InicioSalud BienestarCuentos para pensar y volarte la mente
Hey amigos taringueros, cómo están!!
Les traigo algunos de los cuentos del libro Cuentos para pensar de Jorge Bucay, que me han parecido bastante entretenidos.
Los dejo aquí para que los lean (Si aún no lo han hecho). Hay varios que me han gustado bastante.



Cuentos para pensar y volarte la mente


EL BUSCADOR

Hace dos años, cuando terminaba una charla para un grupo de
parejas conté, como suelo hacer, un cuento a manera de regalo
de despedida. Para mi sorpresa, esta vez, alguien del grupo pidió
la palabra y se ofreció a regalarme una historia. Ese cuento que
quiero tanto, lo escribo ahora en memoria de mi amigo Jay
Rabon.
Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador...
Un buscador es alguien que busca, no necesariamente es alguien que
encuentra.
Tampoco esa alguien que, necesariamente, sabe lo qué es lo que está
buscando, es simplemente para quien su vida es una búsqueda.
Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había
aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar
desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos,
Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero
le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había
un montón de árboles, pájaros y flores encantadores; la rodeaba por completo
una especie de valla pequeña de madera lustrada.
...Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de
descansar por un momento en ese lugar.
El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las
piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso
multicolor.
Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las
piedras, aquella inscripción…:
Abedul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días
Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente
una piedra, era una lápida.
Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese
lugar.
Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado
también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía:
Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses, y 3 semanas
El buscador se sintió terriblemente conmocionado.

Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba.
Una por una, empezó a leer las lápidas.
Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del
muerto.
Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo
había vivido apenas sobrepasaba 11 años...
Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.
El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó.
Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún
familiar.
- No, ningún familiar - dijo el buscador - ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué
cosa tan terrible hay en esta ciudad ?. ¿Por qué tantos niños muertos
enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta
gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?!!!
El anciano sonrió y dijo:
- Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos
una vieja costumbre. Le contaré...
Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta, como
ésta que tengo aquí, colgando del cuello.
Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta
intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:
a la izquierda, qué fue lo disfrutado…
a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.
Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión
enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y
media?…
Y después… la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso,
¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana?…
¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo...?
¿y el casamiento de los amigos…?
¿y el viaje más deseado…?
¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…?
¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?…
¿horas?, ¿días?…

Así... vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos... cada
momento.
Cuando alguien se muere,
es nuestra costumbre,
abrir su libreta
y sumar el tiempo de lo disfrutado,
para escribirlo sobre su tumba,
porque Ese es, para nosotros,
el único y verdadero tiempo VIVIDO.


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reflexion


EL TEMIDO ENEMIGO

La idea de este cuento llegó a mí escuchando un relato de Enrique
Mariscal. Me permití, partir de allí prolongar el cuento
transformarlo en otra historia con otro mensaje y otro sentido...
Así como está ahora se lo regalé una tarde a mí amigo Norbi.

Había una vez, en un reino muy lejano y perdido, un rey al que le gustaba
sentirse poderoso. Su deseo de poder no se satisfacía sólo con tenerlo, él,
necesitaba, además, que todos lo admiraran por ser poderoso. Así como la
madrastra de Blanca Nieves no le alcanzaba con verse bella, también él
necesitaba mirarse en un espejo que le dijera lo poderoso que era. Él no tenía
espejos mágicos, pero contaba con un montón de cortesanos y sirvientes a su
alrededor a quienes preguntarle si él era el más poderoso del reino.
Invariablemente todos le decían lo mismo:
- Alteza, eres muy poderoso, pero tú sabes que el mago tiene un poder que
nadie posee: Él conoce el futuro.
(En aquel tiempo, alquimistas, filósofos, pensadores, religiosos y místicos eran
llamados, genéricamente “magos”).
El rey estaba muy celoso del mago del reino pues aquel no sólo tenía fama de
ser un hombre muy bueno y generoso, sino que además, el pueblo entero lo
amaba, lo admiraba y festejaba que él existiera y viviera allí.
No decían lo mismo del rey.
Quizás porque necesitaba demostrar que era él quien mandaba, el rey no era
justo, ni ecuánime, y mucho menos bondadoso.
Un día, cansado de que la gente le contara lo poderoso y querido que era el
mago, o motivado por esa mezcla de celos y temores que genera la envidia, el
rey urdió un plan:
Organizaría una gran fiesta a la cual invitaría al mago. Después de la cena,
pediría la atención de todos. Llamaría al mago al centro del salón y delante de
los cortesanos, le preguntaría si era cierto que sabía leer el futuro. El invitado
tendría dos posibilidades: decir que no, defraudando así la admiración de los
demás, o decir que sí, confirmando el motivo de su fama. El rey estaba seguro
de que escogería la segunda posibilidad. Entonces, le pediría que le dijera la
fecha en la que el mago del reino iba a morir. Éste daría una respuesta, un día
cualquiera, no importaba cuál. En ese mismo momento, planeaba el rey, sacar
su espada y matarlo. Conseguiría con esto dos cosas de un solo golpe: la
primera, deshacerse de su enemigo para siempre; la segunda, demostrar que
el mago no había podido adelantarse al futuro, ya que se había equivocado en
su predicción. Se acabarían, en una sola noche, el mago y el mito de sus
poderes...
Los preparativos se iniciaron enseguida, y muy pronto el día del festejo llegó...
...Después de la gran cena, el rey hizo pasar al mago al centro y le preguntó:

