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Origen de Dichos Populares (Megapost)

Info•7/29/2011
Orígen de Frases Célebres

Dichos Populares


Hace un par de años, había encontrado en la biblioteca de mi casa una colección de tomos que trataban temas sobre ortografía y gramática. Es la colección Diccionario del Buen Decir del año 1990. Fue publicada por Esteban Giménez, el cual es docente, lingüista y lexicólogo; apasionado por el arte del buen decir y, por cierto, uno de los más grosos en Argentina (seguramente lo viste con Anabela Ascar en Crónica TV hablando sobre errores comunes en el habla, hizo un par de programas).


Amigos taringueros! la colección es muy buena y trata palabras y errores muy comunes en el idioma, hasta el punto que cualquiera encontraría algun error común en su forma de hablar (con cualquiera me refiero a todos por más genio que te creas de la gramática y la ortografía ).
Pero lo interesante de la colección completa es que, al final de cada tomo, traía frases o dichos célebres (llámese YAPA ) que se popularizaron y quedaron como uso común en la sociedad.


¿ Para qué hago este post ? ¡Justamente! para que sepas de dónde carajo salieron estas frases y quedes como un groso contándole a quien quieras como se originaron


Vos te vas a poner en posición de un tipo muy culto



Y el que te escuche va a quedar algo así como



O a lo sumo...





Bueno, ahora sí. Comparto con ustedes lo que árduamente copie de la colección que tiene algunas frases antiguas, pero muchas otras que se siguen usando y me parece que está bueno compartir en T! de donde salieron.


¡Viva la Pepa!



Para explicar el origen de esta expresión, debemos remontarnos al siglo XIX. En el año 1812, los españoles sancionaron su primera Constitución. Pero, un par de años más tarde, merced a la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luís, fue abolida por el rey Fernando VII. Y no sólo la derogó, sino que además prohibió la mención de su nombre, lo que motivó que los liberales no pudieran ni siquiera utilizar su grito de “¡Viva la Constitución!
Lejos de resignarse, los liberales trataron de encontrar la forma de seguir usando una expresión que los identificara como admiradores de la Carta Magna.
Y lo hallaron… Como la Constitución había sido promulgada el día 19 de marzo-festividad de San José- y teniendo en cuenta que el hipocorístico de José es Pepe, se les ocurrió que la forma de expresar su favoritismo por Ella era la frase “¡Viva la Pepa!” en lugar del “subversivo” “¡Viva la Constitución!”. Pasando el tiempo, esa expresión perdió la intencionalidad política de su origen y comenzó a utilizársela para manifestar desenfado, holgorio y regocijo, en un sentido de falta de responsabilidad.

Dar en el Clavo



Esta expresión tiene mucho que ver con los juegos infantiles de la Edad Media. Existía por entonces, un juego llamado hito que consistía en fijar una pieza metálica-similar a lo que nosotros llamamos clavo- a cierta distancia de los participantes, quienes intervenían lanzando unos aros o argollas tratando de embocar en el hito.
Y para ellos, acertar era dar en el hito, y como el hito era casi siempre en clavo, la expresión pasó a ser dar en el clavo.
De ahí, el dicho se extendió al uso generalizado con el significado de acertar en la investigación de una cosa difícil.
Por supuesto, esta explicación da por tierra con el concepto de que dar en el clavo tiene su origen en la acción de martillar sobre un clavo y acertar en su cabeza en lugar de hacerlo en el dedo de quien martilla.

Poner los Puntos sobre las Ies



El origen de este dicho nos lleva al siglo XVI, cuando comenzaron a utilizarse los caracteres góticos en la escritura corriente. En ese entonces, la función del copista era muy importante, ya que ellos manuscribían libros, documentos y leyes. Por eso, para evitar confusiones entre las letras “i” y “u”-sobre todo teniendo en cuenta que muchas palabras en latín llevan doble “ii”- y debido a que la “i” minúscula no llevaba punto, ellos comenzaron a colocar un punto sobre esa letra, para que cuando aparecía duplicada no la confundieran con la “u”.
Pero sucedió que esta costumbre no fue bien recibida por todos los que sabían leer y provocó que la expresión poner los puntos sobre las íes fuera aplicada a las personas excesivamente meticulosas y casi maniáticas.
Posteriormente, la expresión adquirió el sentido que hoy tiene: realizar todo precisa y detalladamente, sin descuidar ningún pormenor.

