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Albert Speer, el arquitecto de Hitler

Info7/1/2011
Albert Speer, el arquitecto de Hitler.

Albert Speer, el arquitecto de Hitler


PlayBoy dijo:La historia
El Periodista Eric Norden pasó la mayor parte del año 1971 preparando esta entrevista, que no sólo es una de las mejores de la revista, sino también una de las más extensas. Aunque Norden confesó que le costó llegar al fondo de la mente y los sentimientos de su entrevistado Speer se reveló en esta nota como nunca antes. Aquí sostiene que desconocía el genocidio y asegura que se puede ser ciego aun cuando algo así sucede frente a los propios ojos. Una confeción con resonancias inquientantes para quien, al leer esta nota, recuerde a algunos de los protagonistas de la última dictadura Argentina.
Speer murio en 1981, a los 76 años.


Una pelicula sobre los últimos días del tercer reich, La Caída, y la serie Hitler-Speer, mostraron recientemente quién era Albert Speer y cómo fue su relación con Adolf Hitler. El arquitecto encargado de las megalómanas puestas en escena y de los edificios del nazismo fue a la cárcel tras ser juzgado en Nüremberg y allí escribio una autobiografia que fue best seller. Etrevistado en 1971 por PlayBoy, el resultado fue uno de los mayores hallazgos periodísticos de la revista. Un viaje asombroso a una mente oscura.

Para evaluar los orígenes y los perfiles de la leyenda de Speer, asi como para ahondar en las complejidades y contradicciones de carácter de su autor, Playboy envió a Eric Norden a entrevistar al ex ministro del Reich, de sesenta y seis años, en su agradable casa de troncos en una colina boscosa que da al río Neckar, a unos cinco kilometros de la pintoresca cuidad universitaria de Heidelberg.
Norden escribe su visita:
"Speer me saludó amistosamente y me condujo al bien amoblado living de su amplia vivienda. Todavia era buen mozo, con el aspecto distinguido de un director de empresas; sus cejas negras, pobladas, me recordaban las fotografias donde lo había visto de más joven paseando por el París de la ocupacion con su amigo y patrocinador, Adolfo Hitler".



Albert Speer está a la izquierda.


"Nos sentamos ante un hoguera rugiente y tomamos whisky con soda mientras la nieve empezaba a caer levemente afuera y Bello, su san bernardo de tres años, rondaba satisfecho a los pies del amo. Margarethe, su atractiva esposa, nos sirvió grandes platos de tortas caseras y ricas masas alemanas."
Habia pasado seis semanas estudiando a ese hombre, escarbando su libro y en las etrevistas publicadas, así como en voluminosos y polémicos artículos publicados por el periodismo norteamiricano y europeo, pero, al inclinarme para encender el grabador, no me sentía más próximo que antes al hombre real, oculto tras la fachada pública. Durante mi investigación me había visto frustrado por cierta vaga opacidad, una especie de insustancialidad existente en Speer, y cuando empezamos a comversar experimenté algunas de las mismas dudas que había sentido al leerr el libro y al estudiar sus declaraciones públicas: por sincero que pareciera superficialmente, me parecía percibir un velo entre él y la verdad.
"Sospeché, como algunos comentaristas, que la letanía de autorrecriminaciones era, en sí, una evasión de la responsabilidad última. Pero, al iniciar la entrevista - que se prolongó por casi diez dias de sesiones implacables, con interrogatorios día y noche que acabarían cuando tanto Speer como yo estuviéramos al borde del agotamiento -, esa intranquilidad persitía, intensificada en un principio por sus modales, curiosamente objetivos. Conforme mi interrogatorio se prolongaba hasta avanzadas horas de esa noche para reiniciarse ante el desayuno de la mañana siguiente, comencé a entender lo quetanto me molestaba de Speer: su tranquilidad, el modo en que podía acusarse de crímenes espantosos con el mismo tono que utilizaba para ofrecerme un trozo de Apfel Torte



