para los sensibles, aclaro antes:
este es un post anti Coelho
con los motivos por los cuales NO LEER a este autor
este es un post anti Coelho
con los motivos por los cuales NO LEER a este autor
(a partir de un análisis de la novela en cuestión)
Si NO te gusta Coelho, con esto vas a tener un poco más de argumento para seguir sin leerlo.
Si te gusta Coelho, estás bajo un hechizo. ¡Libérate!
Mi primer contacto con el material de Paulo Coelho correspondió con una asignatura del colegio secundario. Había escuchado algunos comentarios sobre su obra y no tenía intenciones de tomar contacto con ella. Parecía que mi suerte me llevaba a ella de todas maneras. Fue de esta manera que leí El Alquimista. Es poco decir que no me agradó lo que leí. De esa experiencia me ha quedado un sencillo recuerdo, en la forma de un displacer que más tarde se convertiría en desprecio cada vez que oía su nombre.
Pero no es justo, pensé unos años más tarde. Primero racionalicé: no es a él a quien odio (de hecho no lo conozco y quizás nunca lo haré), sino a su obra; a lo que representa. Nuevamente me encontraba ante un dilema: no conocía su obra, de modo que nunca podría tener en claro qué era lo que en sí representaba la misma. Es por ello que decidí terminar de una vez por todas este peculiar enredo en el que me he metido y desmitificar la eterna dicotomía que existe entre Pro Coelho’s vs. Anti Coelho’s. Ya con el hervor de la sangre adolescente disipándose, pensé que esta aparente guerra entre perros y gatos dejaba mucho que desear y no era suficiente para soportar el argumento hacia uno u otro bando. Es por ello que hoy he leído Verónika decide morir.
Basta decir que es una idea interesante: un ser que, despreciando todo lo que la vida le ha brindado, toma la determinación fatalista de entregar su vida; para luego “volver” y, con su nueva y entonada sabiduría (proveniente de una experiencia cercana con la parca) ensalzar la vida de los que la rodean y, en consecuencia, crecer, aceptando. Me pregunto, ¿dónde he escuchado esto antes? De todas maneras, me dispuse también a ver la película.
Interesante detalle que me hizo revaluar toda la novela y, al final, llegar al meollo de la cuestión que me proponía demostrar. Es curioso cómo en la película se obvia el pequeño gran detalle de la nacionalidad de Verónika. Ella, en la novela, es una muchacha eslovena que habita el país a finales de los años 90. Parecería un detalle menor (y completamente intercambiable bajo normas narrativas), si no fuera porque Verónika vive un momento interesante en la historia de su país, donde el gobierno ya se ha reestructurado luego de su salida de la URSS, dándole la espalda al comunismo y adoptando una sonrisa ante las prácticas occidentales mientras esta apertura genera una revitalizada economía. Todo esto me llevó a pensar que Coelho podría estar haciendo un comentario sobre las prácticas sociales occidentales. Me explayaré sobre este punto.
Si Verónika decide morir, lo hace porque (y esto es muy claro en la novela) no encuentra “emoción” en su vida, se ve desprovista de esa “chispa esencial”. A pesar de tener cubiertos todos los demás frentes (como son un trabajo estable, familia estable, salud, etc.), ella considera que el mundo sin “chispa” no merece la pena ser vivido. Esto se hace más claro cuando ponemos en la mesa de discusión la revista y el artículo que ella lee antes de ingerir las pastillas. No por de lo que el artículo habla en sí mismo, sino por el medio y lo que representa. Bien podría haber estado leyendo un libro en ese momento fatídico, una carta de hace años escrita por alguien que no estaba más en su vida, o mirando la televisión. Pero no, Coelho elige la revista.
De esta manera, la razón por la cual Verónika decide morir se convierte en el acto más egoísta. Pareciera que el ethos esloveno (o, si se quiere, comunista) no llega a adaptarse al “mundo moderno” y al modo de ver la realidad popularizado por las prácticas occidentales. Ante esta increíble frustración de encontrarse perfectamente incluida en una sociedad que nada tiene para ofrecerle, decide cometer suicidio. Ella no se siente parte de la sociedad misma, ya que no encuentra su identidad en la misma. Allí es donde la revista, como medio, sirve para apoyar esta tesis. La revista como medio masivo responde a necesidades generadas por el mismo mundo occidental (aunque esté mal hablar de “mundo occidental”, al parecer Coelho prefirió hacer la distinción de esta manera; por ello la respetamos aquí). Necesidades que provienen de un lugar instrumental, generando un medio que se encarga de satisfacerlas de modo instrumental. Esperamos, por algo, y en el interín leemos un artículo de una revista (que quizás luego sirva para ser comentado entre amigos o compañeros de trabajo, generando más instrumentalidad; a saber, “un tema de conversación”, algo con qué llenar el vacío).
