Anarquismo
Anatol Gorelik
Entre los intereses del anarquismo y los intereses de las agrupaciones anarquistas, a veces resulta un abismo profundo e infranqueable.Los intereses de las agrupaciones se reducen a menudo a luchas internas, rozamientos personales, discusiones de problemas sin importancia y divergencias mezquinas por intereses secundarios de personas o agrupaciones. O a una lucha con otras agrupaciones por la prepotencia y la dirección, llegando a veces hasta un odio mutuo y una lucha fratricida la más absurda y la más estúpida.
Los intereses del anarquismo están por encima de los intereses mezquinos, temporarios y pasajeros; por encima de las aspiraciones, pasiones, peleas, choques, rencillas y discusiones personales o de grupos. Todo su interés se concentra en la propaganda más eficaz y más amplia de las ideas anarquistas, en las aspiraciones y necesidades pananarquistas, poniendo los intereses panhumanos por encima de los intereses del movimiento. Porque el anarquismo quiere bienestar y libertad para los hombres vivos, para todos los hombres sin excepción. El anarquismo no es una finalidad para los anarquistas, sino un medio para la creación de una humanidad libre y de bienestar.
Por eso, todos los que realmente tienen interés y quieren sinceramente trabajar en los intereses del anarquismo, deben pensar y activar no como miembros de tal o cual agrupación, de tal o cual colectividad, sino como anarquistas, como personalidades libres de todo prejuicio y prejuzgamiento, y que pongan los intereses básicos del anarquismo por encima de los intereses pasajeros de personas y de grupos." Porque una idea — cualquier idea — debe servir para el bien del hombre y de la humanidad, y no el hombre debe servir a la idea, por maravillosa, elevada y noble que esta idea sea.
Y si alguien, por alguna aberración, deseara colocar los intereses personales o de las agrupaciones por encima de los intereses de la idea de la anarquía, este hombre, inevitablemente, se convertir en el enemigo más terrible de sus propias ideas y en el destructor de la obra en nombre de la cual activa y trabaja.
La influencia personal de uno u otro anarquista, de tal o cual agrupación, puede tener y tiene su valor y su importancia, juega y debe jugar un papel importante en el desarrollo, la propagación y divulgación de la idea. Pero esta influencia es solamente parcial y relativamente reducida. Porque cada actividad social se compone de la actividad de todos los hombres que participan en ella.
Pero no siempre activar quiere decir hacer algo útil para el hombre y para la humanidad. Muy a menudo resulta que la actividad de una persona o de un grupo, bien que se denominen anarquistas, se desvía, pierde la esencia básica de la idea y se reduce a su contradicción o negación completa. Lo que sucedió a principios de la guerra de 1914, lo que sucedía después de la conflagración mundial y lo que sucede ahora debería servir de una enseñanza y de un escarmiento para los anarquistas. El peligro más grande para el anarquismo es la desviación de hombres que se acreditaron como anarquistas actives y capacitados. Porque hasta sucede que anarquistas y grupos enteros son arrastrados por la influencia de acontecimientos del momento o por intereses pasajeros, olvidándose a veces completa' mente de los intereses anarquistas y humanos.
Especialmente se difundieron tales fenómenos en los últimos años, cuando la reacción empezó a levantar la cabeza y el conservadurismo tomó de nuevo las riendas de la vida humana y social en sus manos. Se ha llegado hasta provocar todo el movimiento anarquista con el deseo de arrastrarlo por caminos dudosos y entregarlo al servicio de una causa autoritaria y antianárquica. El iniciador de esta provocación, al fin, terminó con descubrir su esencia verdadera y pasarse con todo su bagaje sindicalista y autoritario al comunismo marxista. Porque para él más razón tenían Marx y Lenin que Kropotkín, Malatesta o Max Nettlau. El peligro del plataformismo ha pasado. Pero hay todavía no pocos que siguen con el canto de sirenas de la bondad de la autoridad en las manos de la vanguardia del proletariado y de la nobleza de la autoridad al servicio de los sindicalistas y de los anarquistas.
El movimiento anarquista ya ha sufrido bastante por culpa de estas sirenas del autoritarismo, «de la dirección anarquista de la revolución social», del «todo el poder a los soviets», del «todo el poder a los sindicatos obreros», de los defensores de «la dictadura del proletariado», del «comunalismo», etcétera, y es ya tiempo de poner coto a todas estas desviaciones y dedicarse a la obra constructiva en la propaganda de las ideas y a la preparación de las mentes y de los espíritus para una reconstrucción social sobre bases de la anarquía, donde serán ausentes el autoritarismo, la violencia y la coerción.
Evitar completamente tales fenómenos en el movimiento anarquista, no es tan fácil. Siempre se encentrarán gentes que buscarán en el campo de la actividad anarquista un ambiente propicio para la expansión y el engrandecimiento de su persona, o tratarán de imponer con medios no anárquicos sus deseos y su voluntad.
Pero reducir tales fenómenos al mínimo es posible y debe hacerse.
Para eso es necesario que los intereses de la humanidad y de la anarquía se pongan en la base de toda actividad anarquista, y, lo que es todavía más importante, que el ideal anarquista sea la fuerza que dirija toda la actividad anarquista.
Entonces todas las posibles divergencias y diferencias en las opiniones y en los conceptos serán de poca importancia. Se podrá discutir en algún problema, discutir todas las posibles cuestiones y opiniones, sin que se incurra en personalismos, o que las relaciones entre los anarquistas dejen de ser de compañeros de ideas, tolerantes y amigables.
Sus aspiraciones comunes y las ideas que les unen les ligará tan estrechamente, que ninguna fuerza les podrá desunir o deshacer su compañerismo y amistad.
En tales condiciones de relación entre los anarquistas, cada uno podrá pensar a su manera de entender, y propagar las ideas de acuerdo con su temperamento y preparación, pero siempre de acuerdo con los principios básicos del anarquismo.
Entonces las posibles diferencias de interpretación no serán peligrosas, sino, al contrario, muy útiles. Las posibles discusiones harán pensar y meditar sobre los problemas en estudio, y haciéndose todo esto de una manera tolerante y amigable, serán de una gran utilidad para los que tomen parte en ellas. Y cada problema será estudiado detenida y seriamente, y meditado profunda y anárquicamente.
Todas las posibles divergencias y choques personales perderán entonces su gravedad e importancia, y poco a poco desaparecerán casi por completo, ocupando su lugar el estudio de las ideas y de la vida y la discusión de los métodos y de las actividades.
Muchos anarquistas plantean ahora seriamente la cuestión de la resurrección, elevación y ennoblecimiento del movimiento anarquista, que en realidad ha sufrido más de las rencillas, disputas y choques irracionales internos, que por causas exteriores. Bien que éstos han asestado también no pocos golpes al movimiento anarquista. Pero fueron las luchas fratricidas que alejaron muchas fuerzas buenas y útiles, y no pocas fuerzas activas y de un idealismo firme y definido. Porque a menudo esta lucha personal o de agrupaciones se ponía por encima de la lucha por la realización del ideal anarquista.
Estas disputas y choques trajeron al anarquismo un mal enorme, y es imprescindiblemente necesario encontrar una salida de esta situación anormal. Cada anarquista sincero y honesto lo entiende y lo siente, y aspira a sanar y curar el movimiento de este mal traído de los partidos políticos, en los cuales la lucha por la dirección es una cosa normal e inevitable. Porque cada movimiento en su vida interna refleja desde ya las ideas y practica los principios que propaga. Así que en su movimiento autoritario es normal que existe autoridad y dirección. Pero en un movimiento anarquista y libertario, esto es imposible y anormal, porque contradice con los principios básicos de las ideas que se propagan.
Todos los anarquistas buscan y quieren encontrar un medio para poner fin a estos fenómenos en las filas anarquistas, para así poder empezar una nueva era de respeto, tolerancia y colaboración íntima entre los que aspiran a la realización del ideal de la anarquía, de la libertad y del bienestar para todos los hombres. Y lo conseguirán si tienen bastante buena voluntad, dedicación y persistencia en la obra del esclarecimiento de los principios libertarios del anarquismo y en la unificación de todos los elementos que sinceramente quieren trabajar para el bien de las ideas y de la humanidad entera. Lo conseguirán dedicándose enteramente a la obra constructiva de la propagación y divulgación de las ideas; dejando, a lo* que lo quieran, pelearse y discutir, sin prestarles atención alguna.
Entonces los que realmente están carnalmente interesados en la realización de las ideas y su aplicación a la vida, se adherirán libre y voluntariamente a esta obra sana y útil, creando un vacío alrededor de los que se cubren con el manto de la anarquía o se sirven de ella para sus propios fines o intereses, los más respetables que sean. Engrosando nuevamente las filas anarcolibertarias todos los hombres de pensamientos libertarios y sentimientos nobles, y atrayendo a sus filas a todos los que sienten el dolor universal de la humanidad crucificada por el autoritarismo, la expoliación y exterminación mutua de los hombres, y que quieren y aspiran a una humanidad más noble, más justa y más progresiva, desean ver al hombre — al rey de la naturaleza — disfrutar de su vida, desarrollar la cultura humana, vivir una vida llena y desbordante de alegría y de bienestar, y trabajar y labrar un futuro más progresivo, más glorioso, más fecundo y más armonioso todavía; llegando a crear una personalidad humana más hermosa, más justa, más bella, más noble y más integralmente desarrollada, que en el bienestar de los demás buscaría su propio bienestar, y en la libertad ajena su propia libertad.
Exterminar de un golpe todos los males del movimiento anarquista, sería difícil y casi imposible. Pero eliminarlos poco a poco, es posible y necesario.
Para eso es necesario que todos los que son conscientes de todo el mal que existe ahora en el movimiento anarquista, se nieguen terminantemente a tomar parte en cualquier discusión, disputa o choque, ni dar importancia o tomar en cuenta los ataques maldosos personales de los que se creen sacerdotes del anarquismo, y menos todavía los que son dirigidos por algún malvado, enfermizo u ofuscado.
León Tolstoy tiene un cuento sobre dos campesinos que apurados se dirigían por sus asuntos y que, encontrándose en un paso sobre un riachuelo, no querían dejarse paso uno al otro, alegando cada uno que él es quien más apuro tiene. Así seguían discutiendo un largo rato en medio del paso, hasta que un tercero les aconsejó que este quien tiene realmente más apuro ceda el paso al otro que es nada más que un testarudo. Porque quien no tiene apuro real llegar a alguna parte, no le importa perder su tiempo y el tiempo ajeno en discusiones sin sentido e innecesarias. Solamente el que realmente tiene apuro en hacer eso es el más indicado a dejar paso al otro y no desea entretenerse en estúpidas peleas y luchas fratricidas y perjudiciales para la obra común.
Algo parecido a esto pasa ahora en el movimiento anarquista. Porque la mayoría de las discusiones y disputas en realidad no tienen importancia alguna y son de un interés muy relativo. Cada uno quiere imponerse a los demás, les quiere convencer por lo bueno o por lo malo y obligarles a seguir el camino que él cree bueno. Y como nadie quiere ceder en sus ambiciones, discuten y se pelean sin fin desmoralizando así el movimiento y desacreditando las ideas. Porque una idea que no es capaz de hacer más tolerantes, más morales y más nobles a los que la profesan, no puede seguir para el bien de -la humanidad- y del hombre, y ni tampoco para la reconstrucción de la vida humana y social sobre bases nuevas y mejores.
Por eso los que realmente están interesados en la divulgación y propagación de las ideas anarquistas entre las masas humanas, que dejen de prestar oídos a los que buscan discusiones y peleas, que sigan su camino hacia los fines deseados y aspirados, sin tomar en cuenta para nada a los que buscan en el movimiento anarquista la manera de convertirse en directores y definidores de las ideas y de los métodos anarquistas.
Lo único que debe preocupar a los anarquistas libertarios es la lucha con los males existentes y la divulgación y la propagación de las ideas. Que trabajan asiduamente en la profundización de las ideas y la preparación del campo individual y social para la posible reconstrucción social sobre bases de ayuda mutua, solidaridad y amor. Dejando a los que no tienen capacidad para una obra útil y provechosa, que se peleen, discutan e insulten a los que no concuerdan con ellos, a los que no quieren reconocer su autoridad infalible.
Entonces se formará inevitablemente un vano rededor de los peleadores, y no les quedará otra cosa que hacer, que irse del movimiento y buscar un campo más propicio para esta su actividad, o reconocer sus errores y dedicarse a la lucha con los males existentes y a la propaganda de las ideas.
Ceder se debe y se puede, pero únicamente en lo que puede hacer daño al movimiento anarquista. No ocuparse de insultos y ataques personales: no contestar a insinuaciones malévolas y no intervenir en discusiones sobre problemas que no tienen importancia básica.
Pero se debe estar sereno y firme en lo que respecta a los principios básicos del anarquismo. En tales casos, se debe y es preciso discutir y defenderles. dejando a cada individuo y a cada agrupación el derecho de tener sus propias Opiniones, conceptos y métodos de propaganda de las ideas y de la realización de éstas en la vida.
No importa que alguien se equivoque a veces, o entienda las ideas de una tranca diferente. Ni tampoco que a veces use métodos que no concuerden completamente con los conceptos establecidos y generalmente practicados. Porque dentro del movimiento anarquista cada hombre debe tener la libertad de pensar, discutir y practicar todos sus conceptos. Solamente así los hombres aprenderán a tener sus propias iniciativas y responsabilidades y activar independientemente sus ideas.
También es necesario que las ideas se acepten, se asimilen y se practiquen libremente. Que nadie tenga el derecho de obligar a los demás a pensar y actuar contra su propia convicción y voluntad. Porque solamente las ideas libremente aceptadas y asimiladas podrán convertirse en ideas propias del individuo y le podrán servir de estímulo y de guía en su actividad y su vida social. Lo contrario sería una contradicción flagrante con los principios básicos de la libertad y de la anarquía.
En los partidos políticos, que están construidos según el modelo de la sociedad existente, que está basada sobre los principios de la autoridad y de la jerarquía, al hombre le es permitido pensar, pero se le prohíbe expresar lo que piensa y menos todavía experimentar y practicar sus ideas y opiniones que no concuerdan con las de sus jefes.
