Bueno esta es al ultima parte. Espero que les haya gustado.
Una lección de coraje
Dominique Vidal
Jefe de redacción adjunto de Le Monde diplomatique, París.
Traducción: Patricia Minarrieta
Siempre se dijo que en la Alemania nazi “no había nada que hacer”. Un grupo de mujeres que en 1943 exigió y obtuvo la liberación de sus maridos judíos recientemente detenidos demostró lo contrario. Una prueba de que la dictadura temía las reacciones del pueblo más de lo que la historiografía tradicional sostiene.
Ese 27 de febrero de 1943, al alba, los SS de la Leibstandarte Hitler, encargados de la seguridad personal del Führer, ocupan sus lugares en camiones cubiertos con lonas que parten hacia los cuatro confines de Berlín (1). Su misión: detener en su casa o en su trabajo, con ayuda de la Gestapo y de la policía municipal, a los últimos judíos de la capital del III Reich. Unos trabajan en fábricas vitales para la Wehrmacht; otros, casados con cónyuge alemán, no caen por efecto de las leyes de Nuremberg de 1935. El ministro de propaganda y gauleiter (jefe regional) del Partido Nacionalsocialista, Joseph Goebbels, que hace diez años sueña con limpiar de judíos su ciudad, puede finalmente poner término a esas excepciones.
Por la noche, cerca de 5000 personas han sido secuestradas, entre ellas 1700 maridos de alemanas. Algunos van ya rumbo a los campos de la muerte. Otros esperan su deportación, hacinados en dos cárceles improvisadas. Una de ellas se encuentra en los números 2-4 de la Rosenstrasse, en el local de una oficina de asistencia social de la comunidad judía. Desde el mediodía, decenas de mujeres, preocupadas por no ver volver a su marido, se apiñan en la calle: pronto son 200. Algunas pasan la noche allí...
Al día siguiente, se duplica su número... y su decisión. El hecho de que el servicio de asuntos judíos de la Gestapo tenga su sede a dos pasos, en la Burgstrasse, no les impide gritar a coro: “¡Devuélvannos a nuestros maridos!”. Ni la presencia de los SS, ni el cierre de la estación de subterráneo cercana de Börse, ni siquiera los terribles bombardeos aéreos británicos de la tarde les impiden desafiar al régimen. El historiador David Bankier relata (2), basándose en un testigo, cómo varias mujeres enfrentan a los agentes de la Gestapo y “se atreven a decirles que deberían ir ellos mismos al frente del Este y dejar en paz a los viejos judíos”, pero “la mayoría de los peatones –agrega– miran la escena con total indiferencia”.
En su Diario, con fecha 2 de marzo, Goebbels escribe: “Estamos echando definitivamente a los judíos fuera de Berlín. Los prendimos a todos en una redada el pasado domingo y vamos a embarcarlos hacia el Este de inmediato.” No tiene en cuenta la multitud que crece en la Rosenstrasse. Cuando los SS amenazan disparar, las mujeres van a refugiarse en las entradas de las casas o bajo un viaducto cercano, luego regresan: “Queremos a nuestros maridos”, exigen al unísono.
Victoria contra la pasividad
El 5 de marzo, el régimen intenta unas últimas maniobras intimidatorias. La Gestapo desplaza por la fuerza a decenas de manifestantes. Luego un jeep ocupado por cuatro SS con uniforme y casco de acero, blandiendo metralletas, arremete contra la multitud lanzando disparos. Las mujeres se dispersan corriendo, para regresar nuevamente frente a la prisión. Algunas de ellas, estimuladas por el poder de su movimiento, se animan incluso a ir a pedir a la Gestapo noticias de sus esposos. Otras consiguen introducirse en el edificio de la Rosenstrasse. “Conservábamos la esperanza de que nuestros maridos volverían a casa y no serían deportados”, testimonia una manifestante.
Lo más increíble es que no se equivocan. El 6 de marzo, la dictadura no sólo pone fin a los arrestos y deportaciones que continuaban hasta ese momento, sino que ordena la liberación de todos los judíos casados con alemanas –hará incluso buscar en Auschwitz a veinticinco de ellos, que podrán volver a su hogar–. Por lo demás, casi todos sobrevivirán a la guerra. Oficialmente, la Gestapo de Berlín cometió simplemente un abuso de poder secuestrando y deportando a judíos casados con alemanas, y el poder había puesto, naturalmente, las cosas en orden.
