
Primer Post!... Ahora bien hoy les traigo historias cortas de miedo y terror para que maten la noche.... Saludos a todo aquel que entre a mi Post!!!!
El fantasma de la rivera
Como todos los días, Gabino regresaba de pescar, al final de la tarde.
En la orilla opuesta del río, por encima del monte, el cielo estaba rojizo, y
el río lo reflejaba en sus aguas inquietas.
Ya en la playa, Gabino amarraba su bote, cuando, al igual otros días, sintió que
lo observaban. Varias veces vio, por el rabillo del ojo, que alguien se asomaba
entre las sombras del monte ribereño, pero al voltear solo veía a los árboles.
Aquella presencia, aquel ser que lo observaba, no le causaba temor, y de
alguna forma, tenía la impresión, casi la seguridad, de que era algo femenino,
aunque también sentía que no era una persona ni ningún ser vivo.
Unos días después, Gabino llegó hasta la playa acompañado por una muchacha
que conoció en el cumpleaños de un vecino. Mientras nadaban en el río, Gabino
sintió nuevamente que lo observaban, desde el monte, pero esta vez lo embargó
un hondo temor.
- Mejor nos vamos - le dijo a la muchacha - El agua está muy fría.
Al otro día, cuando regresó de pescar, al final de la tarde, se apresuró en amarrar
su bote, atravesó la playa y se internó en el sendero que atravesaba el monte
cuesta arriba. El sendero ya estaba oscuro, el monte silencioso y lúgubre.
Iba por la mitad del sendero cuando de repente escuchó una voz que le erizó
la piel - !Gabino, ven, aquí estoy¡ - la voz era temblorosa, ronca, parecida a
la de una anciana, y tenía un tono imperativo. Gabino volteó lentamente; en
el sendero, detrás de el, había una figura decrépita, encorvada y temblorosa.
Gabino quedó paralizado por el terror. Aquella figura fantasmagórica llegó
hasta el y lo envolvió en sus delgadísimos brazos; el corazón de Gabino dejó
de latir.
Al amanecer, otro pescador que pasaba por allí encontró su cuerpo sin vida.
Mientras lo examinaba, el hombre vio, por el rabillo del ojo, que alguien
lo observaba desde el monte.

Como todos los días, Gabino regresaba de pescar, al final de la tarde.
En la orilla opuesta del río, por encima del monte, el cielo estaba rojizo, y
el río lo reflejaba en sus aguas inquietas.
Ya en la playa, Gabino amarraba su bote, cuando, al igual otros días, sintió que
lo observaban. Varias veces vio, por el rabillo del ojo, que alguien se asomaba
entre las sombras del monte ribereño, pero al voltear solo veía a los árboles.
Aquella presencia, aquel ser que lo observaba, no le causaba temor, y de
alguna forma, tenía la impresión, casi la seguridad, de que era algo femenino,
aunque también sentía que no era una persona ni ningún ser vivo.
Unos días después, Gabino llegó hasta la playa acompañado por una muchacha
que conoció en el cumpleaños de un vecino. Mientras nadaban en el río, Gabino
sintió nuevamente que lo observaban, desde el monte, pero esta vez lo embargó
un hondo temor.
- Mejor nos vamos - le dijo a la muchacha - El agua está muy fría.
Al otro día, cuando regresó de pescar, al final de la tarde, se apresuró en amarrar
su bote, atravesó la playa y se internó en el sendero que atravesaba el monte
cuesta arriba. El sendero ya estaba oscuro, el monte silencioso y lúgubre.
Iba por la mitad del sendero cuando de repente escuchó una voz que le erizó
la piel - !Gabino, ven, aquí estoy¡ - la voz era temblorosa, ronca, parecida a
la de una anciana, y tenía un tono imperativo. Gabino volteó lentamente; en
el sendero, detrás de el, había una figura decrépita, encorvada y temblorosa.
Gabino quedó paralizado por el terror. Aquella figura fantasmagórica llegó
hasta el y lo envolvió en sus delgadísimos brazos; el corazón de Gabino dejó
de latir.
Al amanecer, otro pescador que pasaba por allí encontró su cuerpo sin vida.
Mientras lo examinaba, el hombre vio, por el rabillo del ojo, que alguien
lo observaba desde el monte.
En el corredor de un hospital