Apfel Torte


"Pero, al escucharlo relatar los terrores y los triunfos del Tercer Reich, en alemán y en fluido inglés que había aprendido en Spandau, al ver la paciencia con que trataba de expresarse, explicándose a sí mismo y explicando su época, en curso de nuestras cansadoras sesiones comprendí que esta entrevista y todas las otras confrontaciones con la prensa el público eran parte de la carga que soportaba, parte de su castigo: escalas hacia una salvación que él mismo reconocía como inalcanzablé"

arquitecto
Spandau

de
Playboy:
el

La aclamación de la crítica pro sus memorias no ha sido universal. Rebecca Wes, que descarta el libro como si fuera un cínico blanqueo, lo tilda a usted de "criminal repulsivo"; el historiador Gudrun Tempel escribe que "Speer puede haber sido con facilidad tan brutal, tan implacablemente ambicioso y casi tan enfermizo como Hitler... uno aparta el libro con más miedo hacia los hombres de su tipo que hacia cualquier Hitler".
¿Qué respondería usted a tales críticas?



etc
Speer:
albert speer

Tal vez tengan razón. Después de lo que he hecho, no soy el más indicado para tacharlas de erróñas, pero pienso que muchos comentaristas, incluidos aquellos a quienes el libro les gustó, no encaran bien las cosas al poner el acento sobre mí como individuo. Mi culpa no podrá borrarse jamás, ni debe borrarse, pero esa culpa es sólo el marco de un cuadro mayor. Escribi esas memorias para describir y explicar lo que me ocurrió entre 1933 y 1945, para poner a la gente sobre aviso a fin de que eso no vuelva a ocurrir en Alemania ni en ningún otro lugar. Supongo que, en un sentido personal, fue también un intento de comprenderme a mi mismo, de ver cómo y por qué puedo haber formado parte de tales cosas, pero mucha gente, demasiada, parece esperar que yo ofrezca justificaciones por lo que hice. No puedo. No hay disculpas ni excusas que yo pueda presenta. Tengo sangre en las manos. No he tratado de lavarla; solo de verla.

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Playboy:
hitler

En Nüremberg, usted aceptó la resposabilidad de los crímenes cometidos por el Tercer Reich. Pero, en el plano personal, ¿Se consideraba usted responsable, entences y ahora?


nazismo
Speer:
arquitecto

Si, por todo lo ocurrido, por los trabajos forzados, obviamente: eso estaba directamente bajo mi jurisdicción. Pero también fui responzable de los actos que nada sabía en el momento en que se cometieron, tales como las atrocidades contra los juíos y las ejecuciones masivas de civiles rusos y pricioneros de guerra. No hay manera, legal o moral, de evadir esa culpa. En el juicio de Nüremberg tome esa pocición, aunque sentía la tentación salvar mi vida mitigando la culpa, ofreciendo excusas, culpando a otros, calmando que yo sólo obedecía órdenes. Sin embargo, cafa vez que vacilaba, pensaba en el montón de pruebas presentadas ante el tribunal: las fotografias, los testimonios, los documentos sobre lo ocurrido. En particular, habia una foto de cierta familia judía que iba hacia la muerte: un esposo con su mujer y sus hijos, a quienes conducían a las cámaras de gas. No podía quitarme esa foto de mi mente: la veía por las noches, ha hecho de mi vida un desierto. Pero también, de una manera extraña me liberó.
Cuando uno comprende por fin que ha dedicado quince años de su vida a la construcción un cementerio, sólo le queda aceptar la responsabilidad de sus actos. En ese momento en que lo entendí, sentí, por primera vez en mi vida, una calma interior.


de
Playboy:
el

Es extraño oír una exprecion tan compaciva de boca del hombre más poderozo de la Alemania nazi después de Hitler. El historiador Hugh Trevor-Roper, que lo interrogó en Nüremberg, reconoció que usted era un hombre "civilizado, sencible e inteligente", pero dijo que no lograba comprender cómo había podido "sevir tan facilmente, por tanto tiempo y en términos de tanta intimidad, a una tiranía tan vulgar". ¿Tiene alguna respuesta?


etc
Speer:
albert speer

No. Hace veinticinco años que vivo con esa pregunta; he hallado muchas razones pero ninguna respuesta adecuada. Naturalmente, por un tiempo traté de tranquilizar mi conciencia con falsas verdades, con racionalizaciones que mejoraban mi imagen ante mi mismo. Traté de convencerme de que, en un sistema totalitario como el de la Alemania nazi, el aislamiento del hombre aumenta ségun asciende su posición, y no tiene conciencia de los crímenes cometidos por sus subordinados. Me decía que en esta era de la tecnología moderna, el genocidio se convierte en un proceso de fabricaión en serie, con un número de asesinados que va en aumento aunque decrezca el número de asesinos; que en tales cincustancias es fáci permanecer en la ignorancia. Argumentaba que, en un sistema semejante, la manía del secreto se justifica y se perpetúa a sí misma; por lo tanto no se me podía culpar por no saber lo que pasaba. En cada uno de esos argumentos hay una considerable proporción de verdad objetiva, pero, en un sentido moral más amplio, todo eso es mentira, evasiones de mi responsabilidad como ser humano. Si estuve aislado, yo mismo deternié el grado de mi aislamiento. Si ignoré cosas, yo aseguré mi propia ignorancia. Si no vi fue porque no quise ver [...].