En nuestras agrupaciones anarquistas, que existen hoy en día, al hombre se le permite pensar y expresar libremente lo que piensa. Pero se le permite activar solamente en concordancia con lo que opina la mayoría de la agrupación u organización a la cual pertenece. Lo que muy a menudo significa que se debe activar contra sus propias convicciones. Esto crea a menudo situaciones muy desagradables y lleva a rencillas, peleas y choques. El individuo, en tales organizaciones, se ve muchas veces en situaciones delicadas, se ve obligado a activar en contra de sus propias convicciones, o ser consecuente y romper con los compañeros, a los cuales le une la idea común y conceptos concordantes en muchos otros problemas y cuestiones.
El anarquismo reconoce un derecho igual para todos los hombres de practicar todas las formas de expresión del pensamiento humano: pensar, expresarse y practicar lo que piensa y opina. El derecho para cada uno de participar o no participar en lo que hacen los demás, de acuerdo con sus propias convicciones. Pero no acepta ningún derecho para nadie imponer nada, que no sea aceptado libremente. Porque un paraíso impuesto se convertirá en un infierno.
Lo que es de muchísima importancia en el movimiento anarquista, es el respeto mutuo entre los hombres, la tolerancia, la solidaridad y el amor. Que los anarquistas busquen uno en el otro lo que les es común, lo que los une, y no lo que les separe en sus aspiraciones a una vida mejor, más bella y más hermosa, y a una humanidad más justa, más sana y más noble. Que traten de sacar enseñanzas de aquello en que no concuerdan, estudiando a fondo, cambiando opiniones y discutiendo amigable y anárquicamente los problemas que se interpretan diferentemente. Pero que eviten y rechacen todas las discusiones de carácter personal y todos los ataques maliciosos e hirientes, dejando sin atención las insinuaciones malévolas y provocaciones a las cuales recurren siempre los ignorantes y los faltos de conciencia.
Solamente entonces, cuando el compañerismo entre los anarquistas tendrá un valor real y positivo, cuando la tolerancia y el respeto mutuos tomarán cuerpo tangible y cada uno los sentirá como una parte de su consciencia y de su alma, el movimiento anarquista tomará la dirección verdadera, será útil para sus participantes y podrá dar los frutos deseados y necesarios.
Porque sembrando vientos se puede recoger únicamente tempestades, y sembrando chismerías y discordias se podrá recoger solamente peleas y disgustos.
Pero cuando se implantará entre los anarquistas la concordia y una verdadera unificación libertaria en la obra común de siembra de ideas y de plantación de principios básicos de una sociedad nueva, más libre, más justa y más solidaria, entonces todos los esfuerzos estarán dirigidos y dedicados a la lucha con los males existentes y a la implantación y afirmación en las consciencias de los hombres de los conceptos anarquista-libertarios sobre las formas y bases de convivencia social y las relaciones individuales.
Todos los anarquistas concuerdan en que es necesario unificar a los anarquistas libertarios en su lucha común contra el orden existente y en su aspiración de conquistar un futuro nuevo y mejor. Pero esto no se podrá conseguir si no se elimina la lucha fratricida entre compañeros y los choque» por intereses personales o de grupos, que tanto corroen en los últimos tiempos el movimiento anarquista;si los intereses del anarquismo y de la humanidad no se convierten en la base de la actividad de los anarquistas, y si entre los libertarios no se afirma la tolerancia y el respeto a cada personalidad humana.
Por encima de los intereses de los grupos y de los individuos deben estar los intereses del anarquismo, y el respeto y el amor a cada ser humano deben reemplazar el desprecio y el odio existentes en la sociedad de hoy si realmente se desea que el anarquismo - siga siendo un movimiento libertario y sirva honesta y desinteresadamente a los intereses del hombre y de la humanidad toda.
Para conseguir este fin es necesario que todos los que sinceramente sienten todo el mal que aqueja al movimiento anarquista, se unan, creen una base sólida para relaciones nuevas y más libertarias y practiquen la tolerancia, el respeto mutuo y la solidaridad, sirviendo así de ejemplos palpables cómo un anarquista debe portarse y desenvolverse en el movimiento social. Deben acostumbrarse y acostumbrar a los demás a discutir ideas y tácticas y evitar choques personales y discusiones sobre cuestiones secundarias y de menor importancia.
Entonces los anarquistas podrán dedicarse al estudio de la vida y de las ideas, elaborar y practicar diferentes formas de divulgación y realización de las ideas y, unidos y con paso firme, seguir hacia la meta deseada y aspirada. Podrán dedicar sus fuerzas y sus energías a la lucha con los males existentes, a derrumbar los órdenes autoritarios e injustos existentes y a trabajar para preparar y afianzar bases para convivencias libres, de bienestar, de ayuda mutua y de amor para todos los hombres, sobre la tierra toda. Para que la anarquía reemplace el autoritarismo, la ayuda mutua a la coerción, la solidaridad a la violencia, el bienestar general al hambre y la miseria, y la tolerancia y el respeto a cada ser humano al odio y el exterminio. A la creación de una sociedad humana donde la experimentación y la práctica libertarias reemplazarán a las costumbres rígidas, los prejuicios y el fatalismo materialista o espiritualista; a la creación de una sociedad donde los hombres, todos los hombres, serán hermanos y amigos y trabajarán en bien de toda la humanidad y del progreso humano. A la formación de una personalidad humana integral, moral y espiritualmente desarrollada y más elevada, porque la personalidad es la riqueza más grande y más hermosa de la sociedad y la base esencial de toda actividad y de toda unión social. Porque sin la personalidad humana no es posible la existencia de la sociedad. Y la existencia de la sociedad humana es solamente útil y se justifica para la elevación moral, espiritual e intelectual de la personalidad humana y para el mejoramiento de su bienestar.
Por eso es justamente que la anarquía aspira a sintetizar la vida social, convirtiéndola en un complemento de la vida de los individuos y a crear convivencias, para que las sociedades sirvan para el bien del individuo y para el progreso de la humanidad.
Opus Dei: ¿secta cristiana o mafia santa?
Carlos Machado
Al ser humano siempre le han fascinado los misterios, de los que hay miles sin resolver, y uno de ellos es el que envuelve a las organizaciones secretas. Muchos sienten la atracción de escudriñar dentro de ellas, saber de qué se ocupan, quiénes son sus miembros, etc. Esa curiosidad ha recaído, por ejemplo, en el Opus Dei(“Obra de Dios” en latín), una de las más impenetrables de la era moderna.Investigadores que viajaron a España, cuna de la “Obra”, para estudiar y tratar de entender a este grupo, afirman que hay tres áreas para analizar su poder, a juicio de los analistas consultados: su influjo en el Vaticano, su influencia en los círculos políticos y empresariales, y la relación con sus miembros.
Lo cierto es que el Opus Dei nació en 1928; el Papa Juan Pablo II lo elevó en 1982 a la categoría semi-independiente de “prelatura personal”; y su fundador, José María Escrivá de Balaguer, fallecido en 1975, fue canonizado en 2002. Todo un logro ciertamente asombroso en materia de rapidez, sobre todo teniendo en cuenta el tiempo, jamás menor a cincuenta años y que puede llegar a más de cien, que se toma la Iglesia tras numerosos análisis y testimonios para considerar si alguien merece la santidad. Rápidamente también la “Obra” instaló su sede central en Roma, para estar convenientemente muy cerca, en más de un sentido, del centro mundial de la Iglesia. Teólogos españoles sostienen que el Opus Dei logró ascender a la cúpula del Vaticano, convirtiéndose en una especie de “iglesia dentro de la iglesia”, de la mano del papa polaco. Aseguran también que la “Obra” comenzó a frecuentar y “mimar” a Karol Wojtyla desde comienzos de la década de 1970, cuando era arzobispo de Cracovia, organizándole viajes por todo el mundo –algo a lo que en poco tiempo demostró ser muy afecto- e invitándolo a sus congresos en Roma. Agregan que la empatía ya existente entre el Opus y Wojtyla se reafirmó una vez que éste se convirtió en el Sumo Pontífice y acordaron, juntos, llevar a cabo una “nueva evangelización” con principios ultraconservadores. Ello fue rápidamente puesto en práctica por Juan Pablo II no bien inició su papado, ya sea emprendiendo viajes a América Latina para combatir “in situ” a los seguidores de una simbiosis cristiano-marxista como la Teología de la Liberación, y a Africa y varios países del Tercer Mundo, proclives a descarriarse de la tutela del Vaticano en base a carencias y necesidades de sus pueblos a las que la cumbre de la Iglesia nunca supo, o quiso, prestar demasiada atención. El Vaticano encontró también en el Opus Dei una especie de caballo de Troya en medio del mundo, una voz que se haría eco de su cruzada oponiéndose al aborto, al uso de preservativos, al divorcio y a los derechos de los homosexuales, entre otros “horrores” anticlericales.
Fundado, como se dijo, en 1928 por el sacerdote español José María Escrivá de Balaguer, quien según su propio relato tuvo una “visión” de lo que debía aportar a la Iglesia, el Opus Dei –que actualmente cuenta con unos 85.000 miembros repartidos por todo el mundo- cimentó primero su crecimiento y luego su poder en la España del régimen de Francisco Franco (1939-1975), donde logró colocar a dos ministros en el área económica: Mariano Navarro en Hacienda y Alberto Ullastres en Comercio. En poco tiempo aumentó esa cifra, ya que de los 19 ministros con que contaba el “premier” español franquista Carrero Blanco, 12 pertenecían al Opus Dei. A partir de allí no cesó de contar con miembros en distintas áreas del poder y de la Iglesia en varios países. El portavoz de la “Obra” en Gran Bretaña, Jack Valero, reconoció a regañadientes que hoy en día cuenta en el propio Vaticano con sólo dos cardenales: el arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani –quien apoyó hasta último momento los dictatoriales manejos políticos de Alberto Fujimori- y el español Julián Herranz, pero además está el vocero papal, el también español Joaquín Navarro Valls, quien se mantiene inamovible en ese cargo desde hace más de 25 años y que hizo suficientes méritos para hacer recaer sobre sí la frase: “Si la información es poder, quien la controla en la Iglesia detenta todo el poder”. Es que el portavoz no sólo difunde la información, sino que la crea, la elabora y la administra sin someterse a ningún control democrático. Y una parte fundamental de la información es ocultar o negar la infuencia de la “Obra” en el Vaticano. Sin embargo, se sabe que muchos más obispos y cardenales, como el arzobispo de San Salvador, Fernando Sáenz Lacalle –quien fue capellán del ejército salvadoreño que asesinó a seis jesuitas y dos mujeres el 16 de noviembre de 1989- e incluso el propio papa actual, Benedicto XVI –éste desde que era el cardenal Joseph Ratzinger y llegó a comandar en el Vaticano la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, moderno nombre de lo que fue tristemente conocida como la Santa Inquisición- tienen sobrada “simpatía” hacia el Opus. En este último caso, una sucesión perfecta tras la muerte de Juan Pablo II para que la organización mantenga y aún acreciente su influencia y poder en el mundo, siempre a un ritmo ultraconservador. También se ha señalado como miembros en España a algunos funcionarios del anterior gobierno del Partido Popular que condujo el ex primer ministro José María Aznar, como su ex ministro de Defensa, Federico Trillo. El propio Aznar, en tanto, envió a uno de sus hijos a estudiar a la Universidad de Navarra, propiedad del Opus Dei, mientras en el Reino Unido su ministra de Educación, Ruth Kelly, admitió hace poco su pertenencia a la “Obra”.
Política, economía y poder oculto
Aún no se entiende mucho la persistencia del Opus Dei en mantener bajo siete llaves tanto la nómina de sus miembros como su exclusiva “Constitución” y su Carta Orgánica, proclamando que dar a conocer la pertenencia a la agrupación es algo estrictamente personal, lo que atrae sobre ella las acusaciones de “secretismo” de sus críticos, mientras sus fieles perpetúan las dudas al no darse a conocer.
Después de España, el Opus tiene su presencia más numerosa en América Latina, donde cuenta, en todos los países de la región desde México a la Argentina, con unos 30.000 adherentes. Esta expansión por el que llaman “continente de la esperanza” comenzó en el primero de los países citados a fines de la década de 1940, aprovechando para su crecimiento el hecho de que “América Latina es un sitio con una fuerte raíz católica”, como señalaron algunos de sus voceros. Para reforzar esta expansión de la “Obra”, su propio fundador viajó varias veces a diversos países de la región, entre ellos Argentina, Chile, Brasil, Perú y otros de Centroamérica, desde comienzos de la década de 1970 hasta poco antes de su muerte en 1975. Durante su visita a Buenos Aires y sobre el “apostolado” del Opus Dei, Escrivá de Balaguer dijo: “En todos los sitios donde una persona puede vivir, ahí tenemos nosotros aire para respirar”. Y a decir verdad, la “Obra” encontró muy rápidamente lugares y niveles donde nutrirse, y no solamente de aire, al imponer su presencia en las élites políticas y económicas de los países en donde apoyó su pie.
Se comenta que en América Latina formarían parte de esta organización religiosa el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, y el líder de la derecha chilena Joaquín Lavín, entre otros, si bien ninguno de ellos lo ha confirmado públicamente. En Colombia son muchos los que señalan a Uribe y a parte de su gabinete como vinculados al Opus, al que un reciente informe de la prestigiosa revista “Harper’s” describe como “empresa autoritaria y semi-clandestina que se las arregla para colar tecnócratas adoctrinados, administradores y políticos en los niveles más altos del Estado”. Eso sí, los latinoamericanos cuentan ya con candidatos para cumplir con una de las aficiones de la “Obra”: la de elevar a la santidad a cuanta personalidad afín a ella ande por allí. En tal sentido el sacerdote José Martín De la Hoz, director de la Oficina para las Causas de los Santos del Opus Dei en España, reconoció que se han iniciado los procesos para elevar a los altares al ingeniero argentino Isidoro Zorzano y al pediatra guatemalteco Ernesto Cofiño, considerados pioneros del grupo en la región. Se recuerda que en la Argentina, donde actualmente cuenta con unos 7.000 miembros, el Opus Dei comenzó a alcanzar gran infuencia durante el gobierno militar de Juan Carlos onganía. Es que la “Obra” siempre encontró mayor afinidad –y por lo tanto mejores bases para diseminarse- con los poderes de turno, sean militares o civiles, en especial de corte derechista, y en otros círculos también muy aprovechables para seguir escalando posiciones como lo son la prensa y las finanzas. En las recientes elecciones llevadas a cabo en Perú, la derecha trataba de llegar al poder en torno a la líder política Lourdes Flores en una coalición dominada por el viejo Partido Popular Cristiano, que cuenta con numerosos miembros del Opus Dei y prominentes empresarios.