Estaban remodelando un hospital para que volviera a funcionar.
Los albañiles habían hecho los trabajos mas grandes, ahora seguían los
Electricistas. Augusto y otros cuatro compañeros ingresaron al hospital
Abandonado.
- Tenemos trabajo como para tres meces - dijo Nicolás, quien era el encargado
De los electricistas, mientras miraba el viejo cableado que estaba a la vista.
Nicolás desplegó un mapa que le habían dado, lo examinó y dijo:
- Augusto , andá por aquí, por este corredor - señaló con el dedo - Ahí esta la
central, hay que apagar la lave general. Llevá la linterna, esto va a quedar oscuro.
Augusto dudó, trató de buscar alguna escusa, tenía miedo de ir solo.
- ¿Quien me acompaña?, yo no conozco el hospital.
- Yo tampoco, para eso tenemos el mapa, ya te indiqué por donde ir - le respondió
Nicolás, con tono autoritario.
Muy a su pesar, Augusto tomó rumbo al corredor. Apenas se alejó un poco las
Voces de sus compañeros dejaron de oírse. De un lado y del otro del corredor
Habían puertas que daban a habitaciones oscuras, Augusto siguió avanzando.
Cuando encontró la central, encendió la linterna antes de bajar la llave general.
Aún era de día, pero sin electricidad, el corredor parecía un túnel cavado en la
Negrura de la tierra, estaba completamente oscuro. Augusto volteaba
Continuamente, al iluminar hacia adelante, la oscuridad detrás de el parecía
Crecer mas. Delante de el, se escuchó como se habría la puerta de una
Habitación, y, seguidamente, salió de su interior un hombre en una silla de ruedas.
El hombre en silla de ruedas atravesó rápidamente el corredor e ingresó a otra
Habitación que estaba enfrente.
Augusto gritó, lanzó un sonido agudo, casi como un chillido. Enseguida se
Escucharon unas carcajadas, y de una habitación, salieron los compañeros de
Augusto , riendo a mas no poder, le estaban jugando una broma.
Con intención de asustarlo, habían entrado a una habitación, y allí encontraron
Una vieja silla de ruedas, el hombre sentado en la silla era Nicolás.

Estaban remodelando un hospital para que volviera a funcionar.
Los albañiles habían hecho los trabajos mas grandes, ahora seguían los
Electricistas. Augusto y otros cuatro compañeros ingresaron al hospital
Abandonado.
- Tenemos trabajo como para tres meces - dijo Nicolás, quien era el encargado
De los electricistas, mientras miraba el viejo cableado que estaba a la vista.
Nicolás desplegó un mapa que le habían dado, lo examinó y dijo:
- Augusto , andá por aquí, por este corredor - señaló con el dedo - Ahí esta la
central, hay que apagar la lave general. Llevá la linterna, esto va a quedar oscuro.
Augusto dudó, trató de buscar alguna escusa, tenía miedo de ir solo.
- ¿Quien me acompaña?, yo no conozco el hospital.
- Yo tampoco, para eso tenemos el mapa, ya te indiqué por donde ir - le respondió
Nicolás, con tono autoritario.
Muy a su pesar, Augusto tomó rumbo al corredor. Apenas se alejó un poco las
Voces de sus compañeros dejaron de oírse. De un lado y del otro del corredor
Habían puertas que daban a habitaciones oscuras, Augusto siguió avanzando.
Cuando encontró la central, encendió la linterna antes de bajar la llave general.
Aún era de día, pero sin electricidad, el corredor parecía un túnel cavado en la
Negrura de la tierra, estaba completamente oscuro. Augusto volteaba
Continuamente, al iluminar hacia adelante, la oscuridad detrás de el parecía
Crecer mas. Delante de el, se escuchó como se habría la puerta de una
Habitación, y, seguidamente, salió de su interior un hombre en una silla de ruedas.
El hombre en silla de ruedas atravesó rápidamente el corredor e ingresó a otra
Habitación que estaba enfrente.
Augusto gritó, lanzó un sonido agudo, casi como un chillido. Enseguida se
Escucharon unas carcajadas, y de una habitación, salieron los compañeros de
Augusto , riendo a mas no poder, le estaban jugando una broma.
Con intención de asustarlo, habían entrado a una habitación, y allí encontraron
Una vieja silla de ruedas, el hombre sentado en la silla era Nicolás.
Por la carretera

