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Machi

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El paco llega a la clase media...
InfoporAnónimoFecha desconocida

El paco sale de la villa y ya desembarca en la clase media - Diferentes estudios comienzan a cuestionar la imagen del consumidor de esa sustancia solo como un marginal. Y aseguran que hay consumidores en sectores bajos y medios. Es un fenómeno incipiente. Varón, joven, pobre, marginal, violento. Un verdadero zombi, poco más que un muerto en vida, alguien que descendió a lo peor de lo peor y esta absolutamente fuera de control. Un peligro. Es el perfil del consumidor del temido "paco", la imagen del "paquero" que circula desde que esta sustancia cuasi demoníaca desembarco entre los argentinos, allá por el 2002. Sin embargo, diversos estudios y algunos expertos empiezan a cuestionar estas asociaciones: complejizan los imaginarios que giran en torno al paco y aseguran que ya desbordo los márgenes de los sectores vulnerables para hacer pie entre personas de clase media, done el consumo adquiere otros significados y tiene otras consecuencias. La Asociación Civil Intercambios fue la primera en advertir que el matrimonio "paco/pobreza" tenía excepciones y matices y que la forma en que el problema del paco se instalo en la opinión publica no solo servia para asustar y construir un otro amenazante sino, también para opacar su visibilidad en los sectores medios. No decimos que el paco no golpee fuerte en la clase baja, sino que hay consumidores en otros segmentos sociales y la que imagen fantasmal y marginal del paquero que conocemos no se ajusta a todos los que fuman paco, dice Alejando Corda, docente, investigador de la UBA e integrante de la ONG. En un estudio que realizamos en 2006 advertimos que el problema del paco aparecía asociado exclusivamente con personas pobres por la manera en que los medios y algunas fuentes oficiales construyen el tema y que esa miradas no siempre se ajustan a la realidad. En las entrevistas encontramos que personas de clase media también referían haber usado paco, algo que no figura en ningún registro. Es importante revisar ciertos discursos porque estas imágenes terminan siendo usadas para alimentar el tono de alarma y ocultar otras realidades, dice Corda. El estudio de intercambios demostró que el paco no es solo una droga de los pobres y también que su expansión esta asociada a la proliferación de laboratorios de cocaína en el conurbano bonaerense: no bastan la crisis del 2001 ni la miseria para explicar su acelerada proliferación. Argentina se convirtió en un país productor y exportador de drogas y la comercialización de pasta base y otros residuos del proceso de producción de la cocaína es solo uno de los múltiples efectos de esa nueva realidad. Una flamante investigación sobre paco del Observatorio Argentino de Drogas de Sedronar también encontró usuarios de esta droga en sectores medios bajos, confirmando que esta sustancia no es solo un veneno para jóvenes en situación de extrema exclusión. La socióloga Cecilia Arizaga, al frente del estudio, aclara que sus resultados no pueden sostener por si mismos la idea del desembarco del paco en otros estratos porque la investigación fue cualitativa y la muestra analizada no representa a la población general. Solo podemos afirmar que encontramos consumidores de sectores medios bajos en algunos centros de tratamiento: esto habla de la presencia de esta droga en más segmentos de los que circulan en el imaginario social. Al referirse a la inserción del paco en sectores medios, su investigación designa a esta droga como aquella que dentro de un espiral de sustancias, acerca los consumidores de este segmento social a experiencias por fuera de lo que constituía su mundo de vida, sus hábitos de clase. Arizaga destaca la convivencia en tensión que la persona establece entre su mundo de clase media, en el que mantiene condiciones de existencia propias de su clase - como tener una familia mas o menos constituida y un trabajo mas o menos estable - y sus giras de consumo, en las que se acerca a experiencias de marginalidad que le resultan ajenas. Pensar el consumo de paco en sectores medios supone (según expertos) asumirlo menos destructivo de lo que los imaginarios proponen y no porque esta sustancia no sea nociva o fuertemente adictiva, sino porque las consecuencias de su uso varían según la persona, su contexto (las redes sociales que lo contienen) y la modalidad de uso. Los jóvenes de clase media que fuman paco lo hacen en condiciones diferente a las de sus pares pobres: seleccionan a quien compran en función de la calidad, piden por delivery, tienen otros cuidados posteriores al consumo y son menos vulnerables. Demonizar una sustancia no sirve. Ninguna droga en si mismo explica todo ni convierte a nadie en diabólico. En nuestra investigación surge que en determinados contextos el paco causa mas daño que en otros: no es lo mismo un cuerpo sano y fuerte que uno con carencias; ni es igual tener redes de contención ni acceso a ciertos recursos que no tenerlos; ni todas las personas consumen pacos de igual calidad: la verdad es que nadie tiene muy claro que se mete adentro cuando lo fuma, dice Corda. Respecto al riesgo del paco, el estudio de SEDRONAR también recogió entre los expertos, que lo que determina el daño y las posibilidades de recuperación son las condiciones de existencia, las redes de inclusión y los recursos simbólicos con los que cuenta el usuario, más allá de la composición de cada sustancia. cifras: - 85000 personas consumieron paco en el último año, según el tercer estudio nacional sobre consumo de sustancias Sedronar. - 200% creció el consumo de paco en estudiantes secundarios entre 2005 y 2006, según datos de Sedronar. La edad de inicio: 14 años - 400% aumento el número de pacientes en tratamiento por paco en los últimos tres años, según datos de Fonga, que reúne a 47 centros. Perfil de un paquero La investigación que acaba de concluir el observatorio de Sedronar alumbra en detalle el sombrío mundo del paco. Una de sus principales conclusiones es que el paquero es el consumidor de drogas más estigmatizado, no solo a nivel social sino entre los mismos usuarios de drogas. Es la sustancia que menos tolerancia social tiene, afirma. - A partir del anclaje del paco como droga de los pobres y de esta mirada del otro estigmatizada y asociada a lo marginal, el paquero aparece como lo peor de lo peor, como el depositario de todos los males. El usuario de pasta base, en sus diversas formas, es visto como quien se codea con la marginalidad mas absoluta. - El paco es percibido como resaca o residuo del proceso de producción de la cocaína: la idea es que ahí se junta o mete de todo, algo que supone bajísima calidad y un daño mayor por la adicción que esa mezcla genera y por los efectos en el organismo. - Patrones de consumo: emergen las giras como situaciones sostenidas por horas o días, en las que el espacio público cumple una función destacada: asoma un espacio urbano que se fragmenta en zonas nobles y zonas de consumo y riesgo, determinadas por la accesibilidad. (Corda agrega que también el delivery es una vía de acceso frecuente al paco en sectores medios). - El consumo se inicia a edades tempranas. Suele coincidir con el inicio de la adolescencia y el inicio del secundario. La escuela aparece como lugar de consumo significativo en los menores. - El miedo a la desafiliación a partir de la ruptura de las redes familiares y de amistades es una constante en la trayectoria del consumo. El riesgo asoma de la mano de diversas situaciones: la que mas amenaza los lazos que sostienen al individuo es el desvalijamiento (robar la propia casa para conseguir plata para la droga), que expone a la desvinculación familiar. Robar a desconocidos suele tener mayor tolerancia en el grupo de pertenencia. También suele dejar al adicto afuera del entorno familiar la recaída en las drogas (implica un sentimiento de culpa, de haberles fallado) y la decisión de la madre de echarlo de casa para resguardar a hermanos menores ante el imaginario de riesgo de contagio. Organismos e instituciones a las que podes consultar o donde buscar ayuda: • SEDRONAR: 0800-222-1133. • Secretaría de Adicciones de la provincia de Buenos Aires: 0800-222-5462 (24 hs.) • Servicios de Salud Mental y Toxicología del Hospital Fernández: (011) 4808-2600/2601/ 4809-0808. • Casa Puerto: (011) 4633-3469. • Servicio Ayuda en Drogas y Alcohol del gobierno de la Ciudad (SADA): (011) 4861-5586 (lunes a viernes de 8 a 20 hs.) • Línea Emergencia Social 108 (24 hs.) • Línea SALUD del Gobierno de la Ciudad 0-800-333-7258 (24 hs.) • Federación de Organizaciones no Gubernamentales de la Argentina para la Prevención y el Tratamiento del Abuso de Drogas (FONGA): (011) 4815-6191. • Fundación Manantiales: (011) 4382-8500. • Fundación Aylén: (011) 4791-4691. • Narcóticos Anónimos de la Argentina: (011) 4345-7445 (24 hs) Fuente: Diario Clarin 10/12/2007 http://weblogs.clarin.com/plaza-publica/archives/2007/08/paco_madres_contra_el_miedo.html

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Infarto...cuando el corazon avisa...!!
