]Enrique piñeyro presenta hoy su film el rati horror show, denuncia del gatillo fácil
“Soy un pesimista muy entusiasta”
Su película revela el armado de la causa de “la masacre de Pompeya”, que condenó a pena máxima a un inocente. Además, es Aramburu en el film Secuestro y Muerte, y autor de un corto con el Eternauta.
Señor director. Piñeyro dice que el cine es su herramienta para intervenir en la realidad. Su película va hoy a las 20.30, el viernes a las 16.30 y el domingo a las 19.30 en el Hoyts
“Aprovecho para desmentir el rumor de que he comprado el Bafici”, bromea Enrique Piñeyro. El chiste viene a cuento de que el actor, director y piloto, entre otras muchas cosas que lo convierten en sujeto renacentista caído en el siglo XXI, es algo así como la figura multiplicada de la nueva edición: es el general Aramburu en Secuestro y muerte, el film de Rafael Fillipeli que abrió la muestra y es el director de El Rati Horror Show, su nueva película, que se verá hoy a las 20.30. Además, dirigió uno de los cortos institucionales del Bafici más encantadores, que antecede a las proyecciones, en el que un motorista se encuentra, en el Obelisco, se encuentra con el Eternauta Juan Salvo –adivinen quién lo interpreta- minutos antes de que empiece a caer la nevada más temida. “¡Es que es la mejor historia jamás contada!”, vuelve a contestar Piñeyro cuando se le pregunta porqué eligió la historieta de Oesterheld para su corto institucional. Lo dice en su productora, Acuafilms, mientras él y su equipo se dedican contra reloj a terminar los últimos detalles del film.
El Rati, en verdad, es algo más que una película, como sucede con buena parte de la filmografía de Piñeyro: en este caso, es la herramienta que puede sacar de la cárcel a un inocente, Fernando Carrera, condenado a nada menos que treinta años. El caso es conocido, mereció placas coloradas de Crónica y encendidos relatos de cronistas de los noticieros que hablaban de Carrera como un “amoral” destructor de vidas ajenas. Pero no por difundido deja de poner la piel de gallina. Fue el 25 de enero de 2005 cuando Carrera, un comerciante de 30 años, sin antecedentes penales, casado, con tres hijos, cruzaba el puente Alsina en su auto blanco cuando efectivos de la comisaría 34, que sí tiene muchos y siniestros antecedentes -el de Ezequiel Demonti, el chico que tiraron al riachuelo entre ellos- y es una de las peores de la federal, comenzó a perseguirlo. Los policías, que iban en un coche ilegal, sin uniformes ni sirenas ni identificación alguna, buscaban a tres ladrones. El único dato que tenían era que se desplazaban en un auto blanco. Cuando Carrera los vio avanzar por el retrovisor, con un tipo de pelo largo con medio cuerpo afuera del auto a toda carrera, pensó que iban a asaltarlo y aceleró. El policía dispara y lo hiere en la mandíbula. Carrera queda inconsciente al volante y su auto avanza 500 metros, atraviesa la avenida Sáenz de Pompeya y mata a tres personas, entre ellas un niño de seis años, que cruzaban la calle. El caso se vendió en los medios como “la masacre de Pompeya”. Los testigos que aseguraron que Carrera disparaba contra la policía -no identificada- resultaron ser amigos y proveedores de la 34º. Hay un juicio, durante el cual los defensores de Carrera demuestran que la causa está armada porque la policía necesitaba un culpable. Los testigos se desdicen, todo lo que lo señalaba como culpable se desbarata. Sin embargo, los jueces le dictan 30 años, que está cumpliendo en Marcos Paz. En diciembre de 2008, Piñeyro, Nora Cortiñas y Adolfo Pérez Esquivel se presentaron en la Corte Suprema bajo la figura de Amigos del Tribunal y adjuntaron un video, embrión del film, con la irregularidades del expediente. Ahora este material está en manos del Procurador General de la Nación, Esteban Righi, que debe decidir si la Corte revisa la causa. “A mí no me mataron a nadie, no me pasó nada, pero no quiero esperar a que me maten un hermano o perder unfamiliar para empezar a hacer las cosas. vivir en un país donde Fernando Carrera está preso por un delito que no cometió y los directivos de Lapa están sueltos por un delito que sí cometieron, no me dan ganas. Lo único que se hacer es volar aviones, actuar y algún conocimiento de cine, así que es la herramienta que tengo para impactar mínimamente sobre la realdiad, en modo legal, que es otra consideración pertinente a esta altura. Me metí en esto porque es un caso emblemático de la carencia de instituciones, de la falta de un Estado que produzca evidencia no viciada. Las películas se me cruzan por delante. Quiero hacer una comedia donde no muera nadie ni haya que denunciar a nadie. De verdad, pero siempre la veo postergada por las cosas que se me cruzan por delante. Me encanta la Argentina, me parece de los mejores países del mundo para vivir, en serio. Pero también es un país donde pasanlas cosas más horribles del mundo. Quiero vivir acá sin que pasen esas cosas. Acá para manejar un bisturí tengo que estudiar años pero para ponerme un chumbo en la mano basta con primaria completa, con toda la furia. Gatillo fácil e inseguridad van juntos.
-¿Qué aporta la película?, ¿qué puede lograr?
-El cine queda, la tele pasa. Aunque después de Whisky Romeo Zulu y Fuerza Aérea Sociedad Anónima llegó el fallo de Lapa y me consolidé como pesimista entusiasta que actúa como si las cosas fueran a cambiar. Ahora está en manos de Righi.
-¿Es el tuyo cine militante, cine de denuncia o cine de advertencia, en tanto a que vuelve a decirnos ‘miren en manos de quién estamos?
-Me gusta lo de cine de advertencia. Y no me importa la militancia. Blumberg al principio decía “no hay que secuestrar a nuestros hijos”, y todo el mundo adscribe a eso. Pero luego dijo que Sebastián Bordón estaba drogado y borracho -era mentira- y entendí que quiso decir “no se pueden secuestrar nenes rubios de San Isidro”. No hay ideología: queremos jueces probos, reglas de convivencia en una sociedad, policías honestos, nada de eso es de izquierda ni de derecha. No quiero un sistema judicial que condene a la pena máxima a un tipo sin una sola prueba.
-Tu Aramburu en Secuestro y Muerte es tu regreso como actor, para muchos clásico. ¿Cuál es tu modelo de actuación?
-No tengo método ni memoria emotiva ni nada. En Garage Olimpo tenía que hacer creíble que tiraba gente al agua y lo único que hice fue hablar con el mismo tono con el que me amonestaba mi papá cuando era chico. Con eso, en ese contexto, era suficiente. Busco dos cositas: cómo camina, porque como camina un tipo te dice todo, donde está parado en la vida, si es un winner o un loser, ahí pasa de todo. Y lo otro es entrar en la lógica del personaje. Si lo que hizo es demoníaco, ¿qué lo llevó a eso? A mi no me importa, si me pedís, hago Hitler, no los estoy juzgando.
¿Piñeyro a la política?
Más de setescientas personas en un grupo de Facebook se declaran fans de Epé, como lo llaman sus colaboradores, y lo proponen como figura pública, aunque ya lo es. “Cuando lleguen a dos millones lo pensaré -contesta él-. Pero creo en política todos los defectos son considerados virtudes. desprestigiaron tanto a la política que lograron hacer algo tan espantoso que hay que buscar formas distitnas. Juan Carr hace política pero desde su función específica. Y la red solidaria no acepta plata -dame arroz, dame tomates, pero no plata. Y lo resolvió de un plumazo: ¿quién duda que Juan Carr es la persona más creíble del país? Hay que buscar formas alternativas, externas. Hay mucha gente que no tiene ambiciones personales en cuanto a la política pero sí en cuento al país en que vivimos, y con mucho criterio se queda afuera de la política. Hay muy buena gente en la política, pero la posibilidad de impactar sobre una realidad tan compleja como la argentina es lo que me inquieta. La cuota de poder que neceseitás para hacerlo es altísima. Y metiéndote en política la diluís”.
Fuentes:
“Soy un pesimista muy entusiasta”
Su película revela el armado de la causa de “la masacre de Pompeya”, que condenó a pena máxima a un inocente. Además, es Aramburu en el film Secuestro y Muerte, y autor de un corto con el Eternauta.
Señor director. Piñeyro dice que el cine es su herramienta para intervenir en la realidad. Su película va hoy a las 20.30, el viernes a las 16.30 y el domingo a las 19.30 en el Hoyts
“Aprovecho para desmentir el rumor de que he comprado el Bafici”, bromea Enrique Piñeyro. El chiste viene a cuento de que el actor, director y piloto, entre otras muchas cosas que lo convierten en sujeto renacentista caído en el siglo XXI, es algo así como la figura multiplicada de la nueva edición: es el general Aramburu en Secuestro y muerte, el film de Rafael Fillipeli que abrió la muestra y es el director de El Rati Horror Show, su nueva película, que se verá hoy a las 20.30. Además, dirigió uno de los cortos institucionales del Bafici más encantadores, que antecede a las proyecciones, en el que un motorista se encuentra, en el Obelisco, se encuentra con el Eternauta Juan Salvo –adivinen quién lo interpreta- minutos antes de que empiece a caer la nevada más temida. “¡Es que es la mejor historia jamás contada!”, vuelve a contestar Piñeyro cuando se le pregunta porqué eligió la historieta de Oesterheld para su corto institucional. Lo dice en su productora, Acuafilms, mientras él y su equipo se dedican contra reloj a terminar los últimos detalles del film.
El Rati, en verdad, es algo más que una película, como sucede con buena parte de la filmografía de Piñeyro: en este caso, es la herramienta que puede sacar de la cárcel a un inocente, Fernando Carrera, condenado a nada menos que treinta años. El caso es conocido, mereció placas coloradas de Crónica y encendidos relatos de cronistas de los noticieros que hablaban de Carrera como un “amoral” destructor de vidas ajenas. Pero no por difundido deja de poner la piel de gallina. Fue el 25 de enero de 2005 cuando Carrera, un comerciante de 30 años, sin antecedentes penales, casado, con tres hijos, cruzaba el puente Alsina en su auto blanco cuando efectivos de la comisaría 34, que sí tiene muchos y siniestros antecedentes -el de Ezequiel Demonti, el chico que tiraron al riachuelo entre ellos- y es una de las peores de la federal, comenzó a perseguirlo. Los policías, que iban en un coche ilegal, sin uniformes ni sirenas ni identificación alguna, buscaban a tres ladrones. El único dato que tenían era que se desplazaban en un auto blanco. Cuando Carrera los vio avanzar por el retrovisor, con un tipo de pelo largo con medio cuerpo afuera del auto a toda carrera, pensó que iban a asaltarlo y aceleró. El policía dispara y lo hiere en la mandíbula. Carrera queda inconsciente al volante y su auto avanza 500 metros, atraviesa la avenida Sáenz de Pompeya y mata a tres personas, entre ellas un niño de seis años, que cruzaban la calle. El caso se vendió en los medios como “la masacre de Pompeya”. Los testigos que aseguraron que Carrera disparaba contra la policía -no identificada- resultaron ser amigos y proveedores de la 34º. Hay un juicio, durante el cual los defensores de Carrera demuestran que la causa está armada porque la policía necesitaba un culpable. Los testigos se desdicen, todo lo que lo señalaba como culpable se desbarata. Sin embargo, los jueces le dictan 30 años, que está cumpliendo en Marcos Paz. En diciembre de 2008, Piñeyro, Nora Cortiñas y Adolfo Pérez Esquivel se presentaron en la Corte Suprema bajo la figura de Amigos del Tribunal y adjuntaron un video, embrión del film, con la irregularidades del expediente. Ahora este material está en manos del Procurador General de la Nación, Esteban Righi, que debe decidir si la Corte revisa la causa. “A mí no me mataron a nadie, no me pasó nada, pero no quiero esperar a que me maten un hermano o perder unfamiliar para empezar a hacer las cosas. vivir en un país donde Fernando Carrera está preso por un delito que no cometió y los directivos de Lapa están sueltos por un delito que sí cometieron, no me dan ganas. Lo único que se hacer es volar aviones, actuar y algún conocimiento de cine, así que es la herramienta que tengo para impactar mínimamente sobre la realdiad, en modo legal, que es otra consideración pertinente a esta altura. Me metí en esto porque es un caso emblemático de la carencia de instituciones, de la falta de un Estado que produzca evidencia no viciada. Las películas se me cruzan por delante. Quiero hacer una comedia donde no muera nadie ni haya que denunciar a nadie. De verdad, pero siempre la veo postergada por las cosas que se me cruzan por delante. Me encanta la Argentina, me parece de los mejores países del mundo para vivir, en serio. Pero también es un país donde pasanlas cosas más horribles del mundo. Quiero vivir acá sin que pasen esas cosas. Acá para manejar un bisturí tengo que estudiar años pero para ponerme un chumbo en la mano basta con primaria completa, con toda la furia. Gatillo fácil e inseguridad van juntos.
