Incontestable en los sistemas operativos desktop con más del 90% del mercado, hace años que se predice la caída de la compañía de Redmond, mayormente a manos de Linux. Pero no va a ser este el sistema que la destrone, sino una conjunción de factores que están cambiando aceleradamente el mercado, y a los cuales Microsoft ya no parece capacitada para adaptarse.
La compañía fundada por Bill Gates es como uno de esos imperios que se estudian en los libros de historia: otrora se adaptaba, aprendía de otros e incorporaba los cambios necesarios para guerrear con quien fuera y salir airosa. Lo demostró, por ejemplo, con Netscape (triquiñuelas ilegales aparte), pero el paso de los años ha convertido al imperio en una anquilosada estructura que a penas puede reaccionar a tiempo ante los cambios del mercado.
La historia nos lo enseña: cuando cambian las tácticas de guerra, esas grandes estructuras son incapaces de moverse a tiempo para adaptar sus tropas a las nuevas armas y técnicas. El resultado: la pérdida de batallas que conlleva la secesión o conquista de territorios y que contribuye al hundimiento del imperio. Microsoft está perdiendo batallas de resultas de su escasa capacidad de adaptación ante ciertos avances, lo que tarde o temprano conllevará la pérdida del imperio.
Los dispositivos móviles son la muestra palpable; en el terreno de los smartphones, el mismo Steve Ballmer admitía recientemente los errores de cálculo en su estrategia de mercado. Microsoft respondía con Windows Mobile 6 en su versión para smartphones a los retos propuestos por el iPhone, Android y BlackBerry. El sistema nació tarde y ello conllevó que técnicamente fuera inferior a sus competidores. Se lo pensaron -y mucho- y al fin anunciaron Windows Phone 7... que saldrá unos diez meses tras haber sido mostrado por primera vez al público. En este tiempo, Google ha podido lanzar una nueva revisión de Android, está a punto de hacerlo una segunda vez y a buen seguro que ya está ultimando una tercera o una revisión mayor (versión 3.0). El anquilosamiento de la burocracia propia de los gigantes empresariales y estatales le está jugando una mala pasada a Microsoft.
Como cuando, hace ya años, decidió no apostar por Internet y, cuando reconoció su error, se volcó -tarde- en la Red de redes. Otra muestra más de lo que se tarda en hacer las cosas en una gran industria de este tipo.
El paradigma del usuario está cambiando, y va a cambiar aún más en los próximos meses a medida que smartphones, tablets y netbooks se vayan popularizando, ya que estos incluyen plataformas software totalmente diferentes a la de Microsoft. Si hace años un usuario al que sacabas de Windows se sentía como pez fuera del agua, dentro de poco cualquiera sabrá moverse por entornos diferentes, espoleado por el trabajo diario con tablets o smartphones basados en iOS (Apple), GNU/Linux o Android.
De esto a poder prescindir de Windows en el escritorio tal vez no haya un paso, pero tampoco habrá más de dos o tres. Y las aplicaciones online lo están facilitando.
Probablemente en Microsoft lo han visto, y por ello se están inclinando hacia soluciones como Office Online, Bing y otros servicios, pero como siempre reaccionan tarde. A día de hoy, cuando Apple ha presentado y empezado a vender el iPad, están saliendo tablets basados en Android como el Dell Streak y se avecina una invasión de máquinas con Chrome OS, la compañía de Redmond aún no tiene una apuesta clara en este campo ni ha indicado nada al respecto. Si se lo están pensando, lo llevan claro, puesto que saldrán con retraso al mercado y el tren no espera a nadie. Esto es como una carrera.
En mi opinión, ahora sí nos encontramos al principio del fin de Microsoft como líder absoluto e indiscutible en el mercado, el momento en que podremos decir que marcó un punto de no retorno en la evolución tecnológica.
¿Queda algún remedio para Microsoft? Creo que convertirse en una inversora en negocios florecientes dentro del espectro tecnológico, potenciar una actividad que ya está llevando a cabo con Facebook al haber inyectado en la compañía que se encuentra tras la red social una buena suma de dinero y haberse convertido en uno de sus principales valedores. Particularmente, no soy partidario de este tipo de negocios, pues no me parece que difieran mucho de la pura especulación (algo que supongo provocado por mi ideología más bien izquierdista), pero tengo claro que el mercado es el que es, y si estamos en una sociedad capitalista, o jugamos con estas reglas y jugamos bien, o nos buscamos una isla desierta y nos montamos nuestra propia utopía.
La compañía fundada por Bill Gates es como uno de esos imperios que se estudian en los libros de historia: otrora se adaptaba, aprendía de otros e incorporaba los cambios necesarios para guerrear con quien fuera y salir airosa. Lo demostró, por ejemplo, con Netscape (triquiñuelas ilegales aparte), pero el paso de los años ha convertido al imperio en una anquilosada estructura que a penas puede reaccionar a tiempo ante los cambios del mercado.
La historia nos lo enseña: cuando cambian las tácticas de guerra, esas grandes estructuras son incapaces de moverse a tiempo para adaptar sus tropas a las nuevas armas y técnicas. El resultado: la pérdida de batallas que conlleva la secesión o conquista de territorios y que contribuye al hundimiento del imperio. Microsoft está perdiendo batallas de resultas de su escasa capacidad de adaptación ante ciertos avances, lo que tarde o temprano conllevará la pérdida del imperio.
Los dispositivos móviles son la muestra palpable; en el terreno de los smartphones, el mismo Steve Ballmer admitía recientemente los errores de cálculo en su estrategia de mercado. Microsoft respondía con Windows Mobile 6 en su versión para smartphones a los retos propuestos por el iPhone, Android y BlackBerry. El sistema nació tarde y ello conllevó que técnicamente fuera inferior a sus competidores. Se lo pensaron -y mucho- y al fin anunciaron Windows Phone 7... que saldrá unos diez meses tras haber sido mostrado por primera vez al público. En este tiempo, Google ha podido lanzar una nueva revisión de Android, está a punto de hacerlo una segunda vez y a buen seguro que ya está ultimando una tercera o una revisión mayor (versión 3.0). El anquilosamiento de la burocracia propia de los gigantes empresariales y estatales le está jugando una mala pasada a Microsoft.
Como cuando, hace ya años, decidió no apostar por Internet y, cuando reconoció su error, se volcó -tarde- en la Red de redes. Otra muestra más de lo que se tarda en hacer las cosas en una gran industria de este tipo.
El paradigma del usuario está cambiando, y va a cambiar aún más en los próximos meses a medida que smartphones, tablets y netbooks se vayan popularizando, ya que estos incluyen plataformas software totalmente diferentes a la de Microsoft. Si hace años un usuario al que sacabas de Windows se sentía como pez fuera del agua, dentro de poco cualquiera sabrá moverse por entornos diferentes, espoleado por el trabajo diario con tablets o smartphones basados en iOS (Apple), GNU/Linux o Android.
De esto a poder prescindir de Windows en el escritorio tal vez no haya un paso, pero tampoco habrá más de dos o tres. Y las aplicaciones online lo están facilitando.
Probablemente en Microsoft lo han visto, y por ello se están inclinando hacia soluciones como Office Online, Bing y otros servicios, pero como siempre reaccionan tarde. A día de hoy, cuando Apple ha presentado y empezado a vender el iPad, están saliendo tablets basados en Android como el Dell Streak y se avecina una invasión de máquinas con Chrome OS, la compañía de Redmond aún no tiene una apuesta clara en este campo ni ha indicado nada al respecto. Si se lo están pensando, lo llevan claro, puesto que saldrán con retraso al mercado y el tren no espera a nadie. Esto es como una carrera.
En mi opinión, ahora sí nos encontramos al principio del fin de Microsoft como líder absoluto e indiscutible en el mercado, el momento en que podremos decir que marcó un punto de no retorno en la evolución tecnológica.
¿Queda algún remedio para Microsoft? Creo que convertirse en una inversora en negocios florecientes dentro del espectro tecnológico, potenciar una actividad que ya está llevando a cabo con Facebook al haber inyectado en la compañía que se encuentra tras la red social una buena suma de dinero y haberse convertido en uno de sus principales valedores. Particularmente, no soy partidario de este tipo de negocios, pues no me parece que difieran mucho de la pura especulación (algo que supongo provocado por mi ideología más bien izquierdista), pero tengo claro que el mercado es el que es, y si estamos en una sociedad capitalista, o jugamos con estas reglas y jugamos bien, o nos buscamos una isla desierta y nos montamos nuestra propia utopía.