InfoporAnónimoFecha desconocida

¿Cómo identificar los síntomas? El infarto, también conocido como ataque cardíaco, es una de las manifestaciones más usuales y riesgosas de las enfermedades coronarias y cardiopatía, que se produce a causa de un proceso prolongado en el que las placas de grasa obstruyen las arterias y reducen el flujo sanguíneo que llega al corazón. El bloqueo se produce por el depósito de lípidos (grasas), sobre todo de colesterol, debajo del tejido que reviste el interior de las arterias (endotelio). La reducción del flujo sanguíneo provoca la formación de coágulos o trombosis coronarias que pueden causar el bloqueo definitivo y con ello la muerte de la zona del músculo cardíaco que era nutrido por ese vaso. La dimensión del daño depende de el tiempo que transcurre en el momento que el corazón deja de recibir oxigeno. Por esta razón recomendamos tomarle importancia a los siguientes síntomas: -Sensación de pesadez, incomodidad, opresión al centro del corazón en un lapso menor de tres minutos. -Dolor desde el pecho hasta los hombros, el cuello, brazos y espalda. -Sensación de mareos, desmayos y desvanecimiento. -Palpitaciones, respiración entrecortada y falta de aire. Ante la aparición de estos síntomas acuda inmediatamente al médico. Digamos que son las 6:15 pm,estás conduciendo de vuelta a casa solo después de un difícil día de trabajo,estás realmente cansado y frustrado…estas bastante estresado y molesto.. Repentinamente experimentas un fuerte dolor en tu pecho, que se difunde hacia tu brazo y hacia arriba en tu mandíbula. Estás a 8 km del hospital más cercano a tu casa. Desafortunadamente no sabes si lograrás llegar a esa distancia. - Que debo hacer? Como sobrevivir a un ataque al corazon cuando te encuentras solo? Mucha gente se encuentra sola cuando sufre un ataque al corazon, sin ayuda. La persona nota que su corazon late incorrectamente y que comienza a sentir desmayo, tiene solo 10 segundos antes de perder la conciencia Que hacer? Respuesta: No tenga panico, comience a toser repetida y vigorosamente. Se debe hacer una inspiracion profunda antes de cada tosida. El toser debe ser profundo y prolongado, como cuando se produce flema, desde muy profundo en el pecho Inspiracion y tos deben repetirse cada dos segundos sin parar, hasta que se consiga ayuda o hasta que el corazon este latiendo normalmente de nuevo Las respiraciones profundas llevan oxigeno a los pulmones y los movimientos al toser comprimen el corazon y mantienen la sangre circulando. La presion sobre el corazon tambien lo ayuda a recuperar su ritmo normal. De esta manera, las victimas de un ataque al corazon pueden llegar al hospital - Cicatriz infarto del Miocardio - Articulo publicado en el Nº 240 del Jounan of General Hospital Rochester.

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El Gauchito Gil...Mito,Leyenda o Santo...
InfoporAnónimo8/29/2007

La pregunta no respondida es si es un mito, una leyenda o un santo, pero lo único realmente cierto es que forma parte de la cultura popular. El Gauchito Gil forma parte del "santoral profano" o sea que no es un santo reconocido por la iglesia, pero si es reconocido por gran parte de la población que los días 8 de febrero se acercan a su tumba (cerca de 100.000 personas) para rendirle homenaje. No existe una única versión de cómo vivía, pero se sabe nació en la zona de MERCEDES, CORRIENTES entre los años 1830 y 1870 y dicese que su nombre verdadero seria ANTONIO MAMERTO GIL NÚÑEZ o ANTONIO GIL. En esos años en la provincia de Corrientes había un enfrentamiento político entre los colorados y los celestes Dicese que el gaucho pertenecía a los colorados (POR ESO SE VEN LAS BANDERAS ROJAS EN SU SANTUARIO),y que era una persona buena y siempre dispuesta a ayudar y que fue un HÉROE EN LA GUERRA CON EL PARAGUAY. Hasta aquí es lo que se sabe de su historia en forma oral. Cerca del l850 se enfrentaron celestes y colorados en las batallas de "Ifran" y "Cañada del tabaco" y es por eso que el coronel celeste JUAN DE LA CRUZ SALAZAR cito a todos los hombres posibles para librar esas batallas, haciendo lo mismo con EL GAUCHITO GIL. Fue entonces que el GAUCHITO dijera que no había que pelear entre hermanos, y no se presento a la convocatoria de SALAZAR. Cabe acotar que en esa época la deserción se pagaba siendo degollado o fusilado. De esa manera el GAUCHITO fue considerado como un DESERTOR. Es aquí donde se desdobla la historia; una dice que al tiempo se presenta arrepentido a pelear en otra batalla y es enviado a GOYA para ser juzgado. Otra historia dice que al ser despojado de todos sus bienes por la milicia se oculta con un grupo de bandoleros a quienes comandaba compartiendo con los pobres la plata robada. Pero al final CON LA DETENCIÓN DEL GAUCHITO COMIENZA LA VERDADERA LEYENDA. El coronel VELÁSQUEZ manda avisar a SALAZAR de la detención de GIL y al preguntar los motivos Salazar dice que es por ser un DESERTOR. VELÁSQUEZ, que conoce a GIL como un buen hombre le expresa a Salazar esta circunstancia y este ultimo para complacer a Velásquez le dice que con la firma de 20 "notables" de la zona pediría clemencia para Gil al gobernador . Ya en GOYA-CORRIENTES el gaucho fue colgado de los pies para ser degollado, y fue en ese momento que el gaucho dijo al sargento que lo mataría "NO ME MATES QUE LA ORDEN DE MI PERDÓN ESTA EN CAMINO" A lo que el sargento contesto "IGUAL NO TE VAS A SALVAR", y el gaucho replico "NO SI YO SE QUE LO MISMO ME VAS A DEGOLLAR, PERO TE DIGO MAS, CUANDO LLEGUES A MERCEDES JUNTO CON LA ORDEN DE MI PERDÓN TE VAN A DAR LA NOTICIA DE QUE TU HIJO SE ESTA MURIENDO DE MALA ENFERMEDAD, Y COMO VOS VAS A DERRAMAR SANGRE DE UN INOCENTE, INVÓCAME PARA QUE YO INTERCEDA ANTE DIOS Y CURE A TU HIJO. A la vuelta el SARGENTO del cual se desconoce el nombre, comprueba que lo dicho por GIL era verdad, es así que invoco al gauchito y al otro día se produjo el milagro y su hijo sano. DICESE QUE AL PASAR POR ALGÚN SANTUARIO DEL GAUCHITO GIL HAY QUE SALUDARLO CON LA BOCINA DEL AUTO PORQUE SINO ESE VIAJERO NO LLEGA A DESTINO O SUFRE GRANDES DEMORAS Un poco de Historia Nuestras regiones, a lo largo y a lo ancho del país (como se suele decir), cuentan costumbres, ritos, leyendas, mitos e historias que nutren la vida cotidiana de su gente, y dan sentido a infinidad de acciones, motivaciones y esperanzas. Protegen y explican sucesos, fortalecen y marcan, por que no decirlo así, la identidad de los pueblos. En este hacer se reivindica la creencia de poderes y gracias especiales que como un don poseen algunas personas que a su vez darán protección a otras. En esta creencia tienen lugar los cultos y celebraciones profesados a vírgenes y santos de la Iglesia Católica y veneraciones locales transmitidas de generación en generación, algunas de origen precolombino. En la zona del litoral, por ejemplo, se narran en toda ocasión leyendas y santificaciones populares que pueden verse plasmadas en las festividades, en el santoral de los pueblos, en su geografía… En Corrientes son casi exclusivamente de raíz guaranítica o guaraní y el pueblo practica en relación con ellas una devoción tal que ha abierto sus fronteras a comunidades del más variado origen y lugar. Estas leyendas no son vividas como tal sino como hechos y experiencias que ocurrieron alguna vez a un ser como ellos, a un compañero que hoy es un compañero de alma. Son autóctonas y desentrañan el sentir de la gente del lugar, uniendo el ayer y el hoy en una fe capaz de sembrar en cualquier terreno. Es así que hoy, ritos y celebraciones que eran patrimonio cultural de una zona pequeña y desconocida para muchos, son de la madre tierra y de todos los que en ella viven. Se observan muestras de ello a miles y miles de kilómetros. Esto pasa tanto con los santos populares correntinos, como con los de la puna o de la patagonia por mencionar sólo algunos. Y hablan a viva voz de la idiosincrasia creyente y abnegada de la gente que habita nuestros territorios. Estas creencias van de la mano de la naturaleza y del hacer del hombre en ella y es profundamente costumbrista motivo por el cual es fácil reconocer en cada una de estas prácticas al pueblo que le dio origen. Uno de estos santos populares es Gauchito Gil. Tan solo su nombre despierta la fe de su gente y de quien descubre en él a un amigo, un hermano, un salvador, un intermediario para las buenas causas ante Dios, un santo!! Hace ya mucho tiempo que escucho hablar de él pero nunca me había acercado hasta ahora. Desde que eso pasó, al sentirme acompañada por él, intento ver con otro cristal algunas cosas, las que me pasan, las que suceden a mi alrededor, aquellas por las que lucho, aquellas por las que sueño, aquellas que temo perder, ….y la fe a renacido en mí de su mano. En agradecimiento por eso y por mucho más comienzo esta tarea