InicioOfftopicSi el tiempo te apremia, no entres...

Hola Taringuero, si entraste es porque estás dispuesto a leer estas líneas con mucha atención y paciencia. No es un texto largo, no te asustes... Eso si, te aviso que tiene algunas palabras que no conocía, lo que no quiere decir que Vos no las vayas a conocer, pero por si acaso no la conoces, las linkeo con un diccionario para facilitarte la tarea.
Bueno no te "demoro" más...

Elogio de la calma




"Siempre tienen prisa, van por delante de sí mismos...", Henri Michaux: "Los Hivirriziquis".

SI EL TIEMPO LO APREMIA, MEJOR NO SE DETENGA EN ESTA PÁGINA. CONCÉDAME EL PRIVILEGIO DE INVERTIR UN PRINCIPIO ELEMENTAL DE LA LECTURA: EL AUTOR ELIGE AL LECTOR.

Si bien la pretensión aparece excesiva y petulante allá, en el fondo, es humilde y de propósito altruista : no hacer perder el tiempo a quien no lo tiene. Los dinámicos, los presurosos, los urgentes, ¿por qué lo son? Se supone que el valioso tiempo les escasea al punto de exigirles una frenética actividad para cumplir a duras penas con sus muchas obligaciones.

Y estas líneas mandan -piden, en verdad- ser leídas con detenimiento, con atenta cachaza , sin andar a los empujones para llegar al otro renglón, apremiando a las pobres letras para que se apuren de una vez; que uno no tiene todo el día para llegar a una conclusión.

Mi desmedido propósito es reflexionar sobre ese material escaso, intangible, no renovable y caprichoso que llamamos tiempo. Mentes superiores, almas profundas, ínclitos científicos y filósofos hicieron su aporte al respecto, legándonos como prueba palpable de su inspiración, calendarios gregorianos, despertadores, cronómetros, agendas electrónicas y la paradigmática frase: “El tiempo es oro”.

Puesto en el trance de escoger un concepto a partir del cual elaborar algunas reflexiones me quedo con la definición que una madre da a su pequeño hijo en un libro inolvidable: "Hay una cosa que se llama tiempo... es como un bicho que camina y camina". Esta certera y deliciosa definición nos ilustra sobre su devenir incesante, su carácter perentorio , su paso invencible. Frente a tamaña adversidad la criatura humana -finita por excelencia- de Heráclito para acá -y creo que antes también- ha tratado de navegar del mejor modo posible ese río en el que "nadie se baña dos veces".
Administrar el tiempo se ha convertido, entonces, en tema central de nuestras vidas y no ya como cuestión metafísica o especulación teórica, sino como valor que cotiza en bolsa, como producto del mercado laboral que manda eficiencia a más no poder. A caballo de estos vientos se programan estrategias y se dictan cursos urgiendo a los alumnos a organizar sus horas del mejor modo posible. Y si es de toda lógica que nadie puede estar en dos lugares al mismo tiempo, nada impide (según esta visión) que se realicen dos, tres y hasta diez tareas en modo simultáneo. Por esta calle apareció, por ejemplo, el stress en nuestras vidas, primero como mal a combatir, luego como consecuencia ineludible y enfermedad "snob" de gente ocupada para pasar a ser, finalmente, tan natural y necesaria (en su justa medida, dicen los médicos con aire paternal) como el crecimiento de las uñas o el pelo.

Esta metodología generó dentro del mercado laboral primero y en la vida misma luego, un malón de gente apurada que enarbola palabras como "eficiencia", "optimización" (SIC), "sistematización", etc. Cultores de un credo cuyo fin último es la "optimización" (SIC de nuevo) del tiempo. Frente al crecimiento geométrico de esta tribu, encontramos -permitanme que me presente- el diezmado grupo de los parsimoniosos .

Obligados a convivir, unos y otros se miran con desconfianza. Cada quien supone que el otro malgasta penosamente su tiempo. El título de esta nota, sugiere en modo inocultable que quien esto escribe defiende los colores de los más calmos.

