La historia no tiene nombre.
La noche, una habitación, dos voces, una persona, miles de sentimientos, 10 minutos, locura eterna.
Diez minutos, no más ni menos para sumir a una persona a la más miserable locura; la cordura ciega y fría, la realidad cruda.
Tenemos una enfermiza adicción por estar bien, por sonreír, por estar felices, por vivir bien, pasamos la vida creyendo que estar triste está mal, que ser infeliz no es un objetivo, que la vida no tiene otro sentido más que vivirla de una manera placentera…
Pero no es así…. O al menos no lo es para mí, hace mucho que ya perdí mi norte moral, ya no sé, ni puedo distinguir el bien del mal, todo perdió sentido, no hay diferencia entre sufrir y amar ahora, esto que siento ahora mismo no es malo ni bueno, no es nada, ni siquiera son las dos cosas a la vez, sólo no existe, sólo no pasa, sólo nadie más se da cuenta.
Es peligroso cuando una persona pierde su norte moral porque prácticamente es libre de hacer cualquier cosa, cualquier locura, cualquier estupidez o cualquier genialidad, pero en mi caso no es así, no hay ánimos de hacer nada, absolutamente nada, no he salido de esta prisión de cuatro paredes frías y sin sentido durante más de cuatro meses calculo, la verdad es que no lo sé, no me importan las fechas, no hay nada que las fechas me puedan dar y no hay nada que yo le pueda ofrecer a las fechas para ser sincero, no hay nada importante ahí afuera y no hay nada importante aquí adentro, lo acepto, pero al menos puedo estar con mi soledad, con mi alegría y mi sufrimiento de saberme perdido, de saberme sin sentido, de saberme sin dudas.
Debido a mi situación de atrincheramiento en esta celda moral de subversiones y rebeliones mortales y a que esta celda de cuatro muros rodeando mi cabeza es rentada me han venido a buscar tantas veces o mejor dicho han venido a buscar aquel trozo de papel que es lo único que realmente conecta emociones y sentimientos en aquel mundo de afuera de los que dicen ser libres, dicen ser libres, más todos vuelven a sus celdas de cuatro muros infinitas y sórdidas tal cual lo es la mía, sin embargo ellos al saberse en una existencia única e irrepetible y al creerse y rezar miles de cuentos morales y sociales, viven felices, viven con sus familias, con sus esposas, haciendo aquello que llaman sexo, aquello que los une, aquello cuyo placer llega a lo celestial… Aquello que yo simplemente no puedo encontrar.
Deje de sentir toda atracción sexual y emocional por cualquier repulsión de ser vivo que ande fuera de estas cuatro paredes, nada me interesa, para mi todas aquellas mujeres y hombres no son más que seres amorfos con extremidades y bocas que sobran, pues sólo sirven para decir burradas y vulgaridades existenciales como lo son la vida misma y las invenciones que hacen de aquellas cosas amorfas seres aún más sin sentido, sin imaginación, sin posibilidad de llegar a este estado en el que estoy yo, al estado más puro e impuro a la vez, a la total iluminación y a la total oscuridad, al vacío y a lo lleno, al tipo de hambre es insaciable y que a la vez es la única posible de saciar.
