba, eso sí, sin excesos, pero alejado de Dios; no oré nunca más, ni recé nada de lo que mis abuelos con tanto cariño me habían enseñado; durante este 2do. año de Universidad conocí a una persona de familia evangélica Pentecostal(unitarios), ella era atea y comencé un noviazgo centrado en el sexo, renegué de Dios e incluso manifesté libremente que no creía en su existencia. Después de un año vino como consecuencia un hijo no deseado (fui padre soltero), se derrumbó todo lo que alguna vez pensé, sin embargo no me casé con esta persona, comencé toda una etapa de cuestionamiento de mi vida y de mis acciones, comencé a sentir ese remordimiento de haber estado tanto tiempo alejado del Señor, necesitaba nuevamente sentirlo cerca y me escuchó, conocí a una mujer maravillosa (que es mi actual esposa), con ella las cosas comenzaron a cambiar, comencé nuevamente a buscar a Dios, pero me faltó Fuerza y me puse tibio, fue en esta etapa de tibieza, que en mi trabajo, conocí a unos Católicos que participaban en la Renovación Carismática, pero que, por diferencias con unas hermanas monjas, se enojaron y libremente se fueron de su parroquia, el problema es que no se fueron a otra parroquia, si no que fundaron una iglesia carismática evangélica (corte pentecostal), cuando les pregunté el porqué del disgusto, uno de ellos me dijo que era porque querían que "adoraran a María", me sonó raro, pero no era mi problema. Uno de éstos ex-católicos, comenzó a hacer unos cursos de iniciación para organizar la naciente iglesia, a éste, por amistad, le presté ayuda con información legal para solicitar personalidad jurídica (condición en mi país), para que naciera su iglesia, aquí es donde comenzó mi conocimiento de la fe evangélica, pues comencé a ser prosélito de mi amigo. De esta fe, sólo sabía lo histórico, Martín Lutero se separa por que se enemista con el Papa y punto, con este compañero de oficina, comencé a internalizar los conceptos de "Solo Scriptura", "Solo Fide", "La ICAR es apóstata", "Los sacerdotes conducen a su rebaño hacia la perdición", "Cristo es nuestro único y suficiente salvador", "La Eucaristía es simbólica", "No existe presencia real de Cristo en el vino y el pan", etc. Por lo general, después de almuerzo, caminábamos un rato, en el cual conversábamos de la nueva fe y de los errores doctrinales católicos, a veces nos íbamos juntos en su automóvil, escuchando una radioemisora evangélica o bien a la hora del café, luego de un tiempo vino la invitación a un culto, la acepté, pues el virus de la reforma ya estaba dentro de mí, fui y fue una reunión en una casa que se arrendaba y servía de templo, recuerdo que se cantó por más de 1 hora y 1/2, las personas eran gratas, luego vino un Pastor invitado, el cual les estaba enseñando como ser evangélicos, pues la gran mayoría de los asistentes eran excatólicoscarismáticos, éste pastor comenzó a llamar hacia el estrado a aquellos que Quisieran ser salvos o realizar alguna sanidad, yo me había sentado al final del salón, en ese momento se me acercan y me dicen si quiero aceptar a Jesús como mi salvador, a lo cual dije que sí, subí al estrado, el pastor, tomó mi cabeza, me hizo decir mi nombre, me indicó que desde ese minuto ya estaba escrito en el libro de la vida y que mi esposa también llegaría hasta ahí, que no me preocupara, pues Dios así lo quería, repetí la formula del "Jesús te acepto como mi único y suficiente salvador... ", luego sopló varías veces sobre mí (supuestamente) el E.S, pero no me caí al suelo (soy más bien fornido y estuve acostumbrado a deportes rudos, así que lo atribuí a eso) así que pasé a sentarme y ahí observé lo que pasaba, hubo muchas hermanas que caían al suelo, lloraban mucho, otros hablaban en lenguas o murmullos de lenguas, pero nada entendible. Después de esto comenzó mi trabajo proselitista con mi esposa, la cual no me aguantó, ella siguió firme en su fe católica, tuvimos muchos altercados, muchas veces herí sus convicciones católicas, por ejemplo la asistencia al mes de María, que para ella era importante, ridiculicé muchas de sus prácticas y en vez de haber encontrado unión en esta nueva fe, encontré distanciamiento. Esta situación no era muy agradable, a regañadientes, asistí a algunas celebraciones católicas a las cuales mi familia o la familia de mi esposa me invitaban y siempre recuerdo lo ridículo que era, pues solo cantaba o respondía lo que yo creía bíblico de éstas celebraciones, y siempre con mi esposa mirándome. En esa época me hice socio cooperador de la radioemisora evangélica de mi país, colaboraba mensualmente con dinero para el sostenimiento de ésta; "ofrenda de amor" la llamábamos, la escuchaba todos los días y ahí meinternalizaba de la doctrina evangélica y me congregaba espiritualmente con mis hermanos en la fe. Un día pregunté a mi hermano y amigo que ya era anciano en la iglesia, que me recomendara alguna lista de interés, para conocer lo que otros hermanos pensaban, de esta forma llegué a la lista Apologética, que dirige Carlos Devetac, hasta ahí todo bien, hasta que comencé a participar y me di cuenta que el ambiente no era de lo más santo, en el sentido de cómo se trataban, y eso que todos éramos hermanos, comencé a ver que a pesar de que se hablaba que éramos una sola iglesia invisible, el mismo cuerpo de Cristo, las diferentes doctrinas igual nos desunían, pero al final la fe era una sola, pero ni tan así, pues salían ciertos grupos anunciando que ellos sí eran el remanente escogido por Dios, que las Hijas de la ramera, judíos mesiánicos que te maldecían si cuestionabas la observancia del Sábado actual con el Shabbat bíblico, Adventista con eternos tratados de que si comes carne de cerdo y no celebras el Sábado como reposo, te vas al infierno, en fin un sinnúmero de ideas para todos los gustos, y también, con todo respeto, vi mucha ignorancia y frases cliché. En esta época también comencé a leer escritos de judíos mesiánicos y comencé a ir hacia ese lado, tanto fui que llegó un momento en que comencé a dudar de la deidad de Ntro. Señor e incluso de su mesianismo, pues sin darme cuenta llegué hasta las webs de Judíos y ex cristianos evangélicos, donde te refutaban toda la Cristiandad, pero por gracia de Dios, supe salir de ahí, refutándolos a ellos, sin querer me había metido en lo que la misma Escritura advierte con respecto a "los vientos de doctrina extraña". Con mi esposa habíamos tenido un distanciamiento grave, que incluso pensé en el "yugo desigual, entonces bien si me separo y me voy con una evangélica" (bastante desgraciado de mi parte haber pensado así), pero seguíamos juntos. Ella en más de alguna oportunidad me había indicado en que fe educaríamos a nuestros hijos y la respuesta era "ellos decidirán". Hasta que por un problema económico, saqué a mis hijos del colegio privado laico en el cual estaban y mi esposa los matriculó en un colegio católico muy cercano a mi casa, que era barato y perteneciente a las Hermanas del Buen Pastor. Aquí fue mi primera y gran sorpresa, mi hijo mayor, sin que nadie le dijera nada decidió hacer su Primera Comunión, bueno, como mis palabras habían sido que ellos decidieran, lo acepté, pero no sabía que debía asistir durante 2 años seguidos a reuniones todas las semanas en la tarde para la catequesis