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Almorzando con Richard Stallman

Linux10/27/2010
Esta es una entrevista que le hizo el periodico El Barrio a Richard Stallman hace unos meses, no la vi en T! asi que aca esta:

El gurú del software libre tiene una amiga en Coghlan y se aloja en su casa cada vez que viene al país

Almorzando con Richard Stallman

Este programador estadounidense, conocido mundialmente por promover el uso de programas que puedan ser modificados por los usuarios, estuvo de visita en la Argentina en abril pasado. Cuando viene a Buenos Aires se instala en Plaza y Pedro Ignacio Rivera, donde lo recibe una amiga que forma parte esta movida. El Barrio compartió con él, en exclusiva, una desopilante comida en el restaurante Vicente.



Por Santiago Arguto
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El restaurante Vicente, muy cercano a la estación Coghlan, estaba repleto de gente aquel sábado soleado de abril. Sin embargo, muy pocos de los presentes conocían al hombre barbudo, notebook en mano, que se sentó en una de las mesas del fondo. La persona en cuestión era nada menos que el famoso programador estadounidense Richard Stallman (57), conocido en muchas partes del planeta por haber fundado el movimiento del software libre.

Según esta iniciativa, toda persona que usa un programa puede hacerle modificaciones al mismo. Cada programa tiene una licencia para modificarlo, que dice que está permitido adaptarlo a las necesidades de cada uno y que está permitido redistribuir copias, por lo que es legal vender las copias realizadas si la licencia así lo determina. El software libre es una transferencia de conocimiento muy grande que todos podemos compartir. Por ejemplo, la enciclopedia de Internet Wikipedia está organizada con este sistema y cuenta con el antecedente de la GNUpedia, una enciclopedia libre impulsada por el propio Stallman. Este programador también es conocido por haber lanzado un sistema operativo totalmente libre llamado GNU y por ser el inventor del concepto de “copyleft”, un método para licenciar software de tal manera que su uso y modificación permanezcan siempre libres y queden en la comunidad.

Cuando quien esto escribe encontró a Richard Stallman en el lugar convenido, éste dijo que aceptaba hacer la entrevista pero con dos condiciones: una de ellas era no confundir dentro de la nota al sistema GNU con el programa Linux; la otra era marcar las diferencias entre “software libre” y “código abierto”. El cronista de El Barrio aceptó y, algo ansioso, en la conversación previa a la entrevista le repitió dos veces a Stallman que explicaría estos temas en la nota. El estadounidense -con su humor irónico y en un perfecto español, aunque con un indisimulable acento norteamericano- enseguida reaccionó diciendo: “¿Por qué me dices lo mismo dos veces?”.



Sucede que Richard Stallman es un personaje. Suele tener una imagen bastante descuidada, es reacio a usar celulares y va a todas partes acompañado de su notebook. Es muy insistente con los dos puntos mencionados antes en la nota, tanto que en una conferencia que dio en Buenos Aires en 2009, en el Teatro Alvear, pidió que un grupo de usuarios de GNU/Linux retirara una gran bandera que habían llevado porque tenía una imagen de “Tux”, la mascota de Linux. Stallman aclaró que él hablaba bajo la bandera de GNU y no bajo la de Linux.

Alguien te está mirando

A Stallman no le gusta dormir en hoteles porque se siente vigilado. Es por eso que cuando viene a Buenos Aires se instala en la casa de su amiga Beatriz Busaniche, integrante de la Fundación Vía Libre, que tiene origen en Córdoba y promueve el uso del software libre (ver nota de página 8), al mismo tiempo que alerta a la sociedad sobre los riesgos de algunas nuevas tecnologías. Beatriz vive hace dos años en Coghlan, en la esquina de Plaza y Pedro Ignacio Rivera. Cuando recibe a Stallman suelen ir a comer al restaurante Vicente, como en esta ocasión. “Richard es todo un personaje, es muy buena persona pero también muy desordenado. Le gusta hacer chistes, pero tiene muy mal humor cuando se tiene que levantar a la mañana temprano”, comenta Busaniche.

