¿Por qué hacen lo que hacen los valientes?
Hace un par de días, una camioneta de asalto y un camión hidrante de la policía chilena fueron detenidos por la contundencia de un músico y su guitarra. En 1989, en la plaza Tiananmen, de China, un joven hizo lo mismo con cuatro tanques de guerra. ¿De dónde sacaron fuerza para detener la suma de las fuerzas? ¿En qué concluyen sus arrojos? Mirá los videos, sacá tus conclusiones.
A ver: no es que falten los valientes ni que sobren los cobardes. El problema son los que están en medio, sentados en el cine con un balde de pochoclos y un litro de gaseosas; cargados con paquetes de boutique, tirados en el sillón con el control remoto; enamorados perdidamente de los malabaristas que se hacen los fantásticos en las pantallas de sus notebooks.
Que la valentía se acerca a la estupidez, es un concepto que fatigan los trompeteros que nada hacen jamás con sus vidas, sino que transcurren por ellas como una marcha atrás, dentro de un avión descompuesto a un costado de la pista.
Y que la valentía es patrimonio de los valientes, es una mentira que ejercitan los cómodos, los satisfechos de sí mismos: la valentía es, justamente, un acto supremo de desesperados.
Mucho daño al respecto nos ha hecho los profetas con sus mantos y monólogos, Hollywood y la Grecia Clásica y sus mitologías, convenciéndonos de que el valiente, el superhéroe, nace como elegido, o bien, se topa con un sino mágico que lo constituye en extraordinario.
Ahí tenemos a Teseo con una espada de bronce, a Sansón con su melena y su mandíbula de burro, al Capitán América con su escudo, a Aquiles sumergido en la laguna Estigia, a Peter Parker y su picadura de araña, a Perceo, con su hoz de acero y sus sandalias, al Increíble Hulk y sus tostados de rayos gamma, a Jasón y su vellocino, a los jedis y sus espadas flúo, a Thor y su martillo imposible.
Sin embargo, nada más alejado, amigos: digamos ya mismo que valiente es aquel que, ante una fuerza tremebunda, ejerce una fuerza mayor surgida del pecho mismo de su desamparo. Valiente no es el poderoso, sino el débil que se olvida de sí mismo.
Y digamos algo más: poco tiene que ver la osadía con la valentía. Los osados escalan paredes empinadas, bucean con tiburones o corren carreras de lo que sea; en cambio, los valientes siempre hacen algo por su pueblo. No hay héroe, si en las acciones que ejecuta, no hay algún tipo de salida para el pueblo que lo contiene.
Vamos a un ejemplo: hace un par de días, en Chile, un guitarrista empuñó su guitarra y con ella detuvo una camioneta de asalto y un camión hidrante.
Este es el video:
¿Qué habrá estado tocando en su guitarra el valiente artista sin espaldas? ¿Qué gracias a la vida habrá dado este bravo músico que se mantuvo de pie en la adversidad?
Al final de su canción, el hombre rompió su guitarra contra el asfalto para que ya a nadie contara sus virtudes. ¿Cuál fue la última canción con la que se dejó estremecer ese instrumento? ¿Qué imposible música urdió, que ya jamás resonará en nuestros oídos? Estas respuestas habrán de dar carnadura ahora a la mítica del valiente.
Por lo pronto, digamos: estas imágenes, si bien las miramos, nos meten el hocico en el plato fundamental de la belleza. Esto es: la belleza, sin valentía, es mera ornamentación.
Brindemos, entonces, por el artista, por el arte y también por la sabia decisión policial de pisar el freno, porque ninguno de nosotros necesita de mártires. La necesidad de que la educación en Chile sea pública podrá seguir viviendo en el pecho de ese valiente músico sin espaldas. Y tal vez, dentro de un año o dos, esos mismos carabineros que pisaron el freno, podrán educar a sus hijos y verlos llegar a la universidad.
Vamos a otro caso: hace unos años, en China, pasó algo semejante, aunque más dramático. En 1989, la protestan en la plaza Tiananmen dejaron alrededor de dos mil muertos, todos jóvenes.
Uno de ellos, el valiente de la historia, se paró ante cuatro tanques armado con una banderita de trapo. Pasó a la inmortalidad como “El hombre del tanque de Tiananmen” o el “Rebelde desconocido”.
http://es.wikipedia.org/wiki/El_hombre_del_tanque_de_Tiananmen
Este es su video:
¿Qué estamos haciendo nosotros, mientras la gloria se nos ofrece como una virgen náufraga? ¿Qué dejaremos al irnos como talismán de lo digno de ser recordado? ¿Para qué vinimos, nacimos, crecimos y dimos este paseo idiota por el cuero planetario?
Estos dos hombres, sin dudas, han dejado una tremenda marca en el inconsciente de sus pueblos. Miles de acciones, menores, pero necesarias, serán inspiradas por sus ejemplos.
Miren a los valientes: apoyados en su fragilidad, como un Cristo, son capaces de derrumbar cualquier imperio. Ya lo sabemos: el peor de los tsunamis empieza con el imperceptible aleteo de una mariposa. Los grandes cambios sociales, también.
Hace un par de días, una camioneta de asalto y un camión hidrante de la policía chilena fueron detenidos por la contundencia de un músico y su guitarra. En 1989, en la plaza Tiananmen, de China, un joven hizo lo mismo con cuatro tanques de guerra. ¿De dónde sacaron fuerza para detener la suma de las fuerzas? ¿En qué concluyen sus arrojos? Mirá los videos, sacá tus conclusiones.
A ver: no es que falten los valientes ni que sobren los cobardes. El problema son los que están en medio, sentados en el cine con un balde de pochoclos y un litro de gaseosas; cargados con paquetes de boutique, tirados en el sillón con el control remoto; enamorados perdidamente de los malabaristas que se hacen los fantásticos en las pantallas de sus notebooks.
Que la valentía se acerca a la estupidez, es un concepto que fatigan los trompeteros que nada hacen jamás con sus vidas, sino que transcurren por ellas como una marcha atrás, dentro de un avión descompuesto a un costado de la pista.
Y que la valentía es patrimonio de los valientes, es una mentira que ejercitan los cómodos, los satisfechos de sí mismos: la valentía es, justamente, un acto supremo de desesperados.
Mucho daño al respecto nos ha hecho los profetas con sus mantos y monólogos, Hollywood y la Grecia Clásica y sus mitologías, convenciéndonos de que el valiente, el superhéroe, nace como elegido, o bien, se topa con un sino mágico que lo constituye en extraordinario.
Ahí tenemos a Teseo con una espada de bronce, a Sansón con su melena y su mandíbula de burro, al Capitán América con su escudo, a Aquiles sumergido en la laguna Estigia, a Peter Parker y su picadura de araña, a Perceo, con su hoz de acero y sus sandalias, al Increíble Hulk y sus tostados de rayos gamma, a Jasón y su vellocino, a los jedis y sus espadas flúo, a Thor y su martillo imposible.
Sin embargo, nada más alejado, amigos: digamos ya mismo que valiente es aquel que, ante una fuerza tremebunda, ejerce una fuerza mayor surgida del pecho mismo de su desamparo. Valiente no es el poderoso, sino el débil que se olvida de sí mismo.
Y digamos algo más: poco tiene que ver la osadía con la valentía. Los osados escalan paredes empinadas, bucean con tiburones o corren carreras de lo que sea; en cambio, los valientes siempre hacen algo por su pueblo. No hay héroe, si en las acciones que ejecuta, no hay algún tipo de salida para el pueblo que lo contiene.
Vamos a un ejemplo: hace un par de días, en Chile, un guitarrista empuñó su guitarra y con ella detuvo una camioneta de asalto y un camión hidrante.
Este es el video:
¿Qué habrá estado tocando en su guitarra el valiente artista sin espaldas? ¿Qué gracias a la vida habrá dado este bravo músico que se mantuvo de pie en la adversidad?
Al final de su canción, el hombre rompió su guitarra contra el asfalto para que ya a nadie contara sus virtudes. ¿Cuál fue la última canción con la que se dejó estremecer ese instrumento? ¿Qué imposible música urdió, que ya jamás resonará en nuestros oídos? Estas respuestas habrán de dar carnadura ahora a la mítica del valiente.
Por lo pronto, digamos: estas imágenes, si bien las miramos, nos meten el hocico en el plato fundamental de la belleza. Esto es: la belleza, sin valentía, es mera ornamentación.
Brindemos, entonces, por el artista, por el arte y también por la sabia decisión policial de pisar el freno, porque ninguno de nosotros necesita de mártires. La necesidad de que la educación en Chile sea pública podrá seguir viviendo en el pecho de ese valiente músico sin espaldas. Y tal vez, dentro de un año o dos, esos mismos carabineros que pisaron el freno, podrán educar a sus hijos y verlos llegar a la universidad.
Vamos a otro caso: hace unos años, en China, pasó algo semejante, aunque más dramático. En 1989, la protestan en la plaza Tiananmen dejaron alrededor de dos mil muertos, todos jóvenes.
Uno de ellos, el valiente de la historia, se paró ante cuatro tanques armado con una banderita de trapo. Pasó a la inmortalidad como “El hombre del tanque de Tiananmen” o el “Rebelde desconocido”.
http://es.wikipedia.org/wiki/El_hombre_del_tanque_de_Tiananmen
Este es su video:
¿Qué estamos haciendo nosotros, mientras la gloria se nos ofrece como una virgen náufraga? ¿Qué dejaremos al irnos como talismán de lo digno de ser recordado? ¿Para qué vinimos, nacimos, crecimos y dimos este paseo idiota por el cuero planetario?
Estos dos hombres, sin dudas, han dejado una tremenda marca en el inconsciente de sus pueblos. Miles de acciones, menores, pero necesarias, serán inspiradas por sus ejemplos.
Miren a los valientes: apoyados en su fragilidad, como un Cristo, son capaces de derrumbar cualquier imperio. Ya lo sabemos: el peor de los tsunamis empieza con el imperceptible aleteo de una mariposa. Los grandes cambios sociales, también.