Es por ello que en la novela está claro que Verónika no se suicida porque “nadie sabe dónde está Eslovenia”, sino que lo hace por el hartazgo que le genera este exceso de instrumentalidad. Cuando ella pregunta ¿cómo puede ser que nadie sepa dónde queda?, la pregunta que resuena en su interior (esta sería la intención de Coelho, siendo “el interior” de ella nuestro propio interior) es “no hay necesidad de darle importancia a este tema”. Así es como Coelho lleva la culpa de un modelo social hacia el personaje.
Ciertamente, el tema del suicidio no está abordado. Presumo que la obra completa es el abordaje mismo. De todas maneras, no lo excusa de pasar por alto una explicación tan relevante (ya que la dejaría como un mero recurso narrativo sin más). Como los MacGuffin que Hitchcock describió, Coelho pasa inadvertidamente de “vida buena” a “suicidio”; de “engaño” (de su médico) a “descubrimiento” (del amor) y de “correcto” a “incorrecto”. Donde correcto es el estado donde ella realizó todo lo que la sociedad pedía de ella (razones que la llevan al suicidio) e incorrecto está en el lugar de absorber la vitalidad de cada momento vivido y nutrirse de vivir en comunidad compartiendo sentimientos. Todo lo cual nunca llega a ser percibido por completo por el lector. Éste nunca sospecha que Coelho nos está presentando su suicidio como algo “correcto”, pero así lo hace. Algo correcto como estándar social occidental. “Es lo que se supone que debe pasar”. No es suicidio, por su puesto, pero sí el estado de su vida. De modo que Coelho nos intenta engañar, pasando como incorrecto para la sociedad occidental el “disfrutar de la vida” de modo adulto y abierto, responsable y consciente.
He aquí la clave. La dicotomía está siendo creada por el mismo autor. Es Coelho quien nos dice que la sociedad tal y como la conocemos nos imposibilita (en un primer momento) de realizarnos como personas. Que debemos “romper el molde” que se nos ha impuesto para alcanzar nuestra identidad. Todo lo cual, dicho sea de paso, se logra en la novela mediante un vil engaño (a su vez, con propósitos egoístas; aunque se quiera presentar de otra manera).
Esta temática tiene mucha correlación con la angustia y la conciencia de la propia mortalidad. Es un tema que abordaremos en una próxima entrega pero, vale aclarar que la angustia es el sentimiento de nada. El comprender la noción de la muerte no nos lleva a la angustia. Se experimentará cuando hayamos internalizado la realidad de que “la no existencia” es nuestro futuro, el único. En Verónika decide morir se habla extensamente de este punto, aunque nunca en relación de valor. Se pone de manifiesto que es esto lo que lleva a Verónika a “cambiar su actitud” ante la vida. Pero no se detiene a interpretar lo que significa la pérdida de la propia existencia. En ese sentido, queda como anecdótico y el “dejar de existir” es algo de lo que no merece la pena perder el tiempo en pensar y reflexionar, sino más bien aceptar y comenzar a “disfrutar” lo antes posible. Todo lo que hace Verónika es impulso en pos de salir de una situación de displacer hacia un estado de alivio.
Esta es la razón por la cual rompo hoy con esta dicotomía que he llevado por años y decido: Coelho, con su obra, representa el vil engaño que nos llama a ser “mejores” cuando la realidad es que ya somos. Somos seres humanos, hermosos en la mixtura entre nuestros aciertos y aquellas otras acciones que consideramos como mal. Somos seres complejos. No necesito que el Dr. Coelho dictamine cómo, ni cuándo encontrar mi identidad y mucho menos pregonar como un Dios una “verdad de la vida” tan insulsa como “aprovecha y agradece el día”.