El viento era muy frío, la noche, negra, sin luna y nublada. Caminaba siguiendo
La línea blanca de la carretera. Esporádicamente cruzaba algún vehículo y me
Encandilaba con sus luces. A mi alrededor, campos y bosques de eucaliptos
Hundidos en la oscuridad.
Regresaba de visitar a unos parientes. No pensaba quedarme hasta tan tarde, pero
Me entretuve conversando en torno a la chimenea.
El viento terminó despejando las nubes, y en lo alto del cielo titilaron algunas
Estrellas, y los contornos del oscuro paisaje se hicieron visibles.
Cruzaba por una zona baja, donde la temperatura descendía drásticamente,
Cuando escuché la voz de hombre, que a un costado de la carretera pedía auxilio:
- !Ayúdenme¡, tengo frío, ayuda, me muero…- repetía la voz.
Bajé de la carretera y comencé a buscar; lo primero que pensé fue que se trataba de
Un accidentado. En el lugar crecía un pastizal de unos treinta centímetros.
- ¿Dónde está, no lo veo?, diga algo - busqué frenéticamente pero no encontré
Ningún cuerpo. Tropecé contra algo duro y casi caí; en aquella penumbra logré
Distinguir que era una cruz de hierro, de esas que se colocan en los caminos, en
El lugar donde murió alguien. Miré las siluetas del paisaje y conseguí ubicarme;
En aquel lugar había muerto un hombre, se dijo que fue al caer de su bicicleta.
Me persigné y dejé el lugar. Cuando me alejé unos metros volví a escuchar a la
Voz: - !Ayúdenme¡, tengo frío, ayuda, me muero…

El viento era muy frío, la noche, negra, sin luna y nublada. Caminaba siguiendo
La línea blanca de la carretera. Esporádicamente cruzaba algún vehículo y me
Encandilaba con sus luces. A mi alrededor, campos y bosques de eucaliptos
Hundidos en la oscuridad.
Regresaba de visitar a unos parientes. No pensaba quedarme hasta tan tarde, pero
Me entretuve conversando en torno a la chimenea.
El viento terminó despejando las nubes, y en lo alto del cielo titilaron algunas
Estrellas, y los contornos del oscuro paisaje se hicieron visibles.
Cruzaba por una zona baja, donde la temperatura descendía drásticamente,
Cuando escuché la voz de hombre, que a un costado de la carretera pedía auxilio:
- !Ayúdenme¡, tengo frío, ayuda, me muero…- repetía la voz.
Bajé de la carretera y comencé a buscar; lo primero que pensé fue que se trataba de
Un accidentado. En el lugar crecía un pastizal de unos treinta centímetros.
- ¿Dónde está, no lo veo?, diga algo - busqué frenéticamente pero no encontré
Ningún cuerpo. Tropecé contra algo duro y casi caí; en aquella penumbra logré
Distinguir que era una cruz de hierro, de esas que se colocan en los caminos, en
El lugar donde murió alguien. Miré las siluetas del paisaje y conseguí ubicarme;
En aquel lugar había muerto un hombre, se dijo que fue al caer de su bicicleta.
Me persigné y dejé el lugar. Cuando me alejé unos metros volví a escuchar a la
Voz: - !Ayúdenme¡, tengo frío, ayuda, me muero…
La casa del horror