La realidad nada tiene que ver con esa fábula del “error” burocrático rectificado. Fue el mismo Goebbels quien ordenó la redada y quien, luego de una reunión con Adolf Hitler, el 3 de marzo, en su Wolfschanze (guarida de lobo), la suspendió. ¿Por qué? La respuesta procede sin duda del período durante el cual se desarrolla este caso: justo después de la derrota de Estalingrado. El ánimo de los alemanes está en su punto más bajo. Los dirigentes nazis tienen entonces una única obsesión: que el “frente interior” se quiebre, como en 1917, bajo el ataque sorpresivo del Ejército Rojo y los bombardeos anglo-estadounidenses. La resistencia corajuda, pero relativamente apolítica, de las mujeres de la Rosenstrasse amenaza transformarse en una mancha de aceite: ¿y si otros manifestantes vinieran a perturbar las deportaciones masivas de judíos, que tienen lugar entonces en numerosas ciudades de Alemania?
“En Berlín –especifica el historiador Peter Longerich (3)– se internó temporalmente a cientos de judíos casados con no judías en dos edificios de la comunidad judía, con el fin manifiesto de poder intercambiarlos por aquellos empleados de la comunidad que debían ser deportados. Por destacable que sea esta acción, la protesta pública espontánea de miembros de ese grupo reunidos frente al edificio de la Rosenstrasse, no fue sin embargo la causa de la liberación de los hombres encarcelados, ya que una deportación de los judíos que vivían en ‘pareja mixta’ no estaba prevista en esa época.”
El colaborador del ministro de Propaganda, Leopold Gutterer, contradice esa apreciación: “Goebbels liberó a los judíos para eliminar para siempre toda protesta. (...) Para evitar que otros saquen una enseñanza o sigan el ejemplo de esa protesta, había que eliminar toda razón de protestar” (4). En su obra maestra, La Destruction des juifs d’Europe (5) (La destrucción de los judíos de Europa), Raul Hilberg sigue la misma línea, cuando escribe que los maridos judíos de mujeres alemanas “fueron finalmente exceptuados, dado que se percibió, en el fondo, que su deportación podía llegar a comprometer todo el proceso de destrucción”.
A la distancia, la victoria de las mujeres de la Rosenstrasse interroga al historiador. Ésta constituye en primer lugar una dura respuesta a todos aquellos que explicaron su pasividad asegurando que “no había nada que hacer” contra el régimen nazi. Más aun: prueba que la acción, lejos de ser un testimonio meramente simbólico, podía hacerlo retroceder. Más allá del muy particular contexto del invierno de 1943, esta victoria incita incluso a revisar los vínculos que la dictadura mantenía con su pueblo: ¿no temía la primera las reacciones del segundo mucho más de lo que afirma la historiografía tradicional?
Eso explicaría, entre otras cosas, el secreto en que los dirigentes nazis procuraron envolver el genocidio, pero también los esfuerzos considerables que desplegaron –como lo demuestra en este mismo dossier Götz Aly– para “comprar” a los alemanes. Pero lamentablemente, no hubo más que una sola Rosenstrasse...
1 Sólo un libro en francés trata exhaustivamente este caso: Nathan Stotlzfus, La Résistance des coeurs. La révolte des femmes allemandes mariées à des juifs, Phébus, París, 2002. Este artículo se basa en gran medida en información incluida en ese libro.
2 Die öffentliche Meinung im Hitlerstaat, Berlin Verlag, Berlín, 1995.
3 Politik der Vernichtung, Piper, Munich, 1998.
4 Nathan Stoltzfus, op. cit.
5 Fayard, París, 1988.
LINK: http://www.eldiplo.org/login.php3?numero=98&semanal=71/S_A_1_55
Requiere estar registrado.
Este es el informe Completo en PDF.
http://www.gigasize.com/get.php/3195432954/La_otra_Segunda_guerra_Mundial.pdf
Primera Parte:
http://www.taringa.net/posts/info/882468/La-otra-Segunda-Guerra-Mundial-1_5.html
Segunda Parte:
http://www.taringa.net/posts/info/882883/La-otra-Segunda-Guerra-Mundial-2_5.html
Tercera Parte:
http://www.taringa.net/posts/info/883392/La-otra-Segunda-Guerra-Mundial-3_5.html
Cuarta Parte:
http://www.taringa.net/posts/info/884023/La-otra-Segunda-Guerra-Mundial-4_5.html
Espero comentarios.