de contar y hacer llegar a quien necesite de su noticia De la tarea de contador de historias, lo más emocionante es el espíritu que surge para acercarte a una nueva vivencia, a su fuerza, a otra gente que como vos intenta andar por los caminos de la vida.Santo Popular Antonio Mamerto Gil Núñez, Gauchito Gil simplemente es hoy uno de los santos populares más difundidos entre la gente, de boca en boca, de milagro en milagro podría decirse. Por todos lados, en Corrientes, Entre Ríos, en la Provincia de Buenos Aires, bien al sur, a la vera de los caminos, en las casas de sus promeseros y creyentes hay una insignia, un altar, una señal de la fe que nace y con el Gauchito se queda. En el Departamento Mercedes, en la Provincia de Corrientes, a pocos kilómetros de la planta urbana de la ciudad, está su santuario. Allí permanentemente va su gente a rezarle, a pedirle y a agradecerle. Cada 8 de enero se conmemora su muerte y se agradece su bendición y milagro. Con alegría, como él quería, se celebra su ayuda y se pide protección. En esos días y todos los días, entre cañas tacuara que elevan al viento sus banderas de color rojo y algunas blancas y celestes también, se escuchan bailes de chamamé, rezos, y los más diversos agradecimientos. Testigo de ello son objetos como vestidos de novia, títulos, papeles como testimonio de lo logrado, placas que cuentan los sucesos y contagian la fe a otros que vienen a pedir por algo que necesitan o los desespera, recuerdos y promeseros que cantan su santidad. Todos reciben consuelo, esperanza y fortalecen con algarabía la fe que en él han depositado. Montones de chicos, los también llamados gurises, y familias, acompañan al Gauchito con su trabajo diario y te proporcionan lo que buscás. Por ello, cuando de llevarte un recuerdo se trate encontrarás variados testimonios y si en cambio quieres regalarle algo a tu santo también hallarás allí lo que deseas; sabrosa comida típica para preparar la partida o reforzar el arribo, lugar para dormir si la noche te alcanza allí o si prefieres llegar en la noche o días antes para esperar el momento de su día en el calor del verano correntino, completas instalaciones aportan comodidad para tu estancia. Todo está preparado porque son muchos los que llegan y llegarán, y su gente es hospitalaria, no lo olvidarás. Un poco de historia de la que narran sus coterráneos. El cielo abierto, estrellado, es quien corona la noche de festejos del día 8 de enero. El sol del día reúne a todos en la fe, devotos y curiosos. El mismo cielo que lo acompañó cuando vivía y el sol que brilló sobre su piel cuando hacía lo que estaba a su alcance para ayudar a sus hermanos. Un día como hoy, un 12 de agosto Encarnación Núñez dio a luz a un niño que llamó Antonio Mamerto Gil Núñez. Su padre era José Gil de la Cuadra. Corría el año 1847 según se cuenta pero pudo ser antes o un poquito después. De su niñez poco se sabe, su protagonismo comenzó a cobrar importancia siendo ya mozo. Eran tiempos difíciles, el escenario parece ser el mismo que vivían y peleaban el Chacho Peñaloza y Facundo Quiroga entre otros. A estos hombres los hermanaba la oposición a luchar en rencillas internas y el afán por la justicia, anhelada pero tardíamente conseguida. En el caso de Antonio Gil, la situación política de la región lo expuso a un rol que no aceptó y que le fue exigida por el Coronel Juan de la Cruz Zalazar, ex guerrero contra el Paraguay, que representaba en esta oportunidad a los celestes. En lucha con los colorados, la misión era enfrentar a sus hermanos, por lo que una vida de persecución quedo planteada cuando eligió “alzarse” o mejor dicho irse del lugar para no cometer tal error. No se sabe con seguridad la fecha histórica de sus vivencias. Lo que si se sabe es el día de su muerte y el período de lucha que atravesaba a la Corrientes de la época: liberales y autonomistas (celestes y colorados respectivamente) se enfrentaban a diario y obligaban a su gente, a sus gauchos, a sumarse a la partida. Esos gauchos eran correntinos, gauchos criollos y campesinos, vecinos y cuando no amigos o parientes, convocados a matarse entre sí por la causa política que sus jefes defendían y que muchas veces ellos, a gusto o disgusto acompañaron. Las guerras no eran nada nuevo, ya habían sufrido el cruento enfrentamiento con el Paraguay y esto parecía no terminar en las últimas décadas del siglo XIX. Gil ya había guerreado contra el Paraguay y conocía de esas muertes y de luchas. Dicen que por esa época, el Coronel Zalazar, llegó a Los Palmares, lugar donde eligió acampar con su gente de campaña. Allí Antonio Gil, reclutado anteriormente, decidió dejar del campamento y se internó en el monte. Sus detractores lo acusaron luego por delitos contra la propiedad y lo nombraron “desertor” por cuestión de rebeldía; otros en cambio lo defendieron y lo nombraron como un luchador por la causa de los más necesitados. Su gente lo recuerda como un hombre de bien y viejos pobladores aseguran que tenía el “don” de curar, una mirada capaz de hipnotizar y un coraje envidiable. Antonio Gil permaneció en los montes, rodeando los destacamentos para no ser encontrado se acercaba a los pueblos y ayudado por sus amigos sobrevivía. Según algunos dicen, se apareció después de más de un año. En ese lapso de tiempo el mismo grupo de gauchos y soldados que él había abandonado en Los palmares había estado licenciado porque hubo un acuerdo entre liberales y autonomistas, y fue luego convocado nuevamente para una batalla. Los hechos se confunden en este punto: algunos recuerdan que lo sorprendieron en el monte, otros dicen que se presentó ante el mismo Coronel Zalazar de entonces, cuando éste llamó a sus hombres, momento en el que se le preguntó por sus motivos para desertar. En lo que todos coinciden es en la explicación de Gil. Ñandeyara, dios guaraní, le había dicho mientras el dormía que no había razones para pelear ni agravio que vengar, tras lo cual decidió tomar sus cosas (y no otras) y salir al monte caminando, acompañado de dos compañeros que al escuchar lo que él decía del mensaje divino decidieron seguirlo. Sin embargo, parece que su explicación no fue suficiente, fue mandado a Mercedes y desde allí debía ser trasladado a Goya para ser juzgado en Tribunales de la jurisdicción. Se entregó mansamente y maniatado emprendió el viaje con cuatro soldados. Conocía su destino. Los vecinos al ir enterándose se preocuparon, era sabido que la mayoría de los presos no llegaban a Goya, eran muertos antes, en el camino. Episodios que generalmente se justificaban como intento de fuga y un avenido tiroteo terminaba con la caída y muerte del preso. Entre los que se enteraron de los hechos, estaba Velázquez, un coronel veterano guaraní que conocía a Gil, a quien consideraba noble y honesto, y de quien decía que era conocido como hombre bueno, justo y conjurado cuando las circunstancias lo requerían. Pensando en estos hechos, se presentó ante Zalazar para pedir por él. Zalazar pidió entonces que si sus palabras eran ciertas le hiciera llegar 20 firmas de personas conocidas del pago de Mercedes y el daba su palabra de dejarlo en libertad junto con el perdón. Dicho esto Velázquez juntó las firmas y Zalazar cumplió con su palabra. Pero la nota remitida a la ciudad de Mercedes llegó tarde. Gil y los soldados ya habían salido para Goya. Y al llegar al cruce de las picadas, a unos 8 km., un poco más de una legua, al norte de Mercedes, los tres soldados, un sargento y el prisionero Antonio Gil hicieron un alto en el camino, para descansar los caballos o para cumplir otros fines; la historia parece confirmar que fue lo segundo: ningún prisionero llegaba a destino en esa época. Apelando a la bondad de estos sargentos y soldados les pidió que no lo maten, que la orden de su perdón esta en camino. No lo escucharon y el agregó: Vos me estas por degollar, pero te digo algo más: cuando llegues esta noche a Mercedes, junto con la orden de mi perdón, te van a informar que tu hijo se está muriendo de mala enfermedad y, como vas a derramar sangre inocente, invocarme para que interceda ante Dios Nuestro Señor, por la vida de tu hijo; porque sabido es que la sangre del inocente suele servir para hacer milagros…” Cuentan que el sargento no creyó en sus palabras, en cambio creía que Gil estaba asustado y delirando del miedo o diciendo cualquier cosa para salvarse. Después de esto lo mataron. Sobre su muerte se cuentan muchas cosas más. Algunos dicen que tal vez lo ataron a un árbol y le dispararon pero las balas no le entraron en el cuerpo tal como dice otra creencia popular que afirma que quien lleva un amuleto de San la Muerte no le entran balas en el cuerpo. Antonio Gil precisamente llevaba para su protección un amuleto de este “santito”, como él le decía. También se dice que lo colgaron de los