Fragmentos del libro El Tao de la Salud, el Sexo y la Larga Vida.
Convertido en una síntesis con alguna que otra cosa incorporada en el post
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La comida y la bebida son necesarias para nutrir la vida. Pero si se ignora que las naturalezas de las diversas sustancias pueden ser opuestas entre sí, y se las consume juntas indiscriminadamente, los órganos vitales pierden su armonía y no tardan en presentarse desastrosas consecuencias.
Por consiguiente, quienes deseen nutrir sus vidas deben evitar cuidadosamente infligirse este perjuicio.
[Chia Ming, El conocimiento esencial para comer y beber, 1368]
Por consiguiente, quienes deseen nutrir sus vidas deben evitar cuidadosamente infligirse este perjuicio.
[Chia Ming, El conocimiento esencial para comer y beber, 1368]
La Correcta Combinación de los Alimentos
Los médicos occidentales generalmente recomiendan a todo el mundo que «tome un poco de todo en cada comida» mezclando elementos tan dispares como la carne, la leche, féculas, grasas y azúcar. Un consumo de comida tan indiscriminado no es muy distinto a llenar el depósito de un automóvil con una combinación de gasolina, gasoil, alcohol y azúcar. Una mezcla así no podrá arder eficazmente, proporcionará poca potencia y no tardará en atascar el motor a tal punto que le será imposible seguir funcionando.
Está científicamente comprobado por la medicina occidental (pesar del desdén de sus colegas de la clase médica, están realizando grandes adelantos en la ciencia de la trofología) que para iniciar la buena digestión de cualquier proteína animal concentrada, el estómago debe secretar pepsina. Pero también está demostrado que la pepsina sólo puede actuar en un medio sumamente ácido, que debe mantenerse durante varias horas hasta la completa digestión de las proteínas. Otro hecho igualmente comprobado por la ciencia es que, cuando masticamos un pedazo de pan, de patata o de cualquier otro hidrato de carbono/fécula, las glándulas salivales segregan de inmediato ptialina y otros jugos alcalinos. Después de tragada, la fécula alcalinizada necesita hallar en el estómago un medio alcalino para acabar de ser digerida por completo.
Todo el mundo puede comprender lo que ocurre, pues, cuando se ingieren simultáneamente féculas y proteínas. El estómago, en respuesta a la presencia de las proteínas y las féculas, segrega al mismo tiempo jugos ácidos y alcalinos que se neutralizan entre sí y dejan una solución acuosa incapaz de digerir correctamente ni una cosa ni otra. Lo que sucede a continuación es que las proteínas se pudren y las féculas fermentan, debido a la constante presencia de bacterias en el canal digestivo.
La putrefacción y la fermentación son las causas principales de todo tipo de problemas digestivos, como gases, ardor, hinchazón, estreñimiento, heces fétidas, hemorroides sangrantes, colitis y demás. Muchas de las llamadas «alergias» son también consecuencia directa de la mala combinación de los alimentos: la corriente sanguínea absorbe toxinas de la masa fermentada y putrefacta que llena los intestinos, y estas toxinas a su vez provocan erupciones, urticaria, dolores de cabeza, náuseas y otros de los síntomas que habitualmente se catalogan como «alergias». Los mismos alimentos capaces de desencadenar una reacción alérgica cuando están incorrectamente combinados muchas veces no producen ningún efecto nocivo cuando se consumen de acuerdo con las leyes de la trofología. La cuestión se reduce a lo siguiente: cuando inmoviliza su estómago y perturba sus funciones digestivas con el consumo de alimentos indiscriminadamente combinados, las bacterias del canal digestivo se dan una fiesta. Aprovechan todos los nutrientes y se multiplican, mientras usted se queda con los desechos y padece.
Clasificación de los alimentos y tabla de combinaciones
Clasificación de los alimentos
I. Proteínas:
Aquellos alimentos que contienen al menos un 15 por ciento de materia proteínica.
Proteínas concentradas: carne, pescado, aves, huevos, leche, queso.
Proteínas ligeras: frutos secos, judías, guisantes, derivados de la soja, aguacates, cereales integrales.
II. Hidratos de carbono:
Aquellos alimentos que contienen al menos un 20 por ciento de féculas y/o azúcares.