-¿Qué aporta la película?, ¿qué puede lograr?
-El cine queda, la tele pasa. Aunque después de Whisky Romeo Zulu y Fuerza Aérea Sociedad Anónima llegó el fallo de Lapa y me consolidé como pesimista entusiasta que actúa como si las cosas fueran a cambiar. Ahora está en manos de Righi.
-¿Es el tuyo cine militante, cine de denuncia o cine de advertencia, en tanto a que vuelve a decirnos ‘miren en manos de quién estamos?
-Me gusta lo de cine de advertencia. Y no me importa la militancia. Blumberg al principio decía “no hay que secuestrar a nuestros hijos”, y todo el mundo adscribe a eso. Pero luego dijo que Sebastián Bordón estaba drogado y borracho -era mentira- y entendí que quiso decir “no se pueden secuestrar nenes rubios de San Isidro”. No hay ideología: queremos jueces probos, reglas de convivencia en una sociedad, policías honestos, nada de eso es de izquierda ni de derecha. No quiero un sistema judicial que condene a la pena máxima a un tipo sin una sola prueba.
-Tu Aramburu en Secuestro y Muerte es tu regreso como actor, para muchos clásico. ¿Cuál es tu modelo de actuación?
-No tengo método ni memoria emotiva ni nada. En Garage Olimpo tenía que hacer creíble que tiraba gente al agua y lo único que hice fue hablar con el mismo tono con el que me amonestaba mi papá cuando era chico. Con eso, en ese contexto, era suficiente. Busco dos cositas: cómo camina, porque como camina un tipo te dice todo, donde está parado en la vida, si es un winner o un loser, ahí pasa de todo. Y lo otro es entrar en la lógica del personaje. Si lo que hizo es demoníaco, ¿qué lo llevó a eso? A mi no me importa, si me pedís, hago Hitler, no los estoy juzgando.
¿Piñeyro a la política?
Más de setescientas personas en un grupo de Facebook se declaran fans de Epé, como lo llaman sus colaboradores, y lo proponen como figura pública, aunque ya lo es. “Cuando lleguen a dos millones lo pensaré -contesta él-. Pero creo en política todos los defectos son considerados virtudes. desprestigiaron tanto a la política que lograron hacer algo tan espantoso que hay que buscar formas distitnas. Juan Carr hace política pero desde su función específica. Y la red solidaria no acepta plata -dame arroz, dame tomates, pero no plata. Y lo resolvió de un plumazo: ¿quién duda que Juan Carr es la persona más creíble del país? Hay que buscar formas alternativas, externas. Hay mucha gente que no tiene ambiciones personales en cuanto a la política pero sí en cuento al país en que vivimos, y con mucho criterio se queda afuera de la política. Hay muy buena gente en la política, pero la posibilidad de impactar sobre una realidad tan compleja como la argentina es lo que me inquieta. La cuota de poder que neceseitás para hacerlo es altísima. Y metiéndote en política la diluís”.
Fuentes: