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Ya nadie recuerda a Terminator...

Info3/28/2011
Hola gente, encontré este texto por accidente buscando noticias del día, y me pareció cargado de tal nivel de nostalgia que me obligo a compartirlo con ustedes, los que nacieron antes del 90'...

Hace unas semanas, estaba escribiendo un programa de televisión con unos colegas, e incluimos una línea de diálogo que mencionaba a un héroe de acción de los noventa. Concretamente, un personaje sugería saltar desde un lugar inestable e inseguro y otro lo increpaba preguntando: ¿Quién te crees que sos, Arnold Schwarzenegger?



Cuando lo leímos en voz alta, una ayudante (jovencita, no más de veinte años) intervino, disconforme. Para ella, Arnold Schwarzenegger no era un héroe de acción sino un gobernador fascistoide bastante destruido, que entre otras cosas estaba obsesionado con impedir el matrimonio gay. No era que no supiera que alguna vez había hecho Terminator, tampoco era tonta, sino que cuando le decían su nombre, no podía imaginárselo fornido y bronceado disparando desde un helicóptero en movimiento. Y para ella, los espectadores de su generación tampoco iban a poder. Si lo decíamos así, fuera de contexto, todos iban a imaginarse al viejo deforme que sale en las noticias de California y no a Depredador que alguna vez se abrió paso en la selva a pura metralleta.

Esa misma semana me enteré de que Tom Hanks había sido abuelo. Otro shock. Y para completar, hace unos días anunciaron que Kevin Costner hará del padre de Superman (que además será Henry Cavill junto a Amy Adams, porque Christopher Reeve está muerto y Margot Kidder, la Luisa Lane original, perdió todos los dientes).









También se dice que barajan hacer la nueva Indiana Jones con un supuesto hijo de Harrison Ford, porque este último corre todo destartalado y es imposible pegar sus movimientos con los que hace su joven doble de acción. Macaulay Culkin, que es más chico que yo, no sólo no hace más cine sino que ya estuvo preso, en rehabilitación y se divorció. Ni hablar de cómo Meg Ryan, la reina de las comedias románticas, se deformó la cara a pura cirugía y que Teri Hatcher, la preciosa chica de Gremlins, ahora es un ama de casa desesperada que no tiene expresión en la cara porque se inyectó una palangana plástica derretida en la frente y los labios.












Los hacedores de hits pop de los finales de los ´80 y 90 tampoco existen más. Michael Jackson se murió, Whitney Houston está empastillada en su mansión de Beverly Hills, Roxette no pega una hace veinte años, Phil Collins se retiró por la artritis. Otras bandas ya ni están juntas y sólo aparecen, estrellados, en documentales bizarros de VH1 e E! Entertainment.









Todos mis ídolos de la infancia, los protagonistas de mis películas preferidas, ya hacen de padres o de abuelos, son directores o productores, se están retirando, se dedican a jugar con sus nietos y sus millones. Ya no espero sus películas ni sus discos porque ya no son. No existen. Están en retirada, como alguien que limpia su escritorio y pone todo en una caja cuando lo echan de la empresa en la que trabajó toda la vida. Llegué, finalmente, a ese momento. Hasta hace algunos años todavía estaban ahí, tambaleando pero presentes, intentando volver al ruedo, logrando un protagónico interesante de vez en cuando, pero ahora se terminó. Mi infancia no existe más, salvo en mis recuerdos. Las nuevas generaciones se ríen de mis viejos amores, hacen gestos de que vomitan cuando hablo de algún galán, se burlan de mis discos.

Y es triste. Porque ver al Superman del que estuviste enamorada en secreto en una silla de ruedas por un accidente es una cosa: una tragedia, un imprevisto. Pero ver a un héroe de acción envejecer, engordar, pelar canas, empezar a hacer de abuelo de Ashton Kutcher en el cine es mucho más duro todavía. Es como ver la vida pasar, en tus narices.

Cualquier intento por revivir aquella época no sólo es inútil, sino también nocivo. El año pasado obligué a mi marido a ver conmigo Laberinto, mi película preferida de la infancia. Él no la había visto ni la quería ver, pero yo sentía un cariño enorme por esa película y quería compartirla con él. ¡Qué shock fue encontrarme con esos efectos especiales tan berretas, con las marionetas colgadas de hilos, con la pésima actuación de Jennifer Connelly! En mi memoria todo era mágico y perfecto. Hay cosas que si no amaste a los doce años, ya no podés amar nunca más. Es una puerta cerrada para siempre.



Supongo, entonces, que esto es la nostalgia. Una nostalgia poetizada por el tango y los boleros, que en realidad es desoladora. Una nostalgia que te deja solo con los recuerdos de un Arnold Schwarzenegger joven y hermoso que salta en una pantalla para salvar a una chica en problemas y no para hablar de impuestos. Un Arnold Schwarzenegger que antes, con una espada en la mano y cara de malo, daba mucho menos miedo.

Carolina Aguirre se recibió de guionista en la Escuela Nacional de Experimentación y realización cinematográfica (ENERC) en el año 2000. Es autora de los blogs Bestiaria (que se editó como libro bajo el sello Aguilar en 2008) y Ciega a citas que además de transformarse en un libro se transformó en la primera serie de televisión adaptada de un blog en español.
Colaboró con diversos diarios y revistas como Joy , Crítica de la Argentina, In, Metrópolis, Gataflora, Ohlalá y La mujer de mi vida .
Como guionista escribe para televisión y publicidad en canales y productoras como Pramer, Promofilm, Mandarina y Camilo Ad Hoc.
Actualmente es columnista del programa Mañana es tarde, en Radio del Plata AM 1030 y en su blog Wasabi , en Planeta Joy. Se encuentra trabajando en su próximo libro, que saldrá directamente en papel a fines del 2010.



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