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Argentina regala el recurso mas primordial para la vida?

InfoFecha desconocida
A la caza del “oro azul”
El problema del acceso al agua potable





Hay números que iluminan más que cualquier explicación. Cada 24 segundos nacen 100 chicos en todo el
mundo: 20 de ellos, se sabe, no van a tener acceso a agua limpia. Aunque no es nuevo, el problema de la escasez
de agua en el mundo recién comienza a ser incorporado a la agenda de las mayorías como la verdadera amenaza
de los años por venir. El consumo de agua per cápita se duplica cada 20 años, una tasa dos veces más grande que
la del crecimiento de la población, también en vías de explotar. En 2025 habrá sobre la tierra 2.600 millones de
personas más de las que existen hoy, que hay unos 5.500 millones. Si los habitantes del planeta no encuentran
para entonces la llave para controlar la cuestión, unos dos tercios vivirán en condiciones de relativa escasez y el
tercio restante lo hará con falta absoluta de agua. La demanda excederá la disponibilidad en un 56%. Y esto no
es ciencia ficción.
La alerta está en marcha. Más de 1.200 millones de personas en todo el mundo no disponen hoy de acceso al
agua potable. De ellos, el 80% vive en zonas rurales. Pero hay más: el doble de gente, es decir, alrededor de
2.400 millones no tienen acceso a instalaciones sanitarias decentes. Aunque ciertas regiones se ven más en
dificultades, el problema es de todos, del norte y del sur, de los países ricos y de los pobres.
La crisis del agua acecha como un fantasma de muerte al desarrollo económico, el medio ambiente, y la
seguridad. Su escasez es también una razón posible de conflictos entre sociedades y países desarrollados y en
vías de desarrollo.
Solemos olvidarlo, pero la cantidad de agua es la misma desde el inicio de los tiempos. No sólo existe la misma
cantidad desde la creación de la tierra, sino que es la misma agua.
La deforestación a mansalva, la destrucción de selvas, la contaminación con pesticidas y fertilizantes y el
calentamiento global producto de la constante emisión de gases tóxicos por parte de la industria atentan
progresivamente contra la conservación de lo que hay. La mayor parte del agua del planeta, que cubre el 72% de
la superficie, está en los océanos. Para ser usada por el hombre, se necesita de un proceso de desalinización que
por ahora es carísimo. Sólo cerca del 3% del agua en la tierra es dulce y sirve al hombre para sobrevivir. Estas
reservas se encuentran en forma de grandes masas de hielo, nieve, lagos, ríos y capas del subsuelo y en el vapor
de la atmósfera.
Por el imperio de la necesidad, el agua está desplazando lentamente al petróleo como objeto de valor único e
irremplazable para la humanidad. No por nada la llaman el “oro azul” y los gigantes empresariales de los países
centrales (las europeas Vivendi, Suez, RWE y la norteamericana Bechtel) se disputan sus reservas.
La pelea sustancial entre los militantes y la industria se origina en un principio básico: para los defensores del
acceso al agua potable, se trata de un derecho humano y no de una necesidad, por lo tanto, no tiene precio ni es
reemplazable por otro bien. Las empresas, en cambio, amparadas en la letra escrita de la Organización Mundial
del Comercio desde noviembre de 2001, operan con el agua como un commodity más, un bien comerciable y
con valor de mercado como el crudo o como el gas. No se vislumbra por ahora solución a semejante diferencia
conceptual.
Además de sed, la falta de agua trae enfermedad. Más de cinco millones de personas mueren al año a causa de
enfermedades prevenibles relacionadas con el agua. La mayoría de las víctimas son niños.
Los organismos internacionales tratan de avanzar sobre la catástrofe posible. El agua ocupa un punto importante
dentro de los 8 objetivos de desarrollo comprometidos por la ONU en la Cumbre del Milenio (2000) y
ratificados en Johannesburgo (2002). Uno de los ítems es reducir para 2015 a la mitad el porcentaje de las
personas que carecen de acceso al agua potable. Nada indica por ahora que se pueda cumplir con ese
compromiso.

