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Como vencer el miedo a hacer el ridículo

Salud Bienestar6/12/2016
Últimamente, debido a que se puso de moda el desarrollo personal y el coaching, existen ciertos términos que se aparecen hasta en la sopa. Uno de ellos es la célebre y archi conocida zona de confort. Todo el mundo repite las siguientes frases: “Estás en tu zona de confort”, “Hay que salir/ expandir tu zona de confort.” Como siempre las palabras maquillan los conceptos sin definirlos y haciéndolos parecer más “lindos” ¿Pero que es la zona de confort? ¿Y aún más importante, cómo salimos de ella? Porque al fin y al cabo, si no queremos quedarnos en ella debemos saber cómo salir.

Siendo concretos, la zona de confort se compone de todas aquellas situaciones en las que nos nos da miedo estar y de todas aquellas acciones que nos da miedo realizarlas. Es decir que estamos hablando del miedo ¿El temor a qué se preguntarán? A cualquier cosa: a hablar en público, a decirle a una persona algo que nos incomoda, a ponernos en una situación en donde nos expondremos inevitablemente a los ridiculo.

TODOS TENEMOS MIEDOS E INSEGURIDADES, EL PUNTO ES SABER IDENTIFICARLAS PARA PODER ENFRENTARLAS.

Como a muchas personas a mi me da miedo “el qué dirán” de los otros. Es decir opiniones de terceros sobre algo que vaya a decir o hacer. Este miedo es bastante común, así como el miedo al ridículo. Un mecanismo que ayuda desafiar estos temores y hacerles frente es haciéndose una simple pregunta: “¿Qué es lo peor que podría pasar si hago esto que me da miedo?” La respuesta, en la mayoría de los caso,s es demoledora: nada. Cuando pensamos en una situación vergonzosa nuestra mente nos proyecta escenarios terribles que, si los analizamos con detenimiento, son francamente irreales.

Para comprobar que efectivamente se trata de escenarios irreales hay que empezar por realizar las acciones, ya que esto permitirá, a su vez, realizar otras acciones que también nos producen temor. Si desafiamos una vez esa creencia de que “algo terrible podría pasar” podremos aplicar eso para enfrentar otras situaciones. Incluso hasta podremos cuestionar el juicio de que “algo terrible va a pasar” haciéndonos una simple pregunta: “¿Hubo alguna vez una situación en donde creí que algo terrible iba a pasar si hacía tal o cual cosa y al final la hice y no pasó nada?” Preguntas sencillas, no obstantes poderosas.

Por ejemplo: ¿Que tal si nos da miedo hablar en público? ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Que le gente se ría? ¿Que se burlen de mí? ¿Que me abucheen? ¿Y eso de alguna forma me dañará físicamente? No, por supuesto que no. En todo caso recordaré la última vez que hice algo que me daba miedo para comprobar que nada ha pasado y así desafiar el juicio que se esconde detrás del temor.

DETRÁS DE LAS EMOCIONES SIEMPRE HAY PENSAMIENTOS Y CREENCIAS. ESTAS PUEDEN SER TANTO LIMITANTES COMO EXPANSIVAS. VALDRÍA LA PENA PREGUNTARSE QUÉ PENSAMIENTOS SE ESCONDEN DETRÁS DE LA EMOCIÓN CADA VEZ QUE SIENTO MIEDO.

Hace poco hice un ejercicio para ganar seguridad exponiéndome a una situación que me daba miedo. Creo que servirá como ejemplo:


Había comenzado un curso de comedia stand up que nunca llegué a terminar. Aun así, estando en Colombia, acepté la invitación de un amigo a presentarme en “la zona de riesgos” de un show, que es el momento en cual los comediante van a probar material. Yo simplemente no tenía material pero me decidí a hacerlo de todas formas, utilizando la improvisación (algo que solo los profesionales se atreven a hacer) ¿Que es lo peor que podía pasar? ¿Que me abuchearan? Digo, el espacio está hecho para eso. En realidad quería hacerlo para, precisamente, enfrentar el miedo al ridículo.

El gran día llegó y estaba listo. Listo para ser abucheado. Minutos antes de la presentación traté de aunque sea pensar que iba a decir. Tal vez podía hablar de mi impresión sobre cómo era la gente de Bogotá, no lo sé. En fin, salí al escenario y comencé a hablar. Fue un verdadero desastre, no solo no se rieron, sino que quedé como el estereotipo del argentino arrogante. El tema del que había elegido hablar era demasiado peligroso, sobre todo si lo quería tratar en tono stand up. Al final de la noche el presentador me puso una soga en el cuello y le preguntó al público quienes me apoyaban y quienes opinaban que debería ser ahorcado. Mientras que un veinte por ciento del público aplaudió tímidamente (por lastima probablemente) el resto me abucheó con vehemencia. En cierta forma yo me reía por lo ridículo de la situación al mismo tiempo que estaba orgulloso por haberlo intentado.

Me retiré del escenario y esperé a que terminara el show. Cuando me iba a retirar me notificaron que la puerta de atrás estaba cerrada por lo que tendría que salir por la puerta delantera y enfrentarme a la gente que, probablemente, tenía una opinión bastante mala de mí (o por lo menos ese era el pensamiento que nadaba por mi cabeza).

Ahora si estaba en mi zona de no confort. Y eso era bueno. Tenía la oportunidad de ir y saludar a mi público y ver qué pasaba. Y eso fue lo que hice. Salí con la mejor onda y saludé al público haciendo chistes de lo malo y arrogante que había sido. Esta vez si se rieron. Al salir del teatro sentía un calor en todo mi cuerpo. Una sensación agradable como de alguien que acaba de superar una prueba increíblemente difícil. No había pasado nada y ahora me sentía más fuerte que antes. Un motivo para estar orgulloso ¿No?
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