Féculas: cacahuetes, plátanos, patatas, todos los productos a base de pasta, arroz, pan, tartas y pasteles, cereales refinados, etc.
Azúcares: azúcar integral, moreno y de caña en bruto, fructosa, miel, jarabe de arce, frutas pasas dulces (pasas, dátiles, higos, ciruelas).
III. Grasas:
Aceite de origen animal o vegetal.
De origen animal: mantequilla, nata, manteca, sebo, carnes grasosas.
De origen vegetal: aceite de oliva, de soja, de girasol, de sésamo, de maíz, de cártamo, todos los aceites de frutos secos.
IV. Vegetales:
Lechuga, apio, col, coliflor, espinaca, brotes de soja, pepino, espárragos, cebolla, berenjena, nabo, berro, puerro, calabacín, judías verdes, pimientos verdes, rábano, zanahoria, alcachofa, aceituna, etc.
Excepciones: las patatas se cuentan como fécula; los tomates se cuentan como fruta ácida.
V. Frutas:
Frutas ácidas: Naranja, pomelo, lima, limón, fresas, arándanos, piña, tomate.
Frutas subácidas: Manzana, pera, melocotón, cereza, uva, albaricoque, nectarina, ciruela, etc.
Melones: Sandía, melón (en todas sus variedades), papaya, etc. Excepciones: los plátanos se cuentan como fécula; los higos secos, dátiles, pasas y ciruelas secas se cuentan como azúcares.
Cuadro de combinación de alimentos
Notas:
1. Un «NO» indica que esa combinación es incompatible.
2. Un «SÍ» indica que esa combinación es compatible.
3. La leche debe consumirse sola, como alimento proteínico, y a ser posible en forma natural, no pasteurizada.
4. En el apartado «Frutas» no se incluyen los melones, que deben comerse solos para una óptima digestión y asimilación.
5. Los plátanos, pasas, higos secos, dátiles y ciruelas secas son alimentos tipo fécula/azúcar de la mejor calidad, y no deben combinarse con proteínas.
6. Los vegetales combinan bien con todo, excepto la patata (que es una fécula) y el tomate (que es un ácido).
7. Las grasas no deben combinarse con proteínas concentradas, pero son relativamente compatibles con las proteínas ligeras.
8. Cuanto más cerca esté un alimento de su estado crudo y natural, más compatible será ton otras clases de comida; por consiguiente, procure que al menos un 50 por ciento de su dieta se componga de alimentos frescos consumidos en estado crudo. Esto le proporcionará las enzimas activas y la fibra húmeda que hacen falta para compensar las combinaciones incompatibles de alimentos cocidos.
Indicaciones generales sobre las comidas:
→ No tome más de una comida diaria a base de proteínas animales concentradas.
→ Tome al menos una comida diaria a base de alimentos crudos, y procure que al menos el 50 por
ciento de su alimentación diaria consista en productos crudos.
→ Observe las normas básicas de combinación de alimentos en todas sus comidas.
→ Evite comer entre horas.
→ Evite la leche pasteurizada y sus derivados, así como los huevos cocidos. Pero si come estos productos, cómalos sin nada más.
→ No empiece a comer nada más levantarse de la cama por la mañana; espere al menos una hora, y utilice esta hora para hacer ejercicio. Por la noche, no cene justo antes de acostarse; la última comida debe ser de 2 a 3 horas antes de irse a la cama.
El ALIMENTO COMO MEDICINA
Sun Ssu-mo, el médico taoísta de la dinastía Tang que supo diagnosticar y curar el beriberi (enfermedad debida a una deficiencia nutricional) hace 1.300 años, casi un milenio antes de que los médicos europeos llegaran a las mismas conclusiones en 1642, escribió en su obra Recetas preciosas: Un médico verdaderamente bueno descubre primero la causa de la enfermedad y, cuando la ha encontrado, trata de curarla mediante la alimentación. Sólo cuando la alimentación fracasa receta medicamentos.