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Playboy:
hitler

Usted ha dicho que no era antisemita cuando se unió al partido; escribió en su libro que en sus tiempos de estudiante tenía muchos amigos judíos. ¿Cómo pudo tolerar esa persecución?

nazismo
Speer:
arquitecto

Despersonalizándola. Para mí, las personas privadas de sus empleos y perseguidas en sus profeciones, aquellos a los que se les confiscaban las propiedades y que eran finalmente llevados a la rastra a los campos de concentración, gradualmente pasaron a ser abtracciones, no seres humanos con familia, aspiraciones, preocupaciones y necesidades como las de cualquiera. Me avergüenza admitir que esas personas desaparecían de mi vida y de mis pensamientos como si nunca hubieran exstido. Si hubiese continuando viéndolas como seres humanos, no habría podido seguir siendo nazi. No los odiaba: me eran idiferentes. Mi crimen fue mucho peor porque yo no era antisemita.

de
Playboy:
el

¿Nunca tuvo remordmiento de conciencia por el tratamiento que recibían los judíos?

etc
Speer:
albert speer

No. A medida que la campaña antisemita creca, mi conciencia se tornaba cada vez más sorda y encallada. Naturalmente, uno no pierde la conciencia dela noche a la mañana; se le va erosionando lentamente, de año en año, se le carcome día a día, anestesiada por una multiplicidad de pequeños delitos. Cosas que me hubieran espantado y horrorizado en 1994, como el asesinato de los líderes opositores, la persecusión de los judíos, el encarcelamiento y la tortura de hombres inocentes en campos de concentración, en 1935 la toleraba como exesos desfortunados; cosas que no hubiera podido digerir en 1935 me eran pasables algunos años después. Es lo que nos ocurrió a todos, de un modo u otro, en Alemania . En tanto el ambiente nazi nos iba envolviendo, sus maldades se tornaban invisibles... porque nosotros éramos parte de ellas [...].

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Playboy:
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¿Cuando se decidió finalmente aniquilar a los judíos?


nazismo
Speer:
arquitecto

Estoy seguro de que Hitler lo tenía en mente desde la Kristallnacht (La noche de los cristales rotos, en 1937, cuando fueron asaltados y quemados miles de comercios, sinagogas y casas de judíos), pero, a través de las pruebas presentadas en Nüremberg, me enteré de que la decisión, en sí, fue tomada en 1942, en la conferencia de Wannsee, cuando comprendió que la guerra sería total, coronada con una victoria absoluta o con una derrota absoluta. Creo que ese conocimiento eliminó los últimos restos de contención política y diplomática, liberando sus instintos mas terribles. No fue una decisión ministerial; la mayo parte de los colaboradores de Hitler en el gobierno, incluido yo, nunca supo de eso hasta que nos lo dijeron, al terminar la guerra. Himmler fue puesto a cargo del programa de extermiio; sus secuaces Kaltenbrunner y Heydeich lo organizaron e implementaron, pero aun dentro de las SS había relativamente pocas personas involucradas: los administradores en jefe, los comandantes y guardias de los campos de concentración en sí y el personal de logística y transporte. Sé que mucha gente dfuera de Alemania , cree que todo el país estaba enterado del exterminio, pero no fue así, como le dirán los historiadores de la epoca.

de
Playboy:
el

Puesto que el poder de Hitler era absoluto, ¿por qué se tomó el trabajo de mantener en secreto esa "solucion definitiva", si en verdad era un secreto, como usted dice?


etc
Speer:
albert speer

Lo era. Creo que, en cierto sentido, el último residuo de humanidad que le quedaba a Hitler le impidió vanagloriarse de eso, salvo ante sus seguidores más fanaticos y degenerados. Además, en un plano más pragmatico, es posible que temiera la reacción del ejercito si los militares se enteraban de lo que ocurría. Su poder no era absoluto del todo; en el último caso, dependía de los militares. Los generales estaban sometidos a Hitler (Al menos, hasta el complot del 20 de julio), pero dudo que la Wehrmacht hubiera podido tragar los horrores de Auschwitz. A pesar de todos los crímenes que soportó con táctica aquiescencia, el ejército aún se enorgullecía de poseer un código de honor militar que le hubiera impedido aceptar la matanza al por mayor de hombres desarmados, mujeres y niños. No se supo hasta que fue demaciado tarde para todos nosotros. En mi porpio caso, yo no supe lo que estaba pasando hasta 1945; entonces me enteré horrorizado, en Nüremberg , de los actos monstruosos que nuestro régimen había estado cometiendo, un horror que no me abandonó jamás.

Albert Speer, el arquitecto de Hitler
Playboy:
hitler

Ése es el aspecto que ha despertado las mayores sospechas con respecto a su integridad entre sus críticos. Aducen que usted era miembro del círculo íntimo de Hitler; según usted mismo admitió, lo mas próximo a un amigo que él tuvo nunca. Se preguntan, ¿Cómo quiere hacerle creer a la gente que ignoró, hasta el término de la guerra, el exterminio sistemático de seis millones de judíos cuando se estaba llevando a cabo a su alrededor?

nazismo
Speer:
arquitecto

Sé que a mucha gente le cuesta creerlo, pero creo que, si comprendieron realmente las maquinaciones del Estado nazi, podrían ver cómo ocurrió. Uated debe recordar que todos los aspectos del Estado nazi estaban afectados por rivalidades interparlamentales insidiosas y por fetichistas; tanto en las decisiones polìticas más importantes como las operaciones relativamente inocuas se velaban con engaños y evaciones. Todo estaba como distribuido en compartimientos; existía burocracia hasta en el asesinato.

de
Playboy:
el

Pero, aun en un Estado totalitario, los címenes son cometidor por personas que tienen familia, amigos y vecinos que deben saber sus actividades. Fue el genocidio más grande de la historia de la humanidad. ¿Cómo se lo pudo mantener en secreto?

etc
Speer:
albert speer

Antes de este siglo hubiera sido imposible. Pero ya no es así. Ése es el verdadero horror de la era tecnològica: que un puñado de hombres, en el mayor secreto, tenga el poder de despachar a millones de personas a la muerte, virtualmente con sólo apretar un botón. En mi propio caso, no tengo modo de evadri la responsabilidad por el exterminio de los judíos.
Fui tan verdugo de ellos como Himmler por que los llevaban a la muerte ante mis ojos y yo no lo veía. Es sorprendente la facilidad con que uno puede taparse moralmente los ojos [...].


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Playboy:
hitler

¿Qué fue lo que le llamó la atención de la jerarquía nazi sobre usted?


nazismo
Speer:
arquitecto

Mientras estaba en Berlín me desempeñé como correo del partido; en esa ocupación conocí a Karl Hanke; por entonces era un funcionario menor dentro del partido. Al saber que yo era arquitecto me impuso la modesta misión de redecorar los cuarteles de su distrito. Se agregaron otras pequeñas misiones, pero, cuando me mude de Berlín a Mannheim, Hanke y yo perdimos contacto. Después, el 30 de enero de 1933, von Hindenburg designó canciller a Hitler en la esperanza deque un gobierno de derecha, fortalecido y unificado, ayudaría a tranquilizar el desacuerdo de la izquierda y de los trabajadores estabilizando la economía. En marzo de 1933, inmediatamente después de las elecciones nacionales que endurecieron la mano de Hitler, recibí un llamado de Hanke pidiéndome que fuera a Berlín . Allí me presentó al doctor Goebbles, un hombre menudo, de ojos intensos y centellantes y con un pie torcido que lo hacia renquear pronunciadamente. Goebbles me ordenó reconstruir y redecorar su ministerio de propaganda, idicándome que comenzara de inmediato. Me despedi de Gobbels y me puse a caminar por Berlín , exitado por la perspectiva de mi primer trabajo importante. La atmósfera de la ciudad era entuciasta, regocijante. Todo el mundo se daba cuenta de que en su Alemania había llegado la hora de la decisión.
La gente se reunía en las esquinas para analizar los últimos movimientos del Führer; se intercambiaban saludos nazis entre desconocidos o amistosos "Heil, Hitler"; las bandas militares y las brigadas de agitadores desfilaban por la ciudad; la gente desplegaba orgullosamente banderas con la esvástica desde las ventanas [...].


de


el
Playboy:
etc

En general, a usted se lo elogia, o se lo culpa, por crear el decorado y las bambalinas que hicieron tan escalofriantemente efectivas las demostraciones del partido. ¿Acepta la responsabilidad de esas demostraciones masivas demagógicas?

albert speer
Speer:
Albert Speer, el arquitecto de Hitler

Oh, sí en esos días yo no comprendía del todo las implicaciones más importantes de los mítines; ya formaba parte de la maquinaria y no cuestionaba su operación. De todos modos, era un trabajo agotador: yo era responsable de casi todos los aspectos de esos mítines maratoónicos, del mantenimiento de la iluminación y de los escenarios. Mi tarea más adecuada era la "coreografia" de la demostración, el ejercitar a los miles de partidarios del nivel bajo e intermedio, cuyo recién acuñado poder se les había subido tanto a la cabeza como la panza; eso de ver a varios miles de barrigas de cerveza bamboleándose por el campo de desfiles resuultaba muy poco inspirador. Por eso, distribuí las manifestaciones de modo tal que los amtswalter cruzaran el campo zeppelin en la oscuridad, en un mar compuesto por miles de estandartes nazis. Dividí a los abanderados en diez grusas columnas, formando bandas entre las cuales podrían marchar hasta la plataforma de los oradores. Los reflectores iluminaban la masa de estandartes, así como la inmensa águila que coronaba el estadio. Para realzar el efecto, le pedí a Hitler que reqisara ciento treinta reflectores antiaéreos, casi todos los que habia en la Luftwaffe en esos momentos. Instalé esos reflectores antiaéreos alrededor del campo, a intervalos de doce metros, con las lices enfocadas hacia el cielo nocturno, visibles a dos mil quinientos metros de altura ; en ese punto se disolvían en un resplandor luminoso. El efecto dramático era apabullante, superior a lo que yo había inmaginado. El estadio, inundado de luz, daba la impresión de ser un salón gigantesco, circundado por titánicas columnas blancas y relucientes, con alguna nube ocacional que flotaba através de la majestuosa muralla de luz en un efecto surrealista, como una anémona traslúcida que derivara en el mar. Neville Henderon, el embajador britanico, escribió màs tarde que era como estar en una catedral de gielo.





arquitecto
Playboy:
de

Nürenberg fue, tal vez, el más imprecionante ejemplo propagandístico de la historia por su despliege escenográfico. Incontables alemanes, jóvenes e inprecionables, han de haberse sentido arrebatados, primero, y convertidos luego por su espectacularidad: los mismos que, pocos años después, lucharon en la guerra de Hilter. ¿Cómo puede alabar la belleza de sus espectáculos luminosos cuando su efecto acumulativo fue el de conducir una generacion a la muerte?

el
Speer:
etc

En esa epoca, yo o pensaba en eso; incluso me interesaba muy poco la política, como no fuera superficialmente, Me enañaba pensando que era un artista y que, como arquitecto de Hitler, estaba por encima de la política, ya dirigiera demostraciones partidarias o diseñara edificios para el gobierno. Era una tontería, por supuesto. Yo era un técnico, pero un técnico de la muerte. Sin enbargo, me llevo muchos años comprenderlo. Desde el día en que murió Troost, en 1934, hasta los últimos días de la guerra, me dediqué completamente a mi trabajo, sometido a la total dominación de Hilter. Él se convirtió en mi familia y a mi individualidad. Yo era parte de la monstruosa maquinaria nazi, que cobraba impulso, y no pensaba en ello más de lo que el pez piensa en el agua en la que nada [...]. Creo que desde un comienzo, Hitler estaba dispuesto a confiarme tareas que había soñado encarar desd su misma adolecencia. Cuando conoció a mi esposa, en una recepción oficia, le dijo, solemnemente: "Su esposo ma va a erigir edificios como no han sido construidos en cuatromil años". Aun entonces, yo no tenía idea de la escala megalomaníaca de sus planes.

albert speer
Playboy:
Albert Speer, el arquitecto de Hitler

¿Siente algo de pena por el hecho de que esos planes nunca hayan fructificado?


