Muchas cosas pasan en este país que nos golpean, pero pocas veces en la vida tan cuadriculada que vive uno, nos damos cuenta; Hoy nos dieron la noticia de que prohibirán el comercio de cajetillas con menos de 20 cigarros, porque al parecer son más asequibles para los públicos jóvenes.
Esa sí que fue una puñalada.
Si pudiese volver el tiempo y tener diecisiete años de nuevo, seguramente no hubiese escogido comenzar a fumar. Creo que jamás se extraña lo que no se conoce.
Y aunque no pretendo dejarlo, aún con todas las restricciones que hay (y que vendrán) quería escribir este artículo para hacerles saber que también hay algunos que estamos al otro lado de la moneda.
No quiero hacer de este artículo una defensa al cigarrillo y al cáncer de pulmón, solo intento ponerme del lado de los míos, de los fumadores. De pasada les cuento que no somos pocos, somos varios; y alguien, por favor detenga esta persecución.
No estoy de acuerdo con la ley de tabaco. No creo que sea justo tener que pagar precios ridículamente altos por una cajetilla de cigarros. No estoy de acuerdo con las imágenes de personas enfermas. Si vamos a hacer algo por la salud de las personas, tomémoslo todo, y también pongamos fotos de gente obesa en las hamburguesas de mc donalds, pongamos un anuncio en el tomate transgénico. Pongamos un anuncio en todas las mierdas tóxicas que metemos en nuestra boca sin saber. Hacer el bien sin mirar a quien, dicen por ahí.
Mi teoría es que hay un montón de instancias que solo se alcanzan fumando. Y para hacer este artículo un poco más lúdico, ennumeré cinco de ellas para confirmar tan absurda hipótesis:
Hace de catalizador en situaciones sociales incómodas: Porque sí, hay situaciones sociales que son incómodas, de hecho, la mayoría de ellas lo son.
Y créanme, en cualquier parte del mundo habrá alguien de acuerdo conmigo cuando digo que prender un cigarro si alivia la presión de no saber. Incluso pedir un encendedor es una excusa válida para entablar una conversación. Para hacer menos tediosa la espera. Para no sucumbir ante la maldita tentación de mirar el celular como un zombie.
Alarga una conversación: Si hay algo que la ley hizo bien, fue prohibir el fumar en recintos cerrados. Seamos conscientes, hay gente que no tiene culpa alguna de este vicio, por tanto no tiene que bancárselo gratuitamente.
Para los demás, fue el momento perfecto en que empezaste a cavar en conversaciones más profundas “en el último puchito”, en el que empezaste a tomarte el tiempo necesario para disfrutar tu vicio y además te diste cuenta de que conversar en realidad es divertido, y que pasado un punto vas a añorar esos momentos en los que sólo podías fumar y hablar de las cosas del mundo. Y además:
En el momento en que empezamos a salir del bar para poder fumar, encontramos a más gente haciendo lo mismo y por lo tanto, creamos otra instancia para conocernos. Es así, y el que diga lo contrario que lo intente.
Probablemente, estás comiendo menos: Es una posibilidad, no a todos les pasa pero resulta ser una tendencia el hecho de que quienes dejan de fumar, engordan.
El ejercicio de fumar tiene que ver en gran parte con tu ansiedad. Pues adivina que pasó en el momento que lo dejaste: empezaste a llenar ese vacío al principio con chicles, luego con una barra de chocolate y después con galletitas. Es así, la ansiedad es la razón por la que varios no luciremos un cuerpo de bikini este verano.
No estás quemando la plata: Quién no ha oído esa tediosa frase, “Pues con toda la plata que gastas en cigarros te hubieses comprado un ferrari”. La verdad es que las cosas no funcionan de esa forma, si hay una razón por la que no tienes plata, es porque gastas en cosas innecesarias para impresionar a gente intrascendente. He conocido millones de personas que jamás han encendido un puto cigarro y tampoco tienen un Ferrari. Where’s your god now.
Se supone que somos libres: Este artículo no es una defensa a lo indefendible que es fumar. Es más bien un llamado para detener esta persecución ridícula, en donde últimamente los fumadores somos una especie de leprosos sociales.
Hay que ser prudente, no fumes cuando estés con gente que no lo hace porque es cierto que su olfato es más agudo que el nuestro. No botes las colillas en la calle. No botes los cigarros prendidos.
Pero somos un país libre. Es el mismo llamado que hago a las personas que fuman marihuana, a aquellos que no pueden darse la mano porque resultan ser del mismo sexo. A los que les quitan las guitarras en la calle. No estamos en dictadura.
A pesar de todo, somos parte de un lindo país que tiene varias cosas más que ofrecer que de quejarse y si la libertad empieza por casa, comienza tú por sentirte tan absolutamente libre, que tu sola existencia lo grite.
Se prudente, se educado y se decente. Pero no seas huevón. Nadie debería decirnos con qué sustancias enajenar o no nuestra mente, esa decisión es tuya y mal que mal fumarse una vida anestesiada de costumbre, miedo y resignación también mata.
Aunque no salga en las cajetillas, y a nadie le interese hacer una ley contra eso.
Esa sí que fue una puñalada.
Si pudiese volver el tiempo y tener diecisiete años de nuevo, seguramente no hubiese escogido comenzar a fumar. Creo que jamás se extraña lo que no se conoce.
Y aunque no pretendo dejarlo, aún con todas las restricciones que hay (y que vendrán) quería escribir este artículo para hacerles saber que también hay algunos que estamos al otro lado de la moneda.
No quiero hacer de este artículo una defensa al cigarrillo y al cáncer de pulmón, solo intento ponerme del lado de los míos, de los fumadores. De pasada les cuento que no somos pocos, somos varios; y alguien, por favor detenga esta persecución.
No estoy de acuerdo con la ley de tabaco. No creo que sea justo tener que pagar precios ridículamente altos por una cajetilla de cigarros. No estoy de acuerdo con las imágenes de personas enfermas. Si vamos a hacer algo por la salud de las personas, tomémoslo todo, y también pongamos fotos de gente obesa en las hamburguesas de mc donalds, pongamos un anuncio en el tomate transgénico. Pongamos un anuncio en todas las mierdas tóxicas que metemos en nuestra boca sin saber. Hacer el bien sin mirar a quien, dicen por ahí.
Mi teoría es que hay un montón de instancias que solo se alcanzan fumando. Y para hacer este artículo un poco más lúdico, ennumeré cinco de ellas para confirmar tan absurda hipótesis:
Hace de catalizador en situaciones sociales incómodas: Porque sí, hay situaciones sociales que son incómodas, de hecho, la mayoría de ellas lo son.
Y créanme, en cualquier parte del mundo habrá alguien de acuerdo conmigo cuando digo que prender un cigarro si alivia la presión de no saber. Incluso pedir un encendedor es una excusa válida para entablar una conversación. Para hacer menos tediosa la espera. Para no sucumbir ante la maldita tentación de mirar el celular como un zombie.
Alarga una conversación: Si hay algo que la ley hizo bien, fue prohibir el fumar en recintos cerrados. Seamos conscientes, hay gente que no tiene culpa alguna de este vicio, por tanto no tiene que bancárselo gratuitamente.
Para los demás, fue el momento perfecto en que empezaste a cavar en conversaciones más profundas “en el último puchito”, en el que empezaste a tomarte el tiempo necesario para disfrutar tu vicio y además te diste cuenta de que conversar en realidad es divertido, y que pasado un punto vas a añorar esos momentos en los que sólo podías fumar y hablar de las cosas del mundo. Y además:
En el momento en que empezamos a salir del bar para poder fumar, encontramos a más gente haciendo lo mismo y por lo tanto, creamos otra instancia para conocernos. Es así, y el que diga lo contrario que lo intente.
Probablemente, estás comiendo menos: Es una posibilidad, no a todos les pasa pero resulta ser una tendencia el hecho de que quienes dejan de fumar, engordan.
El ejercicio de fumar tiene que ver en gran parte con tu ansiedad. Pues adivina que pasó en el momento que lo dejaste: empezaste a llenar ese vacío al principio con chicles, luego con una barra de chocolate y después con galletitas. Es así, la ansiedad es la razón por la que varios no luciremos un cuerpo de bikini este verano.
No estás quemando la plata: Quién no ha oído esa tediosa frase, “Pues con toda la plata que gastas en cigarros te hubieses comprado un ferrari”. La verdad es que las cosas no funcionan de esa forma, si hay una razón por la que no tienes plata, es porque gastas en cosas innecesarias para impresionar a gente intrascendente. He conocido millones de personas que jamás han encendido un puto cigarro y tampoco tienen un Ferrari. Where’s your god now.
Se supone que somos libres: Este artículo no es una defensa a lo indefendible que es fumar. Es más bien un llamado para detener esta persecución ridícula, en donde últimamente los fumadores somos una especie de leprosos sociales.
Hay que ser prudente, no fumes cuando estés con gente que no lo hace porque es cierto que su olfato es más agudo que el nuestro. No botes las colillas en la calle. No botes los cigarros prendidos.
Pero somos un país libre. Es el mismo llamado que hago a las personas que fuman marihuana, a aquellos que no pueden darse la mano porque resultan ser del mismo sexo. A los que les quitan las guitarras en la calle. No estamos en dictadura.
A pesar de todo, somos parte de un lindo país que tiene varias cosas más que ofrecer que de quejarse y si la libertad empieza por casa, comienza tú por sentirte tan absolutamente libre, que tu sola existencia lo grite.
Se prudente, se educado y se decente. Pero no seas huevón. Nadie debería decirnos con qué sustancias enajenar o no nuestra mente, esa decisión es tuya y mal que mal fumarse una vida anestesiada de costumbre, miedo y resignación también mata.
Aunque no salga en las cajetillas, y a nadie le interese hacer una ley contra eso.