familiar y así apoyar a mi hijo en su preparación, en un principio pensé ir de vez en cuando, pero luego pensé, como buen protestante, "Dios me quiere ahí para cambiar almas" y comencé a ir con toda mi artillería y el propósito de aportillar y cuestionar todo lo católico, pero no se por que, la catequista en vez de mirarme mal, comenzó a quererme y junto a otras personas, comenzamos a crear un sub-grupo dentro del grupo general de catequesis y fui descubriendo que ellos tenían las mismas inquietudes espirituales y que amaban a nuestro Señor igual o mejor que yo y eso que ellos estaban en la otra trinchera, entonces aquí fue mi primer despertar, después de haber estado 18 años durmiendo, me di cuenta que la gente que participaba en la iglesia católica era diferente al concepto de fríos y mecánicos que manejaba en mi cabeza y comencé a disfrutar de las reuniones de catequesis. Por otro lado, me habían ya cuestionado, que si había aceptado a Cristo, entonces que me bautizara, tema del cual ya tenía diferencias, pues siempre pensé y lo pienso aún, que el bautismo es uno solo, si bien a mí me bautizaron cuando niño, al momento de haber hecho mi declaración de salvación en el púlpito, la obra estaba completa, no necesitaba que me sumergieran en un río, pues de fe, ya había reafirmado ese bautismo Trinitario al decir que Jesús es mi salvador. Ya en el segundo año de catequesis y producto de unos encuentros / retiros que tuvimos, comencé a experimentar un nuevo calor en mi ser, algo inexplicable, que no había sentido en mi protestantismo, era una sensación de gozo y paz inmensa, estos retiros fueron completamente Cristo céntricos, tampoco se hablaba mucho de María, Dogmas o Santos, cómo la mayoría de evangélicos piensa, fue cómo el segundo paso en mi despertar, entonces comencé a cuestionar mi condición de protestante, pues sin necesidad de estar cuestionando todo a la luz de la Biblia, comencé a ser más simple, me dejé llevar por el Espíritu Santo libremente. Comencé entonces en forma paralela a hacer dos cosas, la primera acompañé sólo como oyente a mi esposa a la misa, al principio me sentía como raro, pero por primera vez, comencé a escuchar y a entender, a la vez comencé a buscar información sobre lo que la Reforma fue, los cómo, donde, por qué, cual es la realidad evangélica actual, conocí y descubrí tratados de los Padres de la Iglesia, que ignoraba, comencé a leer sobre conversiones, en mi trabajo comencé a conversar con mi amigo y hermano evangélico de muchas inconsistencias que comencé a encontrar en la doctrina evangélica y que fuesen planteados a su Pastor (nunca recibí respuesta), sobre todo lo relacionado con la Eucaristía v/s la Santa Cena evangélica, esto último fue el despertar definitivo. Después dé leer tratados de ambas partes, desde las aberraciones que dice J.T. Chick, hasta tratados de Scott Hahn, y leer concienzudamente el Evangelio según san Juan, versículo por versículo, comprendí que la Eucaristía Católica era la real, el día que me di cuenta de esto, es como si un fogonazo o destello me hubiese pasado por la cabeza y ojos, muchas cosas comenzaron a tomar sentido, esto fue un día de semana y estuve esperando hasta el Domingo, pues sentía un hambre dentro de mí, necesitaba recibir a Cristo Resucitado y Vivo en la hostia, el Pan de Vida Eterna bajado del Cielo (antes solamente lo había recibido en 2 oportunidades a los 13 y luego a los 18 años y no recordaba lo que se sentía), ese día Fue toda mi familia a misa y por vez primera participé de toda la celebración, sin omitir nada, pues ya todo era bíblico, es como si el velo se hubiese corrido y todo comenzó a tener sentido y realidad, hasta que llegó ese momento de tomar la hostia y la sensación fue exquisitamente sublime, nunca antes en mi vida, me había sentido tan reconfortado en mi ser interno, sentía una paz inmensa en todo mi interior, pedí perdón por todo mi pasado y lo miserable de mí ser y agradecía a mi Señor por llevarme a esta instancia, en ese momento es cómo si me hubiese elevado y comencé a llorar, sin poder parar, arrodillado no podía detener las lágrimas, mis hijos estaban sorprendidos hasta que llegó ese sosiego y la paz interna que es difícil describir, pero la verdad que nunca antes, me había sentido así, después de esto y aunque aún tenía algunas dudas sobre todo de los dogmas Marianos, me di cuenta que ya no podía seguir siendo evangélico, pues si encontraba que la misa y el banquete eucarístico era sublime y real, entonces la fe católica también lo era y mis dudas sobre santos y otros tendrían alguna respuesta lógica a la luz de las Escrituras, esto sucedió entre Octubre y Noviembre del año 2004. De ahí en adelante lo único que quería era que llegase luego el Domingo, también llegó la hora de la Primera Comunión de mi hijo, me confesé con el Sacerdote del Colegio donde asistía mi hijo, le manifesté muchas dudas, que gentilmente me explicó, también confesé que era o fui Protestante, a lo cual, temía un sermón o no poder seguir asistiendo a las reuniones de Catequesis, pero, a diferencia de lo que muchos evangélicos piensan que la Confesión es un trauma, acá encontré solo palabras de amor y de bienvenida a la Iglesia, como una conversación de amigos, que alivió enormemente mi alma. Después de esto renuncié a la fe evangélica, cancelé mi aporte a la radio emisora que sostenía, me di de baja de Apologética, y le comenté a mi hermano y amigo evangélico de mi decisión y en que me fundamentaba para ello, me entendió, pero él no fue capaz de salirse de su ritualismo y cuestionarse, pero bueno, eso es de él. En esta búsqueda de aquellas dudas que aún tenía, encontré esta lista de interés, que me ha beneficiado de gran manera, pues me ha servido para dilucidar esas dudas que tenía, he leído testimonios, que en algunas partes me veo reflejado, pues son las mismas inquietudes y deseos. Puede que algún hermano evangélico piense que solo es sentimentalismo y que nunca fui un renacido, que nunca conocí la fe evangélica, eso ya me lo han planteado y la verdad es que cada vez me siento más seguro de haberme convertido en Católico, pues acá encontré plenitud plena, no puedo dejar de reconocer que mi espiritualidad y el gozo de encontrar a Jesús nació en la fe evangélica, aprendí a orar y ha necesitar de Dios a diario, pero en la fe católica he encontrado el culmine de esta espiritualidad, he encontrado a Jesús Resucitado en la Eucaristía, como la expresión máxime, que nunca pude hallar en otro lado. Recuerdo el texto del libro de ScottHahn "mientras los protestantes discuten el menú, nosotros ya estamos disfrutando del banquete". Actualmente participo en una comunidad que se formó después de terminar la catequesis con el deseo de ayudar a que el evangelio sea diseminado, mi familia está completa, profesando una única y sola Fe y me siento más bendecido que nunca.

