EL PERSONAJE NO RECONOCIDO DE LA HISTORIA ARGENTINA
“Por años venimos practicando la autopsia del cadáver de la Patria Grande y en esas sagradas vísceras, hemos encontrado en abundancia cianuro: son los hechos negativos, y, uno de ellos, es el desaprovechamiento de la victoria de Suipacha” Luis Güemes. (Bisnieto de Martín Miguel de Güemes. Autor de “Güemes Documentado”)
Un café con revisiones
En 2005, sentados a la mesa de un barcito porteño y en una charla sobre las reivindicaciones históricas, me dice el salteño Miguel Solá “todavía no se ubica a Güemes como corresponde, bien alto, al lado de San Martín, al lado de Belgrano, y sobre todo bien alto como ideal y ejemplo de los argentinos”. Le respondo con la frontalidad, el racionalismo y la poca diplomacia que me caracterizan que carezco de la información y de la bibliografía necesaria para rectificar o ratificar su opinión, pero que me comprometo a profundizar sobre el tema.
Mientras saboreo mi café, ya tibio y sin humo, pienso en Arturo Jauretche cuando manifiesta que “lo que se nos ha presentado como historia es una política de la historia”. También, mi memoria larga ubica una frase que repite en sus charlas Norberto Galasso: “la historia es la política pasada, así como la política es la historia del presente”.
La conversación continúa y quedamos para otro encuentro. Intercambiamos direcciones y contactos. Nos despedimos afectuosamente.
Al llegar a mi casa busco en mi biblioteca el sector reservado a la historia argentina. Pasan por mis manos algunos escritos de: Bartolomé Mitre, Alfredo Grosso, Adolfo Saldías, Ricardo Levene, Carlos Ibarguren, Ignacio Anzoategui, Manuel Gálvez, Ernesto Palacio, Vicente Sierra, José María Rosa, Fermín Chávez, José Luis Romero, Tulio Halperín Donghi, Luis Alberto Romero, Félix Luna, Abelardo Ramos, Enrique Rivera, Arturo Jauretche, Miguel Angel Scenna, María Sáenz Quesada, Norberto Galasso, entre muchos otros. Güemes, Güemes, Güemes, poco, poco y no coincide con lo charlado con Solá. Teléfono en mano, rodeado de libros apilados, llamo a Galasso: “Hola Norberto. ¿Qué sabés de Güemes?”. Silencio breve…Me responde: “Mirá, si Mitre no lo quería y San Martín lo considera un amigo de absoluta lealtad, le da varias misiones y se le nublan los ojos cuando le comunican su muerte, ya tenés un punto de partida”.
A los pocos días, recibo una gran encomienda que contiene varios tomos de “Güemes Documentado” de Luis Güemes -bisnieto del prócer- y boletines del Instituto Güemesiano de Salta. Remite Miguel Solá.
En otra oportunidad, me obsequia sus obras: “Güemes y la Academia Nacional de Historia”, “El gran bastión de la Patria” y el audiovisual educativo “La guerra de la independencia en el norte”.
A posteriori, tomo contacto con el periodista e investigador Martín Güemes Arruabarrena, quien también me desasna sobre su homónimo y la trascendencia de su labor.
Finalmente, desde hace un par de años, la profesora María Cristina Fernández responde mis dudas desde su e-mail y me envía el “Boletín Güemesiano”.
Hoy, después de un lustro de estudios sobre Güemes, rescato un alto escalón, entre muchos, en su breve pero importante vida de patriota: su intervención decisiva en el triunfo de Suipacha en pos de forjar una Patria Grande.
Entre bronces, monumentos y olvidos
Como expreso en mi investigación “En Bronce Eternizados. La colonización pedagógica monumental” –aún en estudio para su publicación- en el “Monumento al general San Martín y a los Ejércitos de la Independencia”, sito en la zona de Retiro, en la “Plaza Libertador General San Martín”, omiten al patriota salteño.
En la construcción que erige el alemán Gustavo Eberlein no hay ninguna figura o situación que rememore la lucha de Güemes y sus bravos gauchos.
Los relieves contienen: 1. Batalla de Tucumán, 2.Batalla de Salta, 3.Reconocimiento de Montevideo, 4.El ejército paraguayo presenta armas al ejército argentino después de los heroicos combates de Tacuarí, 5.Batalla de Ayohuma, general Belgrano llama a reunión bajo el fuego del enemigo, 6.Combate de Riobamba, carga del general Lavalle, 7.Paso de los Andes, 8. Independencia del Perú, 9. Batalla de Maipú, 10. Batalla de Chacabuco, 11. Combate de San Lorenzo. Figuras: 12. Minerva. Grupos alegóricos: a. La partida para la guerra, b. La batalla, c. La victoria, d. El regreso del vencedor. ¿Y Suipacha?
A ningún integrante de la Comisión Nacional para los festejos del Centenario se le ocurre incorporar la Batalla de Suipacha, menos aún al verdadero gestor del triunfo americano: Martín Miguel Juan de Mata de Güemes.
Un dato poco conocido por los lectores de “mitos históricos” es que entre 1810 y 1821, los salto-jujeños soportaron más de 150 enfrentamientos ante las fuerzas realistas.
Los errores sobre Salta y Güemes en la Historia Oficial
El historiador Luis Oscar Colmenares apunta, en 1999, que “la razón principal [de la mala comprensión de Güemes y su lucha] fue la profunda división existente entre güemistas y antigüemistas, a la muerte del prócer”, pero en 2010,1 no deberían quedar dudas de que estamos ante un verdadero héroe. Sin embargo, aún se lo presenta con el viejo estigma mitrista de “defensor de la zona norte”.
Esta simplificación queda plasmada a partir de que Bartolomé Mitre expresa que “desde ese día[en que Belgrano no puede enviar fuerzas para atacar a los enemigos en la Quebrada de Humahuaca] el ejército auxiliar del Perú quedó perdido para la guerra de la Independencia; pero la inmunidad de la frontera argentina por el Norte era un hecho y Salta bastaba para hacerla respetar”. 2
Opina Colmenares que esa “deformación ha calado tan hondo, que hasta entre los mismos salteños se oye hoy [1985] llamar al prócer ‘defensor de la frontera norte’”. 3
Es erróneo plantear a Salta como “frontera norte”, pues desde su fundación se constituye como “centro geográfico y nexo esencial entre tres puntos de América: el centro virreinal de Lima, producción fiel de las cortes europeas; las mermadas riquezas de las minas del Alto Perú, todavía fuente de los recursos necesarios para el imperial andamiaje español; el puerto de Buenos Aires con las facilidades de conexión con la Madre Patria”. 4
Además de estar ubicada en el centro de las Provincias Unidas en los años de emancipación americana, Salta es parte de la Intendencia de Salta del Tucumán, conformada -además de las dos mencionas- por Santiago del Estero, Catamarca, Tupiza y Tarija. Recién es frontera cuando se segrega, en 1825, el Alto Perú. Güemes muere cuatro años antes. Además, esos valientes defienden todas las provincias situadas al sur del Alto Perú.
De la invasiones inglesas al “triunfo perdido”
El alférez Güemes, de 21 años, procedente de Salta, presta servicios como ayudante de Santiago de Liniers y Bremond en los Bajos del Retiro, en 1806. El joven, al comando de 30 jinetes, ataca al “Justina”, una nave de la escuadra del almirante Home Riggs Popham que queda encallada en la zona al bajar las aguas. Los derrotan y toman la bandera-estandarte del invasor. Es denominada “del Retiro” y hoy, se encuentra en la iglesia de Santo Domingo, sita en Defensa y Belgrano.
Además, en 1807, como integrante del plantel del Regimiento de Infantería, tiene una destacada actuación.
Luego, enferma y se le otorga el permiso para regresar a su provincia, donde el cadete presta armas en el Regimiento de Infantería.
En 1809, es ascendido por la Real Cédula de la Suprema Junta Gubernativa de España e Indias.
El subteniente salteño, un año después, está al servicio del movimiento de Mayo desde el primer momento.
La novel Junta de Buenos Aires dispone extender y legitimar su autoridad al resto del virreinato. Como el acatamiento al nuevo gobierno no es uniforme, organiza dos expediciones militares para “convencer” a los levantiscos: una, al Paraguay y la otra, al Alto Perú.
Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, al frente de la primera, triunfa en Campichuelo pero es derrotado en Paraguarí. En marzo de 1811, es atacado en Tacuarí y en situación crítica firma un honroso armisticio y se retira.
La otra expedición parte hacia el Alto Perú. Deben superar, en primer término, a los sublevados en Córdoba. Allí, el gobernador intendente Juan Gutiérrez de la Concha, junto a alguno de sus funcionarios, no reconocen a la Junta, la que envía a Francisco Ortiz de Ocampo y a Juan Hipólito Vieytes para arcabucear a los rebeldes. Pero los ejecutores dudan y no cumplen las instrucciones emanadas de los altos mandos porteños. Mariano Moreno, ante esta desobediencia, le informa a Feliciano Antonio Chiclana en carta muy privada que estos hombres se “cagan” en las órdenes impartidas por la Junta.
Imagino el brete en que se pondrían nuestras pobres maestras al expresar a los educandos las “emotivas” y directas palabras del “lumen de Mayo”. Y, para colmo de desgracias para la explicación de las educadoras, el que pega el tiro de gracia al francés - otrora héroe de la Reconquista- es Domingo French, quien según la historia canónica, reparte cintitas celestes y blancas en la Revolución de Mayo.
El gobierno de Buenos Aires reemplaza a los indecisos por Antonio González Balcarce y Juan José Castelli, quienes fusilan a los contrarrevolucionarios. Entre los castigados está Santiago de Liniers. Es lícito recordar que el virrey expulsado, Baltasar Hidalgo de Cisneros - alias “el sordo”-, se comunica con Liniers y lo nombra jefe de los ejércitos realistas y, en conjunto, avanzan hacia el norte para encontrase en Salta. “La Linda” es la primera ciudad que aprueba al nuevo gobierno revolucionario con el gobernador de Potosí, don Francisco de Paula Sanz, y el presidente de Chuquisaca, don Vicente Nieto, para insurreccionarse contra la Junta.
Luego de cumplida la drástica misión, la expedición sigue su camino libertador hacia el Alto Perú (La Paz, Potosí, Cochabamba y Charcas) donde se encuentran los poderosos jefes realistas: brigadier Pío Tristán, mariscal Vicente Nieto, coronel Juan Ramírez Orozco, brigadier José Manuel de Goyeneche y Barreda, y capitán de fragata José Córdoba.
Tampoco Montevideo reconoce a la Junta. Juan José Paso es el elegido como diplomático. Si bien es escuchado, se le exige que Buenos Aires reconozca primero al Consejo de Regencia. Juan José Paso retorna.
Suipacha y la elisión de Güemes
Dejo bien asentado que la historia oficial reconoce el enfrentamiento en Suipacha, al igual que lo hace con la mentada y politizada batalla de la Vuelta de Obligado.
Asimismo, Suipacha se recuerda en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con una calle (desde 1822, recorre los barrios San Nicolás y Retiro) y una plaza homónima (por ordenanza del 27 de noviembre de 1893, en el Barrio San Nicolás).
Las confusiones surgen debido a algunos “errores” en los partes oficiales que son tomados como fidedignos por algunos historiadores. Pareciera que estos utilizan algunas documentaciones probatorias y omiten o ignoran otras. Es sospechoso, en algunos casos, que desconozcan los trabajos minuciosos de los historiadores salteños, pero… casualmente es Bartolomé Mitre quien al tomar como fuente los partes de Castelli cae en errores que reiteran otros investigadores. Estudiosos como Vicente Fidel López y Miguel Otero, por nombrar algunos, testimonian otra versión, que parece ajustarse más a la realidad.
Pero si se equivoca Mitre… es humano, es el “padre de la historia erudita”. Además, se deja un diario de guarda espaldas y conviene no jugarse demasiado en su contra. Así justifica Pacho O’Donnell que “ser revisionista no supone ser ‘antimitrista’. Bartolomé Mitre fue un argentino excepcional que dirigió inmensos ejércitos, tradujo ‘La Divina Comedia’, llegó a presidente de la república. Y también escribió los fundamentos de nuestra historia al mismo tiempo que la protagonizaba. Tuvo la sensibilidad social de poner en superficie el heroísmo inconcebible de los caudillos altoperuanos, pero no pudo mantener esa objetividad al ocuparse de los caudillos federales tardíos, a quienes perseguía porque se habían constituido en un serio obstáculo para su proyecto de Organización Nacional. La historiografía que el revisionismo cuestiona se plasmó años después, en parte basada sobre sus escritos, pero sobre todo al calor de una ‘educación patriótica’, cuyo objetivo fue hacer que las masas inmigrantes incorporasen ‘lo nacional’". 5
Es comprensible que, neodefensor a ultranza de la batalla de la Vuelta de Obligado, brinde loas a Mitre, morigere y elija las mejores palabras, pues lo publica en “La Nación”. Omite las “razzias” de Mitre en el Interior y la Guerra de la Triple Alianza.
En cuanto a los caudillos, es incuestionable que tiene cierta ojeriza contra todos los caudillos. Es más, a Güemes lo considera un caudillo funesto que contribuye con su ejemplo a la desorganización política y social. Por buena fortuna, el jurista Dalmacio Vélez Sarsfield, en 1864, lo rectifica. Nobleza obliga es decir a favor del traductor del Dante, que se corrige en parte y reconoce a Güemes en su “Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana”. Incorpora que lleva a cabo “la más extraordinaria (…) guerra defensiva, ofensiva (…) la más original por su estrategia, su táctica y sus medios de acción”. Pero continúa con su ojeriza hacia al caudillaje al sostener que el salteño “a pesar del poder despótico de que podía usar y abusar, y en medio de los vicios que deslustraban sus grandes calidades”.
Asimismo, Mitre minimiza su gesta cuando como presidente de la Junta Numismática Americana – actual Academia Nacional de Historia – envía una carta al nieto de Güemes, Martín Miguel Güemes Castro, en 1894, con motivo del aniversario de la muerte de su antepasado y lo califica de “defensor de Salta”, siendo que el homenajeado debería ser reconocido como “defensor de las Provincias Unidas”.
