InicioSalud BienestarHombre: lo que nunca harás a tu pareja.
Hombre: lo que nunca harás a tu pareja.

Vivimos en una sociedad machista. Definitivamente. Pero el machismo es un arma de doble filo para los hombres y no siempre nos beneficia. Muchas veces nos coloca en situaciones en las que las expectativas nos sobrepasan. Entre las más recurrentes puede estar la satisfacción sexual femenina.

El sexo pone al descubierto nuestras capacidades masculinas: virilidad, inteligencia, destreza, sensibilidad, experiencia y técnica. De manera que el sexo puede ser tan estresante como un examen final. Un examen en el que está en juego nuestro prestigio sexual.

Como mismo nadie quiere en su garaje un coche liqueando, es normal que ninguna mujer desee para su cama un «macho sapiens» de dudoso desempeño sexual.

Por eso la mayoría ponemos en práctica en esas ocasiones, determinadas habilidades -que en mayor o menor medida- sirven para aumentar la satisfacción sexual de nuestra pareja y así lograr un desenvolvimiento más satisfactorio de nuestra intimidad. Pero la impetuosa necesidad de tener éxito, a veces nos lleva por caminos equivocados. La improvisación sumada a una inadecuada observación y comunicación nos inducen a cometer determinados errores comunes en nuestra relación sexual. Quizás reconozcan algunos de estos.

¿Que no les agrada a la mayoría de las mujeres?

Piensen, ¿nunca mientras besan se les ha ocurrido experimentar con su lengua más allá de la boca y los labios? Algunos creen que a ellas les resultan muy excitante los baños de saliva en el rostro. Digamos que usan y abusan de su lengua pasándola indiscriminadamente por toda la cara. Esto es un error. La mayoría lo odia. Peor es que algunos confunden la oreja con el punto G. Menudo disparate. Las orejas y el cuello son erógenas, pero no hay que abusar. Las babas corriendo por las orejas y el cuello las desconcentra. Les repugna. Las caricias suaves y limpias pueden aumentar la excitación, pero no hay que exagerar. Comerte la oreja de una mujer no la llevará al orgasmo.

Después vienen los pechos que algunos hombres confunden con el dial de los antiguos radios analógicos. De manera que piensan que retorciéndolos sintonizarán la frecuencia del placer. Es absurdo. Un pecho de mujer es un tejido blando que hay que tratar con delicadeza. Los pechos son lugares muy sensibles, pero el placer a ellos llega mediante caricias suaves, con objetos u órganos dúctiles. En movimientos lentos. Graduales. Sinuosos… Nada de pellizcos, mordidas, palmadas violentas, golpes de fusta, ganchos de tender, cera caliente o cigarrillos encendidos… Olviden las extravagancias. Los pechos son magnolias. No las deshojen.

¡Y entonces el salto al clítoris! Los más experimentados, los que saben que es un lugar repleto de terminaciones nerviosas, le dedicarán toda su atención. A veces prematuramente. Y como le ven protuberante, reconocen en él, al órgano de ignición por naturaleza, y le aplican la misma técnica que al botón del ascensor. Aprieta, aprieta y aprieta… Como al arranque del carro. Y ejercen más y más presión creyendo que la fuerza sobre él es proporcional al nivel de deleite que está sintiendo ella. Otra burrada. Sí es un botón -de hecho le llaman órgano de “gatillo”- pero hay que saber gatillar o se encasquillará el arma.

A posteriori escarban en la entrada del sexo como si hurgaran en la madriguera de una rata. Igual que topos con dedos duros -que dilatan y violentan per se y no por placer- un órgano tan suave como una servilleta mojada…
… y ahí van disparando, un dedo, otro dedo, un tercer dedo si pueden -como un plomero que resuelve la obstrucción de una cañería. Velozmente, como si tuvieran que ir a apagar un incendio después. No son amantes, sino bomberos. Apenas descubren la boca del hidrante ya quieren conectar su manguera. Y la velocidad es lo que menos interesa a las damas. La cuestión no es apagar un fuego sino iniciarlo.

Las mujeres aman los trayectos de las cosas. Las chispas que van volviéndose lumbre para después ser hogueras. Ellas quieren que el helado se les derrita mientras miran al techo, a la ventana, o a ningún lugar. Que el barquillo se ablande y se te humedezcan los dedos esparciendo toda esa vainilla por el cuerpo.

Por eso hay que procurarles tiempo para que descongelen. Darles vueltas y vueltas a la cucharita y lamer sin prisa, como hacen los niños con sus golosinas. Es lo que más a menudo olvidamos los hombres. Nosotros que confundimos metodologías y creemos que hacer el amor es como echarle gasolina al carro: destapa el tanque, coloca el nozzle, dispara el gas, saca el nozzle del tanque y listo.

Una vez dentro vienen los errores tácticos. Por favor no hay que hablar mientras haces el amor. Para conversar, invítala a un restaurante. Si te preocupa algo, usa la intuición. No preguntes nada, adivínalo. No grites: los gimoteos masculinos se escuchan «feos» en los oídos de una mujer, (tus gemidos no deben superar el ronroneo de un gato). No cambies constantemente de posición. No cambies de orificio sin avisar, no supongas que a todas las mujeres le gusta conducir en reversa, la mayoría lo odia. Mira un estacionamiento detenidamente, ¿cuántas crees que hacen parking por los espejos? En el sexo no son diferentes.

El sexo en reversa solo les gusta a las porn star y eso porque les pagan muy bien. Hay que entenderlo así. Si no tienes suficiente empatía para aceptarlo, ponte en su lugar y prueba a ver si es tan excitante como se ve en el cine para adultos.

No obstante, si te interesa su reversa -por favor- no le redactes una declaración formal porque arruinarás el momento. Lenguaje extra verbal y código morse es lo que mejor funciona en estos casos.

Tampoco hay que pasarse con las nalgadas, los golpecitos y (o) los tirones de pelo. Ni ser violento en los movimientos. Ni demasiado veloz, ni demasiado lánguido, ni arañar y (o) morder furiosamente. Dale tiempo y trata de conectarte a su bluetooth biológico. No es cosa de una sección, ni de un día completo de sesiones siquiera. Probablemente necesitarás toda una temporada de práctica para lograrlo. Porque conectarte a una mujer es complejo y depende de muchísimos y misteriosos factores psicológicos.

Por último: no te derrames sobre su cara, su boca y mucho menos pretendas que trague tus liqueos eróticos. No todo lo que ves en esos sombríos sitios web es viable, ni excitante para ella. Lo que expulsas no es crema de cacahuate, sino tu más íntima secreción biológica. Y si bien no es tóxica, tampoco resulta comestible.

Por favor comprendedlas, o jamás tendrán sus más genuinas y hermosas voluptuosidades.
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