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La Izquierda Argentina

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CAPÍTULO I: HISTORIA DE LA IZQUIERDA Y SUS PARTIDOS EN ARGENTINA.



EL MOVIMIENTO OBRERO ARGENTINO:1890-2007
Frente al resurgimiento de la actividad sindical por conflictos salariales aparece como necesaria la discusión sobre el movimiento obrero. El actual germen de grupos de trabajadores autoorganizados, el enfrentamiento a la burocracia sindical y al aparato represivo son ejes con un anclaje histórico que es preciso tener presente. A continuación presentaremos una nota realizada por Agustín Santella a Nicolás Iñigo carrera
Agustín Santella: ¿Cómo nació la conmemoración del 1º de mayo en el mundo y cómo sucedió en Argentina?
Nicolás Iñigo Carrera: En realidad fue un mismo hecho. El primer 1º de mayo que se conmemora es el de 1890, en Argentina y en el mundo. La idea nació en la celebración por el centenario de la Revolución Francesa, 1889, en París. A los festejos asistió gente relacionada con los movimientos obreros de todos los países donde lo había. En ese congreso Argentina estuvo representada por Alejo Peyret, un delegado vinculado al socialismo francés, y fue ahí donde se decidió que en todos los países se iba a hacer un acto en conmemoración del 1º de mayo, en coincidencia con el que se iba a hacer en Estados Unidos recordando a los mártires de Chicago. Los mártires de Chicago eran militantes obreros que habían sido condenados y ahorcados en 1886, por manifestarse en defensa de las 8 horas de trabajo. Y esa lucha fue la que acompañó la primera conmemoración del 1º de mayo también aquí, en Argentina. Unos días después del acto se entregó un documento al Congreso Nacional, reclamando la jornada de 8 horas, con lo cual se combinaba un reclamo económico con una participación política de los trabajadores en el sistema institucional.
Otra cosa interesante vinculada a este primer 1º de mayo es el intento por unificarse formando la primera federación obrera. La resolución de la Asamblea tenía varios puntos. Uno fue presentar el documento por las 8 horas en el Congreso, otro formar una confederación única y otro publicar un periódico, que fue El Obrero y con la dirección de Germán Ave Lallemant se editó un par de años a partir de 1891. Ese primer intento de federación obrera después se disgregó, pero se armaron distintos grupos y de uno de ellos surgió más adelante el Partido Socialista. Ahí es interesante otra cosa que se dice, que el movimiento obrero en Argentina primero fue anarquista, después sindicalista y posteriormente socialista y comunista. En realidad, predominó el marxismo y esto se puede ver en El obrero. El anarquismo creció después, a fines de la década de 1890, y ahí sí se volvió mayoritario.
En todo esta primera etapa, el 1º de mayo fue siempre un momento de importancia, con hechos que pesaron en la historia de la clase obrera argentina y en la política en general, ya desde la década de 1900. No me voy a detener en cada 1º de mayo, pero sí quiero recordar el de 1909, que es el que dio inicio a lo que se conoce como "la semana roja". La semana roja es un hecho bastante olvidado, en general se recuerda la semana trágica, de 10 años después. En 1909 el movimiento obrero estaba dividido entre anarquistas, sindicalistas y socialistas. En la manifestación anarquista el Coronel Ramón Falcón -sabiendo que era un hombre odiado por los trabajadores y en particular por los anarquistas, por haber tenido una participación muy importante en los desalojos, en la "huelga de los inquilinos"- se metió con su auto en el medio de la marcha, despertando el repudio de todos los manifestantes. En ese momento sonó un tiro, de esos de los que nadie se hace cargo, e inmediatamente la montada cargó sobre la manifestación y dejó un tendal de muertos. Cuando en su marcha se enteraron de esto, los socialistas, que se inclinaban por la lucha parlamentaria y no eran muy afectos a la huelga general, a diferencia de los anarquistas y los sindicalistas que la usaban como instrumento permanentemente, declararon el paro general. También lo hicieron los sindicalistas y, por supuesto, los propios anarquistas. Esto dio lugar a una semana de huelgas y manifestaciones callejeras, de choques con la policía. Pero lo más importante no es eso, sino que por primera vez el Poder Ejecutivo, por medio de su Vicepresidente, tuvo que sentarse a negociar con los dirigentes de la Unión General de los sindical y políticamente -y al decir "políticamente" estoy aludiendo al PS (Partido socialista) y al PC (Partido Comunista)- era integrarse al sistema institucional. No destruirlo, no construir otro, sino formar parte de éste. En ese sentido, con lo que viene después del '45 hay una total continuidad, porque lo que hace el peronismo es incluir al movimiento obrero en el sistema institucional. Antes del '45 había unos 400 mil trabajadores sindicalizados; en el '50 eran más de 2 millones.
Estos serían los elementos de continuidad, pero también hay elementos de discontinuidad o de ruptura, que van en el sentido de que, si bien el movimiento obrero previo al peronismo tenía como estrategia incorporarse al sistema, aún en sus versiones más reformistas, nunca habían dejado de lado como meta futura -más o menos lejana, dependiendo del caso- la construcción de una sociedad no capitalista. Es ahí donde está la principal diferencia con el peronismo, porque en la concepción ideológica peronista la nueva sociedad ya estaba construida y no dejaba de ser capitalista. En todo caso se podría argumentar que era otra clase de capitalismo, un capitalismo más humano... Pero la meta socialista que tenía el movimiento obrero hasta entonces, en ese momento en general es abandonada.
De todas formas la lucha de clases existe y también se metió en el interior del peronismo. Sobre todo después del '55, el enfrentamiento al capital también deriva en que aparezcan vertientes peronistas que se proclaman socialistas y que empiezan a apostar a la construcción de una sociedad no capitalista. De manera que, excediendo un poco lo de si el 1º de mayo era antes de lucha y después de festejo -creo que hubo un poco de lucha y un poco de festejo antes y después del '45-, me parece que pueden señalarse elementos de continuidad y también de ruptura, pero que a la larga se volvió a imponer al 1º de mayo como una jornada de lucha.
AS: ¿Cuáles son los principales hechos del movimiento obrero haciendo un racconto rápido de la historia entre el '55 y el '76?
NIC: Hay dos procesos que se destacan en esos años. Uno es el de los hechos del '69, el Cordobazo , en los que el movimiento obrero tuvo un protagonismo muy especial, porque fue el que condujo la lucha y porque su interés pasó a primer AS: Con el plan económico de Celestino Rodrigo .
NIC: Claro. El programa de Rodrigo -que en realidad lo elaboró Ricardo Zinn , después integrante del equipo económico de Martínez de Hoz- intentó aplicar lo que posteriormente se aplicó en el '76. No lo pudo hacer por la resistencia del movimiento obrero. Y en esa resistencia confluyeron desde el peronismo "ortodoxo", la CGT y las líneas más tradicionales, hasta la izquierda peronista y la izquierda marxista, que son los que van a protagonizar ese fenómeno de las coordinadoras, que Agustín conoce mejor que yo.
AS: A lo que hace referencia Nicolás es a las dos huelgas generales, que son las primeras que se hacen en contra de un gobierno peronista. Esto fue entre junio y julio del '75, durante el gobierno de Isabel. Había huelgas permanentes, grandes manifestaciones y alrededor de eso, un sector del movimiento obrero que fue creando coordinadoras, en Córdoba, el Norte y el Sur del Gran Buenos Aires y La Plata, y que dio lugar al sector más radicalizado.
NIC: De cualquier manera una parte muy importante del movimiento obrero seguía respondiendo a la conducción de la CGT. Las manifestaciones contra el Rodrigazo son las que terminan echando a López Rega y dejando el gobierno en manos del sector más tradicional del peronismo, vinculado al movimiento sindical.
AS: Como resultado de esta lucha se frena el plan de Celestino Rodrigo, cae López Rega y se celebran los convenios colectivos de trabajo que son los que se firmaron después de estos meses de huelga y que hasta el día de hoy son referencia en las negociaciones.
Yendo a los años '90, se dice que después de la caída del muro de Berlín, en el '89, y con el gobierno neoliberal de Ménem, el movimiento obrero desapareció. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
NIC: En realidad ese discurso viene de antes, desde inicios de los '80. Yo creo que hay dos maneras de mostrar que eso es falso. Uno puede mirar a la clase obrera en tanto clase organizada por el capital para producir o en tanto conjunto humano que vive del salario, o que sólo puede vivir del salario, aunque a veces no lo consigue, pero no tiene otras maneras de obtener sus medios de vida. Y si uno mira eso ve que las cifras de los censos, aún la cifra cruda, sin mayor análisis, muestran que en Argentina alrededor del 70% de la población tiene que vivir de su sueldo.
Pero uno también puede mirar esto desde la perspectiva de la lucha. Y en la década del '90, cuando supuestamente no había más clase obrera, uno encuentra que el principal protagonista de la protesta hasta el 2001 son los trabajadores ocupados. El único momento en que esto se modificó un poco, aunque tampoco de una forma muy drástica, fue en el 2001 y la primera mitad del 2002, cuando las organizaciones de desocupados, que en realidad algunas son de desocupados y de ocupados, igualaron el peso del movimiento sindical. Pero hay que ver que los desocupados también son clase obrera. Entonces es un discurso que no se sostiene por ningún lado y que sólo está dirigido a aislar a la clase obrera. Porque quién se va a acompañar la lucha de algo que no existe. Y si uno tiene presente la experiencia de la clase obrera argentina, de haber conducido las luchas en la década del '60 y la primera mitad de los '70, no es casualidad que haya un discurso y una política dirigida a intentar aislarla, para que no pueda establecer las alianzas que estableció en aquel momento.
Retomando lo que pasó en el 2001. Si bien antecedentes de la crisis del sistema institucional hay muchos, por ejemplo la abstención en las elecciones de octubre de 2001, la salida a la calle se produce el 19, en contra de la implantación del Estado de sitio. Esta medida se toma por el desorden que venía de unos días antes y que tenía dos componentes fundamentales: los saqueos y las manifestaciones de distintos sectores de la sociedad, no sólo de trabajadores asalariados. Pero ¿cuándo se inician los saqueos y las manifestaciones? El 13 de diciembre, el día en el que la CGT y la CTA habían declarado una huelga general. Por supuesto que después los hechos lo sobrepasan totalmente, pero nos permiten ver cuál es la situación del movimiento obrero. El movimiento obrero tiene fuerza, una fuerza tal que puede influir decisivamente en el desarrollo histórico. Ahora, ¿quiere influir, hasta dónde? Influyó para cambiar el gobierno, sin duda. Pero no va más allá de eso. Tanto es así que cuando asume Duhalde, las tres centrales sindicales van a la Mesa del Diálogo Argentino, después la CTA se retira, pero forman parte de la reconstrucción del sistema institucional.
Entonces, una cosa es que el movimiento obrero pretenda ocupar un lugar dentro del sistema y no superarlo, y otra es que no tenga fuerza o no exista. Existe y tiene mucho peso en la sociedad y en la política argentina. Ahora, no va más allá en definitiva de donde quería ir en 1930. Si uno mira la huelga general de 1936, lo que ve es eso. La mayoría del movimiento obrero qué quería: entrar al sistema institucional. ¿Quería convertir esa sociedad en una sociedad no capitalista? En los hechos no, y ahora es lo mismo. Quiere un espacio, un espacio que no se limita al aumento de salarios o a mejores condiciones de trabajo. Es un espacio que implica porciones de poder, subordinado al gran poder de la Argentina, que es el de la oligarquía financiera. Por supuesto que hay otros elementos a tener en cuenta, como es el hecho de que hay muchos trabajadores que no están sindicalizados porque están en negro. Pero la parte que está organizada tiene fuerza. Y dentro de esa parte que está organizada, la que es atributo del capital concentrado, los gremios grandes, es la que más fuerza tiene.






