La inseguridad hospitalaria en Cuba
Amarilis C. Rey, Cuba Verdad
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - Los hospitales en Cuba han pasado a ser sitios poco seguros. A tal extremo, que los propios médicos aconsejan que de no ser por un caso urgente, es mejor remediar cualquier dolencia con un tratamiento ambulatorio.
El riesgo de contraer enfermedades infecciosas en los hospitales, al margen de las causas por las que se pudiera ser hospitalizado, no es una fantasía. La falta de higiene, de recursos, y lo que es peor, de humanidad, en muchos casos, del personal paramédico de los centros asistenciales, son factores que nutren esa opinión casi generalizada entre los galenos.
Opinión que, además, es compartida por aquéllos que se han visto en la necesidad de ser ingresados, o de acompañar a un paciente durante varios días en un hospital.
Yolanda, madre de un niño de nueve años que presenta hace varios días un cuadro clínico de fiebre, vómitos, diarreas y dolor de cabeza, dice que después de cuatro días en un hospital infantil del municipio Arroyo Naranjo, decidió recoger al niño e irse a casa.
"Llegué al cuerpo de guardia del hospital Aballí, remitida por la médica de la familia", dijo Yolanda. "Sobre la una de la madrugada la doctora me dijo que mi niño se quedaba ingresado, y fue entonces que empezaron los tropiezos. No pensé que iban a ingresar al niño y no fui preparada. A esa hora no había ropa de cama, ni aparecía la enfermera encargada de ayudarme con las gestiones propias del ingreso. Después de mucho batallar, sobre las tres de la madrugada, apareció una enfermera que me dijo: 'Mamá, para poder darte una sábana me tienes que mostrar tu carné de identidad'. Así fue como logré acostar al niño".
Asegura esta madre que durante los cuatro días que duró su estancia en ese centro asistencial nada le hicieron al niño. Sólo le inyectaban duralgina para bajarle la fiebre. Y asevera: "Nada le hicieron, pero es que nada podían hacer, pues en aquel hospital no hay medicamentos. Las diarreas las trataban con sales de hidratación oral".
"Después de ese tiempo", explica Yolanda, "lo saqué del hospital bajo mi responsabilidad. Cuando traté de tomar un taxi para irme con todos los utensilios que mi familia me había llevado, al dirigirme a la empleada de la piquera con una orden del médico para el auto, me dijo: 'No, señora, si usted quiere un taxi este papel no le sirve para nada. Tiene que venir con el ventilador, el cubo y el tiborcito que usaba allá adentro'".
Concluye la madre diciendo que aunque el hospital está pintado por fuera, por dentro sólo una sala está reparada. Las demás están en mal estado y con mucha falta de higiene.
El miércoles 27 de julio, en el referido hospital, varias madres y familiares de niños enfermos protagonizaron una protesta debido al tiempo que llevaban, más de tres horas esperando ser atendidas por la única doctora que se encontraba cubriendo el cuerpo de guardia ese día.
Una de las personas presentes en el lugar, que declinó decir su nombre, contó cómo la médica, ante la algarabía, se paró en la puerta de la consulta con un pomo plástico en su mano, y mostrándolo expresó: "Por favor, yo estoy sola, lo único que he tomado en toda mi guardia es un poco de agua que había en este pomo. Yo necesito que ustedes comprendan".
Según la fuente, dos enfermeras que llegaron para auxiliar a la doctora comenzaron a vociferar: "Aquí no, caballeros, el que tenga alguna queja que se dirija al Comité Central".
Hace años, Felo, mi vecino, ingresó infartado en el hospital Dependientes, de Ciudad de La Habana. Cuando pasó la gravedad y lo llevaron de cuidados intensivos para intermedios, me contó que se sentía muy deprimido por la falta de higiene que lo rodeaba.
En una de las visitas matutinas que realizaba el médico, Felo le suplicó: "Doctor, ya yo estoy mejor, pero si sigo dentro de esta sala tan sucia, con las cucarachas caminando por todas partes, me voy a infartar de nuevo. Por favor, deme el alta"
_____________________________________________________________
Articulo Yapa:
Venturas y desventuras de un diabético en Cuba
María Elena Alpízar Ariosa, Grupo Decoro
PLACETAS, junio (www.cubanet.org) - El régimen cubano manifiesta constantemente que la salud pública cubana es uno de los mayores logros de la revolución. Y se hace llamar "potencia médica".
Sin embargo, los cubanos, cuando se enferman, sufren doblemente. No sólo por la dolencia, sino también por la falta de médicos, la escasez de medicamentos y los engorrosos trámites burocráticos que están obligados a realizar para la obtención de la dieta médica requerida, o para la adquisición de la tarjeta, la cual se utiliza para comprar los fármacos correspondientes.
La falta de médicos en Cuba es dramática debido al gran número de ellos que se encuentran trabajando en otros países para la poderosa industria castrista de servicios médicos internacionales.
A través de esta industria entran al país anualmente cientos de millones de dólares. El gobierno denomina estos servicios como "labores internacionalistas".
La escasez de medicamentos en la Isla es todavía más dramática que la falta de médicos, pues uno de éstos puede suplir a cinco o seis de sus homólogos, como se viene haciendo, en detrimento de la población. Pero con las medicinas no sucede igual, por su ausencia total de las farmacias. No obstante, las boticas donde se venden medicinas en divisas mantienen sus anaqueles repletos de medicinas de cualquier tipo y procedencia. También los fármacos se pueden adquirir en el mercado negro a precios exorbitantes, lejos del alcance del salario mensual del trabajador cubano.
Los trámites burocráticos que tiene que cumplir la población para conseguir la dieta médica o la tarjeta son engorrosos al extremo. Luego del papeleo correspondiente se entregan los documentos acreditativos que facilitan la adquisición de la dieta y la tarjeta, pero no garantizan a los enfermos los alimentos ni las medicinas.
Es tan precaria la situación alimentaria de la población cubana, que hay quienes reciben con alegría el diagnóstico de ciertas enfermedades, por aquello de los alimentos extras que garantiza -de manera nominal- la dieta médica.
Citamos el caso de los enfermos de Diabetes Mellitus tipo II, a quienes se les ofrece una mínima cuota extra de leche, carne de res o pollo. Los diabéticos adquieren los alimentos de la dieta por medio de la libreta de abastecimiento, la cual está habilitada para ello, aunque existen lugares en que esta cuota mínima no se les reparte mensualmente, según lo establecido.
A los diabéticos del municipio Placetas, provincia Villa Clara, no les venden la leche ni la carne de res de estas cuotas con regularidad. Los locales donde adquieren la leche no reciben el preciado alimento desde hace cuatro meses. Igual ocurre con las carnicerías que distribuyen la dieta de carne de res, aunque las entregan no son tan demoradas.
Sin embargo, en las tiendas de divisas de la localidad nunca han escaseado estos alimentos. Existen tres tiendas de este tipo que venden la leche de producción nacional a precios elevadísimos. Un kilogramo cuesta entre 5 y 6.30 pesos convertibles cubanos, lo que equivale a 120 y 150 pesos. O sea, lo que el estado le paga a un jubilado.
Lo mismo sucede con el alto costo de los productos cárnicos, los cuales son también inasequibles para el ciudadano que padezca diabetes.
Por consiguiente, los habitantes de Placetas y los cubanos en general que sientan algún regocijo cuando se les diagnostica diabetes, creyendo que así resolverán su penosa situación alimentaria, disfrutarán de "la ventura de García", pues les acontecerá lo contrario de lo que deseaban.
La desgracia de los diabéticos cubanos no sólo contempla los alimentos, sino también los servicios médicos y la adquisición de medicinas.
En Placetas, donde viven más de 65 mil personas y existe un alto por ciento de diabéticos, ningún endocrinólogo atiende esos casos porque, al igual que otros especialistas, trabajan fuera del país, en la productiva industria de servicios médicos internacionales, de cuyas ganancias sólo se benefician los altos personeros del régimen.
Los diabéticos residentes en Placetas utilizan la vía del mercado negro para adquirir sus medicinas. En el municipio no existen farmacias de venta en pesos convertibles. Las más cercanas radican en Santa Clara, capital de la provincia.
La mayoría de los diabéticos solicita sus medicamentos en las iglesias o a los activistas de derechos humanos, quienes las ofrecen de forma gratuita. Tanto los religiosos como los activistas regalan los medicamentos a escondidas, por temor a las represalias de las autoridades que prohíben y penalizan la piadosa actividad.
Los diabéticos cubanos tienen que sufrir un rosario de desventuras de las cuales están exentos los gobernantes y los extranjeros que residen en el país.
