El acoso sexual y la “doble presencia”, en casa y en el trabajo, determinan las condiciones laborales de las mujeres y generan riesgos específicos del género. En el marco de las 18° Jornadas de Salud Ocupacional, hablamos con Claudia María de Hoyos, médica traumatóloga, legista y del trabajo, Presidente del Comité de Mujer, Salud y Trabajo de la Sociedad de Medicina del Trabajo desde 2008, y Secretaria del Comité de Mujer, Salud y Trabajo de la Comisión Internacional de Salud Ocupacional desde 2012.
Los riesgos laborales pueden ser físicos (aquellos que se relacionan con el ruido, las vibraciones o radiaciones), ergonómicos (ocasionados por posiciones forzadas y gestos repetitivos), químicos (por ejemplo, ocasionados por el contacto con benceno o plaguicidas organofosforados) o biológicos (por ejemplo, brucelosis, hepatitis o HIV). En base a esto, los principales problemas laborales que tenemos las mujeres son:
– Los trastornos musculo esqueléticos derivados de trabajo repetitivo, trabajo pesado o posturas difíciles;
– Problemas dermatológicos (el número de mujeres que padece dermatitis es el doble del de los hombres);
– Exposiciones a sustancias químicas (por ejemplo, solventes) que afectan a órganos específicos;
– Cánceres específicos (de mama, cervical, de los ovarios);
– Problemas de salud reproductiva, infertilidad, abortos espontáneos, daño al feto o malformaciones;
– Discriminación, intimidación y acoso sexual y violencia sexual son también problemas graves encontrados por las mujeres en el trabajo.
Hay mujeres que trabajan todo el día paradas, por ejemplo, las vendedoras de locales de ropa. ¿Cómo repercute esto en su salud?
La posición de bipedestación prolongada (estar paradas) las 8, 9 o 10 horas de jornada laboral produce un aumento de la presión venosa en los miembros inferiores que puede generar y/o agravar las várices, que no es ni más ni menos que la dilatación de las venas en los miembros inferiores.