Para quienes gustamos de la cocina y armar un buen asado, la jornada parrillera es maravilloso: las compras, los amigos, las risas, las borracheras, el picoteo y la satisfacción de haber logrado una gran labor, pero todo parrillero debe cruzar por personajes, situaciones y etapas que lo someterán a prueba antes de llegar a su objetivo final. Éste es el viacrucis del parrillero.
1. Los mejores-parrilleros-que-tú
Siempre habrá alguien que sabe hacer mejor el asado que tú en un asado. Es el que se acerca a la parrilla porque no conoce a nadie más y entra con un “se ve buena la carne”, esperará tu consentimiento y luego ataca con un molesto “pero le falta..”
Imponga autoridad: pues, ¿quién es el parrillero?!
2. Vegetarianos pasivos
De los vegetarianos que asisten a los asados, hay dos clases: los pasivos y los activos-jodidos.
Existe una diferencia insalvable entre ellos pues los pasivos son los que no se marginan de la actividad social y llegan con sus vegetables o sus hamburguesas de soya y piden un pequeño espacio en la parrilla. Estamos ante una democracia parrillera, donde vivimos todos en paz y compartiendo los espacios públicos sin discriminar.
Qué lindo
3. Vegetarianos activos y jodidos
Cuando hay vegetarianos forzados a estar en un asado o quieren joder el asado, algunos de ellos insisten en exigir condiciones especiales para el asado: “déjame la carne a 15 cms. de mis verduras”, “esperemos a que las verduras estén listas y luego tiran sus cadáveres”, “¿no te da pena comer un animal muerto?”
Es una situación particular, considerando que todos están por voluntad propia. Es como ateos critando en una reunión de Confirmación o metaleros amargados en una disco.
Nadie les obliga a estar ahí.
4. ¿Está bien de sal?
¿Cuánta sal es lo correcto? ¿Lo que dicen los especialistas?, ¿lo que dice el parrillero?, ¿lo que dicen los comensales?, ¿o se considera el criterio del más jodido con la sal?.
El(la) parillero(a) debe asumir su liderazgo e imponer las condiciones del asado con sabiduría y cordura: “no le eches más sal, mierda. ¡El asado lo estoy preparando yo!”
5. El que reparte, toca la mejor parte
“Veamos cómo está la carne” es la llave de acceso para comenzar a picar carne antes que el resto porque la persona que realmente sabe eres tú.
Tasar, dar el visto bueno, determinar qué tan crudo está, analizar la cantidad de grasa y sangre, confirmar si el fuego está muy alto y diferenciar los distintos tipos de corte que pueden haber en el asado son excusas para picotear la carne antes que el resto.
6. Los buitres
Parte de la fauna parrillera. Chacal de la solidaridad. Individualista por naturaleza. Es aquel(la) que se asegura con la carne “para justificar la cuota” y el(la) que le avisa a unos pocos sigilosamente para que nadie escucha, o peor aún, a nadie.
Espántelo(a) y margínelo(a).
7. ¿Se prendió el carbón?
El carbón es un problema. Los supermercados lo saben y por eso dejan cualquier basura para que compres: el ‘prende fácil’ (rojo), uno de marca propia del supermercado y el más económico son las opciones.
Lamentablemente, no queda otra más que escoger el menos malo, pero ya sea en el comité de las compras en el supermercado o asistente al asado, siempre habrá un especialista en carbón: a veces, de verdad sabe y en la mayoría de los casos, es cuento.
Miente al tomarle el peso al carbón, lo manosea mientras mira intrigado hacia el horizonte como si manejara una estetoscopio para saber “si viene muy molido o no” y al final escoge el segundo más barato para no aparentar que su respuesta fue muy obvio (el más barato lo deja como un pillo y el más caro lo deja como un asegurado, creyendo que por ser más caro es mejor el carbón)
¿Quién compró esta mierda de carbón? Obviamente el carbonólogo se margina de levantar la mano y si lo hace, se justifica con un “yo les dije que era malo el carbón de supermercado”
8. Los paracaidistas (los no invitados)
“No traigan a nadie más porque las porciones están justas”
“No consideremos a nadie más porque ya pusimos cuota”
“No caben más personas en mi patio ni en mi casa, así que no lleguen con más gente”
Las anteriores son advertencias tan inútiles como hablarle a la muralla, pues (casi) siempre llega un(a) gil(a) que nadie lo conoce o resulta ser el arroz graneado de alguna chiquilla que llegó con dos amigos más para no sentirse tan solo en el evento.
Peor que todo aquello es el “traje a unos amigos porque no tenían adónde ir después”. Esas palabras brotando de los labios de algún(a) Gil(á) hieren como una daga en el pecho del (la) parrillero(a).
“Es que no leí el evento en féisbuc”, se excusarán.
9. Los que no aportan en nada
Irrelevantes en el asados pero autodesignados como coordinadores generales, los que no aportan nada generan la ilusión de estar haciendo algo, pero en realidad pesan menos que paquete de cabritas. Son los mismos que van a sacar las cosas del carro de supermercado pero no alcanzan a sacar ni una bolsa; son los mismos que ofrecen servir trago y sólo se preparan para ellos; son los mismos que se acercan a la parrilla y cuando pedís ramas y carbones, se agachan a recoger algo y echan al fuego una rama cagona.