(Hinde Pomeraniec – Periodista. FÓRUM 2004. BARCELONA 9 DE MAYO-26 DE SEPTIEMBRE DE 2004.
Suplemento del Diario Clarín del 18 de julio de 2004)


Reservas de agua, rios, estancias y cordillera

Tompkins y su imperio natural





DOUGLAS TOMPKINS.

En el Iberá hay miedo, pero no el miedo que las antiguas leyendas adjudican a los "aparecidos" o espíritus de los esteros, sino el miedo de sus habitantes y de dueños de pequeñas parcelas, cercados por una gran sombra. Es la del magnate norteamericano Douglas Tompkins, que va extendiendo sus dominios sobre las tierras firmes del sistema del Iberá, donde se encuentra una de las reservas de agua más importantes del mundo, y que se suman a las que tiene en la Patagonia, cerca de los ríos, la naturaleza y la cordillera.

En Corrientes, Tompkins compró 230.000 hectáreas, con estancias que pertenecieron a familias tradicionales de la Argentina. En esos lugares, de repente, se cerraron los caminos "de servidumbre", usados por los pobladores para pasar de un campo a otro acortando distancias, para llegar a sus casas sin dar enormes rodeos. Y se cortó el acceso a los espejos de agua que conforman el sistema Iberá. Miembros de tres familias que resisten el desalojo dijeron que el empresario mandó a cambiar alambrados y un peón asegura que tuvo que demoler una escuela por indicación de la gente de Tompkins.

A caballo y por momentos en canoa, Clarín recorrió la zona de Concepción, San Miguel e Ituzaingó. Allí hay familias con más de un siglo y medio de radicación en los esteros, la gran mayoría en tierras fiscales. Perdieron todo: sus humildes casas, sus animales, sus canoas, sus muertos, su arraigada forma de vida. Fueron expulsados sin explicación alguna. Ramón Bernardo Gómez tiene 72 años, vivía junto a dos nietos de 17 y 18 años en la zona conocida como "Ñupi". Nació y se crió en el lugar. Su esposa murió y está enterrada ahí.

Ramón afirmó que fue sacado de allí por la Policía y trasladado por la fuerza a la estancia San Alonso, donde sus nietos fueron esposados durante varias horas alrededor de un árbol. Dijo haber pasado nueve días en un calabozo de la comisaría de San Miguel y que no le quisieron tomar declaración ni denuncia.

Otras veces —según testimonios recogidos por Clarín— los gendarmes reunieron a los habitantes de los esteros en el casco de la estancia San Alonso, donde Alberto Ansola —señalado por los denunciantes como empleado de Tompkins— les "explicó" que tenían que abandonar la zona.

Según testigos, hay sobrevuelos rasantes de avionetas, incendios de campos y matanza de animales para aumentar la presión.

Tompkins actúa en Corrientes por dos vías: la firma Conservation Land Trust (en el Sur tiene la Patagonia Land Trust) y la Fundación Ecos. La primera compra tierras y apoya económicamente a la segunda, que es la que impulsa el plan de manejo sustentable del Iberá. El plan auspicia reducir las actividades agropecuarias productivas en la zona al mínimo. Esto produciría una reducción en el precio de los campos, que después se podrían comprar más baratos.

Ecos, según las fuentes consultadas, estuvo conducida por Miguel Reynal, un hombre que ya no ejerce ese puesto, pero encabeza actividades del grupo. Hoy, la titular es María Leichner, su esposa. Ambos niegan vinculación con Tompkins.

Sin embargo, colocan a la organización de Tompkins como la principal financista de los planes que tienen para el Iberá. Eso consta en la documentación que presentaron ante el Programa de las Naciones Unidas Para el Desarrollo (PNUD) para conseguir el financiamiento para el proyecto, a la que tuvo acceso Clarín.

En esos papeles, presentan a la firma de Tompkins como "un grupo de conservación internacional que adquiere las tierras que aún quedan en manos privadas". Para su "plan de sustentación", Ecos aportaría 33.000 dólares, la Fundación Iberá, 20.000, Vida Silvestre 25.000 y Conservation Land Trust, o sea Tompkins, 9.110.000 dólares, casi el 90 por ciento del total.

