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lukas98100

Usuario (Argentina)

Primer post: 20 jul 2011Último post: 20 jul 2011
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Te cuento algo que te va a espantar
Te cuento algo que te va a espantar
InfoporAnónimo7/20/2011

Primer Post!... Ahora bien hoy les traigo historias cortas de miedo y terror para que maten la noche.... Saludos a todo aquel que entre a mi Post!!!! El fantasma de la rivera Como todos los días, Gabino regresaba de pescar, al final de la tarde. En la orilla opuesta del río, por encima del monte, el cielo estaba rojizo, y el río lo reflejaba en sus aguas inquietas. Ya en la playa, Gabino amarraba su bote, cuando, al igual otros días, sintió que lo observaban. Varias veces vio, por el rabillo del ojo, que alguien se asomaba entre las sombras del monte ribereño, pero al voltear solo veía a los árboles. Aquella presencia, aquel ser que lo observaba, no le causaba temor, y de alguna forma, tenía la impresión, casi la seguridad, de que era algo femenino, aunque también sentía que no era una persona ni ningún ser vivo. Unos días después, Gabino llegó hasta la playa acompañado por una muchacha que conoció en el cumpleaños de un vecino. Mientras nadaban en el río, Gabino sintió nuevamente que lo observaban, desde el monte, pero esta vez lo embargó un hondo temor. - Mejor nos vamos - le dijo a la muchacha - El agua está muy fría. Al otro día, cuando regresó de pescar, al final de la tarde, se apresuró en amarrar su bote, atravesó la playa y se internó en el sendero que atravesaba el monte cuesta arriba. El sendero ya estaba oscuro, el monte silencioso y lúgubre. Iba por la mitad del sendero cuando de repente escuchó una voz que le erizó la piel - !Gabino, ven, aquí estoy¡ - la voz era temblorosa, ronca, parecida a la de una anciana, y tenía un tono imperativo. Gabino volteó lentamente; en el sendero, detrás de el, había una figura decrépita, encorvada y temblorosa. Gabino quedó paralizado por el terror. Aquella figura fantasmagórica llegó hasta el y lo envolvió en sus delgadísimos brazos; el corazón de Gabino dejó de latir. Al amanecer, otro pescador que pasaba por allí encontró su cuerpo sin vida. Mientras lo examinaba, el hombre vio, por el rabillo del ojo, que alguien lo observaba desde el monte. En el corredor de un hospital Estaban remodelando un hospital para que volviera a funcionar. Los albañiles habían hecho los trabajos mas grandes, ahora seguían los Electricistas. Augusto y otros cuatro compañeros ingresaron al hospital Abandonado. - Tenemos trabajo como para tres meces - dijo Nicolás, quien era el encargado De los electricistas, mientras miraba el viejo cableado que estaba a la vista. Nicolás desplegó un mapa que le habían dado, lo examinó y dijo: - Augusto, andá por aquí, por este corredor - señaló con el dedo - Ahí esta la central, hay que apagar la lave general. Llevá la linterna, esto va a quedar oscuro. Augusto dudó, trató de buscar alguna escusa, tenía miedo de ir solo. - ¿Quien me acompaña?, yo no conozco el hospital. - Yo tampoco, para eso tenemos el mapa, ya te indiqué por donde ir - le respondió Nicolás, con tono autoritario. Muy a su pesar, Augusto tomó rumbo al corredor. Apenas se alejó un poco las Voces de sus compañeros dejaron de oírse. De un lado y del otro del corredor Habían puertas que daban a habitaciones oscuras, Augusto siguió avanzando. Cuando encontró la central, encendió la linterna antes de bajar la llave general. Aún era de día, pero sin electricidad, el corredor parecía un túnel cavado en la Negrura de la tierra, estaba completamente oscuro. Augusto volteaba Continuamente, al iluminar hacia adelante, la oscuridad detrás de el parecía Crecer mas. Delante de el, se escuchó como se habría la puerta de una Habitación, y, seguidamente, salió de su interior un hombre en una silla de ruedas. El hombre en silla de ruedas atravesó rápidamente el corredor e ingresó a otra Habitación que estaba enfrente. Augusto gritó, lanzó un sonido agudo, casi como un chillido. Enseguida se Escucharon unas carcajadas, y de una habitación, salieron los compañeros de Augusto, riendo a mas no poder, le estaban jugando una broma. Con intención de asustarlo, habían entrado a una habitación, y allí encontraron Una vieja silla de ruedas, el hombre sentado en la silla era Nicolás. Por la carretera El viento era muy frío, la noche, negra, sin luna y nublada. Caminaba siguiendo La línea blanca de la carretera. Esporádicamente cruzaba algún vehículo y me Encandilaba con sus luces. A mi alrededor, campos y bosques de eucaliptos Hundidos en la oscuridad. Regresaba de visitar a unos parientes. No pensaba quedarme