pies y con el mismo cuchillo de Antonio Gil, el sargento cortó su yugular. Otros dicen que llegado al lugar, el sargento ordenó que los soldados lo colgaran y allí lo degolló. Lo cierto es que murió brutal e injustamente siendo además inocente. Después de este momento sus matadores regresaron a Mercedes y se enteraron de la verdad de las palabras de Gil. El sargento recordó sus palabras y solicitó permiso para visitar a su familia; al llegar a su propia casa recibió la noticia de la gravedad de su hijo, con fiebre altísima y sin salvación. De rodillas le pidió al Gauchito que intercediera ante Dios para salvar la vida de su niño y le suplicó perdón por sus actos. A la madrugada el milagro había sido concedido y el sargento lleno de alegría construyó con sus propias manos una cruz con ramas de ñandubay y se dirigió caminando hasta el lugar donde había matado al Gauchito. Desde ese momento y hasta hoy se hace un alto en el camino para pedir y dar gracias a Dios, por su intermedio. Los peregrinos y promeseros desde entonces son cada vez más numerosos. Son multiplicados por miles las personas que se cercan a visitar al santo, a tocar su Cruz de Madera, prenderle una vela colorada o plantar una tacuara con una bandera colorada con los nombres de las personas a las que se le pide que proteja o para dar testimonio del milagro realizado por el Gauchito. También se suele estampar en una placa el agradecimiento que perdurará por siempre en el recuerdo de los tiempos. En ese mismo lugar sus milagros empezaron a sucederse y la gente que ya creía en él como en un una buena persona, sensible, afanoso por lograr la justicia en sus actos e inspirarla en los ajenos, amante de la libertad y de la vida, orgulloso de su estirpe y su tierra, de su gauchaje, aquel del que era parte, dolida por su asesinato lo acompañó y vio con asombro y devoción que su gracia estaba con ellos. Los pedidos se acumularon y las bendiciones y milagros comenzaron a llegar. Que aquí, que allá, un nuevo promesero nacía, su fe se extendió y ya no sólo Mercedes es su cuna. Cada lugar donde se lo recuerda, se le agradece, se le pide, es su casa. Su nombre y sus colores acercan, la fe hermana en un culto sin fronteras. De la santificación popular A partir del mismo día en que el sargento llevó la cruz hasta el lugar de la muerte del Gauchito, fue el comienzo de lo que comúnmente se llama “Santificación Popular”, santificación que obra por voluntad del pueblo. Por ello hasta no recibir oficialmente la canonización y posterior santificación a cargo de los representantes del la Iglesia Católica, a estas almas que interceden ante el Altísimo por todos los promeseros, se las incluye en los que se denomina Santoral Profano o Apócrifo. Así sucede con la Difunta Correa, San La Muerte, Lázaro Blanco y miles de hombres y mujeres milagrosos que fueron elegidos por la gente como sus cuidadores. El Santoral Pagano de Corrientes tiene además a Olegario Alvarez conocido con el apodo de “El Gaucho Lega”; Francisco López cuya veneración es conocida como la “Cruz de Francisco López”, San Antonio María, Aparicio Altamirano, Pedro Perlaitá y otros. La Iglesia Católica cuenta varios requisitos para pensar en una santificación, como por ejemplo que el culto perdure más de 100 años, el afecto y la demostración de la adoración del pueblo, sus milagros, etc. Los milagros del Gauchito Gil han sido y siguen siendo demostrados, los promeseros son cada día más, crecen los agradecimientos y se renuevan los pedidos. La santificación del Gauchito Antonio Gil o como se lo llama en lengua guaraní “Curuzú Gil” es un hecho. El pueblo lo nombró su intercesor y sabe que encontró a un fiel compañero y benefactor, un santo popular. Florencio Godoy Cruz, un poeta, escribió “A la muerte de Antonio Gil” No asomarán a sus ojos el fuego de los luceros ni el payé de su mirada su enemigo detuvieron. Le dio su propio cuchillo al fin su fiel compañero Y hubo un silencio profundo en el monte espinillero. Yo te perdono, chamigo, y en señal de compañero cuando llegues a tu casa el hijo no estará muerto. Callaron pájaro y viento en el monte espinillero. Colgado está de los pies degollado el pai ubrero. Y está la cruz que trajera quien dio el tajo al prisionero cuando halló al hijo ya muerto, resucitado en Enero. Cómo encontrar su lugar de peregrinación En su lugar de peregrinación, donde se lo recuerda, reza e implora al Gauchito se encuentra además de su mausoleo, un oratorio donde se puede leer una copia de un chamamé que lleva la poesía de una poeta correntina y música del chamamecero Roberto Galarza. La obra se titula “Injusta Condena” y dice: En esa cruz del camino mojón de vida y de muerte siempre estuvo un espinillo custodio fiel de tu muerte. El viento acunó banderas enastadas en tacuaras y en esas rojas lumbreras tu pueblo reza ante el ara. (Estribillo) Te ofreciste al Redentor para aliviar sufrimiento y ver tu pueblo contento en un milagro de amor. Antonio Gil te llamabas gaucho noble de alma buena tu vida se vio tronchada por una injusta condena. En este chamamé que ha llevado por el mundo la buena nueva de este milagroso ser, se nos cuenta un poco cómo era el lugar que seguramente lo vio pasar tantas veces y un día lo acunó al morir. Su lugar está cercano a un cruce de caminos ( hoy las rutas Nro. 123 y Nro. 119), en el campo, a 8 kilómetros de la ciudad de Mercedes, antiguamente llamada zona del Pay-Ubre, donde había y hay espinillos, algarrobos, ñandubay, árboles y arbustos de la región. Uno de ellos fue el elegido para cometer la matanza y en lo que quedó de él se recuerda ese triste momento. Rodeado por su monumento, lugares de agradecimiento construidos por sus promeseros como un escenario donde se baila en su honor, el oratorio, y otras instalaciones está el espíritu del Gauchito, conocido en los Esteros del Iberá desde el mismo momento de su muerte como milagrero y milagroso. La cañas tacuaras que alzan la bandera que lo identifica dan colorido al paisaje agreste y cálido correntino. Son llevadas por sus promeseros como señal y testigo de sus milagros y se aprecian desde lejos. De otros milagros Desde el momento en que se compartió la existencia del milagro del hijo del sargento que le había dado muerte, el lugar se transformó en un incesante ir y venir de promeseros que lo visitan. Cuentan que era tal la cantidad de promeseros que iban y le prendían una vela que el dueño de la estancia, por miedo a que se incendiara el campo hizo trámites para llevar su cuerpo al cementerio local. Este hombre tenia un buen pasar, linda familia, buena salud pero desde el momento en que pide que el oratorio encuentre nuevo lugar su bienestar empezó a decaer. El estanciero enfermo y se cree que uno o dos de sus hijos murieron tempranamente, la hacienda se apestaba, los campos se secaban mientras los campos vecinos florecían con el verde divino de los esteros del Iberá. Los médicos nada lograron hacer por lo que consultó a una mujer para que lo “curara”, quien le dijo que el único remedio que tenia para su mejoría era traer nuevamente el Oratorio de Antonio Gil que había mandado sacar de sus tierras. Tras escuchar estas palabras el estanciero ordenó inmediatamente construir un mausoleo junto a una cruz que mandó tallar. Ese túmulo o mausoleo es el que actualmente se conserva debajo de un tinglado (techo de chapa de acero) que lo preserva de las inclemencias del tiempo. Los restos mortales de Antonio Gil quedaron en el cementerio local y la veneración volvió a realizarse en el lugar de su muerte, lugar que el dueño del campo cedió generosamente para que se puedan construir comodidades que alberguen a tantos peregrinos que frecuentan el lugar. También alejó el alambrado hacia adentro del campo para que el fuego de las velas no pudiera dañar los pastos y árboles. A partir de ese momento el estanciero se mejoró, la salud de los integrantes de su familia no tuvo mayores sobresaltos, la hacienda se curó y el campo recuperó su verdor. En agradecimiento, el estanciero plantó una tacuara con una bandera colorada, divisa que identificaba a Antonio Gil. (Algunos cuentan que la bandera que puso el estanciero era de color celeste y que la curandera que lo aconsejó puso junto a ella una de color rojo, color de preferencia del Gauchito.) Las tacuaras y banderas se multiplicaron igual que los pañuelos y las cintas del mismo color.El mausoleo es de piedras del lugar y esta recubierto de mensajes, placas, cuadros, fotos, que se hermanan en el agradecimiento. Distintas lenguas, historias, culturas, son testimonio de la gran fe que despierta su espíritu. Cómo pedirle al Gauchito Antonio Gil La manera de pedirle favores al santo es de lo más variada. Están los que le prenden una vela colorada y le hacen el pedido. Otra manera es escribir en una cinta de raso colorada el pedido y colocarla por la noche en un cruce de caminos, apoyada en la rama de un árbol, de un alambrado o en un palo clavado en la tierra (si es una caña tacuara es mejor, caso contrario una caña común o un palo de madera). Se enciende una vela colorada, se toma una cinta colorada y se la hace pasar, todo el largo de la cinta, de un extremo a otro entre los dedos, a modo de rosario, allí en ese momento se le hace una oración al Gauchito, se le pide que interceda ante Dios por nosotros, y al finalizar se rezan un Padre Nuestro, un Ave María y un Credo. Luego toman la cinta y la llevan a un cruce de caminos, cerca de un árbol, si las condiciones lo permiten, se enciente una vela colorada. Hay personas que le encienden una vela colorada en un cruce de caminos y le hacen el pedido allí. Otra forma de hacer un pedido es realizando una novena comenzando un día lunes. Oración al Gauchito Antonio Gil OH! Gauchito Gil Te pido humildemente Se cumpla por intermedio Ante Dios, el milagro que te pido: Y te prometo que cumpliré Mi promesa y ante Dios Te haré ver, Y te brindaré mi fiel agradecimiento Y demostración de Fe En Dios y en vos Gauchito Gil Amén Fuentes: http://www.raicesargentinas.com.ar/Notas/notas/gauchitogil.htm http://www.antonio-gil.com.ar/test/