- ¿Es cierto que puedes leer el futuro?
- Un poco - dijo el mago.
- ¿Y puedes leer tu propio futuro? - preguntó el rey.
- Un poco - dijo el mago.
- Entonces quiero que me des una prueba - dijo el rey - ¿Qué día morirás?.
¿ Cuál es la fecha de tu muerte?
El mago se sonrió, lo miró a los ojos y no contestó.
- ¿Qué pasa mago? - dijo el rey sonriente - ¿No lo sabes?... ¿no es cierto que
puedes ver el futuro?
- No es eso - dijo el mago - pero lo que sé, no me animo a decírtelo.
- ¿Cómo que no te animas? - dijo el rey -... Yo soy tu soberano y te ordeno
que me lo digas. Debes darte cuenta de que es muy importante para el reino
saber cuando perdemos a sus personajes más eminentes... Contéstame pues,
¿cuándo morirá el mago del reino?
Luego de un tenso silencio, el mago lo miró y dijo:
- No puedo precisarte la fecha, pero sé que el mago morirá exactamente un
día antes que el rey...
Durante unos instantes, el tiempo se congeló. Un murmullo corrió por entre los
invitados.
El rey siempre había dicho que no creía en los magos ni en las adivinaciones,
pero lo cierto es que no se animó a matar al mago.
Lentamente el soberano bajó los brazos y se quedó en silencio...
Los pensamientos se agolpaban en su cabeza.
Se dio cuenta de que se había equivocado.
Su odio había sido el peor consejero.
- Alteza, te has puesto pálido. ¿Qué te sucede? - preguntó el invitado.
- Me siento mal - contestó el monarca - voy a ir a mi cuarto, te agradezco que
hayas venido.
Y con un gesto confuso giró en silencio encaminándose a sus habitaciones...
El mago era astuto, había dado la única respuesta que evitaría su muerte.
¿Habría leído su mente?

La predicción no podía ser cierta. Pero... ¿Y si lo fuera?...
Estaba aturdido...
Se le ocurrió que sería trágico que le pasara algo al mago camino a su casa.
El rey volvió sobre sus pasos, y dijo en voz alta:
- Mago, eres famoso en el reino por tu sabiduría, te ruego que pases esta
noche en el palacio pues debo
consultarte por la mañana sobre algunas decisiones reales.
- ¡ Majestad!. Será un gran honor... – dijo el invitado con una reverencia.
El rey dio órdenes a sus guardias personales para que acompañaran al mago
hasta las habitaciones de huéspedes en el palacio y para que custodiasen su
puerta asegurándose de que nada pasara...
Esa noche el soberano no pudo conciliar el sueño. Estuvo muy inquieto
pensando qué pasaría si el mago le hubiera caído mal la comida, o si se
hubiera hecho daño accidentalmente durante la noche, o si, simplemente, le
hubiera llegado su hora.
Bien temprano en la mañana el rey golpeó en las habitaciones de su invitado.
Él nunca en su vida había pensado en consultar ninguna de sus decisiones,
pero esta vez, en cuánto el mago lo recibió, hizo la pregunta... necesitaba una
excusa.
Y el mago, que era un sabio, le dio una respuesta correcta, creativa y justa.
El rey, casi sin escuchar la respuesta, alabó a su huésped por su inteligencia y
le pidió que se quedara un día más, supuestamente, para “consultarle” otro
asunto... (obviamente, el rey sólo quería asegurarse de que nada le pasara).
El mago - que gozaba de la libertad que sólo conquistan los iluminados -
aceptó...
Desde entonces todos los días, por la mañana o por la tarde, el rey iba hasta
las habitaciones del mago para consultarlo y lo comprometía para una nueva
consulta al día siguiente.
No pasó mucho tiempo antes de que el rey se diera cuenta de que los consejos
de su nuevo asesor eran siempre acertados y terminara, casi sin notarlo,
teniéndolos en cuenta en cada una de las decisiones.
Pasaron los meses y luego los años.
Y como siempre... estar cerca del que sabe vuelve el que no sabe, más sabio.
Así fue: el rey poco a poco se fue volviendo más y más justo.
Ya no era despótico ni autoritario. Dejó de necesitar sentirse poderoso, y
seguramente por ello dejó de necesitar demostrar su poder.
Empezó a aprender que la humildad también podía tener sus ventajas.
Empezó a reinar de una manera más sabia y bondadosa.