"Al principio fue el Verbo" Recuerdo vívidamente los primeros movimientos de rabia que tuve al leer un artículo en esta Revista que ahora aprecio tanto, como es la que me honra publicando este trabajo. Yo encontraba que la nota era demasiado radical en sus afirmaciones, demasiado rotunda para lo que yo estaba acostumbrado a leer. No me dejaba muchos ‘flancos’ descuidados por donde atacar. O refutaba el centro del asunto o no tenia sentido desmenuzar tres o cuatro aspectos como se me había enseñado a realizar de forma automática e inconsciente. Generalmente los católicos tienen como que una cierta vergüenza por mostrar todas las cartas sobre la mesa, y como no muestran todo con claridad, es muy fácil prender fuego a sus tiendas de campaña, porque dejan demasiados lados flojos. En lo personal nunca recurrí a lo que ahora entiendo como "leyendas negras", porque me parecía que era inconducente debatir basándome en miserias personales o grupales sin haber derribado la propia lógica de su existencia. Eso hice con algunas sectas o con temas como la evolución o algunos derechos humanos según se les entiende normalmente. Reconozco que muchos de los que en ese momento eran mis hermanos caen en ese error, tratando de derribar moralmente al "adversario" diciéndole cosas aberrantes sobre su fe. Pero basta un buen argumento, y bien plantado, para que uno se vea obligado a retirarse a las trincheras de la Biblia y no querer salir de allí hasta que el temporal que iniciamos se calme al menos un poco. Pero no nos funciona a todos el mismo esquema. Muchos no se rigen tanto por la razón como por el placer de vencer en cualquier contienda. El artículo en cuestión me obligaba a pensar sólo con ideas, porque de eso trataba. Mi manual con citas bíblicas para cada ocasión me servía poco. Cualquier cosa que dijera sería respondida con otra. No era ese el camino. Creo haber estado meditando en el problema unas cinco o seis semanas. Hasta que resolví acudir a la parroquia católica que quedaba cerca de mi templo. El sacerdote del lugar se deshacía en atenciones cada vez que nos encontrábamos. La verdad es que él estuvo siempre mucho más ansioso de verme que yo de verle a él. En ocasiones nos veíamos forzados a encontrarnos en público por obligaciones propias del pueblo. Pero de ordinario no nos encontrábamos. Era lo que ahora se llama un "cura nuevo", con una permanente guitarra en las manos y muchas ganas de acercarse a mí. Primera confesión de mala fe Yo aprovechaba – Dios me perdone – de sacarle afirmaciones que escandalizaban a mis feligreses. El pobre nunca entendió que el ecumenismo muchas veces sirve más para rebajar a los católicos que para acercar a los separados. Uno tiene la sensación de que si la Iglesia puede ceder en cosas tan graves y que por siglos nos separaron, entonces realmente no le importaba tanto como a nosotros, que jamás cambiaríamos una sola jota de la doctrina. Otra cosa que solía hacer – me avergüenzo al recordarla – era tirar a mis chicos a discutir con los de la parroquia. Los pobres parroquianos se veían en serios apuros en esas ocasiones. En el fondo yo me aprovechaba de que los chicos católicos estaban muy mal formados. Como comentábamos a sus espaldas: sólo van a la parroquia a divertirse, para repartir cosas a los pobres y para hacer ‘dinámicas de vida’, pero de doctrina y de Escrituras no saben nada. Nos gustaba vencerlos con las cosas más tontas posibles. A veces surgían temas más sabrosos, pero con los argumentos normales bastaba para al menos hacerles callar. Esa tarde no estaba el sacerdote de siempre. Había sido removido de la parroquia por una miseria humana comprensible en alguien tan "cálido" en su manera de ser. Cayó en las redes del demonio bajo la tentadora forma de una parroquiana, con la que ni siquiera se casó. A cambio del párroco de siempre salió a atenderme, con una cara menos complacida, un sacerdote viejo y de mirada penetrante. Lo habían ‘castigado’ relegándolo dándole el cuidado de la parroquia de nuestro pequeño pueblecito. En los últimos treinta años la población había pasado de mayoritariamente católica a una mayoría evangélica o no practicante. Yo generalmente acudía para refrescar mi memoria y cargarme de elementos que luego trabajaba como materia de mis prédicas, o para sondear la visión católica de alguna cosa. El Padre M. no fue tan abierto. Me recibió con amabilidad, pero con distancia. Le planteé asuntos de interés común y me pidió tiempo para aclimatarse y enterarse del estado de la feligresía. Noté que habían sido arrancados varios de los afiches que nosotros les regalábamos cada cierto tiempo y que constituían verdaderos trofeos nuestros plantados en tierra enemiga. En verdad quedé un poco desarmado, pero logramos charlar casi de todo. Casi... porque en doctrina comenzó él a morderme. Yo comencé a responder como de costumbre, citando con exactitud una cita bíblica tras otra, para probarle su error o mi postura. En un aprieto que me puso, le dije: "Padre M... comencemos desde el principio" Y el varón de Dios, a quien supuse enojado conmigo, me dice: "De acuerdo: al principio era el Verbo y..." Me largué a reír nerviosamente. Aparte de que me respondía con una frase utilizada en la Misa (al menos en la tradicional), ¡imitaba mi voz citando la Biblia! "Pastor Boullón", me dijo luego, "No avanzaremos mucho discutiendo con la Biblia en mano. Ya sabe usted que el Demonio fue el primero en todo crimen... y por eso también fue el primer Evangélico". Eso me cayó muy mal. ¡Me insultaba en la cara tratándome de demonio! Sin dejarme explicar lo que pensaba, se adelantó: - Si... fue el primer evangélico. Recuerde que el Demonio intentó tentar a Cristo con ¡la Biblia en mano! - Pero Cristo les respondió con la Biblia... - Entonces usted me da la razón, Pastor... los dos argumentaron con la Biblia, sólo que Jesús la utilizó bien... y le tapó la boca. Tomó su Biblia y me leyó lo que ya sabía: que cuando el Señor ayunaba el demonio le llevó a Jerusalén, y poniéndole en lo alto del templo le repitió el Salmo XC, II-12): "Porque escrito está que Dios mandó a sus ángeles que te guarden y lleven en sus manos para que no tropiece tu pie con alguna piedra" Pero el Señor le respondió con Deuteronomio VI, 16: Pero también está escrito "No tentarás al Señor tu Dios". Y el demonio se alejó confundido. Yo también me alejé, como el demonio, confundido. Me sentía rabioso por haber sido llamado demonio, y por lo que es peor: ¡ser tratado como el demonio en el desierto! Creo que fue la plática más saludable de mi vida. La táctica del demonio Llegué a casa rabioso. Me sentía humillado y triste. No era posible que la misma Biblia pruebe dos cosas distintas. Eso es una blasfemia. Forzosamente uno debe tener la razón y el otro malinterpreta. Busqué ayuda en la biblioteca que venia enriqueciendo con el tiempo. Consulté a varios autores tan ‘evangélicos’ como yo, pero de otras congregaciones. No coincidíamos en las mismas cosas, pese a que todos utilizábamos la Biblia para apoyar lo que decíamos y demostrar que los otros se equivocaban. Me armé de fuerzas y a la primera oportunidad, caí sobre el despacho parroquial del Padre M. Me recibió tan amable como la vez pasada, sólo que esta vez su distancia la hacía menos tajante a causa de su mirada divertida y curiosa de la razón que me llevaba otra vez a su lado. Le largué un discurso de media hora sobre la salvación por la fe y no por las obras. Concluí – creo – brillantemente con la necesidad de abandonar a la Iglesia. Y cerré tomando la Biblia del cura y le leí hechos XVI, 31: ¿Qué debo hacer para salvarme?, preguntó el carcelero. Cree en el Señor Jesús – respondió Pablo – y te salvarás tú y toda tu casa. Bebí un sorbo del té que me había ofrecido y le miré desafiante, esperando su respuesta. Pasaron eternos minutos de silencio. Cuando carraspeé, el sacerdote me dijo: - "¿Continuará la lectura de San Pablo?" - "Ya terminé, Padre M." - "¿Cómo que ha terminado? ¡Continúe! Vaya a Corintios, XIII, 32. - Leí en voz alta: "Aunque tanta fuera mi fe que llegare a trasladar montañas, si me falta la caridad nada soy" - Entonces la fe... - La fe... la fe... la fe es lo que salva - ¡Vaya novedad! Me dice riendo. ¡No se bien quien creó la estrategia protestante de argumentar con la Biblia, pero creo que bien pudieron ser los demonios que ahora encontraron un buen medio para salvarse. - ¿Salvarse? - Si.. salvarse, amigo mío. ¿Acaso no es el apóstol Santiago quien nos dice que hasta los mismos demonios creen en Dios? Y si sólo la fe salva... - ... - No se quede en silencio, Pastor... siéntese aquí que se aliviará un poco. Si quiere seguir como el Demonio, tentándome con la Biblia, le recuerdo que ahí mismo se nos dice que esa fe no salvará a los demonios, porque "como un cuerpo sin espíritu está muerto, la fe sin obras está muerta" (c.II) Y aún así los católicos no decimos que sea sólo fe o sólo obras. Cuando al Señor se le pregunta sobre qué debemos hacer para salvarnos, Él dice "Si quieres salvarte, guarda los mandamientos" Ahí tiene usted la respuesta completa. Me acompañó hasta la puerta y me dijo: Le dejo con dos recomendaciones. La primera es que se cuide de sus hermanos de congregación. Ya sospechan de usted por venir tan seguido. La segunda es que vuelva usted cuando me traiga alguna cita bíblica – sólo una me basta – en que se pruebe que solo debe enseñarse lo que está en la Biblia. Caminé a casa más preocupado por los comentarios que por el desafío. Eso sería fácil. "Sólo la Biblia" Mientras buscaba una cita que respondiera al sacerdote, caí en cuenta de que estaba parado en el meollo del asunto que por primera vez me llevó a esa parroquia con otros ojos. "Si es sólo la Biblia", me dije, "entonces el problema del artículo queda resuelto: se debe probar por la Biblia o no se prueba". Ya imaginarán ustedes el resultado. Efectivamente no encontré nada. En años de ministerio, jamás me percaté de que lo central, esto es, que sólo debe creerse y enseñarse la doctrina contenida en la Biblia, no está en la Biblia. Encontré numerosos pasajes bíblicos que le conceden la misma autoridad que a las enseñanzas escritas en la Biblia a las doctrinas transmitidas por vía oral, por tradición. Desde este punto en adelante muchos otros cuestionamientos fueron surgiendo de la charla con el Padre M. y de la lectura de esta revista y de mucha literatura escrita con fines apologéticos. El pago del mundo Por un momento distraeré la atención de mis incursiones a la parroquia católica. Quizás sea porque un sacerdote es esencialmente distinto a un "Pastor" protestante, o quizás por la experiencia de distintos ordenes (confesión, dirección espiritual, etc.), el Padre M. acertó en su advertencia sobre las miradas que me dirigían mis feligreses a causa de esas visitas "no estrictamente ecuménicas". Yo aún no me había percatado de esa desconfianza, pero observando con mayor atención notaba reticencias, censuras y reproches indirectos. Aún la guerra no se declaraba. Sólo desconfiaban. Me decepcioné mucho, pero no me dejé vencer por la tentación. El demonio – pensaba – me estaba tentando con Roma y para eso endurecía los corazones. Pasada una semana de angustias, me senté con mi esposa para charlar. Necesitaba desahogarme. Me encontraba en un punto tal que no quería volver a la parroquia católica pero tampoco me sentía en paz con eso. Después de la cena, oramos con los chicos y se fueron a dormir. Me sentí y abrí mi corazón a mi esposa. Ella había sido una amante confidente y mi compañera de penurias y alegrías. Me escuchó con atención. Sus palabras fueron tan sencillas como su conclusión: debía alejarme inmediatamente del sacerdote católico y tratar de recuperar la confianza de mis feligreses. Eso era lo prioritario. Teníamos una obligación de fe y teníamos que mantener una familia. No se hablaría más. El caso estaba resuelto... para ella. Traté de cumplir con todo. Ella siempre fue la sensatez y me refrenaba en las locuras. Dejar de ir a la parroquia fue más fácil para el cuerpo que para mi alma. Algo me atraía de ese ambiente, y por lo demás deseaba la compañía de ese sacerdote provocador y bonachón. Más difícil fue ganarme la confianza de los feligreses. Me exigían como prenda evidente que atacase más que nunca a la Iglesia para demostrar públicamente que no les guardaba ninguna simpatía. Esto me costó, pues tenía que predicar omitiendo aquellos puntos en los que difería ya de mi anterior pensamiento. Con el tiempo, mi familia y mis feligreses me dieron vuelta sus espaldas y fue la gran cruz que tuve que soportar por amar a Cristo en Su Iglesia. Mi querido amigo se despide No he querido exponer aquí todas las cosas que charlamos con el buen Padre M. durante semanas y semanas. Yo le visitaba furtivamente y el me acogía con amable paternalidad. Yo daba vueltas en torno al tema e intentaba responder a las sabias preguntas con las que me desafiaba. ¡Cómo detestaba tener que darle la razón! El tiempo me fue haciendo más perceptivo a sus sutilezas e ironías. De alguna forma misteriosa este sacerdote me tenía cautivado. Me acorralaba hasta la muerte, pero me daba siempre una salida honorable. Le gustaba desmoronar todos mis argumentos. Su estilo era único: destrozaba mis argumentos, acusaciones y refutaciones primero desde la lógica, dándome dos posibilidades... o quedar como un tonto o verificar por mi mismo esa estupidez. Luego, y sólo luego, me invitaba a revisar el punto que yo trataba – si tenía sentido – desde el punto de vista de las Sagradas Escrituras. Supongo que uno de sus mayores puntos fuertes era su sólida cultura y su gran vida de piedad. Recuerdo perfectamente una fría mañana cuando recibí un aviso telefónico de la parroquia. Me pedía que le visitara en un hospital de los alrededores. Sin meditar en las normas de cautela que tomaba para evitar que mis feligreses se irritaran aún más conmigo, abandoné todo y partí. Ahí me enteré del doloroso cáncer que padecía – jamás dio muestras de sufrir – y del poco tiempo que le quedaba. La cabeza me daba vueltas. Sentía dolor por la partida de quien ya consideraba un amigo. Tomé una decisión: haría pública nuestra amistad y le visitaría a diario. Pocos días después le trasladaron, a petición suya, a su residencia. Desde ese día le acompañé a diario. Dejé muchos compromisos de lado. La tensión comenzó a crecer hasta llegar a agresiones verbales abiertas y amenazas de quitarme el cargo y el sueldo. Mi familia estaba amenazada con la pobreza. Fueron días de mucha angustia. Sabía que caminaba por los caminos correctos. Incluso pensaba en hacerme admitir en la Iglesia. Los temores y las dudas de antes de la internación del Padre M. se disiparon. No quería arrepentirme de mis errores ni recibir el perdón y el consuelo de nadie más. Pero la situación que me rodeaba era tan compleja que me paralizaba. Recé muchísimo y acudí a pedir el consejo del Padre M. Él me recibió con mucha amabilidad y escuchó