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La muerte en los cuentos de hadas

Info12/8/2010
La muerte, en los cuentos de hadas, es una presencia constante en el amplio catálogo de estas narraciones populares, donde es personificada a veces como una figura temible, en otras como un ser compasivo, y en unas más simplemente como un hombre o una mujer que sólo cumplen con su trabajo

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Erase una vez un pobre sastre que apenas podía alimentar a sus 12 hijos. Cuando nació el hijo 13, el hombre, angustiado, salió corriendo a un camino cercano decidido a encontrar a alguien que aceptara ser padrino del niño. El sastre sabía que era la única manera para mantener a su recién nacido. El primero que pasó fue Dios, pero el sastre lo rechazó. “Dios da a los ricos y quita a los pobres. Esperaré a que venga otro”. El segundo fue el diablo, pero el sastre lo rechazó también. “Él miente y engaña a los hombres buenos y conduce por mal camino. Esperaré a otro”. El tercero en pasar por el camino fue Muerte, a quien el sastre consideró con atención. “Muerte trata a todos los hombres por igual, sean ricos o pobres. A él le haré mi solicitud”.
Muerte nunca antes había recibido una petición así, pero la aceptó de inmediato. “A tu hijo no le faltará nada”, dijo, “porque yo soy un amigo poderoso”. Pasaron los años y Muerte cumplió su palabra. El niño y su familia vivieron sin carencias. Cuando el niño finalmente alcanzó la mayoría de edad, su padrino Muerte apareció ante él. “Es tiempo de establecerte en el mundo. Tú serás un gran médico. Toma esta hierba mágica, el remedio para cualquier enfermedad en esta tierra. Búscame cuando te llamen a la cama de un paciente. Si me ves a la cabeza de la persona, dales una tintura de la hierba y tu paciente estará bien. Pero si me ves a sus pies, sabrás que es su hora de morir. Tus diagnósticos serán siempre acertados y serás famoso en todo el mundo”
.




Y así fue. El joven se convirtió en el médico más famoso de su tiempo y su fama se extendió por todas partes, hasta llegar a oídos del rey. Su Alteza estaba acostado en su cama de oro y llamó al hijo del sastre. Pero cuando el joven médico llegó, en el dormitorio exquisitamente decorado vio que el rey estaba muy grave y que la muerte estaba a sus pies. El rey era muy querido y el joven deseaba curarlo de todo corazón. Rápidamente, el médico instruyó a los asistentes de la corte a que girarán la cama, para después restaurar la salud del rey con una tintura de la hierba mágica. La muerte no estaba satisfecha. Movió sus dedos largos y huesudos y, señalando a su ahijado, le dijo: “Nunca deberás engañarme otra vez. Si lo haces sufrirás las consecuencias”.
El joven médico tomó esta advertencia en serio y no desobedeció a su padrino otra vez, hasta que la hija del rey cayó enferma y él fue llamado de vuelta al palacio. Era hija única del buen rey. El noble estaba desesperado por verla así. “Salva su vida”, le pidió el rey, te daré su mano en matrimonio”. El doctor fue a la alcoba de la hermosa doncella donde esperaba Muerte. Se colocó a los pies de la cama de la princesa, listo para llevársela. “No me desobedezcas otra vez”, advirtió el padrino, pero el doctor ya se sentía enamorado. Ordenó que la cama de la princesa fuera girada, antes de darle la tintura a base de hierbas.
La princesa se curó de inmediato, pero Muerte extendió su mano fría y blanca y sujetó del brazo a su ahijado, anunciándole: “Irás conmigo en su lugar”. Llevó al joven médico a una cueva, donde había nichos en las paredes con millones de velas. “Aquí”, dijo, “están las velas encendidas de todas las vida sobre la tierra. Cada vez que una vela se extingue y se apaga, una vida se termina. Ésta es la tuya”. Muerte le enseñó una vela que ardía casi al punto de ser sólo una plasta de cera. “Por favor”, rogó el ahijado, “durante muchos años fui tu fiel servidor. Por favor, padrino Muerte, ¿no puedes encender una vela nueva para mí?” Muerte lo miró sin piedad. La vela chisporroteó y se apagó. El joven doctor cayó muerto
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Una figura temible