Y sucedió que su pueblo empezó a quererlo, como nunca lo había querido
antes.
El rey ya no iba a ver al mago investigando por su salud, iba realmente para
aprender, para compartir una decisión o simplemente para charlar.
El rey y el mago habían llegado a ser excelentes amigos.
Hasta que un día, a más de cuatro años de aquella cena, sin motivo, el rey
recordó.
Recordó que este hombre, a quien consideraba ahora su mejor amigo, había
sido su más odiado enemigo.
Recordó aquél plan que alguna vez urdió para matarlo.
Y sé dio cuenta que no podía seguir manteniendo este secreto sin sentirse un
hipócrita.
El rey tomó coraje y fue hasta la habitación del mago. Golpeó la puerta y
apenas entró, le dijo:
- Hermano mío, tengo algo para contarte que me oprime el pecho.
- Dime - dijo el mago - y alivia tu corazón.
- Aquella noche, cuando te invité a cenar y te pregunté sobre tu muerte, yo no
quería en realidad saber sobre tu futuro, planeaba matarte frente a cualquier
cosa que me dijeras, quería que tu muerte inesperada desmistificara tu fama
de adivino. Te odiaba porque todos te amaban... Estoy tan avergonzado...
El rey suspiró profundamente y siguió:
- Aquella noche no me animé a matarte y ahora que somos amigos, y más que
amigos, hermanos, me aterra pensar lo que hubiera perdido si lo hubiese
hecho.
Hoy he sentido que no puedo seguir ocultándote mi infamia.
Necesité decirte todo esto para que tú me perdones o me desprecies, pero sin
ocultamientos.
El mago lo miró y le dijo:
- Has tardado mucho tiempo en poder decírmelo, pero de todas maneras, me
alegra que lo hayas hecho, porque esto es lo único que me permitirá decirte
que ya lo sabía. Cuando me hiciste la pregunta y acariciaste con la mano
sobre el puño de tu espada, fue tan clara tu intención, que no hacía falta ser
adivino para darse cuenta de lo que pensabas hacer - el mago sonrió y puso su
mano en el hombro del rey. - Como justa devolución a tu sinceridad, debo
decirte que yo también te mentí... Te confieso que inventé esa absurda historia
de mi muerte antes de la tuya para darte una lección. Una lección que recién

hoy estás en condiciones de aprender, quizás la más importante cosa que yo
te haya enseñado:
Vamos por el mundo odiando y rechazando aspectos de los otros y hasta de nosotros
mismos que creemos despreciables, amenazantes o inútiles... y sin embargo, si nos
damos tiempo, terminaremos dándonos cuenta de lo mucho que nos costaría vivir sin
aquellas cosas que en un momento rechazamos.
Tu muerte, querido amigo, llegará justo, justo el día de tu muerte, y ni un
minuto antes. Es importante que sepas que yo estoy viejo, y que mi día
seguramente se acerca. No hay ninguna razón para pensar que tu partida deba
estar atada a la mía. Son nuestras vidas las que se han ligado, no nuestras
muertes.
El rey y el mago se abrazaron y festejaron brindando por la confianza que cada
uno sentía en esta relación que habían sabido construir juntos...
Cuenta la leyenda...
que misteriosamente...
esa misma noche...
el mago...
murió durante el sueño.
El rey se enteró de la mala noticia a la mañana siguiente... y se sintió
desolado.
No estaba angustiado por la idea de su propia muerte, había aprendido del
mago a desapegarse hasta de su permanencia en el mundo.
Estaba triste, simplemente por la muerte de su amigo.
¿Qué coincidencia extraña había hecho que el rey pudiera contarle esto al
mago justo la noche anterior a su muerte?.
Tal vez, tal vez de alguna manera desconocida el mago había hecho que él
pudiera decirle esto para quitarle su fantasía de morirse un día después.
Un último acto de amor para librarlo de sus temores de otros tiempos...
Cuentan que el rey se levantó y que con sus propias manos cavó en el jardín,
bajo su ventana, una tumba para su amigo, el mago.
Enterró allí su cuerpo y el resto del día se quedó al lado del montículo de
tierra, llorando como se llora ante la pérdida de los seres queridos.
Y recién entrada la noche, el rey volvió a su habitación.
Cuenta la leyenda... que esa misma noche... veinticuatro horas después de la
muerte del mago, el rey murió en su lecho mientras dormía...
quizás de casualidad...

quizás de dolor...
quizás para confirmar la última enseñanza del maestro.