con atención mis problemas. Él ya los conocía. Me habló de la fortaleza de esos mártires que no tuvieron en cuenta ni la carne ni la sangre ni las riquezas, sólo amaron la verdad y dieron público testimonio de su adhesión a la fe. "Más vale entrar al Cielo siendo pobres que irse al infierno por comodidades", sentenció. Como adelanté al principio, reuní a mis feligreses y les hice una declaración de mi conversión. "¡El Demonio es protestante!" les dije para abrir la charla. Luego fueron abucheos y no me dejaron terminar las explicaciones. Mas tarde reuní a mi familia y les platiqué de cada punto, y respondí a todas las objeciones de fe y de la situación. Mi esposa no discutió mucho: me expulsó de casa. Esa noche dormí acogido por el Padre M. quien me tranquilizó respecto al altercado. Desde entonces y después de pasados años de mi conversión nunca más fui admitido en casa como padre y esposo. Hoy les visito con tanta frecuencia como me permiten, pero sus corazones siguen muy endurecidos. El Padre M. tuvo muchas palabras para mí, pero las que más me llegaron fue su confesión de ofrecimiento de su vida por la salvación de mi alma... y que con gusto veía el buen negocio ya cerrado. Dios escuche las plegarias de mi buen amigo en el Cielo por mi esposa y mis seis hijos para que a su tiempo y forma vivan la vida de gracia de la santa fe Roma... mi dulce hogar Rogué al buen sacerdote me preparara para abjurar mis errores y ser admitido en la Iglesia. Dispuso de todo y una mañana de abril de 2001 fui recibido en el seno de la Esposa de Cristo. En junio de ese mismo año mi querido amigo entregó su alma al Señor, siendo muy llorado por todos cuantos le conocimos mejor. Le lloraron los enfermos y presos que visitaba, los niños y jóvenes de catequesis, los pobres y necesitados que consolaba, los fieles que acudían a él en busca de consejo y del perdón de Dios. En tributo a él escribo estas líneas. Mi querido sacerdote y Revista Cristiandad.org fueron mis dos grandes apoyos e impulsores tanto de mi conversión como de mi impulso apostólico al trabajar especialmente con los conversos y preparados para la conversión. Tras su partida la parroquia fue administrada por un sacerdote más cercano al estilo del predecesor del Padre M. Yo sentí mucho esto porque con su prédica y actuar desmentía muchos de esos grandes principios eternos que había conocido y amado. A veces me pregunto por la oportunidad de muchos cambios que se hacen más para contentar a los malos que para agradar a los buenos. Recuerdo que mi sacerdote amigo no era muy afecto a ceder ante nosotros, sino mas bien a mostrarnos todas las banderas, incluso las más radicales. Y éstas fueron, precisamente, las que más me indignaron pero a un mismo tiempo me atrajeron. Pero persevero en el amor a la Iglesia de siempre, a esa doctrina de la que el Señor dijo que pasarían Cielo y Tierra pero que ni una sola jota sería cambiada. Bien se por experiencia propia y por la de tantos que han compartido conmigo sus testimonios de conversión, que esos coqueteos con el error no producen conversiones. Y las pocas que se producen son de un género muy distinto – por superficiales y emocionales – de las verdaderas conversiones, esas que producen santos. La realidad es la que constataba a diario como Pastor protestante, cuando la poca preparación de los católicos y la confusión que produce el falso ecumenismo llenaban las bancas de nuestras iglesias y los bolsillos de nuestras congregaciones evangélicas. La ignorancia religiosa de los fieles es la cosa más agradecida por las sectas, porque al ser muchas veces hija de la pereza espiritual se acompaña por la pereza intelectual. Basta entonces cualquier cosa que les emocione, que les haga sentir queridos, y luego viene el sermón acostumbrado para hacerles dudar primero y luego darles respuestas rotundas. Eso los desestabiliza y luego les atrae nuestra seguridad. ¡Y luego salimos a la calle a gritar contra los dogmas! Ahora, junto con ustedes, puedo acudir a los pies de María Santísima y pedir que por amor a la Divina Sangre de Su Hijo Amado obtenga la conversión de los paganos, de los herejes y cismáticos y que haciendo triunfar a la Iglesia sobre Sus enemigos instaure la Paz de Cristo en el Reino de Cristo. Por Luis Miguel Boullón Fuente: http://www.apologeticacatolica.org

Tomado de www.voxfidei.com Cortesía de This Rock por Robert Ian Williams ¿Cómo pudiste hacer eso? ¿Es en serio tu conversión? ¿Y ahora idolatras a María? ¿Cómo le puedes contar tus secretos más íntimos a otro hombre en la confesión? ¿Por qué te converstiste? ¿Cómo puedes aceptar enseñanzas que no están en la Biblia? Esas son algunas de las preguntas con las que me han asaltado desde que fui recibido en la Iglesia Católica. A medida que pasan los años se han hecho mas frecuentes, así que he decidido poner pluma al papel para informar a los curiosos. Espero que este somero recuento ayude a los católicos a entender la mentalidad "evangélica" y que tambien ayude a los evangélicos a pensar un poco sobre el problema central que yace en el corazón de este asunto: la autoridad. Mi entrada en la Iglesia Católica no fue una conversión paulina, como la ocurrida en el camino a Damasco. Aunque es cierto que Dios puede hacer cosas así, mi camino a la fe de las edades fue una experiencia educativa y gradual. La conversión es, en suma, un asunto espiritual, pero muchos factores pueden contribuir a que ocurra. Mi desagrado por la confusión en que se encuentra la cristiandad evangélica fue el punto de partida. Creo que fue la gracia de Dios lo que me permitió discernir la debilidad de ese sistema religioso. Antes que mi insatisfacción se hiciera sentir me sentía muy feliz en el cristianismo evangélico. Confiaba en Cristo, creía que mis pecados serían perdonados y pensaba que conocía los Evangelios y el Nuevo Testamento. Tambien pensaba que todas las demás religiones estaban equivocadas y veía a la Iglesia Católica como una iglesia apóstata llena de corrupción medieval, que oscurecía el Evangelio para ruina de las almas. Estaba convencido que la Palabra de Dios en la Biblia era la única autoridad para el creyente (Sola Scriptura) y que yo era justificado solamente por mi fe y nada mas que mi fe (Sola Fide). Estos eran para mí los principales lemas de batalla de la Reforma. Cuando me encontraba algún católico trataba de mostrarles la "verdad" y llevarlos al conocimiento de Cristo. Eran tan anticatólico que me negaba a orar en la capilla del capellán en la universidad donde enseñaba. Sabía que la Unión Evangélica Cristiana buscaba convertir a los católicos y pensaba entonces que todo el asunto católico era nada mas que pura hipocresía. Pero la gracia de Dios comenzaba a operar en mi corazón. Todo comenzó con el asunto del bautismo. Los cristianos evangélicos están muy divididos en esto. Algunos aceptan el bautismo de infantes y otros creen que el bautismo es solo para el creyente adulto. Estudié los hechos y no pude encontrar ninguna referencia explícita al bautismo de infantes en el Nuevo Testamento, así que decidí averiguar cuándo había comenzado esta práctica entre los cristianos. ¿Podría ser que se remontara hasta los tiempos de los apóstoles o se había filtrado en la Iglesia durante los primeros siglos? A su