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Dario Aranda, un buen tipo que tenes que conocer

Reviews7/24/2015
"Los chicos marginados pueden salir adelante si recuperan su autoestima"

Ninguna exclusión es definitiva si quien la sufre logra verse a sí mismo con rasgos dignos de ser valorados y actuar en consecuencia. Con ese criterio trabaja "el kiosco", un centro de características atípicas. 

Dario Aranda, un buen tipo que tenes que conocer

Dijo "te veo en el kiosco" y dio una dirección en el barrio San José Obrero de Laferrere, en La Matanza. Ya en el barrio y en la cuadra específica, empieza la búsqueda del "kiosco de Darío Aranda" y todos señalan una enorme y moderna estructura de cemento con techos de chapas rojas. Cronista y fotógrafo dudan, porque imaginaban un almacén o un polirrubro. "¡Darío está ahí, en el kiosco!", grita finalmente un chico.

El centro comunitario más interesante del Gran Buenos Aires no tiene nombre. Fue bautizado hace muchos años como "el kiosco" y ahí está ese tipo grandote, de sonrisa plena y constante que lo dirige. Darío Aranda trabaja con chicos de éste y otros tres barrios de los alrededores desde hace catorce años. Y lo hace con una perspectiva totalmente diferente. Por ejemplo, lleva a 60 pibes, algunos drogadictos o incluso asaltantes, a cenar a Puerto Madero.

"Es que si a los pibes -explica- no les enseñamos que existe otro mundo al que pueden acceder, y que del otro lado no hay enemigos, van a seguir sintiéndose marginados. Ya lo son, ¿por qué les vamos a fomentar eso que la sociedad ya les metió en la cabeza?"


¿Qué produce en chicos de bajos recursos el ir a cenar al mismo restaurante que la clase alta?

Aprenden qué hay del otro lado. Cuando uno pasa esa barrera, ya no hay fantasmas. Se pueden parar en la vida de otra forma. Ellos también pudieron y vieron que los otros no son monstruos.

¿Y cómo pagan la cena?

Tenemos un subsidio del Programa Alternativo de la Provincia de Buenos Aires.

¿Y se lo dan para ir a restaurantes?

No, pero no me imponen limitaciones y nosotros vamos a restaurantes, a campamentos, a hoteles. Estos pibes manejan cierta plata. ¡Si se gastan 25 o 30 pesos en cerveza en una noche! Yo les digo que se la guarden y los llevo al museo del MALBA o a ver una obra de teatro gratis.

¿Estamos hablando de "pibes chorros"?

La mayoría no lo son, pero alguno hay. Antes de ir a Puerto Madero trabajamos durante dos o tres meses cómo tratar al otro y a las cosas que son de otro, cómo sentarse en una mesa, no consumir alcohol...

¿No consumen alcohol?

No, acá tenemos tres reglas básicas: respetar al diferente, no consumir drogas ni alcohol y no traer ningún objeto robado.

¿Nunca tuvo problemas en los restaurantes?

Ninguno. La última vez, uno de los pibes se empacó en la puerta. "Esto es recheto, yo no entro", decía. Al final entró. Y fue el que más disfrutó. Se asombraba por todo. "¡Mirá, todos los platos son iguales!", le comentaba a los otros. Ese pibe sentía un rechazo visceral por esos que tienen tanto frente a él. Y ahí empezó a descubrir cosas básicas, que lo ponen en otra vereda para trabajar la autoestima y desde ahí construir la base para ir dejando las drogas o el robo. Los chicos marginados pueden salir adelante si recuperan su autoestima.

¿Es un principio para la rehabilitación?