El cuento anterior, titulado El apadrinamiento de Muerte, proviene de los cuentos populares alemanes de los hermanos Grimm. También se pueden encontrar en diversas versiones de muchos otros países, como El pastor y las tres enfermedades (Grecia), El hombre justo (Italia), El ángel de las almas (Armenia), El contrato con Azrael (Egipto), Dr. Urssenbeck (Austria), y El niño con el barril de cerveza (Noruega). El apadrinamiento de Muerte es uno más del amplio catálogo de las narraciones populares y de los cuentos de hadas en los que Muerte es personificado: a veces como una figura temible, a veces como un ser compasivo, y en ocasiones como un hombre o mujer con un trabajo por hacer.
En otros relatos, Muerte es un personaje inteligente, como en Salta en mi costal (Eslovenia), en el que un joven solicita dos deseos mágicos a un hada poderosa. Pide un costal que le abastezca o trague todo lo que él nombre, así como un palo que hará lo que le ordene. Los deseos se cumplen y el joven utiliza el costal para tener comida y bebida, hasta que llega a una gran ciudad y entra en contacto con un grupo de jugadores. Muerte (o el Diablo, en una versión italiana de la historia) se encubre en uno de los jugadores, divirtiéndose en la mesa de juego al traer a los hombres la ruina económica y la recepción de sus almas cuando se suicidan. El joven ve a través del disfraz de Muerte.
Ordena a la bolsa que succione a Muerte y después ordena al palo que la golpee fuertemente. A la larga, Muerte pide misericordia, prometiendo que dará al joven lo que él quiera. Éste pide la restauración de la vida para todos sus amigos de juego, y después ordena a Muerte marcharse de inmediato y que permanezca lejos de él. Pero muchos años después, viejo y enfermo, el otrora joven ha cambiado de opinión acerca de aquel trato, por lo que ahora utiliza el costal para llamar a Muerte, a quien agradece que se lo lleve.





En un gran número de cuentos Muerte es muy listo, aunque es desterrado, lo que acarrea graves consecuencias. Los ancianos, los enfermos y los heridos fatalmente no mueren sino permanecen en agonía, hasta que finalmente la importancia del papel de Muerte ya no puede ser ignorada. En un cuento español, una anciana atrapa a Muerte en un árbol de peras y no lo deja ir hasta que prometa que nunca volverá. El nombre de la mujer es Tía Miseria, y en cuanto Muerte cumple su promesa, la miseria se apodera del mundo. En una historia similar de Portugal, Muerte burla a la vieja al final, pero la encuentra tan de mal carácter, que rápidamente la trae de vuelta al mundo y huye.
Algunos cuentos incluyen una Muerte Madrina, como las versiones de las historias contadas en Eslovenia y Moravia, y allende el mar, en la región de los Montes Apalaches de Estados Unidos. La representación de la muerte como hombre o mujer depende de la cultura, los tiempos y el narrador, pero los ejemplos de ambos se encuentran ampliamente distribuidos en los cuentos populares de todo el mundo. En Muerte y la doncella, una historia conocida lo mismo en cuento narrado que en balada popular, la interacción de una muerte masculina y una dama de buena cuna que él ha venido a reclamar tiene una cualidad casi seductora. Ella trata de negociar por su vida, ofreciendo su oro y joyas cuando él suavemente le explica que tiene que ir con él esa misma noche.
En algunas representaciones pictóricas de este relato, la muerte se presenta como un caballero vestido de negro, en otros, más terribles, es un esqueleto vestido de caballero. (Franz Schubert se inspiró en este cuento encantador para su Cuarteto en re menor: Muerte y la doncella, compuesta en 1824.) En un cuento de hadas de Turquía, El príncipe que anhelaba la inmortalidad, una muerte masculina se enfrenta contra La reina de la inmortalidad. Apuestan sobre quién será el héroe que lance al otro, a su contrincante, por los aires. En una historia del norte de Italia, la muerte es retratada como una mujer joven y bella. Es una invitada no deseada en el palacio cuando su verdadera identidad es revelada (cuando se lleva al rey joven y guapo), aunque es un huésped bienvenido en la casa de una anciana pobre que ha estado esperando por ella.






