Los animales muertos que los vegetarianos olvidan
Una dieta vegana también provoca la muerte de animales.
Los veganos y los vegetarianos miran al resto de la humanidad con cierta mezcla de lástima y desprecio. Nosotros, los omnívoros, causantes de la matanza de miles de millones de animales, incapaces de comprender la naturaleza vegetariana de la especie humana. Merecemos achicharrarnos en el infierno. Mientras ellos, con una fuente de ensalada por menú, disfrutarán la beatitud.
¡Pamplinas! La mesa de los prosélitos al veganismo está manchada de sangre. Sin embargo, la propaganda vegana prefiere ignorar el exterminio que sustenta al cultivo de cereales, leguminosas, vegetales y frutas. Y aunque la carne de los animales sacrificados no termine en el plato, una estricta dieta vegetariana también provoca daños a la biodiversidad.
Muerte en la ensalada
La agricultura ocasiona la aniquilación de millones de animales: lagartos, serpientes, ratones, insectos, innombrables especies que habitan en el campo. Mueren durante las labores de preparación de la tierra y en la cosecha, principalmente por el uso de maquinaria, y también después, envenenados en los sitios donde se almacenan los alimentos. Las estadísticas sobre esta carnicería escasean.
El desarrollo de la industria agrícola ha transformado el aspecto de vastas regiones. La biodiversidad ha pagado las consecuencias del cultivo masivo de algunos productos como la soya, el maíz, el trigo, el arroz, tomates, patatas… Pero no solo a esta escala ocurre la matanza. Hasta las más pequeñas granjas dañan la fauna local.
¿Por qué ningún vegetariano parece indignarse por este sufrimiento animal? ¿Qué hace a las vacas, cerdos y aves superiores a las criaturas que proliferan en las zonas rurales? Como ha dicho el científico australiano Mike Archer, deberíamos dejar de ser hipócritas y aceptar que la muerte de otros animales es necesaria para la supervivencia de la especie humana. Luego, la pretendida pureza de los veganos y otros críticos extremistas de la mayoría omnívora carece de fundamento.
Solo una ganadería a escala industrial puede mantener los niveles de consumo en los países desarrollados (Robert …
El problema está en el supermercado
O más bien en el insostenible sistema de consumo que engendra la abundancia de alimentos en los mercados de los países desarrollados. Los gigantes de la industria de los alimentos han atrofiado la agricultura y la ganadería para saciar la gula de sus clientes. Solo en Estados Unidos perecen cada año más de 9.000 millones de animales, en particular aves, reses y cerdos.
Para garantizar ese raudal de proteína animal –y producir, por ejemplo, 50.000 millones de hamburguesas al año—se utilizan volúmenes enormes de granos y leguminosas. Además, las víctimas de esta carnicería viven en condiciones deplorables, sometidas a tratamientos para acelerar el crecimiento, o sea, las ganancias.
Los países industrializados no necesitan tanta comida. De hecho, en estas naciones anualmente se desperdician unas 222 millones de toneladas, casi tantas como la producción total del África Subsahariana. ¿A quién culpar entonces? ¿Al vecino omnívoro o al absurdo sistema que beneficia a las multinacionales de la alimentación?
En Australia el pastoreo permite la explotación de tierras que no se utilizan en la agricultura (denisbin - Fl …
Un retorno improbable
Algunos partidarios de las dietas omnívoras apuestan por un cambio en la producción de carne. En lugar de las fábricas actuales, el pastoreo, un modelo tradicional que aún predomina en las regiones menos desarrolladas del planeta y en países como Australia. En la isla continente solo el 30 por ciento del ganado se alimenta con granos, mientras el resto depende de los pastizales. No obstante, los productores australianos de carne vacuna clasifican como terceros en la lista mundial de mayores exportadores.
Pero, ¿quién detiene la matanza? ¿Cómo convencer a las multinacionales del sector para que abandonen un modelo de negocios muy rentable, al menos hasta hoy? El ciudadano común y aislado poco puede hacer. El apoyo a productores locales es una alternativa. Sin embargo, solo un cambio radical en los hábitos de consumo obligaría a pensar en una industria menos agresiva para la naturaleza. ¿Utopía?