Hipócrates, el padre de la medicina occidental, compartía el mismo parecer cuando advirtió a sus estudiantes, «que vuestro alimento sea vuestra medicina», pero los médicos occidentales contemporáneos parecen haber olvidado tan sabias palabras, así como las del célebre Dr. Charles Mayo, uno de los más destacados médicos norteamericanos del siglo XX: La resistencia normal a la enfermedad depende directamente de una alimentación adecuada. La resistencia normal a la enfermedad no sale nunca de un frasco de píldoras. La adecuada alimentación es la cuna de una resistencia normal, el terreno de juegos de una inmunidad normal, el taller de una buena salud y el laboratorio de una larga vida.La terapia nutricional era antes parte habitual de la práctica médica occidental, pero los médicos occidentales convencionales de la actualidad ni siquiera se interesan por los hábitos dietéticos de sus pacientes a la hora de establecer un diagnóstico, ni les proporcionan consejos dietéticos junto con los potentes fármacos sintéticos que tan despreocupadamente recetan.
Para que el lector se haga una idea de la eficacia con que diversos alimentos corrientes pueden ser utilizados como medicamentos preventivos y curativos, a continuación las propiedades de tres de los más poderosos alimentos terapéuticos:el ajo, la uva y las cerezas.
Ajo
Está comprobado que los países donde suele consumirse ajo en grandes cantidades muestran una incidencia de cáncer significativamente inferior. Los textos chinos indican claramente que, para beneficiarse plenamente de sus efectos, el ajo debe consumirse crudo.
Bioquímicos norteamericanos han descubierto que la «glicina», el componente activo del ajo, actúa como un potente antibiótico y fungicida. De hecho, la glicina ha demostrado ser más eficaz que la penicilina para la eliminación de determinados agentes patógenos. Sin embargo, la glicina se encuentra únicamente en el ajo crudo recién cortado o machacado, lo que una vez más confirma la sabiduría de los antiguos médicos chinos. Cuando se corta un diente de ajo crudo, una sustancia vegetal neutra denominada aliína se combina con una enzima denominada alinasa para producir el potente factor glicina. El olor característico del ajo crudo recién cortado se debe a esta poderosa reacción enzimática. Las píldoras, aceites y demás extractos del ajo que se venden en las tiendas de productos de régimen están completamente desprovistos de glicina y son, por tanto, terapéuticamente inútiles.
En la antigua China, la tuberculosis se trataba eficazmente mediante cataplasmas calientes de ajo fresco
aplicadas en la espalda. Los factores terapéuticos volátiles penetraban en la piel y llegaban a los pulmones,
donde destruían el bacilo que causa la tuberculosis. Asimismo, el ajo es igualmente eficaz para limpiar el aparato digestivo de lombrices y demás parásitos, para prevenir gripes y resfriados y como tonificante de la libido. El consumo diario habitual de ajo fresco crudo proporciona una completa protección contra innumerables enfermedades contagiosas y parásitos.
Uvas
Quizás esto le sorprenda, pero las uvas, correctamente utilizadas se cuentan entre los más eficaces alimentos medicinales. El zumo de uva ha recibido el calificativo de «leche vegetariana», debido a su capacidad para sustentar niños de pecho privados de la leche materna constituye una opción muy superior a la leche de vaca pasteuriza. Los azúcares contenidos en la uva son precisamente los que necesita el metabolismo celular: básicamente glucosa pura, con algo de fructosa de levulosa. Estos azúcares naturales son inmediatamente absorbidos por la sangre, ya listos para su utilización metabólica.
Una de las más efectivas aplicaciones terapéuticas de la uva es como cura para el estreñimiento y la gastritis, trastornos frecuentes en aquellos que se alimentan con la típica dieta occidental. Cuando se presenta una gastritis grave, basta con que deje de comer y beber ninguna otra cosa durante uno o dos días y empiece a comer uva fresca.
Las uvas negras son, con mucho, las más potentes. Puede comenzar con medio kilo o un kilo al día e ir aumentando hasta kilo y medio o dos kilos. En caso de gastritis, hay que escupir las pieles y semillas, y tragar únicamente el zumo y la pulpa. Por lo general, este tratamiento elimina todos los síntomas de la gastritis en cuestión de 24 a 48 horas. Si luego procura evitar los alimentos desnaturalizados y las combinaciones incorrectas que provocaron el problema, no es probable que vuelva a aparecer la gastritis.