Dejo este Micro donde se decribe la situacion hospitalaria en Cuba:
link:
Amarilis C. Rey, Cuba Verdad
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - Los hospitales en Cuba han pasado a ser sitios poco seguros. A tal extremo, que los propios médicos aconsejan que de no ser por un caso urgente, es mejor remediar cualquier dolencia con un tratamiento ambulatorio.
El riesgo de contraer enfermedades infecciosas en los hospitales, al margen de las causas por las que se pudiera ser hospitalizado, no es una fantasía. La falta de higiene, de recursos, y lo que es peor, de humanidad, en muchos casos, del personal paramédico de los centros asistenciales, son factores que nutren esa opinión casi generalizada entre los galenos.
Opinión que, además, es compartida por aquéllos que se han visto en la necesidad de ser ingresados, o de acompañar a un paciente durante varios días en un hospital.
Yolanda, madre de un niño de nueve años que presenta hace varios días un cuadro clínico de fiebre, vómitos, diarreas y dolor de cabeza, dice que después de cuatro días en un hospital infantil del municipio Arroyo Naranjo, decidió recoger al niño e irse a casa.
"Llegué al cuerpo de guardia del hospital Aballí, remitida por la médica de la familia", dijo Yolanda. "Sobre la una de la madrugada la doctora me dijo que mi niño se quedaba ingresado, y fue entonces que empezaron los tropiezos. No pensé que iban a ingresar al niño y no fui preparada. A esa hora no había ropa de cama, ni aparecía la enfermera encargada de ayudarme con las gestiones propias del ingreso. Después de mucho batallar, sobre las tres de la madrugada, apareció una enfermera que me dijo: 'Mamá, para poder darte una sábana me tienes que mostrar tu carné de identidad'. Así fue como logré acostar al niño".
Asegura esta madre que durante los cuatro días que duró su estancia en ese centro asistencial nada le hicieron al niño. Sólo le inyectaban duralgina para bajarle la fiebre. Y asevera: "Nada le hicieron, pero es que nada podían hacer, pues en aquel hospital no hay medicamentos. Las diarreas las trataban con sales de hidratación oral".
"Después de ese tiempo", explica Yolanda, "lo saqué del hospital bajo mi responsabilidad. Cuando traté de tomar un taxi para irme con todos los utensilios que mi familia me había llevado, al dirigirme a la empleada de la piquera con una orden del médico para el auto, me dijo: 'No, señora, si usted quiere un taxi este papel no le sirve para nada. Tiene que venir con el ventilador, el cubo y el tiborcito que usaba allá adentro'".
Concluye la madre diciendo que aunque el hospital está pintado por fuera, por dentro sólo una sala está reparada. Las demás están en mal estado y con mucha falta de higiene.
El miércoles 27 de julio, en el referido hospital, varias madres y familiares de niños enfermos protagonizaron una protesta debido al tiempo que llevaban, más de tres horas esperando ser atendidas por la única doctora que se encontraba cubriendo el cuerpo de guardia ese día.
Una de las personas presentes en el lugar, que declinó decir su nombre, contó cómo la médica, ante la algarabía, se paró en la puerta de la consulta con un pomo plástico en su mano, y mostrándolo expresó: "Por favor, yo estoy sola, lo único que he tomado en toda mi guardia es un poco de agua que había en este pomo. Yo necesito que ustedes comprendan".
Según la fuente, dos enfermeras que llegaron para auxiliar a la doctora comenzaron a vociferar: "Aquí no, caballeros, el que tenga alguna queja que se dirija al Comité Central".
Hace años, Felo, mi vecino, ingresó infartado en el hospital Dependientes, de Ciudad de La Habana. Cuando pasó la gravedad y lo llevaron de cuidados intensivos para intermedios, me contó que se sentía muy deprimido por la falta de higiene que lo rodeaba.
En una de las visitas matutinas que realizaba el médico, Felo le suplicó: "Doctor, ya yo estoy mejor, pero si sigo dentro de esta sala tan sucia, con las cucarachas caminando por todas partes, me voy a infartar de nuevo. Por favor, deme el alta"
_____________________________________________________________
Articulo Yapa:
Venturas y desventuras de un diabético en Cuba
María Elena Alpízar Ariosa, Grupo Decoro
PLACETAS, junio (www.cubanet.org) - El régimen cubano manifiesta constantemente que la salud pública cubana es uno de los mayores logros de la revolución. Y se hace llamar "potencia médica".
