Historia número dos.
H-Hola cariño. ¿Cómo estás?-
M-Muy bien...-
H-¿Que estás viendo?-
M-Una película...-
H-...-
M-...-
H-¿No piensas decir algo más, mujer?-
M-¿Qué más quieres que diga tonto?-
H-Tranquila bebé, no te pongas así.-
M-¿Tranquila?,!Lárgate de aquí tonto!-
H-...-
H-. No puedo creer que ella me trate tan mal... Simplemente no puedo creerlo, yo la amo tanto, quisiera que ella dejará
de ver tantas películas y se enfocará un poco más en mi, en lo que siento...
Esas malditas películas, esa maldita violencia, esa sed, ese furor que le da y que yo no le puedo dar.
Iré a ver si ya tiene un momento para mi.
H-Hola cariño, ¿Todo bien?-
M-¿Por qué va a estar mal algo? !IMBÉCIL!-
H-Oye, mujer, escúchame, no creo que sea justo que me trates así, todo el tiempo estás mirando películas violentas
y me tratas tan mal.
M-¿¡Qué dices cabrón!? ¡Anda a la mierda imbécil, me da igual como te trate, eres un estorbo en mi vida!
¡Te odio!
H-!Estoy harto de ti, puta, imbécil¡ !Te voy a partir la cabeza¡-
M-¿¡Puta!? ¿¡Imbécil!? ¡Tú no me vas a partir la cabeza cabrón!-
H-¡Hija de puta!-
Me lancé como fiera hacía mi mujer, la tome por el cuello con mi mano y izquierda, y con la derecha empecé a golpearla salvajemente.
Le di tres o cuatro golpes tan fuertes que al segundo, ella ya estaba sin conciencia, entonces, al ver ahí su cuerpo, sin conciencia,
inerte, desesperante, recordé todas esas películas que ella miraba, recordé aquellas escenas de descuartizamiento, violencia sin sentido.
Fui a la cocina, tome un cuchillo, camine lentamente hacía la habitación donde estaba ella y le tome la muñeca, me acerque lentamente a
su oreja y le dije en voz baja: "Te daré tu violencia, cariño.", lentamente puse mi mano sobre su boca e hice un gran corte en su muñeca.
Pude sentir como peleaba, pude ver fluir lo que ella ocultaba, pude ver su ser rojo, su sangre fluía y mi mente también.
Arroje el cuchillo a otra habitación, a ella la arroje al suelo y la tome por el pelo con mis dos manos, empecé a estrellarle la cabeza
contra aquellos azulejos de azul hermoso hasta que ese azul se convirtió en un rojo sangriento, a decir verdad, no sólo el azulejo se torno rojo
sino todo al rededor.
H-Hola cariño. ¿Cómo estás?-
M-Muy bien...-
H-¿Que estás viendo?-
M-Una película...-
H-...-
M-...-
H-¿No piensas decir algo más, mujer?-
M-¿Qué más quieres que diga tonto?-
H-Tranquila bebé, no te pongas así.-
M-¿Tranquila?,!Lárgate de aquí tonto!-
H-...-
H-. No puedo creer que ella me trate tan mal... Simplemente no puedo creerlo, yo la amo tanto, quisiera que ella dejará
de ver tantas películas y se enfocará un poco más en mi, en lo que siento...
Esas malditas películas, esa maldita violencia, esa sed, ese furor que le da y que yo no le puedo dar.
Iré a ver si ya tiene un momento para mi.
H-Hola cariño, ¿Todo bien?-
M-¿Por qué va a estar mal algo? !IMBÉCIL!-
H-Oye, mujer, escúchame, no creo que sea justo que me trates así, todo el tiempo estás mirando películas violentas
y me tratas tan mal.
M-¿¡Qué dices cabrón!? ¡Anda a la mierda imbécil, me da igual como te trate, eres un estorbo en mi vida!
¡Te odio!
H-!Estoy harto de ti, puta, imbécil¡ !Te voy a partir la cabeza¡-
M-¿¡Puta!? ¿¡Imbécil!? ¡Tú no me vas a partir la cabeza cabrón!-
H-¡Hija de puta!-
Me lancé como fiera hacía mi mujer, la tome por el cuello con mi mano y izquierda, y con la derecha empecé a golpearla salvajemente.
Le di tres o cuatro golpes tan fuertes que al segundo, ella ya estaba sin conciencia, entonces, al ver ahí su cuerpo, sin conciencia,
inerte, desesperante, recordé todas esas películas que ella miraba, recordé aquellas escenas de descuartizamiento, violencia sin sentido.
Fui a la cocina, tome un cuchillo, camine lentamente hacía la habitación donde estaba ella y le tome la muñeca, me acerque lentamente a
su oreja y le dije en voz baja: "Te daré tu violencia, cariño.", lentamente puse mi mano sobre su boca e hice un gran corte en su muñeca.
Pude sentir como peleaba, pude ver fluir lo que ella ocultaba, pude ver su ser rojo, su sangre fluía y mi mente también.
Arroje el cuchillo a otra habitación, a ella la arroje al suelo y la tome por el pelo con mis dos manos, empecé a estrellarle la cabeza
contra aquellos azulejos de azul hermoso hasta que ese azul se convirtió en un rojo sangriento, a decir verdad, no sólo el azulejo se torno rojo
sino todo al rededor.