PENSAR UN NUEVO MUNDO con LEÓN ROZITCHNER
Grabación de la conferencia del filósofo León Rozitchner (no confundir con el repudiado Alejandro R.) realizada en Córdoba el jueves 5 de julio de 2007.
Es un importante material teórico para entender la génesis del terror en nuestra sociedad fundada en los mitos de la tradición judeo-cristiana y el predominio de la razón patriarcal que determinan nuestra cultura socio-económica y política, y el desafío de imaginar otras matrices posibles.
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Sábados 12 a 14 hs. 94.3 FM UTN
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Continuando con el ciclo "Parlamento y Sociedad", que organiza el Poder Legislativo de la Provincia con el auspicio de los SRT de la Universidad Nacional de Córdoba, León Rozitchner, filósofo y escritor, dio una charla titulada: "Pensar un nuevo mundo".
León Rozitchner es conocido en Argentina como un intelectual advertido y participante en el contexto social y cultural, fundamentalmente de filosófico, y también psicoanalítico.
Nació en Chivilcoy, Provincia de Buenos Aires, en 1924. Estudió Humanidades en al Sorbona de París, Francia, donde se graduó en 1952. Junto con David Viñas, Oscar Masotta y Noé Jitrik trabajó en la revista Contorno.
Profesor de la Universidad de Buenos Aires, entre sus numerosas obras sobresalen Freud y los límites del individualismo burgués (1972), Las Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia (1985), Perón, entre la sangre y el tiempo (1985) y La cosa y la cruz: cristianismo (en torno a las Confesiones de San Agustín) del año 1997.
A principio de este año fue postulado como candidato a Rector de la Universidad de Buenos Aires por casi todo el espectro de las personalidades de la cultura de orientación progresista, en una movida que no pretendió tanto ganar esa elección como contrastar otra modalidad de la intelectualidad y la razón ante al envilecimiento al que ha sido conducida la Universidad dirigida por los negociados y los partidos del poder.
UN PAR DE TEXTOS DE LEON ROZITCHNER
León Rozitchner, Entrevistado por Conrado Yasenz (fragmentos)
"Principalmente hay que considerar que no es posible hablar de empobrecimiento de la gente sin entender que nuestra cultura, desde el siglo pasado, está determinada por el terror. El terror es el hecho monstruoso del capitalismo en el último siglo, que ha generado la muerte de millones de personas sobre el fondo de un sistema de producción que genera las guerras y el exterminio, y que requiere de ellas. Si uno piensa que el terror forma parte del campo de la producción, entonces se puede decir que la producción no está destinada a paliar o a fomentar la vida sino que está destinada a producir necesariamente muerte para incrementar el capital, que lleva necesariamente a la producción de más muerte.
En la Argentina, de cada 10 niños que nacen 6 mueren por imposibilidad de tratarlos o por hambre. Esto es un sistema asesino agazapado bajo la apariencia de la normalidad. Entonces, para que la gente no atine a moverse, para que “la gran mayoría silenciosa” a nivel mundial acepte pasivamente estar sometida a su propia destrucción, y acepten la brutalidad como una forma de ser, ha sido necesario que el terror penetrara tan profundamente que cualquier resistencia que se pueda ejercer es vivida como muerte, como amenaza de muerte. Y en la medida en que el terror se ha diseminado existe hoy un extremo límite que supone que cualquier opositor político puede ser llamado terrorista, es decir, puede ser exterminado. Es un sistema de exterminio que se pregunta por qué han puesto una bomba que mató a 5.000 personas cuando el sistema mismo ha destruido a millones. ¿Puede uno creer que los norteamericanos se preguntaron por qué tiraron las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, produciendo la muerte innecesaria de cientos de miles de personas?. No, a ellos no les importa. Ellos viven de deglutir y producir la muerte fuera de su hogar sin importarles nada.
En la Argentina, como en otros países dominados, estos fenómenos que vivimos, esta monstruosidad del empobrecimiento, que también es muerte, es producto de la fabricación del capital sobre las condiciones de la gente, que están dominadas por el terror y la inmovilización. ¿Quién produjo en la Argentina esta estupidización, que se ha incrementado enormemente desde el 76 hasta ahora?. El genocidio. El genocidio es una amenaza ejercida como ejemplificadora en un grupo muy grande, 30.000 personas, que han sido asesinadas con la aceptación y el apoyo de la Iglesia, del poder económico, del poder político, del poder internacional. Cómo se puede hablar de pobreza sin tener presente que la amenaza de muerte vivida a través del terror hace que la gente no quiera saber nada de su propia vida, ni se plantee más interrogantes; que en última instancia, viva del entretenimiento, que es lo que difunden los medios de comunicación hoy, y que mantiene estupidizada a la gente para poder de alguna manera expropiarles todo lo poco que tienen.
Si se piensa en lo que se ha hecho, durante el genocidio en la Argentina, sobre la clase obrera, que previamente ya estaba organizada sobre el fondo del peronismo que la sometía a través de los sindicatos, lo cuales eran evidentemente estructuras del Estado, se advierte que estas estructuras subsisten actualmente y por lo tanto subsiste también la no organización y el sometimiento sobre lo que pueda quedar de la clase trabajadora. A manera de ejemplo, en estos días estuve en Tolosa (una localidad cercana a La Plata), y vi que donde hubo una enorme central de talleres ferroviarios quedan actualmente sólo las ruinas de aquello. Esta imagen es equiparable a lo que puede observarse después de una guerra: un país bombardeado y destruido. Son enormes talleres que hace diez años funcionaban, aunque venían deteriorándose desde el proceso militar. Durante la guerra de las Malvinas, el gobierno militar estaba proponiendo la privatización de todo, cosa que después llevó a cabo (Carlos) Menem. La gente no quiere saber cómo ellos han sido hechos por el sistema y cómo tampoco han defendido nada. Cuando uno ve eso piensa que evidentemente hemos estado en una guerra; el país ha sido destruido por un poder interno al servicio de enemigos. Porque al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial, a los Estados Unidos y a las empresas internacionales, se les abrió las fronteras por medio de la quinta columna, los vendepatrias, para que destruyeran todo. Y nadie dice nada, a lo sumo que fue una mala política económica, pero no señalan la profundidad de este desastre. El país ha sido aniquilado, vencido como si hubiera sido atacado por un enemigo feroz y bajo convenios adecuados para la destrucción. Si el poder militar no hubiera generado ese terror, ese miedo de enfrentar las cosas, la política de Menem no se hubiera podido llevar a cabo con el beneplácito de la gente. La población de este país está estupidizada, como lo está gran parte del mundo."
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“MATARLOS A TODOS”
Que los grandes asesinos hayan invertido la percepción de lo que nos pasa hasta hacer aparecer la violencia y la muerte del lado de los que la viven y la sufren es una proeza del “espíritu” y del “alma” de la antes culta Perla del Plata. Pasan del trazo grueso: “Hay que matarlos a todos (los piqueteros)”, al trazo fino y delicado: “Me parece una total falta de respeto (de los piqueteros) hacia la gente”. Asesinos respetuosos los argentinos.
¿Se dio vuelta el mundo? Los criminales, los cómplices impunes de los crímenes del pasado, ponen nuevamente la muerte en los hambreados que luchan, sobre cuyas huellas asentaron su poderío: quieren que se imponga la ley y se reprima a sangre y fuego para gozar sin estridencias de los bienes del despojo. No quieren que los gritos cundan. Porque si hay gente que se muere de hambre, no quieren ni pensar que lo que gozan y dicen suyo es producto de haberlos despojado. Todos, e increíblemente hasta la pobre gente, se aliaron de pronto con la recua de los post genocidas: coinciden en que deben limitarse las quejas sonoras y audibles, los obstáculos por medio de los cuales la protesta puede expresarse. Quieren una protesta sin ruido, una acción sin presencia, una existencia sin huella: una protesta que no exista como protesta.
Quieren que los despojados y condenados a la lenta pena capital del hambre, la enfermedad y la muerte jueguen al oficio mudo: sin hablar y sin reír, como juegan los niños. Que no ejerzan una presencia que disturbe ese sueño sin pesadillas de los justos. Que pueda permitirles a las almas limpias la indiferencia y el soslayo: un bello espectáculo de mimos de una murga que representa el espectáculo de los pobres. La clase media, esa bella miseria humana expandida y multitudinaria de sueños tontos en miradas sin brillo que el vacío de la muerte ahueca, podría aplaudirlos. Y si osan sobresalir para ser notados, deben ser otra vez asesinados, para que aprendan que su destino es ser el sobrante de sus dignos ciudadanos ahítos.
En verdad, la representación de la realidad ha sido dada vuelta. La imagen lisa, televisiva, y la prensa, han destruido el pensamiento, la capacidad de ligar lo inmediato a las causas de su existencia. Sólo una sociedad llevada por el terror hasta el extremo de la estupidez y la chatura, despojada de afectos, de imaginación, de sensibilidad, empavorecida, puede haber despojado de significación a lo que ven y perciben acobardados por sus ojos diariamente, pero que la inteligencia no anima.
Todos los poderes que el terrorismo de Estado había implementado durante el genocidio se han unido para aparecer simultáneamente conformando una imagen invertida de sus complicidades. La prensa, la televisión y la radio vuelven a traernos la imagen de apoyos que hicieron posible el genocidio. Son los mismos que amenazan con lo mismo, y aceptarían que el exterminio directo volviera a repetirse, mientras se callan ante este genocidio lento donde se consume la vida de la mayoría de los argentinos. Trabajan con el imaginario del terror militar: miran con los ojos de los asesinos. Como son sus cómplices, critican a los piqueteros desde los voceros del Proceso genocida. Para uno de ellos ya ni siquiera hay dos demonios, hay uno solo: el de los piqueteros convertidos en guerrilleros.
diario “Página/12”