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Este está loco como nosotros los taringueros.

cuentos cortos


JUAN SINPIERNAS

(... o el arte de igualar para abajo.)
Juan Sinpiernas era un hombre que trabajaba como leñador.
Un día Juan compró una sierra eléctrica pensando que esto aligeraría mucho su
trabajo.
La idea hubiera sido muy feliz si él hubiera tenido la precaución de aprender a
manejar primero la sierra, pero no lo hizo.
Una mañana mientras trabajaba en el bosque, el aullido de un lobo hizo que el
leñador se descuidara... La sierra eléctrica se deslizó entre sus manos y Juan
se accidentó hiriéndose de gravedad en las dos piernas.
Nada pudieron hacer los médicos para salvarlas, así que Juan Sinpiernas, como
si fuera víctima de la profética determinación de su nombre, quedó
definitivamente postrado en un sillón de ruedas por el resto de su vida.
Juan estuvo deprimido durante meses por el accidente y después de un año,
pareció que poco a poco empezaba a mejorar.
No obstante, algo conspiró contra su recuperación psíquica e imprevistamente,
Juan volvió a caer en una profunda e increíble depresión.
Los médicos lo derivaron a psiquiatría.
Juan Sinpiernas, después de una pequeña resistencia, hizo la consulta.
El pisquiatra era amable y contenedor. Juan se sintió en confianza rápidamente
y le contó sucintamente los hechos que derivaron en su estado de ánimo.
El psiquiatra le dijo que comprendía su depresión. La pérdida de las piernas -
dijo - era realmente un motivo muy genuino para su angustia.
- Es que no es eso, doctor - dijo Juan - mi depresión no tiene que ver con la
pérdida de las piernas. No es la discapacidad lo que más me molesta. Lo que
más me duele es el cambio que ha tenido la relación con mis amigos.
El psiquiatra abrió los ojos y se quedó mirándolo, esperando que Juan
Sinpiernas completara su idea.
- Antes del accidente mi amigos me venían a buscar todos los viernes para ir a
bailar. Una o dos veces a la semana nos reuníamos a chapotear en el río y
hacer carreras a nado. Hasta días antes de mi operación algunos de los amigos
salíamos los domingos de mañana a correr por la avenida costanera. Sin
embargo, parece que por el sólo hecho de haber sufrido el accidente, no sólo
he perdido las piernas, sino que he perdido además las ganas de mis amigos
de compartir cosas conmigo. Ninguno de ellos me ha vuelto a invitar desde
entonces.
El psiquiatra lo miró y se sonrió...

Le costaba creer que Juan Sinpiernas no estuviera entendiendo lo absurdo de
su planteo...
No obstante, el psiquiatra decidió explicarle claramente lo que pasaba. Él sabía
mejor que nadie que la mente tiene resortes tan especiales que pueden hacer
que uno se vuelva incapaz de entender lo que es evidente y obvio.
El psiquiatra le explicó a Juan Sinpiernas que sus amigos no lo estaban
evitando por desamor o rechazo.
Aunque fuera doloroso, el accidente había modificado la realidad. Le gustara o
no, él ya no era el compañero de elección para hacer esas mismas cosas que
antes compartían...
- Pero Dr. - interrumpió Juan Sinpiernas - yo sé que puedo nadar, correr y
hasta bailar. Por suerte, pude aprender a manejar mi silla de ruedas y sé que
nada de eso me está vedado...
El doctor lo serenó y siguió su razonamiento: Por supuesto que no había nada
en contra de que él siguiera haciendo las mismas cosas, es más, era
importantísimo que siguiera haciéndolas. Simplemente, era difícil seguir
pretendiendo compartirlas con sus relaciones de entonces.
El psiquiatra le explicó a Juan que en realidad él podía nadar, pero tenía que
competir con quienes tenían su misma dificultad... que podía ir a bailar, pero
en clubes y con otros a quienes también les faltaran las piernas... podía salir a
entrenarse por la costanera, pero debía aprender a hacerlo con otros
discapacitados.
Juan debía entender que sus amigos no estarían con él ahora como antes,
porque ahora las condiciones entre él y ellos eran diferentes... Ya no eran sus
pares.
Para poder hacer estas cosas que él deseaba hacer y otras más, era mejor
acostumbrarse a hacerlo con sus iguales.
Tenía, entonces, que dedicar su energía a fabricar nuevas relaciones con
pares.
Juan sintió que un velo se descorría dentro de su mente y esa sensación lo
serenó.
- Es difícil explicarle cuanto le agradezco su ayuda, doctor - dijo Juan - Vine
casi forzado por sus colegas pero ahora comprendo que tenían razón... He
entendido su mensaje y le aseguro que seguiré sus consejos, doctor. Muchas
gracias ha sido realmente útil venir a la consulta.
- Nuevas relaciones con pares. - Se repitió Juan para no olvidarlo.
Y entonces Juan Sinpiernas salió del consultorio del psiquiatra, y volvió a su
casa...
y puso en condiciones su sierra eléctrica...
Planeaba cortales las piernas a algunos de sus amigos, y "fabricar" así...
algunos pares.


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piensa

Este deberíamos de tenerlo en cuenta amigos..

DARSE CUENTA
Este cuento está inspirado en un poema de un monje tibetano,
Rimpoche, y que reescribí según mi propia manera de decir, para
mostrar una característica más de nosotros, los humanos.
Me levanto una mañana,
salgo de mi casa,
hay un pozo en la vereda,
no lo veo,
y me caigo en él.
Día siguiente...
salgo de mi casa,
me olvido que hay un pozo en la vereda,
y vuelvo a caer en él.
Tercer día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
que hay un pozo en la vereda,
sin embargo
no lo recuerdo,
y caigo en él.
Cuarto día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
del pozo en la vereda,
lo recuerdo,
y a pesar de eso,
no veo el pozo
y caigo en él.
Quinto día,
salgo de mi casa,
recuerdo que tengo que tener presente
el pozo en la vereda
y camino mirando el piso,
y lo veo
y a pesar de verlo,
caigo en él.
Sexto día,
salgo de mi casa,

recuerdo el pozo en la vereda,
voy buscándolo con la vista,
lo veo,
intento saltarlo,
pero caigo en él.
Séptimo día,
salgo de mi casa
veo el pozo,
tomo carrera,
salto,
rozo con la puntas de mis pies el borde del otro lado,
pero no es suficiente y caigo en él.
Octavo día,
salgo de mi casa,
veo el pozo,
tomo carrera,
salto,
llego al otro lado!
Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido,
que festejo dando saltos de alegría...
y al hacerlo, caigo otra vez en el pozo.
Noveno día,
salgo de mi casa,
veo el pozo,
tomo carrera,
lo salto,
y sigo mi camino.
Décimo día,
me doy cuenta
recién hoy
que es más cómodo
caminar...
por la vereda de enfrente.


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Jorge Bucay

EL CUENTO DENTRO DEL CUENTO
Hacía meses que vivía asustado por terribles pensamientos de aniquilación que
lo atormentaban... sobre todo en las noches.
Se acostaba temiendo no ver el amanecer del día siguiente y no conseguía
dormirse hasta que el sol despuntaba, a veces apenas una hora antes de tener
que levantarse para ir a su trabajo.
Cuando supo que El Iluminado pasaría la noche en las afueras del pueblo, se
dió cuenta de que tenía en sus manos una oportunidad única, ya que no era
frecuente que los viajeros pasaran, ni siquiera cerca, de este poblado perdido
entre las montañas de Caldea.
La fama precedía al misterioso visitante, y aunque nadie lo había visto, se
decía que el maestro tenía las respuestas a todas las preguntas. Por eso esa
madrugada, sin que ninguno de su casa lo notara, lo fue a ver a la tienda que
le habían avisado, había armado junto al río.
Cuando llegó, el sol recién había terminado de separarse del horizonte.
Encontró al Iluminado meditando.
Esperó respetuosamente unos minutos hasta que el maestro notó su
presencia...
En ese momento, y como si lo estuviera esperando, giró hacia él y con una
plácida expresión, lo miró a los ojos en silencio.
- Maestro, ayúdame. - dijo el hombre - Pensamientos terribles asaltan mis
noches y no tengo paz ni ánimo para descansar y disfrutar de las cosas que
vivo. Dicen que tú lo resuelves todo. Ayúdame a escapar de esta angustia...
El maestro sonrió y le dijo:
- Te contaré un cuento:
"... Un hombre rico mandó a su criado al mercado en busca de
alimentos. Pero a poco de llegar allí, se cruzó con la muerte que lo miró
fijamente a los ojos.
El criado empalideció del susto y salió corriendo dejando tras de sí las
compras y la mula. Jadeando, llegó a casa de su amo:
- Amo, Amo!. Por favor, necesito un caballo y algo de dinero para salir ya
mismo de la ciudad ... Si salgo ya mismo quizás llegue a Tamur antes del
anochecer... por favor amo, por favor...!
El señor le preguntó sobre el motivo de tan urgente pedido y el criado le
contó a borbotones su encuentro con la muerte.
El dueño de casa pensó un instante y alargándole una bolsa de monedas
le dijo:

- Bien, sea. Vete. Llévate el caballo negro que es el más veloz que
tengo.
- Gracias amor - dijo el sirviente y, tras besarle las manos, corrió al
establo, montó el caballo y partió velozmente hacia la ciudad de Tamur.
Cuando el sirviente se hubo perdido de vista, el acaudalado hombre
caminó hacia el mercado buscando a la muerte.
- ¿Por qué asustaste a mi sirviente? - le preguntó en cuanto la vió.
- ¿Asustarlo yo? - preguntó la muerte.
- Sí - dijo el hombre rico - él me dijo que hoy se cruzó contigo y lo
miraste amenazante.
- Yo no lo miré amenazante - dijo la muerte - lo miré sorprendida. No
esperaba verlo aquí esta tarde, porque se supone que tengo que
recogerlo en Tamur esta noche!!
- ¿Entiendes? - preguntó
- Claro que entiendo, maestro, intentar escapar de los malos pensamientos es
salir a buscarlos.
Huir de la muerte es ir a su encuentro.
- Así es.
- Tengo tanto que agradecerte, maestro... - dijo el hombre - Siento que desde
esta misma noche dormiré tan tranquilo recordando este cuento que me
levantaré sereno casa mañana...
- Desde esta noche... - interrumpió el anciano - no habrá más mañanas.
- No entiendo - dijo el hombre.
- Entonces... no entendiste el cuento.
El hombre, sorprendido, miró al Iluminado
y vio que la expresión de su cara,

ya no era la misma...


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cuentos para pensar

EL OSO
Hay cuentos que son particularmente significativos para mí.
Uno de ellos es ésta antiquísima historia que me contó
alguna vez mi abuelo y que quiero contarte, tal como hoy la
recuerdo.
Esta es la historia de un sastre, un zar y su oso.
Un día el zar descubrió que uno de los botones de su chaqueta preferida se
había caído.
El zar era caprichoso, autoritario y cruel (cruel como todos los que enmarañan
por demasiado tiempo en el poder), así que, furioso por la ausencia del botón
mandó a buscar al sastre y ordenó que a la mañana siguiente fuera decapitado
por el hacha del verdugo.
Nadie contradecía al emperador de todas la Rusias, así que la guardia fue
hasta la casa del sastre y arrancándolo de entre los brazos de su familia lo
llevó a la mazmorra del palacio para esperar allí su muerte.
Al atardecer, cuando un guardiacárcel le llevó al sastre la última cena, éste
meneó la cabeza y musitó:
- Pobre Zar.
El guardia no pudo evitar la carcajada:
- ¿Pobre del zar?. Pobre de ti. Tu cabeza quedará bastante lejos de tu cuerpo
mañana mismo.
- Tú no entiendes - dijo el sastre - ¿Qué es lo más importante para nuestro
zar?
- ¿Lo más importante? - contestó el guardia - No sé. Su pueblo.
- No seas estúpido. Digo algo realmente importante para él.
- ¿Su esposa?
- Más importante!!
- Los diamantes!! - creyó adivinar el carcelero.
- ¿Qué es lo que más le importa al zar en el mundo?
- Ya sé!!!. Su oso.
- Eso. Su oso.
- ¿Y?
- Mañana, cuando el verdugo termine conmigo, el zar perderá su única
oportunidad para conseguir que su oso hable.
- ¿Tú eres entrenador de osos?.
- Un viejo secreto familiar... - dijo el sastre - Pobre del zar...

Deseoso de ganarse los favores del zar, el pobre guardia corrió a contarle al
soberano su descubrimiento:
El sastre sabía enseñarle a hablar a los osos!!
El zar estaba encantado. Mandó a buscar inmediatamente al sastre y cuando lo
tuvo frente a sí le ordenó:
- Enséñale a mi oso nuestro lenguaje!!
El sastre bajó la cabeza y dijo:
- Me gustaría complacerte ilustrísima, pero enseñar a hablar a un oso es una
tarea ardua y lleva tiempo... y lamentablemente, tiempo es lo que menos
tengo...
- ¿Cuánto tiempo llevaría el aprendizaje? - preguntó el zar.
- Depende de la inteligencia del oso...
- El oso es muy inteligente!! - interrumpió el zar - De hecho es el oso más
inteligente de todos los osos de Rusia.
-Bien, si el oso es inteligente... y siente deseos de aprender... yo creo... que el
aprendizaje duraría... duraría... no menos de...... DOS AÑOS.
El zar pensó un momento y luego ordenó:
- Bien, tu pena será suspendida por dos años, mientras tanto tú entrenas al
oso. Mañana empezarás!
- Alteza - dijo el sastre - Si tú mandas al verdugo a ocuparse de mi cabeza,
mañana estaré muerto, y mi familia se las ingeniará para sobrevivir. Pero si me
conmutas la pena, yo tendré tiempo para dedicarme a tu oso... deberé trabajar
de sastre para mantener a mi familia...
- Eso no es problema - dijo el zar - A partir de hoy y durante dos años tú y tu
familia estarán bajo la protección real. Serán vestidos, alimentados y educados
con el dinero del zar y nada que necesiten o deseen les será negado... Pero,
eso sí... Si dentro de dos años el oso no habla... te arrepentirás de haber
pensado en esta propuesta... Rogarás haber sido muerto por el verdugo...
¿Entiendes, verdad?.
- Si, alteza.
- Bien... ¡¡Guardias!! - gritó el zar - Que lleven al sastre a su casa en el
carruaje de la corte, denle dos bolsas de oro, comida y regalos para sus niños.
Ya... ¡¡Fuera!!.
El sastre en reverencia y caminando hacia atrás, comenzó a retirarse mientras
musitaba agradecimientos.
- No olvides - le dijo el zar apuntándolo con el dedo directamente a la frente -
Si en dos años el oso no habla...

...Cuando todos en la casa del sastre lloraban por la pérdida del padre de
familia, el sastre apareció en la casa en el carruaje del zar, sonriente, eufórico
y con regalos para todos.
La esposa del sastre no cabía en su asombro. Su marido que pocas horas antes
había sido llevado al cadalso volvía ahora, exitoso, acaudalado y exultante...
Cuando estuvo a solas el hombre le contó los hechos.
- Estás LOCO - chilló la mujer - enseñar a hablar al oso del zar. Tú, que ni
siquiera has visto un oso de cerca. ¡Estás, loco! Enseñar a hablar a un oso...
Loco, estás loco...
- Calma mujer, calma. Mira, me iban a cortar la cabeza mañana al amanecer,
ahora... ahora tengo dos años... En dos años pueden pasar tantas cosas.
En dos años... - siguió el sastre - se puede morir el zar... me puedo morir yo...
y lo más importante... por ahí el oso habla!!!

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cuentos raros

OBSTACULOS
Este texto que reproduzco aquí no es en realidad un cuento, sino
más bien una meditación guiada, diseñada en forma de ensueño
dirigido, para explorar las verdaderas razones de algunos de
nuestros fracasos. Me permito sugerirte que lo leas lentamente,
intentando detenerte unos instantes en cada frase, visualizándote
en cada situación.
Voy andando por un sendero.
Dejo que mis pies me lleven.
Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras.
En el horizonte se recorta la silueta de una ciudad .
Agudizo la mirada para distinguirla bien.
Siento que la ciudad me atrae.
Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo
que deseo.
Todas mis metas, mis objetivos y mis logros.
Mis ambiciones y mis sueños están en esa ciudad .
Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a
lo cual aspiro, lo que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné,
aquello que sería el mayor de mis éxitos.
Me imagino que todo eso está en esa ciudad .
Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella.
A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba.
Me canso un poco, pero no importa.
Sigo.
Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino.
Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso.
Temo... dudo.
Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente.
De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto...
Consigo pasarla.
Me repongo y sigo caminando.
Unos metros más adelante, aparece otra zanja.
Vuelvo a tomar carrera y también la salto.
Corro hacia la ciudad : el camino parece despejado.
Me sorprende un abismo que detiene mi camino.
Me detengo. Imposible saltarlo
Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas.
Me doy cuenta de que está allí para construir un puente.
Nunca he sido hábil con mis manos.
... Pienso en renunciar.
Miro la meta que deseo... y resisto.
Empiezo a construir el puente.
Pasan horas, o días, o meses.
El puente está hecho.

Emocionado, lo cruzo.
Y al llegar al otro lado... descubro el muro.
Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños...
Me siento abatido...
Busco la manera de esquivarlo.
No hay caso.
debo escalarlo.
La ciudad está tan cerca...
No dejaré que el muro impida mi paso.
Me propongo trepar.
Descanso unos minutos y tomo aire...
De pronto veo,
a un costado del camino,
un niño que me mira como si me conociera.
Me sonríe con complicidad.
Me recuerda a mí mismo... cuando era niño.
Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja:
- ¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?
El niño se encoge de hombros y me contesta:
- ¿Por qué me lo preguntas a mí?
Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras...
Los obstáculos los trajiste tú.


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imagina y relfexiona

LA CIUDAD DE LOS POZOS

Esta historia representa para mí, el símbolo de la cadena que
vincula a las personas a través de la sabiduría de los cuentos. Me
la contó un paciente que la había escuchado, a su vez, de boca de
un ser maravilloso, el curita criollo Mamerto Menapace. Así como
la reproduzco ahora se la regalé una noche a Marce y a Paula.
Esta ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades
del planeta.
Esta ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes... pero pozos al fin.
Los pozos se diferenciaban entre sí, no sólo por el lugar en el que estaban
excavados sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el
exterior).
Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y de metales
preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros más pobres,
con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.
La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal y las
noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado.
Un dìa llegó a la ciudad una "moda" que seguramente había nacido en algún
pueblito humano:
La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se precie debería cuidar
mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no es lo superficial sino el
contenido.
Así fue cómo los pozos empezaron a llenarse de cosas.
Algunos se llenaban de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más
prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos
más, optaron por el arte, y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y
sofisticadas esculturas posmodernas. Finalmente los intelectuales se llenaron
de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.
Pasó el tiempo.
La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar
nada más.
Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, hubo
otros que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su
interior...
Alguno de ellos fue el primero: En lugar de apretar el contenido, se le ocurrió
aumentar su capacidad ensanchándose.
No pasó mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada, todos los pozos
gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer más
espacio en su interior.
Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad , empezó a ver a sus
camaradas ensanchándose desmedidamente. El pensó que si seguían
hinchándose de tal manera , pronto se confundirían los bordes y cada uno
perdería su identidad...

Quizás a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su
capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino hacia lo profundo. Hacerse más
hondo en lugar de más ancho.
Pronto se dio cuenta que todo lo que tenía dentro de él le imposibilitaba la
tarea de profundizar. Si quería ser más profundo debía vaciarse de todo
contenido...
Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego, cuando vio que no había otra
posibilidad, lo hizo.
Vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los demás
se apoderaban de las cosas de las que él se había deshecho...
Un día , sorpresivamente el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa.
Adentro, muy adentro , y muy en el fondo encontró agua...
Nunca antes otro pozo había encontrado agua...
El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo,
humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y por último sacando agua
hacia fuera.
La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era
bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua,
empezó a despertar.
Las semillas de sus entrañas, brotaron en pasto, en tréboles, en flores, y en
troquitos endebles que se volvieron árboles después...
La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a
llamar "El Vergel".
Todos le preguntaban cómo había conseguido el milagro.
-Ningún milagro - contestaba el Vergel - hay que buscar en el interior, hacia lo
profundo...
Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desandaron la idea cuando
se dieron cuenta de que para ir más profundo debían vaciarse. Siguieron
ensanchándose cada vez más para llenarse de más y más cosas...
En la otra punta de la ciudad , otro pozo, decidió correr también el riesgo del
vacío...
Y también empezó a profundizar...
Y también llegó al agua...
Y también salpicó hacia fuera creando un segundo oasis verde en el pueblo...
- ¿Que harás cuando se termine el agua? - le preguntaban.
- No sé lo que pasará - contestaba - Pero, por ahora, cuánto más agua saco,
más agua hay.
Pasaron unos cuantos meses antes del gran descubrimiento.
Un día, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que
habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma...
Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del
otro.
Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida.
No sólo podìan comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente, como todos
los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto
de contacto:

La comunicación profunda que sólo consiguen entre sí, aquellos que tienen el
coraje de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que
tienen para dar...


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Cuentos para pensar y volarte la mente

ANIMARSE A VOLAR
Para Ioshúa que se animó a correr el riesgo y voló...
(publicado originalmente en Recuentos para Demián. 1991)
...Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:
- Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación
de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas
que el buen Dios te ha dado.
- Pero yo no sé volar - contestó el hijo.
- Ven - dijo el padre.
Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
- Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte
aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las
alas y volarás...
El hijo dudó.
- ¿Y si me caigo?
- Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que te harán más
fuerte para el siguiente intento - contestó el padre.
El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los
que había caminado toda su vida.
Los más pequeños de mente dijeron:
- ¿Estás loco?
- ¿Para qué?
- Tu padre está delirando...
- ¿Qué vas a buscar volando?
- ¿Por qué no te dejas de pavadas?
- Y además, ¿quién necesita volar?

Los más lúcidos también sentían miedo:
- ¿Será cierto?
- ¿No será peligroso?
- ¿Por qué no empiezas despacio?
- En todo casa, prueba tirarte desde una escalera.
- ...O desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?
El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó...
Desplegó sus alas.
Las agitó en el aire con todas sus fuerzas...
pero igual... se precipitó a tierra...
Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:
- ¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy
como tú. Misalas son de adorno... - lloriqueó.
- Hijo mío - dijo el padre - Para volar hay que crear el espacio de aire libre
necesario para que las alas se desplieguen.
Es como tirarse en un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar.
Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.
Si uno quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como
siempre...


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Para terminar, uno propio de cualquier taringuero...
reflexion


ILUSION

(publicado en Cartas para Claudia, 1982)
Había una vez un campesino gordo y feo
que se había enamorado (¿cuándo no?)
de una princesa hermosa y rubia...
Un día, la princesa - vaya a saber por qué -,
le dió un beso al feo y gordo campesino...
y mágicamente éste se transformó
en un esbelto y apuesto príncipe
(por lo menos así lo veía ella...)
(por lo menos... así se sentía él.)


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Muchachos estos son algunos de los cuentos, voy a hacer uno propio de un cuento que me pareció genial, es corto pero es excelente.
Salu2
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