El paco sale de la villa y ya desembarca en la clase media - Diferentes estudios comienzan a cuestionar la imagen del consumidor de esa sustancia solo como un marginal. Y aseguran que hay consumidores en sectores bajos y medios. Es un fenómeno incipiente. Varón, joven, pobre, marginal, violento. Un verdadero zombi, poco más que un muerto en vida, alguien que descendió a lo peor de lo peor y esta absolutamente fuera de control. Un peligro. Es el perfil del consumidor del temido "paco", la imagen del "paquero" que circula desde que esta sustancia cuasi demoníaca desembarco entre los argentinos, allá por el 2002. Sin embargo, diversos estudios y algunos expertos empiezan a cuestionar estas asociaciones: complejizan los imaginarios que giran en torno al paco y aseguran que ya desbordo los márgenes de los sectores vulnerables para hacer pie entre personas de clase media, done el consumo adquiere otros significados y tiene otras consecuencias. La Asociación Civil Intercambios fue la primera en advertir que el matrimonio "paco/pobreza" tenía excepciones y matices y que la forma en que el problema del paco se instalo en la opinión publica no solo servia para asustar y construir un otro amenazante sino, también para opacar su visibilidad en los sectores medios. No decimos que el paco no golpee fuerte en la clase baja, sino que hay consumidores en otros segmentos sociales y la que imagen fantasmal y marginal del paquero que conocemos no se ajusta a todos los que fuman paco, dice Alejando Corda, docente, investigador de la UBA e integrante de la ONG. En un estudio que realizamos en 2006 advertimos que el problema del paco aparecía asociado exclusivamente con personas pobres por la manera en que los medios y algunas fuentes oficiales construyen el tema y que esa miradas no siempre se ajustan a la realidad. En las entrevistas encontramos que personas de clase media también referían haber usado paco, algo que no figura en ningún registro. Es importante revisar ciertos discursos porque estas imágenes terminan siendo usadas para alimentar el tono de alarma y ocultar otras realidades, dice Corda. El estudio de intercambios demostró que el paco no es solo una droga de los pobres y también que su expansión esta asociada a la proliferación de laboratorios de cocaína en el conurbano bonaerense: no bastan la crisis del 2001 ni la miseria para explicar su acelerada proliferación. Argentina se convirtió en un país productor y exportador de drogas y la comercialización de pasta base y otros residuos del proceso de producción de la cocaína es solo uno de los múltiples efectos de esa nueva realidad. Una flamante investigación sobre paco del Observatorio Argentino de Drogas de Sedronar también encontró usuarios de esta droga en sectores medios bajos, confirmando que esta sustancia no es solo un veneno para jóvenes en situación de extrema exclusión. La socióloga Cecilia Arizaga, al frente del estudio, aclara que sus resultados no pueden sostener por si mismos la idea del desembarco del paco en otros estratos porque la investigación fue cualitativa y la muestra analizada no representa a la población general. Solo podemos afirmar que encontramos consumidores de sectores medios bajos en algunos centros de tratamiento: esto habla de la presencia de esta droga en más segmentos de los que circulan en el imaginario social. Al referirse a la inserción del paco en sectores medios, su investigación designa a esta droga como aquella que dentro de un espiral de sustancias, acerca los consumidores de este segmento social a experiencias por fuera de lo que constituía su mundo de vida, sus hábitos de clase. Arizaga destaca la convivencia en tensión que la persona establece entre su mundo de clase media, en el que mantiene condiciones de existencia propias de su clase - como tener una familia mas o menos constituida y un trabajo mas o menos estable - y sus giras de consumo, en las que se acerca a experiencias de marginalidad que le resultan ajenas. Pensar el consumo de paco en sectores medios supone (según expertos) asumirlo menos destructivo de lo que los imaginarios proponen y no porque esta sustancia no sea nociva o fuertemente adictiva, sino porque las consecuencias de su uso varían según la persona, su contexto (las redes sociales que lo contienen) y la modalidad de uso. Los jóvenes de clase media que fuman paco lo hacen en condiciones diferente a las de sus pares pobres: seleccionan a quien compran en función de la calidad, piden por delivery, tienen otros cuidados posteriores al consumo y son menos vulnerables. Demonizar una sustancia no sirve. Ninguna droga en si mismo explica todo ni convierte a nadie en diabólico. En nuestra investigación surge que en determinados contextos el paco causa mas daño que en otros: no es lo mismo un cuerpo sano y fuerte que uno con carencias; ni es igual tener redes de contención ni acceso a ciertos recursos que no tenerlos; ni todas las personas consumen pacos de igual calidad: la verdad es que nadie tiene muy claro que se mete adentro cuando lo fuma, dice Corda. Respecto al riesgo del paco, el estudio de SEDRONAR también recogió entre los expertos, que lo que determina el daño y las posibilidades de recuperación son las condiciones de existencia, las redes de inclusión y los recursos simbólicos con los que cuenta el usuario, más allá de la composición de cada sustancia. cifras: - 85000 personas consumieron paco en el último año, según el tercer estudio nacional sobre consumo de sustancias Sedronar. - 200% creció el consumo de paco en estudiantes secundarios entre 2005 y 2006, según datos de Sedronar. La edad de inicio: 14 años - 400% aumento el número de pacientes en tratamiento por paco en los últimos tres años, según datos de Fonga, que reúne a 47 centros. Perfil de un paquero La investigación que acaba de concluir el observatorio de Sedronar alumbra en detalle el sombrío mundo del paco. Una de sus principales conclusiones es que el paquero es el consumidor de drogas más estigmatizado, no solo a nivel social sino entre los mismos usuarios de drogas. Es la sustancia que menos tolerancia social tiene, afirma. - A partir del anclaje del paco como droga de los pobres y de esta mirada del otro estigmatizada y asociada a lo marginal, el paquero aparece como lo peor de lo peor, como el depositario de todos los males. El usuario de pasta base, en sus diversas formas, es visto como quien se codea con la marginalidad mas absoluta. - El paco es percibido como resaca o residuo del proceso de producción de la cocaína: la idea es que ahí se junta o mete de todo, algo que supone bajísima calidad y un daño mayor por la adicción que esa mezcla genera y por los efectos en el organismo. - Patrones de consumo: emergen las giras como situaciones sostenidas por horas o días, en las que el espacio público cumple una función destacada: asoma un espacio urbano que se fragmenta en zonas nobles y zonas de consumo y riesgo, determinadas por la accesibilidad. (Corda agrega que también el delivery es una vía de acceso frecuente al paco en sectores medios). - El consumo se inicia a edades tempranas. Suele coincidir con el inicio de la adolescencia y el inicio del secundario. La escuela aparece como lugar de consumo significativo en los menores. - El miedo a la desafiliación a partir de la ruptura de las redes familiares y de amistades es una constante en la trayectoria del consumo. El riesgo asoma de la mano de diversas situaciones: la que mas amenaza los lazos que sostienen al individuo es el desvalijamiento (robar la propia casa para conseguir plata para la droga), que expone a la desvinculación familiar. Robar a desconocidos suele tener mayor tolerancia en el grupo de pertenencia. También suele dejar al adicto afuera del entorno familiar la recaída en las drogas (implica un sentimiento de culpa, de haberles fallado) y la decisión de la madre de echarlo de casa para resguardar a hermanos menores ante el imaginario de riesgo de contagio. Organismos e instituciones a las que podes consultar o donde buscar ayuda: • SEDRONAR: 0800-222-1133. • Secretaría de Adicciones de la provincia de Buenos Aires: 0800-222-5462 (24 hs.) • Servicios de Salud Mental y Toxicología del Hospital Fernández: (011) 4808-2600/2601/ 4809-0808. • Casa Puerto: (011) 4633-3469. • Servicio Ayuda en Drogas y Alcohol del gobierno de la Ciudad (SADA): (011) 4861-5586 (lunes a viernes de 8 a 20 hs.) • Línea Emergencia Social 108 (24 hs.) • Línea SALUD del Gobierno de la Ciudad 0-800-333-7258 (24 hs.) • Federación de Organizaciones no Gubernamentales de la Argentina para la Prevención y el Tratamiento del Abuso de Drogas (FONGA): (011) 4815-6191. • Fundación Manantiales: (011) 4382-8500. • Fundación Aylén: (011) 4791-4691. • Narcóticos Anónimos de la Argentina: (011) 4345-7445 (24 hs) Fuente: Diario Clarin 10/12/2007 http://weblogs.clarin.com/plaza-publica/archives/2007/08/paco_madres_contra_el_miedo.html
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