Una lección de coraje
LAS MUJERES DE LA ROSENSTRASSE
Dominique Vidal
Jefe de redacción adjunto de Le Monde diplomatique, París.
Traducción: Patricia Minarrieta
Siempre se dijo que en la Alemania nazi “no había nada que hacer”. Un grupo de mujeres que en 1943 exigió y obtuvo la liberación de sus maridos judíos recientemente detenidos demostró lo contrario. Una prueba de que la dictadura temía las reacciones del pueblo más de lo que la historiografía tradicional sostiene.
Ese 27 de febrero de 1943, al alba, los SS de la Leibstandarte Hitler, encargados de la seguridad personal del Führer, ocupan sus lugares en camiones cubiertos con lonas que parten hacia los cuatro confines de Berlín (1). Su misión: detener en su casa o en su trabajo, con ayuda de la Gestapo y de la policía municipal, a los últimos judíos de la capital del III Reich. Unos trabajan en fábricas vitales para la Wehrmacht; otros, casados con cónyuge alemán, no caen por efecto de las leyes de Nuremberg de 1935. El ministro de propaganda y gauleiter (jefe regional) del Partido Nacionalsocialista, Joseph Goebbels, que hace diez años sueña con limpiar de judíos su ciudad, puede finalmente poner término a esas excepciones.
Por la noche, cerca de 5000 personas han sido secuestradas, entre ellas 1700 maridos de alemanas. Algunos van ya rumbo a los campos de la muerte. Otros esperan su deportación, hacinados en dos cárceles improvisadas. Una de ellas se encuentra en los números 2-4 de la Rosenstrasse, en el local de una oficina de asistencia social de la comunidad judía. Desde el mediodía, decenas de mujeres, preocupadas por no ver volver a su marido, se apiñan en la calle: pronto son 200. Algunas pasan la noche allí...
Al día siguiente, se duplica su número... y su decisión. El hecho de que el servicio de asuntos judíos de la Gestapo tenga su sede a dos pasos, en la Burgstrasse, no les impide gritar a coro: “¡Devuélvannos a nuestros maridos!”. Ni la presencia de los SS, ni el cierre de la estación de subterráneo cercana de Börse, ni siquiera los terribles bombardeos aéreos británicos de la tarde les impiden desafiar al régimen. El historiador David Bankier relata (2), basándose en un testigo, cómo varias mujeres enfrentan a los agentes de la Gestapo y “se atreven a decirles que deberían ir ellos mismos al frente del Este y dejar en paz a los viejos judíos”, pero “la mayoría de los peatones –agrega– miran la escena con total indiferencia”.
En su Diario, con fecha 2 de marzo, Goebbels escribe: “Estamos echando definitivamente a los judíos fuera de Berlín. Los prendimos a todos en una redada el pasado domingo y vamos a embarcarlos hacia el Este de inmediato.” No tiene en cuenta la multitud que crece en la Rosenstrasse. Cuando los SS amenazan disparar, las mujeres van a refugiarse en las entradas de las casas o bajo un viaducto cercano, luego regresan: “Queremos a nuestros maridos”, exigen al unísono.
Victoria contra la pasividad
El 5 de marzo, el régimen intenta unas últimas maniobras intimidatorias. La Gestapo desplaza por la fuerza a decenas de manifestantes. Luego un jeep ocupado por cuatro SS con uniforme y casco de acero, blandiendo metralletas, arremete contra la multitud lanzando disparos. Las mujeres se dispersan corriendo, para regresar nuevamente frente a la prisión. Algunas de ellas, estimuladas por el poder de su movimiento, se animan incluso a ir a pedir a la Gestapo noticias de sus esposos. Otras consiguen introducirse en el edificio de la Rosenstrasse. “Conservábamos la esperanza de que nuestros maridos volverían a casa y no serían deportados”, testimonia una manifestante.
Lo más increíble es que no se equivocan. El 6 de marzo, la dictadura no sólo pone fin a los arrestos y deportaciones que continuaban hasta ese momento, sino que ordena la liberación de todos los judíos casados con alemanas –hará incluso buscar en Auschwitz a veinticinco de ellos, que podrán volver a su hogar–. Por lo demás, casi todos sobrevivirán a la guerra. Oficialmente, la Gestapo de Berlín cometió simplemente un abuso de poder secuestrando y deportando a judíos casados con alemanas, y el poder había puesto, naturalmente, las cosas en orden.