En las primeras representaciones medievales, la muerte fue por lo general un personaje masculino: potente, implacable, omnipresente. Vestido de negro, fue la Parca que corta a los hombres y mujeres en flor, al príncipe, al poeta y al pobre por igual. A finales de la Edad Media y principios del Renacimiento encontramos más ejemplos de la muerte ahora como una mujer, como Donna La Morte en el famoso poema de Petrarca, El triunfo de la muerte, que aparece de repente toda de “negro sobre negro” para reclamar la vida de un joven noble. La Danza de la Muerte (o Danse Macabre) apareció por primera vez a mediados del siglo 14 como la peste negra que devastó Europa a su paso. La Danse Macabre se originó en forma de un espectacular juego cristiano, actuado en camposantos y cementerios, entre osarios y tumbas. La muerte aparecía enmascarada, en figuras esqueléticas, intentando llevar consigo una serie de víctimas (24 en total) de todas las clases sociales. Las víctimas protestaban, daban sus razones por las que ellas y sólo ellas debían ser dispensadas, pero, al final, todas bailaban frente a la tumba mientras los violinistas tocaban. La danza era acompañada con sermones que enfatizaban que la muerte podía afectar a cualquier persona en cualquier momento, exhortando al público a prepararse y a vivir libre de pecado.
En el siglo 15, en Italia, los espectáculos de la muerte fueron más elaborados. Como Charles B. Herbermann y George Charles Williams los describen (en la Enciclopedia Católica): “Al caer la noche un carro enorme, forrado de negro y tirado por bueyes, recorría las calles de la ciudad. En el extremo del eje se veía al Ángel de la Muerte tocando la trompeta. En la parte superior del vagón había una gran figura de la muerte cargando una guadaña y rodeada de ataúdes. Alrededor de los vagones había ataúdes que abrían sus pestañas cada vez que la procesión se detenía. Los hombres vestían prendas negras en las que pintaban calaveras y huesos y, sentados en el borde de las tumbas, entonaban cantos fúnebres acerca de la brevedad de la vida humana. Delante y detrás de la carreta aparecía un hombre vestido en negro y blanco, con antorchas y máscaras de la muerte, acompañado por dibujos de huesos y de jinetes espectrales cabalgando rocines flacos. Mientras marchaban, toda la compañía cantaba el Miserere con voz trémula”.
Hay muchas representaciones pictóricas del Triunfo de la Muerte y de la Danse Macabre, como los grabados en madera creados por Hans Holbein en 1538. Las series de Holbein comienzan con la Creación, la Tentación, la Expulsión, y las Consecuencias del Pecado Original, dando lugar a la entrada de la Muerte en el mundo. El quinto grabado en madera representa a los muertos como esqueletos en un cementerio, retozando con instrumentos musicales. Las imágenes subsecuentes muestran varias figuras bailando sobre sus tumbas, desde un Papa de cuna noble hasta un humilde mendigo. Las imágenes finales muestran el Juicio Final, y el triunfo de Dios sobre la Muerte.
La muerte también aparece como un esqueleto en las cartas primitivas del Tarot que aparecieron por vez primera en Italia y Francia en el siglo 14. El uso de las tarjetas se limitó después, ya que cada paquete se tenía que pintar a mano. Con las técnicas de impresión del siglo 16 su uso se generalizó. En la cubierta de Marsella de este periodo, la muerte es una figura sin género, esquelética, sosteniendo una guadaña y de pie en un campo de huesos. El más conocido Tarot Rider-Waite data apenas de 1910, pero dibuja la imaginería simbólica de un periodo anterior. Aquí, la muerte aparece como el esqueleto de un caballero, vestido con armadura negra, sentado en un caballo blanco. Esta imaginería hizo eco en las imágenes artísticas de Holbein, mientras que un grabado de Durero del siglo 16 representa a un caballero con armadura sobre un caballo, con la muerte a sus espaldas.






Midori Snyder es una escritora que ha trabajado con el folclore de la muerte en sus diversas formas, sobre todo en su novela elegíaca El jardín de Hannah y en la historia de sus hijos Jack Straw. Snyder opina sobre el tema:
“Hay personajes que están asociados con la muerte, como los mercaderes de la muerte y los pregoneros de la muerte, pero yo diría que no hay figuras de muerte, como la personificación de un Señor o Señora Muerte. Morrigan, la diosa irlandesa de la guerra, por ejemplo, se deleita en la muerte y en la carnicería. Incita a los hombres a la batalla, para que se maten unos a otros, porque le gusta la violencia de la guerra, el aroma del miedo, de la sangre, de la locura y de la angustia que trae la batalla. Pero ella no es en sí la muerte, sino sólo una criatura que se deleita atestiguando los últimos momentos de los guerreros en batalla. Los íncubos y súcubos de las leyendas populares europeas son también traficantes de la muerte –sus acciones siempre traen la muerte a los infelices mortales que se enredan con ellos. Pero no son la muerte tampoco. Su interés se centra en individuos específicos –generalmente en los que despiertan su interés sexual—, contrariamente a Muerte, que es un asesino que no hace distinciones. Él/ ella tiene al niño, al adulto, a los ancianos, a los jóvenes, a los fuertes, a los débiles; Muerte no discrimina, sino que se mueve sobre todo en un cambio constante, en un patrón impredecible.



Violencia excesiva







La muerte es un tema frecuente en los cuentos de hadas –así como la dura realidad de las secuelas de la muerte—, por lo que muchas historias comienzan con la muerte de uno o ambos padres del protagonista. La historiadora de cuento de hadas Marina Warner señala que la muerte en el parto era algo muy común en los siglos anteriores al nuestro, y la prevalencia de hijastros y huérfanos en los cuentos infantiles refleja una realidad social. Muchos de estos cuentos (en su forma previctoriana) eran excesivamente violentos, incluso los compilados por los hermanos Grimm en las ediciones publicadas para los niños alemanes. Aunque se sabe que los hermanos Grimm editaron sus cuentos de hadas con una mano bastante pesada, despojándolos de la sensualidad y la ambigüedad moral, no tuvieron reparos en dejar intacta gran parte de su peor violencia. (De hecho, como la estudiosa María Tatar ha observado, en algunas historias la violencia se reforzó.) El asesinato, el canibalismo y el infanticidio son elementos principales del género cuento de hadas. Desde Barba Azul, con su cámara de los horrores, hasta la buena esposa en el Árbol de Juniper, que decapita a su inconveniente hijastro, la muerte es una amenaza real en los cuentos; sin embargo, no siempre tiene la última palabra. En El pájaro del brujo (una variante de Barba Azul), la heroína no sólo burla al mago que pretende casarse con ella y después matarla, sino que ella es capaz de revivir los cuerpos secuestrados de sus predecesoras. El hijastro en El árbol de Juniper retorna a la tierra en forma de pájaro. La madre muerta de Cenicienta regresa como un pez (en la versión china, la más antigua de la historia), como una vaca (en una variante de Escocia) o un árbol (en la versión de los hermanos Grimm), velando por su hija y susurrando palabras sabias de consejos.





Blancanieves no sólo duerme, sino que está muerta en las primeras versiones de su historia –reposa en un féretro de cristal, para acentuar su forma incorruptible, como una santa. El trasfondo necrófilo de la historia fue más evidente en la versión italiana del siglo 16 llamada El ataúd de cristal. En este cuento, la heroína es persuadida de presentar su maestra a su padre viudo. El matrimonio sobreviene, pero en lugar de agradecimiento, la maestra trata cruelmente a su hijastra. Un águila ayuda a la niña a escapar y esta se esconde en un palacio de hadas. La madrastra entonces contrata a una bruja, quien vende golosinas envenenadas a la muchacha. Ella come una y muere. Las hadas la reviven. La bruja ataca de nuevo, disfrazada como una costurera con un hermoso vestido para vender. Cuando la chica se ata el vestido, cae muerta y esta vez las hadas no logran revivirla. Colocan el cuerpo en un ataúd fabuloso, lo amarran sobre un caballo y lo envían fuera de la ciudad real.
El ataúd pronto es encontrado por un príncipe, quien se enamora de la hermosa “muñeca” y se lleva el cuerpo a casa con él. “Pero mi hijo, ella está muerta!”, protesta su madre. El príncipe no se separará de su tesoro, por lo que se encierra en una torre con la muchacha, “consumido por el amor”. Pronto, el príncipe es llamado a combatir en un lugar lejano, dejando la muñeca al cuidado de su madre. La reina descuida a la criatura, hasta que llega una carta que anuncia el inminente retorno del príncipe. Rápidamente, la madre llama a su camareras y les manda a limpiar el cadáver descuidado. Lo hacen, derramando el agua en su prisa, manchando el vestido de la doncella. La reina piensa rápidamente. “¡Quítenle el vestido! Vamos a hacer otro, y mi hijo nunca lo sabrá”. Al aflojar los cordones, la dama revive, confundida y alarmada. La reina escucha su historia con simpatía, la doncella se viste con su ropa real, y después, curiosamente, la reina encierra con llave a la chica cuando el príncipe vuelve a casa. El príncipe de inmediato pide ver su “esposa”. (¿Qué estuvo haciendo el príncipe en esa habitación cerrada con llave antes de ir a batalla?) “Mi hijo”, dice la reina, “la niña estaba muerta. Olía tan mal que la enterramos”. El noble se enfurece y llora. La reina cede. La heroína es convocada, su historia se cuenta y los dos se casan correctamente.
La estudiosa de cuentos de hadas Veronica Schanoes abunda: “Muchos de los cuentos de hadas y mitos se refieren la fantasía de que si amas a alguien lo suficiente puedes traerlos de vuelta de la muerte. En los cuentos de hadas ese esfuerzo suele tener éxito y el deseo se cumple: Bella Durmiente se despierta; Blancanieves revive; las hermanas mayores en El pájaro del brujo son resucitadas, la heroína recupera a su príncipe en Al este del Sol, al oeste de la Luna, etcétera. Pero en los mitos, las historias tienden a ser más conmovedoras acerca de los límites del amor humano y su incapacidad para vencer a la muerte: Gilgamesh no puede traer de vuelta Enki, Aquiles no puede traer de vuelta Patroclo; Teseo no puede rescatar a Pirítoo; Orfeo falla, y aunque ella es una diosa, el amor de Deméter por Perséfone sólo puede traerla de regreso parcialmente.




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