Estoy podrido de ver en el Ares por ejemplo "La cumparsita - tango Argentino", o de escuchar que es de Piazzola, etc.
Entonces, este post se lo dirijo a esa gente que, o de mala fe, o de ignorancia (sin querer ser despectivo), creen que la cumparsita es Argentina.
Se que la mayoria de la gente sabe que es Oriental este tanguito, pero bueno, es necesario hacer este post. Porque siendo Uruguay un pais tan chico, hay que cuidar lo nuestro.
La Cumparsita, obra musical creada por el músico uruguayo Gerardo Matos Rodríguez (1897-1948), es considerado el tango más difundido a nivel mundial. Por decreto presidencial del 2 de febrero de 1998, es el himno popular y cultural del Uruguay. En Argentina también es uno de los tangos más escuchados.
Historia
Se mantienen muchas dudas aún sobre la historia del más célebre de los tangos. Hay criterios dispares acerca de la fecha de su creación. Idénticas controversias suscita la participación de Roberto Firpo tanto en el estreno de la obra cuanto en la incorporación de algunos pasajes de su autoría. Lo mismo ocurre con la notación del tango en el papel pentagramado, mérito que algunos memoriosos adjudican al pianista Carlos Warren y otros legan a Firpo (el autor de Vivíane).
Rosario Infantozzi Durán pone en boca de su tío Matos Rodríguez, estas palabras:
«Creo que nunca pude hacer otro tango igual... Más adelante compuse otros tangos y otras músicas, algunos quizás mejores que el primero. Pero éste (La Cumparsita) encierra un mundo de ilusiones y de tristezas, de sueños y de nostalgias que solo se viven a los veinte años. Fue un momento mágico. Y mágico fue su destino. ¡Cuántos misterios en torno a él, cuántos pleitos! Ríos de tinta y kilómetros de papel se ha utilizado para enaltecerlo o hacerlo pedazos» (del libro Yo, Matos Rodríguez, el de “La Cumparsita”, de Rosario Infantozzi Durán).
Letra
No menos accidentada es la historia de su letra. Hasta 1924, La Cumparsita fue un tango instrumental “totalmente olvidado” según el juicio de Juan Carlos Marambio Catán. Precisamente, por carecer de letra, no era ejecutado por las orquestas de entonces que acompañaban el auge del llamado tango-canción (inventado por Carlos Gardel). Matos, por su parte, había vendido los derechos a la firma Breyer Hnos., representante de la Casa Ricordi en Argentina.
El 6 de junio de 1924, la compañía de Leopoldo Simari estrenó en el viejo teatro Apolo una obrita de Contursi y Maroni titulada Un programa de cabaret. Para esos años no había obras teatrales de cuño popular que no incluyera el estreno de uno o dos tangos para asegurarse el éxito del público. En el cuadro segundo de esa obra, el cantor Juan Ferrari cantó por primera vez los versos compuestos por ambos autores sobre la música de La Cumparsita: “Si supieras / que aún dentro de mi alma...”.
La pieza estuvo muy poco tiempo en cartel porque ni este nuevo tango ni la amarga sátira de La mina del Ford en la voz de la actriz Luisa Morotti, lograron salvar su mediocridad. Sin embargo el nuevo tango tuvo un éxito inesperado. Carlos Gardel comenzó a cantarlo ese mismo año y lo grabó para Odeón con las guitarras de Ricardo y Barbieri. De ahí en más fueron redescubiertos sus valores musicales y como dijera Víctor Soliño, «La Cumparsita comenzó a escalar los pocos escaños que le faltaban recorrer para situarse en la cumbre de la gloria».
La historia que sigue es conocida. Matos supo en París —por boca de Canaro— de estas novedades acerca de su tango. Recurrió al auxilio del Dr. Calatayud, un joven abogado uruguayo que llevó adelante las acciones legales para deshacer la venta de los derechos a Breyer Hnos. y prohibir que se tocara La Cumparsita con letras o verso que no fueran los que el mismo Matos había firmado como de su autoría: “La cumparsa / de miserias sin fin desfila...”. Esta letra, que fue depositada en la Biblioteca Nacional el 9 de noviembre de 1926, fue llevada al disco por el cantor Roberto Díaz con la orquesta Los Provincianos.
Muerto Pascual Contursi el 16 de marzo de 1932, Hilda Briano (su viuda) y Maroni (su compañero) iniciaron acciones legales por daños y perjuicios contra Matos Rodríguez por reconocimiento de derechos como coautores de la obra en cuestión. Fue un larguísimo pleito que se resolvió cuando también Matos había muerto. El 10 de septiembre de 1948 Francisco Canaro emitió su laudo arbitral al que se habían sometido finalmente las partes, quedando zanjadas las cuestiones referentes a los porcentajes por derechos de ejecución, fotomecánicos y de inclusión en películas. También se determinó que en las futuras ediciones de La Cumparsita deberían registrarse las dos letras referidas, con exclusión de las de cualquier otro autor.