No, nosotros no hacemos rehabilitación. Nos movemos desde un paradigma que es que la persona existe en función de su capacidad y de su potencialidad. No en función del daño que presenta. El pibe llega y si cumple las reglas básicas, trabajamos juntos y empezamos a apostar a la parte sana. Mayor participación, mayor integración. Si el pibe está muy comprometido con el consumo de drogas, llega un momento en que pide que se lo ayude porque no lo puede sostener solo. Y ahí lo pasamos a la comunidad terapéutica. Hay familias que apoyan y pueden sostener el proceso de integración y socialización. Otras, no. Ahí tenemos que ser más fuertes. En última instancia, paciencia si la familia no está presente. La decisión es individual. Uno que zafa, uno que puede trabajar por los otros.

Debe ser muy frustrante cuando la familia no apoya al chico.

¿Sabe qué frustra? Cuando uno se entera de que el pibe se murió. O que lo mataron. Llegamos tarde.

La vida, en este contexto, no tiene el mismo valor que en otros estamentos de la sociedad.

No, por supuesto. A veces les digo "nos vemos la semana que viene" y me contestan: "Pero, gordo, yo no sé si llego hasta mañana". Eso nos obliga a trabajar en la inmediatez, en la necesidad imperiosa. Es que estos chicos se toman la muerte como un acontecimiento más del día. Tienen totalmente desvalorizado el respeto a la vida. Eso viene de que a ellos nadie los respeta.

Entonces, ¿una de las primeras tareas es darles una perspectiva de futuro?

Sí, por eso trabajamos con cosas que les gusten. Se enganchan mucho con los viajes y hacemos uno cada tres meses. Eso les pone una meta. Tienen que ir a la escuela, asistir a todos los cursos del kiosco y no bardear para poder irse de viaje. La semana que viene tenemos un viaje a Sierra de la Ventana. Y tengo un problema: hay más pibes preparados de los que preveíamos. Eso quiere decir que estamos haciendo bien el trabajo.

¿Cómo se crea la autoestima?

Hay que generarla. Cuando llegan acá, así tengan seis años o quince, uno les pregunta: "che, ¿qué cosas buenas tenés vos?" "Y, no sé, yo no tengo nada bueno", dicen. "No, buscá, en algo tenés que ser bueno". Silencio. Entonces hay que ir dándoles las herramientas. Por ejemplo, con los más grandes empezamos por ir a sacarles el DNI. La mayoría no tiene ni documentos.

Imagino que hay que conseguirles un trabajo también.

Sí, a veces hay que empezar por cosas tan básicas como una ropa limpia y más o menos nueva para que lo vean presentable. Les prestamos el domicilio para que puedan decir "manzana 4, casa 5" y que no vean que es de una villa. Hablamos con la Policía por los antecedentes policiales. La mayoría tienen antecedentes por portación de cara, por estar en la esquina tomando. Hay que resolver también la revisión médica. En muchos lados les ven un tatuaje y ya no los toman porque creen que tienen sida, que se lo pudieron haber contagiado cuando se hizo el tatuaje. A la vez, con el que le puede dar un empleo, tratamos que no haga como un gran supermercado de la zona, que dice que quiere dar trabajo acá en el barrio y pide secundario completo, inglés y computación.

¿Con qué herramientas prioritarias trabaja?

Con la educación. En este momento, de 470 pibes, hay 8 en la universidad, 72 en la secundaria y la mayoría de los demás en la primaria. En estos 14 años ya tuvimos un licenciado en Trabajo Social, un ingeniero informático, cuatro profesores del terciario y muchos, muchos, que terminaron la secundaria. Después siguen trabajando acá, dando clases de apoyo, charlas contra la violencia... enseñan lo que recibieron.


¿Cómo maneja la violencia?

Tenemos reglas. Por ejemplo, la de la tarjeta azul para jugar al fútbol. El partido comienza una semana antes, cuando tienen que venir con todo el equipo a una charla. Ahí nomás ganan dos puntos en el campeonato por asistir a la charla. Después, en el partido, si cometen un foul muy grosero, les sacan tarjeta azul. Y eso los obliga a venir a otra charla. Si va una barrita a verlos y bardean, se emborrachan, se les descuentan puntos en el campeonato.

