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Tender la cama, un arte ninguneado.

Offtopic10/21/2015


Es sencillo menospreciar semejante actividad que, vaya uno a saber el motivo, siempre ha quedado relegada en comparación a limpiar el baño o a lavar los vidrios de las ventanas; es sencillo asumir que es una tarea trivial, del montón. Sin embargo saber cambiar las sábanas es indispensable para que la cama se mantenga en perfectas condiciones durante las horas que uno determine dormir, mirar tele o lo que se le antoje hacer encima de ella.

Y acá es donde algún distraído podría pensar en que la cuestión no está en cambiar bien las sábanas, sino en tender bien la cama. ¡No señor! Esa falacia de seguro proviene de la boca de algún afamado personaje, formador de buenos hábitos, quien dijo que era de gran amo de casa tender la cama todos los días porque, claramente, era espantoso cambiando las sábanas (fíjense que dicha premisa logra disimular su carencia: tanto el que hace bien cosas y necesita apenas estirar la sábana como el que hace todo mal y cada día debe comenzar el armado desde cero quedan igualados).

Hay grandes problemas que se sufren por un mal cambiado de sábanas. Uno de ellos es que, en general, cada nivel utilizado para taparse (sábana, frazada, acolchado) responde de manera autónoma a medida que transcurre la noche. Cada implemento se mueve a criterio, no respeta una sincronía: mientras la sábana tiende a correrse hacia la derecha, la frazada lo hace hacia la izquierda, y de pronto nos encontramos en el medio de la noche sintiendo esa tela peludita que tanto molesta, esa que no debería rozarnos ya que para algo está la sábana. Y eso no se arregla con un nuevo tendido de cama, porque al otro día, pummm, pasa lo mismo.

Otra situación muy normal es que el acolchado comience, poco a poco y con ayuda del movimiento de las patas, a bajar y bajar, al límite de caer por el peso hacia los pies de la cama, generando que los más distraídos, los que no se percataron de semejante cosa, terminen despertándose en medio de la noche, muertos de frío. O, peor, los que alcanzan a notarlo pero no tienen la lucidez de la vigilia (¿quién puede tenerla estando entredormido?) pegan el manotón para agarrar el acolchado, y con eso tiran hacia arriba, todo a la vez, sábana, frazada y acolchado, generando que los dos implementos de abajo, los que no se habían corrido, suban más de lo previsto, haciendo que se salgan de su sitio, dejándote los pies al aire (o tocando directamente el acolchado, que es igual de espantoso).

Son miles los ejemplos que delatan el problema. Entonces, ¿por qué no se lo valoriza? ¿Por qué no hay academias que te formen en dicha materia? Es difícil cambiar el mundo, pero al menos hay que intentarlo. Y desde mi humilde lugar, voy a cooperar.

Primero: Hay que meterse en la cabeza que no se debe reparar en gastos a la hora de comprar implementos que mejoren tu estadía en la cama. Al igual que el colchón, tener sábanas de buena calidad favorece al mantenimiento de las frazadas y acolchados en su lugar, y permite que el cuerpo respire bien, que no termine generando esa especie de sudor, sobre todo en los pies, que hace que se peguen contra la sábana, y ahí te movés y arrastrás, pies y sábana, y ahí no hay escapatoria.

Y segundo: Es vital para un buen armado el tema del elástico en la sábana de abajo y los nudos en la de arriba. Si usamos sábanas de la medida del colchón, nos dará la impresión que quedan más chicas de lo necesario, y eso está bien, porque lo esencial es que todo quede tirante. No queremos que sobre material, y que terminen formándose pliegues, fruto de los movimientos inconscientes durante nuestro pernocte. ¡Ojo con los nudos en la sábana de arriba! Si quedan muy sobre la puntita no generan el “embolsamiento” necesario para ajustarse con los ángulos de la cama, y si está anudado muy lejos de las puntas “roba” mucha sábana y termina quedando baja, lo que estimula a tironear de ella recurrentemente, y otra vez los problemas.

Listo, ya se puede empezar a probar. Prueba y error es lo mejor en estos casos. Cuando descubrís que te da pena cambiar las sábanas porque están en perfectas condiciones, ahí lograste tu objetivo. Es cierto que semejante habilidad incentiva a la escasa pulcritud, porque a medida que avanza el tiempo, o que las ocupaciones son muchas, divisar que la cama está perfecta te lleva a patear hacia adelante el tiempo de reposición de sábanas; es cierto que el que la tiende horrible se cansará de hacer “arreglos” a medias y optará por colocar unas nuevas, limpias, pero ese ya es otro tema: serás un tipo bastante mugriento pero no un bobeta que hace mal la cama.
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