Afirmo desde ahora que la parsimonia es, también, un modo de administrar el tiempo y no de perderlo -si es que se lo puede administrar, si es que se lo puede perder-. En las labores, por ejemplo, frente al problema concreto, el calmo operario, el inconmovible oficinista, el aplomado gerente, lo toma con calma. Concentra su atención en el galimatías y, de entre los diversos caminos, escoge el que entiende más adecuado. A veces el escollo aparece bajo la forma de un tornillo díscolo, una palanca empecinada otras, mediante una cuestión humana sin manifestación visible.

Aflora aquí la diferencia de método de estos grupos antagónicos. Unos, optan por ajustar el tornillo, tirar de la palanca y hablar de la cuestión humana al mismo tiempo. Los otros, en cambio, analizan -entre otras alternativas- si resulta factible en un solo movimiento girar la tuerca, destrabar la palanca y escuchar una confesión desgarradora. Y, aún en la hipótesis de que resulte posible, consideran detenidamente si la realización de una tarea no va en desmedro de otra. Para unos, decir "no puedo" es una claudicación ; para otros -a veces- asumir una realidad.

Insisto en que, finalmente, es cuestión de método. No obstante, no son pocos los que piensan que tras la parsimonia anida la holganza. En modo alguno puedo afirmar que los tranquilos son unánimemente inobjetables (toda generalización encierra injusticia), pero mal haríamos en confundir apuro con solvencia. Justo es admitir que en el grupo de los dinámicos hay gente diligente y genuinamente convencida del método, mezclados con impostores que fingen urgencias inexistentes.

Comparto una anécdota que me confió un amigo hace ya tiempo y que, en alguna medida, fue el disparador de estas módicas reflexiones. Al ingresar a una empresa, uno de sus flamantes compañeros le sugirió, como pasaporte al éxito laboral, la siguiente premisa: "Siempre camina apurado". Tamaño consejo nos movió a la risa al principio más, a poco de pensarlo, llegamos a la desoladora conclusión que más de una vez fuimos empujados en los pasillos por gente que no tenía absolutamente nada que hacer. Vendedores de fantasía, tramoyistas de agenda cargada, embusteros perentorios, inventores de falsos conflictos, holgazanes no asumidos que, no conformes con su destino, durante años nos miraron por sobre el hombro.

Los apurados son legión. Hace rato saltaron el cerco de la fábrica, la oficina y andan como alma que se lleva el diablo batiendo records por el mundo: acelerando a fondo, empujando sin compasión en el micro, colándose en el turno de la panadería, comprando antes que aumente.

Como elemento intangible que es, el tiempo no se gana ni se pierde. Pobrecitos nosotros con nuestro sistema horario, los cronómetros, y la urgencia. Vamos por mal camino -apurados, eso sí-, absurdamente agresivos, llevándonos todo por delante, en simultáneo y vertiginosamente. En nuestro afán por llegar antes (¿a dónde?), no sólo teñimos de prisa nuestras relaciones formales (trabajo, profesión), sino también nuestros vínculos esenciales: hijos de fin de semana; esposos de último momento y a duras penas; madres ajetreadas de dedicación "part time"; amigos lejanísimos prisioneros de otras urgencias; abuelos archivados en olvidos nada piadosos. Ya, ahora, urgente, enseguida, repetimos a los gritos y por ahí pasa el río caudaloso, indiferente a nuestra sonsera, arrastrando el naufragio de momentos maravillosos que no vivimos.

Revista Mundo Seguro Nº 11
Autor: Dr. Abel Ponse - Abogado U.N. Sede Santa Fe


Hasta acá la nota. Agrego un par de imágenes al post que me resultaron verdaderamente representativas del tema en cuestión...












Y un videito, para completar.

Jarabe de Palo - Tiempo

https://ugc.kn3.net/s/http://www.youtube.com/v/EcgwAePTNk4&hl


urgente

https://ugc.kn3.net/s/http://www.todohumor.com/files/2008/9/8160.123.4.1.swf

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