La uva negra es un desintoxicante increíblemente eficaz, sobre todo para el canal digestivo, el hígado, los riñones y la sangre. Cuando se utiliza para este propósito, hay que masticar cuidadosamente las pieles y semillas y tragarlas junto con el zumo y la pulpa, ya que contienen poderosos agentes bioactivos con propiedades desintoxicantes específicas. Además, también alcalinizan el canal digestivo y la corriente sanguínea, un efecto altamente deseable en estos tiempos de acidosis crónica. La diarrea y otras molestias que pueden presentarse en los primeros días de terapia a base de uvas se deben exclusivamente a las poderosas propiedades desintoxicantes de la uva: cuanto peor se encuentre, más intoxicado está.
Cerezas
Utilizadas terapéuticamente, las cerezas son nutritivas, desintoxicantes y laxantes, y estimulan el sistema
nervioso, los órganos vitales y las glándulas. Sus marcadas propiedades antiflogísticas y antiputrescentes hacen de ellas un excelente coadyuvante para combatir los efectos nocivos de la putrefacción de proteínas animales en el tracto intestinal. Las cerezas son aptas para los diabéticos, porque el azúcar que contienen es únicamente levulosa, que puede pasar directamente al torrente sanguíneo sin ser transformada antes por la insulina.
Al igual que en el caso de las uvas, las cerezas oscuras son las más efectivas desde el punto de vista medicinal, y también deben consumirse en crudo para aprovechar sus beneficios terapéuticos. Se las puede masticar o bien beber su zumo recién extraído. La pasteurización, empero, destruye los elementos bioactivos que convierten a las cerezas en un poderoso medicamento. Como alimento infantil, el zumo de cerezas crudas protege el sensible organismo del niño contra toda clase de trastornos digestivos, incluyendo los producidos por la leche de vaca pasteurizada, y aumenta su resistencia a las infecciones. Hay que tener presente que ni la uva ni ningún otro alimento terapéutico podrá producir sus mágicos efectos medicinales a no ser que suprima también los malos hábitos dietéticos que se hallan en la raíz de los problemas. Todos los alimentos terapéuticos actúan mejor cuando se ayuna unos cuantos días y se los consume como dieta exclusiva. Si le sugiere usted este tratamiento para la gota o la artritis al típico médico norteamericano, lo más probable es que se ría de usted en sus propias narices, pero en la Unión Soviética, la comunidad médica se toma muy en serio la cura a base de uvas, así como las irrigaciones colónicas y otras formas de higiene natural.
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Llegados aquí, conviene decir unas palabras sobre los suplementos vitamínicos y minerales. La mayoría de las llamadas vitaminas «naturales» que se hallan hoy a la venta son en realidad productos sintéticos, o bien extractos cristalizados de productos naturales como el salvado, hígado, mantequilla y cítricos. El proceso de extracción exige la aplicación de poderosos disolventes químicos como el éter, la bencina y el alcohol metílico, y de precipitantes como el cloruro de bario o las sales de aluminio y de plomo, así como una destilación a elevadas temperaturas. Todos estos tratamientos químicos desnaturalizan las vitaminas, las Privan de sus sinergizadores naturales y destruyen las enzimas asociadas. Hace decenios que se observó que todos los animales de laboratorio alimentados con dietas «científicamente equilibradas» a base de pienso seco con la adición de minerales y vitaminas sintéticas suelen comerse sus propios excrementos. ¿Por qué? Porque, a pesar de su dieta «enriquecida», su alimentación no contiene nada crudo o fresco y, por tanto, carece de enzimas. De ahí que los animales reciclen instintivamente sus limitados recursos de vitaminas y enzimas, ingiriendo sus propias heces.