En una noche tempestuosa, de fuertes vientos y chaparrones intermitentes; el
Viejo parque de diversiones estaba desolado. El dueño del parque
Ordenó apagar los juegos: - Ay mucha tormenta, la gente no viene, apaguen todo -
Mauricio , que cobraba la entrada a la casa del horror, estaba por demás intrigado.
Esa noche, las pocas personas que habían ingresado a la casa, se habían espantado
Mas de lo normal. Todos salieron corriendo, incluso una señora muy gruesa, que
Al cruzar al lado de Mauricio , lo pechó y lo hizo girar y casi pierde la vertical.
Un hombre que había entrado solo, salió pálido y tambaleándose. A Mauricio
Le pareció muy extraño, nadie se asustaba tanto.
Las luces del parque se fueron apagando, algunos empleados se apuraban, cerraban
Todo, empacaban, cubrían las máquinas con lonas. El viento pasaba gimiendo por la
Rueda gigante y hamacaba los asientos que colgaban en lo alto. Algunos papeles
Pasaban volando y ascendían en espiral hacia el cielo surcado por relámpagos.
- ! Mauricio , apagá esas luces y trancá esa puerta¡ - le gritó un hombre.
- !Ya voy, tengo que revisar algo, después cierro¡ - Mauricio gritó con fuerza, el
Viento rugía y comenzaba a precipitar nuevamente.
Ingresó a la casa del horror, algunas cosas estaban cambiadas, eran mas terroríficas.
El esqueleto que colgaba de una pared se movía, se agitaba como si caminara en el
Aire. Sobre una mesa había una cabeza decapitada, Mauricio se acercó a observarla.
La había visto muchas veces, pero ahora lucía diferente, mas real.
La estaba mirando de cerca, cuando la cabeza abrió los ojos y lo miró.
Mauricio saltó hacia atrás, espantado. La bruja que aparecía repentinamente al
Abrirse una puerta, hizo su aparición, pero esta vez siguió avanzando. Caminó
Hacia Mauricio con los brazos extendidos y gritando. Mientras retrocedía hacia
La salida, sintió la pesadez de una mano sobre el hombro.
- Vamos, hay que salir de aquí - dijo una voz, que resultó ser el dueño del
Parque, juntos salieron de la casa del horror.
El dueño del parque, sacó un fajo de billetes y se los dio a Mauricio , que aún
Temblaba de miedo. - Confió en que no hables de esto - le dijo.

En una noche tempestuosa, de fuertes vientos y chaparrones intermitentes; el
Viejo parque de diversiones estaba desolado. El dueño del parque
Ordenó apagar los juegos: - Ay mucha tormenta, la gente no viene, apaguen todo -
Mauricio , que cobraba la entrada a la casa del horror, estaba por demás intrigado.
Esa noche, las pocas personas que habían ingresado a la casa, se habían espantado
Mas de lo normal. Todos salieron corriendo, incluso una señora muy gruesa, que
Al cruzar al lado de Mauricio , lo pechó y lo hizo girar y casi pierde la vertical.
Un hombre que había entrado solo, salió pálido y tambaleándose. A Mauricio
Le pareció muy extraño, nadie se asustaba tanto.
Las luces del parque se fueron apagando, algunos empleados se apuraban, cerraban
Todo, empacaban, cubrían las máquinas con lonas. El viento pasaba gimiendo por la
Rueda gigante y hamacaba los asientos que colgaban en lo alto. Algunos papeles
Pasaban volando y ascendían en espiral hacia el cielo surcado por relámpagos.
- ! Mauricio , apagá esas luces y trancá esa puerta¡ - le gritó un hombre.
- !Ya voy, tengo que revisar algo, después cierro¡ - Mauricio gritó con fuerza, el
Viento rugía y comenzaba a precipitar nuevamente.
Ingresó a la casa del horror, algunas cosas estaban cambiadas, eran mas terroríficas.
El esqueleto que colgaba de una pared se movía, se agitaba como si caminara en el
Aire. Sobre una mesa había una cabeza decapitada, Mauricio se acercó a observarla.
La había visto muchas veces, pero ahora lucía diferente, mas real.
La estaba mirando de cerca, cuando la cabeza abrió los ojos y lo miró.
Mauricio saltó hacia atrás, espantado. La bruja que aparecía repentinamente al
Abrirse una puerta, hizo su aparición, pero esta vez siguió avanzando. Caminó
Hacia Mauricio con los brazos extendidos y gritando. Mientras retrocedía hacia
La salida, sintió la pesadez de una mano sobre el hombro.
- Vamos, hay que salir de aquí - dijo una voz, que resultó ser el dueño del
Parque, juntos salieron de la casa del horror.
El dueño del parque, sacó un fajo de billetes y se los dio a Mauricio , que aún
Temblaba de miedo. - Confió en que no hables de esto - le dijo.
El misterio de la casa de campo