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El otro Maradona
El otro Maradona
OfftopicporAnónimoFecha desconocida

El Doctor Esteban Laureano Maradona: Retrato al lápiz del Dr. Maradona, obra del artista Ernesto Demagistris. Expuesto en la galería iconográfica de la Escuela nº 591 de Maggiolo, Pcia. de Santa Fe. A los grandes hombres, a aquellos que pasaron por la tierra para bien de sus semejantes, la posteridad les tributa el homenaje del recuerdo como testimonio de admiración y de gratitud, por las virtudes ejemplares que los adornaron y por los rumbos que perennemente siguen señalando a las sucesivas generaciones. La escuela es el taller donde se forja la sociedad del mañana y, en consecuencia, le corresponde honrarlos, exaltarlos y nutrirse de sus enseñanzas. Ellos son la savia que la vitaliza, son numen inspirador de sus sueños esperanzados, son parte esencial de su razón de ser, porque configuran los paradigmas superiores que deben ofrecerse a los alumnos, a fin de su formación en los años escolares primero, y para que más tarde, infundidos de sus ideales y virtudes, sean capaces de afrontar con fortaleza y honradez las contingencias de la vida adulta, imitando sus nobles pautas de conducta. El doctor Esteban Laureano Maradona es uno de los modelos ejemplares más perfectos que con ese propósito pueden destacarse, y si tenemos en cuenta su proximidad en el tiempo, uno de los más apropiados para estos momentos. En efecto, corren vientos polvorientos sobre el suelo de la patria, vientos que oscurecen y vician el ambiente, vientos de desaprensión y de afanes puramente materiales, que extravían a muchos compatriotas y les hacen perder la más deseable posibilidad que brinda el destino: la realización de una vida que se justifique por su dignidad, por sus virtudes, por su valor trascendente. La pureza de la vida de Maradona y su obra filantrópica demuestran que aún hoy puede disponerse de espacio y de ocasión para cultivar las más altas virtudes individuales y colectivas y constituirse en un prócer de la patria o en un benefactor de la sociedad. Consecuentemente con estas convicciones y con el afán educativo que se ha expresado, la Dirección y el Personal Docente de la Escuela Nº 591 han querido rendir a ese médico y filántropo - hijo y orgullo de nuestra tierra - un sentido homenaje, en cumplimiento de un acto de la más estricta justicia, y con el designio de brindar al alma y la inteligencia de nuestros niños un luminoso modelo de vida. Como corresponde a la naturaleza del tema y al carácter del propósito, la Escuela se ocupó, además, por obtener sobre Maradona y su obra una versión que fuera incuestionablemente fidedigna. Ese deseo, afortunadamente, se ha visto concretado de una manera que colmó las más ambiciosas aspiraciones, pues el trabajo que se obtuvo, y que ofrecemos a continuación, fue escrito por el amigo al que Maradona confió una honrosa custodia póstuma: "a usted, que conoce mi vida mejor que nadie, le encargo que si después que yo muera se habla de mí, cuide que siempre se diga la verdad. Si se afirmara alguna inexactitud, aunque esa inexactitud me favorezca, desmiéntala". Verdaderas frases de oro, que patentizan la honestidad cabal de Maradona, y que a la vez, obligan al amigo a cumplir una insoslayable responsabilidad. El trabajo del comandante Bassanese - fiel trasunto del cariño y la emoción que inspiraba Maradona - reúne, entonces, todos los requisitos para ser reconocido y aceptado como serio y exacto. Tiene, además, -vale recalcarlo- la importancia capital del testimonio directo, madurado a través de una relación estrecha y prolongada, pues se conocieron en la selva formoseña cuando el autor era alférez de la Gendarmería Nacional con destino en la zona, y desde entonces mantuvieron una amistad entrañable. Es el más íntimo amigo que tuvo Esteban Maradona en los últimos 35 años de su vida, y en virtud de esa condición, representando a los amigos del doctor Maradona, habló en su sepelio. El presente relato contiene algunos pasajes de su libro inédito "El Médico de la Selva", que a nuestro pedido, él mismo adaptó para el uso escolar, deferencia que sinceramente agradecemos. En el mes de enero se ha cumplido un nuevo aniversario del fallecimiento del doctor Esteban Laureano Maradona, médico, naturalista, escritor y filántropo, que por su vida singularmente virtuosa, por sus contribuciones científicas y por las obras que realizó en favor de sus semejantes, se hizo acreedor a honores de organismos nacionales e internacionales y de encumbradas corporaciones académicas, y a un sitial prócer en el respeto y la estimación de la totalidad del pueblo. Vidas ejemplares como la suya exornan e iluminan las páginas de la historia, y marcan derroteros de conducta, especialmente para los jóvenes de las generaciones futuras. Justo y conveniente será, entonces, que en tal aniversario, aunque sea a grandes rasgos, recordemos hechos correspondientes a ella. Maradona nació en Esperanza (Santa Fe) el 4 de julio de 1895. Descendía, por parte de su padre, de una familia gallega que llegó al país procedente de Chile en la época colonial, en los días inmediatos a cuando Juan Jufré fundó la ciudad de San Juan. En esta ciudad se radicó la familia Maradona, que a través de los años, durante la dominación española primero, dio funcionarios de relevancia, y figuras de talla histórica luego, en los albores de nuestra nacionalidad. Un Maradona fue Alférez Real bajo los Borbones y apenas producida la Revolución de Mayo diputado por San Juan a la Junta Grande de 1810/1811. Sobre esta familia (originariamente Fernández de Maradona) hay referencias en varios libros de historia lugareña, entre ellos, "Recuerdos de Provincia" de Sarmiento. En la segunda mitad del siglo XIX, uno de sus miembros, Waldino Maradona, siendo jovencito emigró de su terruño, hizo alto en Rosario y en seguida comenzó a ejercer la docencia particular por los campos de los entonces incipientes pueblos del sur de Santa Fe. Un día fue llamado para enseñar las primeras letras en la estancia "Los Aromos" cerca de Barrancas, perteneciente a Esteban Villalba, un criollo santiagueño y a Agustina Sosa, bonaerense, de los pagos de Azul. Allí conoció a una hija de éstos, Petrona de la Encarnación Villalba, que era también apenas una jovencita, y con ella contrajo enlace en 1875. Waldino y Petrona de la Encarnación fueron los progenitores de una familia numerosa, y uno de sus hijos fue Esteban Laureano. Éste nació en Esperanza porque su padre - hombre múltiple, como muchos de los de aquellos años -, además de maestro fue coronel de guardias nacionales, periodista, productor rural y, sobre todo, político. Esta última actividad lo llevó a cambiar varias veces de domicilio, conforme las necesidades y conveniencias de su militancia y de su Partido. Fue amigo de Sarmiento -que visitaba su casa- y de Nicasio Oroño, entre otros. Esteban Laureano, de muy niño fue llevado a la estancia "Los Aromos", junto a sus hermanos, y allí, con ellos y sus padres, en contacto íntimo con la naturaleza, pasó los mejores días de su vida. Siendo ya muy anciano, todavía los recordaba con romántica nostalgia: la música del piano que ejecutaban sus hermanas mayores, la hermosura y la fragancia de las flores, el canto contagiosamente alegre de los pájaros y la mansedumbre del río Coronda, que pasaba junto a la casa como una cinta interminable. Sin embargo, antes de entrar en la adolescencia, se vio obligado a dejar su paraíso, pues la familia se trasladó a vivir a Buenos