EL PARTIDO SOCIALISTA: ORIGENES Y CRECIMIENTO.
La fecha oficial de la fundación del Partido Socialista, es la del primer Congreso que fue considerado Constituyente. Este se realizó en Buenos Aires los días 28 y 29 de junio de 1896. Sin embargo, el socialismo argentino comienza a actuar unos años antes y tiene sus orígenes en diversos clubes, movimientos obreros, y centros universitarios. Incluso, antes de la realización del mencionado Congreso, el Partido Socialista Obrero Argentino, presentó una lista de candidatos en las elecciones del 8 de marzo de 1896, en las que se renovaba la mitad de la Cámara de Diputados de la Nación, como veremos luego..

El antecedente más directo del socialismo argentino se encuentra en los inmigrantes europeos que comenzaron a llegar al país a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Muchos de ellos, habían actuado en los movimientos obreros del viejo continente, participando en la 1 Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores), fundada por Carlos Marx en 1864. De esta organización se desprendieron los socialistas Inspirados por Carlos Marx y Federico Engels y los anarquistas que orientaba Bakunin .

La primera organización socialista del país fue el Club "Vorwarts", fundado en diciembre de 1881 por inmigrantes alemanes, que habían llegado a Argentina escapando de la dictadura instaurada por Bismarck, y de sus leyes represivas. La declaración fundacional del Club Vorwarts decía que sus fines eran cooperar con la realización de los principios de la Social Democracia Alemana. A algunos de los miembros de Vorwarts se le debe la fundación de la primera cooperativa de consumo que hubo en el país establecida en la Capital Federal en 1871,diez años antes de la formación del Club, y en la que junto con los obreros alemanes agrupados en las otras Organizaciones. La Sección Varia se transformó a fines de 1892 en 1a agrupación Socialista, denominada también “Partido Obrero”, Sección Buenos Aires.

Los inmigrantes italianos, que también eran bastante numerosos, tampoco eran ajenos a los principios socialistas. El propósito de los que en su patria de origen habían luchado por el socialismo, era continuar esta acción en su nueva tierra. En consecuencia con estas Ideas, el 8 de abril de 1894 organizaron el "Fascio dei lavoratorí", con el fin de agrupar a todos los socialistas italianos que residían en el país y a los que se radicaran en el futuro.

A estas primeras organizaciones socialistas, les sucedieron el Centro Socialista Universitario, fundado a fines de 1894 y del que fue su primer secretario José Ingenieros*; el Centro Socialista Revolucionario de Barracas, fundado también a fines de 1894; el Centro Socialista de Balvanera, cuya institución se realizó a mediados de 1895; el Centro Socialista Obrero internacional de Córdoba, también organizado a mediados de 1895.

Una participación importante en la difusión de las ideas socialistas y en la formación de asociaciones y centros que sostuvieran sus principios, fue la que tuvieron las distintas publicaciones periodísticas encaradas por las primeras organizaciones y por adherentes a esta corriente ideológica. En 1886 apareció la primera publicación de Vorwarts, escrita primero en alemán, y luego en este Idioma y en español.

En 1890 el ingeniero socialista alemán, Germán Avé Lallemant, decidió editar con fondos propios un periódico que se llamó "El Obrero", en el que difundió los principios marxistas. El primer número de esta publicación apareció el 12 de diciembre de 1890.

En los años siguientes comenzaron a publicarse "El Socialista", órgano periodístico de la Agrupación socialista; "L' Avenir Social", del grupo francés Les Egaux, y "La Rivendicanzione", del Fascio dei Lavoratori. Pero la publicación que más influencia ejerció en el socialismo argentino fue " La Vanguardia”, periódico fundado por Juan B. Justo , Esteban Jiménez, Augusto Kuhn , Isidro Salomó y Juan Fernández .El primer número de La Vanguardia apareció el 7 de abril de 1894, y desde sus páginas no solamente se difundió el pensamiento socialista, sino que se analizaron todos los problemas económicos, políticos y sociales que tenía el país.

Después de la aparición de "La Vanguardia", y bajo su influencia. se empezaron a agrupar las distintas Asociaciones Socialistas que, pese a tener el mismo ideal, se encontraban dispersas. Hasta ese momento, los distintos grupos habían adoptado el programa de los partidos socialistas de sus países de origen, así fue que el Vorwarts, sustentaba el programa de la socialdemocracia alemana; el Fascio dei Lavoratorí, el del Partido Socialista italiano, etc.

En 1894 comenzó a funcionar el Partido Socialista Obrero internacional, el que sin embargo no agrupó a todas las asociaciones de la misma tendencia que funcionaban. en el país. Algunas de ellas no se habían adherido por discrepancias formales, como fue el caso de "Vorwarts" quien argumentó que antes de formar un partido, los socialistas extranjeros debían obtener los derechos políticos.

El 13 de octubre de 1895 se reunió la primera Convención del partido. En ella se resolvió modificar el nombre de la agrupación, que a partir de ese momento se denominó Partido Socialista Obrero Argentino. Además se designó el primer Comité Ejecutivo, el que estuvo Integrado por: Juan B. Justo, Eneas Arientí, Adrián Patroni, Juan Schaefer, José Ingenieros, José A. Lebrón y Germán Mulier, como titulares, y Aníbal Canavesio, Emilio Onrubia y Miguel Pizza, en calidad de suplentes. El 8 de marzo de 1896, el Partido Socialista Obrero Argentino se presentó a elecciones para diputados nacionales, oportunidad en que se renovaba la mitad de las bancas. Los candidatos fueron: Juan B. Justo (médico); Juan Schaefer ( zapatero); Adrián Patroní (pintor); Germán A. Lallemant ( Ingeniero); Gabriel Abad (foguista).

La presentación de los socialistas en las elecciones fue una novedad en la vida política argentina, tanto por sus métodos de propaganda que incluían los mítines en las calles y en los barrios, como por su prédica obrerista y anticapitalista.

En las elecciones de esos años, signadas por el fraude, los candidatos electos eran digitados por los jefes de partidos conservadores y, como es obvio, el resultado se conocía con anterioridad. La emisión del voto era controlada por caudillejos y matones, que Impedían expresarse a quienes se consideraban enemigos políticos.