Para alejarse del trajín de la ciudad, durante su licencia, Mario alquiló una casa
En las afueras, cerca de un pequeño pueblo.
Desde la casa se veían praderas y bosques. Los techos del pueblo apenas
Perturbaban la armonía del paisaje. La gente de la zona era saludadora, se respiraba
Un aire puro, el aroma de los bosques de eucaliptos iba y venía, perfumando todo
Con su frescor. Durante su primer día en aquel lugar, Mario recorrió varios
Senderos, se paseo por el pueblo, y hasta se dio un chapuzón en un arroyuelo.
Cuando llegó la noche y la oscuridad, a Mario le resultó algo inquietante el
Silencio que dominó el paisaje. Las últimas luces del pueblo se apagaron temprano;
El pueblo mismo pareció desaparecer en la oscuridad, y a no ser por el ladrido de
Algún perro, no había sonidos que indicaran que estaba allí.
Mario se acostó temprano. Despertó durante la madrugada, al escuchar unos
Pasos rondando por la habitación.
En la oscuridad de la habitación, distinguió la figura de un hombre que caminaba
De un lado para el otro, llegaba asta un extremo, giraba, y volvía a caminar.
- !Todo el pueblo está contra mi¡, están todos locos, ¿porqué a mi? - dijo
Repentinamente el hombre que caminaba por la habitación.
Mario, desde la cama, lo observaba aterrado y confundido. De repente se oyeron
Unos golpes fuertes acompañados por el griterío de una muchedumbre.
- !Ya están aquí, quieren entrar a la casa¡, !ah, pero a mi no me van a agarrar
vivo, a mi no¡ - volvió a hablar el hombre, y, seguidamente, subió a una silla,
Rodeó su cuello con una cuerda que colgaba del techo y saltó.
El hombre quedó colgando, meciéndose, después de unos segundos desapareció,
Los ruidos de la muchedumbre cesaron, todo volvió a estar en silencio.
Cuando la claridad del día comenzaba a ingresar por la ventana, Mario, después
De pensar mucho, estaba por convencerse de que todo aquello solo había sido
Un mal sueño, una pesadilla; pero al mirar hacia el techo, vio, en una viga, un
Trozo de cuerda, en el mismo lugar en donde el hombre se había ahorcado.

Para alejarse del trajín de la ciudad, durante su licencia, Mario alquiló una casa
En las afueras, cerca de un pequeño pueblo.
Desde la casa se veían praderas y bosques. Los techos del pueblo apenas
Perturbaban la armonía del paisaje. La gente de la zona era saludadora, se respiraba
Un aire puro, el aroma de los bosques de eucaliptos iba y venía, perfumando todo
Con su frescor. Durante su primer día en aquel lugar, Mario recorrió varios
Senderos, se paseo por el pueblo, y hasta se dio un chapuzón en un arroyuelo.
Cuando llegó la noche y la oscuridad, a Mario le resultó algo inquietante el
Silencio que dominó el paisaje. Las últimas luces del pueblo se apagaron temprano;
El pueblo mismo pareció desaparecer en la oscuridad, y a no ser por el ladrido de
Algún perro, no había sonidos que indicaran que estaba allí.
Mario se acostó temprano. Despertó durante la madrugada, al escuchar unos
Pasos rondando por la habitación.
En la oscuridad de la habitación, distinguió la figura de un hombre que caminaba
De un lado para el otro, llegaba asta un extremo, giraba, y volvía a caminar.
- !Todo el pueblo está contra mi¡, están todos locos, ¿porqué a mi? - dijo
Repentinamente el hombre que caminaba por la habitación.
Mario, desde la cama, lo observaba aterrado y confundido. De repente se oyeron
Unos golpes fuertes acompañados por el griterío de una muchedumbre.
- !Ya están aquí, quieren entrar a la casa¡, !ah, pero a mi no me van a agarrar
vivo, a mi no¡ - volvió a hablar el hombre, y, seguidamente, subió a una silla,
Rodeó su cuello con una cuerda que colgaba del techo y saltó.
El hombre quedó colgando, meciéndose, después de unos segundos desapareció,
Los ruidos de la muchedumbre cesaron, todo volvió a estar en silencio.
Cuando la claridad del día comenzaba a ingresar por la ventana, Mario, después
De pensar mucho, estaba por convencerse de que todo aquello solo había sido
Un mal sueño, una pesadilla; pero al mirar hacia el techo, vio, en una viga, un
Trozo de cuerda, en el mismo lugar en donde el hombre se había ahorcado.
Los exploradores y el duende