hasta tan tarde, pero Me entretuve conversando en torno a la chimenea. El viento terminó despejando las nubes, y en lo alto del cielo titilaron algunas Estrellas, y los contornos del oscuro paisaje se hicieron visibles. Cruzaba por una zona baja, donde la temperatura descendía drásticamente, Cuando escuché la voz de hombre, que a un costado de la carretera pedía auxilio: - !Ayúdenme¡, tengo frío, ayuda, me muero…- repetía la voz. Bajé de la carretera y comencé a buscar; lo primero que pensé fue que se trataba de Un accidentado. En el lugar crecía un pastizal de unos treinta centímetros. - ¿Dónde está, no lo veo?, diga algo - busqué frenéticamente pero no encontré Ningún cuerpo. Tropecé contra algo duro y casi caí; en aquella penumbra logré Distinguir que era una cruz de hierro, de esas que se colocan en los caminos, en El lugar donde murió alguien. Miré las siluetas del paisaje y conseguí ubicarme; En aquel lugar había muerto un hombre, se dijo que fue al caer de su bicicleta. Me persigné y dejé el lugar. Cuando me alejé unos metros volví a escuchar a la Voz: - !Ayúdenme¡, tengo frío, ayuda, me muero… La casa del horror En una noche tempestuosa, de fuertes vientos y chaparrones intermitentes; el Viejo parque de diversiones estaba desolado. El dueño del parque Ordenó apagar los juegos: - Ay mucha tormenta, la gente no viene, apaguen todo - Mauricio, que cobraba la entrada a la casa del horror, estaba por demás intrigado. Esa noche, las pocas personas que habían ingresado a la casa, se habían espantado Mas de lo normal. Todos salieron corriendo, incluso una señora muy gruesa, que Al cruzar al lado de Mauricio, lo pechó y lo hizo girar y casi pierde la vertical. Un hombre que había entrado solo, salió pálido y tambaleándose. A Mauricio Le pareció muy extraño, nadie se asustaba tanto. Las luces del parque se fueron apagando, algunos empleados se apuraban, cerraban Todo, empacaban, cubrían las máquinas con lonas. El viento pasaba gimiendo por la Rueda gigante y hamacaba los asientos que colgaban en lo alto. Algunos papeles Pasaban volando y ascendían en espiral hacia el cielo surcado por relámpagos. - !Mauricio, apagá esas luces y trancá esa puerta¡ - le gritó un hombre. - !Ya voy, tengo que revisar algo, después cierro¡ - Mauricio gritó con fuerza, el Viento rugía y comenzaba a precipitar nuevamente. Ingresó a la casa del horror, algunas cosas estaban cambiadas, eran mas terroríficas. El esqueleto que colgaba de una pared se movía, se agitaba como si caminara en el Aire. Sobre una mesa había una cabeza decapitada, Mauricio se acercó a observarla. La había visto muchas veces, pero ahora lucía diferente, mas real. La estaba mirando de cerca, cuando la cabeza abrió los ojos y lo miró. Mauricio saltó hacia atrás, espantado. La bruja que aparecía repentinamente al Abrirse una puerta, hizo su aparición, pero esta vez siguió avanzando. Caminó Hacia Mauricio con los brazos extendidos y gritando. Mientras retrocedía hacia La salida, sintió la pesadez de una mano sobre el hombro. - Vamos, hay que salir de aquí - dijo una voz, que resultó ser el dueño del Parque, juntos salieron de la casa del horror. El dueño del parque, sacó un fajo de billetes y se los dio a Mauricio, que aún Temblaba de miedo. - Confió en que no hables de esto - le dijo. El misterio de la casa de campo Para alejarse del trajín de la ciudad, durante su licencia, Mario alquiló una casa En las afueras, cerca de un pequeño pueblo. Desde la casa se veían praderas y bosques. Los techos del pueblo apenas Perturbaban la armonía del paisaje. La gente de la zona era saludadora, se respiraba Un aire puro, el aroma de los bosques de eucaliptos iba y venía, perfumando todo Con su frescor. Durante su primer día en aquel lugar, Mario recorrió varios Senderos, se paseo por el pueblo, y hasta se dio un chapuzón en un arroyuelo. Cuando llegó la noche y la oscuridad, a Mario le resultó algo inquietante el Silencio que dominó el paisaje. Las últimas luces del pueblo se apagaron temprano; El pueblo mismo pareció desaparecer en la oscuridad, y a no ser por el ladrido de Algún perro, no había sonidos que indicaran que estaba allí. Mario se acostó temprano. Despertó durante la madrugada, al escuchar unos Pasos rondando por la habitación. En la oscuridad de la habitación, distinguió la figura de un hombre que caminaba De un lado para el otro, llegaba asta un extremo, giraba, y volvía a caminar. - !Todo el pueblo está contra mi¡, están todos locos, ¿porqué a mi? - dijo Repentinamente el hombre que caminaba por la habitación. Mario, desde la cama, lo observaba aterrado y confundido. De repente se oyeron Unos golpes fuertes acompañados por el griterío de