hitler
Speer:
nazismo

Devo admitir que, a pesar de lo absurdo y demencial de esos planes, aún me cuesta liberarme por completo del poder que ejercieron sobre mí tantos años. Intelectualmente, puedo despreciarlos... pero en un plano más profundo aún pesan sobre mí. Tal vez, aparte de todo los demás, tengo un motivo para odiar tan profundamente a Hilter: no sólo me permitió destruir mi conciencia, sino que también secó pervirtió la energía creadora de mi juventud. Pero, aunque esos planes todavía posean una fascinacion visceral para mí, agradezco que nunca hayan llegado a ser realidad pues ahora comprendí entonces, que eran, en su concepción, profundamente inmorales. Sus proporciones eran extraterestres, inhumanas; reflejaban la fría falta de humanidad del sistema nazi. "Estoy construyendo para la eternidad", solía decirme Hitler, y era cierto, pero nunca construía para la gente. El tamaño y escala de sus monumentos eran un símbolo de profético de sus planes de dominación mundial y la gigantesca metrópoli que visualizaba sólo podría servir como corazón de un imperio conquistado y esclavo. Un día, en el verano de 1939, mientras contenplábamos juntos las maquetas, Hitler señalo un águila germanica de oro, con una esvástica en las garas, que coronaría la cúpula del Kuppelhalle. "Hay que cambiar eso", dijo. Siguiendo sus instruciones, alteré el diseño de modo que el águila sostuviera un globo terráque en sus garras. Dos meses después estallaba la Segunda Guerra mundial [...].

arquitecto
Playboy:
de

Usted dijo: "Si Hitler hubiera tenido un amigo, abría sido yo".


el
Speer:
etc

Si, pero la palabra clabe es"si". A veces pienso que Hitler ansiaba con un contacto humano que jamás hubiera podido lograr. Yo lo percibía ocasionalmente en Barchtesgaden, cuando me sentaba con él ante el hogar abierto, a la hora del té; en esas ocaciones él se esforzaba mucho por crear una atmósfera gemütlich: servía torta a sus secretarios con exagerada galantería, trataba de mantener conversación cómoda y relajada con sus invitados e intentaba desempeñar el papel de anfritión amistoso. En esas oportunidades, yo sentía pena por él; era como un fantasma que fingía estar vivo, que trataba desesperadamente de convencerse de ser, después de todo, un ser humano normal, con sentimientos normales.
Pero ni siquiera la voluntad de Hitler podía llenar ese profundo vacío interior, esa invasora cualidad de intanibilidad, de insustancialidad. En mi vida no he conocido a nadie más en quien sintiera esa falta de algo vital, esa impresión de que, en el corazón del ser, sólo había una falta de vida. Es verdad que, probablemente, estuve más cerca que nadiede ver u yo íntimo. Las únicas veces en que lo vi comportarse con auténtica vivacidad, placer y espontaneidad fueron momentos en los que estábamos solos, revisando los planes arquitectónicos e inspeccionando sus queridas maquetas de Berlín del futuro. En tales ocasiones, se aproximaba a lo humano tanto como a él le era. Uno de nuestros amigos, después de presenciar una de esas sesiones de trabajo, dijo de nuestra relación: "¿Sabes quién eres tú? Eres el amor no correspondido de Hitler".


albert speer
Playboy:
Albert Speer, el arquitecto de Hitler

¿Pudo haber algo de homosexualidad latente en la relación de Hitler con usted?


hitler
Speer:
nazismo

En los sentidos psicológicos convencionales, no. Era algo más profundo y oscuro. En Más allá del principio del placer, Freud analiza la lucha entre los impulsos de vida y de muerte que el hombre lleva en sí. En el caso de Hitler, la fuerza mortal casi no hallaba resistencia. Pero es posible que, a veces, él luchara inconcientemente contra su propia perversidad; entonces, los últimos vestigios de humanidad, los últimos vestigios de humanidad trataban de asirse al principio de la vida. Tal vez en esos momentos haya visto en mí una reencarnación de las desaparecidas esperanzas de su juventud. Pero nuestra notable relación, fuera lo que fuese, no era amistad.
Nuestro entendimiento duró sólo mientras fui arquitecto suyo; cuando pasé a integrar el gobierno como Ministro de Armamentos, todo empezó a cambiar. La guerra fue un punto decisivo en nuestra relación.



Fuente: Playboy - #03 - Marzo 2006 - Pamela David
Paginas 92, 93, 94, 95, 96, 97.

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