Mi tiempo no lo malgasto, lo tiro mirando fijamente a una de esas cuatro paredes cada día de la semana, cada hora y cada minuto, si me es posible mirar aquellos muros sin parpadear hasta que los ojos se me sequen y de ellos empiece a brotar sal, lo hago, lo hago no buscando iluminación, no la busco porque ya la encontré, no lo hago buscando oscuridad, no la busco porque ya la tengo, no sé porque lo hago, simplemente lo hago, no hay otra cosa más digna para mí que ver, estudiar y analizar aquellas paredes que me mantienen preso dentro de todos mis pensamientos, esas paredes cuya longitud, cuyo espesor y ancho delimitan los límites de algo más grande que sólo una pequeña mota de polvo en el mundo y de una ínfima parte del universo, sino que más que eso delimitan un nuevo universo, un nuevo universo creado por mí y para mí, ahí dentro, aquí dentro no hay nada más que mi existir, no hay física, todas las reglas de la física son insatisfechas dentro de mi universo, puedo ver revolotear a la maldad y a la bondad a la vez atravesando sus respectivos cuerpos buenos y malos, puedo ver cómo todo se mueve sin ton ni son de un lado para otro creando caos por todo el espacio, puedo ver las cosas caer aplastadas por la ingravidez que todo provoca, destello de luz que provocan oscuridad y explosiones que no causan vida, efectos del cielo, efectos no de la droga mortal como lo es el LSD o la mariguana, sino efectos de una mente que ha podido salir de aquellos vicios terrenales y se ha encerrado en los vicios mentales, los vicios del ser y del no ser, mis vicios, míos y de nadie más.
No tengo pensado compartir mis experiencias, son mías y de nadie más, nadie más ha sufrido tanto y ha perdido todo, nadie más ha disfrutado tanto y ha ganado tanto como yo como para merecer o no esto, no tengo ninguna intención de traer a más cosas a la situación a la que estoy, ellos simplemente deben buscar su camino y deben perder verdaderamente el sentido de toda existencia y de toda casualidad para poder venir aquí, si algún día alguien cae aquí con la más clara locura y con la más cuerda demencia será bienvenido o es lo que supongo, pues esta mente no maquina más que egoísmo dentro de estas cuatro paredes, pero no soy yo quien decide, no hay nadie que decide, es el placer de poder saberme perdido con alguien, es el placer de poder ir a donde nadie ha ido y no hacerlo solo, no es que tema a la soledad, no es que la soledad me aterre, la soledad no me aterra nunca lo ha hecho, y nunca lo hará, la soledad no me da miedo, la soledad me es indiferente, la soledad no importa, la soledad…
La soledad.
La noche, una habitación, dos voces, una persona, miles de sentimientos, 10 minutos, locura eterna.
Diez minutos, no más ni menos para sumir a una persona a la más miserable locura; la cordura ciega y fría, la realidad cruda.
Tenemos una enfermiza adicción por estar bien, por sonreír, por estar felices, por vivir bien, pasamos la vida creyendo que estar triste está mal, que ser infeliz no es un objetivo, que la vida no tiene otro sentido más que vivirla de una manera placentera…
Pero no es así…. O al menos no lo es para mí, hace mucho que ya perdí mi norte moral, ya no sé, ni puedo distinguir el bien del mal, todo perdió sentido, no hay diferencia entre sufrir y amar ahora, esto que siento ahora mismo no es malo ni bueno, no es nada, ni siquiera son las dos cosas a la vez, sólo no existe, sólo no pasa, sólo nadie más se da cuenta.
Es peligroso cuando una persona pierde su norte moral porque prácticamente es libre de hacer cualquier cosa, cualquier locura, cualquier estupidez o cualquier genialidad, pero en mi caso no es así, no hay ánimos de hacer nada, absolutamente nada, no he salido de esta prisión de cuatro paredes frías y sin sentido durante más de cuatro meses calculo, la verdad es que no lo sé, no me importan las fechas, no hay nada que las fechas me puedan dar y no hay nada que yo le pueda ofrecer a las fechas para ser sincero, no hay nada importante ahí afuera y no hay nada importante aquí adentro, lo acepto, pero al menos puedo estar con mi soledad, con mi alegría y mi sufrimiento de saberme perdido, de saberme sin sentido, de saberme sin dudas.
Debido a mi situación de atrincheramiento en esta celda moral de subversiones y rebeliones mortales y a que esta celda de cuatro muros rodeando mi cabeza es rentada me han venido a buscar tantas veces o mejor dicho han venido a buscar aquel trozo de papel que es lo único que realmente conecta emociones y sentimientos en aquel mundo de afuera de los que dicen ser libres, dicen ser libres, más todos vuelven a sus celdas de cuatro muros infinitas y sórdidas tal cual lo es la mía, sin embargo ellos al saberse en una existencia única e irrepetible y al creerse y rezar miles de cuentos morales y sociales, viven felices, viven con sus familias, con sus esposas, haciendo aquello que llaman sexo, aquello que los une, aquello cuyo placer llega a lo celestial… Aquello que yo simplemente no puedo encontrar.
Deje de sentir toda atracción sexual y emocional por cualquier repulsión de ser vivo que ande fuera de estas cuatro paredes, nada me interesa, para mi todas aquellas mujeres y hombres no son más que seres amorfos con extremidades y bocas que sobran, pues sólo sirven para decir burradas y vulgaridades existenciales como lo son la vida misma y las invenciones que hacen de aquellas cosas amorfas seres aún más sin sentido, sin imaginación, sin posibilidad de llegar a este estado en el que estoy yo, al estado más puro e impuro a la vez, a la total iluminación y a la total oscuridad, al vacío y a lo lleno, al tipo de hambre es insaciable y que a la vez es la única posible de saciar.
Mi tiempo no lo malgasto, lo tiro mirando fijamente a una de esas cuatro paredes cada día de la semana, cada hora y cada minuto, si me es posible mirar aquellos muros sin parpadear hasta que los ojos se me sequen y de ellos empiece a brotar sal, lo hago, lo hago no buscando iluminación, no la busco porque ya la encontré, no lo hago buscando oscuridad, no la busco porque ya la tengo, no sé porque lo hago, simplemente lo hago, no hay otra cosa más digna para mí que ver, estudiar y analizar aquellas paredes que me mantienen preso dentro de todos mis pensamientos, esas paredes cuya longitud, cuyo espesor y ancho delimitan los límites de algo más grande que sólo una pequeña mota de polvo en el mundo y de una ínfima parte del universo, sino que más que eso delimitan un nuevo universo, un nuevo universo creado por mí y para mí, ahí dentro, aquí dentro no hay nada más que mi existir, no hay física, todas las reglas de la física son insatisfechas dentro de mi universo, puedo ver revolotear a la maldad y a la bondad a la vez atravesando sus respectivos cuerpos buenos y malos, puedo ver cómo todo se mueve sin ton ni son de un lado para otro creando caos por todo el espacio, puedo ver las cosas caer aplastadas por la ingravidez que todo provoca, destello de luz que provocan oscuridad y explosiones que no causan vida, efectos del cielo, efectos no de la droga mortal como lo es el LSD o la mariguana, sino efectos de una mente que ha podido salir de aquellos vicios terrenales y se ha encerrado en los vicios mentales, los vicios del ser y del no ser, mis vicios, míos y de nadie más.
No tengo pensado compartir mis experiencias, son mías y de nadie más, nadie más ha sufrido tanto y ha perdido todo, nadie más ha disfrutado tanto y ha ganado tanto como yo como para merecer o no esto, no tengo ninguna intención de traer a más cosas a la situación a la que estoy, ellos simplemente deben buscar su camino y deben perder verdaderamente el sentido de toda existencia y de toda casualidad para poder venir aquí, si algún día alguien cae aquí con la más clara locura y con la más cuerda demencia será bienvenido o es lo que supongo, pues esta mente no maquina más que egoísmo dentro de estas cuatro paredes, pero no soy yo quien decide, no hay nadie que decide, es el placer de poder saberme perdido con alguien, es el placer de poder ir a donde nadie ha ido y no hacerlo solo, no es que tema a la soledad, no es que la soledad me aterre, la soledad no me aterra nunca lo ha hecho, y nunca lo hará, la soledad no me da miedo, la soledad me es indiferente, la soledad no importa, la soledad…
La soledad.