Saber donde le aprieta el Zapato



El origen de esta expresión nos remonta a la antigua Grecia, donde el escritor Plutarco narraba en sus “Vidas Paralelas” la biografía comparada de personajes griegos y latinos. En uno de los relatos, cuenta la anécdota de un patricio romano que, en forma intempestiva y aparentemente sin motivo, comenzó a increpar duramente a su esposa, una joven de gran belleza e intachable conducta. Cuando sus amigos, sorprendidos por tal actitud, comenzaron a recriminarle su proceder, él se limitó a responderles, mientras señalaba uno de sus zapatos:
-¿Vieron qué hermoso calzado llevo? ¿Tan bien trabajado y hermosamente terminado? Pues, bien… Yo, y únicamente yo sé dónde me aprieta y me hace daño…
Esta expresión también llegó a nuestros días y con su significado original intacta: Cada uno sabe muy bien dónde le aprieta el zapato…

Vale lo que Pesa



La explicación de este dicho tiene varios antecedentes y todos son coincidentes. Cuentan que en algunos pueblos bárbaros de la antigüedad, cuando un hombre mataba a otro, era obligado a pagar en oro y plata el peso de la víctima a sus parientes. También sucedía, en pueblos de fe religiosa, que los familiares de un enfermo ofrecían a la Virgen o algún santo el peso de aquél en especias: cera, trigo, etc., a cambio de su restablecimiento.
Algo similar relatan de un pueblo indio que suele regalar a su jefe espiritual el peso de oro de algunos de sus súbditos.
Para nosotros, la expresión vale lo que pesa pasó a significar el reconocimiento a los valores morales o intelectuales de una persona.

Dorar la Píldora



Desde siempre, los medicamentos se caracterizaron por tener un sabor desagradable, amargo y por lo tanto difícil de ingerir, especialmente los niños. Es por ello que los boticarios de la antigüedad trataron de disimular ese sabor “dorando” las píldoras con sustancias azucaradas, que permitían al enfermo tragar la medicación de una manera más agradable.
Con el tiempo, la expresión pasó a utilizarse para definir el propósito de suavizar, atenuar el efecto negativo de una noticia, presentándola lo más favorablemente posible para quien la recibe.
Dorar la píldora, entre nosotros es casi sinónimo de “alabanza, halago, con intención de engaño”.

Esto es Jauja



El origen de esta expresión nos lo provee en un pueblo hermano: el Perú. En el departamento de Junín se encuentra la ciudad de Jauja, famosa desde la época de la colonia por la fertilidad de su suelo y las bondades de su aire. Por eso, durante la primera etapa de la colonización, los enfermos de las vías respiratorias eran enviados a esa ciudad para su mejoría. Y fue tal la fama de la ciudad de Jauja que los peruleros-emigrantes enriquecidos en Perú que viajaban a España- difundieron la noticia y la fantasía popular se encargó del resto: para ellos vivir en jauja o esto es jauja simbolizaban la imagen del Paraíso.
Actualmente, nosotros utilizamos esta expresión como sinónimo de “vida fácil”, casi equivalente al ya comentado Viva la Pepa.

Meterse en Camisa de Once Varas



En la Edad Media, la ceremonia de adopción de un hijo estaba rodeada de singulares formalidades. El adoptante debía sostener al adoptado y meterlo por la muy amplia manga de una camisa de once varas, luego de lo cual le estampaba un beso en la frente. Pero, ¿dónde reside la justificación de la expresión meterse en camisa de once varas? En que, por lo general, las adopciones no dan buen resultado y eso dio origen a la frase que previene sobre la inconveniencia de ser adoptado por nadie.
El uso que le damos a esa expresión en la actualidad encierra una exhortación a no mezclarse en cuestiones ajenas o en situaciones comprometidas.

Brillar por su Ausencia



Los habitantes de Roma acostumbraban, en los actos fúnebres, exhibir los retratos de los antepasados y deudos del difunto. Relata el historiador Tácito en sus “Anales” que, en los funerales de Junia-viuda de Casio y hermana de Bruto, ambos asesinos de César-, todo el mundo notaba la ausencia de las imágenes de estos dos personajes; es decir… brillaban por su ausencia… Posteriormente, en el siglo XVIII, el poeta francés Chenier refirió esta anécdota que comenzó a ser utilizada intencionadamente para resaltar la falta de algo o alguien en un acontecimiento de cierta relevancia.