Un buen método. Debería promocionarlo para que lo adopte la AFA.

Ese es un problema de los Macri, los Grondona. Acá ya hace tiempo que no tenemos problemas de violencia en el fútbol. Lo aprendí de los curas salesianos. Pero ellos los obligan a ir a misa si les sacan tarjeta azul y acá tienen que venir a una clase de educación no formal. Ahí trabajamos desarrollo personal, el coaching ontológico, la lectura de la realidad. Por ejemplo, agarramos tres diarios -Clarín, La Nación y Crónica- y buscamos una nota que traten los tres. Comparamos las diferencias del discurso, la construcción. Es casi un taller literario.

¿Qué hacen con los chicos que roban?

Hay que ver por qué lo hacen y tratar de que entiendan que al que roban es una persona como ellos o sus padres. Aprendimos que ellos disocian para poder mantener ese nivel de violencia. No ven al sujeto. Ven el objeto. El otro es un gil al que le sacan la campera, el reloj, la plata. No lo ven como persona. Cuando uno les dice que el otro puede ser el padre o la madre o una hermana, se refugian en la negación. Hasta que finalmente dicen que si lo ven como a una persona no pueden hacer lo que hacen. Por eso es imprescindible reponer autoestima: para que se vean a sí mismos y vean a los demás como personas.





Datos Biograficos:

Darío Aranda estudió enfermería por amor, no a los pacientes (por lo menos no en ese entonces) sino a Cristina, una novia. Tenía 16 años. Pero descubrió su vocación dos años más tarde cuando in gresó al servicio de Salud Mental del Hospital Paroissien. Allí se topó con la psiquiatría sistémica.

Los médicos miraban al paciente como parte de un todo. Se hacían internaciones del paciente y de todo su entorno familiar. En 1994 presentó un proyecto de salud sexual comunitaria y ganó una beca para ir a estudiar a Chile con un grupo de trabajadores sociales especializados en las teorías de Alex Wodak, un australiano que trabaja con alcohólicos desahuciados.

"Wodak nos enseña que trabajamos con personas y no con alcohólicos, con personas y no drogadictos", dice Aranda. "Y vi trabajos concretos increíbles. En Pudahuel, cerca del aeropuerto de Santiago, trabajaban con las prostitutas y no para hacerlas dejar su trabajo sino para cuidar de sus hijos. De día, el prostíbulo era una guardería. Y todos los gastos los pagaba el cafisho". Cuando regresó se fue directamente al barrio San José Obrero, solo, sin estructura ni subsidios.

Comenzó charlando con un grupito de chicos que estaba en una esquina tomando cerveza. Tres meses más tarde, ya se había armado el primer grupo de estudio y como no tenían mejor nombre, adoptaron el del lugar donde se juntaban: el kiosco.

Después vino el subsidio de una fundación alemana y otros fondos del gobierno de la provincia. Hace cinco años pudieron construir su sede: dos pisos, gimnasio, varias aulas, centro de computación. Pero continúa sin nombre oficial. Sigue siendo "el kiosco".

NACIONALIDAD:ARGENTINO

EDAD: 41 AÑOS

ACTIVIDAD:TRABAJADOR SOCIAL

ESTADO CIVIL: CASADO, TRES HIJOS

Además de dirigir "el kiosco", trabaja en la Dirección de la Juventud de la Municipalidad de La Matanza y ad honorem en el Servicio Penitenciario de Ezeiza.



Fuente



Opinión Personal:Si bien esta nota es de hace 8 años, Dario sigue haciendo lo mismo, yo tuve la suerte de conocerlo en 2010, sin el capaz no estaría taringueando con ustedes día a día sino en algún penal, conocí muchos lugares gracias a el y sinceramente ayer de casualidad me topé con esta nota y creí que se merecía un post.
Ojalá esta entrevista les habrá un poco el pensamiento a los que piensan "hay que matarlos de chiquitos" sobre los chicos marginados o "negros cabezas".


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