Cita:Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe S.A., Madrid:
sensacionalismo
1. m. Tendencia de los medios de comunicación a producir sensación o emoción en el ánimo con noticias,sucesos,etc.,de impacto:
el sensacionalismo de este periódico es exagerado.
Cita:Unos pocos antecedentesErick R. Torrico Villanueva *
No obstante de que las manifestaciones de carácter sensacionalista presentes en los impresos de divulgación pública pueden ser remontadas aun al siglo XVI con las gacetas alemanas y francesas que incluían notas sobre crímenes, dramas familiares y chismes de la realeza, fue sólo en la segunda mitad del XIX que se las asumió en esa condición, es decir, como expresiones de una manera particular y deliberada de hacer periodismo. Esto ocurrió principalmente en Francia, Inglaterra, Alemania y en los Estados Unidos de Norteamérica.
En el caso estadounidense, que es el que mejor ilustra el desarrollo de esta forma periodística, la competencia por mantener y luego incrementar los niveles de venta de la prensa diaria llevó a que se apelara a la fórmula del escándalo, inclusive producto de la simple invención, para alcanzar tales propósitos.
Melvin De Fleur señala al respecto que "En tal contexto competitivo, los propietarios de los periódicos rivales más importantes se entregaron a una lucha despiadada por la conquista de nuevos lectores. En Nueva York, especialmente, William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer recurrieron a cualquier medio para lograr el aumento de sus cifras de circulación. De éstas dependían, como es lógico, los ingresos por publicidad y los beneficios. Ambos ensayaron diversos recursos, ardides, estilos, experimentos y formas de presentación para conseguir que sus periódicos resultaran más atractivos para sus lectores" (1976:40).
Es ya clásico el ejemplo, en ese contexto, de la distorsión con la que Hearst, que controlaba los diarios Examiner y Morning Journal, precipitó en 1898 la declaratoria de guerra a España por parte del gobierno estadounidense. En ese momento, Cuba había iniciado su guerra independentista contra España, y fue entonces –mas sin ninguna relación con el conflicto- que el acorazado "Maine" de la flota de Washington, debido a desperfectos, se hundió en la bahía de La Habana. Hearst envió al lugar a su dibujante Frederick Remington, quien una vez allí constató que no había nada extraño que reportar y que el hundimiento no era atribuible al enfrentamiento. El magnate de la prensa, sin embargo, le ordenó: "Usted mande sus dibujos, yo pondré la guerra". De este hecho, además, se derivaría a mediano plazo una prolongada intervención integral de los Estados Unidos de Norteamérica en la isla caribeña.
Ese tipo de práctica desinformadora se institucionalizó y no sólo fue empleada por las empresas periodísticas para asegurar sus intereses comerciales sino igualmente por los Estados, en especial en circunstancias de crisis políticas. Así, la agencia noticiosa internacional Associated Press inventó en 1944 un ataque nazi contra una flota mercante brasileña en el Océano Atlántico que impulsó al gobierno de Brasil a hacerse parte de las naciones aliadas contra Alemania y, poco después, tras la victoria de la revolución cubana en 1959, difundió en más de cuarenta oportunidades versiones falsas sobre una supuesta muerte del líder de ese movimiento, Fidel Castro.
Fue también en la década de 1950 cuando surgieron en Italia los paparazzi, fotógrafos inclementes –presentes hoy casi en todas partes- que se ocupan de obtener tomas comprometedoras de la privacidad de personajes públicos para venderlas a publicaciones sensacionalistas. Casi siempre lo hacen a escondidas, empleando teleobjetivos y en el marco de verdaderas operaciones de espionaje y persecución como la que en julio de 1996 le costó la vida a la princesa Diana de Inglaterra.
Actualmente, entonces, el modo sensacionalista es tanto algo que nutre publicaciones o programas especializados en lo que escandaliza en todas las regiones del mundo como un componente de la prensa y los noticiarios considerados "serios", que hacen sensacionalismo sin decirlo o, mejor, sin querer reconocerlo.
Sensacionalismo: Lacra del lucro
Por:LUIS RAMIRO BELTRÁN SALMÓN
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española entiende a la "sensación" en general como la "impresión que las cosas producen en el alma por medio de los sentidos" y en particular como la "emoción producida en el ánimo por un suceso o noticia de importancia"; por tanto, define lo sensacional como aquello que causa tal sensación. El Diccionario General del Periodismo de José Martínez de Souza entiende por sensacionalismo la tendencia de cierto periodismo a "presentar materias que exploran las bajas pasiones y los intereses menos nobles del público..." y señala que "el motor que mueve a la prensa sensacionalista es el deseo de vender, sin que importe demasiado el respeto a la objetividad". El diccionario de la Random House del idioma inglés entiende al sensacionalismo como "la materia, el lenguaje o el stilo que produce o está diseñado para producir impresiones alarmantes o estremecedoras o excitar y complacer al gusto vulgar".
"El sensacionalismo es una deformación interesada de la noticia; implica manipulación y engaño y, por tanto, burla la buena fe del público".
En concordancia con todo ello, José Luis Gálvez y Martha Paz tienen esta percepción del fenómeno: "Hay que entender entonces al sensacionalismo como la tendencia a presentar los aspectos más llamativos de una noticia o de un suceso para producir una gran sensación o emoción: angustia, dolor, compasión, sufrimiento, llanto, alegría, enfado, miedo, estupor. En él se trata de valorizar la emoción en detrimento de la información y del razonamiento reflexivo y crítico." El investigador y periodista Erick Torrico señala estas características del sensacionalismo: "Con un diseño llamativo -grandes titulares, fotografías e ilustraciones sugerentes y uso de colores contrastantes-, hace un manejo discrecional de contenidos sobre transgresiones a la ley -robos, crímenes, secuestros, tráfico de drogas, empleo no autorizado de armas-, a la moral aceptada -violaciones, abusos de autoridad, corrupción, etc.- o a la normalidad esperada -accidentes, tragedias-...". Y explica que el sensacionalismo, en cuanto a ese contenido, se nutre de asuntos cotidianos de la comunidad que lo hacen realista y, en cuanto a la forma, usa un lenguaje sencillo y coloquial que incluye adjetivos prejuiciosos y apela al humor negro y a la ironía, todo ello para hacer que el destinatario se sienta testigo de los hechos.
El sensacionalismo es, pues, una estrategia de manejo de la información periodística dirigida a atraer a como dé lugar la atención del público hacia noticias que provoquen en él fuertes emociones a cualquier precio. Manipula el sensacionalismo esas emociones a fin de que la gente reaccione, anímica y físicamente, a los mensajes en forma irracional e instantánea. Se vale para ello de recursos de distorsión narrativa de los hechos como son, principalmente, la exageración y la dramatización, ambos eficaces para falsear la realidad. Y lo hace con tal intensidad y frecuencia que algunos estudiosos estiman que puede llegar a insensibilizar a las personas respecto del horror, del dolor y de la muerte. El destacar lo violento y el exponer lo sexual son las herramientas claves del periodismo sensacionalista: crimen y pornografía son sus mejores agentes de venta y publicidad. Ellas van usualmente acompañadas de la explotación de lo morboso y de lo escandaloso, así como del empeño por hacer de todo, inclusive de la desgracia humana, un espectáculo macabramente festivo. Van también apuntaladas por una obstinada preferencia por lo negativo y por lo conflictivo a veces al punto de que, si no se dan hechos que tengan estas características, se suele inventarlos para fabricar noticias a base de ellos.
¿Qué determina la creciente adopción del enfoque sensacionalista? Evidentemente lo hace el predominio del interés mercantil sobre la ética y la responsabilidad social, tal como lo subraya en Chasqui Rubén Darío Buitrón: "Cuando la información es concebida y tratada como una mercancía y no como lo que es o debería ser -un bien social-, la avidez por el lucro la degenera en productos abyectos donde la sangre es espectáculo y la primera plana y casi todo el resto sirve para exacerbar el morbo social, incrementar las ventas y los ingresos publicitarios al margen de cualquier consideración ética".
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Proyecto Periodismo para la Paz UNESCO-FNPI
CONSULTORIO ÉTICO con Javier Darío Restrepo
CONSULTORIO ÉTICO con Javier Darío Restrepo
¿Cómo se da el sensacionalismo en los medios de comunicación y cómo se corrige?
Hay sensacionalismo en el periodismo que se dirige prioritariamente a los sentidos de los receptores y que sólo secundariamente estimulan su inteligencia. "La televisión es un medio sensacionalista cuando privilegia la vista y el oído sobre las otras facultades del televidente".
Los titulares de escándalo que se destacan por su color, por el tamaño o por el contenido excitante, las fotografías que estimulan la curiosidad o el morbo por sobre cualquiera reacción inteligente, son recursos del medio sensacionalista.
Este propósito de llamar la atención con estos recursos, frecuentemente tiene un objetivo comercial: aumentar la circulación o la sintonía, de modo que en vez del servicio del lector o televidente, se impone el interés del medio o del periodista.
Esta desfiguración del ejercicio profesional se contrarresta con la aplicación de técnicas para entregar a los lectores una versión integral de los hechos. Se trata de reunir, hasta donde es posible, todos los elementos que hacen comprensible un hecho y de entregarlos al receptor de modo que se destaquen los aspectos más importantes para su interés; al contrario de lo que sucede en el medio sensacionalista en donde se destaca lo llamativo y excitante para responder a la curiosidad. El buen periodismo no responde a la curiosidad de la gente sino a sus intereses.
En síntesis, códigos de ética y manuales de estilo recuerdan:
* Dar una información completa.
* Equilibrar los elementos de la noticia de acuerdo con el interés del lector.
* Dirigirse a la inteligencia del lector, no sólo a sus sentidos.
* Responder a su inteligencia, no solo a su curiosidad.
Referencia Bibliográfica
Los medios sensacionalistas deforman y manipulan interesadamente la noticia, la espectacularizan, para distraer al público enfatizando en temas de violencia y sexo, vendiendo los hechos desnudos y haciendo difusos los límites entre lo real y lo imaginario. Muchas veces provocan la noticia si no la hay.
Estos diarios creen que atienden a los sectores populares, pero en realidad los utilizan para el éxito de su negocio. Mientras los dueños aumentan sus ganancias los involucrados en las noticias quedan destrozados y condenados a una muerte civil, a una muerte en vida después de haber sido expuestos, prejuzgados, acusados, calumniados, difamados, ofendidos e injuriados. El público lector queda anegado, tal vez sin darse cuenta, en un mundo imaginario de miedo, que lleva a la desensibilización frente a la violencia, así como a la insolidaridad y al fatalismo, ocurre que conoce únicamente la parte más fea de la realidad y, para colmo, deformada, generándose en él la idea de que la vida es peligrosa y que los hombres matan por lo cual hay que tenerles miedo a todo y a todos.
En este marco de exageración promueven más antivalores que valores.
Galvez, Paz, Meza, Qelca y Yáñez.
Sensacionalismo. Fundación Pieb, La Paz, Bolivia, 2003. Página 152.
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¿Cuál es la relación intrínseca que hay entre el sensacionalismo y el morbo de la gente?
El sensacionalismo es la respuesta al morbo del público, y se da dentro de una lógica comercial que ordena dar al consumidor lo que pide para ganar su lealtad y consolidar las ganancias de la empresa. En este proceso se descarta la iniciativa del medio, puesto que esta se le traslada, por entero, al receptor de la información, como sucede con todos los productos industriales que se producen bajo pedido. El productor solo elabora productos que hayan sido pedidos o que se prevea serán pedidos y aceptados por el público.
En el caso del medio sensacionalista, su actividad se concentra alrededor de informaciones que puedan satisfacer el morbo del público, es decir aquella que satisface sus curiosidades más elementales y que excita sus sentidos. Toda información que no pueda ser presentada de acuerdo con esa exigencia, pierde su importancia.
Esta clase de periodismo fue llamada por Horace Greeley a fines del siglo XIX, periodismo a la carta: “creen que el periodista no tiene más jerarquía que el camarero de un restaurante, de quien se espera que suministre todo cuanto se le pida.” Puesto que el público pide sensación, se le da lo sensacional. La responsabilidad del medio para con la sociedad desaparece lo mismo que la autonomía del medio para dar la información más útil para la sociedad.
Estos temas son tratados por Niceto Blázquez en Ética y Medios de Comunicación bajo el título: “Sensacionalismo y periodismo Schund”, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1994, P. 50, 51, 52.
Eugene Goodwin, Por un Periodismo Independiente: en Escarbando canecas de basura, p. 283; Criterios Resbalosos, p. 314. Tercer Mundo, Bogotá, 1992.
José Luis Gálvez, Marta Paz y otros en Sensacionalismo, valores y jóvenes. Fundación Piol, La Paz, 2003.
Guillermo Sunkel: La Prensa Sensacionalista, Norma, Bogotá, 2002.
Arturo de la Suaree: Moralética del Periodismo, Cultural S.A. La Habana, 1946. Cap. VII
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Muchas veces la realidad es dramática, sin necesidad de que el periodista y su manera de decir intervengan. Hay hechos que son, en sí mismos, terribles. Una matanza es terrible. ¿Se puede hablar de sensacionalismo cuando se dice esa verdad? ¿Cómo hacer para decir estas verdades cuando son tan terribles? ¿O es preferible no contarlas? ¿Debemos, como periodistas, restarle crueldad a una información que es realmente cruel, para no herir a nadie? ¿Qué hacer con estas verdades?
El sensacionalismo es la reducción de la verdad de un hecho a sus aspectos más sensacionales. Es decir: se trata de una verdad a medias.
No es lo mismo describir una realidad dramática, que ser sensacionalista. Cuando la realidad dramática se muestra en su totalidad como hecho, es decir, en su contexto y con sus antecedentes, y se señalan sus proyecciones y consecuencias, el lector cuenta con elementos suficientes para entender lo que ha sucedido y para decidir qué puede cambiar, o qué puede hacer para impedir la repetición de realidades dramáticas. Si sólo se le muestra lo sensacional, el lector se vuelve pasivo, convierte la realidad en algo ajeno que tiene importancia en cuanto le pueda proveer sensaciones nuevas.
No se trata, por tanto, ni de callar realidades, ni de maquillarlas, sino de mostrarlas completas y de modo inteligente. Esto supone investigación y estudio, disposición pedagógica para comunicar eficazmente, e independencia respecto de los intereses comerciales que aconsejan aprovechar la versión a medias de los hechos, para venderlos como historias sensacionales.
Referencia Bibliográfica
En general y genéricamente la visión en la pantalla es un poco falsa, en el sentido de que descontextualiza, pues se basa en los primeros planos fuera de contexto. Quien recuerda la primera guerra que vimos (y perdimos) en televisión, la guerra de Vietnam, recordará la imagen de un coronel survietnamita disparando en la sien de un prisionero del Vietcong. El mundo civil se quedó horrorizado. Sin embargo esa imagen no mostraba a todos los muertos que había alrededor, que eran cuerpos horrendamente mutilados, no solo de soldados americanos, sino también de mujeres y niños. Por consiguiente la imagen de la ejecución por un disparo en la sien era verdadera, pero el mensaje que contenía era engañoso.
La verdad es que para falsear un acontecimiento narrado por medio de imágenes son suficientes unas tijeras. Además no es absolutamente cierto que la imagen hable por sí misma. Nos muestran a un hombre asesinado. ¿Quién lo ha matado? La imagen no lo dice; lo dice la voz de quien sostiene un micrófono en la mano; y el locutor quiere mentir, o se le ordena que mienta, dicho y hecho.
Disponemos también de experimentos que confirman que en televisión las mentiras se venden mejor. En Inglaterra un comentarista famoso dio -en el Daily Telegraph, en la radio y en la televisión- dos versiones de sus películas favoritas, una verdadera y otra descaradamente falsa. Un grupo de 40 mil personas -teleespectadores, oyentes y lectores- respondió a la pregunta de en cual de las dos entrevistas decía la verdad. Los más sagaces para descubrir las mentiras fueron los oyentes de la radio (más del 73 por ciento) mientras que solo el 52 por ciento de los telespectadores las descubrieron. Y este resultado parece plausible. Yo lo interpretaría así: el videodependiente tiene menos sentido crítico que quien es aún un animal simbólico adiestrado en la utilización de símbolos abstractos. Al perder la capacidad de abstracción perdemos también la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso.
Giovanni Sartori - En Homo Videns. Taurus, Madrid, 1998.
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¿Existen diferencias entre Sensacionalismo y Amarillismo, o son términos que pueden manejarse indistintamente?
Si nos atenemos al origen histórico de la palabra, amarillismo se refiere a las técnicas para llamar la atención de los lectores: tamaño de letra, colores, edición de fotografías, diseño, lenguaje. Fue la aparición de un dibujo de un peluquero chino, o de alguien con camisa amarilla, lo que atrajo la atención de los lectores de vespertinos en Nueva York. Desde entonces se siguieron llamando amarillos los periódicos llamativos y espectaculares.
La lucha por la circulación, cuando la publicidad no se había convertido aún en la fuente de dinero para sostener los periódicos, no se limitó a utilizar como arma aquellos recursos sino que entró resueltamente a los contenidos noticiosos y apareció el sensacionalismo: los titulares no fueron solamente llamativos, además destacaron lo sensacional de cada hecho; las fotografías, además de dominar la primera página, concentraron la atención de los lectores en lo morboso, para excitar la curiosidad y atrapar clientela. Había aparecido el sensacionalismo, como recurso para vender periódicos.
El amarillismo puede ser, por tanto, el aspecto formal del sensacionalismo; éste, más que una presentación espectacular, es un criterio, impuesto por el ánimo de llamar la atención y de aprovecharse de la noticia. El sensacionalista ve en la noticia lo que causa sensación, es decir, lo que excita los sentidos, y eso es lo que destaca. Los demás elementos de la noticia, que son generalmente los esenciales, no tienen importancia para él porque exigen demasiado al lector. El ideal del sensacionalista es que la presentación de la noticia excite el interés del lector a través de la vista, o del oído y la vista si se trata de radio o de televisión. Desde el punto de vista ético este criterio contradice el compromiso con la verdad, que supone decir sólo la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Además, y es quizás la más grave falla ética del sensacionalista, se manipula y subvalora al lector puesto que se le niegan las partes de la verdad que estimulan su pensamiento y se le entregan solamente las partes sórdidas o triviales de la realidad.
Kovach y Rosenstiel (Los Elementos del Periodismo) comparan al sensacionalista con "quien se desnuda en plena calle para agolpar multitudes a su alrededor , aun a riesgo de la mofa y de obtener la atención sólo por un breve tiempo"; Gálvez y Paz (Sensacionalismo, Valores y Jóvenes) lo describen como "la tendencia a presentar los aspectos más llamativos de un suceso para producir gran sensación; deformación y manipulación interesada de la noticia; discurso repetido, vehemente y motivador"; Torrico (El Negocio Sensacionalista en Bolivia) lo describe como "presentación de los hechos y dichos que busca convertir al destinatario en testigo imaginario". Sunkel (La Prensa sensacionalista) lo ve como "un discurso que aparece fascinado por lo sangriento y lo macabro, por la atención exagerada que se presta a los ídolos de masas en el mundo del deporte y en el espectáculo".
Resulta así que "el amarillismo usa la tipografía y los recursos visuales como argumento de ventas, pero respeta el contenido"; "el sensacionalismo agrega, a los anteriores, la deformación del contenido y la alteración de la verdad como señuelos para vender".
Referencia Bibliográfica
"El sensacionalista busca despertar el interés del público, no con informaciones importantes, sino con noticias que por su material o su presentación, sólo sirven para satisfacer la curiosidad".
Para ello entra en detalles y circunstancias que despiertan o estimulan los sentimientos morbosos y no vacila en acudir a la presentación escándalos a de los hechos, gráficas atrevidas, títulos hinchados y la abusiva divulgación de aspectos íntimos de la conducta humana. No busca el interés del público sino el propio interés personal de ganancia.
Hacia 1835 los periódicos seguían el molde tradicional del periodismo político de la época: ser más de opinión que de información.
Hombres como William Randolph Hearst introdujeron el sensacionalismo con recursos como el nuevo género de las historietas cómicas y los folletines ilustrados. Precisamente la denominación de amarillismo que se da a la prensa sensacionalista, surgió del color amarillo del protagonista de una de sus tiras cómicas, Yellow kid. Apareció en The Journal en 1896. Su autor fue el dibujante Richard Felton Outcault, contratado por Hearst.
Hearst tuvo peno éxito en su empeño y se le consideraba como uno de los innovadores del periodismo, además de ser el verdadero padre del sensacionalismo y de la prensa amarilla.
Alfonso Lopera- Ética del Periodismo. Editorial de la Universidad de Antioquia. Medellín 1990. P.p. 108 -110.
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