Tener Vista de Lince



En el caso de esta expresión, debemos corregir un error conceptual: Si bien es cierto que el lince es un felino que se destaca por su capacidad visual, cuando decimos tiene vista de lince no nos estamos refiriendo a ese animal. Existía en Mesenia-antigua región de Grecia- un rey llamado Alfareo, cuyo hijo era capaz de distinguir a simple vista la partida de una flota guerrera desde la lejana Cartago. La fama de su poder visual llegó hasta el límite de hacer trascender que con su vista “podía traspasar los objetos”. Pues bien… el nombre de este legendario personaje era Linceo; de ahí que la expresión, que comenzó siendo tener vista de Linceo, con el tiempo pasó a transformarse en la que todos conocemos y que hace referencia a la persona que tiene una alta capacidad visual.

Picar muy Alto



Cuentan que durante la celebración del santo del rey del rey Felipe IV, durante una corrida de toros en la Plaza Mayor de Madrid, un noble- de quien se sabía que estaba enamorado de la reina, esposa de Felipe- realizó una excelente faena con el toro, al que alanceó con gran valor y lucimiento. Vista su actuación por la reina, ésta exclamó:
-¡Qué bien pica el Conde!
A lo que el rey, irónicamente, respondió:
-Sí, pica muy bien, pero pica muy alto.

Tener muchos Humos

populares

Entre los antiguos romanos distinguidos existía una vieja costumbre que consistía en adornar el atrio de sus viviendas con los retratos y bustos de todos sus antepasados. Estos objetos, con el paso del tiempo y por el efecto del humo, adquirían una coloración oscura, de la que los moradores solían ufanarse, y cuanto más gruesa era la capa que cubría las imágenes, más orgullosos se sentían sus ancestros.
Hoy en día, la expresión tener muchos humos se aplica para censurar la actividad de quienes se conducen con engreimiento y presunción.

Mantenerse en sus Trece



El origen de esta expresión ha sido motivo de diferentes opiniones. Según algunos, procede de la terquedad con que el antipapa español Pedro de Luna, durante el cisma de Occidente, mantuvo sus derechos al solio bajo el nombre de Benedicto XIII. Para otros, en cambio, procede de un antiguo juego de naipes cuyas características, similares a las del siete y medio conocido por nosotros, establecían que resultaba ganador el jugador que alcanzaba sumar con sus cartas la cantidad de quince. Esto permitía que, muchas veces, el participante que lograba trece, por temor a pasarse de la cifra indicada, se quedaba, se plantaba en sus trece.
En la actualidad, la expresión mantenerse en sus trece se utiliza para indicar la obstinación y terquedad de algunas personas en la defensa de su opinión.

Hablar por Boca de Ganso



En esta expresión, hemos de corregir un concepto equivocado. La palabra ganso, entre los antiguos, significaba algo así como ayo, pedagogo y designaba al encargado de la crianza de los príncipes y los hijos de las familias nobles. Estos gansos cumplían su función con extremado celo, y no resultaba extraño que sus discípulos, al ir creciendo, repitiesen palabra por palabra todas las enseñanzas recibidas. Ese fue el origen de la expresión hablar por boca de ganso con que hoy se censura a la persona que repite lo que ha escuchado, sin discernir y como si fuera su propia opinión, con lo que queda fuera de concurso la creencia que vinculaba a dicha expresión con el ave palmípeda.

Levantar el Muerto



En la Edad Media existía una ley que establecía que cuando, dentro de los límites de cualquier ciudad se encontraba el cuerpo de alguna persona fallecida en extrañas circunstancias, si no era posible determinar el autor del crimen, el pueblo estaba obligado a pagar una multa llamada homicidium u omecillo. Por ello, y con el objeto de evitar el pago de la multa, cada vez que ocurría un hecho semejante, los habitantes de esa ciudad se confabulaban para trasladar el cuerpo de la víctima a una ciudad vecina, de manera que la culpa recayera sobre sus habitantes, o sea, que ellos pagaran la multa.
Ahí nació la expresión cargar con o levantar el muerto, con la que hoy hacemos referencia, en sentido figurado, a la responsabilidad de un hecho ajeno que se nos ha endilgado sin tener que ver con él.

No saber ni “J” – Llamale “H”



Se han unido las explicaciones de dos expresiones que tienen algo en común: se refieren a sendas letras de nuestro alfabeto. La letra H, en nuestro idioma, tenía un sonido fricativo laríngeo similar al de nuestra J, lo que hoy llamamos “hache aspirada”. Pero, luego del siglo XVI se hizo átona, lo que le provocó el menosprecio de la gente sencilla que comenzó a decir llamale hache como equivalente de da lo mismo.
La J, por su parte, es una letra proveniente de las lenguas primitivas de Medio Oriente cuyo tamaño la hacía la más pequeña de esos alfabetos. Además, en escritura hebrea, la iod (jota) participaba como rasgo inicial de todas las letras. De ahí que la expresión no saber ni jota alude a la extrema ignorancia de una persona en determinado tema.

