LA DESTITUCIÓN DEL SANTO
En España, la elección de los santos patronos e decisión de responsabilidad, acompañada a veces de ceremonias a las que no les faltaba boato. Pero cuando las ciudades por patronizar no eran de importancia, como la lejana Buenos Aires, un puerto de contrabandistas enclavado en tierras inhóspitas y deshabitadas, bastaba con introducir los nombres de todos los santos en una bolsa de terciopelo negro para que fuera el azar quien decidiese.
Tres veces seguidas, inauditamente, salió el papelito de un santo sin mayor renombre, San Martín de Tours. Buenos Aires tuvo entonces su santo patrono. Nadie podía prever que lo que la negra bolsa de paño brilloso había anticipado era el nombre del general libertador de aquellas tierras australes.
Muchos años más tarde, el bloqueo francés al puerto de Buenos Aires enardecía los espíritus patrióticos. El pretexto de la potencia agresora era reclamar para sus súbditos el mismo trato preferencial que Rosas reconocía a los británicos, a quienes, por ejemplo, relevaba de la obligación de incorporarse a las filas de sus ejércitos. Además, en la Banda Oriental del general Rivera y de los exiliados unitarios se habían radicado tantos vasco-franceses que Francia consideraba a Montevideo casi como una colonia a proteger de Rosas y de Oribe. Por otra parte, la importancia de las potencias se medía entonces por la presencia militar más allá de sus fronteras, y los franceses habían estado demasiado ausentes, a diferencia de España o de Inglaterra, de tierras americanas.
El odio contra el invasor crecía en la población. Alguien recordó entonces que Tours era ciudad de Francia. No tardó mucho el Restaurador en dictar el decreto correspondiente, obediente al reclamo de la chusma:
"¡Viva la Santa Confederación Argentina, mueran los salvajes unitarios!
"Buenos Aires, 31 de julio de 1839, año 30 de la Libertad, 24 de la Independencia y 15 de la Confederación.
"El gobierno, considerando que esta ciudad fue puesta desde su fundación bajo la protección de un francés, San Martín, natural de Tours, quien no ha sabido hasta la fecha librar a esta ciudad de las fiebres periódicas, escarlatinas, ni de las secas y epidemias continuas que en diferentes épocas han arruinado nuestra campaña, nuestras cosechas y nuestros ganados, ni de las extraordinarias crecientes de nuestro río que destruyen casi anualmente una cantidad de obras y monumentos de la ciudad que se encuentran sobre la costa.
"En fin, que la viruela acaba de desaparecer a causa del descubrimiento de la vacuna, sin que el patrono por su parte haya jamás hecho el menor esfuerzo para librarnos de esa terrible calamidad.
"Que para combatir las invasiones de los indios en la frontera, para sostener las guerras civiles y extranjeras que nos han sobrevenido, hemos tenido que recurrir en el primer caso a la Santa Virgen de Luján, en el segundo a la Virgen del Rosario y la Merced y también a Santa Clara Virgen, con cuyo único consuelo hemos podido triunfar, mientras que nuestro patrono, el francés, permanecía indiferente en el cielo sin ayudarnos en lo más mínimo como era su deber.
"En vista de los motivos expuestos venimos en decretar y decretamos:
"Artículo 1°) El francés unitario San Martín de Tours, que ha sido hasta hoy el patrón de esta ciudad, habiendo
perdido la confianza del pueblo y del gobierno, abandonado por sus compatriotas, aliado del traidor Rivera y demás salvajes unitarios, es destituido para siempre del empleo de patrón de Buenos Aires".
Los demás artículos eran de forma.
69. Sáenz, Jimena, `El pa toria N° 31, Buenos Aires.
En España, la elección de los santos patronos e decisión de responsabilidad, acompañada a veces de ceremonias a las que no les faltaba boato. Pero cuando las ciudades por patronizar no eran de importancia, como la lejana Buenos Aires, un puerto de contrabandistas enclavado en tierras inhóspitas y deshabitadas, bastaba con introducir los nombres de todos los santos en una bolsa de terciopelo negro para que fuera el azar quien decidiese.
Tres veces seguidas, inauditamente, salió el papelito de un santo sin mayor renombre, San Martín de Tours. Buenos Aires tuvo entonces su santo patrono. Nadie podía prever que lo que la negra bolsa de paño brilloso había anticipado era el nombre del general libertador de aquellas tierras australes.
Muchos años más tarde, el bloqueo francés al puerto de Buenos Aires enardecía los espíritus patrióticos. El pretexto de la potencia agresora era reclamar para sus súbditos el mismo trato preferencial que Rosas reconocía a los británicos, a quienes, por ejemplo, relevaba de la obligación de incorporarse a las filas de sus ejércitos. Además, en la Banda Oriental del general Rivera y de los exiliados unitarios se habían radicado tantos vasco-franceses que Francia consideraba a Montevideo casi como una colonia a proteger de Rosas y de Oribe. Por otra parte, la importancia de las potencias se medía entonces por la presencia militar más allá de sus fronteras, y los franceses habían estado demasiado ausentes, a diferencia de España o de Inglaterra, de tierras americanas.
El odio contra el invasor crecía en la población. Alguien recordó entonces que Tours era ciudad de Francia. No tardó mucho el Restaurador en dictar el decreto correspondiente, obediente al reclamo de la chusma:
"¡Viva la Santa Confederación Argentina, mueran los salvajes unitarios!
"Buenos Aires, 31 de julio de 1839, año 30 de la Libertad, 24 de la Independencia y 15 de la Confederación.
"El gobierno, considerando que esta ciudad fue puesta desde su fundación bajo la protección de un francés, San Martín, natural de Tours, quien no ha sabido hasta la fecha librar a esta ciudad de las fiebres periódicas, escarlatinas, ni de las secas y epidemias continuas que en diferentes épocas han arruinado nuestra campaña, nuestras cosechas y nuestros ganados, ni de las extraordinarias crecientes de nuestro río que destruyen casi anualmente una cantidad de obras y monumentos de la ciudad que se encuentran sobre la costa.
"En fin, que la viruela acaba de desaparecer a causa del descubrimiento de la vacuna, sin que el patrono por su parte haya jamás hecho el menor esfuerzo para librarnos de esa terrible calamidad.
"Que para combatir las invasiones de los indios en la frontera, para sostener las guerras civiles y extranjeras que nos han sobrevenido, hemos tenido que recurrir en el primer caso a la Santa Virgen de Luján, en el segundo a la Virgen del Rosario y la Merced y también a Santa Clara Virgen, con cuyo único consuelo hemos podido triunfar, mientras que nuestro patrono, el francés, permanecía indiferente en el cielo sin ayudarnos en lo más mínimo como era su deber.
"En vista de los motivos expuestos venimos en decretar y decretamos:
"Artículo 1°) El francés unitario San Martín de Tours, que ha sido hasta hoy el patrón de esta ciudad, habiendo
perdido la confianza del pueblo y del gobierno, abandonado por sus compatriotas, aliado del traidor Rivera y demás salvajes unitarios, es destituido para siempre del empleo de patrón de Buenos Aires".
Los demás artículos eran de forma.
69. Sáenz, Jimena, `El pa toria N° 31, Buenos Aires.