Éste fue el título de una conferencia dada por Edwin Schrödinger en el Trinity College de Dublín en febrero de 1943.
Schrödinger, premio Nobel de física y uno de los fundadores de la física cuántica, tenía intereses intelectuales muy amplios, y durante su estancia en Dublín exploró diversas áreas de la filosofía y la biología. Como entre sus obligaciones académicas figuraba la de impartir un ciclo de conferencias anual, aprovechó una serie de charlas para el gran público en el año 1943 para exponer en ellas sus ideas respecto a la naturaleza de la herencia y la termodinámica de los seres vivos.
Estas charlas tuvieron una gran asistencia de público, y luego, tras la publicación de las mismas por Cambridge University Press, también una gran repercusión internacional. Con el tiempo se convirtió en uno de los “libritos” más influyentes de la historia de la ciencia, actuando por ejemplo como motivación para los fundadores de la biología molecular.
¿Qué es la vida? Este es el núcleo central del que partió Schrödinger. Se preguntó qué es la vida, no desde un punto filosófico o espirtitual, sino biológicamente; molecularmente. Aunque en éste ámbito la respuesta parezca más simple, no lo es tanto. Es decir ¿en qué difiere un sistema (biológico) vivo de uno no vivo?.
Un sistema biológico se podría reducir hasta llegar a sus reacciones químicas elementales, entonces la pregunta se podría plantear como ¿en qué difieren un conjunto de sustancias químicas reaccionando en un vaso de precipitado, de un sistema vivo (biológicamente) creciendo en otro vaso de precipitado, si al final éste último sistema es reducible a un conjunto de reacciones químicas?
La respuesta es: información.
En un sistema vivo todas las reacciones siguen un programa controlado ejecutado desde un centro de información. En un sistema no vivo, las reacciones simplemente ocurren, y la información sobre esas reacciones “se pierde”. En un sistema vivo, esa información sobre las reacciones químicas realizadas es “almacenada”, entre otras cosas para repetir esas mismas reacciones en el futuro (una característica de la vida es su reproducibilidad).
Lo sorprendente es que Schrödinger partió de estas consideraciones y de otras cuestiones físicas, y generó a partir de ellas poderosísimas intuiciones sobre los mecanismos (biológicos) de la vida. Por ejemplo, basándose en el trabajo de Zimmer y Delbrück de 1935 en el que los autores calcularon, a partir de mutaciones provocadas en moscas de la fruta, que la longitud de sus genes debía rondar los 1000 átomos, Schrödinger se preguntaba cómo un gen de ese tamaño se las arreglaba para sobrevivir a la disgregación térmica y aún transferir información a las generaciones futuras. El mismo Schrödinger propuso que para evitar ese problema el gen tenía que ser alguna clase de cristal aperiódico que contenía información codificada en su estructura. Esto fue una clara profecía (y como se comentó, una de las ideas impulsoras) sobre la dilucidación de la estructura del ADN.
Este tipo de ideas y otras, como por ejemplo cómo es posible que los organismos vivos mantengan su estructura ordenada (altamente improbable a la luz de la segunda ley de la termodinámica), se pueden consultar directamente en el libro de Schrödinger, o más recientemente en el libro titulado , una obra que recolecta las ideas desarrolladas durante un congreso celebrado en el Trinity College de Dublín en septiembre de 1993, con motivo de la conmemoración del cincuentenario de aquellas conferencias magistrales.
Autor: DullioProtti.
Schrödinger, premio Nobel de física y uno de los fundadores de la física cuántica, tenía intereses intelectuales muy amplios, y durante su estancia en Dublín exploró diversas áreas de la filosofía y la biología. Como entre sus obligaciones académicas figuraba la de impartir un ciclo de conferencias anual, aprovechó una serie de charlas para el gran público en el año 1943 para exponer en ellas sus ideas respecto a la naturaleza de la herencia y la termodinámica de los seres vivos.
Estas charlas tuvieron una gran asistencia de público, y luego, tras la publicación de las mismas por Cambridge University Press, también una gran repercusión internacional. Con el tiempo se convirtió en uno de los “libritos” más influyentes de la historia de la ciencia, actuando por ejemplo como motivación para los fundadores de la biología molecular.
¿Qué es la vida? Este es el núcleo central del que partió Schrödinger. Se preguntó qué es la vida, no desde un punto filosófico o espirtitual, sino biológicamente; molecularmente. Aunque en éste ámbito la respuesta parezca más simple, no lo es tanto. Es decir ¿en qué difiere un sistema (biológico) vivo de uno no vivo?.
Un sistema biológico se podría reducir hasta llegar a sus reacciones químicas elementales, entonces la pregunta se podría plantear como ¿en qué difieren un conjunto de sustancias químicas reaccionando en un vaso de precipitado, de un sistema vivo (biológicamente) creciendo en otro vaso de precipitado, si al final éste último sistema es reducible a un conjunto de reacciones químicas?
La respuesta es: información.
En un sistema vivo todas las reacciones siguen un programa controlado ejecutado desde un centro de información. En un sistema no vivo, las reacciones simplemente ocurren, y la información sobre esas reacciones “se pierde”. En un sistema vivo, esa información sobre las reacciones químicas realizadas es “almacenada”, entre otras cosas para repetir esas mismas reacciones en el futuro (una característica de la vida es su reproducibilidad).
Lo sorprendente es que Schrödinger partió de estas consideraciones y de otras cuestiones físicas, y generó a partir de ellas poderosísimas intuiciones sobre los mecanismos (biológicos) de la vida. Por ejemplo, basándose en el trabajo de Zimmer y Delbrück de 1935 en el que los autores calcularon, a partir de mutaciones provocadas en moscas de la fruta, que la longitud de sus genes debía rondar los 1000 átomos, Schrödinger se preguntaba cómo un gen de ese tamaño se las arreglaba para sobrevivir a la disgregación térmica y aún transferir información a las generaciones futuras. El mismo Schrödinger propuso que para evitar ese problema el gen tenía que ser alguna clase de cristal aperiódico que contenía información codificada en su estructura. Esto fue una clara profecía (y como se comentó, una de las ideas impulsoras) sobre la dilucidación de la estructura del ADN.
Este tipo de ideas y otras, como por ejemplo cómo es posible que los organismos vivos mantengan su estructura ordenada (altamente improbable a la luz de la segunda ley de la termodinámica), se pueden consultar directamente en el libro de Schrödinger, o más recientemente en el libro titulado , una obra que recolecta las ideas desarrolladas durante un congreso celebrado en el Trinity College de Dublín en septiembre de 1993, con motivo de la conmemoración del cincuentenario de aquellas conferencias magistrales.
Autor: DullioProtti.