Tener muchas Ínfulas



Los antiguos llamaban ínfulas a las tiras o vendas que los príncipes y sacerdotes paganos ceñían alrededor de su cabeza, a manera de señal distintiva de su dignidad. De estas ínfulas pendían, además, unas largas bandas con las que solían adornarse los altares y, algunas veces, también las llevaban las víctimas que eran llevadas al sacrificio. Como la cantidad de ínfulas estaba directamente relacionada con la calidad y rango de la persona que las portaba, cuanto más importante era el personaje, mayor era la cantidad de ínfulas.
De ahí, que la expresión tener muchas ínfulas se aplique a toda persona que denota habitualmente vanidad y orgullo exagerados.

Cargar con el Sambenito



Una de las costumbres primitivas de la Iglesia, lo mismo que en los tiempos de la Inquisición, era colocar a los penitentes que lloraban sus culpas arrepentidos, una especie de saco de lana previamente bendecido. Por eso, a esa prenda se la llamaba saco bendito, denominación que con el tiempo se convirtió en San-bendito, para luego transformarse en Sambenito.
Mucho tiempo después- y aún en nuestros días- la frase cargar con el Sambenito o colgar el Sambenito comenzó a aplicarse para expresar el acto de echar sobre alguien una culpa que no merece.

Hay Moros en la Costa



Durante varios siglos, la zona del Levante español fue constantemente asediada por los piratas berberiscos. Por lo tanto, los pueblos ribereños vivían en permanente zozobra y para prevenir el peligro construyeron a lo largo de la costa numerosas atalayas a las que se subía por medio de escalas de cuerdas. Desde ellas, el vigía escrutaba el horizonte y no bien divisaba una nave berberisca, daba la voz de alarma, gritando: ¡Hay moros en la costa!
Entonces, sonaba la campana, se encendían hogueras de señal y la gente se alistaba para la defensa. Luego de lograda la paz, el grito perduró por muchos años y en la actualidad, la expresión hay moros en la costa pasó a ser sinónimo de advertencia de peligro.

Se armó la Gorda



Con motivo de la Revolución Unionista de 1868, la reina Isabel II debió abandonar el país. Pero dicha revolución vino precedida de un incesante rumor callejero que escondido en el seudónimo de La Gorda anticipaba lo inevitable del desenlace. La gente hacía referencia a La Gorda como algo consumado… como un hecho confirmado… La Gorda se viene… Ya está La Gorda… ¡Se armó La Gorda! Y efectivamente, en septiembre de ese año, se produjo el pronunciamiento militar en Cádiz y en Madrid, conocido formalmente como La Gloriosa, denominación que no pudo sobrevivir a la forma popular… La Gorda.
Actualmente, es usada para aludir a cualquier acontecimiento público y ruidoso, sobre todo en el ámbito político.

Atar los Bártulos



Esta expresión tiene su origen en la Edad Media, tiempo en el que vivió un eminente jurisconsulto italiano llamado Bartola o Bártulo cuyas obras, comprendidas en trece volúmenes, sirvieron de base de estudio a los estudiantes de toda Europa durante tres siglos.
Los alumnos españoles tomaban nota de sus enseñanzas y al terminar la clase ataban los apuntes con cintas o correas. El conjunto de esos apuntes era denominado bártulos, lo que hizo que, entre los estudiantes, la tarea de reagruparlos y atarlos una vez utilizados, fuera bautizada con la frase atar (o liar) los bártulos.
Con el tiempo, la expresión terminó por aplicarse a cualquier preparación referida a una mudanza u otro tipo de traslado.

Al Freír será el Reír

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Existen varias versiones para explicar la procedencia de este dicho. La más verosímil es la que relata que, durante el reinado de Felipe IV en España, existía en Madrid un calderero famoso por sus picardías. Cierta vez, otro pícaro –con intenciones de hacerle una jugarreta al tramposo comerciante- entró a su negocio y pidió una sartén. Sin ningún tipo de cargo de conciencia, el comerciante le dio una que estaba totalmente quebrada en la parte de abajo. Sin darse cuenta de esa trampa, el cliente pagó, pero con una moneda falsa, que fue rápidamente embolsada por el vendedor. Al observar que el comprador sonreía con cierta malicia, el calderero exclamó:
-Al freír será el reír.
A lo que el comprador respondió:
-Al contar será el llorar.