Gracias a su obsesión secretista, también es difícil de determinar el poder económico del Opus, ya que la organización se encuentra diversificada en numerosas fundaciones y no publica balances ni cuentas generales. De todas maneras, pudo saberse que solamente la Universidad de Navarra –una de sus “perlas” educativas- obtuvo al finalizar el año 2004 beneficios por alrededor de 240 millones de euros. Además de la citada casa de estudios, la “Obra” cuenta también con la Universidad Austral, en Argentina, la de Piura en Perú y la de La Sabana, en Colombia, entre otras, y posee numerosos colegios, escuelas de negocios y centros para sus miembros numerarios.
Ocurre que el Opus Dei es una máquina de recaudar dinero con vistas a acrecentar su poder. Para ello cuenta, además de sus universidades y otros centros de estudios, con las donaciones de todos sus miembros, tanto los poderosos como los simples numerarios que ya comienzan a aportar desde su ingreso. Los que viven en los distintos centros, llamados “casas de familia cristiana”, y que salen a trabajar, donan todo su salario y sólo se les provee un poco de dinero “para viáticos”. Incluso todos los adherentes a la “Obra”, sin excepción, hacen su testamento o lo cambian, si ya lo tenían hecho, a favor del Opus. El ejemplo más reciente de ello ocurrió el 25 de febrero de este año 2006, cuando falleció a los 79 años Luis Valls Taberner, copresidente del Banco Popular de España durante 30 años. Fiel seguidor de San Josemaría Escrivá, el banquero y numerario del Opus Dei había testado a favor de la “Obra” dejándole toda su fortuna, estimada en 60 millones de euros. Como puede apreciarse, la organización busca atraer para sí todo el poder posible a partir de lo que precisamente da más poder: el dinero. Dinero que por supuesto invierte en sí misma.
No se conoce, en cambio, que el Opus desarrolle alguna obra de bien entre sectores necesitados o se ocupe de las vicisitudes de barrios carenciados, inundados o que sean castigados por tantas otras plagas que acompañan en el mundo a la tan dispar distribución de la riqueza.
Del funcionamiento y las prácticas medievales El hecho de que el papa Juan Pablo II convirtiera a esta organización en “prelatura personal” en 1982, fue algo sin precedentes en la historia de la iglesia católica. De esa manera, el grupo pasó a ser una especie de diócesis supraterritorial que no está sometida ni a la jurisdicción ni a la autoridad de los obispos, respondiendo directamente al pontífice. Un verdadero movimiento independiente dentro de la iglesia, a la vez que un fuerte núcleo de poder dentro del Vaticano.
Como se dijo, la sede central del Opus Dei se encuentra en Roma, con lo que se ha querido subrayar el carácter “universal” del movimiento, y a su cargo está el obispo español Javier Echevarría, secundado por el vicario general Fernando Ocáriz. Hacia abajo en la estructura, la organización posee vicarios regionales. Las altas funciones directivas son desempeñadas por clérigos, aunque éstos constituyen apenas algo más del2% (unos 1.800 miembros), ya que la mayoría de los miembros del Opus son laicos o fieles dispuestos al sacerdocio. En cada país funciona una Comisión Regional (hombres) y una Asesoría Regional (mujeres), que elevan sus reportes a los sacerdotes que actúan como vicarios regionales. En los centros diseminados por todo el mundo (las llamadas “casas de familia cristiana”) residen los “numerarios”, hombres y mujeres solteros, aunque, para evitar cualquier tentación carnal, lo hacen en casas separadas. Allí se organiza la formación y atención de los fieles, además de celebrarse misas, recibir confesiones y brindarles guía espiritual, esto a cargo de los clérigos encargados de las capillas de cada centro. Los miembros casados –los “supernumerarios”- habitan en sus propios hogares, aunque cumpliendo también con todas las obligaciones que impone el Opus de la mañana a la noche y, por supuesto, donando su porción de dinero a la “Obra”.
¿Y cuáles son estas obligaciones que los miembros del Opus asumen tan estoicamente?. En primer lugar al levantarse, muy temprano siempre, tirarse al piso, besándolo y pronunciando la palabra “servir”, media hora de oración, ir a misa, rezar el Rosario, leer la Biblia y hacer una lectura espiritual. En medio de todo ello se hacen un lugar para el desayuno y las demás comidas, claro. Además, participan en una charla semanal con los encargados de su formación, practican un retiro espiritual mensual, un retiro anual de varios días y, también anualmente, un curso de formación de varias jornadas. Entre estas actividades de los numerarios se encuentra también una a la que deben concederle suma atención: la atracción de nuevas ovejas al rebaño, es decir la captación de nuevos miembros en colegios, clubs, lugares públicos y cuanto sitio sea oportuno para ello.
Al margen de todo ésto, hay algunas prácticas particulares y obligatorias para cada uno de los numerarios, sobre todo las de raigambre medieval como son las mortificaciones corporales, practicadas de varias formas. Deben tomar diariamente una ducha fría (en cualquier época del año y obviamente con cualquier clima); y dormir sobre una superficie dura. Una vez por semana, los hombres se acuestan en el suelo y las mujeres sobre una tabla colocada sobre el colchón. Sobre este último punto, algunos ex miembros dicen que Escrivá de Balaguer afirmaba que ello era debido a que las pasiones femeninas requerían de más disciplina. También hay otras mortificaciones más dolorosas, como el cilicio, una malla de metal con puntas que se ciñe al muslo y se usa dos horas por día, y las “disciplinas”, cuerdas con varios brazos que terminan en nudos para flagelarse una vez por semana, generalmente los días domingo. También hay mortificaciones más “suaves”, como renunciar a algo en las comidas, por ejemplo el postre. Los numerarios sostienen que estas prácticas sirven para que el cuerpo y el espíritu sean “dóciles a las exigencias apostólicas”.
Manipulación y testimonios a favor
Ex miembros del Opus Dei que se alejaron de la organización la acusan de manipular de diversas formas a sus integrantes. Por ejemplo, mencionan el control absoluto de todas sus actividades diarias; la lectura, por parte de los directores de los centros, del correo personal que envían y reciben; y también el control de las publicaciones que se leen. De hecho, se ejerce allí una férrea censura de libros, películas y programas de televisión, seleccionándose sólo los que los directores consideran que no son “contaminantes” para los numerarios. Pero el Opus practica otra manipulación aún más grave: la de las conciencias de sus miembros, en la que no faltan el tratamiento psicológico y la utilización de drogas hipnóticas para los que osen titubear o dudar entre continuar en la “Obra” o alejarse de allí. Muchos ex numerarios del Opus aseguraron que a los más críticos o dubitativos respecto de su continuidad en los centros, se les llega a suministrar Rohypnol para, psiquiatra o director mediante, convencerlos con más facilidad de que el lugar y sus habitantes son la única familia posible.
Para ejercer el sentido de la imparcialidad, o si se prefiere el beneficio de la duda, veamos diferentes versiones, a favor y en contra, de personas que pertenecen a la “Obra” y de otras que abandonaron la misma. En este caso son todos españoles.
José María Villalón tiene 47 años, es jefe de servicios médicos del club de fútbol Atlético de Madrid, supernumerario –los miembros casados- del Opus Dei, y tiene diez hijos. Dice: “Me uní al Opus Dei hace más de quince años porque es una vocación, un camino a la santidad a través del trabajo. Los contactos que tuve han sido con amigos o personas allegadas, compañeros médicos o del mundo del deporte, que ya estaban relacionados con el Opus Dei. El camino que he elegido me ayuda mucho en mi vida familiar. Primero porque de forma libre puedes elegir el número de hijos que deseas tener. Por otra parte, creo que es muy importante acercar a los niños a Dios desde pequeños”. Por lo tanto, José María ya tiene asegurados diez flamantes candidatos a ingresar a la “Obra”.
María Marcos tiene 41 años, es numeraria –los miembros solteros- del Opus y vive en un centro femenino de la organización en Madrid. Trabaja como profesora de derecho procesal en la Universidad de Alcalá de Henares. Señala: “Mi decisión de pedir la admisión al Opus Dei fue porque vi que era una vocación divina. Cuando conocí el Opus Dei fui comprendiendo qué es lo que Dios me pedía: que entregara mi vida para servir a la iglesia, para acercar a otras personas a Dios. Ese fue el principal motivo que me llevó a entregarme a Dios en el Opus Dei cuando tenía 14 años”.
Aquí cabe una salvedad: el Opus Dei sostiene a rajatabla que recién se puede ingresar a la organización a partir de los 18 años de edad, sin embargo son varios los casos en que se ha captado a adolescentes de 14y 15 años, como reconoce la propia María en su caso.
Prosigue indicando que “la mortificación es algo que la iglesia recomienda para poder estar siempre dispuesto a servir a los demás,a servir a Dios. Es como un estar en forma desde el punto de vista espiritual y muchas veces la manera es tratándose con un poquito de exigencia o disciplina”.
Manipulación y testimonios en contra
Las versiones de quienes se han alejado del Opus Dei tratan de arrojar otro tipo de luz sobre el grupo.
Por ejemplo, Agustina López de los Mozos, de 52 años, soltera, actualmente periodista en Madrid y que fue numeraria del Opus durante nueve años y hace 26 que se alejó del mismo, sostiene: “En los últimos años, como numeraria, fui tomando conciencia de que hay una esquizofrenia dentro del Opus Dei; una cosa es lo que dicen que tienes que vivir y otra cosa es lo que vives en realidad. Cuando te das cuenta, eso genera una serie de preguntas que allí nadie te contesta, y llega un momento en que todo se rompe y produce una sensación interior de que tú ahí no puedes seguir más, porque eso te va a llevar a una enfermedad e incluso a la pérdida de la fe. Prosigue Agustina recordando que “la primera vez que tomé contacto con el Opus Dei, no sabía qué era, ni nadie me dijo ese día qué era la ‘Obra’. Yo fui a jugar un partido de baloncesto y luego nos prepararon una estupenda merienda, con gente muy encantadora. Yo tenía 16 años. Una de las personas que estaba allí me pidió el número de teléfono y ahí surgió todo”.
“En un momento empezaba a estudiar mi carrera de periodismo –continúa- y tenía que leer cierta bibliografía que me habían dado mis profesores de la facultad, pero no puedes leer lo que quieras, tienes que pedir permiso. Yo necesitaba leer a Simone de Beauvoir pero me dijeron que no se podía leer. ¿Por qué?. Porque era una mujer que no estaba casada y vivía con un señor que era marxista” (por Jean Paul Sartre).
Según Agustina, “una de las principalísimas obligaciones de un miembro de la ‘Obra’ es el proselitismo. En todas las charlas de formación te repiten constantemente que tienes que traer vocaciones a la ‘Obra’. Uno no se puede ir libremente cuando quiere. Ellos entienden que el que se va no va a ser feliz, se condena, es otro Judas. Te inculcan el miedo a irte. Cuando dije que me quería ir me cambiaron de centro y fui a uno donde las numerarias que allí vivían eran personas raras, problemáticas. Me di cuenta de que era un poco como yo me vería dentro de unos años. Solo estuve tres meses en ese centro de mujeres tristes. Entonces un día planeé mi escape. Por la noche preparé una bolsa mínima, con poco, para que no sospecharan. Al día siguiente dije que me iba a trabajar y en lugar de irme al trabajo fui a la casa de mis padres, a quienes les dio una gran alegría verme volver”.
Hace cuatro años, Agustina creó el sitio de Internet “Opus Libros”, al que definió como un punto de encuentro en el que ex integrantes del Opus Dei comparten sus experiencias. En tal sentido dice: “Cuando creamos el sitio de Internet, personas en todo el mundo por fin se animaron a hablar de lo que les pasó. Me gustaría que se entendiera que los ex miembros del Opus Dei lo único que reclamamos es que no se vuelva a repetir lo que nos pasó a nosotros. Que los padres y la iglesia estén atentos. No es cierto que tenemos odio y rencor. Uno no debe olvidar, debe poder hablar de los problemas”.
Por su parte Ana Azanza Elio, de 39 años, soltera, también ex numeraria del Opus Dei, escribió un libro con sus experiencias titulado “Diecinueve años de mi vida caminando en una mentira: Opus Dei”. Actualmente es profesora en un instituto público en Jaén, al sur de España. Ana señala que se fue del Opus Dei “porque entré convencida de que era un asunto religioso y que verdaderamente tenía una vocación, pero llegó un momento en que descubrí que esas personas que decían que eran mi familia no lo eran. Cuando eres muy joven te dicen que debes dejar atrás tu familia de sangre. Hasta las conversaciones telefónicas te vigilan. Ellos predican muchas cosas que no viven. Comencé a tener problemas en el trabajo y a esto se juntó el hecho de que yo empezaba a criticar algunas cosas de la directora y las numerarias que mandaban sobre mí, y ellas, en lugar de aceptar realidades, empezaron a decirme que yo estaba loca y que tenía que ir al psiquiatra. Y fui a uno de sus psiquiatras, y me recetó que leyera ‘Inteligencia emocional’. Esa fue su receta. El hecho de que tú estés durmiendo perfectamente, sin ningún problema de sueño o de ansiedad y te estén diciendo que necesitas ir al psiquiatra me pareció tan absurdo, cuando ellas tienen los cajones de sus mesillas llenos de pastillas para dormir”.