Tal vez, uno de sus peores detractores es el general José María Paz, quien proclama sin fundamentos: “Güemes, relajado en sus costumbres, poco sobrio y hasta carecía de valor personal, nunca se presentaba en el peligro”. 6
A lo que remata con infamia “hizo una guerra porfiada y tuvo la gloria de morir por la causa de su elección”. 7
Al referirme específicamente a la Batalla de Suipacha y la omisión de Güemes, transcribo algunos textos de autores que reiteran diversos errores. A saber:
Ricardo Levene:
“Luego de la ejecución de Cabeza de Tigre, la expedición libertadora siguió hacia el norte, y poco tiempo después quedó bajo el mando de Balcarce y de Castelli, este último como representante de la Junta. Avanzaron hasta la quebrada de Humahuaca, y recibieron el importante contingente que remitió Martín Miguel de Güemes. En ‘Cotagaita’, tuvo lugar el primer choque de las fuerzas realistas y patriotas, el 27 de octubre, Balcarce fue rechazado en ese encuentro, pero pudo rehacerse y con nuevos refuerzos recibidos de Jujuy, esperó en ‘Suipacha’ al ejército español, que estaba bajo el mando de los generales Córdoba y Nieto. Los patriotas derrotaron completamente al ejército español, al que tomaron la artillería y el vestuario. La batalla no duró más de media hora, del día 7 de noviembre de 1810, pero fue decisiva (…) Dos importantes consecuencias para la causa de la Revolución: una de orden moral, pues era el primer triunfo del ejército argentino y comunicaba bríos y entusiasmos a los patriotas y la otra de orden político, pues las cuatro intendencias del Alto Perú se declararon a favor de la Revolución. El secretario de la Junta Gubernativa, Mariano Moreno, con motivo de la victoria de Suipacha, escribió en ‘La Gazeta’: ‘El valor, energía y constancia que han desplegado nuestras tropas causan el asombro de nuestros enemigos. Cuando pasen por nuestras calles les diremos: a vosotros se os debe la felicidad de que estamos disfrutando’”. 8
Pareciera que Güemes “remite”, envía tropas, pero no está presente en la batalla.
Fermín Chávez:
“El ejército del Norte tuvo suerte: pudo internarse en el Alto Perú y derrotar a los españoles en Suipacha”. 9
No menciona a Güemes.
María Saénz Quesada:
“Después de cumplir en Córdoba la orden de fusilar a Liniers, el doctor Castelli, fue recibido con afecto por el pueblo de San Miguel de Tucumán, volcado claramente a la causa de Buenos Aires. En Salta encontró asimismo buena disposición (…) pero en el Alto Perú el panorama era muy diferente. Con excepción de Cochabamba, los gobernadores intendentes habían buscado apoyo en Lima, donde el virrey enérgico, Fernando de Abascal, estaba resuelto a mantener el poderío español (…) después de la victoria patriota en Suipacha (Tupiza, hoy Bolivia), las ciudades altoperuanas acataron a Buenos Aires, Castelli no vaciló al firmar la sentencia de muerte del general Córdoba y de los gobernadores españoles de Chuquisaca y Potosí”. 10
No menciona a Güemes.
José Luis Romero:
“La expedición militar enviada al Alto Perú para contener a las fuerzas del virrey de Lima consiguió sofocar en Córdoba una contrarrevolución, y la Junta ordenó fusilar en Cabeza de Tigre a su jefe, Liniers, y a los principales comprometidos. Pero los sentimientos conservadores predominaban en el interior aun entre los partidarios de la revolución; de modo que cuando Moreno comprendió la influencia que ejercerían los diputados que comenzaban a llegar a Buenos Aires, se opuso a que se incorporaran al gobierno ejecutivo. La hostilidad entre los dos grupos estalló entonces. Saavedra aglutinó los grupos conservadores y Moreno renunció a su cargo el 18 de diciembre. Pero antes, el ejército del Alto Perú había vencido en la batalla de Suipacha; pero en cambio, el ejército enviado al Paraguay fue derrotado no mucho después en Paraguarí y Tacuarí.” 11
No menciona a Güemes.
Miguel Angel Scenna:
“A los quince días de instalada, la junta dispuso el envío de una expedición auxiliadora que debía sofocar los focos de resistencia en el interior y establecer la autoridad central en el extenso territorio virreinal. La componían un millar de hombres, para lo que se montaron dos compañías de Patricios, una de Arribeños, una de Montañeses y una de Andaluces, 600 infantes en total, a los que se sumaron 100 hombres para la artillería y otros tantos Blandengues de caballería. El total fue puesto bajo el mando del coronel de Arribeños Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, que llevaba por segundo al teniente coronel Antonio González Balcarce y como adscripto al vocal de la junta Juan José Castelli, a cargo del mando político. Partieron a principios de julio, incorporaron refuerzos en el camino, y el 7 de noviembre de 1810, consiguieron el primer triunfo significativo de la revolución en Suipacha”. 12
No menciona a Güemes.
Juan Carlos Neyra:
“Primer triunfo de las fuerzas de la revolución de Mayo, al mando del general Antonio González Balcarce, contra los realistas de José de Córdoba y Rojas. Tuvo lugar el 7 de noviembre de 1810”. 3
No menciona a Güemes.
Teresa Eggers-Brass:
“El Alto Perú (…) estaba ocupado por tropas realistas (partidarias del dominio español en América) que habían ido a sofocar duramente los levantamientos de 1809. Tras disolver la contrarevolución en Córdoba, partió de allí una columna de 500 hombres al mando de Balcarce. Su primer encuentro con los españoles fue negativo, ya que en Cotagaita los patriotas fueron vencidos el 27 de octubre de 1810. Pero con los refuerzos enviados por Castelli se obtuvo la importante victoria de Suipacha el 7 de noviembre: los jefes realistas Nieto, Córdoba y Francisco de Paula Sanz fueron hechos prisioneros y fusilados. Gracias a ello, el ejército patriota pasa a la región de Chuquisaca (también llamada Charcas o La Plata); hoy la capital se denomina Sucre) y obtiene el reconocimiento de las cuatro intendencias del Alto Perú”. 14
No menciona a Güemes.
Lucas J. Luchillo, Silvia O. Romano, Gustavo L. Paz:
“(…) las reacciones frente al nuevo poder fueron disímiles y en varias regiones se inició la guerra. En el caso del Paraguay, el Cabildo de Asunción reconoció al Consejo de Regencia español y se preparó para enfrentar al ejército –Ejército del Paraguay- que, bajo el mando de Belgrano, integraron porteños, santafecinos y entrerrianos (…) En el Alto Perú, la reacción no fue uniforme y los sucesivos avances y retrocesos, provocados por la guerra, desgastaron a los ejércitos revolucionarios. Luego del triunfo criollo en la batalla de Suipacha (noviembre de 1810), numerosas localidades adhirieron a la revolución; otras, la resistieron [solo mencionan al salteño después de la derrota de Sipe Sipe, en noviembre de 1815] la guerra se circunscribió a contener el avance realista por el norte; la defensa del territorio estuvo a cargo del gobernador salteño Martín de Güemes y de las fuerzas locales (sus famosos gauchos)”. 15
Para este “manual”, de instrucción secundaria, Güemes irrumpe en la historia a partir de 1815, cinco años después de Suipacha.
Felipe Pigna:
“(…) el Norte argentino se vio sacudido por la derrota de la contrarrevolución de Liniers. La subida de las tropas que perseguían al ejército enviado para plegarse a Liniers, que encabezaba José de Córdova y que fue alcanzado y derrotado por las fuerzas patriotas al mando de Balcarce el 7 de noviembre de 1810 en Suipacha, complicó la situación. Al día siguiente de la primera victoria de las fuerzas revolucionarias y en un clima de enorme expectativa, se incorporó a las tropas Juan José Castelli y fue recibiendo comunicados de los rebeldes de las distintas zonas del Alto Perú que se sumaban a la causa americana”. 16
No menciona a Güemes.
En otro de sus obras “mitológicas”, luego de mencionar la toma de “la goleta ‘Justine’”, agrega a continuación que “tras la Revolución de Mayo, Güemes se incorporó al ejército patriota destinado al Alto Perú y formó parte de las tropas victoriosa en Suipacha”. 17
No destaca la actuación de Güemes.
En tanto que en su sitio web, apoyándose como fuente en Historia de la Argentina – Los primeros Gobiernos Patrios (1810-1813), Ediciones Garriga Argentinas, Buenos Aires, junio de 1973, de Vicente D. Sierra, trascribe:
“Antonio González Balcarce consideró conveniente dirigirse a Suipacha para no dejar que esta población cayera en manos del enemigo. El 6 de noviembre al atardecer, acampó en el pueblo de Nazareno, río por medio con la villa de Suipacha. (…) En la misma fecha Castelli escribía a Salta: ‘Chiclana mío: seré inoportuno hasta el extremo mientras no vea volar las tropas, mulas, mulas, mulas, víveres, víveres, dinero, artillería y cuanto hace falta para hacer tronar al Perú en este mes o tronar yo el primero’. Por su parte, José de Córdova (al mando de las tropas realistas)…recibió a Vicente Nieto con doscientos veteranos de Chuquisaca… (…) Córdova estaba convencido de que el enemigo se encontraba desmoralizado por encontrarse dividido en opiniones encontradas (…) La mala opinión que Córdova se había formado sobre el estado espiritual de la vanguardia patriota se debió a una estratagema de González Balcarce. Para engañar al enemigo envió a Tupiza a un indio bien aleccionado, con la misión de difundir falsas informaciones sobre la moral de la tropa a su cargo. Llamado por Córdova, el indio hizo a éste creer que los patriotas marchaban descontentos y mal armados. A orillas del río Suipacha…, el 7 de noviembre apareció la vanguardia de Córdova… González Balcarce había ocultado gran parte de su infantería y artillería entre los cerros y quebradas vecinas. Largo rato permanecieron ambas fuerzas sin decidirse a entrar en acción, lo que determinó a Antonio González Balcarce a adelantar doscientos hombres con dos cañones, para provocar la lucha. El enemigo adelantó algunas guerrillas, ante las cuales los patriotas iniciaron una retirada en aparente desorden, al punto que hizo creer a Córdova que huían sin presentar lucha. Imprudentemente dio orden de perseguirlos, avanzando con toda su fuerza hasta las proximidades de la quebrada de Choroya. En este punto los patriotas volvieran la cara, a tiempo que las fuerzas ocultas salían de su escondite para atacar inesperadamente. En el parte del encuentro enviado a la Junta por Castelli se lee que la infantería cargó ‘con tanto esfuerzo, valor, firmeza y gallardía’ que desordenó completamente al enemigo, y que éste se dio a la fuga por cerros y caminos excusados, arrojando banderas, armas y municiones. Media hora duró la batalla de Suipacha. (…) El triunfo de Suipacha encontró a Castelli en Yavi, desde donde (8 de noviembre) despachó la primera información para la Junta, que amplió dos días más tarde desde Tupiza, mediante un parte completo de la batalla que fue conducido a Buenos Aires por el mayor de Patricios Roque Tollo (…) Una de las banderas tomadas fue enviada a Buenos Aires por Castelli, con una nota que decía: ‘A fin de que V. E. la destine a la sala del rey D. Fernando, con las que adornan su retrato’”. 18
No menciona a Güemes. Sobre el envío del indio aleccionado para mentir amplío más abajo.
Julio César Cháves:
“En su avance, el ejército de la patria había llegado a ocupar posiciones frente a las fortificaciones de Santiago de Cotagaita. Balcarce decidió efectuar un reconocimiento de fuerzas. A primera hora del día 26 de octubre, las tropas porteñas iniciaron el ataque. El combate se prolongó hasta las 2 de la tarde. Los soldados porteños lucharon intrépidamente. En el transcurso de la pelea, pidieron repetidas veces cargar a la bayoneta. Entendiendo Balcarce que le faltaban elementos para una acción decisiva, dispuso la retirada, la que se llevó a efecto ordenadamente y sin persecución del enemigo. Pero no transcurrirían muchos días sin que los dos ejércitos se enfrentaran, en Suipacha, con todo su poderío. La fuerza auxiliadora retrocedió lentamente; primero, hasta Tupiza, y después, hasta Suipacha. El 6 de noviembre al atardecer, acampó en el pueblo de Nazareno, situado frente a Suipacha, río por medio. A medianoche, recibía un refuerzo de 200 hombres y dos cañones, que el vocal-representante hiciera avanzar a marchas forzadas para que llegasen a tiempo. Entre tanto, Córdova avanzaba al mando de 800 hombres seleccionados entre las unidades de la Marina, del Fijo y del de Dragones, de Buenos Aires, que habían sido llevados por Nieto a Charcas el año anterior. El jefe enemigo lanzó una proclama manifestando que, decidido a no dar cuartel ni a admitirlo, había enarbolado el estandarte del terror; pero informado de las opiniones en pugna dentro del ejército patriota, prometía recibir con benevolencia a todos los que jurasen acatamiento al Supremo Consejo de Regencia de España e Indias. El río Suipacha o San Juan separa las poblaciones de Nazareno y Suipacha, situada la primera en la ribera sur y la segunda en la del norte (…) Los patriotas ocupaban la ribera sur, es decir, Nazareno; el enemigo se hallaba distanciado, al norte. Recurrió entonces Balcarce a una estratagema. Despachó un indio a Tupiza para difundir entre las tropas enemigas falsas noticias acerca de la moral del ejército bajo su mando. El emisario propagó algunos rumores que hacían referencia al descontento reinante entre las tropas patriotas y a la escasa provisión de armas y municiones, hasta que, enterado el comandante en jefe, ordenó que compareciera ante él. Optimo resultado dio la treta de Balcarce: Córdova creyó a pie juntillas todas las mentiras que le contó el indio y saboreó por anticipado su triunfo, cercano y seguro. Entre el pueblecillo de Suipacha y el río existía una ancha faja de terreno arenoso, donde, el 7 de noviembre, a las 11 de la mañana, apareció la vanguardia españolista y ocupó posiciones en la playa y varias alturas sobre el flanco izquierdo de las fuerzas patriotas. A continuación, y de manera sucesiva, todas las Unidades del ejército de Córdova hicieron lo mismo. Éste abrigaba el propósito de esperar el ataque (…) Pero idéntica intención tenía Balcarce, quién había ocultado en los cerros y quebradas vecinos una gran parte de su infantería y toda su artillería. Algunas horas permanecieron los dos bandos en actitud expectante, mirándose la cara, río por medio. Impaciente, Balcarce hizo adelantar 200 hombres con dos cañones para provocar la lucha. El enemigo - adelantó varias guerrillas y se rompió el ruego en ambas márgenes del Suipacha. Entonces, las tropas patriotas simularon una precipitada fuga. Al verles dar la espalda, Córdoba les creyó derrotados y, de manera imprudente, inició la persecución avanzando con su ejército hasta las proximidades de la quebrada de Choroya. Allí Las fuerzas patriotas, ocultas hasta ese momento (…) atacaron inesperadamente. Aquella infantería cargó ‘con tanto esfuerzo, valor, firmeza y gallardía', que desorganizó completamente al enemigo que se dio a la fuga por cerros y caminos excusados, arrojando en la huída sus banderas, sus armas y sus municiones. En Suipacha y Nazareno —arenga Castelli a sus tropas— ‘los esperasteis riyendo [riendo] sus amenazantes intimaciones, y a la vista del estandarte del terror los derrotasteis y perseguisteis hasta no dejarles ni espíritu para llorar su desgracia’. La victoria fue total. En poder de los patriotas quedaron dos banderas, cuatro cañones y 150 prisioneros. El jefe vencido se dirigió al vencedor expresándole que el triunfo de Suipacha había decidido la suerte de todo el Alto Perú y le propuso capitular bajo garantía de vida para jefes, oficiales y soldados, los que se alistarán en las filas patriotas para sujetar a la Paz y oponerse a Goyeneche. Él, por su parte, reconocía a la Junta y se sometía a su autoridad. Balcarce le respondió que era el vocal-representante el llamado a decidir. Castelli, desde Yaví, transmitió a la Junta la primera noticia de la victoria, y, al mismo tiempo, envió una circular a los Ayuntamientos para quedas ciudades ‘celebren los triunfos de la Patria y glorias de la lealtad’. Aseguraba a la Junta que no existía ejército en el mundo que presentase el pecho al enemigo, se sostuviese con mayor gallardía y fervor en la acción y avanzase a la vez con mayor intrepidez. Congratulaba al gobierno por el triunfo de las armas patriotas pues ya el ejército que había enarbolado la bandera del terror en un lienzo negro sembrado de calaveras, se confesaba derrotado en Suipacha, reconocía, juraba y se sometía a la Junta. Respecto de la capitulación propuesta por Córdoba, que no accedería jamás a todos los artículos presentados; pero ser detenido- Nieto y entregados los caudales, sólo castigará a principales, indultando a los otros y disolverá los tercios para quede ‘todo llano hasta La Paz’. No obstante, para prevenir cualquier estratagema del enemigo, ordenó que la vanguardia continuase hasta Cotagaita para intimar rendición de la plaza o atacar abriéndose paso a Potosí. Envió 150 hombres al mando del capitán Martín Güemes para ocupar la provincia de Cinti”. 19
Güemes no es mencionado en la batalla. Luego, sí: se lo envía a Cinti. Además, describe la picardía de Balcarce y del indio embustero.
Sobre el “cuento” del indio enviado para confundir a los enemigos que figura en el parte oficial de Castelli, el cual toman como fuente apodíctica Chaves, Pigna y Sierra, fija Luis Güemes:
“esto es el colmo de escribir por escribir: Balcarce recibe el auxilio ‘a eso de las doce de la noche’ del día 6 y en el momento ‘a eso de iniciar el día 7’, al sentirse reforzado, discurre despachar y despacha ‘un jovencito natural que le había servido de espía’ para que, habilidosamente, engañe a los enemigos que están en Tupiza a 6 leguas de distancia. El emisario llega a su destino, platica con unos, tramoya, alcanza a hacerse oír del jefe español, a quien termina por engatusar y consigue que este imparta orden general para que sean alistadas sus numerosas tropas con sus armas y bagajes, a efectos de marchar hacia Nazareno [le creen y obedecen] y (…) avanza el ejército del comandante Córdoba sobrecargado con la impedimenta de la artillería, consiguiendo recorrer las dichas seis leguas con tan milagrosa rapidez que se presenta a Suipacha a atacar a Balcarce en la mañanita de ese 7 de noviembre de 1819. ¿Por ventura no es este desatino conspicuo, disparate sin pies ni cabeza? ¡Ni que en la primera década del siglo XIX, el ‘jovencito natural’ hubiera viajado en helicóptero, y el comandante Córdoba, con sus huestes aerotransportadas! De mucho tiempo atrás el comandante Córdoba venía creyendo que a la gente de Balcarce le faltaban armas y les sobraban ganas de entregarse sin combatir (…) convicción que lo indujo a pasar a la ofensiva sin que fuera óbice que cuando se convenció de lo contrario, y hasta después que supo del refuerzo venido de Nazareno en la noche del 6, prosiguiese el ataque (…) sin que hubiese interferido incitación de ninguna especie ni de un ‘jovencito natural’, ni de nadie (…) A las once de la mañana del día 7 -sigue diciendo Castelli-, se presentó la vanguardia enemiga ... Tomó unas alturas sobre nuestro flanco derecho y sucesivamente practicó lo mismo todo el ejército, sin que en más de una hora después hiciese movimiento ninguno, ni tampoco se advirtió por nuestra parte, pues se procuró tener ocultas nuestras fuerzas, esperando el ataque que se nos presentaba. Como el enemigo se conserva en inacción, dispuso el mayor general que avanzasen dos piezas de nuestra artillería y una división de 200 hombres con la idea de ver si entraba en función. {En verdad la maniobra no se ajusta a las reglas tácticas de la alta ‘pericia militar’. Más parece una treta paisana, no urdida por el mayor general. Los dos cañones de la aventura eran el todo de nuestra artillería, y, los 200 hombres, de hecho, una ‘separata’ del ejército que se manejaba sin sujeción directa al jefe principal} a cuyo movimiento destacó el enemigo varias guerrillas, que se resguardaron de algunas acequias y pozos avanzados de sus líneas y despachando el mayor general otras más débiles se rompió el fuego {Como se ve, el guerrillar se hacía por ‘entregas’, como en las novelas populares}. Los enemigos reforzando las indicadas guerrillas y nosotros, retrocediendo algo las nuestras, se decidieron a destacar una considerable parte de su fuerza a perseguirlas, lo que observado por el mayor general Balcarce -Balcarce, según Castelli- determinó que otra división como la primera y las mismas guerrillas retrocedidas, cargasen prontamente, como lo verificaron con tanto esfuerzo, valor, firmeza y gallardía, que en el momento se posesionaron de los parapetos enemigos, y entrando en ellos el desorden, se pusieron todos en la más vergonzosa y precipitada fuga. {Siempre que se escriba sobre la ciencia militar habrá que distinguir entre diversas especies de tácticas, una de las cuales, sui generis, es la que se desarrolló en la batalla de Suipacha}. 20
El triunfo escamoteado
Descabezada la contrarrevolución cordobesa, la Junta dispone que el teniente gobernador de Jujuy, Diego José de Pueyrredón, impida que el resto de los rebeldes escapen hacia el Alto Perú y tomen contacto con el presidente de la Audiencia de Charca, el Mariscal Vicente Nieto, quien se hace fuerte en las cuatro Intendencias del Alto Perú.
Pueyrredón instruye al teniente Güemes para que se dirija a la Quebrada de Humahuaca como primera avanzada. Así forma una Partida de Observación que cuenta con el apoyo del alcalde Pedaneo D. Juan Francisco Pastor y del cura párroco Josef Alejo de Alberro.
Poco a poco se van incorporando voluntarios salteños, jujeños y tarijeños, unos 800 hombres, todos conocedores del terreno y del clima. Están junto a Güemes: Pedro Antonio Flores, José Antonio de Larrea, Francisco Uriondo y Mariano Echazú.
Por su accionar y valentía, la Junta asciende a Güemes a capitán el 22 de setiembre de 1810.
En la Villa de Tarija, se une a la vanguardia del Ejército Auxiliar o Expedición de Unión, al mando del coronel Antonio González Balcarce.
El 8 de octubre, Pueyrredón y Güemes vencen en la localidad de Cangrejos a una avanzada realista.
Balcarce, el 24 de octubre, desde Tupiza, le comunica a Castelli –quien está en Jujuy y recibe municiones para la artillería – un cañón calibre 4 y un obús- que se dirige a Santiago de Cotagaita donde están los enemigos.
Asimismo, “manifiesta a Castelli que sus tropas avanzarán por el camino de Machará, habiendo mandado un fuerte destacamento por el camino de La Almona. Aunque no menciona qué tropas formaban ese fuerte destacamento, mediante los informes recogidos por el historiador Miguel Otero existe la seguridad que se trataba de una división al mando del capitán Güemes, que ascendía ahora al número de 800 hombres y que se encontraba ya en el lugar”. 21
Balcarce intima la rendición al coronel Córdoba en Santiago de Cotagaita y ataca, pero es rechazado y, luego de algunas horas de lucha, debe retroceder.
En la Posta de los Hornillos, el capitán Santiago Carrera, informa a Castelli sobre el ataque adverso, pero el enviado político de la Junta, solo informa – el 30 de octubre- hechos generales. Mientras Balcarce retrocede, las fuerzas de Güemes cubren la retirada y contienen a Córdoba.
Las fuerzas patriotas se hacen fuertes en Suipacha y Güemes solicita a Balcarce que le envíe municiones y artillería. Los españoles los acechan desde el otro lado del río. Planean reanudar el ataque al otro día: el 7 de noviembre.
Balcarce está en Nazareno, a cuatro leguas de Güemes. Castelli envía el material reclamado por Guemes- tres cañones y un obús - vía el coronel Matías Balbastro y los tenientes porteños Francisco Villanueva y Antonio Giles, entre otros.
Al amanecer del 7 de noviembre de 1810, los cañones y la caballería de Güemes atacan a los realistas. En cada bando hay unos 800 hombres y el enfrentamiento dura unas cuatro horas. las fuerzas realistas huyen despavoridas.
Varios historiadores, entre ellos Salgado, concluyen que Castelli falsea los partes y adjudica el triunfo a Balcarce.
Son dos hombres de Güemes, Rojas y Saravia quienes entregan a Castelli una bandera tomada al enemigo. Este pide a la Junta una recompensa para los hermanos Miguel y Alejandro Gallardo – ambos salteños y güemesianos- quienes conquistaron el estandarte.
Según Salgado, Castelli falsea los hechos a favor de Balcarce y contra Guemes. Informa que “el parte de Castelli a la Junta
inexactitudes cuando dice: ‘…la retirada de los nuestros de Tupiza a Suipacha, donde se fijaba el Cuartel General…’ ya que en verdad Balcarce instala su cuartel en Nazareno y es Guemes quien acampa en Suipacha (…) pretendía ubicar a Balcarce en el campo de batalla, siendo que se encontraba a cuatro leguas de él. Vuelve a mentir: los enemigos se alistaron a las tres de la tarde y nuestra gente los esperó gallardamente; operó la artillería mandada por Villanueva y Giles, y tres divisiones que venían a mi vanguardia’ (…) simples patrañas: el combate no se produjo a las tres de la tarde, sino que Güemes atacó con las primeras luces del día, y quien conozca la distancia que media entre Yaví y Suipacha comprenderá la imposibilidad de que las vanguardias de Castelli hayan estado en el lugar (…) a la vez, la ubicación de ambas fuerzas antagónicas (…) con el río de por medio, hubiera obligado a los españoles a vadearlo para atacar, cosa que hicieron las tropas de Güemes, atravesándolo y atacando el campamento enemigo. No sucedió como tergiversa Castelli, que los realistas atacasen, sino que fueron sorprendidos por un ataque fulmíneo de caballería y batidos por el fuego de la artillería porteña. En ese parte cursado a la Junta de Gobierno, sin embargo llega a manifestar Castelli: ‘…no se sabe de nuestra tropa entrando la de Tarija cuál es la que mejor se ha portado.’, con lo que demuestra que los escuadrones gauchos estaban presentes, a pesar de su reticencia en reconocerlo. Es también un hecho comprobado que los escasos heridos argentinos en la acción fueron salteños y tarijeños. Ni un solo granadero, ni un artillero o soldado porteño, muerto o herido, pudo figurar en el parte de Castelli, quien refiriéndose a las bajas menciona: ‘…solamente fueron heridos ocho soldados de otras fuerzas’. ¿Cuáles serían esas ‘otras fuerzas’ sino los gauchos de Güemes? ¿Por qué solamente sus hombres fueron heridos en la batalla? El día 10 de noviembre, tres días después de la acción, tiempo que le demandó desplazarse desde Yaví hasta Tupiza, llega el Dr. Castelli a este lugar, y ordena al capitán Güemes que, al frente de una partida de 150 hombres se dirija de inmediato a ocupar la localidad de Cinti y zonas avanzadas, encomendándosele una larga serie misiones de sumo riesgo en poblaciones todavía ocupadas por los realistas en retirada. Con ese motivo informa nuevamente a la Junta: ‘No dudo del éxito feliz de esta disposición cuando está a cargo del capitán Guemes, uno de los oficiales de las provincias incorporados al ejército, y manda tropas tarijeñas que son superiores’. ¿A qué se debió esta valorización (inusual en Castelli) sobre las condiciones de Güemes y sus tropas? ¿Cómo llegó a establecer que se trataba de tropas superiores? Siendo que Castelli permaneció lejos de los hechos de armas, no tenía modo de saberlo por sí mismo.
"Únicamente la realidad de lo acontecido pudo haber llevado esa valoración a su conocimiento”. 22
En coincidencia con Salgado, se pregunta el coronel Julio Sergio Jovanovics Usandivaras ¿puede ser olvidado o ignorado un hombre que luchó con toda valentía en la batalla? (…) hasta la planificación de la batalla, basada en el engaño y la astucia, fue obra de nuestro héroe [Güemes] (…) ya que González Balcarce, comandante militar, nunca, antes ni después, utilizó esa forma de combatir para combatir el éxito (…) Suipacha fue una victoria total, tanto que el ejército pudo continuar su marcha y llegar sin inconvenientes a la rica Villa de Potosí; siendo Güemes el primero en entrar, recibiendo los aplausos de la población”. 23
Agrega la profesora Victoria Pacheco de Valencia que “Castelli (…) al redactar el parte de guerra, se encontraba a más de 200 kilómetros del lugar del hecho, por ello es que en el mismo no menciona a Güemes ni a sus hombres y se equivoca al dar el informe cubriéndolas con el éxito de las tropas de Buenos Aires (…) la versión fue reconocida durante mucho tiempo como verdadera. Hoy, gracias a la labor de investigación realizada por algunos historiadores es que se pudo comprobar lo expresado en el párrafo anterior. ¡Otra misión importante! ¡Y otra vez Güemes para realizarla! Castelli es quien lo va a designar el 9 de noviembre junto a 150 hombres, para realizar lo siguiente: 1. Ocupar Cinti; 2. hacer reconocer y jurar al Gobierno de Buenos Aires; 3. apresar el subdelegado y comandante militar y secuestrar sus bienes; 4. inquirir el tesoro del presidente Nieto; 5. limpiar el pueblo de malos vecinos; 6.