Las pruebas contra la eficacia de las vitaminas sintéticas son abumadoras. En 1942, el Journal of
Inmunology publicó los siguientes resultados de un experimento realizado con conejos: cuando se les
administraba vitamina C sintética, los niveles de ácido ascórbico en sangre no aumentaban; cuando se
los alimentaba con coles crudas, los nivele ácido ascórbico en sangre aumentaban significativamente. En
1951, el Dr. E. Cruckshank informó en Food and Nutrition que los pollitos de un grupo alimentado con
vitamina D sintética alcanzaron un peso medio de 345 gramos, frente a los 400 gramos del grupo
alimentado con vitamina D natural extraída del aceite de hígado de bacalao. El 60 Por ciento de los
pollitos del grupo alimentado sintéticamente murieron antes de alcanzar la madurez, en tanto que ni uno
solo de los alimentados naturalmente murió prematuramente.
Las personas que se limitan a una dieta de alimentos elaborados y refinados, complementada con vitaminas sintéticas, se están privando de todos los factores desconocidos -pero esenciales para la salud y la longevidad- que contiene el menú de la Madre Naturaleza. Por consiguiente, lo mejor que puede hacer es basarse principalmente en una dieta de alimentos naturales frescos y complementarla con vitaminas y enzimas obtenidas de fuentes naturales y tomadas en pequeñas dosis, varias veces a lo largo del día. El cuerpo es incapaz de absorber grandes dosis de ningún suplemento, de modo que se limita a excretar el sobrante con la orina y las heces. Como en todos los demás aspectos de la vida, el Tao exige armonía y equilibrio en la dieta, no una superdosis de Yin o de Yang.
En el apéndice III (Primera parte del libro, capítulo 1) se incluye una lista exhaustiva de los alimentos medicinales, clasificados según las enfermedades que pueden curar.
Intro: Alimentos y zumos terapéuticos; Los alimentos y zumos terapéuticos (en el libro) están clasificados según sus afinidades naturales y sus efectos terapéuticos sobre los seis principales aparatos del organismo: el
digestivo, el excretor, el respiratorio, el circulatorio, el nervioso y el reproductor. Dentro de cada apartado, los alimentos y zumos se enumeran según las enfermedades y estados degenerativos que contribuyen a curar y prevenir.
Nota: Muy completo, es extenso, por ende sólo disponible en el libro. Enfermedades como anemia, artritis, gastritis, estreñimiento, tos, insomnio, neuralgia, trastornos oculares, impotencia, trastornos de la menstruación, gota, cáncer, SIDA, entre otros.
Visita mi otro post para dercargar el libro completo:
Frases célebres
"Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento"
— Hipócrates
"La sabiduría se encuentra en la naturaleza, no en los laboratorios"
— Manuel Lezaeta
"Lo que usted come determina su estado mental y quién es usted"
— Dr. Watson
"El sol, el agua y el ejercicio conservan perfectamente la salud a las personas que gozan de una salud perfecta"
— Noel Clarasó
"La felicidad radica, ante todo, en la salud"
— George William Curtis
Personajes como Sócrates, Platón o Pitágoras, eran seguidores de esta alimentación, la cual, era más bien una ciencia espiritual, pero fue Hipócrates el que comenzó a utilizarla como principio de la medicina vegetariana, dejando sus investigaciones y certezas para el tiempo y generaciones venideras.
Hipócrates defendía que el cuerpo del ser humano ha de combatir sus propias enfermedades, creando sus propias defensas con los alimentos que ingiere, a través de la alimentación, se consiguen los nutrientes necesarios para no contraer enfermedades y desarrollar el sistema inmunológico.
— Hipócrates
"La sabiduría se encuentra en la naturaleza, no en los laboratorios"
— Manuel Lezaeta
"Lo que usted come determina su estado mental y quién es usted"
— Dr. Watson
"El sol, el agua y el ejercicio conservan perfectamente la salud a las personas que gozan de una salud perfecta"
— Noel Clarasó
"La felicidad radica, ante todo, en la salud"
— George William Curtis
Personajes como Sócrates, Platón o Pitágoras, eran seguidores de esta alimentación, la cual, era más bien una ciencia espiritual, pero fue Hipócrates el que comenzó a utilizarla como principio de la medicina vegetariana, dejando sus investigaciones y certezas para el tiempo y generaciones venideras.
Hipócrates defendía que el cuerpo del ser humano ha de combatir sus propias enfermedades, creando sus propias defensas con los alimentos que ingiere, a través de la alimentación, se consiguen los nutrientes necesarios para no contraer enfermedades y desarrollar el sistema inmunológico.