Esta última previsión del laudo arbitral, responde al hecho de que este tango tiene al menos otras dos letras y quizás una tercera, que se presumen escritas con la intención de ser adosadas a la música del Becho.
Otras letras
La letra más antigua pertenece a Alejandro del Campo, un cofrade de la Federación de Estudiantes del Uruguay en la que militaba Matos Rodríguez al tiempo de componer su tango. Fue publicada por la revista El Alma que Canta en 1926 y se sospecha que es la primera letra escrita para La Cumparsita por encargo del autor, ante la morosidad de Víctor Soliño (a quien le habría hecho originalmente el encargo).
También 'El Alma que Canta publicó el 19 de noviembre de 1957 una nota de Antonio Cantó titulada “La historia del tango” en la que transcribe unos apuntes de Nicolás Olivari sobre La Cumparsita. Olivari hace mención de “la primera letra que se escribió” para este tango, obra del poeta y hombre de teatro Augusto Mario Delfino.
Ni una ni otra letra tuvieron éxito ni fueron cantadas o llevadas al disco por intérprete alguno. Ambas se refieren a una comparsa carnavalera con versos evocativos de los días de la juventud. En realidad todas las letras conocidas, transitan lugares comunes y ripiosos, ajenos a la calidad que hubiera merecido el tango.
La quinta letra está escrita en inglés. Es obra de Oiga Paul y fue publicada —según datos de Roberto Selles— en 1937 por la casa editora Edward B. Marks Music Corporation de Nueva York bajo el título de The Masked One (la enmascarada). Dice Selles que en la partitura consta también el título original de Matos Rodríguez. La letra repite el mismo argumento de Siga el corso de Aieta y García Jiménez.
Ha sido una constante, al menos hasta los años cuarenta, que las letras adosadas a los tangos fueron muy inferiores a la calidad de la música. Los ejemplos abundan de manera notoria. Por supuesto que se exceptúa de este juicio a Celedonio Flores, Enrique Cadícamo, Francisco García Jiménez, Enrique Santos Discépolo y algunos pocos más, que desde sus primeras composiciones fueron muy cuidadosos con la calidad de sus versos. En el caso de La Cumparsita, bien podemos afirmar que, felizmente, ha perdurado a pesar de sus letras.
La importancia simbólica de este tango se ilustra con la anécdota siguiente: en el desfile inaugural de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 la delegación argentina marchó utilizando la música de La Cumparsita, lo que generó protestas y reclamos por parte del gobierno uruguayo.
El tecto es un copy->paste, pero lo hice por gusto para que no haya lugar a discusiones, ya que creo q Wikipedia es una fuente bastante confiable.
Espero que lo hayan disfrutado.
Entonces, este post se lo dirijo a esa gente que, o de mala fe, o de ignorancia (sin querer ser despectivo), creen que la cumparsita es Argentina.
Se que la mayoria de la gente sabe que es Oriental este tanguito, pero bueno, es necesario hacer este post. Porque siendo Uruguay un pais tan chico, hay que cuidar lo nuestro.
La Cumparsita, obra musical creada por el músico uruguayo Gerardo Matos Rodríguez (1897-1948), es considerado el tango más difundido a nivel mundial. Por decreto presidencial del 2 de febrero de 1998, es el himno popular y cultural del Uruguay. En Argentina también es uno de los tangos más escuchados.
Historia
Se mantienen muchas dudas aún sobre la historia del más célebre de los tangos. Hay criterios dispares acerca de la fecha de su creación. Idénticas controversias suscita la participación de Roberto Firpo tanto en el estreno de la obra cuanto en la incorporación de algunos pasajes de su autoría. Lo mismo ocurre con la notación del tango en el papel pentagramado, mérito que algunos memoriosos adjudican al pianista Carlos Warren y otros legan a Firpo (el autor de Vivíane).
Rosario Infantozzi Durán pone en boca de su tío Matos Rodríguez, estas palabras:
«Creo que nunca pude hacer otro tango igual... Más adelante compuse otros tangos y otras músicas, algunos quizás mejores que el primero. Pero éste (La Cumparsita) encierra un mundo de ilusiones y de tristezas, de sueños y de nostalgias que solo se viven a los veinte años. Fue un momento mágico. Y mágico fue su destino. ¡Cuántos misterios en torno a él, cuántos pleitos! Ríos de tinta y kilómetros de papel se ha utilizado para enaltecerlo o hacerlo pedazos» (del libro Yo, Matos Rodríguez, el de “La Cumparsita”, de Rosario Infantozzi Durán).
Letra
No menos accidentada es la historia de su letra. Hasta 1924, La Cumparsita fue un tango instrumental “totalmente olvidado” según el juicio de Juan Carlos Marambio Catán. Precisamente, por carecer de letra, no era ejecutado por las orquestas de entonces que acompañaban el auge del llamado tango-canción (inventado por Carlos Gardel). Matos, por su parte, había vendido los derechos a la firma Breyer Hnos., representante de la Casa Ricordi en Argentina.