Tres niños de corazón aventurero, exploraban la costa de un arroyuelo maloliente.
Mas allá de la orilla opuesta, había un colorido y gran basurero, donde
Revoloteaba una gran cantidad de gaviotas. En la orilla por donde caminaban los
Niños, había una sucesión de fábricas abandonadas, que llegaban hasta pocos metros
Del arroyuelo.
Como todo los grupos, aquel tenía un líder; ese era Germán; con catorce años era
El mayor. Lo seguía en edad Carlos, con trece, y el menor, Alberto, tenía diez.
Los tres exploradores estaban armados con resorteras (tirachinas).
- !Una rata¡ - gritó Carlos y señaló con la mano. La rata sorteó una lluvia de
Piedras, y chillando, se escabulló entre la basura.
- Casi la agarramos, esa era grande !que hija de p…¡ - dijo Germán. En el grupo
Era casi una obligación incluir alguna mala palabra en todas las frases.
Cuando cruzaron frente a un enorme caño, el desagüe de una fábrica, escucharon
El maullido de un gato. El sonido provenía del interior del caño, que tenía unos
Sesenta centímetros de diámetro.
Alberto, el menor, se pasó la manga del abrigo por la nariz, respiró hondo y dijo:
- Es un gatito, yo lo quiero para mi. Debe estar trancado en este caño de m…
- Si apareces con otro gato en tu casa tu madre se va a enojar, y te va a c…
a palos - dijo Germán y apartó a Alberto, que imprudentemente ya intentaba
Ingresar al caño.
Los tres miraron hacia el negro interior del conducto, los maullidos del gato
Continuaban. - ¿Porqué no sale? Tiene lugar de sobra - observó Germán.
A Carlos se le ocurrió una idea. Buscó entre las muchas cosas que guardaba
En los bolsillos y sacó un encendedor.
- Y si tiramos algo prendido fuego, para que alumbre, ahí adentro no se ve un
Carajo - a los otros les pareció que la idea era buena.
Juntaron barios papeles y los encendieron, luego los arrojaron hacia el caño.
Los tres retrocedieron ante lo que vieron; las llamas de los papeles, iluminaron
El cuerpo de un ser pequeño, como un bebé, pero tenía barba y arrugas en la
Cara, y los ojos le brillaban de forma entraña
Solo lo vieron por un instante. Las llamas de los papeles crecieron hasta incendiar
Todo el caño, una sustancia inflamable empapaba el lugar.
Aquel ser horrible, pronto fue envuelto por las llamas.
Los tres exploradores emprendieron la retirada. Sus corazones aventureros
Palpitaban con fuerza, atrás quedó el ser retorciéndose entre las llamas.

Tres niños de corazón aventurero, exploraban la costa de un arroyuelo maloliente.
Mas allá de la orilla opuesta, había un colorido y gran basurero, donde
Revoloteaba una gran cantidad de gaviotas. En la orilla por donde caminaban los
Niños, había una sucesión de fábricas abandonadas, que llegaban hasta pocos metros
Del arroyuelo.
Como todo los grupos, aquel tenía un líder; ese era Germán; con catorce años era
El mayor. Lo seguía en edad Carlos, con trece, y el menor, Alberto, tenía diez.
Los tres exploradores estaban armados con resorteras (tirachinas).
- !Una rata¡ - gritó Carlos y señaló con la mano. La rata sorteó una lluvia de
Piedras, y chillando, se escabulló entre la basura.
- Casi la agarramos, esa era grande !que hija de p…¡ - dijo Germán. En el grupo
Era casi una obligación incluir alguna mala palabra en todas las frases.
Cuando cruzaron frente a un enorme caño, el desagüe de una fábrica, escucharon
El maullido de un gato. El sonido provenía del interior del caño, que tenía unos
Sesenta centímetros de diámetro.
Alberto, el menor, se pasó la manga del abrigo por la nariz, respiró hondo y dijo:
- Es un gatito, yo lo quiero para mi. Debe estar trancado en este caño de m…
- Si apareces con otro gato en tu casa tu madre se va a enojar, y te va a c…
a palos - dijo Germán y apartó a Alberto, que imprudentemente ya intentaba
Ingresar al caño.
Los tres miraron hacia el negro interior del conducto, los maullidos del gato
Continuaban. - ¿Porqué no sale? Tiene lugar de sobra - observó Germán.
A Carlos se le ocurrió una idea. Buscó entre las muchas cosas que guardaba
En los bolsillos y sacó un encendedor.
- Y si tiramos algo prendido fuego, para que alumbre, ahí adentro no se ve un
Carajo - a los otros les pareció que la idea era buena.
Juntaron barios papeles y los encendieron, luego los arrojaron hacia el caño.
Los tres retrocedieron ante lo que vieron; las llamas de los papeles, iluminaron
El cuerpo de un ser pequeño, como un bebé, pero tenía barba y arrugas en la
Cara, y los ojos le brillaban de forma entraña
Solo lo vieron por un instante. Las llamas de los papeles crecieron hasta incendiar
Todo el caño, una sustancia inflamable empapaba el lugar.
Aquel ser horrible, pronto fue envuelto por las llamas.
Los tres exploradores emprendieron la retirada. Sus corazones aventureros
Palpitaban con fuerza, atrás quedó el ser retorciéndose entre las llamas.
El jinete fantasma