Aires. En ella se recibió de médico dos décadas después, en 1928. Se instaló unos meses en la Capital Federal y luego en Resistencia, capital del entonces Territorio Nacional del Chaco. Estaba allí en 1930, cuando una revolución depuso al presidente Hipólito Yrigoyen. Él nunca había sido yrigoyenista -por el contrario, cuando estaba cursando la carrera de medicina, fue candidato a diputado nacional por el "Partido Unitario", de vida efímera-, pero interpretó que era su deber como ciudadano defender la democracia y el gobierno constitucional; y lo hizo por medio de ardientes conferencias pronunciadas en las plazas públicas. Debido a ello fue perseguido y molestado. Entonces emigró al Paraguay, y ofreció sus servicios para desempeñarse como médico en la "Guerra del Chaco" -sostenida entre Bolivia y Paraguay, y que acababa de estallar-. Se lo incorporó en la Armada y estuvo contento de que se le confiaran enfermos y heridos de los dos países, pues según sus palabras, "el dolor no tiene fronteras". Terminada la guerra, volvió a la Argentina, a pesar de que el gobierno paraguayo le pidió que se quedara, pues era muy apreciado y había cumplido abnegadamente con su misión. Empezó siendo aceptado como un simple camillero y tres años después era Director del Hospital Naval. Había proyectado las etapas de su viaje: regresaría a su país en barco, hasta Formosa, y allí tomaría el tren que pasaba por Salta, Jujuy y Tucumán; en esta ciudad visitaría a un hermano, que era intendente; después llegaría a Buenos Aires, donde vivía su madre. Empezó a realizarlo. Un grupo numeroso de amistades, en testimonio de afecto, concurrió al puerto de Asunción cuando se embarcó. Hubo lágrimas, signo seguro de emociones profundas. A la tardecita arribó a Formosa. Allí permaneció unos días, hasta que resolvió continuar el trayecto. Era el 2 de noviembre de 1935. La cristiandad conmemoraba el día de sus Fieles Difuntos. Maradona vio que unas mujeres subían al tren con ramilletes de flores artificiales, como se usaban en la zona, por imposición de un sol abrasador: seguramente iban a visitar el pequeño camposanto de alguno de los pueblecitos de la línea. El tren partió de Formosa al despuntar la aurora, rumbo a Embarcación, donde se hacía el trasbordo, y en seguida se internó en el monte. Pocas horas después comenzó a notarse que el día iba a ser de intenso calor. A la media tarde, a través de abras y arboledas, Maradona seguía su viaje según lo previsto, sin demoras ni sorpresas. Todo aparentaba, todavía, continuar su rutina. Casa que habitó el Dr. Maradona en Estanislao del Campo, declarada por tal motivo monumento histórico. Dibujo realizado por la Sra. Mabel Motta. Pero al llegar a la pequeña localidad de Estanislao del Campo, ocurrió un episodio muy difundido en nuestro tiempo por la prensa, y que lo retendría por muchos años. Una joven parturienta estaba desde hacía tres días sin poder alumbrar y muy próxima a la muerte. Al saberse que en el tren viajaba un médico, se le requirió para que la atendiera, y él logró salvar a la madre y a la niña. Pero el tren siguió su camino. El próximo pasaba a los tres o cuatro días. En ese intervalo, la gente del lugar y de los campos vecinos acudió a hacerse asistir, y todos le pidieron insistentemente que se quedara, ya que no había ningún médico en muchas leguas a la redonda. Convencido de que lo necesitaban, decidió quedarse a vivir en ese paraje que aspiraba a ser pueblo y permaneció allí 51 años. Curó a todos los que llegaron hasta él, sin importarle ningún tipo de retribución. Fue, preferentemente, el médico de los pobres y de los aborígenes. En los dos años que pasó en Resistencia había tenido ocasión de tomar contacto con algunos aborígenes, que poblaban un barrio marginal de esa ciudad. Pero el interés que éstos podían suscitar era relativo, pues su primigenio modo de vida ya había empezado a experimentar modificaciones, como consecuencia de los cambios impuestos por los pueblos que los invadieron con éxito y se adueñaron de sus dominios. Ahora, en Estanislao del Campo, iba a tener oportunidad de conocerlos en su ambiente histórico y en su estado natural, exentos de pautas culturales extrañas. Justamente, a poco de vivir allí, vio aparecer a los aborígenes de las cercanías. Llegaban de cuando en cuando a los comercios y viviendas de los límites del poblado, ofreciendo canjear plumas de avestruces, arcos, flechas y otras artesanías por alguna ropa o alimento que necesitaban. Eran tribus de tobas y de pilagás. Habían sido soberanos en esos montes; pero ahora deambulaban por ellos como espectros en fuga: derrotados, miserables, desnutridos, enfermos y heridos de muerte por las invasiones extranjeras, que los castigaron sin razón ni piedad. Se conmovió hasta los más profundo de su ser cuando advirtió la desventura que flagelaba el espíritu y el cuerpo de esos semejantes, y entendió que era su obligación moral aportar algún esfuerzo que contribuyera a beneficiarlos. En cumplimiento de esa demanda que sintió avasallante, sin hesitación alguna pero con absoluta serenidad, resolvió en el momento intervenir como protagonista. Fue al encuentro de los nativos y habló amablemente con algunos de ellos. No lo aceptaron enseguida; le tuvieron recelo, porque a través del tiempo otros blancos se les habían acercado, pero para engañarlos, explotarlos y maltratarlos. Él, insistiendo en su propósito, se ofreció para asistirlos como médico. Unos pocos, aunque con tibieza, accedieron,, y con ello le dieron pie para que concurriera a las tolderías. Tuvo al principio muchas dificultades con los curanderos de las tribus, a quienes su ciencia desplazaba, y corrió, por esa causa, hasta riesgos físicos. Pero su bondad, su amor y su desinterés, se impusieron al fin. Y logró entablar amistad con algunos caciques, que aceptaron su colaboración y facilitaron su tarea. Debe resaltarse que fue entonces cuando este hombre demostró toda la riqueza espiritual que lo animaba, ya que su empeñosa y abnegada labor por mejorar la suerte y condición de esos grupos de aborígenes, constituye uno de los hitos más importantes en el historial de su obra filantrópica. En efecto, no se circunscribió solamente a la asistencia sanitaria; conviviendo con ellos, se interiorizó de las múltiples necesidades que padecían y trató de ayudarlos también en todos los aspectos que pudo: económicos, culturales, humanos y sociales. En ese cometido, realizó gestiones ante el Gobierno del Territorio Nacional de Formosa y obtuvo que se les adjudicara una fracción de tierras fiscales. Allí, reuniendo a cerca de cuatrocientos naturales, fundó con éstos una Colonia Aborigen, a la que bautizó "Juan Bautista Alberdi", en homenaje al autor de "Las Bases . . .", colonia que fue oficializada en 1948. Les enseñó algunas faenas agrícolas, especialmente a cultivar el algodón, a cocer ladrillos y a construir sencillos edificios. A la vez, los atendía sanitariamente, todo, por supuesto, de manera gratuita y benéfica, hasta el extremo de invertir su propio dinero para comprarles arados y semillas. Cuando edificaron la Escuela, enseñó como maestro durante tres años, hasta que llegó un docente nombrado por el gobierno. Además de esas tareas filantrópicas, Maradona, que era un apasionado de las ciencias naturales, realizaba investigaciones sobre la gea, la flora y la fauna del lugar y anotaba sus observaciones, sus impresiones y sus ideas. Escribió muchos libros, en su mayor parte todavía inéditos. Entre ellos podemos mencionar "A través de la selva", "Recuerdos campesinos", "Historia de la ganadería argentina", "Plantas cauchígenas", "Una planta providencial", (el yacón), "Vocabulario Toba pilagá", "La ciudad muerta" (historia de los primeros días de la ciudad de Concepción del Bermejo", "Páginas sueltas" (recopilación periodística), "Historia de los Obreros de las Ciencias Naturales (de Botánica y Zoología Americanas)", "Dendrología", y varios más. En 1981 un jurado compuesto por representantes de organismos oficiales, de entidades médicas y de laboratorios medicinales, lo distinguió con el premio al "Médico Rural Iberoamericano". El mérito que conlleva el galardón lo hizo trascender al ámbito del conocimiento público. Había trabajado muchos años en silencio, sin ninguna pretensión ni ansia de nombradía, cumpliendo con lo que consideraba sólo obligación hipocrática y humana, y repentinamente se encontró con que su nombre había echado a andar por varios países, vinculado a una vida que parecía pertenecer a un pasado lejano y que adquiría en la mentalidad de los pueblos contornos legendarios. Y así era. A principios de junio de 1986 - cuando ya desbordaba los 91 años - se enfermó. Entonces un sobrino que reside en Rosario, el doctor José Ignacio Maradona y su esposa Amelia, lo hicieron traer para que lo asistiesen y se quedara a vivir con su familia. Cuando lo conducían pidió que no lo llevaran a un nosocomio privado; quería que lo internaran en un hospital público, "adonde va la gente pobre". Accediendo a sus deseos se lo internó en el Hospital Provincial. Los medios de difusión, publicaron el regreso del filántropo, enfermo, envejecido y pobre, pero aureolado de gloria. La noticia conmovió los corazones de muchos de sus comprovincianos, que concurrieron al Hospital para conocerlo y saludarlo. Ya de alta, fue llevado a la casa de su sobrino. Mientras vivió en ésta, recibió muchos homenajes más: "Miembro de la Sociedad de Médicos Escritores", con sede en París; "Premio Florián Paucke", de la Provincia de Santa Fe; "Premio Estrella de Medicina para la Paz", de las Naciones Unidas; "Doctor Honoris Causa", de la Universidad de Rosario. También fue propuesto, por el gobierno de la provincia de Santa Fe, para el "Premio Nobel de la Paz". Pasó sus últimos tiempos atendido y rodeado por sus deudos. El sobrino tenía diez hijos, en su mayoría niños y jovencitas, que constantemente le exteriorizaban su cariño. De una lucidez asombrosa, que conservó hasta su muerte, estudiaba, con las de más edad, cuestiones de Medicina y de Historia. En el día anterior al de su deceso habían estudiado temas sobre el Virreinato del Río de la Plata. Murió de vejez, sin sufrimientos físicos ni morales -en la santa paz de los buenos y justos- poco después de despuntar la mañana del 14 de enero de 1995; le faltaban apenas unos meses para cumplir los cien años. Fue sepultado en el panteón de la familia "Maradona Villalba", en el cementerio de la ciudad de Santa Fe, junto a sus padres. Maradona era de físico pequeño, limitado por una talla de un metro con cincuenta y tres centímetros y una constitución delgada. Pero dentro de esa moderación, las proporciones hacían evidente acto de presencia y con ellas, una sencilla y graciosa elegancia. Además, conjuntábanse otras dotes que imprimían a la generalidad de su persona un aspecto interesante y agradable. Así, al cutis blanco lo recubrían unas facciones tan armoniosas y regulares que de ellas no merece destacarse ningún detalle en especial, como no sea violentando las leyes de la verdad y la justicia. Su frente era apenas inclinada, sus ojos pardos y más bien chicos, su nariz recta, delgada y mediana, su boca y orejas también medianas, estas últimas contiguas a un cráneo cuya nuca se prolongaba con la discreción de la justa medida. Todo ese conjunto, que visto de frente era ligeramente oval, estaba coronado por una cabellera lacia que fue de color castaño oscuro hasta que entró en la madurez, pero que paulatinamente se fue decolorando, para llegar a ser completamente blanca a poco de cruzar la línea del medio siglo. Sin embargo, se le mantuvo abundante, hasta que comenzó a ralearse un tanto en la senectud, acaso para estar a todo con la enjutez de ese rostro de asceta. Pero es en la esfera moral donde resplandecían con toda magnitud las más estimables cualidades de Esteban Maradona, aquéllas que más lo singularizaban y ennoblecían; y a ellas debemos referirnos. Su mente -propia para altas preocupaciones, tanto científicas como humanísticas- era absolutamente libre, su carácter dulce y jovial, su espíritu fino y bondadoso, su humildad extrema, y su altruismo sublime. La política -que a tantos tienta y absorbe- no logró seducirlo. Cuando joven, se acercó a ella, con la fe y el entusiasmo de esos años de la vida. Pero la experiencia que vivió no fue halagüeña ni promisoria. Sea por esto, o porque no sintió en lo profundo el fuego del apasionamiento, se distanció en seguida. Y como desencantado memorioso, o voluntario desentendido, prefirió luego, para siempre, mantenerse fuera del alcance de los cánticos de esa sirena. En sus últimos años -tanto había visto-, solía opinar que la política, por más ambiciosos que fueran los programas, era incapaz de solucionar la totalidad de los problemas sociales. En consecuencia, comenzó a descreer, también, de los hombres políticos en general. No obstante -y quizá por eso mismo-, recordaba con respeto y admiración a algunas figuras prominentes de nuestro pasado nacional: San Martín, Belgrano, Rivadavia, Sarmiento eran sus próceres predilectos. Como médico, nunca se afanó tras los cargos públicos, ni vivió de ellos, y atendió a todos sus enfermos con afectuosa dedicación y generoso desinterés. Varias veces le ofrecieron puestos; nunca prestó conformidad. Cuando ya era anciano, el gobierno quiso destinarle una pensión vitalicia; tampoco aceptó. Su norma inquebrantable de conducta rezaba "todo para los demás, nada para mí". Le era ingénita e imperiosa la necesidad de prodigarse en el bien. Por eso contribuyó con su ayuda cada vez que vio una estrechez o imaginó una conveniencia para sus semejantes. El Premio al Médico Rural se adjudicaba acompañado de importante suma de dinero. Rechazó a ésta de plano, y en el mismo acto de la entrega, logró que con ese fondo, se instituyeran becas para estudiantes que aspiraran a ser médicos rurales. Cuando vivió en Asunción tuvo una novia, la única de su vida. Se llamaba Aurora Ebaly y era una típica muchacha de pueblo, que descendía de irlandeses radicados en el Chaco-í (*), frente a Asunción, río Paraguay de por medio. Maradona vio en la humildad de Aurora su cualidad sobresaliente, y por tener en altísima estimación a esta virtud en la escala de sus valores espirituales se enamoró de esa joven nacida en el Paraguay. Pero ella falleció víctima de fiebre tifoidea, enfermedad común en épocas de guerra. Su muerte lo sumió en un dolor profundo, al que logró superar con fortaleza y resignación, en un digno silencio y en total soledad. Pero después de ese trance, y a pesar del transcurso del tiempo, no se preocupó de buscar otro amor: nunca se casó ni volvió a noviar. (*) En guaraní, la letra -" í "- latina y acentuada, empleada como sufijo y precedida de un guión, es diminutiva del sustantivo al que califica; "Chaco-í" significa, entonces, Pequeño Chaco, Chaquito o Chaquillo. Era, en esos años, zona de chacritas y obrajes, con alguna población aborigen y un pequeño puerto. El padre de Aurora, a la vera del río tenía un molino en el que se molturaban huesos de animales. El polvo resultante, compactado en panes, era luego enviado a Inglaterra, donde se lo utilizaba para la fabricación de porcelanas. En Estanislao del Campo vivía solo en una modesta casita que adquirió en 1939 en quinientos pesos. Tenía una sola habitación (que hacía de alcoba, gabinete de estudio y consultorio), una galería y una pequeña cocina, todo de pared y piso de ladrillo y techo de zinc. Al retrete y al aljibe, que estaban en el patio, los compartía con una familia vecina. No había tampoco luz eléctrica. Vale la pena destacar todo esto, porque agiganta la dimensión espiritual del hombre. Era hijo de una estanciera, médico de profesión, y podría haber vivido como mimado de la suerte en medio de las comodidades de una gran ciudad; sin embargo, prefirió las privaciones de una zona agreste para el mejor servicio en favor del prójimo. Pudo morir millonario, pero vivió donando sus bienes y provechos para mitigar dolores y necesidades de los demás. Fue un verdadero e inagotable fontanar de virtudes, y su vida todo un ejemplo de altruismo, abnegación y filantropía. Hoy, en Formosa, en Rosario y en la ciudad natal hay escuelas y calles que llevan su nombre, y su busto, vaciado en el bronce con que se recuerda a los prohombres de intrínseco y auténtico valer -superiores a las motivaciones e intereses de la política- hermosea la Plazoleta de la Paz en la ciudad de Santa Fe. Además, su humilde vivienda fue declarada monumento histórico por el gobierno de Formosa. Ojalá estos reconocimientos tengan la virtud de despertar vocaciones tan beneméritas como la suya. Se cumplirían sus anhelos, y sería para beneficio y enaltecimiento de la especie humana. Panteón donde descansan los restos del Doctor Maradona en la ciudad de Santa Fe, declarado de interés municipal. ..Vuelvo con las manos vacías, todo lo he dado. Luz de las estrellas para alumbrar el camino. Mi corazón humilde se lo ofrecí al destino. Regreso pobre de amor, de ensueños y de esperanzas. Una carga de lágrimas sólo he traido, un dolor puro y santo como un niño dormido. Dr. Esteban L. Maradona EN LA INHUMACIÓN DEL DOCTOR MARADONA. Maradona fue velado en el Palacio de la Municipalidad de Rosario, ciudad que lo había nombrado "ciudadano ilustre" y en la mañana del día siguiente trasladado a Santa Fe. Su inhumación tuvo lugar el día 15 de enero de 1995 en la necrópolis de ésta. Como expresión del duelo y de la adhesión oficial, concurrieron al acto el gobernador de la Provincia y el intendente de Santa Fe. Sin embargo, al igual que la vida del prohombre, la