Stallman justifica su aprensión a los hoteles haciendo una especie de comparación con el libro 1984, de George Orwell, en el cual se inspiraron los creadores del programa “Gran Hermano”. “No me gusta para nada estar en hoteles, me siento vigilado, es mucho mejor estar en la casa de alguien. Es más agradable por la compañía, podemos almorzar y cenar juntos, ir a las librerías, es posible hacer té y te quiero mucho -bromea otra vez-. Los hoteles tienen algo muy malo, un sistema de vigilancia estatal, y yo quiero resistir al Gran Hermano”.



Con respecto al barrio de Coghlan, Stallman valora la tranquilidad y la arboleda que reina en la zona, pero volvió a hacer uno de sus chistes haciendo referencia a Mafalda, mostrando que conoce sobre la cultura argentina: “Me gusta mucho Coghlan, pero realmente no sé si hay cámaras de vigilancia. Creo que en Vicente estoy vigilado. Vine varias veces a este restaurante, me gusta la comida, pero algo triste es que no tengan sopas, parece que Mafalda ha tomado el control del país. Me gusta mucho Mafalda, me compré uno de sus libros en Indonesia. Fui allá con mi novia, que es argentina pero vive en Italia, y le compré ese libro, que estaba escrito en indonesio, como para hacerle una broma”, cuenta.

En la mesa del restaurante Vicente también estaban presentes otras cuatro personas pertenecientes a la Fundación Vía Libre; dos de ellas trajeron a Stallman de una conferencia que había dado en Rosario. Los otros dos lo estaban por llevarlo a Tandil para que diera otra de sus charlas. Así pasa sus horas este trotamundos incansable, de un país en otro y de una ciudad en otra, siempre con el tiempo justo. Este hombre pasa entre ocho y nueve meses del año haciendo viajes y dando conferencias gratuitas, llevando todas sus pertenencias en una valija. Se mantiene económicamente con las contribuciones que la gente hace a la comunidad del software libre, causa a la que Stallman dedica gran parte de su vida.

Richard Stallman y Beatriz Busaniche se conocieron justamente en uno de los tantos viajes que el norteamericano realizó por el mundo. Fue durante un evento de la UNESCO en París, hace unos ocho años, en donde se estaban discutiendo temas relacionados con una negociación internacional sobre la “sociedad de la información”. Pero la relación de la Fundación Vía Libre con Stallman venía desde antes. En Argentina, Federico Heinz, el fundador de la fundación en 2000, fue uno de los primeros que lo contactó.



Stallman es una figura muy controvertida. Una de sus frases célebres, que sintetiza su manera de pensar y su forma de ser, dice así: “Que las empresas tengan especial influencia en la política significa que la democracia está enferma. El propósito de la democracia es asegurarse que los ricos no tengan una influencia proporcional a su riqueza. Y si tienen más influencia que tú o que yo, eso significa que la democracia está fallando. Las leyes que obtienen de esta forma no tienen autoridad moral, sino la capacidad de hacer daño”.

A pocos minutos de iniciada la entrevista, el mozo llega a la mesa. Stallman, muy curioso, pregunta por las distintas opciones del menú, especialmente por las pastas. Termina ordenando fuccile al fierrito. Poco a poco, la charla empieza a centrarse en la temática en la cual Stallman es todo un especialista.

Respeto por la libertad

“No diría que el software libre tiene ventajas porque esa palabra es demasiado débil, no es adecuada. El software libre trata del respeto por la libertad, de ciertos valores; esa es nuestra definición”, explica Stallman. Un programa es considerado perteneciente a la categoría de software libre si se respetan ciertas libertades, cuatro de ellas esenciales. “La primera es la de ejecutarlo a tu gusto, la segunda es la de estudiar el código fuente del programa y cambiarlo para que haga la informática como quieras, la tercera es la de ayudar a los demás y redistribuir copias exactas cuando lo desees y la última es la de contribuir a la comunidad y realizar modificaciones cuando lo consideres necesario”, enumera Stallman.

Para cumplir con una de las condiciones que pidió el norteamericano para la entrevista, hay que remarcar que el código abierto es un método de desarrollo. Quienes lo utilizan lo valoran por sus atributos técnicos o por cuestiones prácticas. Pero no está basado en un marco ético, como si ocurre con el software libre. Igualmente en América Latina este concepto casi no se usa, por lo que no se produce esta confusión que sí existe en los países angloparlantes. La idea del software libre es que cada persona puede adaptar los programas a sus necesidades. Por ejemplo, a un sistema contable hecho en España un argentino puede hacerle modificaciones para usarlo en el país. Después puede venderlo, si la licencia se lo permite. Un punto importante para aclarar es que el software libre no necesariamente debe ser gratuito. En la Argentina hay empresas de software libre cuyo fin es hacer dinero, como cualquier otra empresa. Lo importante es que los programas respeten las cuatro libertades de las que habló Stallman anteriormente.



Enseguida Stallman marca las diferencias entre el software libre y el privativo: “Con estas libertades los usuarios tienen el control del programa y de la informática, pero si una de estas libertades no es adecuada el programa ejerce el control sobre los usuarios; es un sistema de poder injusto del desarrollador sobre los usuarios. Se trataría de un programa privativo porque priva de la libertad a quienes lo utilizan. Quedás sometido a lo que propone la empresa creadora del programa. Yo siempre doy un ejemplo, hago una analogía con las recetas de cocina porque ambas son obras de uso práctico. Los cocineros suelen ejercer estas mismas cuatro libertades: la de cocinar la receta como quieras, la de cambiar la receta, la de redistribuir copias exactas y la de distribuir copias de tu propia versión. Imaginate que a un cocinero le digan desde ahora si copias la versión te llamaremos pirata”.

Stallman aclara que su enojo no es sólo con Microsoft y Bill Gates: “Microsoft es una de las empresas que practica el software privativo, pero no quiero enfocarme sólo en ella; hay muchas otras que hacen lo mismo. Hay gente que no reconoce o no se da cuenta de cómo los programas privativos mantienen poder sobre ellos. Todos sabemos que las computadoras siguen las órdenes de los humanos, ¿pero de qué humanos? Si tienes un programa privativo primero manda otro y decide qué cosas puedes decidir, puede restringirte: eso se conoce como ‘esposas digitales’. Los programas de Microsoft tienen esposas digitales, también los de Apple, las tiendas de Amazon, los programas de Adobe. Al tener poder sobre el usuario pueden abusar de ellos”.

Una larga lucha

El interés de Stallman por la informática nació cuando era muy joven. En 1971, cuando estaba en primer año de la carrera de Física en la Universidad de Harvard, se convirtió en un “hacker” (palabra que hace referencia a personas a las que les gusta programar y compartir estos programas, aunque algunos le dan un significado despectivo, confundiéndolos con los “crackers”). En los años 80 muchas personas que formaban parte de esta cultura hacker fundaron la compañía Symbolics, que intentaba desarrollar su propio software privativo, pero Stallman no formó parte de este grupo sino que les hizo la competencia, evitando que lograran un monopolio del mercado. En 1983, cuando a Stallman le pidieron que firmara un acuerdo de “no divulgación” de estos programas de la empresa “Symbolics”, de los cuales él tenía conocimiento, se opuso por considerarlo una traición a sus principios. El 27 de setiembre de 1983 Stallman anunció el inicio del Proyecto GNU, que buscaba crear un sistema operativo libre.

Cuando a Stallman le dijeron que no podría cambiar ni copiar programas, no lo soportó. “Estaba muy enojado y decidí resistir a través del movimiento del software libre. Quise escaparme y construir la escapatoria para todos. Fue un suceso lento, pero en 1983 me di cuenta de mi futuro probable si usaba software privativo. Decidí no hacerlo, escaparme y lanzar un sistema operativo totalmente libre cuyo nombre es GNU”, explica. Para marcar las diferencias entre GNU y Linux -tal como pidió Stallman- es importante destacar que Linux es un programa que se usa con el sistema GNU.



Su movimiento poco a poco fue creciendo y hoy Stallman cuenta con seguidores en distintas partes del planeta. No alcanzaría el espacio disponible para esta nota para detallar cómo siguen a Stallman en los distintos países del mundo, pero sí vamos a describir cómo fue evolucionando todo en la Argentina. “En este país estoy logrando mucha más atención que años atrás. Por ejemplo, en Bahía Blanca conseguimos la mayoría del apoyo municipal para que las oficinas de la Municipalidad tengan software libre. También el intendente está a favor. Este año estuve en Buenos Aires, Bariloche, Bahía Blanca, Berazategui y Tandil. No sé bien quiénes son los que me siguen, si son estudiantes o gente interesada en el tema, lo cierto es que cada vez son más y eso es muy bueno para el movimiento”, razona Stallman.

Otro punto a favor en la lucha del norteamericano es que hoy en día muchos usuarios del software libre valoran los programas no sólo por su calidad técnica sino también por el marco ético del que hablaba este programador. Años atrás no sucedía lo mismo: “En 1998, cuando llevábamos 14 años de lucha en el movimiento de software libre y habíamos desarrollado un sistema operativo y varias aplicaciones libres, había una gran comunidad. Pero una parte no valoraba la libertad, apreciaba los programas libres por su calidad técnica pero sólo estaba interesada en utilizarlos. Algunos contribuían y otros no. No valoraban su propia libertad, ellos se alejaban de nuestras ideas éticas. Darle a la gente libertad sin que la valore no basta. Se puede perder la libertad si uno no hace un esfuerzo para defenderla. No basta convencer a mucha gente de que usen programas libres sino que también deben aprender a valorarlos”, reflexiona este filósofo de la informática.

Para Richard Stallman es prioritario que cada usuario de una computadora valore su libertad y sepa cómo defenderla; lo ético es algo primordial en este movimiento.

Dos temas candentes

Polémico, Richard Stallman cuestiona dos temas de moda en la Argentina. Uno de ellos es el voto electrónico, recientemente instalado en las elecciones para Intendente de Pinamar, y se basa para ello en las malas experiencias que existieron en su propio país. “Con respecto al voto electrónico, creo que no se debe confiar en las computadoras durante las elecciones porque son dispositivos para cambiar datos y se puede hacer muy fácilmente, hasta se pueden modificar los totales de los votos. Si alguien logra cambiar las cifras es muy difícil descubrir quién fue. En Estados Unidos se está usando este sistema en los estados del sur. Sucedió que alguien que tenía según las encuestas mucha ventaja perdió y hay sospechas de que hubo fraude en las máquinas. También se dice que en Ohio se utilizaron máquinas para escanear los votos en papel. En los condados que usaron las máquinas para contar los votos había ventaja para Bush, pareciera que esas máquinas cambiaron el resultado de esa elección. Es cierto que con las elecciones en papel puede haber fraude igualmente, pero es mucho más fácil hacerlo con las computadoras. Otro problema es que con las máquinas digitales es posible descifrar el secreto del voto. Se puede detectar a veinte metros de distancia por quien está votando alguien, hay muchos riesgos con este sistema”, comenta.



Stallman también critica la decisión de Cristina Fernández de Kirchner de repartir netbooks a chicos de las escuelas secundarias públicas por no estar de acuerdo con el sistema operativo que utilizan estas computadoras. Este plan, denominado “Conectar Igualdad”, consiste en repartir las computadoras personales a tres millones de alumnos de 4.800 escuelas secundarias públicas, además de brindarles los medios necesarios para la conexión a Internet. Las computadoras cuentan con un sistema a prueba de golpes y con un dispositivo anti-robo que las hace inutilizables en ese caso. Esta medida tendrá un costo de 1.052 millones de dólares y tras esta decisión Cristina hizo una declaración polémica: “Me siento un poco la Sarmiento del Bicentenario”.

Si bien considera positiva la iniciativa, Stallman dice que lo malo es que estas computadoras traerán instalado software privativo, es decir el programa Windows. Es cierto que también traerán instalado el programa Linux que se usa con el sistema GNU, desarrollado por Stallman. Pero esto no conforma a Stallman, definido como “el gurú del software libre”: “La presidenta de ustedes quiere repartir software a chicos, quiere entregar programas privativos a la población. Eso es sembrar dependencia, va en contra de lo que debe proponer el Estado. En este caso, los programas son de Microsoft. Yo creo que el estado debe distribuir únicamente software libre en esas computadoras. Sé que en la Cámara de Diputados hay un proyecto en tal sentido. Cristina quiere entregar las computadoras con Linux y Windows, pero eso es como ofrecerle a los chicos agua y whisky”, dice Stallman con su habitual ironía, mientras cuenta que habló mucho de este tema en sus últimas conferencias en el país.

En tanto Beatriz Busaniche, presente en la charla, apunta sobre la materia: “Es lamentable que Cristina Kirchner no se asesore respecto del software libre, como sí lo hacen Hugo Chávez o Rafael Correa. Salta a la vista que no entiende del tema y que está muy mal asesorada. Yo no hago responsable de esto a Cristina, porque ella no puede entender de todo, pero sí creo que es responsable de no asesorarse por personas que estén más preocupadas por el bien público. La gente que la asesora está más preocupada por favorecer a las grandes empresas que por otra cosa. La política tomada es represiva para las posibilidades de aprender. Si a un chico le entregás software privativo no le das ninguna posibilidad legal de entender cómo funciona. Si le entregás software libre le das la posibilidad de aprender, de jugar y de mejorar”.

Según los defensores del software libre, quienes apoyan el software privativo quieren imponer la idea de que una empresa realiza un trabajo que los usuarios comunes no pueden hacer. Si uno se acostumbra a Windows, es difícil salir de ese sistema porque cuando uno compra una PC viene con ese programa instalado. Según los promotores del software libre, no hace falta ser un gran programador para usarlo, sólo hace falta que uno sepa que puede hacerlo. Busaniche cree que una empresa local que produzca software privativo va a ser rápidamente aplastada por un monopolio, mientras que con el software libre no pasa lo mismo. Esta sería una interesante opción para los emprendedores argentinos. A diferencia del plan argentino “Conectar Igualdad”, el plan de los uruguayos -llamado “Plan Ceibal”- cuenta exclusivamente con software libre. “Uruguay nos podría pasar por arriba en este aspecto dentro de unos años, sus chicos van a aprender mucho”, advierte Busaniche.



Un lugar relativamente cercano para aprender a usar software libre es la Escuela de Oficios San Cayetano, ubicada en Carapachay, partido de Vicente López (Argerich 3535), donde se dictan clases de forma gratuita. También hay un curso on-line llamado Gleducar (www.gleducar.org.ar).

Fotos y chistes

Concluida la entrevista, mientras Stallman y los suyos estaban esperando la comida, la estrella de esta nota aceptó sacarse unas fotos en el restaurante y luego en la Estación Coghlan. Así como se mostró irónico y chistoso durante la entrevista, también fue muy gracioso en la sesión fotográfica. Cuando Beatriz Riccio, fotógrafa de El Barrio, se acercó a la mesa donde estaba Stallman, el programador enseguida advirtió que alguien estaba escuchando la conversación. Este cronista enseguida aclaró: “Es la fotógrafa del periódico”. Y Stallman retrucó: “Pensé que era una clienta del restaurante que estaba interesada en mi discurso y me puse muy contento”. Y le comentó a la fotógrafa: “Quiero que me saque una foto con un telescopio, sería muy divertido”.

Después Stallman posó para la foto en el restaurante Vicente prácticamente metiendo el grabador del periodista en su boca. Luego posó en la estación, junto al cartel de “Coghlan”, al mismo tiempo que leía el periódico El Barrio, y también sobre el puente, haciendo una pose en la que miraba hacia el horizonte mientras pasaba el tren.

Como broche de oro, vale mencionar uno de los chistes que hizo Stallman durante la entrevista: “Dicen que en las escuelas argentinas hay docentes... y yo no sé cuáles son los dos entes de los que me están hablando”. Stallman suele hacer esos chistes y comentarios jocosos. Por ejemplo, cuando le entregamos uno de los últimos ejemplares de El Barrio el programador dijo: “Muchas gracias, pero no tengo tiempo para leerlo. ¡Ni siquiera tengo tiempo para hacer mi propio trabajo!”. Sin embargo, se terminó llevando el ejemplar.

Una vez finalizada la sesión de fotos, Richard Stallman se marchó saltando y moviendo los brazos y las manos, imitando a un pájaro. Quizás era una forma de expresar la forma en que le gusta vivir: libre, en todo sentido.

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