“En un momento –continúa Ana- entre cuatro personas me metieron en una habitación y me encerraron, diciéndome que estaba mal, que me iba mal en la ‘Obra’, en el instituto donde trabajaba, en todas partes y que no tenía remedio. Ellos dicen las cosas en un plano inclinado. Es un lavado de cerebro constante.Entonces decidí que no podía seguir viviendo en el centro y me fui a vivir a un piso yo sola, ya que gracias a mi nombramiento como profesora y mi sueldo podía pagarme mi vida. En el Opus llegas a no tener intimidad, no maduras, no creces como persona, no tienes un reducto donde no esté la ‘Obra’ metida. Tienes que decir todo lo que haces, que entras, que sales, adonde vas, de donde vienes, aunque sea una tontería. Debes entregar todo tu dinero, incluso hacer un testamento hológrafo dejando absolutamente todo al Opus Dei, a sus instituciones. Entonces cuando uno sale lo primero que tiene que hacer es preocuparse de hacer un testamento que anule al anterior, porque sino se puede dar el caso de que lleves toda una vida echando pestes del Opus Dei y te mueras, y tus bienes vayan a parar a ellos”.
Santidad “express” y conclusiones
En definitiva, ¿cuál es el cometido del Opus Dei?. Todos y cada uno de los miembros de la “Obra” repiten el latiguillo de que su misión “consiste en difundir el mensaje de que el trabajo y las circunstancias ordinarias son ocasión de encuentro con Dios, de servicio a los demás y de mejora de la sociedad”.Esta muy telegráfica definición resulta poco concreta a la hora de tratar de desentrañar su misterio y, en realidad, muy poco para justificar el enorme desarrollo, poder e influencias de que ha hecho gala el Opus Dei en sólo ochenta años desde que fue creado por el ahora santo José María Escrivá de Balaguer, además de su constante acopio y desmedida ambición de dinero.
A propósito, parte de este dinero podría estar destinado a aliviar las tambaleantes arcas del Vaticano, después de los desaguisados del cardenal Paul Marcinkus, quien dirigió por casi veinte años el Instituto de Obras Religiosas (IOR), más conocido como el “Banco Vaticano” o “Banco del Papa”. Se recuerda que Marcinkus, que se retiró en 1989 y se exilió en Estados Unidos, donde falleció no hace mucho, se vio envuelto en el escándalo que involucró al IOR con el Banco Ambrosiano –una de las principales herramientas de financiación del Vaticano- y con los oscuros banqueros Michele Sindona y Roberto Calvi, propensos a aventuras financieras internacionales y ligados a su vez a la mafia y a la logia P-2 que lideraba Licio Gelli, el mismo que una vez fuera condecorado por el general Perón poco antes de morir éste. Dicho escándalo estalló en 1982, cuando el Banco Ambrosiano quebró y Calvi apareció colgado bajo un puente de Londres, extrañamente “suicidado” ya que se halló entre sus ropas una buena suma de dinero y, aunque parezca extraño, algunos ladrillos. Todo un aviso para los que entendían, en esa época, que la palabra “ladrillo” en francés tiene alguna sinonimia con la palabra “ladrón”. El caso es que el IOR quedó muy desacreditado y sus reservas casi agotadas, ya que de ellas debieron salir los 240 millones de dólares que finalmente debió entregar el Vaticano a los acreedores del Ambrosiano. La purga de los pecados económicos de la Iglesia quedó zanjada en 1998 cuando Juan Pablo II beatificó a Giuseppe Tovini, fundador del Banco Ambrosiano, un banquero que en el siglo XIX había logrado unificar sus habilidades profesionales con la vocación cristiana. Al mismo tiempo este “ascenso a los cielos” de Tovini consiguió, de alguna manera, enterrar la funesta etapa de uno de sus malogrados sucesores: Roberto Calvi.
Cuatro años después de haberle otorgado la santidad a Tovini fue que Juan Pablo II hizo lo mismo con José María Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei. Tal vez uno de los motivos haya sido precisamente la inestimable colaboración de la ‘Obra’ a la recuperación de las finanzas vaticanas, ya que al haber tocado fondo la economía de la Santa Sede, Juan Pablo II reaccionó nombrando una comisión de cinco cardenales para que velaran por el funcionamiento ortodoxo del IOR, creándose además un consejo de expertos que provenían de la banca internacional, del que formó parte José Angel Sánchez Asiaín, entonces presidente del Banco Bilbao Vizcaya y probablemente vinculado al Opus Dei, para que orientaran esas finanzas. Asimismo, el Vaticano se aseguró en el año 2000 el asesoramiento de Michel Camdessus, que acababa de abandonar su cargo de director del Fondo Monetario Internacional.Ese mismo año, el papa Wojtyla completó su equipo de salvadores financieros nombrando, personal y directamente, al cardenal y arzobispo de Barcelona (también posiblemente ligado al Opus Dei) Ricard María Carlés miembro de la Prefectura para los Asuntos Económicos del Vaticano, lo que supuso un aval de confianza para el prelado catalán, quien cuatro años antes se había visto involucrado por fiscales italianos en una supuesta operación de blanqueo de dinero y tráfico de armas, aunque al final las pruebas resultaron inconsistentes.
Quizás por estas cuestiones, sumadas al renovado flujo de dinero que volvió a llegar a las arcas vaticanas desde las distintas diócesis y de las “limosnas de los fieles”, el papa Juan Pablo II bien pudo sentirse impulsado a elevar a la categoría de santo al fundador del Opus Dei, José María Escrivá de Balaguer, con una velocidad sin precedente alguno en toda la historia de la Iglesia. En primer lugar, para elevar a alguien a la santidad se exigía que hubiera realizado como mínimo dos milagros. El papa polaco rebajó esa exigencia a un sólo milagro. Cuando fue menester hallar un “milagro” realizado por Escrivá de Balaguer, apareció rápidamente un individuo –por supuesto miembro del Opus Dei- que aseguró que su invocación a Escrivá le curó una afección en la piel. Algo que seguramente hubiera solucionado la consulta a un buen dermatólogo y el uso de una crema medicinal apropiada. Por otra parte, muchos críticos señalaron que el caso de Escrivá había recibido un tratamiento especial. Para aprobar la beatificación se efectúan numerosas consultas a nivel mundial y debe recibirse el aporte de testigos, tanto a favor como en contra de ese trámite. A “testigos hostiles” importantes se les impidió el acceso a las audiencias –sólo se permitió testificar a once de noventa y dos-, y cuando uno de los ocho jueces eclesiásticos votó contra Escrivá el proceso no fue detenido, como exigen las reglas del Vaticano.
Es así como ha ido aumentando a grandes pasos el poder del Opus Dei, a partir de la asunción de Karol Wojtyla al papado en 1978 –tras la muy extraña muerte de su efímero predecesor Juan Pablo I-, recordándose que en los días inmediatamente anteriores al cónclave que lo eligió Papa, Wojtyla fue a orar ante la tumba de Escrivá de Balaguer en Roma. ¿Habrá contabilizado su acceso al papado como otro “milagro” necesario para elevarlo a la santidad?. Y ese poder de la ‘Obra’ acentúa ahora su continuidad con el actual Papa, Benedicto XVI, el ex cardenal Ratzinger a quien, por su intransigencia en contra de un acceso a algo de modernidad por parte de la Iglesia y su acendrado ultraconservadorismo, varios clérigos le han endilgado el mote, entre otros, de “rotweiler del Espíritu Santo”.
Lo cierto es que el Opus Dei ejerce, según los testimonios de quienes se alejaron de él, todo tipo de censura, coerción y posible lavado de cerebro sobre sus miembros numerarios y los que ávidamente capta día tras día. Debido a su gran sigilo y a su poder tan sospechoso, el Opus es acusado frecuentemente de ser una vasta operación conspiratoria católica en busca de dominio mundial. Como las listas de sus miembros se mantienen bajo llave, sus críticos suelen llamarlo “la mafia santa”, en tanto otros lo sindican como “secta cristiana”, y en realidad así parece comportarse y actuar, como una secta. Al mismo tiempo, el teólogo español Juan José Tamayo Acosta, un estudioso de los trasfondos de la organización, afirma que “hablar en público o escribir sobre el Opus Dei se ha convertido en algo política y religiosamente incorrecto”.
¿Por qué será?.
La ONU tras los crimenes de franquismo.
Los crímenes del franquismo
La Ley de la Memoria Histórica no parece tener efecto en España donde es mucho más necesaria la "damnatio memoriae".
Ante todo, se debería precisar a qué se refieren los medios de comunicación con esa expresión. El alzamiento militar de 1936 en España contra su República, es un hecho que convierte a todos los que participaron en él en delincuentes, ya que atentaron contra un gobierno legitimado por los ciudadanos en unas elecciones democráticas. Existen aún testimonios y documentos con los que se podrían elaborar listados de tales delincuentes.
La Guerra Civil española
Posteriormente al alzamiento, sobrevino una guerra civil que duró tres años y enfrentó a los españoles unos contra otros. Vecinos y familiares se encontraron luchando entre ellos, por convicción o por azar. La guerra, que es pura violencia, despertó otras rencillas y las avivó.
Durante esos tres años, las matanzas y otras violaciones de los derechos humanos en ambos bandos se sucedieron ininterrumpidamente. Europa, excepto Alemania, Italia y Rusia, no tomó partido. se estaba gestando la Segunda Guerra Mundial y el fascismo ganó en España su primera batalla. Hasta aquí puede entenderse que hubo crímenes de guerra, inevitables en tal situación.
En 1939, los insurgentes ganaron la guerra. Acto seguido se inició una depuración de responsabilidades completamente subjetiva. Los caídos del bando insurgente fueron homenajeados y ensalzados y los supervivientes que habían luchado por preservar la legitimidad constitucional en el país empezaron a ser diezmados, confinados en campos de concentración y en prisiones, sometidos a durísimas condiciones donde sufrieron hambre, enfermedades, vejaciones y torturas, como atestiguan los libros Los años del terror, de Mirta Núñez y Cautivos, de Javier Rodrigo, ambos historiadores.
Antonio Ortiz, licenciado en Historia Contemporánea y doctorando de la UNED, ha trazado en su tesis doctoral el mapa donde desaparecieron los detenidos en Madrid al comienzo de la postguerra. El número de desaparecidos, es decir, que no consta en documento alguno su ejecución, es muy alto, según un artículo de Rafael Fraguas sobre este trabajo: Mapa de la represión en la posguerra.
Primeros años del Franquismo
A partir de ese momento, las fuerzas del orden ilegalmente instituidas iniciaron un proceso de represión que sembró el terror entre la población. Durante años se persiguió a las personas que se mostraban disidentes con el régimen político impuesto, incluso a aquellos que simplemente manifestaban en público su disconformidad. Algunas personas se vieron obligadas a vivir ocultas durante años, incluso sin salir a la calle, por miedo a ser represariadas.
Mientras en Europa desaparecía el nazismo, las violaciones de los derechos humanos fueron veladas por una propaganda nacionalista, militarista y maniquea, que dividió a los ciudadanos en buenos (adictos al régimen) y malos (disconformes con el régimen). Sobre esta época puede encontrarse amplia bibliografía en la página web de la Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores.
Los gobernantes no sólo maltrataban impunemente a los ciudadanos, sino que prevaricaban, extorsionaban e incluso robaban. Se sabe que algunos joyeros tuvieron que constituir una especie de seguro de protección, aportando una suma cada uno porque la esposa de uno de los gobernantes principales del régimen recorría las joyerías de la ciudad cogiendo sin pagar cualquier objeto que se le antojaba, información que puede encontrarse ampliada en el artículo de Silvia Pisani: "Zapatero, complicado por la sombra de Franco" en la versión digital del diario argentino La Nación.
La propaganda política se inmiscuyó en las escuelas primarias y secundarias y las universidades. Los libros de texto tendían siempre a la alabanza al régimen y a su ideología, omitiendo innumerables conocimientos, vetados a varias generaciones de españoles. Los maestros y profesores eran obligados a declararse adeptos al régimen si querían ejercer. Los sindicatos eran meros sustantivos. Se suprimió el derecho a la huelga.
La Transición española
La policía actuaba impunemente ante la sola sospecha. La tortura fue practicada usualmente incluso durante la transición a la democracia (desde la muerte del dictador en 1975 hasta aproximadamente 1978, fecha en la que una carga policial durante unos Sanfermines concluyó con un muerto y numerosos heridos).
En este último período, bandas paramilitares fascistas continuaron actuando a sus anchas, llegando incluso al asesinato, destrozando comercios y amenazando a los ciudadanos, como se puede leer en el artículo de Isabelo Herreros La transición española. También hay documentos y testigos suficientes para elaborar listados de personas que incurrieron en todos los hechos delictivos que aquí se describen. Algunas de esas personas han continuado apareciendo en la vida pública, han participado en la vida política después del restablecimiento de la democracia, incluso las hay que aún participan.
¿Qué es un crimen?
El significado de "crimen", en su primera y segunda acepción en el diccionario de la Real Academia Española, no se considera en gran parte de la prensa española, donde se centra la cuestión en las fosas comunes de republicanos depurados que todavía permanecen sin identificar y que se pueden ver en casi toda la geografía del Estado Español, gracias a un mapa trazado por el Gobierno de España.
Y el adverbio "casi" es obligado, ya que en el mapa permanecen en blanco las Comunidades Autónomas administradas por el Partido Popular, aunque parece ser que algunas empiezan a mostrar interés en ayudar en temas relacionados con la memoria del bando perdedor.
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La justicia universal contra el genocidio franquista
Juan Antonio Nuevo Benito (mayo 2010)
Se celebra en Madrid una importante charla sobre la causa abierta contra los Crímenes de la Dictadura Franquista, con Carlos Slepoy y Fernando Magán.
Después de que el intento de inhabilitar a Garzón haya abierto la caja de Pandora de la recuperación de la memoria, se celebrará el jueves 6 de mayo un acto en el barrio de Carabanchel de Madrid en el que intervendrán Carlos Slepoy, abogado de las víctimas querellantes en Argentina para que se juzguen los crímenes de la guerra civil y la dictadura española, Fernando Magán, abogado de las asociaciones que iniciaron la causa en España y Angustias Martínez, víctima de la represión franquista.