El 6 de junio de 1924, la compañía de Leopoldo Simari estrenó en el viejo teatro Apolo una obrita de Contursi y Maroni titulada Un programa de cabaret. Para esos años no había obras teatrales de cuño popular que no incluyera el estreno de uno o dos tangos para asegurarse el éxito del público. En el cuadro segundo de esa obra, el cantor Juan Ferrari cantó por primera vez los versos compuestos por ambos autores sobre la música de La Cumparsita: “Si supieras / que aún dentro de mi alma...”.
La pieza estuvo muy poco tiempo en cartel porque ni este nuevo tango ni la amarga sátira de La mina del Ford en la voz de la actriz Luisa Morotti, lograron salvar su mediocridad. Sin embargo el nuevo tango tuvo un éxito inesperado. Carlos Gardel comenzó a cantarlo ese mismo año y lo grabó para Odeón con las guitarras de Ricardo y Barbieri. De ahí en más fueron redescubiertos sus valores musicales y como dijera Víctor Soliño, «La Cumparsita comenzó a escalar los pocos escaños que le faltaban recorrer para situarse en la cumbre de la gloria».
La historia que sigue es conocida. Matos supo en París —por boca de Canaro— de estas novedades acerca de su tango. Recurrió al auxilio del Dr. Calatayud, un joven abogado uruguayo que llevó adelante las acciones legales para deshacer la venta de los derechos a Breyer Hnos. y prohibir que se tocara La Cumparsita con letras o verso que no fueran los que el mismo Matos había firmado como de su autoría: “La cumparsa / de miserias sin fin desfila...”. Esta letra, que fue depositada en la Biblioteca Nacional el 9 de noviembre de 1926, fue llevada al disco por el cantor Roberto Díaz con la orquesta Los Provincianos.
Muerto Pascual Contursi el 16 de marzo de 1932, Hilda Briano (su viuda) y Maroni (su compañero) iniciaron acciones legales por daños y perjuicios contra Matos Rodríguez por reconocimiento de derechos como coautores de la obra en cuestión. Fue un larguísimo pleito que se resolvió cuando también Matos había muerto. El 10 de septiembre de 1948 Francisco Canaro emitió su laudo arbitral al que se habían sometido finalmente las partes, quedando zanjadas las cuestiones referentes a los porcentajes por derechos de ejecución, fotomecánicos y de inclusión en películas. También se determinó que en las futuras ediciones de La Cumparsita deberían registrarse las dos letras referidas, con exclusión de las de cualquier otro autor.
Esta última previsión del laudo arbitral, responde al hecho de que este tango tiene al menos otras dos letras y quizás una tercera, que se presumen escritas con la intención de ser adosadas a la música del Becho.
Otras letras
La letra más antigua pertenece a Alejandro del Campo, un cofrade de la Federación de Estudiantes del Uruguay en la que militaba Matos Rodríguez al tiempo de componer su tango. Fue publicada por la revista El Alma que Canta en 1926 y se sospecha que es la primera letra escrita para La Cumparsita por encargo del autor, ante la morosidad de Víctor Soliño (a quien le habría hecho originalmente el encargo).
También 'El Alma que Canta publicó el 19 de noviembre de 1957 una nota de Antonio Cantó titulada “La historia del tango” en la que transcribe unos apuntes de Nicolás Olivari sobre La Cumparsita. Olivari hace mención de “la primera letra que se escribió” para este tango, obra del poeta y hombre de teatro Augusto Mario Delfino.
Ni una ni otra letra tuvieron éxito ni fueron cantadas o llevadas al disco por intérprete alguno. Ambas se refieren a una comparsa carnavalera con versos evocativos de los días de la juventud. En realidad todas las letras conocidas, transitan lugares comunes y ripiosos, ajenos a la calidad que hubiera merecido el tango.
La quinta letra está escrita en inglés. Es obra de Oiga Paul y fue publicada —según datos de Roberto Selles— en 1937 por la casa editora Edward B. Marks Music Corporation de Nueva York bajo el título de The Masked One (la enmascarada). Dice Selles que en la partitura consta también el título original de Matos Rodríguez. La letra repite el mismo argumento de Siga el corso de Aieta y García Jiménez.
Ha sido una constante, al menos hasta los años cuarenta, que las letras adosadas a los tangos fueron muy inferiores a la calidad de la música. Los ejemplos abundan de manera notoria. Por supuesto que se exceptúa de este juicio a Celedonio Flores, Enrique Cadícamo, Francisco García Jiménez, Enrique Santos Discépolo y algunos pocos más, que desde sus primeras composiciones fueron muy cuidadosos con la calidad de sus versos. En el caso de La Cumparsita, bien podemos afirmar que, felizmente, ha perdurado a pesar de sus letras.
La importancia simbólica de este tango se ilustra con la anécdota siguiente: en el desfile inaugural de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 la delegación argentina marchó utilizando la música de La Cumparsita, lo que generó protestas y reclamos por parte del gobierno uruguayo.
El tecto es un copy->paste, pero lo hice por gusto para que no haya lugar a discusiones, ya que creo q Wikipedia es una fuente bastante confiable.
Espero que lo hayan disfrutado.