La realidad nada tiene que ver con esa fábula del “error” burocrático rectificado. Fue el mismo Goebbels quien ordenó la redada y quien, luego de una reunión con Adolf Hitler, el 3 de marzo, en su Wolfschanze (guarida de lobo), la suspendió. ¿Por qué? La respuesta procede sin duda del período durante el cual se desarrolla este caso: justo después de la derrota de Estalingrado. El ánimo de los alemanes está en su punto más bajo. Los dirigentes nazis tienen entonces una única obsesión: que el “frente interior” se quiebre, como en 1917, bajo el ataque sorpresivo del Ejército Rojo y los bombardeos anglo-estadounidenses. La resistencia corajuda, pero relativamente apolítica, de las mujeres de la Rosenstrasse amenaza transformarse en una mancha de aceite: ¿y si otros manifestantes vinieran a perturbar las deportaciones masivas de judíos, que tienen lugar entonces en numerosas ciudades de Alemania?
“En Berlín –especifica el historiador Peter Longerich (3)– se internó temporalmente a cientos de judíos casados con no judías en dos edificios de la comunidad judía, con el fin manifiesto de poder intercambiarlos por aquellos empleados de la comunidad que debían ser deportados. Por destacable que sea esta acción, la protesta pública espontánea de miembros de ese grupo reunidos frente al edificio de la Rosenstrasse, no fue sin embargo la causa de la liberación de los hombres encarcelados, ya que una deportación de los judíos que vivían en ‘pareja mixta’ no estaba prevista en esa época.”
El colaborador del ministro de Propaganda, Leopold Gutterer, contradice esa apreciación: “Goebbels liberó a los judíos para eliminar para siempre toda protesta. (...) Para evitar que otros saquen una enseñanza o sigan el ejemplo de esa protesta, había que eliminar toda razón de protestar” (4). En su obra maestra, La Destruction des juifs d’Europe (5) (La destrucción de los judíos de Europa), Raul Hilberg sigue la misma línea, cuando escribe que los maridos judíos de mujeres alemanas “fueron finalmente exceptuados, dado que se percibió, en el fondo, que su deportación podía llegar a comprometer todo el proceso de destrucción”.
A la distancia, la victoria de las mujeres de la Rosenstrasse interroga al historiador. Ésta constituye en primer lugar una dura respuesta a todos aquellos que explicaron su pasividad asegurando que “no había nada que hacer” contra el régimen nazi. Más aun: prueba que la acción, lejos de ser un testimonio meramente simbólico, podía hacerlo retroceder. Más allá del muy particular contexto del invierno de 1943, esta victoria incita incluso a revisar los vínculos que la dictadura mantenía con su pueblo: ¿no temía la primera las reacciones del segundo mucho más de lo que afirma la historiografía tradicional?
Eso explicaría, entre otras cosas, el secreto en que los dirigentes nazis procuraron envolver el genocidio, pero también los esfuerzos considerables que desplegaron –como lo demuestra en este mismo dossier Götz Aly– para “comprar” a los alemanes. Pero lamentablemente, no hubo más que una sola Rosenstrasse...
1 Sólo un libro en francés trata exhaustivamente este caso: Nathan Stotlzfus, La Résistance des coeurs. La révolte des femmes allemandes mariées à des juifs, Phébus, París, 2002. Este artículo se basa en gran medida en información incluida en ese libro.
2 Die öffentliche Meinung im Hitlerstaat, Berlin Verlag, Berlín, 1995.
3 Politik der Vernichtung, Piper, Munich, 1998.
4 Nathan Stoltzfus, op. cit.
5 Fayard, París, 1988.
LINK: http://www.eldiplo.org/login.php3?numero=98&semanal=71/S_A_1_55
Requiere estar registrado.
Este es el informe Completo en PDF.
http://www.gigasize.com/get.php/3195432954/La_otra_Segunda_guerra_Mundial.pdf
Primera Parte:
http://www.taringa.net/posts/info/882468/La-otra-Segunda-Guerra-Mundial-1_5.html
Segunda Parte:
http://www.taringa.net/posts/info/882883/La-otra-Segunda-Guerra-Mundial-2_5.html
Tercera Parte:
http://www.taringa.net/posts/info/883392/La-otra-Segunda-Guerra-Mundial-3_5.html
Cuarta Parte:
http://www.taringa.net/posts/info/884023/La-otra-Segunda-Guerra-Mundial-4_5.html
Espero comentarios.