La cosa es un poco así. Imagínese que usted vive en un pueblo que produce maíz, trigo, carne y papas. Imagínese que un buen día llega un hombre y le dice que quiere cien toneladas de papa. Ud., que me olvidé decirle que es productor de papa, hace cuentas y ve que sólo se logran 50 toneladas por cosecha. Ud. piensa. Le habla al hombre que vino por las cien toneladas y le dice que sólo tiene cincuenta, pero que le puede conseguir otras cincuenta en un par de meses. Se arma la reunión del pueblo. Hay que producir más papas porque están vendidas antes de empezar. Como en el pueblo son todos buenos y se quieren, deciden quién cultiva el resto de papas, y que ese dinero se reparta con aquel que produce carne trigo o maíz y así no pierda. Todos contentos. ¿Me sigue? Sí, ya sé, lo primero que dirá es que eso de que todos se quieran no funciona nunca. Y si lo hacemos por ley y obligamos, el dueño del circo termina pasándose de la raya y peor el remedio que la enfermedad. Está bien, lo entiendo, pero le pido que me acompañe un poco más. Estábamos en el pueblo, vendiendo papas a lo loco y todos contentos. Ahora vuelve aquel hombre y le pide 500 toneladas de papa. Ud. recuerda a su padre que le dijo, no pongas todos los huevos en la misma canasta. Otra vez se juntan todos en el pueblo y piensan que lo que produzcan lo tienen vendido, pero como es riesgoso venderle sólo a un hombre , lo mejor es aumentar el precio y estar cubiertos. Hacen las cuentas y todo el mundo se pone tan contento que empieza a imaginar una vida mucho mejor. Desde ya que se planea la construcción de la papa de oro en la entrada del pueblo. El hombre vuelve, compra, y le dice que el año que viene quiere 600 toneladas. Y así sigue el juego. Bien, si me toleró hasta aquí, sólo queda un poquito más. Ud me preguntará, quién demonios es ese hombre. Bueno, ese hombre es un especulador, que se junta con digamos, diez o doce más como él, y se compran casi toda la papa que hay en el mundo. Como la tienen ellos, la venden a lo que quieren. Pero cuidado, empiezan muy despacito, la venden hoy a 1 peso, mañana a 1,10.-, pasado a 1,15 y así hasta que crean el espiral del aumento y la especulación en la mente de otros que se creen inteligentes pero sólo les hacen el caldo gordo. Así, estos últimos (los que se creen inteligentes) empiezan a decir, en sus reuniones en el club hípico, que la papa va a aumentar, que conviene comprar hoy y vender en un mes. Es decir, estamos ante la especulación al cuadrado. La raíz se fortaleció y empieza a dar frutos por sí sola. ¿Quién gana? El hombre y sus doce amigos y alguno que otro del club hípico. Nuestro especulador corrompió todo el sistema comercial del mundo. Y Ud me dirá, cómo se detiene esto. Y bueno, a ese hombre no le deben permitir hacer lo que hace, para eso está la política y la justicia. No, no se ría, si los organismos internacionales evitan esta situación, se pueden regular las acciones de los privados. Si un sistema se basa en la cantidad de dinero, el que más tiene, más gana, pero necesariamente esa diferencia debe provenir de otro que tiene menos. Así funciona el neoliberalismo en la práctica, fogoneado por el capitalismo pertinaz. Nada va a cambiar nunca. Si Ud trabaja para tener más dinero, se convierte, aún sin quererlo, en soldadito del hombre que compra papas. Y lo peor de todo es que lo que en un momento fueron las divisas o el petróleo, hoy en día ya llegó a los alimentos. Se tocó el último bastión de decencia, traficar con la comida de la gente. De tu hijo, mi amor, y el de tu amiga y el del señor de la esquina. Es decir, no hay salida pacífica. Si el proletario acaba con el burgués, la clase única es una utopía. Hay que matar o morir. O comprarse un libro de Sydney Sheldon. Y hablando de “Sydney”, hoy, 27/05/2008, murió Pollack, Sydney Pollack. FUENTE
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