InicioInfoLa hipocresía flagrante
Si crees en la libertad de expresión entonces crees en la libertad de expresión para puntos de vista que te disgustan. Por ejemplo, Goebbels estaba a favor de la libertad de expresión para los puntos de vista que compartía, igualmente Stalin. Si estás a favor de la libertad de expresión, eso significa que estás a favor de la libertad de expresión precisamente para los puntos de vista que no compartes, de otra forma, no estarías a favor de la libertad de expresión.

Noam Chomsky



La hipocresía flagrante de la que hacen gala muchos usuarios, voy a dar ejemplos de las acciones de dos regimenes: violentos autoritarios y censuradores.
Bien, estos usuarios (y muchas personas mas afuera de Taringa), que admiran y reivindican a torturadores, reclaman libertad de expresion y piden que no los censuren, se quieren expresar, demostrando no solo una hipocresia enorme sino tambien ser una contradiccion en si mismos.
Podrán reclamar libertades para ellos y censura para los demás? Si, lo hacen. Pueden admitir que lo hacen? no, es muy raro que alguien lo admita.
En caso de admitirlo, es un arma de doble filo, una persona de ideologia opuesta puede reclamar lo mismo y tener los mismos argumentos tan validos como los suyos, a los cuales ellos critican y califican de censuradores.
Para todos los que desean tomar consciencia de que es la censura vean este post y si lo desean lean 1984 de George Orwell.
Dejamos de lado acciones de estos regímenes mas conocidas y aun peores tales como (persecucion, encarcelamientos ilegales, tortura, cierre de diarios, diarios y canales de television, etc etc)

Niños o adolescentes pro nazis (porque no llegan y nunca seran neo nazis) que hacen post reclamando "no me censuren" quiero libertad, pero opinas en uno de sus posts con todo respeto y datos y te bloquean....... al final es gracioso y dan lastima.

La quema de libros nazi y la decadencia científica alemana

"Donde se quema libros, se acaba quemando hombres". Heine, 1820

El 10 de mayo de 1933 ardieron miles y miles de libros en Alemania. Con esa purga simbólica empezó la decadencia de la primacía germana como nación científica, concluye el historiador berlinés Michael Grüttner.





Miles de libros desaparecieron de las bibliotecas alemanas el 10 de mayo de 1933 durante la quema de libros perpetrada por el régimen nacionalsocialista. Se calcula que sólo en Berlín, los nazis quemaron esa noche 20.000 publicaciones de filósofos, científicos, poetas, escritores. Sus nombres pasaron a integrar las "listas negras". Muchos de ellos fueron asesinados, arrestados o enviados al exilio.





Bildunterschrift: Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: La quema de libros fue un acto simbólico: el comienzo de la persecución y la expulsión de científicos e intelectuales de Alemania. El efecto de la quema de libros supera la época nacionalsocialista: según el historiador berlinés Michael Grüttner, con ello comenzó la decadencia de Alemania como nación de la ciencia: con la emigración a América del Norte de 24 premios Nóbel de Alemania y Austria, "el primer lugar pasó a ocuparlo Estados Unidos", declaró Grüttner en entrevista concedida al semanario Der Spiegel en su edición digital.






¿Colaboradores del régimen?

Después de 1933, las universidades alemanas tuvieron que renunciar a un quinto de su personal docente. Si a comienzos del siglo XX, las universidades alemanas eran las mejores del mundo, después de 1945 de la tradición de excelencia quedaba sólo el recuerdo. Los catedráticos que se quedaron tuvieron necesariamente que ver con el régimen nazi; sus publicaciones e investigaciones de esa época tuvieron que contar, necesariamente, con el beneplácito del gobierno de Hitler. Al final de la guerra, entre 60 y 70 por ciento de los catedráticos alemanes pertenecían al partido o a alguna organización nazi.



No dejar las universidades vacías

Si bien al finalizar la guerra, las fuerzas aliadas despidieron a la mitad del personal, poco a poco fueron volviendo a ocupar sus puestos. Quien no hubiese denunciado a nadie y tuviese un nombre como científico tenía buenas oportunidades de ser rehabilitado. Sus obras de la época nacionalsocialista fueron, convenientemente, relegadas al olvido. Básicamente porque no convenía paralizar completamente las universidades alemanas. Muchos de los que no colaboraron con el régimen nacionalsocialista no estaban interesados en volver. Theodor W. Adorno y Max Horkheimer del Instituto para Investigación Social de Fráncfort fueron las brillantes excepciones.


Los "emigrados" no pudieron evitar la mirada decepcionada hacia Alemania: la conciencia del grado de horror perpetrado por los nazis era mínima en el ámbito universitario. El consenso fue callar y olvidar lo sucedido. Fue apenas en los años 80 cuando las Facultades se dedicaron a revisar, en contra de la voluntad de sus autores, las obras de sus catedráticos, para ese momento ya jubilados.

La quema de libros fue un acto simbólico y propagandístico, que Joseph Goebbels alabó como un día en que "Alemania había comenzado a limpiarse interna y externamente"… de excelencia académica.


El monumento “conmemora” la quema de libros que los nazis perpetraron en 1933, dejando ya clara su intolerancia que dejaría actos mucho peores que todos conocemos.



Los libros que la dictadura militar no pudo destruir





El Museo de la Memoria exhibe documentos, libros y testimonios sobre el plan de represión cultural puesto en marcha en 1976

Osvaldo Aguirre / La Capital (Rosario)

Los libros se encuentran en una vitrina. Son de temas y autores diferentes, casi sin relación entre sí. En una librería estarían separados. Pero aquí, en el Museo de la Memoria, donde son expuestos desde el viernes, deben estar juntos. Porque tienen algo en común: estuvieron prohibidos por la dictadura militar instaurada en 1976. Y algo más: quisieron destruirlos, hacerlos desaparecer.

Sin embargo esos libros condenados, que integran con documentos y revistas la muestra "Tinta roja", sobrevivieron. La empresa de los represores era, en parte, imposible. No se podía borrar a esos libros de la memoria de los lectores. Lo demostró lo que ocurrió con "El fusilamiento de Penina", el título de Aldo Oliva que editó la editorial de la Biblioteca Constancio C. Vigil y cuya edición íntegra fue quemada por los militares. Como en Fahrenheit 451, la novela de Ray Bradbury, ese libro se preservó en los relatos de algunas personas, que lo retransmitieron a través del tiempo e hicieron posible, sin duda, el reciente hallazgo de un ejemplar.

La lista parece disparatada. Están "Operación Masacre", de Rodolfo Walsh, y "Rojo y negro", de Stendhal. "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano y "Dailán Kifki", de María Elena Walsh. Pero hay un sentido. "Hubo un plan de represión cultural: la desaparición de personas tenía que corresponderse con la desaparición de símbolos culturales", dice la periodista Judith Gociol, coautora con Hernán Invernizzi de "Un golpe a los libros", una historia de la represión a la cultura durante la última dictadura.



La imágen no es de la Alemania nazi, es la Argentina de la dictadura, año 1980. Se descargaban libros como "basura marxista" para ser quemados.


http://www.elortiba.org/quelib.html
http://www.dw-world.de/dw/article/0,,1579576,00.html
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