Cada tanto alzaba la vista hacia el cielo, buscando alguna estrella, algo de luz.
La oscuridad de la noche era total. Carmelo, montado en su caballo , atravesaba
El campo entre penumbras, confiando en el animal, que era rumbeador.
El caballo avanzaba lentamente, resoplando, Carmelo lo alentaba:
- Vamos, vamos, no se me quede pingo - y le aflojaba las riendas.
La oscuridad parecía acentuar el silencio natural que enmudece las noches en
Las praderas. Hombre y caballo seguían avanzando, envueltos en sombras.
Una porción de cielo se despejó y del paisaje se distinguieron algunas formas.
Carmelo supo que iba por el camino correcto; a su derecha se distinguía un
Pajonal, a la izquierda, a unos cien metros, comenzaba la negrura infranqueable
Del monte.
Cuando el jinete alcanzó una zona mas abierta, escuchó el retumbar de un galope,
Seguido por una carcajada que lo hizo estremecerse. En la oscuridad, otro
Jinete galopaba hacia el, lanzando una carcajada que parecía resonar en todo
El campo. Carmelo taloneó su caballo y comenzó a galopar, el otro corría
Detrás de el.
Carmelo volteó un par de veces pero no consiguió ver al otro jinete ni a su
Caballo , solo se oía el galopar y la carcajada, que cada vez sonaba mas tenebrosa.
Un viento fuerte, repentino, lo alcanzó desde atrás, y un instante después, el
Galope y la carcajada se oyeron delante de Carmelo, el jinete fantasma lo había
Pasado. Frenó el caballo y escuchó como la carcajada se perdía en la inmensidad
Del campo.

Cada tanto alzaba la vista hacia el cielo, buscando alguna estrella, algo de luz.
La oscuridad de la noche era total. Carmelo, montado en su caballo , atravesaba
El campo entre penumbras, confiando en el animal, que era rumbeador.
El caballo avanzaba lentamente, resoplando, Carmelo lo alentaba:
- Vamos, vamos, no se me quede pingo - y le aflojaba las riendas.
La oscuridad parecía acentuar el silencio natural que enmudece las noches en
Las praderas. Hombre y caballo seguían avanzando, envueltos en sombras.
Una porción de cielo se despejó y del paisaje se distinguieron algunas formas.
Carmelo supo que iba por el camino correcto; a su derecha se distinguía un
Pajonal, a la izquierda, a unos cien metros, comenzaba la negrura infranqueable
Del monte.
Cuando el jinete alcanzó una zona mas abierta, escuchó el retumbar de un galope,
Seguido por una carcajada que lo hizo estremecerse. En la oscuridad, otro
Jinete galopaba hacia el, lanzando una carcajada que parecía resonar en todo
El campo. Carmelo taloneó su caballo y comenzó a galopar, el otro corría
Detrás de el.
Carmelo volteó un par de veces pero no consiguió ver al otro jinete ni a su
Caballo , solo se oía el galopar y la carcajada, que cada vez sonaba mas tenebrosa.
Un viento fuerte, repentino, lo alcanzó desde atrás, y un instante después, el
Galope y la carcajada se oyeron delante de Carmelo, el jinete fantasma lo había
Pasado. Frenó el caballo y escuchó como la carcajada se perdía en la inmensidad
Del campo.
[FIN]