En esos escritos, Ecos aseguró que la intención, tras la compra de tierras por parte de CLT, es que éstas sean "otorgadas a la agencia de conservación provincial o nacional que corresponda". Pero funcionarios correntinos pusieron esa promesa en duda.




Fuente

UN BIEN ESTRATEGICO: AUN NO HAY LEGISLACION ADECUADA QUE LO PROTEJA

El Acuífero Guaraní: tesoro codiciado en tiempos de sed








Es una de las mayores reservas subterráneas del mundo. Está en una zona estratégica, la Triple Frontera, y lo comparten Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. El agua ya es un bien escaso en Europa y EE.UU.


No falta tanto para que la riqueza de una civilización se mida en litros. Hace tiempo que se viene divulgando que la escasez de agua será, en un futuro no muy lejano, motivo de guerras y su posesión, el trofeo más preciado. Aquí en el sur, en un espacio compartido por cuatro países, está la perla: el Acuífero Guaraní, conocido hasta ahora como la tercera reserva subterránea de agua dulce del mundo aunque, según las últimas estimaciones, podría ser el mayor curso de agua bajo la tierra. Todas las alertas, aún las más disparatadas, comienzan a dispararse. ¿Los que se están quedando sin nada vendrán por el Guaraní? ¿Pueden llegar a quitarnos el agua por la fuerza?

Extendido entre las cuencas de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay, el Acuífero Guaraní tiene una superficie aproximada de 1.194.000 km2. El 70% le corresponde a Brasil, el 19% a la Argentina; el 6% a Paraguay y el 5% restante a Uruguay. Hasta la fecha, de todos modos, se desconoce su alcance total, al punto que se ignora cuál es el extremo occidental de la reserva en Paraguay y la Argentina, donde estiman que llega más allá de la laguna de Mar Chiquita. También son estimaciones las que entienden que el Guaraní podría llegar, por el sur, hasta los grandes lagos cordilleranos argentinos.

Sus dimensiones son fabulosas: supera en tamaño a España, Francia y Portugal juntas. Con un volumen de 55 mil kilómetros cúbicos (cada kilómetro cúbico equivale a un billón de litros de agua), y con una explotación adecuada, podría abastecer a unas 720 millones de personas con una dotación diaria de 300 litros por habitante. Hoy suena casi a una película de ciencia ficción.

"El problema no radica en que las reservas de agua sean cada vez menores sino en que su localización y calidad están cambiando", le dijo a Clarín el experto mexicano Gian Carlo Delgado, autor del libro Agua y seguridad nacional (Mondadori). Según Delgado, "por un lado hay un alto índice de contaminación del agua, mientras que por otro, está comenzando una reubicación espacial de las precipitaciones y, así, del agua dulce". Al parecer, las zonas de alta biodiversidad como la que alberga al Acuífero Guaraní verán incrementar o por lo menos conservar los índices de precipitación y, por lo tanto, esas zonas "se perfilan como estratégicas a nivel local, regional y mundial", dice Delgado.

Habría que recordar que de los 1,4 miles de millones de km3 de agua que hay en el planeta, sólo el 2,5% corresponde a agua dulce, el resto es sólo potabilizable con carísimos y complejos procesos de desalinización que muy pocos gobiernos pueden implementar. El monto de agua en el mundo se duplica cada 20 años y son muchas las variables para saber si alcanzará para calmar la sed de todos: crecimiento demográfico, uso indiscriminado en la agricultura y explotación descontrolada de cursos son algunas.

Las estadísticas dicen que el 85% del agua que se usa es acaparado por el 12% de la población. Una vez más, una torta que se reparte de manera desigual aunque en nuestro caso, la naturaleza arroja beneficios de la inequidad. El continente americano, con sólo el 12% de la población, contiene el 47% de las reservas de agua potable del mundo.

Mientras los países europeos padecen falta de agua y desesperan porque apenas 5 de sus 55 ríos no están contaminados, en Sudamérica el problema se presenta con la figura de un fantasma, el de la privatización. Aquí hay agua, se la ve, y si no se la ve es porque está bajo tierra, pero desde que los organismos internacionales determinaron que el agua puede ser una mercancía regida por las leyes de la OMC y no un derecho humano, el tránsito desde su curso a la canilla o la botella tiene color de dólar. Por eso, una fuente como el acuífero, con un volumen anual explotable de 40 a 80 km3 es un extraordinario manantial de riqueza para las empresas del rubro.