El Oro y el Moro



Esta expresión se basa en un hecho bélico protagonizado por un grupo de caballeros jerezanos durante las guerras de la Reconquista.
Sucedió que en una incursión afortunada, los caballeros lograron capturar a casi cincuenta moros notables, entre los que se hallaban el alcalde de Ronda, Albalá, y su sobrino Hamet. El alcalde inmediatamente logró su fuerte rescate y fue liberado; pero no sucedió lo mismo con los otros moros y su sobrino.
Los caballeros exigían el pago de cien doblas por la liberación del joven moro, por lo que el rey ordenó que fuera remitido a la Corte. El pueblo, la gente, siempre maliciosa, comenzó a murmurar que el monarca, de tanto negociar, pretendía quedarse con el oro y el moro.
En la actualidad, la expresión se aplica a quine pretende abarcar todos los beneficios de una negociación.

Pasar la Noche en Blanco

frases

Este dicho se origina en las antiguas costumbres de la Orden de Caballería. Cada vez que un neófito se debía permanecer en vela, toda la noche anterior a la ceremonia (de aquí también procede la expresión velar las armas) vestido con una serie de sayal blanco, que simbolizaba la pureza de intenciones que se le podía exigir al aspirante antes de recibir el espaldarazo ritual. Con el tiempo, entre los mismo caballeros, y por supuesto en nuestros días, la expresión pasar la noche en blanco comenzó a aplicarse en el uso cotidiano para referirse al hecho de pasar una noche desvelado, sin poder dormir, a causa de cualquier molestia o problema ocasional.

No hay Tutía



Existía un medicamento antiguo, formado del hollín que resultaba de la fundición y purificación del cobre, del que se elaboraba un ungüento especial, ideal en la curación de ciertas enfermedades de la vista.
Ese ungüento se llamaba tutía, atutía o atutia y era referido frecuentemente por los publicistas de la época.
Y era tal el prestigio de este medicamento, que el uso popular acuñó la frase –algo deformada de su sentido original- no hay tutía para dar a entender que algo, por su dificultad u obstinación, era imposible y sin remedio.
Entre nosotros, hoy la expresión viene a significar que algo o alguien no tiene derecho a reclamar.

Dar la Lata



Son varias las versiones que circulan acerca del origen de este dicho. Una de las más creíbles es la que sostiene que ella proviene, por imitación onomatopéyica, de los antiguos dichos “dar la tabarra” o “dar la murga”, con que se representaba la molestia o el fastidio provocado por quien festejaba las segundas nupcias de un viudo o una viuda golpeando instrumentos de percusión (palos, cencerros, zambombas, etc.). Al aparecer en el mercado la hoja de lata (vulgo: hojalata), los recipientes vacíos de ese material comenzaron a ser utilizados como novedoso elemento de percusión. De ahí, la popularización posterior de la expresión dar la lata, con la que se exterioriza el fastidio que provoca alguien con sus ruidos, aunque entre nosotros, pasó a ser sinónimo de hablar abrumada y exageradamente.

No dejar Títere con Cabeza



Todos sabemos qué es un títere, aún cuando las formas, modelos y materiales de su construcción hayan variado de los primeros hasta los más modernos.
En la actualidad, es un espectáculo reservado a los niños, pero en otras épocas, las representaciones se hacían para el divertimento de los adultos. Ello explica que el célebre personaje Don Quijote de La Mancha haya arremetido como lo ha hecho contra el retablo del Maese Pedro, del que no dejó ni uno solo de sus muñecos entero, es decir, no dejó títere con cabeza…
Actualmente, la expresión quedó en el lenguaje popular para justificar el destrozo que, airadamente, se hace de algo indiscriminadamente.

Ponerse las Botas

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En una época, el calzado era distintivo de la clase social a la que pertenecía el individuo. Entre los romanos y bizantinos, por ejemplo, existían normas muy estrictas al respecto. Esa diferencia se mantuvo mucho tiempo, de tal manera que las botas eran privativas de los caballeros opulentos y el calzado bajo estaba reservado al pueblo llano. De ahí proviene la expresión ponerse las botas, en alusión a alguien que por un golpe de fortuna accedía al uso de las botas.
En la actualidad, el significado es casi el mismo, aunque, por lo general alude a quien de buenas a primeras progresa notablemente en su situación económica y social.

Bueno, eso es todo

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¡ Espero que les haya gustado !

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