Parece que estamos hablando de lo mismo, pero no. Claramente no.
La diferencia radica en hacerse parte del ritual de preparar el asado, con los tiempos y paso a paso que implica o caer para la hora de la comida.
Éstos últimos por lo general caen con un solo vino, y a lo sumo lavan los platos una vez que se termina de comer. Y hacen, claro está, la gran pájaro que comió voló.
Los que disfrutamos el día de asado, llegamos con el carbón debajo de un brazo y el Wine dispenser debajo del otro. No hace falta que sepas asar, porque lo importante es la compañía que recibe el asador al momento de empezar la acción. El vino es fundamental durante todo el proceso de armado de fuego y de cocción lenta. Porque al fin y al cabo esa copa va a ser la única que acompañe al poeta de las brasas durante toda la preparación.
El vino no se mueve de al lado de la parrilla, permitiendo que todos aquellos que quieran gustar de una buena copa, interactúen con el asador al menos por cortos minutos.
Yo no sé ustedes, pero prefiero pasar el día de asado. Desde que se prende la primera brasa, hasta que se apaga la última. No me lo pierdo ni loco.
La diferencia radica en hacerse parte del ritual de preparar el asado, con los tiempos y paso a paso que implica o caer para la hora de la comida.
Éstos últimos por lo general caen con un solo vino, y a lo sumo lavan los platos una vez que se termina de comer. Y hacen, claro está, la gran pájaro que comió voló.
Los que disfrutamos el día de asado, llegamos con el carbón debajo de un brazo y el Wine dispenser debajo del otro. No hace falta que sepas asar, porque lo importante es la compañía que recibe el asador al momento de empezar la acción. El vino es fundamental durante todo el proceso de armado de fuego y de cocción lenta. Porque al fin y al cabo esa copa va a ser la única que acompañe al poeta de las brasas durante toda la preparación.
El vino no se mueve de al lado de la parrilla, permitiendo que todos aquellos que quieran gustar de una buena copa, interactúen con el asador al menos por cortos minutos.
Yo no sé ustedes, pero prefiero pasar el día de asado. Desde que se prende la primera brasa, hasta que se apaga la última. No me lo pierdo ni loco.