Sin embargo, los cubanos, cuando se enferman, sufren doblemente. No sólo por la dolencia, sino también por la falta de médicos, la escasez de medicamentos y los engorrosos trámites burocráticos que están obligados a realizar para la obtención de la dieta médica requerida, o para la adquisición de la tarjeta, la cual se utiliza para comprar los fármacos correspondientes.
La falta de médicos en Cuba es dramática debido al gran número de ellos que se encuentran trabajando en otros países para la poderosa industria castrista de servicios médicos internacionales.
A través de esta industria entran al país anualmente cientos de millones de dólares. El gobierno denomina estos servicios como "labores internacionalistas".
La escasez de medicamentos en la Isla es todavía más dramática que la falta de médicos, pues uno de éstos puede suplir a cinco o seis de sus homólogos, como se viene haciendo, en detrimento de la población. Pero con las medicinas no sucede igual, por su ausencia total de las farmacias. No obstante, las boticas donde se venden medicinas en divisas mantienen sus anaqueles repletos de medicinas de cualquier tipo y procedencia. También los fármacos se pueden adquirir en el mercado negro a precios exorbitantes, lejos del alcance del salario mensual del trabajador cubano.
Los trámites burocráticos que tiene que cumplir la población para conseguir la dieta médica o la tarjeta son engorrosos al extremo. Luego del papeleo correspondiente se entregan los documentos acreditativos que facilitan la adquisición de la dieta y la tarjeta, pero no garantizan a los enfermos los alimentos ni las medicinas.
Es tan precaria la situación alimentaria de la población cubana, que hay quienes reciben con alegría el diagnóstico de ciertas enfermedades, por aquello de los alimentos extras que garantiza -de manera nominal- la dieta médica.
Citamos el caso de los enfermos de Diabetes Mellitus tipo II, a quienes se les ofrece una mínima cuota extra de leche, carne de res o pollo. Los diabéticos adquieren los alimentos de la dieta por medio de la libreta de abastecimiento, la cual está habilitada para ello, aunque existen lugares en que esta cuota mínima no se les reparte mensualmente, según lo establecido.
A los diabéticos del municipio Placetas, provincia Villa Clara, no les venden la leche ni la carne de res de estas cuotas con regularidad. Los locales donde adquieren la leche no reciben el preciado alimento desde hace cuatro meses. Igual ocurre con las carnicerías que distribuyen la dieta de carne de res, aunque las entregan no son tan demoradas.
Sin embargo, en las tiendas de divisas de la localidad nunca han escaseado estos alimentos. Existen tres tiendas de este tipo que venden la leche de producción nacional a precios elevadísimos. Un kilogramo cuesta entre 5 y 6.30 pesos convertibles cubanos, lo que equivale a 120 y 150 pesos. O sea, lo que el estado le paga a un jubilado.
Lo mismo sucede con el alto costo de los productos cárnicos, los cuales son también inasequibles para el ciudadano que padezca diabetes.
Por consiguiente, los habitantes de Placetas y los cubanos en general que sientan algún regocijo cuando se les diagnostica diabetes, creyendo que así resolverán su penosa situación alimentaria, disfrutarán de "la ventura de García", pues les acontecerá lo contrario de lo que deseaban.
La desgracia de los diabéticos cubanos no sólo contempla los alimentos, sino también los servicios médicos y la adquisición de medicinas.
En Placetas, donde viven más de 65 mil personas y existe un alto por ciento de diabéticos, ningún endocrinólogo atiende esos casos porque, al igual que otros especialistas, trabajan fuera del país, en la productiva industria de servicios médicos internacionales, de cuyas ganancias sólo se benefician los altos personeros del régimen.
Los diabéticos residentes en Placetas utilizan la vía del mercado negro para adquirir sus medicinas. En el municipio no existen farmacias de venta en pesos convertibles. Las más cercanas radican en Santa Clara, capital de la provincia.
La mayoría de los diabéticos solicita sus medicamentos en las iglesias o a los activistas de derechos humanos, quienes las ofrecen de forma gratuita. Tanto los religiosos como los activistas regalan los medicamentos a escondidas, por temor a las represalias de las autoridades que prohíben y penalizan la piadosa actividad.
Los diabéticos cubanos tienen que sufrir un rosario de desventuras de las cuales están exentos los gobernantes y los extranjeros que residen en el país.
Dejo este Micro donde se decribe la situacion hospitalaria en Cuba:
link: