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Extravagancias de Algunos Filósofos (Megapost)

Info2/18/2011


La gente suele creer que la filosofía consiste en una cierta distracción para las situaciones cotidianas y banales. Basta con olvidarse donde pone uno los zapatos para hacerse fama de filósofo, y no es así. Sin embargo he aquí un intento de demostrarlo ya que el tema de están entradas serán las distracciones y locuras de filósofos celebres, después de cuya lectura uno empieza a creer que efectivamente los filósofos son inútiles para todo aquello que no sea filosofar (algo con lo que estoy totalmente en desacuerdo).
Sin embargo, me gustaría aclara que no debemos quedarnos solo con las curiosidades que enumerare de distintos filósofos tanto en esta como en siguientes entrada; al leerla debemos recordar también que todos ellos fueron grandes pensadores y que todos tuvieron su gran aporte a la humanidad y no deberíamos olvidarnos de esto bajo ninguna circunstancia. Además, deberan toar con cierto escepticismo, ya que no sabemos que tan ciertas sean estas historias. Aclarado esto bajamos a los filósofos y sus extravagancias.


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kant Comenzaremos por el conocido y recontra conocido Immanuel Kant. Como quizás todos sabrán, Kant vivió toda su vida en la Prusia oriental y era un hombre de costumbres muy, pero muy regulares. Ese es el punto principal de la entrada de hoy: Su exagerada regularidad.
¿A que nos referimos con exageradas? Pues, sus costumbres eran tan regulares que la gente del pueblo en el que vivía acostumbraba poner su reloj en hora cuando Immanuel pasa por frente a su casa, ya que este daba su paseo todas las tardes a la misma hora exacta. Pero esto no era todo, toda su vida estaba sometida a un horario exacto que se repetía todos los días con rigurosa exactitud. Y esto le provocaba una especie de acostumbramiento inconsciente de todas su ser. Tal era el caso que si se producía una alteración, cualquiera que fuese, en estos ordenes tan exactamente estipulados, Kant era incapaz seguir con sus acostumbradas tareas.
Siguiendo sus costumbres, todos los días después de comer daba un paseo siempre por las mismas calles, con la misma duración, en la misma dirección, etc. Y luego del paseo entraba a una taberna, siempre la misma, y tomaba cerveza y se comía una salchicha. Cuentan que un día, el dueño del establecimiento, no tenía más salchichas, Kant se sintió invadido de un raro desasosiego, y aquella tarde no pudo dar sus clases ni escribir nada.


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En otra ocasión, Kant no hizo su recorrido habitual y la gente se agolpo en su puerta para ver si estaba bien, porque consideraban que solo una enfermedad podía retenerlo. Sin embargo, no había salido porque se había quedado leyendo “El Emilio” de Rousseau. Decía Kant que tenía que leer los libros de Rousseau varias veces por a la primera lectura, la belleza del estilo le impedía enterarse del de que se trataba el libro en cuestión.
Don Immanuel tenía también su rutina para hacer ejercicio, pero como a veces no tenía tiempo de ejercitarse porque tenía que terminar sus libros, sus lectura, etc. ponía su pañuelo a tres o cuatro metros, se resfriaba y luego consideraba que le era un ejercicio ir en busca del pañuelo cada vez que estornudaba.


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Cabe mencionar que Kant daba, además, clases en la Universidad de Colinsbergs, pero duro solo apenas dos años porque lo echaron por aceptar regalos de sus estudiantes. Kant había reconocido la veracidad de esta acusación pero que los obsequios no influían en sus calificaciones, es decir que era capas de recibir cualquier tipo de regalo y colocar la nota correspondiente al alumno que lo entregara.
Como último dato, podemos decir que Kant nunca se casó. La enciclopedia Británica indica al respecto que esto le permitió mantener los hábitos de toda la vida sin que nadie lo turbara.