Los socialistas fueron víctimas de esas prácticas, e. incluso se les impidió a sus fiscales, cumplir con sus funciones. Después de la elección, en la que el socialismo obtuvo un resultado muy magro por las razones apuntadas, el partido se dedicó a organizar el Congreso Constituyente que se realizó los días 28 y 29de junio de 1896, y al que asistieron todos los centros socialistas que existían en el país, y un buen número de sindicatos. Así quedó constituido definitivamente el Partido Socialista Obrero Argentino, que a principios del siglo XX tomó el nombre de Partido Socialista.

En sus primeros años, el socialismo argentino tuvo una orientación decididamente clasista, disputando la conducción del movimiento obrero con los anarquistas y los sindicalistas. Indudablemente el pensamiento marxista influyó en los fundadores del Partido Socialista y en las organizaciones que le dieron forma. En los primeros años de vida del partido, la clase dominante vio en él, un serio peligro para sus intereses, y por ese motivo, desencadenó una violenta represión y persecución de todas las manifestaciones obreras. Incluso se sancionó la ley Nro. 4144 del 23 de noviembre de 1902, que fue proyectada por el senador Miguel Cané, a la que se denominó "Ley de residencia", y que se utilizó como pretexto para expulsar del país a innumerables Inmigrantes socialistas. Esta ley fue completada más tarde con la N0 7029, denominada "Ley de Defensa Social".

Pese a su primitiva orientación clasista y marxista, el socialismo argentino muy pronto fue influido por concepciones positivistas, que lo llevó a moderar sus En 1915, después de 21 años de vida política, el Partido Socialista había experimentado dos escisiones sin fundamental Importancia: la del Centro Socialista de Balvanera en 1898, que luego volvió al partido; y la de los sindicalistas revolucionarios que se separaron en el 7º Congreso de 1906.

El 2 de junio de 1915, Alfredo Palacios retó a duelo al diputado radical Raúl Oyhanarte, haciendo caso omiso de la prohibición impuesta por el partido para estas disputas, por lo que el Comité Nacional lo expulso de inmediato. Palacios apeló ante el II Congreso extraordinario partidario, celebrado a mediados de julio de ese año, pero el máximo organismo ratificó la disposición del Comité Nacional. En virtud de esta disposición del Congreso, Palacios se alejó del partido, y renunció a su banca parlamentaria. Este hecho produjo que un grupo de afiliados socialistas se solidarizara con el dirigente expulsado y formaran junto con él, el Partido Socialista Argentino. Esta nueva agrupación no tuvo mayor difusión y el mismo Palacios no le dedicó sus esfuerzos, pues en su ánimo no existía el propósito de dividir el partido.

Este dirigente fue invitado a reincorporarse al Partido Socialista en octubre de 1930, y a partir de ese momento reinició su actividad política, que desarrolló hasta el momento de su muerte.






Desde que el Partido Socialista se constituyó como agrupación política, sostiene dos programas: el "mínimo" y el "máximo". El primero de ellos es esencialmente reformista, mientras que el segundo expresaba el contenido revolucionario inspirado en Carlos Marx .No obstante, en el seno del partido, se inició un movimiento que se situó a la izquierda de la diligencia, reivindicando los postulados marxistas en contraposición con la conducción que adhería a las teorías de Bernstein (Social Democracia).

Este grupo tenía su base en el Centro de Estudios Carlos Marx, quien desde 1912 se opuso a los reformistas, iniciando una campaña de afirmación revolucionaria. Con ese fin publicó un periódico denominado "Palabra Socialista", desde donde se fustigó a las posiciones revisionistas. La guerra mundial de 1914-1918 contribuyó a profundizar esta división de hondas raíces ideológicas. El grupo más marxista, sostenía que la Guerra Mundial era de carácter interimperialista, y tenía como objetivo una redistribución colonial del mundo, mientras que la dirección del partido negaba que el conflicto tuviera características imperialistas, y expresaba sus simpatías por Francia y Gran Bretaña.

Esta lucha Interna, que ponía cada vez mayor distancia entre los sectores antagónicos, hizo crisis en el Congreso Extraordinario realizado los días 28 y 29 de abril de 1917 en el Salón Verdí con el objetivo de definir la posición del partido con respecto a la guerra mundial.

La Izquierda marxista levantó la bandera del Internacionalismo proletario y revolucionario, y la lucha contra la guerra, proclamando el pacifismo. Al poco tiempo decidieron formar el Partido Socialista Internacional, entre cuyos primeros miembros se encontraban: Victorio Codovilla , Rodolfo Schmidt*, José F. Grosso*, Carlos Pasceil*, José F. Penelón, Juan Greco, Juan Ferliní, Rodolfo Ghioldi, Aldo Cantoní, Emilio González Mellén, Augusto Khun, etc. La evolución posterior de esta nueva agrupación desembocó en la formación del Partido Comunista (Se ha sostenido reiteradamente que la división socialista de 1917 responde a la influencia de la Revolución Rusa, y a las diferencias en el método para la conquista del poder)





LA CUESTIÓN NACIONAL Y LOS ORÍGENES DE LA IZQUIERDA NACIONAL.
A finales de la década del treinta comienza a cobrar importancia el despliegue militante de Liborio Justo (Quebracho). El hijo del que fuera presidente de la Nación contó inicialmente con el apoyo de universitarios trotskistas de La Plata, de los secundarios procedentes del anarquismo de Jorge Abelardo Ramos y de los obreros ligados a Mateo Fossa, famoso por sus encuentros con León Trotsky . Constituyeron en 1939 el Grupo Obrero Revolucionario (GOM), denominado dos años después “Liga Obrera Revolucionaria” (LOR).

Contemporáneamente se conformó otro agrupamiento de orientación trotskista en el cual militaron Milessi, Ontiveros, Lagos y Marga. Adoptaron el nombre de Liga Obrera Socialista (LOS) adhiriendo a la Cuarta Internacional.

Ambos nucleamientos carecían de una férrea unidad interna y la existencia de posiciones disímiles creaba reiteradamente problemas. De todos modos, en el enfrentamiento que mantuvieron ambas agrupaciones se desarrolló una polémica que carecía de antecedentes en el movimiento trotskista. La disputa ahora se centraba en el tema de la cuestión nacional, sostenida por la LOR y negada por los LOS.

Para los hombres de Justo, tanto Lenin como Trotsky analizaron correctamente el fenómeno del imperialismo que se desarrolla a partir de la crisis mundial de 1873. La opresión imperialista engendra movimientos de emancipación en los países oprimidos en los que se integran diferentes clases sociales sojuzgadas (obreros, campesinos, estratos intermedios y sectores de la burguesía nacional). De este modo la lucha por la liberación nacional se enlaza con la lucha por la liberación social en la marcha de la revolución permanente.

Justo planteó por primera vez esta cuestón en un folleto titulado “Frente al momento del mundo: qué quiere la Cuarta Internacional” sobre la base de las tesis leninistas del Segundo Congreso de la Tercera Internacional, que distinguen entre las naciones opresoras y las naciones oprimidas: “La necesidad de la liberación nacional surge del mismo carácter de la influencia del imperialismo en los países coloniales y semicoloniales. Sólo liberándose de la acción imperialista opresora, deformadora y paralizante, esos países serán capaces de lograr su plenitud económica, es decir, la completa expansión de sus fuerzas productivas. Es por eso que al encarar el problema de la revolución socialista internacional se impone, en primer término, hacer la distinción entre naciones opresoras y oprimidas. Así lo recalcan las tesis sobre la cuestión nacional y colonial votadas en el Segundo Congreso de la Tercera Internacional”. Para él ciertos sectores de la burguesía pueden iniciar acciones contra el imperialismo en los que deben recibir el apoyo proletario. Pero nunca las llevaran hasta sus últimas consecuencias, pues el único capaz de realizar plenamente la liberación nacional es el proletariado revolucionario.

Por su parte, los integrantes de la LOS piensan -bajo la influencia rauchista- que la lucha antiimperialista debe ser librada directamente contra la burguesía. Hay una única revolución socialista que carece de iniciales fases de carácter democrático.

Por ello Reinaldo Frigerio publicó un folleto “La IV Internacional y la lucha contra el imperialismo”, donde niega la existencia de una cuestión nacional previa a la liberación social.

“Se insiste en disfrazar de capitalistas malos únicamente a la llamada oligarquía y de capitalistas buenos, progresistas, antiimperialistas a Yrigoyen, la UCR y su cría, cuando todo demuestra que la clase dominante argentina tiene a su cabeza un grupo de S.A. nacionales y extranjeras, un Banco Central y un Estado capitalista que denuncia la presencia de una clase burguesa que es, a la vez, oligárquica, industrial, accionista de los trusts, usurera, comerciante, radical, conservadora y demócrata progresista y hasta socialista”. Para Frigerio no existe política contra el imperialismo desligada de la lucha contra la burguesía nacional.

Esta disputa se mantendrá durante años en la izquierda argentina con una vitalidad singular. El surgimiento del peronismo la dotará de nuevos bríos. Su importancia resulta incuestionable para la comprensión del surgimiento de la Izquierda Nacional, que proporcionó apoyo crítico al movimiento popular manteniendo la independencia política y estableciendo alianzas propias de la lucha antiimperialista.



LA IZQUIERDA PERONISTA: DEMOCRACIA Y NEOPOPULISMO.
Para Américo Martín, miembro de la coordinadora democrática de la Fundación Internacional Para la Libertad, el surgimiento de la izquierda peronista que tiene lugar a mediados de la década de 1940, se produce por dos motivos fundamentales que se resumen en lo siguiente:

1. El enorme respaldo obrero que el peronismo naciente recibió desde 1943 y 1946 agitó los laboratorios teóricos del partido comunista argentino, a la sazón enemigo jurado de un movimiento aliado del eje y por tanto adversario de la patria del socialismo, del edén proletario. Con el instrumento marxista en la mano, Gino Germani postuló una reconfortante teoría, como casi todas de ese origen desprovistas de pruebas. Dijo, y así fue consagrado en Argentina y el mundo por el movimiento comunista internacional, que las violentas migraciones provocadas por la rápida urbanización habían cambiado la composición del proletariado debido la irrupción masiva de campesinos transformados abruptamente en obreros. No tenían aún conciencia de clase y por tanto se dejaban ganar por la ideología fascista de Perón . Años más tarde la investigación culminada por el profesor Matsushita desmanteló semejante explicación, al poner en evidencia que habían sido los obreros viejos, entrenados en la lucha de clases y el debate socialista, las columnas del peronismo. Años más tarde, el socialismo comenzará abiertamente a rescatar a Perón. El intelectual de la izquierda peronista, J.J. Hernández Arregui podrá decir: soy peronista porque soy marxista. Velasco Alvarado en Perú, Omar Torrijos en Panamá, autócratas populistas, al igual que Perón, serán asumidos como genuina expresión suya, por la izquierda hemisférica, como ya antes lo había sido Fidel Castro. El populismo nace con Perón y para Perón. Derrochando a todo dar el ingreso fiscal e imponiendo por vía legislativa a la iniciativa privada una costosa remuneración laboral, puede decirse que sacrificó el futuro para conquistar el presente. Perón arruinó a Argentina pero se sembró con la fuerza del mito en el corazón de los cabecitas negras y de los intelectuales de izquierda de la patria de Alberdi. Pero desde su nacimiento, el populismo llevaba dos rasgos indelebles: la vocación autoritaria y el gasto social sin contrapartida de ingresos. La inflación, transitoriamente contenida por controles de cambio, precios e intereses, contribuía a perjudicar el crecimiento y desarrollo de la economía. El legado del populismo ha sido simple en su perversidad: deterioro de las instituciones democráticas, justificación de caudillos a los que no alcanza la ley, impresionante extensión de la pobreza.

2. El vocablo izquierda nunca había dicho mucho, pero tuvo siempre la ventaja de la sencillez, rasgo importantísimo para mantener la lealtad de los militantes. Pero a lo largo de los 70 años del pasado siglo dominados por las ideologías duras del mundo bipolar, fue siempre cómodo distinguir entre la izquierda radical, adherida al mundo real del socialismo; la derecha anticomunista, vinculada a occidente, y la izquierda reformista o democrática, cuyo emblema sería la ingenua adopción de un sistema más o menos anticapitalista en lo económico, pero democrático en el dispositivo político-institucional. Con la caída del muro naufragaron las ideologías duras y el pensamiento socialista entró en su particular travesía por el desierto, de la cual aún no ha salido claramente. Considero que si ha de conservar los vocablos de socialista e izquierda, lo hará más por razones de heráldica que por imperativo de la realidad. A la confrontación izquierda radical, izquierda democrática, centro derecha y derecha radical, hay que oponerle el conflicto actual entre neopopulismo con alto grado de intervencionismo y controles de la economía, liberalismo sin controles y ciertas formas de pragmatismo que obren en el marco de la liberación de la economía y de la incorporación al capitalismo global. Los nuevos parámetros, pues, mucho más pertinentes que aquellas denominaciones apriorísticas de dudosa sustancia, son el liberalismo de mercado y el intervencionismo populista. Entre una y otra expresión, las distintas variedades del pragmatismo.
obrera ocupada como no se veía desde finales de la década del 80. Contra los agoreros de la “muerte de la clase obrera” y los teóricos de los “nuevos movimientos sociales”, en el post argentinazo que hoy estamos transitando ha reaparecido con fuerza la lucha reivindicativa de los trabajadores ocupados, sector de la clase obrera que, claramente, se ha transformado en la vanguardia de la lucha.

El conjunto de conflictos que vienen desde el 2004 configuran un verdadero ciclo de luchas, que si bien no llega a ser un ascenso de conjunto –no alcanzan todavía a plantear el problema de la huelga general–, sin embargo, visto como totalidad, ha venido expresando un categórico proceso de luchas de los asalariados , estadísticamente el mayor desde comienzos de la década del 90.

El listado es significativo y tiene la particularidad de que han habido importantes triunfos (si bien parciales o sectoriales, sin afectar a gremios enteros) o al menos “empates”, pero no derrotas de importancia, a pesar de lo que se ha esmerado el gobierno K por atacar y aislar las luchas más duras con la acusación indiscriminada de “piqueteros” y / o “trotskistas”, como es ahora el caso de los petroleros.

Esta oleada de luchas obreras ha tenido, en general, un carácter mas bien reivindicativo, por lo que en muchos casos, los compañeros no viven su lucha como antigubernamental.
Contradictoriamente, en el caso de las luchas más importantes, éstas han tenido una gran proyección política nacional como producto, precisamente, de su choque con el gobierno. Al mismo tiempo, no logran extenderse o imponerse al conjunto de sus respectivos gremios, en manos de la burocracia.

Esto plantea un problema para el cual tampoco ha habido una orientación clara: la necesidad de tener una estrategia y trabajar desde las posiciones ganadas por una política de conjunto: es decir, por romper el “statu quo” a nivel del gremio de conjunto, extendiendo la experiencia antiburocrática y clasista más allá de los propios “bastiones”.
Se ha debido apelar a métodos muy duros de lucha; resistiendo las directas provocaciones gubernamentales (Gárrahan, petroleros); ocupando secciones, pisos o vías férreas (Subtes, ferroviarios, Crónica); enfrentándose físicamente con “patovicas” contratados por las empresas (Atento, Crónica); en determinados casos, directamente con la policía (ferroviarios, petroleros). En continuidad con la experiencia del movimiento piquetero (cuestionamiento a la autoridad del Estado) y de las fábricas recuperadas (cuestionamiento al imperio de la propiedad privada), y como subproducto del Argentinazo , la actual oleada de luchas, a pesar de su carácter reivindicativo, configura un categórico avance respecto del legalismo de las oleadas de luchas salariales de los 80.

Hay un peso importante de sectores de servicios privatizados, sobre todo en el caso del sector de los transportes. También sectores estatales como la salud y educación y sectores terciarizados
que tienen el valor de comenzar a enfrentar la fragmentación de la clase obrera heredada de la clase obrera heredada de los 90.

El proceso de los petroleros marca la emergencia de un sector estratégico: el proletariado industrial, creador de trabajo productivo. No es el único caso: hubo procesos muy controlados por la burocracia en las automotrices y la lucha de Firestone en 2004, que termino en derrota.

El proletariado industrial es el sector más difícil, el más controlado por la burocracia –que tiene un monopolio casi absoluto de la representación, salvo casos aislados– y donde más impera el “despotismo ” de fábrica. Esto no es casual: el proletariado industrial sigue siendo el núcleo estratégico de la clase obrera, simplemente por el lugar que ocupa en el conjunto de la economía capitalista: es decir, en el centro de todo caso, las luchas obreras configuraron en el 2006 y 2007 el proceso más importante para la izquierda revolucionaria, a la cual debe dedicar sus mayores recursos y esfuerzos.





Capitulo II: El movimiento actual de izquierda argentino; aciertos y errores.



SURGIMIENTO DE UN NUEVO CLASISMO.
El ingreso a la lucha de importante sectores de los ocupados tiene su expresión “subjetiva” en el surgimiento de un nuevo clasismo , sobre todo a nivel de los sectores más de vanguardia. Este “clasismo” recién está comenzando a emerger, muy por detrás de la clásica experiencia de los 70. Tiene por ahora más rasgos antiburocráticos que propiamente clasistas. Sin embargo, se trata de una experiencia que podría potencialmente desbordar estos límites reivindicativos, cruzado como está por determinaciones políticas, aun cuando éstas no sean asumidas conciente y consecuentemente por la mayoría de sus integrantes.

Esta vanguardia ha ido expresándose a lo largo de los últimos años en las diversas expresiones de la recomposición de la clase trabajadora. Es decir, en un momento fueron “hegemónicas” las experiencias de los movimientos de desocupados y las fábricas recuperadas. Hoy el centro está en los sectores de la clase obrera ocupada.

En este marco, ha habido distintos intentos de agrupamiento de la vanguardia que, en general, han terminado abortados por las limitaciones en cada caso a la hora de levantar un programa verdaderamente de unidad de la clase obrera en su conjunto.

Ahora mismo hay una nueva reconfiguración en curso en la vanguardia, así como un creciente debate a su interior respecto de la mejor orientación para avanzar. Este debate tiene que ver, centralmente, con el programa que se debe enarbolar a la hora del proceso de recomposición de la clase obrera, que tiene hoy una importancia central porque hace a la orientación más estratégica con la que se interviene en el proceso de la lucha y de reorganización.

Al mismo tiempo, la otra gran limitación del “nuevo clasismo” es que no ha llegado aún a configurar una alternativa más global, no ha logrado poner en pie un organismo de verdadero frente único de conjunto, donde tenga clara centralidad la clase obrera ocupada, apoyada por una representación de los trabajadores.



TAREAS DE LA IZQUIERDA ARGENTINA PARA EL PERIODO ACTUAL.
El próximo período estará marcado por una serie de tareas para las corrientes independientes y revolucionarias. La central será el vuelco al apoyo y sostenimiento de la “guerra salarial” que se esta poniendo en marcha. Rodear de apoyo a los principales conflictos, enfrentar la campaña sucia del gobierno y la burocracia para desprestigiarlas, alentar el proceso de organización independiente y de su centralización en alguna instancia de conjunto, serán parte de las principales tareas del año que comienza.

Esto implicará poner en pie experiencias de unidad de las filas obreras, unidad de clase y coordinación de sectores en lucha. Lo más revolucionario que pueden hacer los movimientos desocupados combativos es apoyar las luchas obreras para que triunfen: es decir, volcar el peso de movilización que aún conservan para evitar el aislamiento de las huelgas, planteando en ese mismo marco su programa de trabajo genuino y reducción de la jornada laboral.

En tercer lugar, existe un problema estructural: no se puede dirigir los procesos y enfrentar la burocracia desde afuera. Está planteado para prácticamente todas las tendencias de la izquierda una mayor inserción estructural de compañeros en los lugares de trabajo, sobre todo en lo que viene más atrás y donde la izquierda tiene mucho menos peso: el proletariado industrial, que viene en una franca recuperación en el nivel de empleo y en la reactivación de importantes ramas de la producción.

En este marco, está planteado el ya señalado debate estratégico frente a las visiones estrechamente “reivindicativas” de varias de las corrientes de la izquierda partidaria o de los compañeros de la vanguardia sin partido. En las condiciones de profunda heterogeneidad y división en las filas de la clase obrera, hay que levantar programas de unidad de las filas obreras y de unidad de clase.

Es decir, hay que buscar las mil y una formas de enlazar la lucha de los sectores más avanzados y calificados con una lucha de conjunto de la clase trabajadora. Esto es inseparable de buscar siempre la “nivelación hacia arriba”: es decir, enfrentar la campaña K que busca deslegitimar las luchas de los trabajadores que vienen a la vanguardia de la pelea con el argumento de que se trataría de un sector “privilegiado” que “gana demasiado”.

Otro punto clave ya señalado es evitar caer en el mero “sindicalismo”: es decir, dar una pelea a brazo partido por unir la lucha sindical y la política. No puede aceptarse la excusa de que “los compañeros no ven la responsabilidad de Kirchner”. Precisamente ahí está la tarea de los sectores más concientes y avanzados: hacer entender a nuestra clase la verdadera naturaleza patronal del gobierno de Kirchner, como puente hacia la perspectiva de un nuevo movimiento obrero verdaderamente clasista y revolucionario que se plantee acabar con la explotación capitalista en nuestro país.

Por último, sigue pendiente, como dijimos, la necesidad de poner en pie una auténtica Tendencia Clasista, al tiempo que se da la pelea por un organismo de frente único más de conjunto, llámese Conferencia, Encuentro o Congreso de Trabajadores.






LA IZQUIERDA ARGENTINA DISGREGADA.
Nota realizada por el periodista Sebastián Lacunza a diferentes figuras de la política de izquierda argentina actual

Desde el regreso a la democracia en Argentina hace casi 24 años, la izquierda ortodoxa no logró más que una decena de diputados y ahora afrontará las elecciones de octubre en extremo fragmentada y con parte de su discurso en manos del gobierno de Néstor Kirchner.

"No somos optimistas para lograr un frente electoral", reconoce ante IPS Patricia Walsh, dos veces candidata presidencial por Izquierda Unida y ex diputada nacional.

"No queremos ni entrar a discutir alianzas que confundan a nuestro electorado", advierte por su parte Jorge Altamira, dirigente del trotskista Partido Obrero (PO), uno de los principales actores de la izquierda local.

Desde 1983, con el fin de la dictadura militar, las expresiones más relevantes del espacio de origen marxista son, junto al clásico Partido Comunista Argentino (PCA), diferentes vertientes del trotskismo, como el PO, el Movimiento al Socialismo (MAS) y sus ramificaciones, el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS).

Se suman a este panorama los partidos Humanista (PH, pacifistas), Socialista Auténtico (PSA) y el Partido Comunista Revolucionario (PCR), prácticamente borrado por la sangrienta dictadura de siete años.

Además, la severa crisis iniciada a fines de la década del 90, que culminó en el colapso de diciembre de 2001, dio a luz a Autodeterminación y Libertad (AyL), que se define como "autoorganizado y anticapitalista", con un discurso cercano al anarquismo, fundado por el ex líder del MAS Luis Zamora.

Hubo diferentes intentos, pero el frente electoral más exitoso y de mayor duración en las últimas dos décadas fue Izquierda Unida (IU, sucedáneo del Frente del Pueblo) entre el MAS y el PC, entre fines de los años 80 y comienzos de los 90, y luego entre el MST y el PC, que, sin embargo, apenas superó en varias elecciones el dos por ciento de los votos en el país.

Ese ensayo se quebró en 2005 y para las elecciones de este año no va a existir, según fuentes de los partidos en cuestión.

De cara a los comicios generales de octubre, Zamora ratificó ante IPS no saber si se van a presentar. "Pero no ha cambiado en absoluto nuestra intención de no formar parte de ningún frente electoral entre partidos", aseguró.

Por su parte Walsh, quien se define como "independiente de izquierda", lanzó en noviembre su precandidatura presidencial apoyada por el MST y otras agrupaciones.

"Hicimos un llamado a las otras fuerzas políticas, pues con muchos dirigentes tenemos buena relación, pero no veo muchas chances de que se concrete un frente, lamentablemente", apuntó.

Para Walsh, "los independientes de izquierda en Argentina son muchos más que los izquierdistas partidarios, que a veces no se sienten convocados". Hacia allí orientará sus esfuerzos proselitistas, explicó.

Tampoco Altamira cree en alianzas "con partidos que nos quieren extorsionar". Confía en un "frente con sectores populares, delegados sindicales" y precisó que no va "a repetir errores del pasado que desdibujan nuestra propuesta".

La estrategia del PO en el campo electoral es rechazar de plano tan sólo la posibilidad de dialogar.

A su vez, el PCA ha buscado en los últimos años un acercamiento a partidos de centroizquierda con resultados electorales magros, una estrategia que llevó a la ruptura de Izquierda Unida. Todo indica que este año insistirá en formar un frente, al menos en la ciudad de Buenos Aires, con algún grupo socialdemócrata, extremo calificado en los peores términos por los trotskistas.

Empero, la centroizquierda tiene mucho mayor espacio hoy que la izquierda ortodoxa y una larga tradición en Argentina, que algunos historiadores remontan hasta la aparición de Alfredo Palacios, el mítico líder del Partido Socialista que se convirtió en 1904 en el primer representante de esa corriente en ocupar un escaño en un parlamento de América.

Seis décadas más tarde, Palacios volvería al Congreso legislativo nacional como senador, también por el distrito de la capital argentina.

Expertos atribuyen la tradicional tendencia a la dispersión de la izquierda en Desde entonces, el voto socialista quedó reducido a profesionales universitarios y clase media intelectual, mientras los sectores medios y más sumergidos al igual que los trabajadores industriales mantuvieron hasta el presente una lealtad rara vez quebrantada hacia el peronismo.

Fidelidad que sobrevivió más allá incluso de los liderazgos de este movimiento heterogéneo, que han pasado de la derecha extrema, al centro o más a la centroizquierda del arco ideológico, como el que representa hoy el presidente Néstor Kirchner.

Ni siquiera hubo acercamientos decisivos entre las distintas corrientes de izquierda y el movimiento de Perón en los años 70, cuando éste, antes de iniciar su tercera presidencia, de 1973 hasta su muerte el 1 de julio de 1974, llegó a hablar de "socialismo nacional" como sinónimo de justicialismo.

Cierto es que ese intento frustrado de versión izquierdista del peronismo atrajo a cientos de miles de jóvenes, así como también hacia su brazo armado, la guerrilla de Montoneros .

Tras una división de décadas, precisamente a causa de la tolerancia o rechazo al peronismo, el añejo Partido Socialista se unificó en los años 90 y hoy exhibe porcentajes de voto significativos en la ciudad de Buenos Aires y, especialmente, en la oriental provincia de Santa Fe, donde su candidato, Hermes Binner, tiene buenas posibilidades de obtener la gobernación en octubre.

Otras expresiones de centroizquierda en los últimos años fueron escisiones de los grandes partidos Unión Cívica Radical (UCR, socialdemócrata) y el propio Justicialista.

La más significativa de ellas fue el Frente Grande, creado en la década pasada por el disidente peronista Carlos "Chacho" Álvarez, quien llegó a la vicepresidente de Argentina por la Alianza, conformada con la UCR en 1999, para renunciar al año
Lejos quedó el momento más exitoso de la izquierda argentina, cuando en las elecciones de octubre de 2001 rompió todas las barreras, hasta las propias, aprovechando que el gobierno de De la Rúa entraba en su crisis terminal.

Sin una opción de centroizquierda tentadora, en pleno auge de decepción y descarnado escepticismo políticos de los argentinos, los diferentes partidos y frentes de izquierda sumaron esa vez casi 1,5 millones de los 14 millones de votos de esos comicios.

Así la suma de siglas, aunque compitiendo por separado, AyL, IU, PH, PO, MAS, PSA, PTS, PSA alcanzó 28% de los votos para diputados en el distrito de la ciudad de Buenos Aires. Sólo lograran tres de los 13 legisladores en juego, pese que acumulados hubiera sido el sector más votado.

En 2005, una propuesta aún más dividida entre los partidos de izquierda llevó a que ningún representante llegara al Congreso en las elecciones de renovación parcial, que se realizan cada dos años.

Walsh cree que estos bruscos cambios de tendencia se deben, entre otras cosas, a que "parte del voto independiente de izquierda puede haber confiado en la expectativa que se abría con el gobierno de Kirchner, quien utiliza hipócritamente la cuestión de los derechos humanos, por lo cual esos votos deberían volver a nuestros candidatos".

Kirchner, tras asumir en mayo de 2003, se recostó a posiciones de centroizquierda e hizo de la defensa de los derechos humanos y el castigo de los crímenes de la dictadura una de sus principales banderas.

En concreto, más allá del Congreso nacional, los partidos de izquierda alcanzaron hasta ahora bloques menores en asambleas constituyentes y cuerpos legislativos locales, en especial en los distritos de la ciudad de Buenos Aires, la oriental provincia de Buenos Aires, la central Córdoba y las norteñas Salta y Santiago del Estero.
Pero no todo es oscuro en el panorama de la izquierda. La sombra electoral tiene su contra cara en los movimientos sociales, donde ha sabido unirse para ganar un espacio significativo en las cotidianas manifestaciones callejeras y bloqueos de ruta por reclamos diversos. También en ámbitos estudiantiles universitarios.

Lo llamativo es que las mismas agrupaciones, que logran juntos triunfos significativos en el ámbito estudiantil y ganan experiencias sindicales y encabezan tomados del brazo cabeceras de marchas y manifestaciones, no aceptan formar frentes políticos electorales bajo diversas y graves acusaciones cruzadas.






BIBLIOGRAFIA


• Santella, Agustín, El movimiento obrero argentino:1890-2007, AnRed digital Argentina, Buenos Aires, 12 de marzo de 2007.
• Rieznik, Pablo, El Partido Obrero y el Partido Socialista, ediciones Rumbos, 2002.
• Altamira, Jorge, El Argentinazo, ediciones Rumbos, 2003.
• Altamira, Jorge, El Partido Obrero y el Peronismo, ediciones De la Guarda,1991.
• Lacunza, Sebastian, Causa Popular, 12 de febrero de 2007.


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