Desde noviembre de 2001, el Banco Mundial, a través del GEF (uno de sus brazos, especializado en cuestiones de medio ambiente) financia lo pertinente a investigación y a los trabajos tendientes a lograr el "desarrollo sustentable" del acuífero. Fue cuando los gobiernos que comparten el yacimiento pusieron en manos extra nacionales el estudio de los recursos del recurso, lo que, en función de las miradas más desconfiadas, es como haber servido en bandeja el tesoro. Organismos alemanes, holandeses y programas de la ONU participan del proyecto, que tiene al 2006 como fecha final de los estudios.

"Los organismos internacionales como el Banco Mundial buscan crear en la región del Guaraní una nueva región industrial y competitiva a nivel mundial, sin que les importe resguardar la conservación del acuífero ni los reales intereses de los habitantes de la región (15 millones de personas). Su único objetivo es el desarrollo industrial, lo que aumenta los riesgos de cualquier proceso de privatización", dijo desde Canadá Sara Grusky, de la ONG Water for All.

Mientras por su parte Europa tendría el ojo puesto en términos de negocios (las más grandes empresas vinculadas a la industria del agua son europeas), EE.UU. soporta la virtual desesperación de ver que sus reservas se acaban y se ven ante un horizonte estéril y seco. Según un completísimo informe preparado por la profesora argentina Elsa Bruzzone, del CEMIDA, y basado en trabajos de los canadienses Barlow y Clark (autores del ya famoso A la caza del oro azul), el 40% de los ríos y los lagos de EE.UU. están contaminados, igual que acuíferos como el Ogallala, que se extiende por 8 estados desde Dakota del sur hasta Texas y que en algunas zonas ha disminuido su caudal hasta 30 metros. La sobreexplotación y el uso de agrotóxicos están terminando de matar las aguas. Al norte con Canadá y al sur con México, los cursos compartidos y las legislaciones leídas con intereses propios están derivando en conflictos cuyo tono se eleva cada año que pasa.

Sin ley, no hay defensa posible. En el documento Santa Fe IV, preparado por un influyente grupo del Partido Republicano en 2000, a fines del gobierno de Bill Clinton, se planteaban los principales elementos geo-estratégicos que seguían siendo importantes para la seguridad nacional de EE.UU. en el siglo que se avecinaba. Uno era garantizar "que los países del hemisferio no sean hostiles a nuestras preocupaciones de seguridad nacional".

En estrecho vínculo, había otro punto en el informe de los ex asesores de Reagan y Bush padre, que explica por qué es prioritario que los países que albergan al Guaraní promulguen legislaciones que lo protejan como patrimonio de esas naciones. Decía el escrito que EE.UU. debía asegurarse "que los recursos naturales del hemisferio estén disponibles para responder a nuestras prioridades nacionales".

La reciente visita del jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, a Paraguay y su ánimo de adecuar a los estados de la región para inmunizar a sus soldados volvieron a encender las fantasías de expropiación (Ver pág. 26). Desde el norte, contestan que el verdadero interés de Washington no es el acuífero sino la posible concentración de actividades terroristas en la zona de la llamada Triple Frontera donde, curiosamente, está alojado el Guaraní, que nutre a unas 500 ciudades de agua.

La obsesión del gobierno republicano con el terrorismo es bien conocida. Menos en cambio lo son sus preocupaciones sobre el futuro y el medio ambiente, temas en los que, en general, se han mostrado reacios a colaborar. Pero es imposible no prestarle cierta atención a cuestiones imperiosas. En febrero de 2004, alguien filtró al diario británico The Guardian un informe secreto del consejero del Pentágono Andrew Marshall, que advertía al presidente Bush de los oscuros efectos del calentamiento global en el planeta a corto plazo, entre ellos, la falta de agua potable. Allí se sugería además que EE.UU. debía prepararse para estar en condiciones de apropiarse de este recurso estratégico, allí donde esté, y cuando sea necesario.

A buen entendedor...


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