Una madre afgana adictaUna adicta, una mujer llamada Karima, comparte su hogar con sus padres, que también son adictos y otros familiares en una pobre barriada situada en las laderas de una colina en Kabul. Los consejeros locales contra la droga manifiestan que en la barriada hay miles de adictos.En una tarde reciente, Karima corre las cortinas de la ventana de la habitación que comparte con sus seis niños. Sus manos tiemblan, saca un viejo sobre de debajo de un tapete de plástico. Dentro hay bolitas de opio, que aplasta dentro del papel de un cigarro vaciado que enciende.“Cuando fumo esto ya no siento desdicha alguna. Mis nervios se calman. Si no lo hago me vuelvo loca”, dice Karima.Sus niños, de corta edad, sufren los efectos de estar bañados por el humo del opio y la heroína desde que nacieron. No asisten al colegio.La mayor es Fahima. A sus doce años, tiene el tamaño de un niño de seis. Tiene grandes ojos marrones y varias calvas en la cabeza debido a la desnutrición.Fahima es la persona a quien su madre envía fuera de casa a comprar las drogas para alimentar su hábito.“Mamá no deja de darme la lata para que le consiga hashish y opio para poderse sentir feliz. Si no lo usa, se enfada y nos pega a todos”, dice Fahima.Los crecientes porcentajes de abuso de drogas están en parte motivados por el extendido desempleo y la agitación social en Afganistán bajo los talibanes y durante la guerra comandada por EEUU que empezó en 2001. Otro factor es el flujo de refugiados afganos que han regresado de Irán, muchos de ellos convertidos allí en adictos a la heroína.Y exacerbándolo todo está la sobreabundancia de opio y heroína en Afganistán, el mayor cultivador de adormidera del mundo.Los adictos dicen que la heroína es un modo barato de olvidar sus miserables existencias.Los hombres se reúnen entre drogas y mugreEn Kabul, los hombres se reúnen a diario en lo que era el Centro Cultural Ruso para conseguir su chute de heroína. Al menos 1.500 de ellos se acurrucan entre las sombrías ruinas, vigiladas por policías con equipo antidisturbios.Utilizan mecheros para calentar la pasta de heroína sobre papel de aluminio. Después lo inhalan mediante delgados tubos de plástico o dentro de un cigarrillo vaciado. El reconocible humo de la heroína rodea a los hombres como una gruesa manta.Algunos de los adictos yacen sobre el suelo. Hay basura, heces y orina por doquier.Pero parecen ajenos a todo. Todos están fumando y pidiendo limosna.La abundancia de drogas incrementa la demandaJean-Luc Lemahieu, de Naciones Unidas, lo llama el “efecto Coca-Cola”. La extendida abundancia y permisibilidad de las drogan las hacen tan omnipresentes y disponibles como los refrescos.“Lo que la gente olvida siempre es que no sólo la demanda crea oferta, sino que la oferta crea demanda”, dijo Lemahieu, el representante en Kabul de la Oficina contra la Droga y el Crimen de Naciones Unidas.Pero incluso uno o dos dólares al día, que es lo que cuesta un chute de opio o heroína en Afganistán, puede ser fácilmente inalcanzable.Volviendo al barrio bajo de Kabul, Karima empieza a llorar al recibir una visita de las consejeras para el tratamiento a drogadictos.Karima dice que cogió a su hija de cinco años, Raisa, y que el pasado mes la llevó al mercado para venderla porque estaba desesperada por encontrar dinero. Pero no pudo hallar un comprador.Durante meses, los trabajadores de un centro local para el tratamiento a los drogadictos han intentado hacer que Karima y su familia sigan un programa de rehabilitación.Saida, una consejera centro Nejat (“Rescate”) para el tratamiento contra la droga, está horrorizada.El sufrimiento de los niños“¿Cómo puedes ser tan egoísta?”, dice a Karima. “No me digas que habrías utilizado el dinero para alimentar a tu familia. Habrías gastado el dinero en drogas y después habrías ido y vendido a otro de los niños”.Saida y sus colegas visitan el alojamiento unos días después para encontrarse con una sorpresa aún más desagradable.Fahima, la hija de doce años, está aspirando una profunda calada del cigarrillo de su madre lleno de heroína, opio y hashish.La mujer pregunta: “¿Por qué lo haces? ¿Es que te gusta el sabor”Fahima admite que sí.