Escoger armamentos de los dispersos de la derrota de Suipacha; 7. apresar los socorros de gentes y víveres que los enemigos pudieran esperar; 8. posesionar al nuevo subdelegado, Dn. Isidoro Alberti; 9. atajar las avenidas por donde pudieran fugarse Nieto, Socasa y Córdoba. Por último Castelli terminaba expresando que no dudaba del éxito de Güemes y de sus soldados salteños y tarijeños. Al leer este oficio que Castelli envía a la Junta, ‘ni dudarlo’ de que para confiarle esta ‘importante misión’ conocía y sabía de la capacidad de Güemes. ¿Cuándo lo sabe? Después de su actuación en Cotagaita y Suipacha, y al redactar el parte de la Batalla de Suipacha, omite su nombre. Huelgan las palabras”. 24
Luis Güemes precisa, en 1979, que “nadie se ha ocupado de estudiar detenidamente y a fondo las batallas de Cotagaita y de Suipacha y lo que ellas implicaron para el país en muchos y variados aspectos. Diríase que se ha venido eludiendo el tema en forma deliberada y silenciado todo cuanto pueda contrariar o contradecir los partes de Castelli”. 25
Güemes y una reivindicación necesaria
En las versiones expuestas no hacen falta husmear demasiado para notar que algunos autores mencionan a Güemes y otros no. Los que lo citan, no destacan su acción fundamental y dan todo el mérito a Balcarce, quien según Jorge Salgado “no estuvo en el lugar y la responsabilidad recayó en forma exclusiva en la persona de Güemes”. 26
Despotrica el estudioso y socio activo del Instituto Güemesiano de Salta, Guillermo Solá, que “La historiografía oficial suele detenerse poco y nada al momento de describir, enseñar, referir y hacer conocer lo que fue y significó la Batalla de Suipacha para nuestra historia nacional. Generalmente, se la menciona como la primera victoria patriota, en una localidad llamada Suipacha que queda en Bolivia (ex Alto Perú), obtenida pocos días después de una derrota en Cotagaita, a fines de 1810, victoria aquella a cargo del Ejército Auxiliar del Perú, comandado por el coronel Antonio González Balcarce. Son muy escasos los historiadores que han profundizado más en el tema, y en todo caso no han sido tenidos en cuenta, o no han sido difundidos. Félix Best en ‘Historia de las Guerras Argentinas’ dice que Balcarce llegó hasta la Quebrada de Humahuaca con una vanguardia de quinientos hombres y allí fue reforzado con un importante contingente que le remitió Martín Güemes (sólo dice que Güemes le remitió, o sea: le envió, mandó al contingente, pero no vuelve a mencionarlo). Continúa Best narrando que ya en el Alto Perú, en Santiago de Cotagaita, Balcarce es rechazado por Córdoba, jefe español, desde una posición fortificada con efectivos superiores, pero, perseguido tardíamente, pudo rehacerse a orillas del Río Suipacha donde recibió refuerzos del grueso del ejército que le llegaron oportunamente desde Jujuy. Allí, el día 7 de noviembre, con algo más de seiscientos hombres y dos cañones derrotaron completamente a ochocientos españoles con cuatro cañones. Y dice:
…La acción se definió por la sorpresa de una fracción patriota mantenida oculta, que pudo caer en momento oportuno sobre el enemigo desprevenido que avanzaba creyéndose vencedor” (sigue sin mencionar a Güemes, factor decisivo en esta victoria). Y también agrega ‘…Importantes consecuencias tuvo la acción de Suipacha para la revolución. Era el primer triunfo de las fuerzas patriotas; abría el camino al Perú, comunicó bríos y entusiasmo a los revolucionarios; y las cuatro intendencias del Alto Perú, parte del Virreinato del Río de la Plata, se declaraban a favor del movimiento’.
Más floja e irrelevante es la versión de la Academia Nacional de la Historia que en su última ‘Nueva Historia de la Nación Argentina’, edición de diez tomos, le dedica sólo seis renglones en el tomo IV para contar que Balcarce, luego de ser rechazado en Cotagaita a pesar del excelente desempeño, realizó una maniobra de retirada hasta Suipacha, donde recibió doscientos hombres de refuerzo y enfrentó con la vanguardia de su ejército a los realistas logrando una importante victoria el día 7 de noviembre de 1810. Pero si lo que estoy aquí puntualizando, lo que machaconamente quiero expresar con respecto a ignorancia en que se mantienen los argentinos acerca de lo que fue Suipacha, el significado, el contenido, las consecuencias y el mensaje, independientemente del hecho de armas en sí, digo, si pareciera que estoy exagerando, solamente habrá que hacer una sencilla comparación entre el conocimiento y la popularidad del Combate de San Lorenzo con San Martín, el Sargento Cabral y los Granaderos a Caballo, y las acciones de Cotagaita y Suipacha. Y creo que el lector sacará fácilmente sus conclusiones. No estoy diciendo que deba restarse valor al emblemático y auspicioso bautismo de fuego del libertador con su flamante cuerpo de Granaderos (…) Pero, convengamos, es difícil de catalogar el silencio o la superficialidad con que se ha tratado un hecho muchísimo más trascendente que el Combate de San Lorenzo, como lo fue la Batalla de Suipacha”. 27
Entonces ¿Por qué causa se omite al único general “argentino” que muere víctima de balas realistas?
El periodista Martín Güemes, descendiente del prócer, aproxima una idea: “El objetivo político de la historiografía académica argentina al amputar a Güemes de su verdadero teatro de operaciones, y relativizar el valor que San Martín daba al Alto Perú, fue ‘paliar y cohonestar el descuartizamiento de las Provincias Unidas de Sudamérica a los fines de justificar que somos un País porque no nos atrevimos a ser una Nación’. En lo inmediato, construyeron la idea de la República Argentina, y levantaron el estado - nación con eje en Buenos Aires. En lo mediato, por medio de la enseñanza escolar, cercenaron el horizonte de las sucesivas generaciones de argentinos de su memoria Suramericana creando la conciencia de ‘argentinidad’. Los historiadores de nota, fundamentalmente de la Academia Nacional de la Historia en el Siglo XIX, y mediados del XX, ignoraron que la actual ‘frontera norte’ de la República Argentina no existía en la época de la independencia continental. Del poder monopólico español pasamos al dominio porteño (nuevo centro de poder del país de los argentinos). Salta y Jujuy, de centro, pasaron a ser ‘frontera’, y Güemes su defensor ‘fronterizo’. Tupiza y Tarija, zonas bisagras de esta región, pasaron a ser ‘linderos’, o a constituirse en la frontera sur boliviana. La historia se relató al servicio de la política ficción de crear las Repúblicas de Argentina y Bolivia. Después, el Uruguay y Paraguay. Los factores dinamizantes de esta disgregación, los elementos locales y foráneos, fueron quienes sacaron provecho de esta división para reinar. Los ‘nacionalistas’ bolivianos, los norteños ‘aldeanos’, y los porteños ‘cosmopolitas’, conscientes de la realidad mundial (el ascenso del Imperio Británico) se plegaron a los acontecimientos a favor de la corriente imperante: el progreso liberal-burgués europeo. La justificación política de su accionar, podemos encontrarla en la debilidad económica sudamericana, producto de la prolongación de la guerra de la independencia (al fracasar el plan Sanmartiniano), y el costo de este hecho en nuestros países”. 28
Conmemoraciones bicentenarias
Se habla en todo noviembre de la batalla de la Vuelta de Obligado y se le rinden emotivos y justos homenajes. Hay una “movida” política que cubre todo el mes. En muchas escuelas de instrucción primaria y secundaria se trata el tema. Las posiciones variarán de acuerdo a la ideología del instructor y a los intereses de la institución educativa.
Asimismo, el diario mitrista presenta las visiones subjetivas de Pacho O’Donnelll y de Luis Alberto Romero. Por otra parte, Norberto Galasso se opone públicamente a la visión del autor de “Vuelta de Obligado. La epopeya”, quien sostiene en una nota en el diario porteño que “ser revisionista no supone ser "antimitrista” y que " cuando se habla de la “historia oficial se debe hablar más de Ricardo Levene que de Mitre”.
Lo positivo es que un mandatario democrático rememore y destaque una batalla que se pierde. En la Argentina, en la que sólo se valoran los triunfos y los triunfadores, es muy rescatable que la Presidenta de todos los argentinos resignifique una derrota que -en última instancia- resulto pírrica para las flotas invasoras.
Otra situación efectiva es que se está acabando el mito de la historia neutra y objetiva.
Lo negativo sería que en diciembre se olviden estas destacadas acciones y que el año próximo sea sólo un día de descanso vacacional.
Vuelvo a Suipacha. El abogado e investigador Luis Güemes, expone hace más de treinta y cinco años: “Suipacha, en la realidad de las cosas, pasó a ser y sigue siendo, tema histórico ‘tabú’”. 29 Hoy, sólo la recuerdan en la zona norte.
Aún el 17 de junio de 1977, cuando el presidente del Instituto Güemesiano de Salta, Atilio Cornejo, conmemora en el Cabildo Histórico de Salta un nuevo aniversario de la muerte del prócer, “Suipacha” no figura en la nomenclatura de las calles salteñas. 30
Contrario sensu, Bolivia celebra Suipacha cobijando los colores de ambas banderas: la propia y la Argentina.
En esta oportunidad, en el festejo del Bicentenario de la Batalla de Suipacha se encuentran autoridades de la Argentina y de Bolivia en la localidad homónima del Departamento Potosí, en Bolivia.
Están presentes funcionarios de Salta y Jujuy; el embajador argentino en Bolivia, Horacio Macedo, y el gobernador de Potosí, Félix González.
El representante argentino expresa el orgullo y la satisfacción por participar en nombre del pueblo y Gobierno argentinos en el bicentenario de la Gloriosa Batalla de Suipacha. Sostuvo que argentinos y bolivianos deben esmerarse en la búsqueda de una sola línea histórica regional. Agregó que la República Argentina, por su intermedio y en representación de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, envía el sentimiento común de hermandad, afecto y solidaridad del pueblo argentino con el boliviano.
Luego del Tedeum, autoridades y efectivos militares argentinos y bolivianos se desplazan al palco oficial, ubicado frente a la plaza de Suipacha donde se encuentra el busto del general Martín Miguel de Güemes junto al de Pedro Antonio Arraya, su lugarteniente en esa zona del Alto Perú.
En la iglesia del lugar, se cubre con las banderas de ambos países la urna funeraria que guarda los restos de los patriotas que entregaron su vida en la batalla de Suipacha.
Además de la comitiva oficial de ambos países, asistieron delegaciones culturales y docentes de Salta y Jujuy.
Sería interesante que quienes se interesen por la “otra historia” –que muchas veces es la misma pero maquillada y mercantilizada- revisen qué se gana y qué se pierde en Suipacha.
Además, que en lo académico se termite con la minusvaloración y hasta el olvido de Güemes y su gesta. Mientras en Buenos Aires y el Litoral se dedican a luchas intestinas, sólo los salto-jujeños rechazan las invasiones realistas y quedan diezmados.
Güemes es asesinado en 1821. Mientras los gauchos se arrojan sobre su cadáver para quedarse con algún jirón de ropa, “La Gaceta” de Buenos Aires del 19 de julio de 1821, servil a Bernardino Rivadavia -“el más grande hombre civil de los argentinos”, según Mitre- clama: "Murió el abominable Güemes al huir de la sorpresa que le hicieron los enemigos. Ya tenemos un cacique menos".
Cuatro años después, la Patria Grande se desmembra. En mayo de 1825, el Congreso Argentino renuncia a las provincias del Alto Perú. Por ende, Salta pierde a Tarija.
Ya no está el gran bastión de la Patria para defenderla y mantenerla unida.
Aclaraciones:
Las negritas no pertenecen a los textos originales.
Los corchetes [ ] indican una aclaración mía (de Néstor Genta).
Los paréntesis con tres puntos (…) indican elisión de texto original.
Los tres puntos … corresponden al texto original.
Las llaves { } las utilizo sólo en el extenso fragmento de Luis Güemes, quien utiliza en su obra el corchete simple [ ] para ampliar detalles significativos.
Bibliografía y reconocimiento de autores:
1 .Colmenares Luis Oscar. Martín Güemes. El héroe mártir. Ciudad Argentina. Buenos Aires. 1999. en Prólogo página s/n.
2. Mitre Bartolomé. Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina. Tomo III. Jackson. Buenos Aires. 1949. p.259.
3. Colmenares Luis Oscar. Bernardo Frías, descubridor del rol de Güemes en la emancipación de América. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta. Nro. 12. Salta. 1987.p.103.
4. Pistoia Benito Honorato. El pensamiento político de Güemes. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta. Boletín nro. 2. Salta. 1978. p.41.
5. O'Donnell Pacho. Una epopeya largamente ocultada. La Nación. 18 de noviembre de 2010. http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1325770
6. Perdiguero César. Güemes en el banquillo. Todo es historia. Nro. 12. 1968. p.17.
7. Ibid. p. 18.
8. Levene Ricardo. Lecciones de historia argentina. Suipacha. 16va. Edición. 1937. J. Lajounane & Cia. Editores. Buenos Aires. p. 29/30
9. Chávez Fermín. Historia del país de los argentinos. La lucha militar. A. Peña Lillo Editor.2da. edición. Buenos Aires. 1972. p. 106.
10. Sáenz Quesada María. La Argentina. Historia del país y de su gente. Castelli: del triunfo de Suipacha al desastre de Huaqui. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. Segunda edición. Mayo 2001.pp. 221/2.
11. Romero José Luis. Breve Historia de la Argentina. La independencia de las Provincias Unidas (1810-1820). Fondo de Cultura Económica. 3ra. Reimpresión. Buenos Aires. 1999. p.52
12. Scenna Miguel Angel. Los militares. El Ejército de la Independencia. Las intervenciones políticas. La crisis de mayo. Editorial Belgrano. 3ra. Edic. Buenos Aires. p.24.
13. Neyra Juan Carlos. Prontuario de próceres y traidores. Ediciones Cícero. Buenos Aires. 1990. p. 328.
14. Egger-Brass Teresa. Historia Argentina. Una mirada crítica. 1806-2006. 1ra reimpresión. 2007. Editorial Maipue. Ituzaingó. Provincia de Buenos Aires. Primera campaña al Alto Perú. pp.83/4
15. Luchilo J. Lucas y otros. Historia Argentina. Ediciones Santillana. Secundaria. Buenos Aires. 1995. Los avatares de la guerra (1810-1815) p. 84.
16. Pigna Felipe. Los mitos de la historia argentina. La construcción de un pasado como justificación del presente. Del ‘descubrimiento’ de América a la ‘independencia.’ La Revolución de Mayo. Allí va la revolución andando. Grupo Editorial Norma. Buenos Aires. 2004. p. 278
17. Pigna Felipe. Los mitos de la historia argentina 2. De San Martín a ‘el granero del mundo’. Planeta. Buenos Aires. 2005. La tierra en armas. Los infernales de Martín Miguel de Güemes. Enlazando ingleses. p. 100.
18. Pigna Felipe. Suipacha, la primera victoria patriota.
19. Cháves Julio César. Castelli, el adalid de mayo. Ediciones Leviatán. En Suipacha los esperasteis riendo…2da. Edición. 1957. pp. 187/192
20. Guemes Luis. Güemes documentado. Tomo 1. Güemes en las acciones de Cotagaita y de Suipacha. Plus Ultra. Buenos Aires. 1979. pp. 263/4.
21. Salgado Jorge. La batalla de Suipacha. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta. Nro. 26. Salta. 2001. p. 69.
22. Ibid. pp. 71/2.
23. Usandivaras Julio Sergio Jovanovics. General Martín Miguel de Güemes: Obstáculos en la luminosa trayectoria de su vida. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta. Nro. 20. Salta. 1995. pp.54/5.
24. Pacheco de Valencia Victoria. Los aportes de Güemes anteriores a la Guerra Gaucha. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta. Nro.12. Salta. 1987. p. 87.
25. Güemes Luis. Op. Cit. p. 274.
26. Salgado Jorge. Op. Cit. p. 71.
27. Solá Guillermo. El gran bastión de la Patria. Güemes en Cotagaita y Suipacha. 1ra. Exclusión del Ejército. Editorial Maktub. Salta. pp.69/71.
28. Güemes Arruabarrena Martín M. Martín Güemes, leyenda y realidad, de Mitre a Terragno. Publicado por la Cátedra Abierta General Martín Miguel de Güemes de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad Católica de Salta. Ediciones Colección Documentos.
“Por años venimos practicando la autopsia del cadáver de la Patria Grande y en esas sagradas vísceras, hemos encontrado en abundancia cianuro: son los hechos negativos, y, uno de ellos, es el desaprovechamiento de la victoria de Suipacha” Luis Güemes. (Bisnieto de Martín Miguel de Güemes. Autor de “Güemes Documentado”)
Un café con revisiones
En 2005, sentados a la mesa de un barcito porteño y en una charla sobre las reivindicaciones históricas, me dice el salteño Miguel Solá “todavía no se ubica a Güemes como corresponde, bien alto, al lado de San Martín, al lado de Belgrano, y sobre todo bien alto como ideal y ejemplo de los argentinos”. Le respondo con la frontalidad, el racionalismo y la poca diplomacia que me caracterizan que carezco de la información y de la bibliografía necesaria para rectificar o ratificar su opinión, pero que me comprometo a profundizar sobre el tema.
Mientras saboreo mi café, ya tibio y sin humo, pienso en Arturo Jauretche cuando manifiesta que “lo que se nos ha presentado como historia es una política de la historia”. También, mi memoria larga ubica una frase que repite en sus charlas Norberto Galasso: “la historia es la política pasada, así como la política es la historia del presente”.
La conversación continúa y quedamos para otro encuentro. Intercambiamos direcciones y contactos. Nos despedimos afectuosamente.
Al llegar a mi casa busco en mi biblioteca el sector reservado a la historia argentina. Pasan por mis manos algunos escritos de: Bartolomé Mitre, Alfredo Grosso, Adolfo Saldías, Ricardo Levene, Carlos Ibarguren, Ignacio Anzoategui, Manuel Gálvez, Ernesto Palacio, Vicente Sierra, José María Rosa, Fermín Chávez, José Luis Romero, Tulio Halperín Donghi, Luis Alberto Romero, Félix Luna, Abelardo Ramos, Enrique Rivera, Arturo Jauretche, Miguel Angel Scenna, María Sáenz Quesada, Norberto Galasso, entre muchos otros. Güemes, Güemes, Güemes, poco, poco y no coincide con lo charlado con Solá. Teléfono en mano, rodeado de libros apilados, llamo a Galasso: “Hola Norberto. ¿Qué sabés de Güemes?”. Silencio breve…Me responde: “Mirá, si Mitre no lo quería y San Martín lo considera un amigo de absoluta lealtad, le da varias misiones y se le nublan los ojos cuando le comunican su muerte, ya tenés un punto de partida”.
A los pocos días, recibo una gran encomienda que contiene varios tomos de “Güemes Documentado” de Luis Güemes -bisnieto del prócer- y boletines del Instituto Güemesiano de Salta. Remite Miguel Solá.
En otra oportunidad, me obsequia sus obras: “Güemes y la Academia Nacional de Historia”, “El gran bastión de la Patria” y el audiovisual educativo “La guerra de la independencia en el norte”.
A posteriori, tomo contacto con el periodista e investigador Martín Güemes Arruabarrena, quien también me desasna sobre su homónimo y la trascendencia de su labor.
Finalmente, desde hace un par de años, la profesora María Cristina Fernández responde mis dudas desde su e-mail y me envía el “Boletín Güemesiano”.
Hoy, después de un lustro de estudios sobre Güemes, rescato un alto escalón, entre muchos, en su breve pero importante vida de patriota: su intervención decisiva en el triunfo de Suipacha en pos de forjar una Patria Grande.
Entre bronces, monumentos y olvidos
Como expreso en mi investigación “En Bronce Eternizados. La colonización pedagógica monumental” –aún en estudio para su publicación- en el “Monumento al general San Martín y a los Ejércitos de la Independencia”, sito en la zona de Retiro, en la “Plaza Libertador General San Martín”, omiten al patriota salteño.
En la construcción que erige el alemán Gustavo Eberlein no hay ninguna figura o situación que rememore la lucha de Güemes y sus bravos gauchos.
Los relieves contienen: 1. Batalla de Tucumán, 2.Batalla de Salta, 3.Reconocimiento de Montevideo, 4.El ejército paraguayo presenta armas al ejército argentino después de los heroicos combates de Tacuarí, 5.Batalla de Ayohuma, general Belgrano llama a reunión bajo el fuego del enemigo, 6.Combate de Riobamba, carga del general Lavalle, 7.Paso de los Andes, 8. Independencia del Perú, 9. Batalla de Maipú, 10. Batalla de Chacabuco, 11. Combate de San Lorenzo. Figuras: 12. Minerva. Grupos alegóricos: a. La partida para la guerra, b. La batalla, c. La victoria, d. El regreso del vencedor. ¿Y Suipacha?
A ningún integrante de la Comisión Nacional para los festejos del Centenario se le ocurre incorporar la Batalla de Suipacha, menos aún al verdadero gestor del triunfo americano: Martín Miguel Juan de Mata de Güemes.
Un dato poco conocido por los lectores de “mitos históricos” es que entre 1810 y 1821, los salto-jujeños soportaron más de 150 enfrentamientos ante las fuerzas realistas.
Los errores sobre Salta y Güemes en la Historia Oficial
El historiador Luis Oscar Colmenares apunta, en 1999, que “la razón principal [de la mala comprensión de Güemes y su lucha] fue la profunda división existente entre güemistas y antigüemistas, a la muerte del prócer”, pero en 2010,1 no deberían quedar dudas de que estamos ante un verdadero héroe. Sin embargo, aún se lo presenta con el viejo estigma mitrista de “defensor de la zona norte”.
Esta simplificación queda plasmada a partir de que Bartolomé Mitre expresa que “desde ese día[en que Belgrano no puede enviar fuerzas para atacar a los enemigos en la Quebrada de Humahuaca] el ejército auxiliar del Perú quedó perdido para la guerra de la Independencia; pero la inmunidad de la frontera argentina por el Norte era un hecho y Salta bastaba para hacerla respetar”. 2
Opina Colmenares que esa “deformación ha calado tan hondo, que hasta entre los mismos salteños se oye hoy [1985] llamar al prócer ‘defensor de la frontera norte’”. 3
Es erróneo plantear a Salta como “frontera norte”, pues desde su fundación se constituye como “centro geográfico y nexo esencial entre tres puntos de América: el centro virreinal de Lima, producción fiel de las cortes europeas; las mermadas riquezas de las minas del Alto Perú, todavía fuente de los recursos necesarios para el imperial andamiaje español; el puerto de Buenos Aires con las facilidades de conexión con la Madre Patria”. 4
Además de estar ubicada en el centro de las Provincias Unidas en los años de emancipación americana, Salta es parte de la Intendencia de Salta del Tucumán, conformada -además de las dos mencionas- por Santiago del Estero, Catamarca, Tupiza y Tarija. Recién es frontera cuando se segrega, en 1825, el Alto Perú. Güemes muere cuatro años antes. Además, esos valientes defienden todas las provincias situadas al sur del Alto Perú.
De la invasiones inglesas al “triunfo perdido”
El alférez Güemes, de 21 años, procedente de Salta, presta servicios como ayudante de Santiago de Liniers y Bremond en los Bajos del Retiro, en 1806. El joven, al comando de 30 jinetes, ataca al “Justina”, una nave de la escuadra del almirante Home Riggs Popham que queda encallada en la zona al bajar las aguas. Los derrotan y toman la bandera-estandarte del invasor. Es denominada “del Retiro” y hoy, se encuentra en la iglesia de Santo Domingo, sita en Defensa y Belgrano.
Además, en 1807, como integrante del plantel del Regimiento de Infantería, tiene una destacada actuación.
Luego, enferma y se le otorga el permiso para regresar a su provincia, donde el cadete presta armas en el Regimiento de Infantería.
En 1809, es ascendido por la Real Cédula de la Suprema Junta Gubernativa de España e Indias.
El subteniente salteño, un año después, está al servicio del movimiento de Mayo desde el primer momento.
La novel Junta de Buenos Aires dispone extender y legitimar su autoridad al resto del virreinato. Como el acatamiento al nuevo gobierno no es uniforme, organiza dos expediciones militares para “convencer” a los levantiscos: una, al Paraguay y la otra, al Alto Perú.
Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, al frente de la primera, triunfa en Campichuelo pero es derrotado en Paraguarí. En marzo de 1811, es atacado en Tacuarí y en situación crítica firma un honroso armisticio y se retira.
La otra expedición parte hacia el Alto Perú. Deben superar, en primer término, a los sublevados en Córdoba. Allí, el gobernador intendente Juan Gutiérrez de la Concha, junto a alguno de sus funcionarios, no reconocen a la Junta, la que envía a Francisco Ortiz de Ocampo y a Juan Hipólito Vieytes para arcabucear a los rebeldes. Pero los ejecutores dudan y no cumplen las instrucciones emanadas de los altos mandos porteños. Mariano Moreno, ante esta desobediencia, le informa a Feliciano Antonio Chiclana en carta muy privada que estos hombres se “cagan” en las órdenes impartidas por la Junta.
Imagino el brete en que se pondrían nuestras pobres maestras al expresar a los educandos las “emotivas” y directas palabras del “lumen de Mayo”. Y, para colmo de desgracias para la explicación de las educadoras, el que pega el tiro de gracia al francés - otrora héroe de la Reconquista- es Domingo French, quien según la historia canónica, reparte cintitas celestes y blancas en la Revolución de Mayo.
El gobierno de Buenos Aires reemplaza a los indecisos por Antonio González Balcarce y Juan José Castelli, quienes fusilan a los contrarrevolucionarios. Entre los castigados está Santiago de Liniers. Es lícito recordar que el virrey expulsado, Baltasar Hidalgo de Cisneros - alias “el sordo”-, se comunica con Liniers y lo nombra jefe de los ejércitos realistas y, en conjunto, avanzan hacia el norte para encontrase en Salta. “La Linda” es la primera ciudad que aprueba al nuevo gobierno revolucionario con el gobernador de Potosí, don Francisco de Paula Sanz, y el presidente de Chuquisaca, don Vicente Nieto, para insurreccionarse contra la Junta.
Luego de cumplida la drástica misión, la expedición sigue su camino libertador hacia el Alto Perú (La Paz, Potosí, Cochabamba y Charcas) donde se encuentran los poderosos jefes realistas: brigadier Pío Tristán, mariscal Vicente Nieto, coronel Juan Ramírez Orozco, brigadier José Manuel de Goyeneche y Barreda, y capitán de fragata José Córdoba.
Tampoco Montevideo reconoce a la Junta. Juan José Paso es el elegido como diplomático. Si bien es escuchado, se le exige que Buenos Aires reconozca primero al Consejo de Regencia. Juan José Paso retorna.
Suipacha y la elisión de Güemes
Dejo bien asentado que la historia oficial reconoce el enfrentamiento en Suipacha, al igual que lo hace con la mentada y politizada batalla de la Vuelta de Obligado.
Asimismo, Suipacha se recuerda en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con una calle (desde 1822, recorre los barrios San Nicolás y Retiro) y una plaza homónima (por ordenanza del 27 de noviembre de 1893, en el Barrio San Nicolás).
Las confusiones surgen debido a algunos “errores” en los partes oficiales que son tomados como fidedignos por algunos historiadores. Pareciera que estos utilizan algunas documentaciones probatorias y omiten o ignoran otras. Es sospechoso, en algunos casos, que desconozcan los trabajos minuciosos de los historiadores salteños, pero… casualmente es Bartolomé Mitre quien al tomar como fuente los partes de Castelli cae en errores que reiteran otros investigadores. Estudiosos como Vicente Fidel López y Miguel Otero, por nombrar algunos, testimonian otra versión, que parece ajustarse más a la realidad.
Pero si se equivoca Mitre… es humano, es el “padre de la historia erudita”. Además, se deja un diario de guarda espaldas y conviene no jugarse demasiado en su contra. Así justifica Pacho O’Donnell que “ser revisionista no supone ser ‘antimitrista’. Bartolomé Mitre fue un argentino excepcional que dirigió inmensos ejércitos, tradujo ‘La Divina Comedia’, llegó a presidente de la república. Y también escribió los fundamentos de nuestra historia al mismo tiempo que la protagonizaba. Tuvo la sensibilidad social de poner en superficie el heroísmo inconcebible de los caudillos altoperuanos, pero no pudo mantener esa objetividad al ocuparse de los caudillos federales tardíos, a quienes perseguía porque se habían constituido en un serio obstáculo para su proyecto de Organización Nacional. La historiografía que el revisionismo cuestiona se plasmó años después, en parte basada sobre sus escritos, pero sobre todo al calor de una ‘educación patriótica’, cuyo objetivo fue hacer que las masas inmigrantes incorporasen ‘lo nacional’". 5
Es comprensible que, neodefensor a ultranza de la batalla de la Vuelta de Obligado, brinde loas a Mitre, morigere y elija las mejores palabras, pues lo publica en “La Nación”. Omite las “razzias” de Mitre en el Interior y la Guerra de la Triple Alianza.
En cuanto a los caudillos, es incuestionable que tiene cierta ojeriza contra todos los caudillos. Es más, a Güemes lo considera un caudillo funesto que contribuye con su ejemplo a la desorganización política y social. Por buena fortuna, el jurista Dalmacio Vélez Sarsfield, en 1864, lo rectifica. Nobleza obliga es decir a favor del traductor del Dante, que se corrige en parte y reconoce a Güemes en su “Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana”. Incorpora que lleva a cabo “la más extraordinaria (…) guerra defensiva, ofensiva (…) la más original por su estrategia, su táctica y sus medios de acción”. Pero continúa con su ojeriza hacia al caudillaje al sostener que el salteño “a pesar del poder despótico de que podía usar y abusar, y en medio de los vicios que deslustraban sus grandes calidades”.
Asimismo, Mitre minimiza su gesta cuando como presidente de la Junta Numismática Americana – actual Academia Nacional de Historia – envía una carta al nieto de Güemes, Martín Miguel Güemes Castro, en 1894, con motivo del aniversario de la muerte de su antepasado y lo califica de “defensor de Salta”, siendo que el homenajeado debería ser reconocido como “defensor de las Provincias Unidas”.