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Extravagancias de Algunos Filósofos (Megapost) Arthur Schopenhauer fue un filósofo alemán. Su filosofía, concebida esencialmente como un “pensar hasta el final” la filosofía de Kant, se siente también deudora de Platón y Spinoza, sirviendo además como puente con la filosofía oriental, en especial con el budismo e hinduismo. Supone además una de las cumbres del idealismo occidental, y el pesimismo profundo (que no profundo pesimismo) que destila perdura en la obra de escritores y pensadores de los siglos XIX y XX, de la talla de Sigmund Freud, Friedrich Nietzsche, Thomas Mann, Émile Cioran o Jorge Luis Borges, entre otros muchos. Pero no hablaremos de eso hoy, sino de sus manías.

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Schopenhauer era alguien que se enfurecía con mucha facilidad. En una ocasión se enojo con una vieja costurera que estaba hablando con una amiga en la puerta de la habitación donde él dormía. Don Arthur salió de su habitación y arrojo a la costurera escaleras abajo (al menos no fue por una ventana ) como seguramente haría cualquiera a quien le molestaran durante su sueño. El caso es que le causo una lesión muy seria a la pobre anciana y esta, como era de esperar, lo denuncio. El resultado del juicio fue una sentencia que obligaba a Schopenhauer a pagar una suma determinada cada trimestre mientras la señora viviera. La vieja vivió 20 años más, cobrando todos y cada uno de los trimestres. Cuando al fin murió, Schopenhauer anoto en su cuaderno “La vieja muere, la carga termina” en latín.
Schopenhauer era, además, una persona que tenía muy alta estima de su propia persona, estaba convencido de su propio genio y pensaba que no era honesto ocultar esto al resto de la humanidad, entonces le comentaba a todo el mundo que el era un gran pensador e, incluso, solía enviar a gente a otros países para que dieran cuenta de su talento en ellos.


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Finalmente, cuando ya viejo le preguntaban donde quería ser enterrado respondía que eso no importaba, ya que la posteridad sabría encontrarlo.

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curiosidades Søren Aabye Kierkegaard nació en la ciudad de Copenhague (Dinamarca) en donde viviría toda su vida. Fue un prolífico filósofo y teólogo danés del siglo XIX. Se le considera el padre del Existencialismo, por hacer filosofía del Sufrimiento y la “Angustia”, tema que retomarían Martin Heidegger y otros filósofos de siglo XX.
Gran parte de su obra trata de cuestiones religiosas: la naturaleza de la fe, la institución de la Iglesia cristiana, la ética cristiana y las emociones y sentimientos que experimentan los individuos al enfrentarse a las elecciones que plantea la vida. En una primera etapa escribió bajo varios seudónimos con los que presentaba los puntos de vista de estos mediante un complejo diálogo. Acostumbró a dejar al lector la tarea de descubrir el significado de sus escritos porque, según sus palabras, «la tarea debe hacerse difícil, pues sólo la dificultad inspira a los nobles de corazón».
Ha sido catalogado como existencialista, neoortodoxo, postmodernista, humanista e individualista, entre otras cosas. Sobrepasando los límites de la filosofía, la teología, la psicología y la literatura, Kierkegaard está considerado una importante e influyente figura del pensamiento contemporáneo.
Pero hoy hablaremos de sus excentricidades, y estas comienzan ya con su padre. Søren Kierkegaard nació en una acaudalada familia de Copenhague. Su padre, Michael Pedersen Kierkegaard, era un hombre muy religioso. Estaba convencido de que se había ganado la ira de Dios, y por ello creía que ninguno de sus hijos viviría más allá de la edad de Jesucristo, 33 años. Pensaba que sus pecados, tales como maldecir el nombre de Dios en su juventud y posiblemente embarazar a la madre de Kierkegaard fuera del matrimonio, eran merecedores de ese castigo. Aunque muchos de sus siete hijos fallecieron jóvenes, su predicción se demostró errónea al superar dos de ellos dicha edad.


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Por su parte, Soren sufría de agorafobia, de modo que cuando tenía que salir a algún lugar abierto solía que caminar pegado a la pared, también tenía pánico al sol, por lo que los días soleados salía con paraguas; y, por si esto fuera poco, además le tenía terror al fuego, lo que lo hacia llevar siempre un balde con agua para apagar incluso la cenizas de un cigarro. Tal combinación de fobias, como es de suponer, le generaba muchos problemas, imagínense tener que caminar pegado a la pared, con paraguas en una mano (algo sumamente difícil de por si) y, en cima, con un balde lleno de agua en la otra. ¡Menuda complicación! ¿No creen?.
Pero sus manías no se terminaban aquí, Kierkegaard exigía que todas las paredes de su casa tuvieran una temperatura constante de trece grados (una temperatura difícil de conseguir si vives en las frías praderas de Dinamarca); no soportaba los ruidos exteriores por lo cual sellaba todas las ventanas; era fanático del café pero creía que tomarlo dos veces en la misma taza traía mala suerte, por lo que tenía una variedad infinita de recipiente para beber café que no lavaba nunca.
Soren estaba, además, obsesionado el “Don Juan” de Mozart y se dice que jamás en su vida falto a una representación que se hiciese de esta obra en Copenhague. Pero, sobre todo, le encantaba hablar mal de él mismo y solía decir cosas como las siguientes:
“Melancólico, enfermo del alma, profundamente en muchos sentidos, solo una cosa me ha sido dada, un inmenso discernimiento”


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Finalmente, dicen que no iba nunca a ninguna fiesta (algo comprensible si vas para todo lados pegado a la pared y con un balde de agua en una mano y un paraguas en la otra), pero a veces asistía porque tenía terror de quedarse solo en su casa.
Sin embargo se puede decir que, a pesar de todo, causaba una gran impresión al verlo. Así describía Hans Brøchner recordando la impresión causada por Søren Kierkegaard en la boda de Peter Kierkegaard en 1836:
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«Recibí una impresión memorable de la aparición de Kierkegaard, la cual encontré casi cómica. Él tenía entonces veintitrés años; había algo bastante irregular en su aspecto general y tenía un extraño peinado. Su pelo rubio se alzaba casi seis pulgadas por encima de su frente, en una cresta alborotada que le daba una imagen desconcertante».


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filosofos Como seguramente todos sabrán, Jean-Jaque Rousseau fue un escritor y filósofo francés, y s considerado como uno de los precursores de la Revolución Francesa de 1789 (de la cual ya hemos hablado en este blog). Como filósofo adhirió al dualismo (existencia simultánea de la materia y el espíritu); mientras que como sociólogo criticó al feudalismo y al despotismo regente por aquel entonces. Propugnó la democracia y los derechos igualitarios de los hombres. Abogó, además, por una sociedad basada en normas que asegurasen la armonía entre todos sus integrantes.

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Sin embargo hoy no nos centraremos en ninguno de estos aspectos, sino en algunas de sus manías más extravagantes. Comencemos.
Rousseau no paraba de quejarse, y solía decir que sufría de mala salud crónica y que no había podido dormir durante 30 años. Sentía, además, constantemente ganas de orinar, lo que le ocasionaba toda clase de inconvenientes durante las reuniones. Escribe el mismo:


“Aun me estremezco cuando pienso en mi mismo rodeado de damas obligado a espera que hubiese terminado una conversación agradable; cuando por fin encuentro una escalinata bien iluminada otras damas me entretienen; luego aparecen carruajes en constante movimiento o lacayos que se ríen de mi. O Dios mío jamás encuentro una solo pared o pertinente rincón adecuado a mi propósito [orinar]”


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Rousseau tenía la costumbre de contar su historia para despertar compasión; se llamaba a si mismo él más desdichado de los mortales y sostenía que pocos hombres habían derramado tantas lágrimas como él.
Una vez le escribió al gobernador de Saboya pidiéndole una pensión con la escusa de que sufría una terrible enfermedad que lo desfiguraba poco a poco, también le dijo que no le quedaba mucho tiempo de vida.


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Pero eso no era todo. Explotaba, Rousseau, el uso sistemático de la grosería; le encantaba mostrar su trasero en la calle y se consideraba a sí mismo un bárbaro (alguna razón debería tener ). Si alguien en la calle le preguntaba algo, él respondía con un insulto y se reía a carcajadas. Finalmente, andaba siempre con una túnica armenia o con una piel de oso para todos lados.

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