Según las palabras del abogado argentino Carlos Slepoy, el espíritu del acto se puede resumir en una frase: "Las Leyes de amnistía o punto final no tienen validez ante los crímenes contra la humanidad o genocidio"
Los delitos de 1936 no han prescrito
La ley de Amnistía de 1977, uno de los argumentos empleados por las asociaciones ultrade
Anatol Gorelik
Entre los intereses del anarquismo y los intereses de las agrupaciones anarquistas, a veces resulta un abismo profundo e infranqueable.Los intereses de las agrupaciones se reducen a menudo a luchas internas, rozamientos personales, discusiones de problemas sin importancia y divergencias mezquinas por intereses secundarios de personas o agrupaciones. O a una lucha con otras agrupaciones por la prepotencia y la dirección, llegando a veces hasta un odio mutuo y una lucha fratricida la más absurda y la más estúpida.
Los intereses del anarquismo están por encima de los intereses mezquinos, temporarios y pasajeros; por encima de las aspiraciones, pasiones, peleas, choques, rencillas y discusiones personales o de grupos. Todo su interés se concentra en la propaganda más eficaz y más amplia de las ideas anarquistas, en las aspiraciones y necesidades pananarquistas, poniendo los intereses panhumanos por encima de los intereses del movimiento. Porque el anarquismo quiere bienestar y libertad para los hombres vivos, para todos los hombres sin excepción. El anarquismo no es una finalidad para los anarquistas, sino un medio para la creación de una humanidad libre y de bienestar.
Por eso, todos los que realmente tienen interés y quieren sinceramente trabajar en los intereses del anarquismo, deben pensar y activar no como miembros de tal o cual agrupación, de tal o cual colectividad, sino como anarquistas, como personalidades libres de todo prejuicio y prejuzgamiento, y que pongan los intereses básicos del anarquismo por encima de los intereses pasajeros de personas y de grupos." Porque una idea — cualquier idea — debe servir para el bien del hombre y de la humanidad, y no el hombre debe servir a la idea, por maravillosa, elevada y noble que esta idea sea.
Y si alguien, por alguna aberración, deseara colocar los intereses personales o de las agrupaciones por encima de los intereses de la idea de la anarquía, este hombre, inevitablemente, se convertir en el enemigo más terrible de sus propias ideas y en el destructor de la obra en nombre de la cual activa y trabaja.
La influencia personal de uno u otro anarquista, de tal o cual agrupación, puede tener y tiene su valor y su importancia, juega y debe jugar un papel importante en el desarrollo, la propagación y divulgación de la idea. Pero esta influencia es solamente parcial y relativamente reducida. Porque cada actividad social se compone de la actividad de todos los hombres que participan en ella.
Pero no siempre activar quiere decir hacer algo útil para el hombre y para la humanidad. Muy a menudo resulta que la actividad de una persona o de un grupo, bien que se denominen anarquistas, se desvía, pierde la esencia básica de la idea y se reduce a su contradicción o negación completa. Lo que sucedió a principios de la guerra de 1914, lo que sucedía después de la conflagración mundial y lo que sucede ahora debería servir de una enseñanza y de un escarmiento para los anarquistas. El peligro más grande para el anarquismo es la desviación de hombres que se acreditaron como anarquistas actives y capacitados. Porque hasta sucede que anarquistas y grupos enteros son arrastrados por la influencia de acontecimientos del momento o por intereses pasajeros, olvidándose a veces completa' mente de los intereses anarquistas y humanos.
Especialmente se difundieron tales fenómenos en los últimos años, cuando la reacción empezó a levantar la cabeza y el conservadurismo tomó de nuevo las riendas de la vida humana y social en sus manos. Se ha llegado hasta provocar todo el movimiento anarquista con el deseo de arrastrarlo por caminos dudosos y entregarlo al servicio de una causa autoritaria y antianárquica. El iniciador de esta provocación, al fin, terminó con descubrir su esencia verdadera y pasarse con todo su bagaje sindicalista y autoritario al comunismo marxista. Porque para él más razón tenían Marx y Lenin que Kropotkín, Malatesta o Max Nettlau. El peligro del plataformismo ha pasado. Pero hay todavía no pocos que siguen con el canto de sirenas de la bondad de la autoridad en las manos de la vanguardia del proletariado y de la nobleza de la autoridad al servicio de los sindicalistas y de los anarquistas.
El movimiento anarquista ya ha sufrido bastante por culpa de estas sirenas del autoritarismo, «de la dirección anarquista de la revolución social», del «todo el poder a los soviets», del «todo el poder a los sindicatos obreros», de los defensores de «la dictadura del proletariado», del «comunalismo», etcétera, y es ya tiempo de poner coto a todas estas desviaciones y dedicarse a la obra constructiva en la propaganda de las ideas y a la preparación de las mentes y de los espíritus para una reconstrucción social sobre bases de la anarquía, donde serán ausentes el autoritarismo, la violencia y la coerción.
Evitar completamente tales fenómenos en el movimiento anarquista, no es tan fácil. Siempre se encentrarán gentes que buscarán en el campo de la actividad anarquista un ambiente propicio para la expansión y el engrandecimiento de su persona, o tratarán de imponer con medios no anárquicos sus deseos y su voluntad.
Pero reducir tales fenómenos al mínimo es posible y debe hacerse.
Para eso es necesario que los intereses de la humanidad y de la anarquía se pongan en la base de toda actividad anarquista, y, lo que es todavía más importante, que el ideal anarquista sea la fuerza que dirija toda la actividad anarquista.
Entonces todas las posibles divergencias y diferencias en las opiniones y en los conceptos serán de poca importancia. Se podrá discutir en algún problema, discutir todas las posibles cuestiones y opiniones, sin que se incurra en personalismos, o que las relaciones entre los anarquistas dejen de ser de compañeros de ideas, tolerantes y amigables.
Sus aspiraciones comunes y las ideas que les unen les ligará tan estrechamente, que ninguna fuerza les podrá desunir o deshacer su compañerismo y amistad.
En tales condiciones de relación entre los anarquistas, cada uno podrá pensar a su manera de entender, y propagar las ideas de acuerdo con su temperamento y preparación, pero siempre de acuerdo con los principios básicos del anarquismo.
Entonces las posibles diferencias de interpretación no serán peligrosas, sino, al contrario, muy útiles. Las posibles discusiones harán pensar y meditar sobre los problemas en estudio, y haciéndose todo esto de una manera tolerante y amigable, serán de una gran utilidad para los que tomen parte en ellas. Y cada problema será estudiado detenida y seriamente, y meditado profunda y anárquicamente.
Todas las posibles divergencias y choques personales perderán entonces su gravedad e importancia, y poco a poco desaparecerán casi por completo, ocupando su lugar el estudio de las ideas y de la vida y la discusión de los métodos y de las actividades.
Muchos anarquistas plantean ahora seriamente la cuestión de la resurrección, elevación y ennoblecimiento del movimiento anarquista, que en realidad ha sufrido más de las rencillas, disputas y choques irracionales internos, que por causas exteriores. Bien que éstos han asestado también no pocos golpes al movimiento anarquista. Pero fueron las luchas fratricidas que alejaron muchas fuerzas buenas y útiles, y no pocas fuerzas activas y de un idealismo firme y definido. Porque a menudo esta lucha personal o de agrupaciones se ponía por encima de la lucha por la realización del ideal anarquista.
Estas disputas y choques trajeron al anarquismo un mal enorme, y es imprescindiblemente necesario encontrar una salida de esta situación anormal. Cada anarquista sincero y honesto lo entiende y lo siente, y aspira a sanar y curar el movimiento de este mal traído de los partidos políticos, en los cuales la lucha por la dirección es una cosa normal e inevitable. Porque cada movimiento en su vida interna refleja desde ya las ideas y practica los principios que propaga. Así que en su movimiento autoritario es normal que existe autoridad y dirección. Pero en un movimiento anarquista y libertario, esto es imposible y anormal, porque contradice con los principios básicos de las ideas que se propagan.
Todos los anarquistas buscan y quieren encontrar un medio para poner fin a estos fenómenos en las filas anarquistas, para así poder empezar una nueva era de respeto, tolerancia y colaboración íntima entre los que aspiran a la realización del ideal de la anarquía, de la libertad y del bienestar para todos los hombres. Y lo conseguirán si tienen bastante buena voluntad, dedicación y persistencia en la obra del esclarecimiento de los principios libertarios del anarquismo y en la unificación de todos los elementos que sinceramente quieren trabajar para el bien de las ideas y de la humanidad entera. Lo conseguirán dedicándose enteramente a la obra constructiva de la propagación y divulgación de las ideas; dejando, a lo* que lo quieran, pelearse y discutir, sin prestarles atención alguna.
Entonces los que realmente están carnalmente interesados en la realización de las ideas y su aplicación a la vida, se adherirán libre y voluntariamente a esta obra sana y útil, creando un vacío alrededor de los que se cubren con el manto de la anarquía o se sirven de ella para sus propios fines o intereses, los más respetables que sean. Engrosando nuevamente las filas anarcolibertarias todos los hombres de pensamientos libertarios y sentimientos nobles, y atrayendo a sus filas a todos los que sienten el dolor universal de la humanidad crucificada por el autoritarismo, la expoliación y exterminación mutua de los hombres, y que quieren y aspiran a una humanidad más noble, más justa y más progresiva, desean ver al hombre — al rey de la naturaleza — disfrutar de su vida, desarrollar la cultura humana, vivir una vida llena y desbordante de alegría y de bienestar, y trabajar y labrar un futuro más progresivo, más glorioso, más fecundo y más armonioso todavía; llegando a crear una personalidad humana más hermosa, más justa, más bella, más noble y más integralmente desarrollada, que en el bienestar de los demás buscaría su propio bienestar, y en la libertad ajena su propia libertad.
Exterminar de un golpe todos los males del movimiento anarquista, sería difícil y casi imposible. Pero eliminarlos poco a poco, es posible y necesario.
Para eso es necesario que todos los que son conscientes de todo el mal que existe ahora en el movimiento anarquista, se nieguen terminantemente a tomar parte en cualquier discusión, disputa o choque, ni dar importancia o tomar en cuenta los ataques maldosos personales de los que se creen sacerdotes del anarquismo, y menos todavía los que son dirigidos por algún malvado, enfermizo u ofuscado.
León Tolstoy tiene un cuento sobre dos campesinos que apurados se dirigían por sus asuntos y que, encontrándose en un paso sobre un riachuelo, no querían dejarse paso uno al otro, alegando cada uno que él es quien más apuro tiene. Así seguían discutiendo un largo rato en medio del paso, hasta que un tercero les aconsejó que este quien tiene realmente más apuro ceda el paso al otro que es nada más que un testarudo. Porque quien no tiene apuro real llegar a alguna parte, no le importa perder su tiempo y el tiempo ajeno en discusiones sin sentido e innecesarias. Solamente el que realmente tiene apuro en hacer eso es el más indicado a dejar paso al otro y no desea entretenerse en estúpidas peleas y luchas fratricidas y perjudiciales para la obra común.
Algo parecido a esto pasa ahora en el movimiento anarquista. Porque la mayoría de las discusiones y disputas en realidad no tienen importancia alguna y son de un interés muy relativo. Cada uno quiere imponerse a los demás, les quiere convencer por lo bueno o por lo malo y obligarles a seguir el camino que él cree bueno. Y como nadie quiere ceder en sus ambiciones, discuten y se pelean sin fin desmoralizando así el movimiento y desacreditando las ideas. Porque una idea que no es capaz de hacer más tolerantes, más morales y más nobles a los que la profesan, no puede seguir para el bien de -la humanidad- y del hombre, y ni tampoco para la reconstrucción de la vida humana y social sobre bases nuevas y mejores.
Por eso los que realmente están interesados en la divulgación y propagación de las ideas anarquistas entre las masas humanas, que dejen de prestar oídos a los que buscan discusiones y peleas, que sigan su camino hacia los fines deseados y aspirados, sin tomar en cuenta para nada a los que buscan en el movimiento anarquista la manera de convertirse en directores y definidores de las ideas y de los métodos anarquistas.
Lo único que debe preocupar a los anarquistas libertarios es la lucha con los males existentes y la divulgación y la propagación de las ideas. Que trabajan asiduamente en la profundización de las ideas y la preparación del campo individual y social para la posible reconstrucción social sobre bases de ayuda mutua, solidaridad y amor. Dejando a los que no tienen capacidad para una obra útil y provechosa, que se peleen, discutan e insulten a los que no concuerdan con ellos, a los que no quieren reconocer su autoridad infalible.
Entonces se formará inevitablemente un vano rededor de los peleadores, y no les quedará otra cosa que hacer, que irse del movimiento y buscar un campo más propicio para esta su actividad, o reconocer sus errores y dedicarse a la lucha con los males existentes y a la propaganda de las ideas.
Ceder se debe y se puede, pero únicamente en lo que puede hacer daño al movimiento anarquista. No ocuparse de insultos y ataques personales: no contestar a insinuaciones malévolas y no intervenir en discusiones sobre problemas que no tienen importancia básica.
Pero se debe estar sereno y firme en lo que respecta a los principios básicos del anarquismo. En tales casos, se debe y es preciso discutir y defenderles. dejando a cada individuo y a cada agrupación el derecho de tener sus propias Opiniones, conceptos y métodos de propaganda de las ideas y de la realización de éstas en la vida.
No importa que alguien se equivoque a veces, o entienda las ideas de una tranca diferente. Ni tampoco que a veces use métodos que no concuerden completamente con los conceptos establecidos y generalmente practicados. Porque dentro del movimiento anarquista cada hombre debe tener la libertad de pensar, discutir y practicar todos sus conceptos. Solamente así los hombres aprenderán a tener sus propias iniciativas y responsabilidades y activar independientemente sus ideas.
También es necesario que las ideas se acepten, se asimilen y se practiquen libremente. Que nadie tenga el derecho de obligar a los demás a pensar y actuar contra su propia convicción y voluntad. Porque solamente las ideas libremente aceptadas y asimiladas podrán convertirse en ideas propias del individuo y le podrán servir de estímulo y de guía en su actividad y su vida social. Lo contrario sería una contradicción flagrante con los principios básicos de la libertad y de la anarquía.
En los partidos políticos, que están construidos según el modelo de la sociedad existente, que está basada sobre los principios de la autoridad y de la jerarquía, al hombre le es permitido pensar, pero se le prohíbe expresar lo que piensa y menos todavía experimentar y practicar sus ideas y opiniones que no concuerdan con las de sus jefes.
En nuestras agrupaciones anarquistas, que existen hoy en día, al hombre se le permite pensar y expresar libremente lo que piensa. Pero se le permite activar solamente en concordancia con lo que opina la mayoría de la agrupación u organización a la cual pertenece. Lo que muy a menudo significa que se debe activar contra sus propias convicciones. Esto crea a menudo situaciones muy desagradables y lleva a rencillas, peleas y choques. El individuo, en tales organizaciones, se ve muchas veces en situaciones delicadas, se ve obligado a activar en contra de sus propias convicciones, o ser consecuente y romper con los compañeros, a los cuales le une la idea común y conceptos concordantes en muchos otros problemas y cuestiones.
El anarquismo reconoce un derecho igual para todos los hombres de practicar todas las formas de expresión del pensamiento humano: pensar, expresarse y practicar lo que piensa y opina. El derecho para cada uno de participar o no participar en lo que hacen los demás, de acuerdo con sus propias convicciones. Pero no acepta ningún derecho para nadie imponer nada, que no sea aceptado libremente. Porque un paraíso impuesto se convertirá en un infierno.
Lo que es de muchísima importancia en el movimiento anarquista, es el respeto mutuo entre los hombres, la tolerancia, la solidaridad y el amor. Que los anarquistas busquen uno en el otro lo que les es común, lo que los une, y no lo que les separe en sus aspiraciones a una vida mejor, más bella y más hermosa, y a una humanidad más justa, más sana y más noble. Que traten de sacar enseñanzas de aquello en que no concuerdan, estudiando a fondo, cambiando opiniones y discutiendo amigable y anárquicamente los problemas que se interpretan diferentemente. Pero que eviten y rechacen todas las discusiones de carácter personal y todos los ataques maliciosos e hirientes, dejando sin atención las insinuaciones malévolas y provocaciones a las cuales recurren siempre los ignorantes y los faltos de conciencia.
Solamente entonces, cuando el compañerismo entre los anarquistas tendrá un valor real y positivo, cuando la tolerancia y el respeto mutuos tomarán cuerpo tangible y cada uno los sentirá como una parte de su consciencia y de su alma, el movimiento anarquista tomará la dirección verdadera, será útil para sus participantes y podrá dar los frutos deseados y necesarios.
Porque sembrando vientos se puede recoger únicamente tempestades, y sembrando chismerías y discordias se podrá recoger solamente peleas y disgustos.
Pero cuando se implantará entre los anarquistas la concordia y una verdadera unificación libertaria en la obra común de siembra de ideas y de plantación de principios básicos de una sociedad nueva, más libre, más justa y más solidaria, entonces todos los esfuerzos estarán dirigidos y dedicados a la lucha con los males existentes y a la implantación y afirmación en las consciencias de los hombres de los conceptos anarquista-libertarios sobre las formas y bases de convivencia social y las relaciones individuales.
Todos los anarquistas concuerdan en que es necesario unificar a los anarquistas libertarios en su lucha común contra el orden existente y en su aspiración de conquistar un futuro nuevo y mejor. Pero esto no se podrá conseguir si no se elimina la lucha fratricida entre compañeros y los choque» por intereses personales o de grupos, que tanto corroen en los últimos tiempos el movimiento anarquista;si los intereses del anarquismo y de la humanidad no se convierten en la base de la actividad de los anarquistas, y si entre los libertarios no se afirma la tolerancia y el respeto a cada personalidad humana.
Por encima de los intereses de los grupos y de los individuos deben estar los intereses del anarquismo, y el respeto y el amor a cada ser humano deben reemplazar el desprecio y el odio existentes en la sociedad de hoy si realmente se desea que el anarquismo - siga siendo un movimiento libertario y sirva honesta y desinteresadamente a los intereses del hombre y de la humanidad toda.
Para conseguir este fin es necesario que todos los que sinceramente sienten todo el mal que aqueja al movimiento anarquista, se unan, creen una base sólida para relaciones nuevas y más libertarias y practiquen la tolerancia, el respeto mutuo y la solidaridad, sirviendo así de ejemplos palpables cómo un anarquista debe portarse y desenvolverse en el movimiento social. Deben acostumbrarse y acostumbrar a los demás a discutir ideas y tácticas y evitar choques personales y discusiones sobre cuestiones secundarias y de menor importancia.
Entonces los anarquistas podrán dedicarse al estudio de la vida y de las ideas, elaborar y practicar diferentes formas de divulgación y realización de las ideas y, unidos y con paso firme, seguir hacia la meta deseada y aspirada. Podrán dedicar sus fuerzas y sus energías a la lucha con los males existentes, a derrumbar los órdenes autoritarios e injustos existentes y a trabajar para preparar y afianzar bases para convivencias libres, de bienestar, de ayuda mutua y de amor para todos los hombres, sobre la tierra toda. Para que la anarquía reemplace el autoritarismo, la ayuda mutua a la coerción, la solidaridad a la violencia, el bienestar general al hambre y la miseria, y la tolerancia y el respeto a cada ser humano al odio y el exterminio. A la creación de una sociedad humana donde la experimentación y la práctica libertarias reemplazarán a las costumbres rígidas, los prejuicios y el fatalismo materialista o espiritualista; a la creación de una sociedad donde los hombres, todos los hombres, serán hermanos y amigos y trabajarán en bien de toda la humanidad y del progreso humano. A la formación de una personalidad humana integral, moral y espiritualmente desarrollada y más elevada, porque la personalidad es la riqueza más grande y más hermosa de la sociedad y la base esencial de toda actividad y de toda unión social. Porque sin la personalidad humana no es posible la existencia de la sociedad. Y la existencia de la sociedad humana es solamente útil y se justifica para la elevación moral, espiritual e intelectual de la personalidad humana y para el mejoramiento de su bienestar.
Por eso es justamente que la anarquía aspira a sintetizar la vida social, convirtiéndola en un complemento de la vida de los individuos y a crear convivencias, para que las sociedades sirvan para el bien del individuo y para el progreso de la humanidad.
Opus Dei: ¿secta cristiana o mafia santa?
Carlos Machado
Al ser humano siempre le han fascinado los misterios, de los que hay miles sin resolver, y uno de ellos es el que envuelve a las organizaciones secretas. Muchos sienten la atracción de escudriñar dentro de ellas, saber de qué se ocupan, quiénes son sus miembros, etc. Esa curiosidad ha recaído, por ejemplo, en el Opus Dei(“Obra de Dios” en latín), una de las más impenetrables de la era moderna.Investigadores que viajaron a España, cuna de la “Obra”, para estudiar y tratar de entender a este grupo, afirman que hay tres áreas para analizar su poder, a juicio de los analistas consultados: su influjo en el Vaticano, su influencia en los círculos políticos y empresariales, y la relación con sus miembros.
Lo cierto es que el Opus Dei nació en 1928; el Papa Juan Pablo II lo elevó en 1982 a la categoría semi-independiente de “prelatura personal”; y su fundador, José María Escrivá de Balaguer, fallecido en 1975, fue canonizado en 2002. Todo un logro ciertamente asombroso en materia de rapidez, sobre todo teniendo en cuenta el tiempo, jamás menor a cincuenta años y que puede llegar a más de cien, que se toma la Iglesia tras numerosos análisis y testimonios para considerar si alguien merece la santidad. Rápidamente también la “Obra” instaló su sede central en Roma, para estar convenientemente muy cerca, en más de un sentido, del centro mundial de la Iglesia. Teólogos españoles sostienen que el Opus Dei logró ascender a la cúpula del Vaticano, convirtiéndose en una especie de “iglesia dentro de la iglesia”, de la mano del papa polaco. Aseguran también que la “Obra” comenzó a frecuentar y “mimar” a Karol Wojtyla desde comienzos de la década de 1970, cuando era arzobispo de Cracovia, organizándole viajes por todo el mundo –algo a lo que en poco tiempo demostró ser muy afecto- e invitándolo a sus congresos en Roma. Agregan que la empatía ya existente entre el Opus y Wojtyla se reafirmó una vez que éste se convirtió en el Sumo Pontífice y acordaron, juntos, llevar a cabo una “nueva evangelización” con principios ultraconservadores. Ello fue rápidamente puesto en práctica por Juan Pablo II no bien inició su papado, ya sea emprendiendo viajes a América Latina para combatir “in situ” a los seguidores de una simbiosis cristiano-marxista como la Teología de la Liberación, y a Africa y varios países del Tercer Mundo, proclives a descarriarse de la tutela del Vaticano en base a carencias y necesidades de sus pueblos a las que la cumbre de la Iglesia nunca supo, o quiso, prestar demasiada atención. El Vaticano encontró también en el Opus Dei una especie de caballo de Troya en medio del mundo, una voz que se haría eco de su cruzada oponiéndose al aborto, al uso de preservativos, al divorcio y a los derechos de los homosexuales, entre otros “horrores” anticlericales.
Fundado, como se dijo, en 1928 por el sacerdote español José María Escrivá de Balaguer, quien según su propio relato tuvo una “visión” de lo que debía aportar a la Iglesia, el Opus Dei –que actualmente cuenta con unos 85.000 miembros repartidos por todo el mundo- cimentó primero su crecimiento y luego su poder en la España del régimen de Francisco Franco (1939-1975), donde logró colocar a dos ministros en el área económica: Mariano Navarro en Hacienda y Alberto Ullastres en Comercio. En poco tiempo aumentó esa cifra, ya que de los 19 ministros con que contaba el “premier” español franquista Carrero Blanco, 12 pertenecían al Opus Dei. A partir de allí no cesó de contar con miembros en distintas áreas del poder y de la Iglesia en varios países. El portavoz de la “Obra” en Gran Bretaña, Jack Valero, reconoció a regañadientes que hoy en día cuenta en el propio Vaticano con sólo dos cardenales: el arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani –quien apoyó hasta último momento los dictatoriales manejos políticos de Alberto Fujimori- y el español Julián Herranz, pero además está el vocero papal, el también español Joaquín Navarro Valls, quien se mantiene inamovible en ese cargo desde hace más de 25 años y que hizo suficientes méritos para hacer recaer sobre sí la frase: “Si la información es poder, quien la controla en la Iglesia detenta todo el poder”. Es que el portavoz no sólo difunde la información, sino que la crea, la elabora y la administra sin someterse a ningún control democrático. Y una parte fundamental de la información es ocultar o negar la infuencia de la “Obra” en el Vaticano. Sin embargo, se sabe que muchos más obispos y cardenales, como el arzobispo de San Salvador, Fernando Sáenz Lacalle –quien fue capellán del ejército salvadoreño que asesinó a seis jesuitas y dos mujeres el 16 de noviembre de 1989- e incluso el propio papa actual, Benedicto XVI –éste desde que era el cardenal Joseph Ratzinger y llegó a comandar en el Vaticano la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, moderno nombre de lo que fue tristemente conocida como la Santa Inquisición- tienen sobrada “simpatía” hacia el Opus. En este último caso, una sucesión perfecta tras la muerte de Juan Pablo II para que la organización mantenga y aún acreciente su influencia y poder en el mundo, siempre a un ritmo ultraconservador. También se ha señalado como miembros en España a algunos funcionarios del anterior gobierno del Partido Popular que condujo el ex primer ministro José María Aznar, como su ex ministro de Defensa, Federico Trillo. El propio Aznar, en tanto, envió a uno de sus hijos a estudiar a la Universidad de Navarra, propiedad del Opus Dei, mientras en el Reino Unido su ministra de Educación, Ruth Kelly, admitió hace poco su pertenencia a la “Obra”.
Política, economía y poder oculto
Aún no se entiende mucho la persistencia del Opus Dei en mantener bajo siete llaves tanto la nómina de sus miembros como su exclusiva “Constitución” y su Carta Orgánica, proclamando que dar a conocer la pertenencia a la agrupación es algo estrictamente personal, lo que atrae sobre ella las acusaciones de “secretismo” de sus críticos, mientras sus fieles perpetúan las dudas al no darse a conocer.
Después de España, el Opus tiene su presencia más numerosa en América Latina, donde cuenta, en todos los países de la región desde México a la Argentina, con unos 30.000 adherentes. Esta expansión por el que llaman “continente de la esperanza” comenzó en el primero de los países citados a fines de la década de 1940, aprovechando para su crecimiento el hecho de que “América Latina es un sitio con una fuerte raíz católica”, como señalaron algunos de sus voceros. Para reforzar esta expansión de la “Obra”, su propio fundador viajó varias veces a diversos países de la región, entre ellos Argentina, Chile, Brasil, Perú y otros de Centroamérica, desde comienzos de la década de 1970 hasta poco antes de su muerte en 1975. Durante su visita a Buenos Aires y sobre el “apostolado” del Opus Dei, Escrivá de Balaguer dijo: “En todos los sitios donde una persona puede vivir, ahí tenemos nosotros aire para respirar”. Y a decir verdad, la “Obra” encontró muy rápidamente lugares y niveles donde nutrirse, y no solamente de aire, al imponer su presencia en las élites políticas y económicas de los países en donde apoyó su pie.
Se comenta que en América Latina formarían parte de esta organización religiosa el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, y el líder de la derecha chilena Joaquín Lavín, entre otros, si bien ninguno de ellos lo ha confirmado públicamente. En Colombia son muchos los que señalan a Uribe y a parte de su gabinete como vinculados al Opus, al que un reciente informe de la prestigiosa revista “Harper’s” describe como “empresa autoritaria y semi-clandestina que se las arregla para colar tecnócratas adoctrinados, administradores y políticos en los niveles más altos del Estado”. Eso sí, los latinoamericanos cuentan ya con candidatos para cumplir con una de las aficiones de la “Obra”: la de elevar a la santidad a cuanta personalidad afín a ella ande por allí. En tal sentido el sacerdote José Martín De la Hoz, director de la Oficina para las Causas de los Santos del Opus Dei en España, reconoció que se han iniciado los procesos para elevar a los altares al ingeniero argentino Isidoro Zorzano y al pediatra guatemalteco Ernesto Cofiño, considerados pioneros del grupo en la región. Se recuerda que en la Argentina, donde actualmente cuenta con unos 7.000 miembros, el Opus Dei comenzó a alcanzar gran infuencia durante el gobierno militar de Juan Carlos onganía. Es que la “Obra” siempre encontró mayor afinidad –y por lo tanto mejores bases para diseminarse- con los poderes de turno, sean militares o civiles, en especial de corte derechista, y en otros círculos también muy aprovechables para seguir escalando posiciones como lo son la prensa y las finanzas. En las recientes elecciones llevadas a cabo en Perú, la derecha trataba de llegar al poder en torno a la líder política Lourdes Flores en una coalición dominada por el viejo Partido Popular Cristiano, que cuenta con numerosos miembros del Opus Dei y prominentes empresarios.
Gracias a su obsesión secretista, también es difícil de determinar el poder económico del Opus, ya que la organización se encuentra diversificada en numerosas fundaciones y no publica balances ni cuentas generales. De todas maneras, pudo saberse que solamente la Universidad de Navarra –una de sus “perlas” educativas- obtuvo al finalizar el año 2004 beneficios por alrededor de 240 millones de euros. Además de la citada casa de estudios, la “Obra” cuenta también con la Universidad Austral, en Argentina, la de Piura en Perú y la de La Sabana, en Colombia, entre otras, y posee numerosos colegios, escuelas de negocios y centros para sus miembros numerarios.
Ocurre que el Opus Dei es una máquina de recaudar dinero con vistas a acrecentar su poder. Para ello cuenta, además de sus universidades y otros centros de estudios, con las donaciones de todos sus miembros, tanto los poderosos como los simples numerarios que ya comienzan a aportar desde su ingreso. Los que viven en los distintos centros, llamados “casas de familia cristiana”, y que salen a trabajar, donan todo su salario y sólo se les provee un poco de dinero “para viáticos”. Incluso todos los adherentes a la “Obra”, sin excepción, hacen su testamento o lo cambian, si ya lo tenían hecho, a favor del Opus. El ejemplo más reciente de ello ocurrió el 25 de febrero de este año 2006, cuando falleció a los 79 años Luis Valls Taberner, copresidente del Banco Popular de España durante 30 años. Fiel seguidor de San Josemaría Escrivá, el banquero y numerario del Opus Dei había testado a favor de la “Obra” dejándole toda su fortuna, estimada en 60 millones de euros. Como puede apreciarse, la organización busca atraer para sí todo el poder posible a partir de lo que precisamente da más poder: el dinero. Dinero que por supuesto invierte en sí misma.
No se conoce, en cambio, que el Opus desarrolle alguna obra de bien entre sectores necesitados o se ocupe de las vicisitudes de barrios carenciados, inundados o que sean castigados por tantas otras plagas que acompañan en el mundo a la tan dispar distribución de la riqueza.
Del funcionamiento y las prácticas medievales El hecho de que el papa Juan Pablo II convirtiera a esta organización en “prelatura personal” en 1982, fue algo sin precedentes en la historia de la iglesia católica. De esa manera, el grupo pasó a ser una especie de diócesis supraterritorial que no está sometida ni a la jurisdicción ni a la autoridad de los obispos, respondiendo directamente al pontífice. Un verdadero movimiento independiente dentro de la iglesia, a la vez que un fuerte núcleo de poder dentro del Vaticano.
Como se dijo, la sede central del Opus Dei se encuentra en Roma, con lo que se ha querido subrayar el carácter “universal” del movimiento, y a su cargo está el obispo español Javier Echevarría, secundado por el vicario general Fernando Ocáriz. Hacia abajo en la estructura, la organización posee vicarios regionales. Las altas funciones directivas son desempeñadas por clérigos, aunque éstos constituyen apenas algo más del2% (unos 1.800 miembros), ya que la mayoría de los miembros del Opus son laicos o fieles dispuestos al sacerdocio. En cada país funciona una Comisión Regional (hombres) y una Asesoría Regional (mujeres), que elevan sus reportes a los sacerdotes que actúan como vicarios regionales. En los centros diseminados por todo el mundo (las llamadas “casas de familia cristiana”) residen los “numerarios”, hombres y mujeres solteros, aunque, para evitar cualquier tentación carnal, lo hacen en casas separadas. Allí se organiza la formación y atención de los fieles, además de celebrarse misas, recibir confesiones y brindarles guía espiritual, esto a cargo de los clérigos encargados de las capillas de cada centro. Los miembros casados –los “supernumerarios”- habitan en sus propios hogares, aunque cumpliendo también con todas las obligaciones que impone el Opus de la mañana a la noche y, por supuesto, donando su porción de dinero a la “Obra”.
¿Y cuáles son estas obligaciones que los miembros del Opus asumen tan estoicamente?. En primer lugar al levantarse, muy temprano siempre, tirarse al piso, besándolo y pronunciando la palabra “servir”, media hora de oración, ir a misa, rezar el Rosario, leer la Biblia y hacer una lectura espiritual. En medio de todo ello se hacen un lugar para el desayuno y las demás comidas, claro. Además, participan en una charla semanal con los encargados de su formación, practican un retiro espiritual mensual, un retiro anual de varios días y, también anualmente, un curso de formación de varias jornadas. Entre estas actividades de los numerarios se encuentra también una a la que deben concederle suma atención: la atracción de nuevas ovejas al rebaño, es decir la captación de nuevos miembros en colegios, clubs, lugares públicos y cuanto sitio sea oportuno para ello.
Al margen de todo ésto, hay algunas prácticas particulares y obligatorias para cada uno de los numerarios, sobre todo las de raigambre medieval como son las mortificaciones corporales, practicadas de varias formas. Deben tomar diariamente una ducha fría (en cualquier época del año y obviamente con cualquier clima); y dormir sobre una superficie dura. Una vez por semana, los hombres se acuestan en el suelo y las mujeres sobre una tabla colocada sobre el colchón. Sobre este último punto, algunos ex miembros dicen que Escrivá de Balaguer afirmaba que ello era debido a que las pasiones femeninas requerían de más disciplina. También hay otras mortificaciones más dolorosas, como el cilicio, una malla de metal con puntas que se ciñe al muslo y se usa dos horas por día, y las “disciplinas”, cuerdas con varios brazos que terminan en nudos para flagelarse una vez por semana, generalmente los días domingo. También hay mortificaciones más “suaves”, como renunciar a algo en las comidas, por ejemplo el postre. Los numerarios sostienen que estas prácticas sirven para que el cuerpo y el espíritu sean “dóciles a las exigencias apostólicas”.
Manipulación y testimonios a favor
Ex miembros del Opus Dei que se alejaron de la organización la acusan de manipular de diversas formas a sus integrantes. Por ejemplo, mencionan el control absoluto de todas sus actividades diarias; la lectura, por parte de los directores de los centros, del correo personal que envían y reciben; y también el control de las publicaciones que se leen. De hecho, se ejerce allí una férrea censura de libros, películas y programas de televisión, seleccionándose sólo los que los directores consideran que no son “contaminantes” para los numerarios. Pero el Opus practica otra manipulación aún más grave: la de las conciencias de sus miembros, en la que no faltan el tratamiento psicológico y la utilización de drogas hipnóticas para los que osen titubear o dudar entre continuar en la “Obra” o alejarse de allí. Muchos ex numerarios del Opus aseguraron que a los más críticos o dubitativos respecto de su continuidad en los centros, se les llega a suministrar Rohypnol para, psiquiatra o director mediante, convencerlos con más facilidad de que el lugar y sus habitantes son la única familia posible.
Para ejercer el sentido de la imparcialidad, o si se prefiere el beneficio de la duda, veamos diferentes versiones, a favor y en contra, de personas que pertenecen a la “Obra” y de otras que abandonaron la misma. En este caso son todos españoles.
José María Villalón tiene 47 años, es jefe de servicios médicos del club de fútbol Atlético de Madrid, supernumerario –los miembros casados- del Opus Dei, y tiene diez hijos. Dice: “Me uní al Opus Dei hace más de quince años porque es una vocación, un camino a la santidad a través del trabajo. Los contactos que tuve han sido con amigos o personas allegadas, compañeros médicos o del mundo del deporte, que ya estaban relacionados con el Opus Dei. El camino que he elegido me ayuda mucho en mi vida familiar. Primero porque de forma libre puedes elegir el número de hijos que deseas tener. Por otra parte, creo que es muy importante acercar a los niños a Dios desde pequeños”. Por lo tanto, José María ya tiene asegurados diez flamantes candidatos a ingresar a la “Obra”.
María Marcos tiene 41 años, es numeraria –los miembros solteros- del Opus y vive en un centro femenino de la organización en Madrid. Trabaja como profesora de derecho procesal en la Universidad de Alcalá de Henares. Señala: “Mi decisión de pedir la admisión al Opus Dei fue porque vi que era una vocación divina. Cuando conocí el Opus Dei fui comprendiendo qué es lo que Dios me pedía: que entregara mi vida para servir a la iglesia, para acercar a otras personas a Dios. Ese fue el principal motivo que me llevó a entregarme a Dios en el Opus Dei cuando tenía 14 años”.
Aquí cabe una salvedad: el Opus Dei sostiene a rajatabla que recién se puede ingresar a la organización a partir de los 18 años de edad, sin embargo son varios los casos en que se ha captado a adolescentes de 14y 15 años, como reconoce la propia María en su caso.
Prosigue indicando que “la mortificación es algo que la iglesia recomienda para poder estar siempre dispuesto a servir a los demás,a servir a Dios. Es como un estar en forma desde el punto de vista espiritual y muchas veces la manera es tratándose con un poquito de exigencia o disciplina”.
Manipulación y testimonios en contra
Las versiones de quienes se han alejado del Opus Dei tratan de arrojar otro tipo de luz sobre el grupo.
Por ejemplo, Agustina López de los Mozos, de 52 años, soltera, actualmente periodista en Madrid y que fue numeraria del Opus durante nueve años y hace 26 que se alejó del mismo, sostiene: “En los últimos años, como numeraria, fui tomando conciencia de que hay una esquizofrenia dentro del Opus Dei; una cosa es lo que dicen que tienes que vivir y otra cosa es lo que vives en realidad. Cuando te das cuenta, eso genera una serie de preguntas que allí nadie te contesta, y llega un momento en que todo se rompe y produce una sensación interior de que tú ahí no puedes seguir más, porque eso te va a llevar a una enfermedad e incluso a la pérdida de la fe. Prosigue Agustina recordando que “la primera vez que tomé contacto con el Opus Dei, no sabía qué era, ni nadie me dijo ese día qué era la ‘Obra’. Yo fui a jugar un partido de baloncesto y luego nos prepararon una estupenda merienda, con gente muy encantadora. Yo tenía 16 años. Una de las personas que estaba allí me pidió el número de teléfono y ahí surgió todo”.
“En un momento empezaba a estudiar mi carrera de periodismo –continúa- y tenía que leer cierta bibliografía que me habían dado mis profesores de la facultad, pero no puedes leer lo que quieras, tienes que pedir permiso. Yo necesitaba leer a Simone de Beauvoir pero me dijeron que no se podía leer. ¿Por qué?. Porque era una mujer que no estaba casada y vivía con un señor que era marxista” (por Jean Paul Sartre).
Según Agustina, “una de las principalísimas obligaciones de un miembro de la ‘Obra’ es el proselitismo. En todas las charlas de formación te repiten constantemente que tienes que traer vocaciones a la ‘Obra’. Uno no se puede ir libremente cuando quiere. Ellos entienden que el que se va no va a ser feliz, se condena, es otro Judas. Te inculcan el miedo a irte. Cuando dije que me quería ir me cambiaron de centro y fui a uno donde las numerarias que allí vivían eran personas raras, problemáticas. Me di cuenta de que era un poco como yo me vería dentro de unos años. Solo estuve tres meses en ese centro de mujeres tristes. Entonces un día planeé mi escape. Por la noche preparé una bolsa mínima, con poco, para que no sospecharan. Al día siguiente dije que me iba a trabajar y en lugar de irme al trabajo fui a la casa de mis padres, a quienes les dio una gran alegría verme volver”.
Hace cuatro años, Agustina creó el sitio de Internet “Opus Libros”, al que definió como un punto de encuentro en el que ex integrantes del Opus Dei comparten sus experiencias. En tal sentido dice: “Cuando creamos el sitio de Internet, personas en todo el mundo por fin se animaron a hablar de lo que les pasó. Me gustaría que se entendiera que los ex miembros del Opus Dei lo único que reclamamos es que no se vuelva a repetir lo que nos pasó a nosotros. Que los padres y la iglesia estén atentos. No es cierto que tenemos odio y rencor. Uno no debe olvidar, debe poder hablar de los problemas”.
Por su parte Ana Azanza Elio, de 39 años, soltera, también ex numeraria del Opus Dei, escribió un libro con sus experiencias titulado “Diecinueve años de mi vida caminando en una mentira: Opus Dei”. Actualmente es profesora en un instituto público en Jaén, al sur de España. Ana señala que se fue del Opus Dei “porque entré convencida de que era un asunto religioso y que verdaderamente tenía una vocación, pero llegó un momento en que descubrí que esas personas que decían que eran mi familia no lo eran. Cuando eres muy joven te dicen que debes dejar atrás tu familia de sangre. Hasta las conversaciones telefónicas te vigilan. Ellos predican muchas cosas que no viven. Comencé a tener problemas en el trabajo y a esto se juntó el hecho de que yo empezaba a criticar algunas cosas de la directora y las numerarias que mandaban sobre mí, y ellas, en lugar de aceptar realidades, empezaron a decirme que yo estaba loca y que tenía que ir al psiquiatra. Y fui a uno de sus psiquiatras, y me recetó que leyera ‘Inteligencia emocional’. Esa fue su receta. El hecho de que tú estés durmiendo perfectamente, sin ningún problema de sueño o de ansiedad y te estén diciendo que necesitas ir al psiquiatra me pareció tan absurdo, cuando ellas tienen los cajones de sus mesillas llenos de pastillas para dormir”.
“En un momento –continúa Ana- entre cuatro personas me metieron en una habitación y me encerraron, diciéndome que estaba mal, que me iba mal en la ‘Obra’, en el instituto donde trabajaba, en todas partes y que no tenía remedio. Ellos dicen las cosas en un plano inclinado. Es un lavado de cerebro constante.Entonces decidí que no podía seguir viviendo en el centro y me fui a vivir a un piso yo sola, ya que gracias a mi nombramiento como profesora y mi sueldo podía pagarme mi vida. En el Opus llegas a no tener intimidad, no maduras, no creces como persona, no tienes un reducto donde no esté la ‘Obra’ metida. Tienes que decir todo lo que haces, que entras, que sales, adonde vas, de donde vienes, aunque sea una tontería. Debes entregar todo tu dinero, incluso hacer un testamento hológrafo dejando absolutamente todo al Opus Dei, a sus instituciones. Entonces cuando uno sale lo primero que tiene que hacer es preocuparse de hacer un testamento que anule al anterior, porque sino se puede dar el caso de que lleves toda una vida echando pestes del Opus Dei y te mueras, y tus bienes vayan a parar a ellos”.
Santidad “express” y conclusiones
En definitiva, ¿cuál es el cometido del Opus Dei?. Todos y cada uno de los miembros de la “Obra” repiten el latiguillo de que su misión “consiste en difundir el mensaje de que el trabajo y las circunstancias ordinarias son ocasión de encuentro con Dios, de servicio a los demás y de mejora de la sociedad”.Esta muy telegráfica definición resulta poco concreta a la hora de tratar de desentrañar su misterio y, en realidad, muy poco para justificar el enorme desarrollo, poder e influencias de que ha hecho gala el Opus Dei en sólo ochenta años desde que fue creado por el ahora santo José María Escrivá de Balaguer, además de su constante acopio y desmedida ambición de dinero.
A propósito, parte de este dinero podría estar destinado a aliviar las tambaleantes arcas del Vaticano, después de los desaguisados del cardenal Paul Marcinkus, quien dirigió por casi veinte años el Instituto de Obras Religiosas (IOR), más conocido como el “Banco Vaticano” o “Banco del Papa”. Se recuerda que Marcinkus, que se retiró en 1989 y se exilió en Estados Unidos, donde falleció no hace mucho, se vio envuelto en el escándalo que involucró al IOR con el Banco Ambrosiano –una de las principales herramientas de financiación del Vaticano- y con los oscuros banqueros Michele Sindona y Roberto Calvi, propensos a aventuras financieras internacionales y ligados a su vez a la mafia y a la logia P-2 que lideraba Licio Gelli, el mismo que una vez fuera condecorado por el general Perón poco antes de morir éste. Dicho escándalo estalló en 1982, cuando el Banco Ambrosiano quebró y Calvi apareció colgado bajo un puente de Londres, extrañamente “suicidado” ya que se halló entre sus ropas una buena suma de dinero y, aunque parezca extraño, algunos ladrillos. Todo un aviso para los que entendían, en esa época, que la palabra “ladrillo” en francés tiene alguna sinonimia con la palabra “ladrón”. El caso es que el IOR quedó muy desacreditado y sus reservas casi agotadas, ya que de ellas debieron salir los 240 millones de dólares que finalmente debió entregar el Vaticano a los acreedores del Ambrosiano. La purga de los pecados económicos de la Iglesia quedó zanjada en 1998 cuando Juan Pablo II beatificó a Giuseppe Tovini, fundador del Banco Ambrosiano, un banquero que en el siglo XIX había logrado unificar sus habilidades profesionales con la vocación cristiana. Al mismo tiempo este “ascenso a los cielos” de Tovini consiguió, de alguna manera, enterrar la funesta etapa de uno de sus malogrados sucesores: Roberto Calvi.
Cuatro años después de haberle otorgado la santidad a Tovini fue que Juan Pablo II hizo lo mismo con José María Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei. Tal vez uno de los motivos haya sido precisamente la inestimable colaboración de la ‘Obra’ a la recuperación de las finanzas vaticanas, ya que al haber tocado fondo la economía de la Santa Sede, Juan Pablo II reaccionó nombrando una comisión de cinco cardenales para que velaran por el funcionamiento ortodoxo del IOR, creándose además un consejo de expertos que provenían de la banca internacional, del que formó parte José Angel Sánchez Asiaín, entonces presidente del Banco Bilbao Vizcaya y probablemente vinculado al Opus Dei, para que orientaran esas finanzas. Asimismo, el Vaticano se aseguró en el año 2000 el asesoramiento de Michel Camdessus, que acababa de abandonar su cargo de director del Fondo Monetario Internacional.Ese mismo año, el papa Wojtyla completó su equipo de salvadores financieros nombrando, personal y directamente, al cardenal y arzobispo de Barcelona (también posiblemente ligado al Opus Dei) Ricard María Carlés miembro de la Prefectura para los Asuntos Económicos del Vaticano, lo que supuso un aval de confianza para el prelado catalán, quien cuatro años antes se había visto involucrado por fiscales italianos en una supuesta operación de blanqueo de dinero y tráfico de armas, aunque al final las pruebas resultaron inconsistentes.
Quizás por estas cuestiones, sumadas al renovado flujo de dinero que volvió a llegar a las arcas vaticanas desde las distintas diócesis y de las “limosnas de los fieles”, el papa Juan Pablo II bien pudo sentirse impulsado a elevar a la categoría de santo al fundador del Opus Dei, José María Escrivá de Balaguer, con una velocidad sin precedente alguno en toda la historia de la Iglesia. En primer lugar, para elevar a alguien a la santidad se exigía que hubiera realizado como mínimo dos milagros. El papa polaco rebajó esa exigencia a un sólo milagro. Cuando fue menester hallar un “milagro” realizado por Escrivá de Balaguer, apareció rápidamente un individuo –por supuesto miembro del Opus Dei- que aseguró que su invocación a Escrivá le curó una afección en la piel. Algo que seguramente hubiera solucionado la consulta a un buen dermatólogo y el uso de una crema medicinal apropiada. Por otra parte, muchos críticos señalaron que el caso de Escrivá había recibido un tratamiento especial. Para aprobar la beatificación se efectúan numerosas consultas a nivel mundial y debe recibirse el aporte de testigos, tanto a favor como en contra de ese trámite. A “testigos hostiles” importantes se les impidió el acceso a las audiencias –sólo se permitió testificar a once de noventa y dos-, y cuando uno de los ocho jueces eclesiásticos votó contra Escrivá el proceso no fue detenido, como exigen las reglas del Vaticano.
Es así como ha ido aumentando a grandes pasos el poder del Opus Dei, a partir de la asunción de Karol Wojtyla al papado en 1978 –tras la muy extraña muerte de su efímero predecesor Juan Pablo I-, recordándose que en los días inmediatamente anteriores al cónclave que lo eligió Papa, Wojtyla fue a orar ante la tumba de Escrivá de Balaguer en Roma. ¿Habrá contabilizado su acceso al papado como otro “milagro” necesario para elevarlo a la santidad?. Y ese poder de la ‘Obra’ acentúa ahora su continuidad con el actual Papa, Benedicto XVI, el ex cardenal Ratzinger a quien, por su intransigencia en contra de un acceso a algo de modernidad por parte de la Iglesia y su acendrado ultraconservadorismo, varios clérigos le han endilgado el mote, entre otros, de “rotweiler del Espíritu Santo”.
Lo cierto es que el Opus Dei ejerce, según los testimonios de quienes se alejaron de él, todo tipo de censura, coerción y posible lavado de cerebro sobre sus miembros numerarios y los que ávidamente capta día tras día. Debido a su gran sigilo y a su poder tan sospechoso, el Opus es acusado frecuentemente de ser una vasta operación conspiratoria católica en busca de dominio mundial. Como las listas de sus miembros se mantienen bajo llave, sus críticos suelen llamarlo “la mafia santa”, en tanto otros lo sindican como “secta cristiana”, y en realidad así parece comportarse y actuar, como una secta. Al mismo tiempo, el teólogo español Juan José Tamayo Acosta, un estudioso de los trasfondos de la organización, afirma que “hablar en público o escribir sobre el Opus Dei se ha convertido en algo política y religiosamente incorrecto”.
¿Por qué será?.
La ONU tras los crimenes de franquismo.
Los crímenes del franquismo
La Ley de la Memoria Histórica no parece tener efecto en España donde es mucho más necesaria la "damnatio memoriae".
Ante todo, se debería precisar a qué se refieren los medios de comunicación con esa expresión. El alzamiento militar de 1936 en España contra su República, es un hecho que convierte a todos los que participaron en él en delincuentes, ya que atentaron contra un gobierno legitimado por los ciudadanos en unas elecciones democráticas. Existen aún testimonios y documentos con los que se podrían elaborar listados de tales delincuentes.
La Guerra Civil española
Posteriormente al alzamiento, sobrevino una guerra civil que duró tres años y enfrentó a los españoles unos contra otros. Vecinos y familiares se encontraron luchando entre ellos, por convicción o por azar. La guerra, que es pura violencia, despertó otras rencillas y las avivó.
Durante esos tres años, las matanzas y otras violaciones de los derechos humanos en ambos bandos se sucedieron ininterrumpidamente. Europa, excepto Alemania, Italia y Rusia, no tomó partido. se estaba gestando la Segunda Guerra Mundial y el fascismo ganó en España su primera batalla. Hasta aquí puede entenderse que hubo crímenes de guerra, inevitables en tal situación.
En 1939, los insurgentes ganaron la guerra. Acto seguido se inició una depuración de responsabilidades completamente subjetiva. Los caídos del bando insurgente fueron homenajeados y ensalzados y los supervivientes que habían luchado por preservar la legitimidad constitucional en el país empezaron a ser diezmados, confinados en campos de concentración y en prisiones, sometidos a durísimas condiciones donde sufrieron hambre, enfermedades, vejaciones y torturas, como atestiguan los libros Los años del terror, de Mirta Núñez y Cautivos, de Javier Rodrigo, ambos historiadores.
Antonio Ortiz, licenciado en Historia Contemporánea y doctorando de la UNED, ha trazado en su tesis doctoral el mapa donde desaparecieron los detenidos en Madrid al comienzo de la postguerra. El número de desaparecidos, es decir, que no consta en documento alguno su ejecución, es muy alto, según un artículo de Rafael Fraguas sobre este trabajo: Mapa de la represión en la posguerra.
Primeros años del Franquismo
A partir de ese momento, las fuerzas del orden ilegalmente instituidas iniciaron un proceso de represión que sembró el terror entre la población. Durante años se persiguió a las personas que se mostraban disidentes con el régimen político impuesto, incluso a aquellos que simplemente manifestaban en público su disconformidad. Algunas personas se vieron obligadas a vivir ocultas durante años, incluso sin salir a la calle, por miedo a ser represariadas.
Mientras en Europa desaparecía el nazismo, las violaciones de los derechos humanos fueron veladas por una propaganda nacionalista, militarista y maniquea, que dividió a los ciudadanos en buenos (adictos al régimen) y malos (disconformes con el régimen). Sobre esta época puede encontrarse amplia bibliografía en la página web de la Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores.
Los gobernantes no sólo maltrataban impunemente a los ciudadanos, sino que prevaricaban, extorsionaban e incluso robaban. Se sabe que algunos joyeros tuvieron que constituir una especie de seguro de protección, aportando una suma cada uno porque la esposa de uno de los gobernantes principales del régimen recorría las joyerías de la ciudad cogiendo sin pagar cualquier objeto que se le antojaba, información que puede encontrarse ampliada en el artículo de Silvia Pisani: "Zapatero, complicado por la sombra de Franco" en la versión digital del diario argentino La Nación.
La propaganda política se inmiscuyó en las escuelas primarias y secundarias y las universidades. Los libros de texto tendían siempre a la alabanza al régimen y a su ideología, omitiendo innumerables conocimientos, vetados a varias generaciones de españoles. Los maestros y profesores eran obligados a declararse adeptos al régimen si querían ejercer. Los sindicatos eran meros sustantivos. Se suprimió el derecho a la huelga.
La Transición española
La policía actuaba impunemente ante la sola sospecha. La tortura fue practicada usualmente incluso durante la transición a la democracia (desde la muerte del dictador en 1975 hasta aproximadamente 1978, fecha en la que una carga policial durante unos Sanfermines concluyó con un muerto y numerosos heridos).
En este último período, bandas paramilitares fascistas continuaron actuando a sus anchas, llegando incluso al asesinato, destrozando comercios y amenazando a los ciudadanos, como se puede leer en el artículo de Isabelo Herreros La transición española. También hay documentos y testigos suficientes para elaborar listados de personas que incurrieron en todos los hechos delictivos que aquí se describen. Algunas de esas personas han continuado apareciendo en la vida pública, han participado en la vida política después del restablecimiento de la democracia, incluso las hay que aún participan.
¿Qué es un crimen?
El significado de "crimen", en su primera y segunda acepción en el diccionario de la Real Academia Española, no se considera en gran parte de la prensa española, donde se centra la cuestión en las fosas comunes de republicanos depurados que todavía permanecen sin identificar y que se pueden ver en casi toda la geografía del Estado Español, gracias a un mapa trazado por el Gobierno de España.
Y el adverbio "casi" es obligado, ya que en el mapa permanecen en blanco las Comunidades Autónomas administradas por el Partido Popular, aunque parece ser que algunas empiezan a mostrar interés en ayudar en temas relacionados con la memoria del bando perdedor.
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La justicia universal contra el genocidio franquista
Juan Antonio Nuevo Benito (mayo 2010)
Se celebra en Madrid una importante charla sobre la causa abierta contra los Crímenes de la Dictadura Franquista, con Carlos Slepoy y Fernando Magán.
Después de que el intento de inhabilitar a Garzón haya abierto la caja de Pandora de la recuperación de la memoria, se celebrará el jueves 6 de mayo un acto en el barrio de Carabanchel de Madrid en el que intervendrán Carlos Slepoy, abogado de las víctimas querellantes en Argentina para que se juzguen los crímenes de la guerra civil y la dictadura española, Fernando Magán, abogado de las asociaciones que iniciaron la causa en España y Angustias Martínez, víctima de la represión franquista.
Según las palabras del abogado argentino Carlos Slepoy, el espíritu del acto se puede resumir en una frase: "Las Leyes de amnistía o punto final no tienen validez ante los crímenes contra la humanidad o genocidio"
Los delitos de 1936 no han prescrito
La ley de Amnistía de 1977, uno de los argumentos empleados por las asociaciones ultrade