Tal vez, uno de sus peores detractores es el general José María Paz, quien proclama sin fundamentos: “Güemes, relajado en sus costumbres, poco sobrio y hasta carecía de valor personal, nunca se presentaba en el peligro”. 6
A lo que remata con infamia “hizo una guerra porfiada y tuvo la gloria de morir por la causa de su elección”. 7
Al referirme específicamente a la Batalla de Suipacha y la omisión de Güemes, transcribo algunos textos de autores que reiteran diversos errores. A saber:
Ricardo Levene:
“Luego de la ejecución de Cabeza de Tigre, la expedición libertadora siguió hacia el norte, y poco tiempo después quedó bajo el mando de Balcarce y de Castelli, este último como representante de la Junta. Avanzaron hasta la quebrada de Humahuaca, y recibieron el importante contingente que remitió Martín Miguel de Güemes. En ‘Cotagaita’, tuvo lugar el primer choque de las fuerzas realistas y patriotas, el 27 de octubre, Balcarce fue rechazado en ese encuentro, pero pudo rehacerse y con nuevos refuerzos recibidos de Jujuy, esperó en ‘Suipacha’ al ejército español, que estaba bajo el mando de los generales Córdoba y Nieto. Los patriotas derrotaron completamente al ejército español, al que tomaron la artillería y el vestuario. La batalla no duró más de media hora, del día 7 de noviembre de 1810, pero fue decisiva (…) Dos importantes consecuencias para la causa de la Revolución: una de orden moral, pues era el primer triunfo del ejército argentino y comunicaba bríos y entusiasmos a los patriotas y la otra de orden político, pues las cuatro intendencias del Alto Perú se declararon a favor de la Revolución. El secretario de la Junta Gubernativa, Mariano Moreno, con motivo de la victoria de Suipacha, escribió en ‘La Gazeta’: ‘El valor, energía y constancia que han desplegado nuestras tropas causan el asombro de nuestros enemigos. Cuando pasen por nuestras calles les diremos: a vosotros se os debe la felicidad de que estamos disfrutando’”. 8
Pareciera que Güemes “remite”, envía tropas, pero no está presente en la batalla.
Fermín Chávez:
“El ejército del Norte tuvo suerte: pudo internarse en el Alto Perú y derrotar a los españoles en Suipacha”. 9
No menciona a Güemes.
María Saénz Quesada:
“Después de cumplir en Córdoba la orden de fusilar a Liniers, el doctor Castelli, fue recibido con afecto por el pueblo de San Miguel de Tucumán, volcado claramente a la causa de Buenos Aires. En Salta encontró asimismo buena disposición (…) pero en el Alto Perú el panorama era muy diferente. Con excepción de Cochabamba, los gobernadores intendentes habían buscado apoyo en Lima, donde el virrey enérgico, Fernando de Abascal, estaba resuelto a mantener el poderío español (…) después de la victoria patriota en Suipacha (Tupiza, hoy Bolivia), las ciudades altoperuanas acataron a Buenos Aires, Castelli no vaciló al firmar la sentencia de muerte del general Córdoba y de los gobernadores españoles de Chuquisaca y Potosí”. 10
No menciona a Güemes.
José Luis Romero:
“La expedición militar enviada al Alto Perú para contener a las fuerzas del virrey de Lima consiguió sofocar en Córdoba una contrarrevolución, y la Junta ordenó fusilar en Cabeza de Tigre a su jefe, Liniers, y a los principales comprometidos. Pero los sentimientos conservadores predominaban en el interior aun entre los partidarios de la revolución; de modo que cuando Moreno comprendió la influencia que ejercerían los diputados que comenzaban a llegar a Buenos Aires, se opuso a que se incorporaran al gobierno ejecutivo. La hostilidad entre los dos grupos estalló entonces. Saavedra aglutinó los grupos conservadores y Moreno renunció a su cargo el 18 de diciembre. Pero antes, el ejército del Alto Perú había vencido en la batalla de Suipacha; pero en cambio, el ejército enviado al Paraguay fue derrotado no mucho después en Paraguarí y Tacuarí.” 11
No menciona a Güemes.
Miguel Angel Scenna:
“A los quince días de instalada, la junta dispuso el envío de una expedición auxiliadora que debía sofocar los focos de resistencia en el interior y establecer la autoridad central en el extenso territorio virreinal. La componían un millar de hombres, para lo que se montaron dos compañías de Patricios, una de Arribeños, una de Montañeses y una de Andaluces, 600 infantes en total, a los que se sumaron 100 hombres para la artillería y otros tantos Blandengues de caballería. El total fue puesto bajo el mando del coronel de Arribeños Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, que llevaba por segundo al teniente coronel Antonio González Balcarce y como adscripto al vocal de la junta Juan José Castelli, a cargo del mando político. Partieron a principios de julio, incorporaron refuerzos en el camino, y el 7 de noviembre de 1810, consiguieron el primer triunfo significativo de la revolución en Suipacha”. 12
No menciona a Güemes.
Juan Carlos Neyra:
“Primer triunfo de las fuerzas de la revolución de Mayo, al mando del general Antonio González Balcarce, contra los realistas de José de Córdoba y Rojas. Tuvo lugar el 7 de noviembre de 1810”. 3
No menciona a Güemes.
Teresa Eggers-Brass:
“El Alto Perú (…) estaba ocupado por tropas realistas (partidarias del dominio español en América) que habían ido a sofocar duramente los levantamientos de 1809. Tras disolver la contrarevolución en Córdoba, partió de allí una columna de 500 hombres al mando de Balcarce. Su primer encuentro con los españoles fue negativo, ya que en Cotagaita los patriotas fueron vencidos el 27 de octubre de 1810. Pero con los refuerzos enviados por Castelli se obtuvo la importante victoria de Suipacha el 7 de noviembre: los jefes realistas Nieto, Córdoba y Francisco de Paula Sanz fueron hechos prisioneros y fusilados. Gracias a ello, el ejército patriota pasa a la región de Chuquisaca (también llamada Charcas o La Plata); hoy la capital se denomina Sucre) y obtiene el reconocimiento de las cuatro intendencias del Alto Perú”. 14
No menciona a Güemes.
Lucas J. Luchillo, Silvia O. Romano, Gustavo L. Paz:
“(…) las reacciones frente al nuevo poder fueron disímiles y en varias regiones se inició la guerra. En el caso del Paraguay, el Cabildo de Asunción reconoció al Consejo de Regencia español y se preparó para enfrentar al ejército –Ejército del Paraguay- que, bajo el mando de Belgrano, integraron porteños, santafecinos y entrerrianos (…) En el Alto Perú, la reacción no fue uniforme y los sucesivos avances y retrocesos, provocados por la guerra, desgastaron a los ejércitos revolucionarios. Luego del triunfo criollo en la batalla de Suipacha (noviembre de 1810), numerosas localidades adhirieron a la revolución; otras, la resistieron [solo mencionan al salteño después de la derrota de Sipe Sipe, en noviembre de 1815] la guerra se circunscribió a contener el avance realista por el norte; la defensa del territorio estuvo a cargo del gobernador salteño Martín de Güemes y de las fuerzas locales (sus famosos gauchos)”. 15
Para este “manual”, de instrucción secundaria, Güemes irrumpe en la historia a partir de 1815, cinco años después de Suipacha.
Felipe Pigna:
“(…) el Norte argentino se vio sacudido por la derrota de la contrarrevolución de Liniers. La subida de las tropas que perseguían al ejército enviado para plegarse a Liniers, que encabezaba José de Córdova y que fue alcanzado y derrotado por las fuerzas patriotas al mando de Balcarce el 7 de noviembre de 1810 en Suipacha, complicó la situación. Al día siguiente de la primera victoria de las fuerzas revolucionarias y en un clima de enorme expectativa, se incorporó a las tropas Juan José Castelli y fue recibiendo comunicados de los rebeldes de las distintas zonas del Alto Perú que se sumaban a la causa americana”. 16
No menciona a Güemes.
En otro de sus obras “mitológicas”, luego de mencionar la toma de “la goleta ‘Justine’”, agrega a continuación que “tras la Revolución de Mayo, Güemes se incorporó al ejército patriota destinado al Alto Perú y formó parte de las tropas victoriosa en Suipacha”. 17
No destaca la actuación de Güemes.
En tanto que en su sitio web, apoyándose como fuente en Historia de la Argentina – Los primeros Gobiernos Patrios (1810-1813), Ediciones Garriga Argentinas, Buenos Aires, junio de 1973, de Vicente D. Sierra, trascribe:
“Antonio González Balcarce consideró conveniente dirigirse a Suipacha para no dejar que esta población cayera en manos del enemigo. El 6 de noviembre al atardecer, acampó en el pueblo de Nazareno, río por medio con la villa de Suipacha. (…) En la misma fecha Castelli escribía a Salta: ‘Chiclana mío: seré inoportuno hasta el extremo mientras no vea volar las tropas, mulas, mulas, mulas, víveres, víveres, dinero, artillería y cuanto hace falta para hacer tronar al Perú en este mes o tronar yo el primero’. Por su parte, José de Córdova (al mando de las tropas realistas)…recibió a Vicente Nieto con doscientos veteranos de Chuquisaca… (…) Córdova estaba convencido de que el enemigo se encontraba desmoralizado por encontrarse dividido en opiniones encontradas (…) La mala opinión que Córdova se había formado sobre el estado espiritual de la vanguardia patriota se debió a una estratagema de González Balcarce. Para engañar al enemigo envió a Tupiza a un indio bien aleccionado, con la misión de difundir falsas informaciones sobre la moral de la tropa a su cargo. Llamado por Córdova, el indio hizo a éste creer que los patriotas marchaban descontentos y mal armados. A orillas del río Suipacha…, el 7 de noviembre apareció la vanguardia de Córdova… González Balcarce había ocultado gran parte de su infantería y artillería entre los cerros y quebradas vecinas. Largo rato permanecieron ambas fuerzas sin decidirse a entrar en acción, lo que determinó a Antonio González Balcarce a adelantar doscientos hombres con dos cañones, para provocar la lucha. El enemigo adelantó algunas guerrillas, ante las cuales los patriotas iniciaron una retirada en aparente desorden, al punto que hizo creer a Córdova que huían sin presentar lucha. Imprudentemente dio orden de perseguirlos, avanzando con toda su fuerza hasta las proximidades de la quebrada de Choroya. En este punto los patriotas volvieran la cara, a tiempo que las fuerzas ocultas salían de su escondite para atacar inesperadamente. En el parte del encuentro enviado a la Junta por Castelli se lee que la infantería cargó ‘con tanto esfuerzo, valor, firmeza y gallardía’ que desordenó completamente al enemigo, y que éste se dio a la fuga por cerros y caminos excusados, arrojando banderas, armas y municiones. Media hora duró la batalla de Suipacha. (…) El triunfo de Suipacha encontró a Castelli en Yavi, desde donde (8 de noviembre) despachó la primera información para la Junta, que amplió dos días más tarde desde Tupiza, mediante un parte completo de la batalla que fue conducido a Buenos Aires por el mayor de Patricios Roque Tollo (…) Una de las banderas tomadas fue enviada a Buenos Aires por Castelli, con una nota que decía: ‘A fin de que V. E. la destine a la sala del rey D. Fernando, con las que adornan su retrato’”. 18
No menciona a Güemes. Sobre el envío del indio aleccionado para mentir amplío más abajo.
Julio César Cháves:
“En su avance, el ejército de la patria había llegado a ocupar posiciones frente a las fortificaciones de Santiago de Cotagaita. Balcarce decidió efectuar un reconocimiento de fuerzas. A primera hora del día 26 de octubre, las tropas porteñas iniciaron el ataque. El combate se prolongó hasta las 2 de la tarde. Los soldados porteños lucharon intrépidamente. En el transcurso de la pelea, pidieron repetidas veces cargar a la bayoneta. Entendiendo Balcarce que le faltaban elementos para una acción decisiva, dispuso la retirada, la que se llevó a efecto ordenadamente y sin persecución del enemigo. Pero no transcurrirían muchos días sin que los dos ejércitos se enfrentaran, en Suipacha, con todo su poderío. La fuerza auxiliadora retrocedió lentamente; primero, hasta Tupiza, y después, hasta Suipacha. El 6 de noviembre al atardecer, acampó en el pueblo de Nazareno, situado frente a Suipacha, río por medio. A medianoche, recibía un refuerzo de 200 hombres y dos cañones, que el vocal-representante hiciera avanzar a marchas forzadas para que llegasen a tiempo. Entre tanto, Córdova avanzaba al mando de 800 hombres seleccionados entre las unidades de la Marina, del Fijo y del de Dragones, de Buenos Aires, que habían sido llevados por Nieto a Charcas el año anterior. El jefe enemigo lanzó una proclama manifestando que, decidido a no dar cuartel ni a admitirlo, había enarbolado el estandarte del terror; pero informado de las opiniones en pugna dentro del ejército patriota, prometía recibir con benevolencia a todos los que jurasen acatamiento al Supremo Consejo de Regencia de España e Indias. El río Suipacha o San Juan separa las poblaciones de Nazareno y Suipacha, situada la primera en la ribera sur y la segunda en la del norte (…) Los patriotas ocupaban la ribera sur, es decir, Nazareno; el enemigo se hallaba distanciado, al norte. Recurrió entonces Balcarce a una estratagema. Despachó un indio a Tupiza para difundir entre las tropas enemigas falsas noticias acerca de la moral del ejército bajo su mando. El emisario propagó algunos rumores que hacían referencia al descontento reinante entre las tropas patriotas y a la escasa provisión de armas y municiones, hasta que, enterado el comandante en jefe, ordenó que compareciera ante él. Optimo resultado dio la treta de Balcarce: Córdova creyó a pie juntillas todas las mentiras que le contó el indio y saboreó por anticipado su triunfo, cercano y seguro. Entre el pueblecillo de Suipacha y el río existía una ancha faja de terreno arenoso, donde, el 7 de noviembre, a las 11 de la mañana, apareció la vanguardia españolista y ocupó posiciones en la playa y varias alturas sobre el flanco izquierdo de las fuerzas patriotas. A continuación, y de manera sucesiva, todas las Unidades del ejército de Córdova hicieron lo mismo. Éste abrigaba el propósito de esperar el ataque (…) Pero idéntica intención tenía Balcarce, quién había ocultado en los cerros y quebradas vecinos una gran parte de su infantería y toda su artillería. Algunas horas permanecieron los dos bandos en actitud expectante, mirándose la cara, río por medio. Impaciente, Balcarce hizo adelantar 200 hombres con dos cañones para provocar la lucha. El enemigo - adelantó varias guerrillas y se rompió el ruego en ambas márgenes del Suipacha. Entonces, las tropas patriotas simularon una precipitada fuga. Al verles dar la espalda, Córdoba les creyó derrotados y, de manera imprudente, inició la persecución avanzando con su ejército hasta las proximidades de la quebrada de Choroya. Allí Las fuerzas patriotas, ocultas hasta ese momento (…) atacaron inesperadamente. Aquella infantería cargó ‘con tanto esfuerzo, valor, firmeza y gallardía', que desorganizó completamente al enemigo que se dio a la fuga por cerros y caminos excusados, arrojando en la huída sus banderas, sus armas y sus municiones. En Suipacha y Nazareno —arenga Castelli a sus tropas— ‘los esperasteis riyendo [riendo] sus amenazantes intimaciones, y a la vista del estandarte del terror los derrotasteis y perseguisteis hasta no dejarles ni espíritu para llorar su desgracia’. La victoria fue total. En poder de los patriotas quedaron dos banderas, cuatro cañones y 150 prisioneros. El jefe vencido se dirigió al vencedor expresándole que el triunfo de Suipacha había decidido la suerte de todo el Alto Perú y le propuso capitular bajo garantía de vida para jefes, oficiales y soldados, los que se alistarán en las filas patriotas para sujetar a la Paz y oponerse a Goyeneche. Él, por su parte, reconocía a la Junta y se sometía a su autoridad. Balcarce le respondió que era el vocal-representante el llamado a decidir. Castelli, desde Yaví, transmitió a la Junta la primera noticia de la victoria, y, al mismo tiempo, envió una circular a los Ayuntamientos para quedas ciudades ‘celebren los triunfos de la Patria y glorias de la lealtad’. Aseguraba a la Junta que no existía ejército en el mundo que presentase el pecho al enemigo, se sostuviese con mayor gallardía y fervor en la acción y avanzase a la vez con mayor intrepidez. Congratulaba al gobierno por el triunfo de las armas patriotas pues ya el ejército que había enarbolado la bandera del terror en un lienzo negro sembrado de calaveras, se confesaba derrotado en Suipacha, reconocía, juraba y se sometía a la Junta. Respecto de la capitulación propuesta por Córdoba, que no accedería jamás a todos los artículos presentados; pero ser detenido- Nieto y entregados los caudales, sólo castigará a principales, indultando a los otros y disolverá los tercios para quede ‘todo llano hasta La Paz’. No obstante, para prevenir cualquier estratagema del enemigo, ordenó que la vanguardia continuase hasta Cotagaita para intimar rendición de la plaza o atacar abriéndose paso a Potosí. Envió 150 hombres al mando del capitán Martín Güemes para ocupar la provincia de Cinti”. 19
Güemes no es mencionado en la batalla. Luego, sí: se lo envía a Cinti. Además, describe la picardía de Balcarce y del indio embustero.