ceremonia fue sencilla y humilde. Previa una misa de cuerpo presente celebrada en la capilla, y ya frente al panteón, alguien que lo admiraba recitó una poesía alusiva a la Muerte y seguidamente habló su amigo Abel Bassanese, después de lo cual se depositó el cadáver en el panteón de la familia. Extraída de una grabación magnetofónica, enviada por el señor Erasmo Trangoni, de LT9 Radio Santa Fe, a la Escuela Nº 591, trascribimos a continuación la oración fúnebre, que en representación de los amigos del doctor Maradona, pronunció Abel Bassanese Señoras, Señores: No tengo representación de institución alguna, ni pública ni privada, para hablar en este acto. Pero lo hago por dos razones: primero, porque entiendo que en las exequias de los grandes hombres cualquier ciudadano honesto puede hacer uso de la palabra, para expresar sus ideas y sentimientos sobre el difunto y su vida. Y segundo, porque si bien no tengo ninguna representación institucional, sí poseo una que las resume a todas . . .: Hablo en nombre de los más antiguos amigos del doctor Maradona que aún permanecemos en vida. De aquéllos que a lo largo de muchos años, en las tórridas jornadas del interior de Formosa, tuvimos la dicha de ser iluminados con las luces de su inteligencia, de disfrutar las delicias y bondades de su espíritu, de ser enaltecidos con su cariño y amistad, sin falsías ni retaceos, de conocer su desinterés por las cosas materiales y de emocionarnos con las exteriorizaciones de su infinita filantropía. Porque así, con todas esas virtudes, como un paradigma del ser humano ideal, fue Maradona. Vivió con extrema sencillez, trabajó con singular humildad e hizo el bien a cuantos pudo, sin alardes ni estridencias de ninguna especie. Ejerció su profesión como un verdadero y exigente apostolado, a tal extremo que quizá haya superado a los mejores de todos los tiempos, a aquéllos que dieron lustre y dignidad a la práctica de la medicina en nuestra tierra. Ese quehacer y esas virtudes ya le habían ganado, hace años, el pedestal de la inmortalidad. Y últimamente, rodeado del cariño de sus familiares, disfrutaba la tranquilidad de un condigno retiro, al que ocupaba para perfeccionar y completar algunos de los numerosos libros que escribió. Así pasó sus días, hasta que se fue, silencioso y humilde como había vivido. Fue fiel a su naturaleza hasta para llegar a la misma sepultura. El destino pareció serle propicio. Tuvo una larga existencia, como la de los antiguos patriarcas bíblicos, y como algunos de éstos, sobrevivió a su obra y pudo comprobar la recompensa de un reconocimiento unánime, traducido en muchos homenajes, que nunca había buscado y ni siquiera soñado. Querido Doctor Esteban: Hoy, los argentinos de todas las edades estamos acongojados por tu deceso, que no por tan natural, dada tu edad, es menos doloroso. Y en esa congoja, además de tus familiares, estamos todos: los sabios y los no tan sabios, los niños, los adultos, los pobres, los aborígenes, tus amigos. Los sabios, porque hoy viste crespones la ciencia argentina, que contigo ha perdido a uno de sus valores más representativos; los que no son sabios, por todo lo que fuiste y todo el amor que brindaste en tu vida cotidiana; los niños, por lo que de ello han oído; los más grandes, por los ecos que les llegaron desde el teatro mismo de tus desvelos; los pobres, por los beneficios que les prodigaste con tu arte y tu ciencia de curar, noble y gratuitamente; tus amigos, por lo que hemos visto, disfrutado y vivido junto a ti; los aborígenes, esos pobres desterrados, perseguidos y destruidos en nombre de la civilización, cuando se enteren de este día de luto, se acongojarán también, y te honrarán y venerarán, quizá más que nadie, por las tribulaciones que les mitigaste y las mejoras materiales, morales e intelectuales que con tu sacrificio les procuraste. Y puedes estar seguro, doctor Esteban, que cuando la luna llena se eleve sobre el horizonte de la selva, y llamado por sus ancestros, como adorándola, sienta vibrar su corazón el indio formoseño e invoque la ayuda de sus mayores y de sus grandes benefactores, estarás en su memoria, ocupando el lugar donde se suscitan las mejores gratitudes y esperanzas. Querido doctor Esteban: Tus amigos no esperábamos este desenlace. Nos habíamos acostumbrado a verte sonriente, sabio y bueno, como siempre fuiste, y nunca nos habíamos formado la idea de que un día llegaras a dejarnos. Y en cierto sentido, acertamos; porque el alejamiento de tu imagen física, no te habrá de separar nunca de entre nosotros. Por eso no hay adioses, por parte de tus amigos, en esta ceremonia. Mientras vivamos, estarás siempre, vitalmente sonriente y celosamente guardado, en lo más íntimo de nuestros corazones. Amén. HOMENAJE DEL CORREO ARGENTINO El 20 de abril de 1996 el Correo Argentino emitió una serie de cuatro sellos postales, todos de igual valor, en homenaje a otros tantos médicos que descollaron en la historia del país: Francisco Javier Muñiz, Ricardo Gutiérrez, Ignacio Pirovano y Esteban L. Maradona. Cada sello tiene el retrato del homenajeado, su nombre y apellido y una leyenda caracterizadora. La correpondiente a Muniz dice: "Médico, naturalista y hombre público". La de Gutiérrez: "Médico y escritor. Fundador del Hospital de Niños". La de Pirovano: "Médico, profesor prestigioso". En el sello correspondiente a Maradona la leyenda lo caracteriza así: "Médico abnegado y generoso". Justiciero homenaje para esas figuras que prestigiaron la medicina argentina, y entre las cuales, por indiscutible derecho, se encuentra el doctor Maradona.

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Joan Miro
Joan Miro
ArteporAnónimoFecha desconocida

Este post es para quienes preguntaron Y ese quien es?? en referido porque hoy Google aparece distinto a otras veces (1893 - 1983) Pintor español cuyas obras recogen motivos extraídos del reino de la memoria y el subconsciente con gran fantasía e imaginación, y que se hallan entre las más originales del siglo XX. Miró nació el 20 de abril de 1893 en Barcelona y allí estudió en la Escuela de Bellas Artes y en la Academia Galí. Su obra anterior a 1920 muestra una amplia gama de influencias, entre las que se cuentan los brillantes colores de los fauvistas, las formas fragmentadas del cubismo y las bidimensionales de los frescos románicos catalanes. En 1920 se trasladó a París, encontrándose con Pablo Picasso, donde, bajo la influencia de los poetas y escritores surrealistas, fue madurando su estilo. Miró arranca de la memoria, de la fantasía y de lo irracional para crear obras que son transposiciones visuales de la poesía surrealista. Estas visiones oníricas, como El campesino catalán de la guitarra (Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid), El carnaval del arlequín (1925, Galería Albright-Knox, Buffalo) o Interior holandés (1928, Museo de Arte Moderno, Nueva York), a menudo comportan una visión humorística o fantástica, conteniendo imágenes distorsionadas de animales jugando, formas orgánicas retorcidas o extrañas construcciones geométricas. Las composiciones de estas obras se organizan sobre neutros fondos planos y están pintadas con una gama limitada de colores brillantes, especialmente azul, rojo, amarillo, verde y negro. En ellas se disponen sobre el lienzo, como de modo arbitrario, siluetas de amebas amorfas alternando con líneas bastante acentuadas, puntos, rizos o plumas. Posteriormente, Miró produjo obras más etéreas en las que las formas y figuras orgánicas se reducen a puntos, líneas y explosiones de colorido abstractos. Aunque identificado con la causa republicana, tras el inicio de la II Guerra Mundial volvió a España en 1940, donde llevó una vida retirada durante toda la dictadura franquista. Miró también experimentó con otros medios artísticos, como grabados y litografías, a los que se dedicó en la década de 1950. También realizó acuarelas, pasteles, collages, pintura sobre cobre, escultura, escenografías teatrales y cartones para tapices. Sin embargo, las creaciones que han tenido una mayor trascendencia, junto con su obra pictórica, son sus esculturas cerámicas, entre las que destacan los grandes murales cerámicos La pared de la Luna y La pared del Sol (1957-1959) para el edificio de la UNESCO en París y el mural del Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid. En la actualidad su producción puede contemplarse en la Fundación Joan Miró en Barcelona, inaugurada en 1975, así como en los principales museos de arte contemporáneo de todo el mundo.

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Como se usa un Evatest??
InfoporAnónimoFecha desconocida

Parece una boludes...pero no lo es...aca dejo algo que puede ser muy util a la hora de consultar uno... Fuente: www.evatest.com

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