tiempo encontré que el bautismo de infantes estaba claramente apoyado por el registro histórico. Si hubiera sido una innovación debiera entonces haber alguna huella de protesta contra su introducción en la Iglesia. No pude encontrar ni un solo grupo cristiano anterior al siglo XVI que rechazara el bautismo de niños. Y hasta descubrí que estos primeros cristianos bautistas tan sólo salpicaban la cabeza del adulto al bautizarlo. Hallé que la inmersión (que también era un punto importante para algunos evangélicos) no comenzó hasta el siglo XVII. Encontré entonces que las iglesias bautistas se quedaban cortas en lo que toca al rigor y la continuidad histórica. Por lo tanto rechacé el bautismo de “exclusivamente adultos.” Para mí esta era una parte crucial de la verdad y traté de convencer a los evangélicos bautistas ahora que conocía del error de sus creencias. Algunos me dijeron que me estaba obsesionando con un asunto de importancia secundaria. Esto me chocó ¿Cómo podía ser que un mandamiento solemne de Jesucristo fuera considerado como de importancia secundaria? Me asombré cuando el renombrado líder evangélico Martyn Lloyd-Jones es su libro “What Is an Evangelical?” (¿Qué es un evangélico?) comentó sobre el asunto de la desunidad en las iglesias evangélicas diciendo: “Otro asunto que debemos poner en la misma categoría es la edad y el modo del bautismo: la edad del candidato y el modo de administrar el rito del bautismo. Debo ponerlo entonces en la categoría de cosas que no son esenciales porque no se puede probar ni uno ni otro usando solamente las Escrituras. He leido libros sobre el tema por cuarenta y cuatro años y creo que se menos ahora de lo que sabía antes de comenzar. Por lo tanto, mientras afirmo junto con todos nosotros que creo en el bautismo por lo que es evidentemente una orden de Dios, no debemos separarnos en lo que toca a la edad del candidato y el modo de administrarlo.” Aquí tenemos un hombre que creyendo en la autoridad de la Biblia como sola guía para el creyente no pudo establecer el patrón bíblico para el bautismo. Esto lo llamo “aprender y NO llegar al conocimiento de la verdad”. Irónicamente en la misma obra Lloyd-Jones enseña la suficiencia de la Escritura y que ¡el evangelicalismo es mucho mas claro en su razonamiento que el catolicismo! Esto me ayudó a enfocar mi mente en otros desacuerdos que existen entre los evangélicos. Si fueran simplemente asuntos secundarios no habría necesidad de tener denominaciones separadas cada una esgrimiendo diferentes teorías sobre el retorno del Señor, el significado de la Cena del Señor y si el creyente puede o no perder su salvación, o la disputa sobre los dones carismáticos. La lista es larga. Mi formación académica es como historiador, y como tal me he concentrado en la historia de la Iglesia. No podía salir de mi asombro cuando vi que no podía encontrar una sola huella de cristianismo evangélico en la Iglesia con anteriordad al siglo XVI. Ni los valdenses ni los seguidores de Wyclif tenían idea de la salvación por fe solamente. Ambos grupos participaban en los sacramentos de la Iglesia Católica y comenzaron como movimientos de reforma dentro de la Iglesia y no como iglesias separadas. Ni uno de los Padres de la Iglesia predicó la salvación por fe solamente. ¡Wyclif mismo murió mientras atendía una Misa, sin haberse bautizado como creyente y contento con su bautismo católico como infante! La teoría de que la conversión del emperador romano Constantino en el siglo IV comenzó la corrupción de la Iglesia es aún más increíble. Encontré que la Iglesia temprana creía en el bautismo de niños, en la regeneración bautismal, obispos, sucesión apostólica, la presencia de Cristo en la Eucaristía, el sacerdocio sacrificial, oraciones por los muertos y un papel especial para el obispo de Roma. Todo esto se halla claramente siglos antes de Constantino. En las palabras del Cardenal Newman “quien se sumerge en la Historia, deja de ser protestante.” No pude encontrar una sola huella de evangélicos bíblicos, un puñado de fieles que se aferraran a las creencias que distinguen a los evangélicos de hoy día: solo la Biblia y justificación solamente por fe. El tratamiento evangélico de la historia de la Iglesia es superficial: nos habla de gente como Ambrosio, Agustín, Atanasio como si fueran cristianos “sola Biblia” ignorando completamente el contexto católico en el que ellos vivieron. Encuentro que esto es intelectualmente deshonesto. He hallado que la historia de los evangélicos está asentada en mitos. La Iglesia Católica, me informaban, había quemado las copias de la Biblia. Por el contrario comprobé que la Iglesia Católica ha preservado la Biblia, definiendo su canon y sí, ha quemado y prohibido la lectura de ediciones que eran traducciones inexactas y heréticas. Por ejemplo, Biblias como la traducción de Tyndale que ostentaba notas al pie atacando a la Iglesia y al Papa. Tambien he encontrado versiones traducidas a los idiomas vernáculos presentadas años y años antes de la reforma alemana ¡Los Evangelios habían ya sido traducidos al anglosajón mucho antes de que el idioma inglés fuera formado! Tambien encontré que el famoso “Libro de los mártires” de John Foxe, un católico apóstata del siglo XVI, era inexacto. Muchos de los “mártires” durante el reinado de María Tudor eran antiortodoxos que hubieran sido quemados durante el reino de la protestante reina Isabel. De hecho, Foxe apoyó a un régimen que torturó y mató católicos que simplemente querían vivir en la fe de sus ancestros. ¡Tambien apoyó a un régimen que quemó a cristianos evangélicos como los bautistas! Fueron cristianos protestantes los que persiguieron a los padres del puritanismo en la Inglaterra del siglo XIX y ese grupo, a su vez, una vez que se establecieron en América participó en perseguir a sus propios compañeros en la fe. Yo había aceptado la falsa idea perpetuada por Lloyd-Jones y otros maestros evangélicos, que los católicos creen en la revelación continua. Encontré, muy por el contrario, que la doctrina católica enseña que la revelación pública termina con lo recibido por los apóstoles y que la fe fue entregada una vez a los santos. Es el deber de la Iglesia com “pilar y fundamento de la fe” (1 Tim 3:15) el interpretar y discernir el depósito original de la fe. La Iglesia Católica no ha inventado la transubstanciación en el siglo XII como tampoco inventó el dogma trinitario en el siglo IV. Como evangélico me encontraba perplejo al encontrarme en la misma definición de los Testigos de Jehová que arguyen que la palabra “Trinidad” no está en la Biblia. Yo pensaba que la enseñanza estaba allí y que la palabra sencillamente la definía. Pero entonces tenía el problema de que no podía usar ese argumetno con un católico al discutir el purgatorio. Mi respuesta era que el caso del purgatorio no podía ser definido claramente. Esta era una respuesta mas bien débil desde el momento en que era subjetivamente evangélica. Después de todo Lutero, Calvino, Wesley y una cantidad de otros reformistas podían “ver” el bautismo de infantes mientras que Spurgeon, Billy Graham y otros muchos no lo podían encontrar en la Biblia. La enseñanza católica era más lógica: Dios ha establecido una Iglesia como árbitro final y no se lo puede culpar por la confusión. El desarrollo de la doctrina es como el revelado del filme fotográfico. La imagen está en el filme, pero a medida que el tiempo y las circunstancias cambian la imagen se hace mas visible. No pude encontrar un solo texto que afirmara que la Biblia sola era suficiente. El famoso pasaje en donde se afirma que la Escritura es provechosa (2 Tim 3:16) significa claramente que es una ayuda pero no que es suficiente. Asi como es provechoso para mi salud el beber agua regularmente pero no es suficiente como alimentación completa. No pude encontrar un solo versúculo en el cual se enseñara que la Palabra de Dios tuviera que ser exclusivamente la palabra escrita. Encontré que Jesús había honrado las tradiciones de la fe judía de su comunidad que no se encontraban en la Escritura. Su condenación de las falsas interpretaciones de tradiciones dadas por los fariseos no era una condena de la tradición en si misma ya que la Iglesia que El fundó sobre los apóstoles ha aceptado tanto los escritos como la tradición oral. En un momento decidí reexaminar mi creencia en Cristo ¿Es posible que uno pudiera haber sido engañado? ¿Es posible que Cristo fuera un falso Mesías? Después de todo los judíos lo habían rechazado ¿Pudiera suceder que el pueblo más brillante y duradero en el mundo se equivocara? Por lo tanto comencé a leer apologética judía en contra del cristianismo que centraba sus ataques mayormente en afirmar que las profecías sobre el Mesías no se han cumplido. Afirman tambien que Jesús nunca declaró ser Dios y que los seguidores gentiles agregaron “conceptos paganos” como el del Nacimiento Virginal y la Encarnación. Esto me fascinaba porque se parecía mucho a las acusaciones de los anticatólicos que afirman que esas mismas cosas son agregados paganos. Comencé a ver esto como la culminación lógica de la teoría evangélica: si el paganismo contaminó al cristianismo entonces ¿cómo puede ser una enseñanza divina y permanente comparable a la incorruptible Torah? Otro libro anticristiano me llevó aun mas en esa dirección al preguntarme: si la religión de Cristo es la verdad, ¿por qué hay tantas diferentes iglesias cristianas? Así el intelecto judío ve al cristianismo, como un fracaso. Entonces me volví a observar nuevamente a Cristo. No podría rechazar su divinidad. Podría ver que el Nuevo Testamento enseñaba que El es Dios, y esto no era un agregado pagano. El judaísmo moderno no era igual que el judaísmo del tiempo de Nuestro Señor. Era algo que se había desarrollado con el tiempo y que se había dividido en sectas. Incluso dentro de judaísmo ortodoxo hay interpretaciones rabínicas que están en conflicto. Continué aferrándose a mi creencia en el cristianismo “solamente la Biblia.” La forma de vida y la comunidad evangélicas son muy acogedoras y a mi vista los servicios católicos parecían fríos en comparación. Al mismo tiempo me desilusionaba cada vez más de la apologética anticatólica. Los libros como “Catolicismo Romano” de Loraine Boettner (un clásico anticatólico) presentaba gruesas distorsiones de la realidad de la doctrina y de la historia. Recuerdo haber leído un libro por un evangélico que ridiculizaba la doctrina católica de la intención sacramental. De hecho él ridiculizaba una mala representación de esa doctrina. La interpretación evangélica clásica de los textos petrinos cruciales, tales como Mateo 16, se fundamentaban en una visión defectuosa y ya entonces yo podía verlo claramente. El juego de palabras entre 'Petros' y 'petra' era periférico, pues Nuestro Señor hablaba arameo. La mayoría abrumadora de eruditos evangélicos de hoy acepta que Pedro es la roca y que él fue el recipiente de las llaves de autoridad de una manera especial. Pues así como los reyes antiguos de Israel delegaron sus llaves de autoridad a su ministro principal o visir, Jesús había designado a Pedro como su representante o vicario. Las llaves, en cualquier cultura civilizada representan poder. Me di cuenta que se forzaban a propósito los escritos de los Padres de la Iglesia para hacerlos entrar en el molde anticatólico. Hay quienes proponen que los Padres de la Iglesia están en desacuerdo con la idea de que Pedro es la Roca de la que se habla en Mateo XVI. Un examen cuidadoso de los escritos patrísticos revela que se estan refiriendo a diversos aspectos y significados de las Escrituras así como una casa se construye sobre una serie de cimientos los escritores patrísticos observan los diferentes sentidos de la Escritura sin contradecirse en absoluto. Contra lo que anunciaba el mito evangélico, allí encontré evidencia histórica abundante para la estancia de Pedro en Roma y del establecimiento de su obispado. Al escuchar a Nuestro Señor decir quea carne y sangre no le habían revelado su divinidad, se puede ver el regalo de Dios que es el papado en una forma embrionaria si se quiere. Me sorprendió encontrar ya desde el primer siglo (cuando el apóstol Juan todavía estaba vivo) que el obispo de Roma escribiera a la iglesia de Corinto, dando instrucciones y advertencia a sus miembros que, el no hacer caso de su consejo las implicaría un grave peligro. Con el progreso de los siglos la evidencia para el papado crece, y encontré que había respuestas razonables a las objeciones evangélicas. Recuerdo muy bien el comentario que leí en un libro de visitas en cierta iglesia anglicana, estaba escrito obviamente por un visitante católico y decía “Donde está Pedro allí está la Iglesia.” Esas palabras que se grabaron en mi mente, eran las palabras de Ambrosio dichas en el siglo IV. La iglesia anglicana puede haber conservado los edificios católicos construidos antes de la reforma pero ciertamente no ha conservado la antigua fe. A pesar de su pátina de catolicismo la iglesia anglicana del siglo XIX es protestante. Eso se manifiesta en la ordenación de mujeres y otras aberraciones que en ella han tomado forma. El papel de Pedro llegó a estar tan claro para mí que ni siquiera podía considerar la pretensión de las iglesias ortodoxas de oriente de ser la verdadera Iglesia de Cristo. En esas iglesias (o, mejor dicho, en esas comuniones) pude apreciar una hermosa liturgia pero tambien una falta de claridad magisterial. Por ejemplo, hasta los años de 1930 las iglesias cristianas rechazaron claramente la anticoncepción como una cosa intrínsecamente inmoral. En 1930 la iglesia anglicana la aprobó y otras han seguido desde entonces. Eso incluye a los ortodoxos que también aceptan el divorcio y casamiento posterior. Solamente la Iglesia Católica ha tendio una posición firme en estos asuntos y eso al costo de perder a Inglaterra en el siglo XVI. Los ortodoxos abandonaron al sucesor de Pedro para plegarse al poder imperial de Constantinopla. Habiendo puesto su confianza en príncipes han cosechado finalmente un fracaso. Mientras que todas estas cosas me indicaban sin dudas que la roca de la Iglesia Católica era firme, el liberalismo de algunas gentes dentro de la Iglesia me perturbaba. Entonces, al leer la parábola de la casa construída sobre la roca, me dí cuenta que la lluvia y el viento la estropean tambien. Los excéntricos y los disidentes no pueden demoler la casa. Podrán sacarle pedazos a la roca pero no la pueden destruir. Así fue como encontré que, paralelamente a lo sucedido a Nuestro Señor, la oposición se concentra en tres áreas principales. Durante su ministerio terrenal, las autoridades religiosas se horrorizaron ante sus declaraciones de ser Dios, el hecho de que perdonara los pecados y Su declaración de que, para tener vida eterna, había que comer de Su cuerpo y de Su sangre. Esto continúa siendo la razón de una oposición virulenta entre los evangélicos. Recuerdo muy bien que cuando era evangélico desdeñaba la enseñanza católica de la confesión a un sacerdote, la creencia de la transubstanciación, la Misa y la infalibilidad del Papa y de la Iglesia. Recuerdo haber replicado que solamente Dios puede ser infalible. Mi examen detenido de las Escrituras me demostró también que la doctrina católica de María se arraiga en la Palabra de Dios y no es importada del paganismo. El hecho de que los paganos tuvieran diosas no invalida la creencia en María como el hecho de que los paganos hicieran sacrificios no invalida los sacrificios ordenados en la Biblia. Pude ver que los católicos no la adoran mas de lo que los anglicanos adoran a Oliver Cromwell cuando le dejan una guirnalda al pie de su estatua en los dias de fiesta. La doctrina católica de la comunión de los santos llegó a ser para mí una verdad establecida. Si “la oración del justo tiene mucho poder” entonces lo que han muerto en el Señor, siendo espíritus perfectos de hombres justos tienen que tener un valor superlativo para nosotros. Esto se ilustra perfectamente en el capítulo cinco de Revelación (Apocalipsis) en el que los veinticuatro ancianos representan a los santos que ofrecen sus oraciones a Dios. Antes de entrar en la Iglesia Católica, una de las últimas líneas de resistencia del evangélico es aducir que las vidas de ciertos católicos son en muchos casos desastrosas. Esa objeción me fue contestada al leer a Ronald Knox. Knox fue criado en un hogar fuertemente evangélico y luego se convirtió al catolicismo. Una vez dijo que si él se olvidara el paraguas a la entrada de un templo metodista, al volver lo encontraría allí, pero que no se podía asegurar que ocurriera lo mismo en un templo católico. Los metodistas usaron muchas veces esa frase en contra de él pero en realidad es un testimonio en contra de ellos. Cristo vino a salvar a pecadores y la red de la Iglesia esta echada para todos los hombres y mujeres. La iglesia no es un club para lectores de la Biblia de clase media, la Iglesia de Jesucristo es una poción mezclada y el error de los reformistas fue creer que la Iglesia debe estar compuesta ciento por ciento por los elegidos de Dios. Nuestro Señor dijo claramente que "muchos son llamados pero pocos son los elegidos." Si bien es cierto que he conocido a algunos católicos que estan bastantes desviados de la fe, tambien es cierto que la gran mayoria de los católicos son personas de bien que tratan de vivir la vida de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia. El hecho de que muchos católicos desobedecen las enseñanzas de la Iglesia confirma las palabras de Nuestro Señor que "a quienes más les es dado, más les será exigido." Son los católicos los que tendrán el juicio más severo que comienza por la Casa de Dios cuando el Señor al final de los tiempos separe el trigo de la cizaña. Comencé a darme cuenta que, como los fariseos del tiempo de Jesús, los evangélicos tenían un punto de vista superficial de la adoración de Dios. Esto puede sonar un poco áspero, pero en efecto muchos cristianos "sola Biblia" han acumulado una serie de reglas que condenan comportamientos ciertamente inofensivos como si fueran algo anticristiano. Primero se favorece la opinión de que beber alcohol es un pecado y luego se enseña que Nuestro Señor bebió solamente zumo de uvas y que el vino del milagro de Caná era jugo sin alcohol. A otro le puede parecer que bailar es abominable. Se puede hacer una larga lista de costumbres parecidas. Hay evangélicos que piensan que fumar es evidencia de que uno no es un creyente pero Spurgeon, el comentarista bautista del siglo XIX, fumaba. Otros no compran billetes de lotería pero invierten su dinero en la bolsa. Es casi imposible crear un estereotipo del creyente evangélico pero se puede decir con seguridad que la gran mayoría cree en la anticoncepción. Dan el diezmo de sus ganacias a Dios, (el evangelismo no le sale barato a nadie) pero no de sus cuerpos. El entero sistema de “solo la Biblia” es subjetivo. Se cuenta una historia sobre un señora a quien alguien le preguntó si creía realmente que ella y su criado eran los únicos cristianos, a lo que ella respondió: “Bueno… no estoy muy segura si Jaime lo es.” No estoy solo y en años recientes muchos evangélicos tradicionales se han pasado a la fe católica. Lo han hecho aunque el camino a la Iglesia estuviera bloqueado por falsas representaciones sembradas por la oposición. Esto es seguramente una gracia de Dios pues siempre habrá oposición para quienes quieren cumplir perfectamente con las palabras de Nuestro Señor. La oposición viene de las fuerzas del secularismo, del materialismo del modernismo y de otras filosofías. Todos ellos rechazan las enseñanzas que son peculiares de la Iglesia Católica. La Iglesia es la piedra pequeña predicha por el profeta Daniel que romperá la imagen falsa. Es la semilla que crece hasta ser un árbol poderoso.. Es el camino que Isaías profetizó y que los hombres no podrán dejar de encontrar. Es la casa fundada sobre la roca. El Cardenal Herbert Vaughan (1832-1903) lo resumió en muy sabias palabras qu usaré como corolario: "Es práctica común de los opositores de la Iglesia Católica el tratar de frenar a las almas por medio de presntarles una multitud de dificultades y objeciones contra las doctrinas de la Iglesia. Sobre esto se pueden decir dos cosas. Primero, sería muy fácil examinar esta lista de dificultades y publicar un examen de las mismas, ya hecho por doctos católicos en grandes obras. Pero es obvio que para contender con tales problemas habría que ser un teólogo o pasarse la vida entera investigando ya que es necesario contestar todos los cargos. Por otro lado tenemos los trabajos de los escritores anticatólicos, escritos para cegar o confundir el camino. Obras compuestas de calumnias, citas alteradas y una mezcla cuidadosamente dosificada de error y verdad. Estas intentan al mismo tiempo golpear y alienar tanto el sentido moral como el sentido intelectual. Si no tienen éxito completo de esta manera, al menos pueden sembrar perplejidad, ansiedad y retardar el camino del que busca a Dios. Pero en vez de entrar en un laberinto sembrado de dificultades y un rompecabezas de objeciones, la via mas corta y satisfactoria debiera ser elegida. Primero, encontrad al divino maestro, el pastor supremo, el Vicario de Cristo. Concentre todas sus facultades mentales y morales en la cabeza terrestre de la Iglesia de Dios. Esa es la clave para resolver esta situación.” Traducción por Ignacio de Argenzola Referencias Publicado originalmente en inglés en "This Rock" Vol. 9, num. 3 en Marzo de 1998. Robert Ian Williams, es nativo de Gales, enseña en Londres y ha publicado una serie de tratados cortos sobre la fe católica y su historia. Recibe correspondencia (en inglés) en Ecclesia Press, Y Garreg Lwyd, Whitchurch Road, Bangor is y Coed, Wrexham LL13 0BB, U.K.