____________________________________________________________________________________________Alrededor de un millón de afganos son adictos al opio, que se utiliza para procesar heroína y forma parte de la savia de la economía de Afganistán, que se exporta mayormente a través de Irán.El dinero de las drogas sirve para financiar el islamoterrorismo y debilitar a la juventud occidental.En muchas zonas rurales de Afganistán, como la remota provincia de Balkh, el consumo de opio ha devenido en una tradición arraigada y forma de vida, con casi todos los habitantes adictos a la droga._____________________________________________________________________________________________Julie Jacobson nos expone la cruda realidad de una aldea en Afganistán atrapada por una de las enfermedades más destructivas de nuestros tiempos, la adicción a las drogas, esta serie de imágenes muestra a una familia entera esclavizada por su adicción al opio, llegando al punto de vender sus animales, sus tierras y hasta su comida del día para poder comprar su droga.Se abre la puerta de casa de Beg y el espeso humo del opio sale corriendo hacia el aire frío de la montaña. Apenas pasan de las 8 a.m. y la familia de seis personas, incluyendo a un bebé de 1 año de edad ya están acurrucados alrededor de la pipa de opio. Beg, de 65 años, inhala y exhala una nube de humo, pasa el tubo a su esposa, ella se lo pasa a su hija, la hija sopla el humo hacia la boca del bebe y sus pequeños ojos ruedan en su cabeza. Sus rostros están demacrados, su cabello enredado, huelen.En decenas de aldeas de montaña en este rincón de Afganistán, la adicción al opio se ha vuelto tan arraigada que familias enteras son adictos, la adicción se mueve de casa en casa infectando a comunidades enteras. De una sola familia hace años, hasta por lo menos la mitad de la población de Sarab, 1850 son adictos ahora.Afganistán suministra casi todo el opio del mundo, la materia prima utilizada para fabricar heroína y aunque se exporta la mayor parte de la cosecha mortal, se deja suficiente para formar un ciclo de adicción. Hay por lo menos 200, 000 adictos al opio y la heroína en Afganistán.A excepción de unas pocas alfombras sucias, la casa de Beg no tiene prácticamente nada, ha empeñado todas las pertenencias de su familia para pagar por drogas. “Estoy avergonzado de lo que me he convertido”, dice Beg, “He perdido mi autoestima, he perdido mis valores, tomo la comida de este niño para pagar por mi opio” dice señalando a Mamadin, su nieto de 5 años de edad, “Simplemente se queda con hambre”.“Llevo fumando opio por 18 años” dice Jan quien envió a su hijo de 14 años a trabajar con los traficantes de drogas para ayudar a pagar los narcóticos.Los antepasados de Beg eran dueños de muchas de las tierras de la aldea, localizadas junto a un arrollo que brota al final de un cañón en la provincia de Badakshan. Beg alguna vez tuvo 1200 ovejas, las vendió para pagar las drogas, sus tierras siguieron.Ha convertido su espaciosa casa, una vez llena de alfombras ornamentales, en una capa de barro. Cultiva papa en lo último que queda de sus campos y cada vez que llega el tiempo de cosecha, tiene que tomar una decisión, dar a de comer a sus nietos o comprar opio, usualmente se queda con las drogas.Necesidades básicas como el jabón hace tiempo quedaron olvidadas, “Si tenemos 50 centavos, compramos opio y lo fumamos, no lo utilizamos para comprar jabón y lavar nuestra ropa” explica Raihan, hija de Beg y mamá del bebe de 1 año. El niño lleva una camisa sucia y no lleva ropa interior, “Puedo estar sin comida, pero no sin opio”.Raihan ya era adicta al opio durante su embarazo haciendo a su hijo adicto desde el nacimiento, “Cuando nació, lloraba día y noche, pero cuando ella sopla el humo en su cara, se duerme” dijo Beg.Los pocos centros de tratamiento del país están en ciudades lejos de aldeas como esta. Incluso aquellos que pueden llegar a las ciudades a menudo no pueden obtener ayuda. La clínica en la provincia de Takhar, la más cercana a Sarab, tiene una lista de espera de 2000 personas y sólo 30 camas. Así que los aldeanos se están literalmente ahogando en opio.También consumen cuando están enfermos, basándose en sus propiedades anestésicas, ya que el opio también es utilizado para hacer morfina, “El opio es nuestro médico”, dice Beg, “Cuando te duele el estomago, fumas, después un poco más y un poco más y después eres adicto, una vez que estas atrapado, se acabó, estás acabado”.La adicción a cualquier tipo de droga es un problema que no se debe subestimar ni tomar a la ligera, realmente dudo que haya una persona que pueda controlar del todo su uso, sus propiedades analgésicas, sedantes o alucinantes pueden llevarte a falsos mundos o falsos estados de tranquilidad, pero finalmente regresas a una realidad en la que la adicción te está esclavizando, destruyendo y consumiendo poco a poco o simplemente tal vez nunca tienes la posibilidad de regresar. Definitivamente un tema controvertido.
Datos archivados del Taringa! original
5puntos
1,464visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
1visitas
0comentarios
Dar puntos: