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Mitos y realidades de la Segunda Guerra Mundial

Info1/25/2011
Mitos y realidades de la Segunda Guerra Mundiall
Lamento si hiero la sensibilidad de algún Taringuero con las imágenes, pero mi propósito es manifestar lo ocurrido en la segunda guerra, no repugnarlos.
Los siguientes son algunos ejemplos de cómo la verdad se ha desfigurado en el caso de la Segunda Guerra Mundial:

MITO: El origen de la Segunda Guerra Mundial debe buscarse en el ascenso de Hitler al poder en Alemania en 1933.
REALIDAD: El origen de la Segunda Guerra debe buscarse en el Tratado de Paz de Versalles de 1919, cuando tras la Primera Guerra se impusieron a Alemania durísimas sanciones económicas relacionadas con el pago de los costos de la guerra a Gran Bretaña, con el fin de que ese país pudiera a su vez saldar las deudas que había contraído sobre todo con la banca Morgan durante la confrontación. Ello y la pérdida de grandes territorios por parte de Alemania y el imperio ruso merced al Tratado de Versalles generaron las condiciones objetivas para otra guerra.
MITO: El protocolo secreto firmado por los cancilleres de Hitler y Stalin en 1939, inmediatamente antes del comienzo de la Guerra, que sellaba el reparto de Polonia entre Alemania y la URSS, respondía sólo a las ambiciones territoriales de ambos jefes de Estado.
REALIDAD: Polonia había sido creada de la nada luego de la Primera Guerra Mundial por insistencia de Gran Bretaña y Estados Unidos con territorios que pertenecían a Alemania y Rusia. No existía ningún estado polaco desde 1815. Ambas naciones consideraban que la creación de Polonia era un mero golpe a su soberanía. El nuevo Estado polaco había sido muy afín (Políticamente) a Inglaterra. Su existencia servía para generar tensiones entre Alemania y la URSS dado que ambas reivindicaban la anexión de Polonia y no poseían una frontera común que podría haber significado su integración económica. Por lo tanto, el protocolo secreto de reparto de Polonia entre ambos Estados estaba diseñado con la finalidad de evitar fricciones entre ambas naciones ante la eventual extinción del Estado polaco.
MITO: El pacto de no-agresión germano-ruso es una clara muestra de la falta de escrúpulos tanto de Hitler como de Stalin.
REALIDAD: Ni Hitler ni Stalin deseaban una guerra en dos frentes. Hitler sabía que en caso de una invasión a Polonia era posible la declaración de guerra de Inglaterra y Francia. Stalin a su vez estaba preocupado por la alta tensión existente con los japoneses que habían invadido Manchuria, y había buscado un pacto de mutua defensa con ingleses y franceses antes de firmar el acuerdo con Hitler. La actitud dilatoria de la delegación inglesa, que ni siquiera tenía poder alguno para firmar tratados, obligó a Stalin a aceptar el acuerdo propuesto por Hitler y dejar a los ingleses con las manos vacías. Stalin sabía que en realidad los británicos deseaban una guerra entre Alemania y la Unión Soviética a causa de Polonia y que por eso nada iban a firmar con su ministro de Relaciones Exteriores. Hitler vio la ocasión de recuperar territorio polaco que había sido alemán sin ingresar en una guerra en dos frentes. No le faltaba lógica a los razonamientos de ninguno de los dos en aquel momento.

MITO: El pacto de no agresión germano-ruso estaba destinado a romperse debido a que el régimen nazi alemán y el bolchevique de la URSS eran enemigos ideológicos irreconciliables.
REALIDAD: En materia de sucesos graves como son las guerras, las ideologías se dejan de lado a la hora de ponderar factores prácticos. Hitler ofreció dos veces a Stalin que la URSS integrara el Eje (Pacto tripartito Berlín-Roma-Tokyo), asegurándole que el mismo no era un eje antisoviético sino antibritánico y antinorteamericano. La primera vez Stalin no contestó y la segunda supeditó el ingreso de la URSS al Eje a que Alemania reconociera a Rumania y Finlandia como zonas de influencia soviéticas, y por lo tanto, como países susceptibles de invasión por parte de la URSS con acuerdo alemán. Hitler importaba gran parte de su petróleo de Rumania y su níquel de Finlandia, y si accedía ello hubiera significado aumentar enormemente su dependencia petrolera respecto de la URSS, ya que sólo podía obtener petróleo de ella y de Rumania debido al bloqueo británico de los puertos alemanes del mar Báltico. No podía acceder al requerimiento de Stalin por esas causas, y ello es lo que impidió que dos regímenes teóricamente irreconciliables se aliaran bajo el paraguas del Eje, lo que hubiera significado un durísimo golpe a Gran Bretaña y Estados Unidos.
MITO: Hasta su ingreso tardío a la Segunda Guerra a fines de 1941, Estados Unidos había sostenido una actitud totalmente neutral y aislacionista.
REALIDAD: Estados Unidos siempre apoyó con créditos y ventas de materias primas y bienes industriales a Gran Bretaña durante la guerra, tal como lo había hecho en la Primera Guerra. Una eventual derrota inglesa habría ubicado a la banca de Wall Street en una situación muy difícil, dado que habría hecho irrecuperable la deuda contraída por Londres. Pero la ayuda directa a los ingleses no fue la única, dado que durante todos los años treinta la tecnología norteamericana era exportada a la Unión Soviética como forma de sostener el régimen de aquel país. Al mismo tiempo, también durante los años treinta, Hitler logró financiamiento para su régimen nazi mediante la colocación de diversos empréstitos en los Estados Unidos por parte del banco UBC (Union Banking Corp.), que era una entidad satélite de la poderosa Banca Harriman y operaba bajo la dirección de Prescott Bush, abuelo paterno del ex presidente norteamericano. Estados Unidos colaboró entonces tanto con Gran Bretaña como con Stalin y Hitler. Pero la estabilidad del sistema financiero norteamericano dependía de que Gran Bretaña ganara la guerra.
MITO: La invasión de dos países neutrales como Noruega y Dinamarca que Hitler desplegó marca el atropello del Tercer Reich a sus naciones vecinas.
REALIDAD: La provisión de mineral de hierro del Tercer Reich era íntegramente dependiente de las canteras del norte de Suecia. El hierro se transportaba vía Noruega y Dinamarca hasta Alemania. Hitler se enteró de un plan de invasión de Gran Bretaña a ambos países para cortar la provisión de hierro a Alemania. Por lo tanto, ordenó preventivamente su invasión 24 horas antes de que los propios ingleses lo hicieran.
MITO: Las invasiones de Holanda, Bélgica y Luxemburgo por parte de Hitler constituyeron un acto de agresión sin sentido.
REALIDAD: Francia había declarado la guerra a Alemania y un gran contingente de tropas inglesas había desembarcado en tierra francesa para combatir a Hitler tras su invasión de Polonia. Hitler no podía atacar a Francia en forma directa porque la frontera estaba protegida por la denominada "Línea Maginot", una cadena muy bien fortificada de defensas y fortificaciones francesas. Por lo tanto, no tuvo más remedio que invadir Holanda, Bélgica y Luxemburgo para poder invadir desde allí a Francia y prevenir así un ataque a su territorio.
MITO: Las invasiones a Yugoslavia y Grecia que Hitler realizó antes de su ataque a la Unión Soviética son otra prueba de sus ambiciones territoriales ilimitadas.
REALIDAD: Los ingleses habían invadido primero Grecia para desalojar de allí a los italianos que sin consultar a Hitler habían tomado ese país vía Albania, y merced a su ubicación dominaban el este del Mediterráneo, el Canal de Suez y el acceso al Mar Negro. Hitler necesitaba desalojarlos por esas cuestiones geopolíticas. Ésa fue la causa de la invasión de Yugoslavia, que se había tornado hostil al Tercer Reich debido a un golpe dado por los británicos. Belgrado era paso obligado a Grecia. En realidad las campañas a ambos países pusieron en un gran apuro a Hitler, quien tuvo que actuar de urgencia ante un error de los italianos. Hitler ya planificaba la invasión de la URSS y ambas campañas estuvieron a punto de retrasar e incluso boicotear esa operación.
MITO: La campaña bélica alemana a la Unión Soviética estuvo signada por algunos errores enormes como el "capricho" de Hitler por tomar Stalingrado debido a que presentía que la caída de esa ciudad (que nunca se produjo) podía proporcionar un golpe muy rudo a Stalin.
REALIDAD: La toma de Stalingrado tenía que ver con una realidad estratégica, pues la actual Volgogrado estaba situada en el punto más occidental del río Volga, por medio del cual se transportaba el petróleo del Cáucaso hasta los más importantes centros urbanos rusos. Cortar los suministros establecidos mediante el Volga podía paralizar a la Unión Soviética y acabar mucho antes la guerra. Stalingrado, entonces, no era apetecible por un "valor simbólico". Sin embargo, la fractura en dos del "frente soviético sur" que Hitler había establecido antes como unificado, produjo efectos desastrosos para Alemania: El fraccionamiento de las tropas en dos columnas diferentes que se dirigieron a Stalingrado y al Cáucaso debilitó su ataque, con lo que Hitler se quedó sin tomar esa ciudad y sin los pozos petroleros del Cáucaso, los que, de haber sido tomados, podrían haber supuesto la victoria.
MITO: Sólo a medida que los aliados iban recuperando territorios en Polonia y Alemania se tuvo una cabal idea de las brutalidades que Hitler había cometido con minorías étnicas, y especialmente con los judíos.
REALIDAD: La política antisemita del Tercer Reich era vastamente conocida en Occidente desde muchos años antes de desatarse la guerra. Hitler responsabilizaba al pueblo judío de la desastrosa situación alemana tras el Tratado de Versalles, y los consideraba inasimilables. Tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña los gobiernos sabían con lujo de detalles la política de exterminio masivo de judíos que estaba desarrollando Hitler. Incluso la prensa occidental estaba perfectamente al tanto de las aberraciones que estaba cometiendo el dictador alemán, a pesar de lo cual tejió un manto de silencio casi total sobre el tema durante el desarrollo de la guerra. Incluso la prensa controlada por empresarios de sangre judía (Como el New York Times) conocía en toda su magnitud el problema y lo silenciaba. Algunos altísimos dirigentes judíos como Ben Gurión y Chaim Waizmann también habrían estado al tanto, según fuentes judías, pero nada hicieron para impedir la masacre ni para favorecer la concientización del drama en los países aliados. ¿Por qué? Probablemente porque la masacre indiscriminada que estaba desarrollando Hitler proporcionaría tras la Segunda Guerra el elemento faltante para crear el Estado de Israel, cuya planificación se venía desarrollando al menos desde finales de la Primera Guerra Mundial con la llamada "declaración Balfour". Además es necesario tener en cuenta un artículo de Winston Churchill en el Illustrated Sunday Herald del 8 de febrero de 1920, en el cual señala, entre otras cosas, "Por supuesto, Palestina es demasiado pequeña para
acomodar más de una fracción de la raza judía; además, una mayoría de los judíos no desean ir allí". El Holocausto entonces habría servido en forma siniestra, no sólo a Hitler sino a dos objetivos ingleses y norteamericanos: Crear el Estado de Israel a pesar de la oposición del pueblo palestino y del árabe en general, y convencer a una gran cantidad de judíos a radicarse allí para evitar la posibilidad de más masacres como las ejecutadas por los nazis.



MITO: El desarrollo de la bomba atómica por parte de Estados Unidos tenía como único objetivo inicial el posible bombardeo de objetivos militares (Y no civiles) del Eje. Su posterior uso en Hiroshima y Nagasaki sólo se explica por la vocación del gobierno de Harry Truman de acortar la guerra y salvar así centenas de miles, o millones de vidas.
REALIDAD: Los Estados Unidos comenzaron a realizar estudios para desarrollar la bomba atómica a raíz de una carta de Albert Einstein al presidente Roosevelt, en la que detallaba que a través de la fisión nuclear se podía generar una bomba de inédito poderío, y a la vez se mostraba preocupado por la posibilidad de que Alemania llegara primero a alcanzar esa tecnología. Años más tarde, pocos meses antes de que la primera bomba fuera lanzada sobre Hiroshima, volvió a escribir a Roosevelt manifestándole su preocupación, dado que tenía información de que Estados Unidos había alcanzado la tecnología nuclear, pero poseía indicios de que los militares del Pentágono pensaban lanzarla, tal como ocurrió, sobre objetivos civiles. Einstein no tuvo respuesta de Roosevelt, quien poco después
murió. Su sucesor, Harry Truman, prominente miembro de la masonería norteamericana (Al igual que Roosevelt) no dudó en lanzar dos bombas atómicas sobre ciudades japonesas con el pretexto de acortar la duración de la guerra y salvar vidas. Una reciente investigación del autor japonés Tsuyoshi Hasegawa demuestra que el real objetivo de lanzar las bombas atómicas no fue salvar vidas sino impedir que Japón se rindiera ante la Unión Soviética y lo hiciera ante los Estados Unidos. Tras terminar su guerra con Alemania los soviéticos se aprestaban a invadir Japón, y los Estados Unidos consideraban que Japón no debía quedar (Ni total ni parcialmente) bajo el área de influencia soviética. Las bombas de Hiroshima y Nagasaki cumplieron entonces ese objetivo geopolítico que prescindía totalmente de consideraciones humanitarias. El gobierno japonés tampoco estuvo a la altura de las circunstancias tras las bombas atómicas, dado que sólo accedió a rendirse una vez que le fue asegurado que el emperador Hirohito no sería removido de su cargo, lo que tuvo aún más efecto para terminar la guerra en el Pacífico que las propias bombas atómicas.



Luego queda el caso de Pearl Harbour, que bien se puede explicar así:
La Segunda Guerra Mundial parecía haber llegado a su final en 1941, cuando Hitler obtuvo la rendición francesa, y, transitoriamente, Gran Bretaña se quedó como su única enemiga. Churchill y Roosevelt deseaban el ingreso de los Estados Unidos en la guerra, pero no poseían justificativo alguno. Además, la población norteamericana estaba en contra y ya desde 1936 Roosevelt exhibía como estandarte de campaña electoral su total oposición al ingreso norteamericano en la Segunda Guerra Mundial. Se necesitaba una excusa urgente entonces para poder declarar la guerra al eje Berlín-Roma-Tokyo, que por un tratado tripartito se comprometía a considerar enemigo común a cualquier nación que atacara al menos una de las tres.
Hitler no cayó en la trampa que hábilmente había tejido Roosevelt para que la Armada alemana hundiera un buque estadounidense cerca de las aguas de Islandia, pero los máximos esfuerzos del presidente norteamericano para que el Eje atacara a los Estados Unidos y matara unos cuantos miles de ciudadanos inocentes rindió frutos con Japón. El gobierno de ese país toleraba la ayuda norteamericana al general chino nacionalista Chiang Kaishek, quien estaba en guerra contra Japón, dado que sabían de la peligrosidad del ingreso de los norteamericanos en la guerra, pues podrían dar vuelta la relación de fuerzas, y asegurar, tal como ocurrió, el triunfo aliado.

Roosevelt tuvo entonces que redoblar esfuerzos: Trasladó parte de la flota del Pacífico, que estaba segura en la costa oeste norteamericana, a la bahía de Pearl Harbour en Hawai, mucho más cerca de Japón. Los nipones soportaron la provocación, por lo que los esfuerzos de Roosevelt por lograr que lo atacaran tuvieron que redoblarse aún más. El presidente norteamericano ordenó entonces que algunas naves de guerra estadounidenses ingresaran en aguas muy próximas al Mar del Japón, lo que constituía un completo acto de provocación. Sin embargo, tampoco esa vez los japoneses cambiaron su actitud. Si bien las relaciones entre los dos países eran muy tensas, no había motivo para el ingreso de los Estados Unidos en la guerra. Ya antes Roosevelt había sugerido a la Armada realizar un bloqueo comercial al Japón, cosa que en un principio no logró por la resistencia del almirantazgo. ¿Qué hizo entonces? Algo sencillo: Ordenar la aplicación de un embargo petrolero y luego uno comercial total contra Japón.
Como ese país no producía petróleo, rápidamente la situación se tornó insostenible. Ocurre que la economía moderna no funciona sin petróleo, y mucho menos en tiempos de guerra: Ni los ejércitos ni las naves pueden moverse sin petróleo. El estrangulamiento energético al que había sido sometido Japón no tenía, en el mediano plazo, otra solución que la declaración de guerra, que llegó a Washington muchas horas antes del ataque a Pearl Harbour, del cual Roosevelt estaba también al tanto por fuentes diplomáticas.
Nada hizo el presidente para evitar o al menos demorar el ataque japonés. Todo lo contrario, su intención había sido provocarlo. De esta manera, los buques estadounidenses más modernos fueron retirados de Hawai, y sólo se dejó una treintena de naves muy antiguas o averiadas y sus respectivas tripulaciones. En otro oscuro acto de traición a su propio país por parte del gobierno norteamericano, el comandante de la flota estadounidense en Pearl Harbour ni siquiera fue notificado por Roosevelt de que en solo cuestión de horas sería atacado por la aviación nipona, por lo que nada pudo prepararse adecuadamente y las bajas fueron muy fuertes cuando finalmente se produjo el ataque el 7 de diciembre de 1941: más de 2.000 norteamericanos murieron.


En cuestión de días Roosevelt obtuvo el consenso interno que necesitaba para entrar en la guerra, y tras unas pocas semanas hubo acuerdo del Congreso para el inicio de las operaciones bélicas contra el eje Berlín-Roma-Tokyo.
A la población norteamericana se le ocultó prolijamente toda esta información. Los medios de prensa, que ya desde mucho tiempo atrás eran los más importantes del mundo, nada dijeron al respecto. Sólo en los años cincuenta y sesenta comenzó a salir a flote la información, en forma fragmentada. La historia solamente fue contada tal como fue en libros alternativos o minoritarios de historia. Cada acto de traición del propio Roosevelt que se descubría seguía siendo minimizado u ocultado por la propia prensa, que intentaba seguir manteniendo la verdad amordazada.

Que juzgue el lector, con la información disponible, qué papel jugaron y juegan la "historia", los "historiadores", la "prensa" y los "periodistas" que se han referido en forma unilateral a la Segunda Guerra Mundial. Lo cierto es que tanto Hitler, un antiguo amigo de la elite transformado súbitamente en el peor enemigo de la misma, como su cruel y terrible régimen nazi, fueron mostrados para siempre como el peor desastre ocurrido a la humanidad en muchísimos siglos. ¿Qué mejor manera de sepultar al enemigo para siempre?
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