Con el auge del empoderamiento femenino y las ideas que ahora circundan a la sociedad global en cuanto al posicionamiento de la mujer, resulta todo un enigma hablar de esas comunidades que, sobreviviendo a los años, se mantienen regidas por el “segundo” género. ¿Qué es lo que las motiva a continuar con ese reinado? ¿Cómo se conforman esas estructuras para continuar con tal filosofía de comportamiento y no debilitarse ante las exigencias de la contemporaneidad? Con la posibilidad de parecer arcaicos o nunca insertos en el desarrollo de la modernidad, lo cierto es que esos sistemas de creencia y moralidad han podido prevalecer –con sus bemoles– gracias a nuevos planteamientos de la convivencia personal.
El matriarcado es un sistema que hace a la mujer el centro de la cultura, mas no le da poder sobre los demás. El cometido no es ése, sino construir una vida cultural basada en el respeto mutuo.
Cabe mencionar que no hay sociedad alguna en el planeta que esté regida en el mundo a cabalidad por el sexo femenino; cuando las mujeres tienen el poder en determinadas regiones, vemos avances en el comportamiento humano. En la estética, en la política, en la manera de aprehender el mundo y los códigos morales en la familia. Pero en un sentido general, cuando esto sucede, ellas se encargan de muchas cosas hiperfemeninas, sólo que en un tono mucho más relajado; hacer feliz a los demás, mantener familias estables y tener buen sexo son de sus tareas primordiales.
El matriarcado no es un opuesto al patriarcado
El matriarcado, según la experta en estos estudios, Heidi Goettner-Abendroth, es un sistema que hace a la mujer el centro de la cultura, mas no le da poder sobre los demás. El cometido no es ése, sino tomar al sexo femenino como eje para construir una vida cultural basada en el respeto mutuo. Por ello, los celos o las restricciones sexuales se ven como una estupidez.
El matrimonio no es un contrato
Si se da un lazo entre dos personas que se aman e incluso llegan a tener hijos, no es porque exista un contrato forzoso lleno de cláusulas y acuerdos prenupciales. Es porque hay un movimiento interno de emociones que los ha dirigido a ese punto y, si deciden terminarlo, no hay problema en ello. Los hijos nunca son ilegítimos ni se cela a nadie en la relación venidera.
Más sexo, menos crítica
En muchas de estas sociedades, especialmente la de los Mosuo, las adolescentes son las únicas que reciben un cuarto privado en el hogar para poder tener sexo con quien quieran y cuantas veces quieran. Eso no es motivo de enojo ni de abuso por nadie en la comunidad.
La paternidad es de todos
Aunque existen palabras para definir a este sujeto en la familia, o a lo que seria su equivalente, éstas no cumplen en lo absoluto con el concepto que tenemos de “padre”. Las tareas principales las adquiere la mujer y entre los tíos o demás hombres allegados se encargan de enseñar también a los hijos en su desarrollo. Ninguno de ellos se toma nada a título personal o se encela porque otros eduquen a los pequeños.