Sobre el “cuento” del indio enviado para confundir a los enemigos que figura en el parte oficial de Castelli, el cual toman como fuente apodíctica Chaves, Pigna y Sierra, fija Luis Güemes:
“esto es el colmo de escribir por escribir: Balcarce recibe el auxilio ‘a eso de las doce de la noche’ del día 6 y en el momento ‘a eso de iniciar el día 7’, al sentirse reforzado, discurre despachar y despacha ‘un jovencito natural que le había servido de espía’ para que, habilidosamente, engañe a los enemigos que están en Tupiza a 6 leguas de distancia. El emisario llega a su destino, platica con unos, tramoya, alcanza a hacerse oír del jefe español, a quien termina por engatusar y consigue que este imparta orden general para que sean alistadas sus numerosas tropas con sus armas y bagajes, a efectos de marchar hacia Nazareno [le creen y obedecen] y (…) avanza el ejército del comandante Córdoba sobrecargado con la impedimenta de la artillería, consiguiendo recorrer las dichas seis leguas con tan milagrosa rapidez que se presenta a Suipacha a atacar a Balcarce en la mañanita de ese 7 de noviembre de 1819. ¿Por ventura no es este desatino conspicuo, disparate sin pies ni cabeza? ¡Ni que en la primera década del siglo XIX, el ‘jovencito natural’ hubiera viajado en helicóptero, y el comandante Córdoba, con sus huestes aerotransportadas! De mucho tiempo atrás el comandante Córdoba venía creyendo que a la gente de Balcarce le faltaban armas y les sobraban ganas de entregarse sin combatir (…) convicción que lo indujo a pasar a la ofensiva sin que fuera óbice que cuando se convenció de lo contrario, y hasta después que supo del refuerzo venido de Nazareno en la noche del 6, prosiguiese el ataque (…) sin que hubiese interferido incitación de ninguna especie ni de un ‘jovencito natural’, ni de nadie (…) A las once de la mañana del día 7 -sigue diciendo Castelli-, se presentó la vanguardia enemiga ... Tomó unas alturas sobre nuestro flanco derecho y sucesivamente practicó lo mismo todo el ejército, sin que en más de una hora después hiciese movimiento ninguno, ni tampoco se advirtió por nuestra parte, pues se procuró tener ocultas nuestras fuerzas, esperando el ataque que se nos presentaba. Como el enemigo se conserva en inacción, dispuso el mayor general que avanzasen dos piezas de nuestra artillería y una división de 200 hombres con la idea de ver si entraba en función. {En verdad la maniobra no se ajusta a las reglas tácticas de la alta ‘pericia militar’. Más parece una treta paisana, no urdida por el mayor general. Los dos cañones de la aventura eran el todo de nuestra artillería, y, los 200 hombres, de hecho, una ‘separata’ del ejército que se manejaba sin sujeción directa al jefe principal} a cuyo movimiento destacó el enemigo varias guerrillas, que se resguardaron de algunas acequias y pozos avanzados de sus líneas y despachando el mayor general otras más débiles se rompió el fuego {Como se ve, el guerrillar se hacía por ‘entregas’, como en las novelas populares}. Los enemigos reforzando las indicadas guerrillas y nosotros, retrocediendo algo las nuestras, se decidieron a destacar una considerable parte de su fuerza a perseguirlas, lo que observado por el mayor general Balcarce -Balcarce, según Castelli- determinó que otra división como la primera y las mismas guerrillas retrocedidas, cargasen prontamente, como lo verificaron con tanto esfuerzo, valor, firmeza y gallardía, que en el momento se posesionaron de los parapetos enemigos, y entrando en ellos el desorden, se pusieron todos en la más vergonzosa y precipitada fuga. {Siempre que se escriba sobre la ciencia militar habrá que distinguir entre diversas especies de tácticas, una de las cuales, sui generis, es la que se desarrolló en la batalla de Suipacha}. 20
El triunfo escamoteado
Descabezada la contrarrevolución cordobesa, la Junta dispone que el teniente gobernador de Jujuy, Diego José de Pueyrredón, impida que el resto de los rebeldes escapen hacia el Alto Perú y tomen contacto con el presidente de la Audiencia de Charca, el Mariscal Vicente Nieto, quien se hace fuerte en las cuatro Intendencias del Alto Perú.
Pueyrredón instruye al teniente Güemes para que se dirija a la Quebrada de Humahuaca como primera avanzada. Así forma una Partida de Observación que cuenta con el apoyo del alcalde Pedaneo D. Juan Francisco Pastor y del cura párroco Josef Alejo de Alberro.
Poco a poco se van incorporando voluntarios salteños, jujeños y tarijeños, unos 800 hombres, todos conocedores del terreno y del clima. Están junto a Güemes: Pedro Antonio Flores, José Antonio de Larrea, Francisco Uriondo y Mariano Echazú.
Por su accionar y valentía, la Junta asciende a Güemes a capitán el 22 de setiembre de 1810.
En la Villa de Tarija, se une a la vanguardia del Ejército Auxiliar o Expedición de Unión, al mando del coronel Antonio González Balcarce.
El 8 de octubre, Pueyrredón y Güemes vencen en la localidad de Cangrejos a una avanzada realista.
Balcarce, el 24 de octubre, desde Tupiza, le comunica a Castelli –quien está en Jujuy y recibe municiones para la artillería – un cañón calibre 4 y un obús- que se dirige a Santiago de Cotagaita donde están los enemigos.
Asimismo, “manifiesta a Castelli que sus tropas avanzarán por el camino de Machará, habiendo mandado un fuerte destacamento por el camino de La Almona. Aunque no menciona qué tropas formaban ese fuerte destacamento, mediante los informes recogidos por el historiador Miguel Otero existe la seguridad que se trataba de una división al mando del capitán Güemes, que ascendía ahora al número de 800 hombres y que se encontraba ya en el lugar”. 21
Balcarce intima la rendición al coronel Córdoba en Santiago de Cotagaita y ataca, pero es rechazado y, luego de algunas horas de lucha, debe retroceder.
En la Posta de los Hornillos, el capitán Santiago Carrera, informa a Castelli sobre el ataque adverso, pero el enviado político de la Junta, solo informa – el 30 de octubre- hechos generales. Mientras Balcarce retrocede, las fuerzas de Güemes cubren la retirada y contienen a Córdoba.
Las fuerzas patriotas se hacen fuertes en Suipacha y Güemes solicita a Balcarce que le envíe municiones y artillería. Los españoles los acechan desde el otro lado del río. Planean reanudar el ataque al otro día: el 7 de noviembre.
Balcarce está en Nazareno, a cuatro leguas de Güemes. Castelli envía el material reclamado por Guemes- tres cañones y un obús - vía el coronel Matías Balbastro y los tenientes porteños Francisco Villanueva y Antonio Giles, entre otros.
Al amanecer del 7 de noviembre de 1810, los cañones y la caballería de Güemes atacan a los realistas. En cada bando hay unos 800 hombres y el enfrentamiento dura unas cuatro horas. las fuerzas realistas huyen despavoridas.
Varios historiadores, entre ellos Salgado, concluyen que Castelli falsea los partes y adjudica el triunfo a Balcarce.
Son dos hombres de Güemes, Rojas y Saravia quienes entregan a Castelli una bandera tomada al enemigo. Este pide a la Junta una recompensa para los hermanos Miguel y Alejandro Gallardo – ambos salteños y güemesianos- quienes conquistaron el estandarte.
Según Salgado, Castelli falsea los hechos a favor de Balcarce y contra Guemes. Informa que “el parte de Castelli a la Junta
inexactitudes cuando dice: ‘…la retirada de los nuestros de Tupiza a Suipacha, donde se fijaba el Cuartel General…’ ya que en verdad Balcarce instala su cuartel en Nazareno y es Guemes quien acampa en Suipacha (…) pretendía ubicar a Balcarce en el campo de batalla, siendo que se encontraba a cuatro leguas de él. Vuelve a mentir: los enemigos se alistaron a las tres de la tarde y nuestra gente los esperó gallardamente; operó la artillería mandada por Villanueva y Giles, y tres divisiones que venían a mi vanguardia’ (…) simples patrañas: el combate no se produjo a las tres de la tarde, sino que Güemes atacó con las primeras luces del día, y quien conozca la distancia que media entre Yaví y Suipacha comprenderá la imposibilidad de que las vanguardias de Castelli hayan estado en el lugar (…) a la vez, la ubicación de ambas fuerzas antagónicas (…) con el río de por medio, hubiera obligado a los españoles a vadearlo para atacar, cosa que hicieron las tropas de Güemes, atravesándolo y atacando el campamento enemigo. No sucedió como tergiversa Castelli, que los realistas atacasen, sino que fueron sorprendidos por un ataque fulmíneo de caballería y batidos por el fuego de la artillería porteña. En ese parte cursado a la Junta de Gobierno, sin embargo llega a manifestar Castelli: ‘…no se sabe de nuestra tropa entrando la de Tarija cuál es la que mejor se ha portado.’, con lo que demuestra que los escuadrones gauchos estaban presentes, a pesar de su reticencia en reconocerlo. Es también un hecho comprobado que los escasos heridos argentinos en la acción fueron salteños y tarijeños. Ni un solo granadero, ni un artillero o soldado porteño, muerto o herido, pudo figurar en el parte de Castelli, quien refiriéndose a las bajas menciona: ‘…solamente fueron heridos ocho soldados de otras fuerzas’. ¿Cuáles serían esas ‘otras fuerzas’ sino los gauchos de Güemes? ¿Por qué solamente sus hombres fueron heridos en la batalla? El día 10 de noviembre, tres días después de la acción, tiempo que le demandó desplazarse desde Yaví hasta Tupiza, llega el Dr. Castelli a este lugar, y ordena al capitán Güemes que, al frente de una partida de 150 hombres se dirija de inmediato a ocupar la localidad de Cinti y zonas avanzadas, encomendándosele una larga serie misiones de sumo riesgo en poblaciones todavía ocupadas por los realistas en retirada. Con ese motivo informa nuevamente a la Junta: ‘No dudo del éxito feliz de esta disposición cuando está a cargo del capitán Guemes, uno de los oficiales de las provincias incorporados al ejército, y manda tropas tarijeñas que son superiores’. ¿A qué se debió esta valorización (inusual en Castelli) sobre las condiciones de Güemes y sus tropas? ¿Cómo llegó a establecer que se trataba de tropas superiores? Siendo que Castelli permaneció lejos de los hechos de armas, no tenía modo de saberlo por sí mismo.
"Únicamente la realidad de lo acontecido pudo haber llevado esa valoración a su conocimiento”. 22
En coincidencia con Salgado, se pregunta el coronel Julio Sergio Jovanovics Usandivaras ¿puede ser olvidado o ignorado un hombre que luchó con toda valentía en la batalla? (…) hasta la planificación de la batalla, basada en el engaño y la astucia, fue obra de nuestro héroe [Güemes] (…) ya que González Balcarce, comandante militar, nunca, antes ni después, utilizó esa forma de combatir para combatir el éxito (…) Suipacha fue una victoria total, tanto que el ejército pudo continuar su marcha y llegar sin inconvenientes a la rica Villa de Potosí; siendo Güemes el primero en entrar, recibiendo los aplausos de la población”. 23
Agrega la profesora Victoria Pacheco de Valencia que “Castelli (…) al redactar el parte de guerra, se encontraba a más de 200 kilómetros del lugar del hecho, por ello es que en el mismo no menciona a Güemes ni a sus hombres y se equivoca al dar el informe cubriéndolas con el éxito de las tropas de Buenos Aires (…) la versión fue reconocida durante mucho tiempo como verdadera. Hoy, gracias a la labor de investigación realizada por algunos historiadores es que se pudo comprobar lo expresado en el párrafo anterior. ¡Otra misión importante! ¡Y otra vez Güemes para realizarla! Castelli es quien lo va a designar el 9 de noviembre junto a 150 hombres, para realizar lo siguiente: 1. Ocupar Cinti; 2. hacer reconocer y jurar al Gobierno de Buenos Aires; 3. apresar el subdelegado y comandante militar y secuestrar sus bienes; 4. inquirir el tesoro del presidente Nieto; 5. limpiar el pueblo de malos vecinos; 6.
Escoger armamentos de los dispersos de la derrota de Suipacha; 7. apresar los socorros de gentes y víveres que los enemigos pudieran esperar; 8. posesionar al nuevo subdelegado, Dn. Isidoro Alberti; 9. atajar las avenidas por donde pudieran fugarse Nieto, Socasa y Córdoba. Por último Castelli terminaba expresando que no dudaba del éxito de Güemes y de sus soldados salteños y tarijeños. Al leer este oficio que Castelli envía a la Junta, ‘ni dudarlo’ de que para confiarle esta ‘importante misión’ conocía y sabía de la capacidad de Güemes. ¿Cuándo lo sabe? Después de su actuación en Cotagaita y Suipacha, y al redactar el parte de la Batalla de Suipacha, omite su nombre. Huelgan las palabras”. 24
Luis Güemes precisa, en 1979, que “nadie se ha ocupado de estudiar detenidamente y a fondo las batallas de Cotagaita y de Suipacha y lo que ellas implicaron para el país en muchos y variados aspectos. Diríase que se ha venido eludiendo el tema en forma deliberada y silenciado todo cuanto pueda contrariar o contradecir los partes de Castelli”. 25
Güemes y una reivindicación necesaria
En las versiones expuestas no hacen falta husmear demasiado para notar que algunos autores mencionan a Güemes y otros no. Los que lo citan, no destacan su acción fundamental y dan todo el mérito a Balcarce, quien según Jorge Salgado “no estuvo en el lugar y la responsabilidad recayó en forma exclusiva en la persona de Güemes”. 26
Despotrica el estudioso y socio activo del Instituto Güemesiano de Salta, Guillermo Solá, que “La historiografía oficial suele detenerse poco y nada al momento de describir, enseñar, referir y hacer conocer lo que fue y significó la Batalla de Suipacha para nuestra historia nacional. Generalmente, se la menciona como la primera victoria patriota, en una localidad llamada Suipacha que queda en Bolivia (ex Alto Perú), obtenida pocos días después de una derrota en Cotagaita, a fines de 1810, victoria aquella a cargo del Ejército Auxiliar del Perú, comandado por el coronel Antonio González Balcarce. Son muy escasos los historiadores que han profundizado más en el tema, y en todo caso no han sido tenidos en cuenta, o no han sido difundidos. Félix Best en ‘Historia de las Guerras Argentinas’ dice que Balcarce llegó hasta la Quebrada de Humahuaca con una vanguardia de quinientos hombres y allí fue reforzado con un importante contingente que le remitió Martín Güemes (sólo dice que Güemes le remitió, o sea: le envió, mandó al contingente, pero no vuelve a mencionarlo). Continúa Best narrando que ya en el Alto Perú, en Santiago de Cotagaita, Balcarce es rechazado por Córdoba, jefe español, desde una posición fortificada con efectivos superiores, pero, perseguido tardíamente, pudo rehacerse a orillas del Río Suipacha donde recibió refuerzos del grueso del ejército que le llegaron oportunamente desde Jujuy. Allí, el día 7 de noviembre, con algo más de seiscientos hombres y dos cañones derrotaron completamente a ochocientos españoles con cuatro cañones. Y dice:
…La acción se definió por la sorpresa de una fracción patriota mantenida oculta, que pudo caer en momento oportuno sobre el enemigo desprevenido que avanzaba creyéndose vencedor” (sigue sin mencionar a Güemes, factor decisivo en esta victoria). Y también agrega ‘…Importantes consecuencias tuvo la acción de Suipacha para la revolución. Era el primer triunfo de las fuerzas patriotas; abría el camino al Perú, comunicó bríos y entusiasmo a los revolucionarios; y las cuatro intendencias del Alto Perú, parte del Virreinato del Río de la Plata, se declaraban a favor del movimiento’.
Más floja e irrelevante es la versión de la Academia Nacional de la Historia que en su última ‘Nueva Historia de la Nación Argentina’, edición de diez tomos, le dedica sólo seis renglones en el tomo IV para contar que Balcarce, luego de ser rechazado en Cotagaita a pesar del excelente desempeño, realizó una maniobra de retirada hasta Suipacha, donde recibió doscientos hombres de refuerzo y enfrentó con la vanguardia de su ejército a los realistas logrando una importante victoria el día 7 de noviembre de 1810. Pero si lo que estoy aquí puntualizando, lo que machaconamente quiero expresar con respecto a ignorancia en que se mantienen los argentinos acerca de lo que fue Suipacha, el significado, el contenido, las consecuencias y el mensaje, independientemente del hecho de armas en sí, digo, si pareciera que estoy exagerando, solamente habrá que hacer una sencilla comparación entre el conocimiento y la popularidad del Combate de San Lorenzo con San Martín, el Sargento Cabral y los Granaderos a Caballo, y las acciones de Cotagaita y Suipacha. Y creo que el lector sacará fácilmente sus conclusiones. No estoy diciendo que deba restarse valor al emblemático y auspicioso bautismo de fuego del libertador con su flamante cuerpo de Granaderos (…) Pero, convengamos, es difícil de catalogar el silencio o la superficialidad con que se ha tratado un hecho muchísimo más trascendente que el Combate de San Lorenzo, como lo fue la Batalla de Suipacha”. 27
Entonces ¿Por qué causa se omite al único general “argentino” que muere víctima de balas realistas?
El periodista Martín Güemes, descendiente del prócer, aproxima una idea: “El objetivo político de la historiografía académica argentina al amputar a Güemes de su verdadero teatro de operaciones, y relativizar el valor que San Martín daba al Alto Perú, fue ‘paliar y cohonestar el descuartizamiento de las Provincias Unidas de Sudamérica a los fines de justificar que somos un País porque no nos atrevimos a ser una Nación’. En lo inmediato, construyeron la idea de la República Argentina, y levantaron el estado - nación con eje en Buenos Aires. En lo mediato, por medio de la enseñanza escolar, cercenaron el horizonte de las sucesivas generaciones de argentinos de su memoria Suramericana creando la conciencia de ‘argentinidad’. Los historiadores de nota, fundamentalmente de la Academia Nacional de la Historia en el Siglo XIX, y mediados del XX, ignoraron que la actual ‘frontera norte’ de la República Argentina no existía en la época de la independencia continental. Del poder monopólico español pasamos al dominio porteño (nuevo centro de poder del país de los argentinos). Salta y Jujuy, de centro, pasaron a ser ‘frontera’, y Güemes su defensor ‘fronterizo’. Tupiza y Tarija, zonas bisagras de esta región, pasaron a ser ‘linderos’, o a constituirse en la frontera sur boliviana. La historia se relató al servicio de la política ficción de crear las Repúblicas de Argentina y Bolivia. Después, el Uruguay y Paraguay. Los factores dinamizantes de esta disgregación, los elementos locales y foráneos, fueron quienes sacaron provecho de esta división para reinar. Los ‘nacionalistas’ bolivianos, los norteños ‘aldeanos’, y los porteños ‘cosmopolitas’, conscientes de la realidad mundial (el ascenso del Imperio Británico) se plegaron a los acontecimientos a favor de la corriente imperante: el progreso liberal-burgués europeo. La justificación política de su accionar, podemos encontrarla en la debilidad económica sudamericana, producto de la prolongación de la guerra de la independencia (al fracasar el plan Sanmartiniano), y el costo de este hecho en nuestros países”. 28
Conmemoraciones bicentenarias
Se habla en todo noviembre de la batalla de la Vuelta de Obligado y se le rinden emotivos y justos homenajes. Hay una “movida” política que cubre todo el mes. En muchas escuelas de instrucción primaria y secundaria se trata el tema. Las posiciones variarán de acuerdo a la ideología del instructor y a los intereses de la institución educativa.
Asimismo, el diario mitrista presenta las visiones subjetivas de Pacho O’Donnelll y de Luis Alberto Romero. Por otra parte, Norberto Galasso se opone públicamente a la visión del autor de “Vuelta de Obligado. La epopeya”, quien sostiene en una nota en el diario porteño que “ser revisionista no supone ser "antimitrista” y que " cuando se habla de la “historia oficial se debe hablar más de Ricardo Levene que de Mitre”.
Lo positivo es que un mandatario democrático rememore y destaque una batalla que se pierde. En la Argentina, en la que sólo se valoran los triunfos y los triunfadores, es muy rescatable que la Presidenta de todos los argentinos resignifique una derrota que -en última instancia- resulto pírrica para las flotas invasoras.
Otra situación efectiva es que se está acabando el mito de la historia neutra y objetiva.
Lo negativo sería que en diciembre se olviden estas destacadas acciones y que el año próximo sea sólo un día de descanso vacacional.
Vuelvo a Suipacha. El abogado e investigador Luis Güemes, expone hace más de treinta y cinco años: “Suipacha, en la realidad de las cosas, pasó a ser y sigue siendo, tema histórico ‘tabú’”. 29 Hoy, sólo la recuerdan en la zona norte.
Aún el 17 de junio de 1977, cuando el presidente del Instituto Güemesiano de Salta, Atilio Cornejo, conmemora en el Cabildo Histórico de Salta un nuevo aniversario de la muerte del prócer, “Suipacha” no figura en la nomenclatura de las calles salteñas. 30
Contrario sensu, Bolivia celebra Suipacha cobijando los colores de ambas banderas: la propia y la Argentina.
En esta oportunidad, en el festejo del Bicentenario de la Batalla de Suipacha se encuentran autoridades de la Argentina y de Bolivia en la localidad homónima del Departamento Potosí, en Bolivia.
Están presentes funcionarios de Salta y Jujuy; el embajador argentino en Bolivia, Horacio Macedo, y el gobernador de Potosí, Félix González.
El representante argentino expresa el orgullo y la satisfacción por participar en nombre del pueblo y Gobierno argentinos en el bicentenario de la Gloriosa Batalla de Suipacha. Sostuvo que argentinos y bolivianos deben esmerarse en la búsqueda de una sola línea histórica regional. Agregó que la República Argentina, por su intermedio y en representación de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, envía el sentimiento común de hermandad, afecto y solidaridad del pueblo argentino con el boliviano.
Luego del Tedeum, autoridades y efectivos militares argentinos y bolivianos se desplazan al palco oficial, ubicado frente a la plaza de Suipacha donde se encuentra el busto del general Martín Miguel de Güemes junto al de Pedro Antonio Arraya, su lugarteniente en esa zona del Alto Perú.
En la iglesia del lugar, se cubre con las banderas de ambos países la urna funeraria que guarda los restos de los patriotas que entregaron su vida en la batalla de Suipacha.
Además de la comitiva oficial de ambos países, asistieron delegaciones culturales y docentes de Salta y Jujuy.
Sería interesante que quienes se interesen por la “otra historia” –que muchas veces es la misma pero maquillada y mercantilizada- revisen qué se gana y qué se pierde en Suipacha.
Además, que en lo académico se termite con la minusvaloración y hasta el olvido de Güemes y su gesta. Mientras en Buenos Aires y el Litoral se dedican a luchas intestinas, sólo los salto-jujeños rechazan las invasiones realistas y quedan diezmados.
Güemes es asesinado en 1821. Mientras los gauchos se arrojan sobre su cadáver para quedarse con algún jirón de ropa, “La Gaceta” de Buenos Aires del 19 de julio de 1821, servil a Bernardino Rivadavia -“el más grande hombre civil de los argentinos”, según Mitre- clama: "Murió el abominable Güemes al huir de la sorpresa que le hicieron los enemigos. Ya tenemos un cacique menos".
Cuatro años después, la Patria Grande se desmembra. En mayo de 1825, el Congreso Argentino renuncia a las provincias del Alto Perú. Por ende, Salta pierde a Tarija.
Ya no está el gran bastión de la Patria para defenderla y mantenerla unida.
Néstor Genta
Aclaraciones:
Las negritas no pertenecen a los textos originales.
Los corchetes [ ] indican una aclaración mía (de Néstor Genta).
Los paréntesis con tres puntos (…) indican elisión de texto original.
Los tres puntos … corresponden al texto original.
Las llaves { } las utilizo sólo en el extenso fragmento de Luis Güemes, quien utiliza en su obra el corchete simple [ ] para ampliar detalles significativos.
Bibliografía y reconocimiento de autores:
1 .Colmenares Luis Oscar. Martín Güemes. El héroe mártir. Ciudad Argentina. Buenos Aires. 1999. en Prólogo página s/n.
2. Mitre Bartolomé. Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina. Tomo III. Jackson. Buenos Aires. 1949. p.259.
3. Colmenares Luis Oscar. Bernardo Frías, descubridor del rol de Güemes en la emancipación de América. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta. Nro. 12. Salta. 1987.p.103.
4. Pistoia Benito Honorato. El pensamiento político de Güemes. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta. Boletín nro. 2. Salta. 1978. p.41.
5. O'Donnell Pacho. Una epopeya largamente ocultada. La Nación. 18 de noviembre de 2010. http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1325770
6. Perdiguero César. Güemes en el banquillo. Todo es historia. Nro. 12. 1968. p.17.
7. Ibid. p. 18.
8. Levene Ricardo. Lecciones de historia argentina. Suipacha. 16va. Edición. 1937. J. Lajounane & Cia. Editores. Buenos Aires. p. 29/30
9. Chávez Fermín. Historia del país de los argentinos. La lucha militar. A. Peña Lillo Editor.2da. edición. Buenos Aires. 1972. p. 106.
10. Sáenz Quesada María. La Argentina. Historia del país y de su gente. Castelli: del triunfo de Suipacha al desastre de Huaqui. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. Segunda edición. Mayo 2001.pp. 221/2.
11. Romero José Luis. Breve Historia de la Argentina. La independencia de las Provincias Unidas (1810-1820). Fondo de Cultura Económica. 3ra. Reimpresión. Buenos Aires. 1999. p.52
12. Scenna Miguel Angel. Los militares. El Ejército de la Independencia. Las intervenciones políticas. La crisis de mayo. Editorial Belgrano. 3ra. Edic. Buenos Aires. p.24.
13. Neyra Juan Carlos. Prontuario de próceres y traidores. Ediciones Cícero. Buenos Aires. 1990. p. 328.
14. Egger-Brass Teresa. Historia Argentina. Una mirada crítica. 1806-2006. 1ra reimpresión. 2007. Editorial Maipue. Ituzaingó. Provincia de Buenos Aires. Primera campaña al Alto Perú. pp.83/4
15. Luchilo J. Lucas y otros. Historia Argentina. Ediciones Santillana. Secundaria. Buenos Aires. 1995. Los avatares de la guerra (1810-1815) p. 84.
16. Pigna Felipe. Los mitos de la historia argentina. La construcción de un pasado como justificación del presente. Del ‘descubrimiento’ de América a la ‘independencia.’ La Revolución de Mayo. Allí va la revolución andando. Grupo Editorial Norma. Buenos Aires. 2004. p. 278
17. Pigna Felipe. Los mitos de la historia argentina 2. De San Martín a ‘el granero del mundo’. Planeta. Buenos Aires. 2005. La tierra en armas. Los infernales de Martín Miguel de Güemes. Enlazando ingleses. p. 100.
18. Pigna Felipe. Suipacha, la primera victoria patriota.
19. Cháves Julio César. Castelli, el adalid de mayo. Ediciones Leviatán. En Suipacha los esperasteis riendo…2da. Edición. 1957. pp. 187/192
20. Guemes Luis. Güemes documentado. Tomo 1. Güemes en las acciones de Cotagaita y de Suipacha. Plus Ultra. Buenos Aires. 1979. pp. 263/4.
21. Salgado Jorge. La batalla de Suipacha. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta. Nro. 26. Salta. 2001. p. 69.
22. Ibid. pp. 71/2.
23. Usandivaras Julio Sergio Jovanovics. General Martín Miguel de Güemes: Obstáculos en la luminosa trayectoria de su vida. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta. Nro. 20. Salta. 1995. pp.54/5.
24. Pacheco de Valencia Victoria. Los aportes de Güemes anteriores a la Guerra Gaucha. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta. Nro.12. Salta. 1987. p. 87.
25. Güemes Luis. Op. Cit. p. 274.
26. Salgado Jorge. Op. Cit. p. 71.
27. Solá Guillermo. El gran bastión de la Patria. Güemes en Cotagaita y Suipacha. 1ra. Exclusión del Ejército. Editorial Maktub. Salta. pp.69/71.
28. Güemes Arruabarrena Martín M. Martín Güemes, leyenda y realidad, de Mitre a Terragno. Publicado por la Cátedra Abierta General Martín Miguel de Güemes de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad Católica de Salta. Ediciones Colección Documentos.