una muchedumbre. - !Ya están aquí, quieren entrar a la casa¡, !ah, pero a mi no me van a agarrar vivo, a mi no¡ - volvió a hablar el hombre, y, seguidamente, subió a una silla, Rodeó su cuello con una cuerda que colgaba del techo y saltó. El hombre quedó colgando, meciéndose, después de unos segundos desapareció, Los ruidos de la muchedumbre cesaron, todo volvió a estar en silencio. Cuando la claridad del día comenzaba a ingresar por la ventana, Mario, después De pensar mucho, estaba por convencerse de que todo aquello solo había sido Un mal sueño, una pesadilla; pero al mirar hacia el techo, vio, en una viga, un Trozo de cuerda, en el mismo lugar en donde el hombre se había ahorcado. Los exploradores y el duende Tres niños de corazón aventurero, exploraban la costa de un arroyuelo maloliente. Mas allá de la orilla opuesta, había un colorido y gran basurero, donde Revoloteaba una gran cantidad de gaviotas. En la orilla por donde caminaban los Niños, había una sucesión de fábricas abandonadas, que llegaban hasta pocos metros Del arroyuelo. Como todo los grupos, aquel tenía un líder; ese era Germán; con catorce años era El mayor. Lo seguía en edad Carlos, con trece, y el menor, Alberto, tenía diez. Los tres exploradores estaban armados con resorteras (tirachinas). - !Una rata¡ - gritó Carlos y señaló con la mano. La rata sorteó una lluvia de Piedras, y chillando, se escabulló entre la basura. - Casi la agarramos, esa era grande !que hija de p…¡ - dijo Germán. En el grupo Era casi una obligación incluir alguna mala palabra en todas las frases. Cuando cruzaron frente a un enorme caño, el desagüe de una fábrica, escucharon El maullido de un gato. El sonido provenía del interior del caño, que tenía unos Sesenta centímetros de diámetro. Alberto, el menor, se pasó la manga del abrigo por la nariz, respiró hondo y dijo: - Es un gatito, yo lo quiero para mi. Debe estar trancado en este caño de m… - Si apareces con otro gato en tu casa tu madre se va a enojar, y te va a c… a palos - dijo Germán y apartó a Alberto, que imprudentemente ya intentaba Ingresar al caño. Los tres miraron hacia el negro interior del conducto, los maullidos del gato Continuaban. - ¿Porqué no sale? Tiene lugar de sobra - observó Germán. A Carlos se le ocurrió una idea. Buscó entre las muchas cosas que guardaba En los bolsillos y sacó un encendedor. - Y si tiramos algo prendido fuego, para que alumbre, ahí adentro no se ve un Carajo - a los otros les pareció que la idea era buena. Juntaron barios papeles y los encendieron, luego los arrojaron hacia el caño. Los tres retrocedieron ante lo que vieron; las llamas de los papeles, iluminaron El cuerpo de un ser pequeño, como un bebé, pero tenía barba y arrugas en la Cara, y los ojos le brillaban de forma entraña Solo lo vieron por un instante. Las llamas de los papeles crecieron hasta incendiar Todo el caño, una sustancia inflamable empapaba el lugar. Aquel ser horrible, pronto fue envuelto por las llamas. Los tres exploradores emprendieron la retirada. Sus corazones aventureros Palpitaban con fuerza, atrás quedó el ser retorciéndose entre las llamas. El jinete fantasma Cada tanto alzaba la vista hacia el cielo, buscando alguna estrella, algo de luz. La oscuridad de la noche era total. Carmelo, montado en su caballo, atravesaba El campo entre penumbras, confiando en el animal, que era rumbeador. El caballo avanzaba lentamente, resoplando, Carmelo lo alentaba: - Vamos, vamos, no se me quede pingo - y le aflojaba las riendas. La oscuridad parecía acentuar el silencio natural que enmudece las noches en Las praderas. Hombre y caballo seguían avanzando, envueltos en sombras. Una porción de cielo se despejó y del paisaje se distinguieron algunas formas. Carmelo supo que iba por el camino correcto; a su derecha se distinguía un Pajonal, a la izquierda, a unos cien metros, comenzaba la negrura infranqueable Del monte. Cuando el jinete alcanzó una zona mas abierta, escuchó el retumbar de un galope, Seguido por una carcajada que lo hizo estremecerse. En la oscuridad, otro Jinete galopaba hacia el, lanzando una carcajada que parecía resonar en todo El campo. Carmelo taloneó su caballo y comenzó a galopar, el otro corría Detrás de el. Carmelo volteó un par de veces pero no consiguió ver al otro jinete ni a su Caballo, solo se oía el galopar y la carcajada, que cada vez sonaba mas tenebrosa. Un viento fuerte, repentino, lo alcanzó desde atrás, y un instante después, el Galope y la carcajada se oyeron delante de Carmelo, el jinete fantasma lo había Pasado. Frenó el caballo y escuchó como la carcajada se perdía en la inmensidad Del campo.

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