-Psicologia del Asesino Serial-
El término asesino en serie o serial killer fue acuñado por el criminalista Robert K. Ressler en la década de los setenta, aunque el concepto existe desde principios del siglo XX. Anteriormente se les denominaba asesinos de extraños o asesinos múltiples. Ressler se inspiró en los seriales cinematográficos que veía cuando era niño, para crear una metáfora de los crímenes cometidos por un mismo individuo, con patrones semejantes. Un asesino en serie (o asesino serial) es aquel que mata a tres o más personas, mediando entre los crímenes un lapso determinado, durante el cual el criminal no mata, aunque sí recuerda frecuentemente los asesinatos; este lapso generalmente es de algunos días, aunque a medida que el asesino comete más crímenes, es frecuente que los lapsos se acorten. Algunos investigadores afirman que inclusive con una sola víctima puede detectarse a un asesino en serie potencial, basados en la intencionalidad; se considera que, al detener al criminal, se trunca la secuencia homicida.
Las causas de origen de un asesino en serie son multifactoriales. Se ha observado que la mayoría de ellos han sufrido golpes en la cabeza, episodios de violencia o abuso sexual en su infancia. Cuando son niños, frecuentemente padecen enuresis (micciones incontroladas) y además maltratan, torturan y matan animales (insectos, aves, roedores, gatos o perros). También suelen mutilar muñecas, presentar tendencias pirómanas y practicar juegos que concluyen con un supuesto asesinato o una muerte actuada. Gustan de desafiar lo establecido, presentan conductas audaces y delinquen con facilidad. No respetan las leyes ni las jerarquías, aunque a veces, por conveniencia, se apegan a ciertas reglas sociales. Son grandes fingidores, mienten con facilidad y son mitómanos. Por lo general, presentan conductas sexuales atípicas o patológicas (parafilias). Muchos consumen y coleccionan pornografía (libros, revistas y películas).
Sus motivaciones al matar incluyen la necesidad de calmar un impulso homicida; el cumplimiento de ciertas fantasías, casi siempre de contenido sexual; el deseo de ejercer poder y dominación sobre las víctimas; perturbaciones o enfermedades mentales que provocan alucinaciones y una profunda distorsión en la percepción de la realidad; y la satisfacción al causar dolor y muerte. Carecen de empatía y cosifican a sus víctimas, a quienes consideran objetos y no sujetos; cosas y no personas. Poseen, en cambio, la denominada empatía utilitaria, encaminada a analizar y manipular a los demás. Casi nunca se arrepienten de sus crímenes e inclusive presumen de los mismos ante los medios de información.
Poseen un modus operandi (el modo de actuar, las acciones características al cometer un crimen); una firma o personificación (el rasgo distintivo de sus crímenes, la manera inconsciente en que se atribuyen la autoría del asesinato); y un escenario o staging (montaje con falsas pistas y alteración de la escena del crimen, para despistar a los investigadores); a las incongruencias detectadas en una escena del crimen se les denomina banderas rojas. Esta clase de homicidas utilizan su ingenio para atraer a sus víctimas o desarrollan sofisticados métodos de tormento y ejecución. Se destacan por poseer una inteligencia por encima del promedio, poseen muchos recursos intelectuales y casi siempre son dueños de una fuerte personalidad. Seductores, disfrutan al construir artefactos, habitaciones e inclusive casas completas, que acondicionan como cámaras de tortura. Disfrutan con el dolor y el miedo de sus víctimas, y van perfeccionando sus técnicas.
Los asesinos en serie atraviesan por varias fases cada vez que cometen un crimen:
1. Fase áurea. El asesino se refugia en sus fantasías, que casi siempre giran alrededor de muerte, sexualidad y violencia. Su contacto con la realidad se debilita.
2. Fase de pesca. El homicida comienza a acechar a víctimas potenciales. Con frecuencia vaga por las calles, a pie o en un vehículo, seleccionando.
3. Fase de seducción. El criminal atrae a sus víctimas potenciales, se gana su confianza o provoca encuentros fortuitos con ellas. Esto le produce placer.
4. Fase de captura. El asesino ataca. En este punto, puede secuestrar a su víctima. Es también el momento en que ejerce la crueldad: viola, maltrata, amenaza, golpea, tortura, mutila, y si corresponde a su perfil, documenta sus acciones en video o fotografía.
5. Fase del asesinato. El homicida consuma la muerte de la víctima, siempre por medios violentos. Para ello utiliza un método preferido, que varía según el perfil del asesino: estrangular, disparar, desangrar, ahorcar, quemar, asfixiar, ahogar, golpear, envenenar.
6. Fase fetichista. El criminal elige el “trofeo” o “recuerdo” de su acto. Pueden ser las fotografías o videos que haya tomado, o algún objeto relacionado con la víctima. Es también el momento en el cual mutila el cadáver para guardar uno o varios trozos. Muchos aprovechan este momento para violar los cuerpos, descuartizarlos, enterrarlos o tirarlos en algún lugar.
7. Fase depresiva. Algunos investigadores equiparan esta etapa con el relajamiento post coital. Muchos agresores tienen pensamientos suicidas.
8. Fase de meseta. El asesino se tranquiliza, recuerda sus crímenes, contempla los objetos obtenidos, reúne recortes de prensa sobre el suceso, se dedica a escribir cartas, se acerca a los sitios donde ha matado, intenta establecer contacto con familiares de sus víctimas y autoridades policíacas, e inclusive asiste a las exequias. Este periodo de supuesta calma dura hasta que las fantasías y la necesidad de matar retornan.
Ciertas clasificaciones dividen a estos criminales en “organizados” y “desorganizados”:
1. Organizados:
- Tienen un coeficiente intelectual normal o alto.
- Llevan una vida social activa.
- Provienen o pertenecen a la clase social media o alta.
- Pueden ser casados o tener una pareja estable.
- Poseen un vehículo propio, en el que se trasladan para cometer los crímenes.
- Tienen un trabajo estable y gozan de cierta solvencia económica.
- Planean sus crímenes con antelación.
- Con frecuencia, conocen a su víctima.
- Portan un “kit de asesinato”, con los instrumentos que utilizarán para cometer el crimen (cuerdas, linterna, armas de fuego o armas blancas, esposas, etc.)
- Acostumbran violar y torturar antes de matar a su víctima.
- Son cuidadosos; eliminan las pruebas o tratan de no dejar indicios sobre su identidad.
2. Desorganizados:
- Tienen un bajo coeficiente intelectual.
- Llevan una vida social mediocre.
- Provienen o pertenecen a la clase social media-baja o baja.
- Por lo general son solteros.
- No eligen el escenario del crimen y cometen los asesinatos en el sitio donde encuentran a la víctima.
- Improvisan sus actos.
- No portan armas y con frecuencia utilizan objetos que se encuentran en el lugar del crimen.
- No conocen a las víctimas.
- Se trasladan a pie o utilizan el transporte público; y si utilizan un vehículo, es prestado, robado o se encuentra en malas condiciones.
- Matan a su víctima, a veces con crueldad, pero no la violan mientras vive, ni la torturan.
- Dejan pruebas de su identidad en el lugar (ropa, documentos, huellas digitales, cabellos, restos de fibras, sangre, semen, saliva, orina, excremento, etc.)
La relación de los asesinos en serie con los restos de sus víctimas es muy simbólica: algunos son necrófilos (mantienen contacto sexual con el cadáver o con trozos de él); necrófagos (comen pedazos del cuerpo, a veces por varios días); necrómanos (guardan partes como recuerdo); o necrógrafos (le toman fotografías a los restos). Unos más visitan los lugares donde han sepultado o abandonado los cadáveres, e inclusive llegan a desenterrarlos. La mayoría de los asesinos son extremadamente fetichistas: guardan “trofeos” o “recuerdos” físicos de sus crímenes (fotografías, prendas de vestir, joyas, credenciales o inclusive miembros de las víctimas), que los ayudan a revivir sus acciones y sirven como parte de una colección, cuyo significado es claro únicamente para ellos. Otros también recortan y guardan notas aparecidas en periódicos y revistas, e inclusive graban noticiarios que informan sobre sus crímenes.
El mayor porcentaje de asesinos seriales son hombres, caucásicos, de entre veinte y sesenta años de edad; hay muy pocos casos de asesinas en serie. Casi siempre matan dentro de su grupo racial y sus víctimas tienen semejanzas entre sí (de sexo, apariencia, ocupación, nacionalidad, edad, clase social, etc.). También suelen limitarse a un área geográfica determinada, cerca de sus lugares de trabajo o vivienda. Pueden llevar una vida aparentemente normal, lo que se conoce como máscara de cordura. Muchas veces escriben cartas a la policía, a los medios de información masiva o a las familias de sus víctimas. Necesitan ser reconocidos y gustan de la publicidad y la difusión que se le brinda a sus acciones. Algunos de ellos regresan al lugar de sus crímenes o intentan colaborar con las investigaciones de sus casos. Otros acuden a los funerales o sepelios de sus víctimas.
CASOS EMBLEMÁTICOS
“Jack el Destripador”
1888, Londres (Inglaterra): “Jack el Destripador” asesina a 6 prostitutas en el barrio de Whitechapel. Estrangula, degüella y mutila a sus víctimas, extrayendo los órganos internos y amputando partes del rostro de muchas de ellas. Los cuerpos son encontrados en habitaciones o en la calle. Se cree que mata a 11 mujeres, aunque solamente 5 son aceptadas por la versión oficial: Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly. El asesino escribe varias cartas a la policía y les envía pedazos de los cuerpos de sus víctimas. Existe más de un centenar de hipótesis sobre la probable identidad del asesino, quien nunca es capturado.
H.H. Holmes
1893, Chicago, Illinois (Estados Unidos): H.H. Holmes levanta “Holmes Castle” o “El Castillo del Terror”, un hotel con pasadizos secretos, mirillas, trampas, habitaciones ocultas, calabozos subterráneos, una cámara de gas y un horno crematorio. Holmes construye además un cuarto de torturas. Durante 3 años, junto con su cómplice Benjamin Pitezel, tortura y asesina a varios huéspedes y a mujeres que contrata para laborar allí; luego disuelve sus cadáveres en ácido o los incinera. También mata a su cómplice y a los hijos de este. Algunos esqueletos los vende. Asesina a más de 200 personas antes de ser detenido. Es juzgado y ahorcado a los 35 años de edad.
Henri Désiré Landrú “El Barba Azul de París”
1914-1918, París (Francia): Henri Désiré Landrú “El Barba Azul de París”, publica anuncios en los periódicos con fines matrimoniales. Contacta a varias mujeres, con quienes se relaciona amorosamente e inclusive llega a casarse con varias. Después las asesina y descuartiza, incinerando los restos en un horno que ha colocado en el sótano de su casa de campo, Villa Ermitage. Se apropia además de su dinero y pertenencias. Mata al hijo de una de ellas, cuyo cadáver también quema. Asesina a casi 300 mujeres. Simultáneamente, mantiene un matrimonio estable con su primera esposa y es un padre amoroso. Es descubierto y arrestado. Se le juzga y sentencia a muerte. Landrú es guillotinado en 1922, en la cárcel de Versalles.
Albert Fish “El Vampiro de Brooklyn”
1928, Nueva York (Estados Unidos): Albert Fish “El Vampiro de Brooklyn” secuestra a la niña Grace Budd, a quien tortura en su casa de campo y después asesina. Después se come su cadáver a lo largo de 9 días. Escribe cartas a la madre de la víctima narrando cómo la torturó, asesinó y devoró. Mata a otros 3 niños. Es detenido y juzgado; sentenciado a muerte, se le ejecuta en la silla eléctrica en 1936.
Marcel Petiot “El Doctor Satán”
1944, París (Francia): Marcel Petiot “El Doctor Satán”, un médico francés, aprovecha el caos producido por la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial para engañar a los judíos que desean huir a Argentina, atrayéndolos a su casa para secuestrarlos. Una vez allí, Petiot los tortura y asesina, robando sus pertenencias. Incinera los cadáveres en un horno crematorio y después los arroja a un pozo con cal. Detectado por la Gestapo, es detenido y torturado; luego lo liberan. Es detenido nuevamente, esta vez por la policía francesa, a quienes les asegura que los cadáveres que los agentes encuentran en su casa son de alemanes y colaboracionistas, muertos a manos de la Resistencia francesa. Otra vez lo dejan libre y huye en bicicleta. Lo detienen por tercera vez al comprobar que los cadáveres no son de alemanes. Mata a 63 personas, aunque solamente se le juzga por 24 crímenes. Es condenado a muerte y guillotinado en 1946.
David Parker Ray “El Amo del Juguetero”
1960-1999, Truth or Consequences, Nuevo México (Estados Unidos): David Parker Ray “El Amo del Juguetero”, compra una caravana en la cual se establece. Junto a ella, en un carro anexo de metal, construye “La Caja de Juguetes”, una cámara de torturas sexuales donde mantiene prisioneras a sus víctimas para martirizarlas a lo largo de semanas. También las viola, mutila y finalmente las asesina, filmando todo el proceso. Diseña varios artefactos especiales para causar más dolor. Su cómplice y amante, Cindy Lea Hendy, le consigue nuevas víctimas, hasta que una de ellas escapa y lo denuncia. Detenido y juzgado, es condenado a 224 años de prisión y muere en la cárcel de un infarto.
Albert DeSalvo “El Estrangulador de Boston”
1962-1964, Boston, Massachusetts (Estados Unidos): Albert DeSalvo “El Estrangulador de Boston” viola y estrangula a 13 mujeres en sus domicilios, haciéndose pasar por un técnico en reparaciones. Es detenido y juzgado por ataques sexuales, aunque no por los asesinatos. Es sentenciado a prisión perpetua.
Ed Kemper “El Cazador de Cabezas”
1964-1973, Santa Cruz, California (Estados Unidos): Ed Kemper “El Cazador de Cabezas” asesina a 10 personas. Comienza con sus abuelos, a los que mata cuando apenas tiene 15 años de edad. Tras ser dado de alta de una institución psiquiátrica, se dedica a capturar chicas autoestopistas, a las que viola, acuchilla, acribilla y decapita. Conserva las cabezas en su recámara y mantiene sexo con los cadáveres. Les amputa las manos para evitar que sean identificadas. Termina su carrera criminal asesinando y decapitando a su madre, tras lo cual viola su cadáver y utiliza la cabeza para tirar al blanco. Luego mata a una amiga de su progenitora. Kemper se entrega a la policía y confiesa los asesinatos; es recluido de por vida en prisión.
“El Asesino del Zodíaco”
1968-1969, California (Estados Unidos): “El Asesino del Zodíaco” ataca en varias ciudades, matando a jóvenes parejas en sitios descampados. También asesina a un taxista. 5 personas mueren y otras quedan heridas o incapacitadas. Aunque se emprende una cacería humana que dura varios años, nunca es identificado. Docenas de sospechosos son detenidos, pero a ninguno puede demostrársele responsabilidad en los crímenes. El asesino envía cartas y criptogramas a la policía y los medios de información, realiza llamadas telefónicas y manda pistas en sobres. Muchas personas son señaladas como sospechosos, pero el caso queda sin resolver.
Dean Corll “Candy Man”
1970-1973, Houston, Texas (Estados Unidos): Dean Corll “Candy Man”, dueño de una dulcería, atrae a niños y adolescentes con la promesa de regalarles dulces o dinero. Luego los encierra en un cuarto de torturas, donde les arranca trozos de carne, los viola y finalmente los mata. Uno de sus cómplices, Elmer Wayne Henley, le consigue víctimas a cambio de 200 dólares. Mata a 28 menores de edad y envuelve sus cadáveres en plástico, amarrándolos como si fueran caramelos gigantes, antes de enterrarlos en su cobertizo. Durante una borrachera, Corll muere a causa de un disparo de Henley.
Manuel Delgado Villegas “El Arropiero”
1971, Madrid (España): Manuel Delgado Villegas “El Arropiero”, asesina a 48 personas en España, Francia e Italia. La mayoría son mujeres, a quienes viola y estrangula. Tras su detención, es internado en un hospital psiquiátrico. Es liberado en 1998 y muere poco después.
Ted Bundy “El Asesino de Estudiantes”
1974-1977 (Estados Unidos): Ted Bundy “El Asesino de Estudiantes”, un prometedor estudiante de Derecho, asesina a 36 mujeres que cursan estudios en diferentes universidades, a quienes previamente golpea de manera frenética, para después violarlas e introducirles objetos en la vagina, como tubos de acero. Es arrestado y se fuga de prisión en dos ocasiones. Tras su tercera detención, es juzgado y se defiende a sí mismo. Se le declara culpable y es sentenciado a muerte. Bundy es electrocutado en 1989.
Dennis L. Rader “El Estrangulador BTK”
1974-1991, Wichita, Kansas (Estados Unidos): Dennis L. Rader “El Estrangulador BTK” (letras correspondientes a “Blind it, Torture it, Kill it”, “Atarlos, Torturarlos y Matarlos”), ata, tortura y mata a toda la familia Otero y a varios miembros de otras familias, en cuyas casas se introduce subrepticiamente. En sus días de asesino, Rader trabaja como policía y lleva una vida familiar ejemplar, con su esposa y una hija. Es además diacono de la iglesia luterana. La policía logra detenerlo gracias a un diskette que les envía. Es condenado a prisión perpetua por el asesinato de 10 personas.
David Berkowitz “El Hijo de Sam”
1976-1977, Nueva York (Estados Unidos): David Berkowitz “El Hijo de Sam” se dedica a dispararle a las parejas que encuentra en el interior de automóviles estacionados. Mata a 6 personas e incapacita a 7 más. Envía cartas a los periódicos y los medios dan amplia cobertura a sus crímenes, lo cual lo estimula para seguir matando. Es detenido a causa de una multa de tráfico. Tras ser interrogado, asegura que el perro de un vecino llamado Sam Carr le dio órdenes de matar, pues está poseído por un demonio; con el tiempo, confiesa que esta versión es un invento. Se cree que Berkowitz forma parte de un grupo de satanistas, pero nunca es comprobado. Es juzgado y sentenciado a 365 años de prisión. Años después, emprende una campaña para que los asesinos no puedan beneficiarse económicamente al vender sus historias o su imagen, lo que origina la denominada “Ley Berkowitz” o “Ley del Hijo de Sam”.
John Wayne Gacy “El Payaso Asesino”
1977 a 1978, Chicago, Illinois (Estados Unidos): John Wayne Gacy “El Payaso Asesino”, un obeso contratista exitoso cercano al mundo de la política, secuestra, viola y asesina a 33 adolescentes varones, cuyos cadáveres entierra bajo el sótano de su casa. En su tiempo libre, se disfraza como un personaje llamado “Pogo el Payaso” y anima fiestas infantiles. Cuando el hedor en su casa es insoportable, la policía investiga, presiona a Gacy y este se derrumba, confesando. Es juzgado y condenado a muerte en 1980. Pasa 14 años en prisión, pintando y concediendo entrevistas, antes de ser ejecutado en 1994. Su historia inspira la novela Eso de Stephen King y la película del mismo nombre.
Andrei Chikatilo “El Carnicero de Rostov”
1978-1990, Rostov (Unión Soviética): Andrei Chikatilo “El Carnicero de Rostov”, esposo modelo, catedrático y miembro del Partido Comunista, viola, tortura, mutila y asesina a 53 niños, a quienes acecha y captura en las estaciones de trenes. Les saca los ojos mientras aún viven y les destroza el vientre a cuchilladas. A otros les arranca los testículos a mordiscos. Devora parte de los cuerpos. Tras su arresto, se le coloca en una jaula para juzgarlo. Es sentenciado a muerte y ejecutado con un disparo en la nuca.
Dennis Nilsen “El Estrangulador de Muswell Hill”
1978 a 1983, Londres (Inglaterra): Dennis Nilsen “El Estrangulador de Muswell Hill” secuestra, asesina, viola, descuartiza y lanza por la cañería a 16 hombres, a quienes conoce en pubs frecuentados por homosexuales. La policía lo detiene y él confiesa todo enseguida. Es juzgado y condenado a prisión perpetua, convirtiéndose en uno de los asesinos en serie más famosos de Inglaterra.
Jeffrey Dahmer “El Carnicero de Milwaukee”
1978-1991, Milwaukee, Wisconsin (Estados Unidos): Jeffrey Dahmer “El Carnicero de Milwaukee” asesina a 17 hombres, tras abordarlos en bares e invitarlos a su casa para sostener relaciones sexuales con ellos. A varios les trepana el cráneo y les inyecta agua hirviendo en el cerebro, tratando de convertirlos en zombies. Conserva sus cadáveres varios días y los viola; luego devora partes de los cuerpos, antes de deshacerlos en barriles de ácido. También guarda esqueletos y trozos de los cuerpos, que empaqueta en su refrigerador. Es detenido y sentenciado a 937 años de prisión. Es asesinado en la cárcel a manos de otro prisionero.
Robert Hansen “El Cazador de Humanos”
1980-1983, Anchorage (Alaska): Robert Hansen “El Cazador de Humanos”, un inmigrante estadounidense, secuestra y viola a 21 mujeres, a quienes luego lleva al bosque cercano a su casa para obligarlas a escapar mientras él las persigue, dándoles caza. Una vez que las alcanza, les dispara con su escopeta y entierra los cadáveres. Es detenido cuando una de sus víctimas consigue llegar a una carretera cercana y pedir ayuda. Se le sentencia a 461 años de prisión.
John Joseph Joubert
1982, Maine, Nebraska (Estados Unidos): John Joseph Joubert mata a varios adolescentes golpeándolos, abusando sexualmente de ellos y abandonando sus cuerpos desnudos en lugares descampados. Es arrestado en la base militar donde labora. Condenado a muerte, es electrocutado en 1996.
Robert Berdella “El Carnicero de Kansas”
1984, Kansas (Estados Unidos): Robert Berdella “El Carnicero de Kansas” mata a 6 jóvenes. Los desmiembra vivos, los eviscera, les inyecta líquido destapacaños. Descuartiza los cuerpos y los arroja a la basura. Tras su detención, la policía encuentra su colección de instrumentos de tortura, cientos de fotografías de sus crímenes y varias cintas donde graba las sesiones de tormento. Es sentenciado a prisión perpetua y muere en la cárcel, a consecuencia de un infarto, en 1992.
Richard Ramírez “El Merodeador Nocturno”
1984-1985, Los Ángeles, California (Estados Unidos): Richard Ramírez “El Merodeador Nocturno”, tomando su nombre de la cancion de AC / DC, entra a las casas forzando puertas y ventanas, y viola a las mujeres, la mayoría de ellas ancianas, antes de matarlas. Asesina a 14 personas. Es arrestado tras una cacería humana y sentenciado a muerte. Contrae matrimonio en prisión.
Aileen Wuornos “La Mujer Araña”
1989-1990, Palm Harbor, Florida (Estados Unidos): Aileen Wuornos “La Mujer Araña”, una prostituta con tendencias lésbicas, asesina a sus clientes dándoles 6 balazos en el interior de sus automóviles o hincándolos a un lado de los vehículos, dejando además un preservativo en el asiento trasero de los vehículos como firma. Mata a 7 antes de ser detenida. Es sentenciada a muerte y se le ejecuta por medio de una inyección letal en 2002.
Keith Jesperson “El Asesino de la Carita Feliz”
1990-1995 (Estados Unidos): Keith Jesperson “El Asesino de la Carita Feliz” es un canadiense fanático de las motocicletas, quien conduce un tráiler con el cual recoge a prostitutas o jóvenes autoestopistas, a quienes después viola y estrangula, abandonando sus cadáveres en los bosques circundantes. Jesperson deja varias pistas de manera intencional, y además rubrica sus crímenes y las cartas que envía a la policía con una carita sonriente. Mata a 8 mujeres antes de ser detenido y condenado a 3 cadenas perpetuas; él se atribuye 166 muertes. Desde la cárcel, mantiene correspondencia utilizando papel y sobres con su membrete personal: un tráiler con la cabina roja, en cuyo contenedor hay dibujada una carita sonriente.
Ronald Janssen “El Monstruo de Lovaina”
1990-2010, Lovaina (Bélgica): Ronald Janssen “El Monstruo de Lovaina”, golpea, viola y asesina a 15 mujeres a lo largo de 20 años. Divorciado y con hijos, lleva una vida social normal, tiene un amplio círculo de amistades y se desempeña como un respetado catedrático. Es detenido cuando asesina a una pareja de novios, vecinos suyos. Durante la investigación subsecuente, se determina que es el autor de todos los crímenes sin resolver ocurridos en Bélgica durante dos décadas.
Luis Alfredo Garavito “La Bestia de Génova”
1992-1998 (Colombia): Luis Alfredo Garavito “La Bestia de Génova”, se dedica a secuestrar niños, a los que después viola y asesina. Mata a 172 menores de edad. Es capturado cuando intenta secuestrar a una niña. Tras ser juzgado, es sentenciado a 1,000 años de prisión, pero a causa de múltiples apelaciones esta sentencia queda reducida a 60 años.
Futoshi Matsunaga y Junko Ogata
1996-1998, Fukuoka (Japón): Futoshi Matsunaga y Junko Ogata, su esposa, torturan y asesinan a 7 personas, incluyendo a 2 niños. Son arrestados y sentenciados a muerte. Se les ahorca en 2005.
Huang Yong
2001-2003, Henan (China): Huang Yong, un joven que contacta a adolescentes en tiendas de juegos de video, invita a sus víctimas a su domicilio, donde las droga para abusar sexualmente de ellas y después estrangularlas. Mata a 17 personas. Tras su arresto, declara que desde niño quiso convertirse en un asesino en serie. Es sentenciado a muerte y fusilado en prisión.
William Holbert “Wild Bill”
2006-2007 (Panamá): William Holbert “Wild Bill”, un inmigrante estadounidense, mata a 7 personas, a quienes despoja de sus propiedades. Es ayudado por su amante, Laura Michelle Reese. Entierra los cuerpos en su hostal, a la orilla de un río. Tras ser descubierto, huye a Nicaragua, donde es arrestado y extraditado.
Videos Relacionados..
Y de yapa, mi preferida.
Erzebeth de Bathory: "La Condesa Sangrienta"
Hambruna y peste reinaban en la Europa del siglo XVI. El peligro turco era omnipresente y Hungría era un granero que podían saquear a placer. Los campesinos no podían ir a trabajar las tierras sin armarse de una espada y teniendo un caballo ensillado para huir en caso de necesidad. La guerra se enseñoreaba en el Viejo Continente. Durante una derrota húngara, el sultán otomano Solaimán tuvo su diván bajo una tienda roja donde 2000 cabezas decapitadas servían de trofeos; había cabezas de obispos, de ricos y aristócratas, pero la del rey faltaba... La encontraron un poco más tarde en una ciénaga. La brujería campaba a sus anchas. Hija del temor y de la miseria, encontraba en ese caos las fuerzas necesarias para engrandecerse, para prosperar y extender los monstruosos tentáculos de la superstición y de la locura.
Erzebeth de Bathory (o Elizabeth de Bathory) nació de un matrimonio consanguíneo: su madre Anna Bathory, hermana del rey Istvan I de Polonia, casó en terceras nupcias con su primo el barón György Bathory de Ecsed, y tuvieron siete hijos: cuatro fueron abortados y dos hijas más, Sofía y Klara, murieron a manos de George Dozsa, un campesino rebelde que se dedicó a tomar los castillos de los nobles húngaros y a asesinarlos a todos. Erzebeth se salvó milagrosamente cuando el bandolero atacó el castillo de su familia.
Cuando capturaron a Dozsa, lo condenaron a sentarse en un Trono de Hierro que luego encendieron y pusieron al rojo vivo. Su cráneo estalló y su cerebro se derramó por sus oídos. Obligaron a sus cómplices a comer su carne asada; luego los destriparon vivos y arrojaron sus entrañas a los perros. Tras reducirlo a cenizas, arrojaron el polvo de Dozsa a los vientos. La pequeña Erzebeth de Bathory presenció todo: las torturas, las ejecuciones, la disposición de los cadáveres. Esta experiencia la marcaría para siempre.
monumento a George Dozsa
Entre los familiares de Erzebeth se contaban personajes poderosos: un cardenal, varios príncipes y su primo Zsigmond de Bathory, quien fue Gran Príncipe de Transilvania mediante su matrimonio con la princesa María Cristina de Habsburgo. Otro fue Esteban de Bathory. Erzebeth pasó su infancia en la propiedad de los Ecsed (el Castillo de Čahtice).
Esteban de Bathory
Se dice que a los cuatro o cinco años de edad, Erzebeth sufrió de violentos ataques, quizás causados por la epilepsia o alguna otra enfermedad neurológica; en todo caso, remitieron cuando aún era pequeña.
A los once años fue prometida al conde Franz Nádasdy, quien le doblaba la edad. Un año después, la enviaron a vivir en el castillo de los Nádasdy para que fuera conociendo a su nueva familia. Nunca hizo buenas migas con su suegra, Úrsula, matriarca del clan; al parecer, la joven Bathory hacía valer el rango superior de su apellido con una frecuencia que la enojaba.
Blason de los Bathory
Blason de los Nádasdy
A diferencia de la mayoría de mujeres (y hombres) de su tiempo, Erzebeth había recibido una buena educación y su cultura sobrepasaba a la de la mayoría de los hombres de entonces. Era excepcional; su amigo Andrei de Kereshtur, en sus Crónicas, relata:
"Hablaba perfectamente el húngaro, el latín y el alemán, mientras que la mayoría de los nobles húngaros no sabían ni deletrear ni escribir (...) hasta el Príncipe de Transilvania era prácticamente analfabeto".
A los quince años, en 1575, casó con Franz Nádasdy, que entonces contaba veintiséis años de edad. La ceremonia tuvo lugar con gran lujo en el castillo de Vranov nad Toplou; incluso se invitó al emperador Maximiliano II, que no pudo acudir. Fue Franz quien adoptó el apellido de soltera de su esposa, mucho más ilustre que el suyo. Se fueron a vivir al castillo de Čahtice, en compañía de su suegra Úrsula y otros miembros de la casa. El joven conde no pasaría mucho tiempo por allí: la mayor parte del tiempo estaría combatiendo en alguna de las muchas guerras de la zona, para merecer el apodo de "Caballero Negro de Hungría".
Tras su noche de bodas, Franz temía levantarse del lecho de su joven esposa. Afuera de la alcoba, envuelta en su capullo de dulce canción, estaban el rey Matthias, el príncipe Rudolf, sus soldados, Ursula su madre y el resto de quienes por arte de magia él había dejado atrás durante varias horas. Sabía, no obstante, que tarde o temprano debía reunirse con ellos. Se incorporó en la cama. “Debemos regresar al mundo vestido”, le dijo a su esposa. Esto le dio a Erzebeth una idea para poner a prueba los límites de la obediencia. Le dijo a Franz que quizás el regreso pudiera ser menos desagradable si el mundo vestido se desvestía. Podían pedir a todos los que les debían obediencia a ellos que se quitaran la ropa. Franz rió. Era una idea espléndida. Además, desarmaría a todos los hombres que llevaban armas pesadas, y que tanto le preocupaban. Se dieron perfecta cuenta de que habría que exceptuar de esta orden a Ursula, al rey, a los pastores luteranos y a los monjes católicos.
Erzebeth despidió a sus doncellas cuando acudieron a vestirla, y Franz hizo lo mismo con sus sirvientes. Cuando salieron de la cámara nupcial, los recién casados eran como Adán y Eva en el Paraíso. Todos bajaron los ojos de vergüenza. De pie junto a la puerta, tomados de la mano, primero Franz, y luego Erzebeth, anunciaron la orden del día. La orden viajó de boca en boca.
“En nombre del Paraíso de Dios, que fue construido con toda inocencia, y en honor de la exitosa consumación de la boda de Franz Nadazdy y Erzebeth de Bathory, se decreta que todos quienes están bajo el techo del castillo, con excepción del rey Matthias, el príncipe Rudolf, Ursula Nadazdy y los clérigos, andarán desnudos durante todo un día”.
Los historiadores húngaros en general no se han ocupado de este raro día en su historia, pero hay quienes alegan que ese día los habitantes del castillo se envenenaron con el cornezuelo de la harina de centeno. En Hungría hubo estallidos periódicos de esta calamidad, que causaba alucinaciones y comportamiento extraño. Resulta divertido observar que el 10 de mayo haya pasado a la historia folklórica sin mayor referencia en los pergaminos de las crónicas.
Franz y Erzebeth apenas se veían debido a las actividades guerreras del primero. Existe registro epistolar de cómo Franz y Erzebeth intercambiaban información sobre las maneras más apropiadas de castigar a sus sirvientes, algo normal entre los nobles de la época. Las posesiones de esta pareja de nobles húngaros eran enormes, y se requería además un férreo control sobre la población local, de origen húngaro, rumano y eslovaco.
En 1576, poco después que Erzebeth cumpliera dieciséis años, murió Maximilian II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, luego de un reinado de doce años, y fue sucedido por su hijo, Rudolf II (1576-1612). Ese mismo año, Ursula Kaniszayy Nadazdy falleció de repente y su desaparición fue lamentada por toda la cristiandad. Algunos, en secreto, también lloraban de dolor por la ascensión al trono del “Loco de Praga”. Rudolf II fue emperador durante la mayor parte de la vida de Erzebeth de Bathory. Lo sobrevivió sólo por un año.
Poco tiempo después de la muerte de Ursula Nadazdy, la ofensiva turca se inició en serio. Franz Nadazdy estuvo ausente un año entero. Tras dar a luz a su hija Anna Bathory, Erzebeth apenas podía darse abasto con la incesante actividad que debía desplegar. Un tropel de visitantes acudió a Sarvar para conocer a la nueva ama. Llegaban desde todos los confines de Hungría y Transilvania, trayendo obsequios y relatos, tratando de actuar con gracia y hacerse memorables para la muchacha que era más rica que el rey. Le llevaban aves increíbles, pavos reales y faisanes, especias raras y fruta de la Nueva España, vendidas por los italianos en los mercados de Transilvania, cristales hechos en Venecia por artesanos que soplaban el vidrio tan delgado como telaraña, tazas de oro hechas por artífices alemanes, telas tejidas por hilanderos flamencos y misales escritos a mano por los monjes, que ilustraban las primeras letras con tintas extrañas.
Castillo de Cahtice
Su primo Stephen Bathory le regaló un animal extraño y maravilloso traído por marineros españoles de la Nueva España. Era un felino entrenado desde cachorro que, sin embargo, conservaba muchos instintos peligrosos. Se trataba de un jaguar, adorado como un dios en muchas partes de Nueva España. Le dio el nombre de Nieve Nocturna porque le recordó a la nieve brillando bajo la luz de la luna. Ella misma lo alimentaba con carne cruda. Algunas noches dormía desnuda al lado de la jaula de Nieve Nocturna. Poco después, el jaguar ya salía de su jaula e incluso dormía con ella en su cama. En 1583 llegó al castillo el famoso filósofo Johannes Kepler, amigo de la infancia de Erzebeth. Permaneció allí varios días, intentando averiguar si el protestantismo se había apoderado de la Casa Bathory o el catolicismo aún tenía esperanzas. Sostuvo largas e interesantes conversaciones con Erzebeth, rememoraron los días de antaño y hablaron como buenos amigos.
No fue hasta 1585, diez años después de su matrimonio, que la condesa tuvo a su primera hija, Ana, y en los nueve años siguientes dio también a luz a Úrsula y Katherina. Finalmente, en 1598, alumbró a su único hijo, Pál. Es de esa época que data su único retrato, hoy desaparecido.
La Locura de Erzebeth
Un día, Erzebeth descubrió que la edad la había convertido en una mujer madura. Se obsesionó con el proyecto de conservar su juventud. En su biografía de la Condesa, el escritor Andrei Codrescu describe magistralmente el instante en el cual Erzebeth destruyó todos los espejos de su castillo y cometió el crimen que finalmente iniciaría su caída:
“El último día del siglo XVI, la condesa Erzebeth de Bathory de Hungría, deprimida por el paso irremediable del tiempo, airada por la traición de la carne, y entristecida más allá de todo consuelo por la pérdida de su juventud, ordenó que sus doncellas rompieran todos los espejos de su mansión sobre una colina de Budapest. Las atemorizadas muchachas bajaron los pesados marcos de las paredes y los sacaron a la intemperie. Algunas lloraban sin saber por qué, sospechando que los caprichos de su ama acababan de dar un vuelco más sombrío que de costumbre. Cuando llegaron al centro del patio, apoyaron con ternura los espejos sobre la nieve. El cielo plomizo se reflejaba, tenebroso, en los cristales. No obstante, parecía inclusive, que hasta el cielo los rehuía, dejando la pulida superficie en la oscuridad. Desde su posición elevada en el ventanal, Erzebeth hizo una seña para que comenzaran. Al observar a su multitud de mujeres vestidas de negro rompiendo los espejos con palas bajo la nieve que seguía cayendo, Erzebeth sintió una fría llama en el interior de su cuerpo. Parecían cuervos, esas mujeres, atareadas enterrando la vanidad de su carne, Cuando todos los fragmentos sucumbieron bajo una fresca capa de nieve, ella juró erigir un monumento en ese sitio, algo poderoso y frío, en conmemoración del fin de su belleza temporal.
Esa noche, Erzebeth escogió con el mayor de los cuidados su atuendo negro para la Misa del Gallo. En la iglesia de Santa María, en Budapest, Ilona Harszy, que acababa de cumplir los quince años, cantó con una voz tan hermosa que hizo llorar a los monjes agustinos. Los aristócratas húngaros que asistían al servicio religioso cubrieron de elogios a la pálida niña. Algunos desnudaron sus brazos y su cuello de alhajas, y se las ofrecieron a la iglesia en señal de gratitud. Ilona se erguía, con toda modestia, en medio de esta tormenta de afecto, la cabeza inclinada, agradeciendo en su interior a la Virgen Santa por la inspiración que había hecho que su voz se elevara a alturas angelicales.
El suelo frente a la iglesia se cubrió con la seda de nobles abrigos, tendidos para que Ilona no tuviera que pisar la nieve. Su manera de cantar hizo que el barón Eszterhazy escribiera a los padres de la muchacha: ‘Su voz pura era una de las mejores de Europa, mejor de las que he oído en los teatros de ópera de Italia’. Los monjes agustinos, que vivían enfrente de la iglesia de Santa María, cosieron una túnica para Ilona. El abad, Teronius, les recomendó que cosieran la túnica con pureza, llenos de gratitud por la angelical Ilona Harszy, cuya voz le fue enviada del cielo. Dos horas después de la sorprendente actuación de Ilona, Erzebeth envió a su carruaje a buscarle para una actuación privada. Ilona subió al carruaje, aún ataviada de blanco, los hombros cubiertos por una capa de armiño regalada por un noble.
Erzebeth de Bathory recibió a la cantante en el salón rosa, una habitación artesonada con madera de palo de rosa y cubierta de alfombras orientales. Cerca de las llamas la Condesa reposaba en un diván turco, vestida sólo con una túnica negra de seda. En la mano sostenía la boquilla de oro de un narguile turco, en el que ardía una bola de dorado hachís.
Erzebeth le ordenó que cantara, pero el miedo atenazó a la chiquilla. La Condesa se levantó del diván, la abofeteó, y luego le arañó las mejillas. Sus doncellas le quitaron el vestido a la chica. Después la Condesa se quitó con ferocidad su propia túnica y quedó desnuda. Sus senos abundantes, sus caderas opulentas y la piel floja de su abdomen se enfrentaron con desafío a la figura insustancial erguida ante ella. Poniendo la mano bajo la barbilla de la muchacha, le levantó la cara con energía.
-¡Contempla a una mujer! -exclamó.
La Condesa mordió a la muchacha, sacando sangre. Acarició el cuello de Ilona, apretándolo después. La muchacha se desmayó. Cubriendo su desnudez, arrastró a la niña inconsciente al exterior, seguida de sus doncellas.
El frío era fuerte. Temblando, las mujeres subieron a la cantante sobre el montículo bajo el cual estaban enterrados los espejos de Erzebeth. La Condesa mantenía a la muchacha, siempre inconsciente, cerca de su cuerpo, sintiendo cómo el calor la iba abandonando y entrando en ella. Su mejor doncella, Darvulia, trajo un cubo de agua desde la casa. Las doncellas mantuvieron a Ilona erguida, mientras Erzebeth arrojaba agua sobre la pálida forma. El agua se hizo hielo de inmediato y la muchacha se congeló en el acto. Las mujeres se quedaron contemplando durante un momento a la estatua de carne. Una lámina de hielo, afilada como una astilla de cristal veneciano, se curvaba hacia adelante entre las piernas de la muchacha. Sobre esta lámina, su pubis brillaba. El ombligo también se había llenado de cristales de hielo, como un racimo centelleante de pequeñas joyas.
-Belleza -dijo con frialdad Erzebeth- ¡Con cuánta facilidad te aferráis a los débiles!"
Después de la desaparición de la cantane Ilona Harszy el fin de año de 1599, los rumores de los actos malvados de Erzebeth de Bathory se tornaron más alarmantes. Ponikenuz y Megyery predicaban contra ella en las iglesias, llamándola bruja y exigiendo que se la quemara en la hoguera. Ponikenuz escribió tanto al rey Matthias como al emperador Rudolf pidiendo una investigación. El rey Matthias, que amaba a Erzebeth, convocó a su primer ministro, el palatino Thurzo, y le ordenó que se encargara del asunto. Thurzo se preocupó mucho. No estaba tan afligido por Erzebeth, sino por el apellido Bathory y por la suerte de su gran fortuna, que corría peligro de caer en manos del rey, en caso de que fuera condenada.
El declive comenzó en 1604, poco después de la muerte de su marido. Una de sus sirvientas adolescentes le dio un involuntario tirón de pelos mientras la estaba peinando. Al principio tuvo mucha suerte: la condesa reaccionó reventándole la nariz de un fuerte bofetón (cuando lo normal entre la nobleza de la época habría sido sacarla al patio para recibir cien bastonazos). Pero cuando la sangre salpicó la piel de Erzebeth, a ésta le pareció que allá donde había caído desaparecían las arrugas y su piel recuperaba la lozanía juvenil. La Condesa, fascinada, pensó que había encontrado la solución a la vejez, y siempre podría conservarse bella y joven. Con la ayuda de sus sirvientes, desnudaron a la muchacha, le hicieron un profundo corte en el cuello y llenaron un barreño con su sangre. Erzebeth se bañó en la sangre, o al menos se embadurnó con ella todo el cuerpo y probablemente la bebió.
Entre 1604 y 1610, los agentes de Erzebeth se dedicaron a proveerla de jóvenes entre 9 y 26 años para sus rituales sangrientos. En un intento de mantener las apariencias, habría convencido al pastor protestante local para que sus víctimas tuviesen entierros cristianos respetables. Cuando la cifra comenzó a subir, éste comenzó a manifestar sus dudas: morían demasiadas chicas por "causas misteriosas y desconocidas". Así es que ella le amenazó para que callase y comenzó a enterrar en secreto los cuerpos desangrados.
Tomó la costumbre de quemar los genitales a algunas sirvientas con velas, carbones y hierros por pura diversión. También generalizó su práctica de beber la sangre directamente mediante mordiscos en las mejillas, los hombros o los pechos. Para estas cuestiones privadas se apoyaba en la fuerza física de sus criados.
En repetidas ocasiones se trasladó a Viena, y ya circulaba por entonces el apodo con la que le habían bautizado: "Blutgräfin" (“Condesa Sangrienta” en alemán). Se contaban historias de sangre corriendo por la capital austríaca, de los gritos de jóvenes doncellas asesinadas.
A sus cincuenta años, según los testimonios de las personas que la conocieron, presentaba un aspecto de juventud sorprendente, casi diabólico, con una palidez lechosa que fascinaba y aterraba. Se decía además que mientras su esposo estaba fuera, ella mantenía relaciones sexuales con sirvientes de ambos sexos, y se rumoraba que cuando tenía sexo con chicas, no era raro que las mordiese salvajemente.
Los asuntos del día requerían sirvientes eficientes y de mente sobria, pero las actividades de la noche también tenían su personal, igualmente eficaz. Se encargaban de llevarle jovencitas, principalmente campesinas. Erzebeth estaba intrigada por el poder que tenían estas vulgares muchachas de excitarla. Empezó a jugar con ellas de otras maneras, para ver qué motivaba su comportamiento. Ordenó que a toda nueva muchacha se le afeitara la cabeza. Con el pelo hizo sogas, para comprobar su resistencia.
Colgó estas sogas de la ventana de su alcoba y luego le ordenó a Ficzko, su amante, que subiera por ellas. Erzebeth lo aguardaba, desnuda, detrás de un muro de velas encendidas. Otra vez hizo hacer una túnica con el pelo de las sirvientas, y se puso la túnica sobre las carnes, dejando ver sus pechos y pubis entre los cabellos flojamente trenzados mientras realizaba sus tareas habituales, conferenciaba con sus administradores, instruía a los empleados y regateaba con los comerciantes. Si sorprendía a alguien mirando con osadía los lugares donde se abría la túnica de pelo, reprendía al atrevido y exigía, al mismo tiempo, una disculpa y un elogio de su novedosa prenda. “Santa Cecilia andaba desnuda, cubierta sólo por sus trenzas, y, sin embargo, la veneramos”, afirmaba.
Un día llegó un mercader de las tierras alemanas con un instrumento, una jaula cilíndrica con afiladas estacas que giraba y se contraía, y las estacas atravesaban la carne de la desgraciada criatura que a la sazón estuviera aprisionada adentro. El alemán, llamado Philipp Imser de Augsburgo, era el brillante inventor de muchos mecanismos refinados y útiles. Había empezado a hacer instrumentos de tortura porque existía una gran demanda luego de una serie de rebeliones de campesinos. Viajó a Hungría para conocer al gran Thurzo, cuyo gran trono de hierro al rojo vivo para el bandolero George Dozsa admiraba. Había construido la jaula cilíndrica para Thurzo, pero el palatino decidió hacerle un obsequio a su sobrina Erzebeth de Bathory. Erzebeth no estaba segura de lo que significaba el regalo de la jaula, pero se alegró de recibirla.
Hizo instalar el objeto en su sala de baño en Kereshtur. Allí rotaba mientras ella yacía en su baño, una jaula de cobre brillante sin un pájaro dentro. Su satisfacción al contemplar el mecanismo se vio reducida severamente por un arañazo en su pecho izquierdo. Una de las muchachas que la friccionaba, una retasada mental de Eslovaquia, llamada Katarina, la arañó con una uña. Erzebeth la azotó, furiosa, pero al ver que su castigo no hacía mella en la muchacha, le ordenó a Darvulia que mandara llamar a Ficzko. Sin salir de su baño, hizo que su fornido ex amante y sus mujeres ataran a Katarina. Bajaron la jaula rotativa, y obligaron a Katarina a acurrucarse dentro. Luego levantaron la jaula. A medida que el movimiento arrojaba a la muchacha a un lado y otro, las largas agujas le fueron atravesando el cuerpo. La sangre que manaba iba bañando a Erzebeth, que estaba justo debajo. Fue una sensación extraordinaria. A medida que la sangre de la muchacha llovía sobre ella, un júbilo enloquecedor se apoderó de ella. Mejor aún, en los lugares mojados por la sangre, su piel parecía hacerse más joven, llena de una nueva vida.
Durante los tres años siguientes, la jaula rotativa se convirtió en el entretenimiento favorito de Erzebeth. Cuando se miraba en el espejo después de una de sus duchas de sangre, se veía fuerte y bonita. La suerte de las muchachas sacrificadas en aras de su bienestar no le interesaba en absoluto. Las muchachas, sus padres y las aldeas de donde provenían eran de su propiedad. Era libre de disponer de ellas como se le antojara. Pero su falta de preocupación no era compartida por sus sirvientas que, si bien ayudaban, temían ser descubiertas. Los rumores acerca de la desaparición de muchachas creaban gran inquietud entre los habitantes de las aldeas. El pastor Ponikenuz, a quien le habían permitido ingresar en el área de baños, intentó entrar por la fuerza un día, cuando las mujeres estaban lavando la sangre y cortando en pedazos el cadáver de la víctima para un entierro clandestino. No logró su propósito, porque Darvulia se interpuso y lo hizo sentir grosero por tratar de invadir un área femenina.
Es por esta época que empiezan a escucharse rumores de que algo muy siniestro ocurre en el castillo de Čahtice. A través de un pastor protestante local, llegan historias de que la Condesa practica la brujería (explícitamente, la magia roja) y para ello utiliza la sangre de muchachas jóvenes (una típica acusación muy popular en la época, similar a las que se realizaban contra los judíos). Es curioso observar el paralelismo con Juana de Arco, acusada igualmente de brujería cuando su poder político se consideró peligroso para el sistema establecido.
Mientras, en el castillo, Darvulia conspiraba para vestir a las campesinas con elegantes vestidos como si fueran nobles, luego de bañarlas y perfumarlas. Las muchachas eran llevadas a la mesa de Erzebeth y se comportaban siguiendo las instrucciones impartidas, pero rara vez abrían la boca por temor a traicionar su ordinariez. Después de la cena, la Condesa ordenaba que se les encerrara en una Doncella de Hierro o ella misma las torturaba. Muchas veces, durante la tortura, los groseros alaridos de las muchachas destruían la ilusión de su origen aristocrático. Entonces la Condesa se convertía "en una loba feroz, de ojos enrojecidos, con espuma en la boca", según declaró después Jo-Anna, que también participaba en estas orgías.
A finales de noviembre de 1610, Erzebeth viajó a Čahtice con su séquito de mujeres. Čahtice, en el país eslovaco, era una de las propiedades más pequeñas, con un castillo protegido.
La muerte de Ilona en la nieve fue el primer acto registrado, de naturaleza abominable, que involucraba a una hija de la nobleza. Le siguieron otros: las hijas mellizas de una princesa rusa; la hija única de una viuda austríaca relacionada con la corte de los Habsburgo. Después que le empezaron a gustar las muchachas aristocráticas, bien educadas, bien vestidas y perfumadas, Erzebeth perdió su interés por las campesinas. Sin embargo, no había suficientes muchachas nobles.
Al frente de un grupo de soldados, el conde Thurzo irrumpió en forma inesperada en el castillo de Čahtice el 29 de diciembre de 1610, durante las festividades navideñas. Al reconocer los estandartes de su tío, Erzebeth permitió que se bajara el puente levadizo sobre el foso, sin sospechar nada. No bien el grupo armado cruzó el patio, los soldados de Thurzo desarmaron a los guardias de Erzebeth, que fueron sorprendidos en el cuartel mientras disfrutaban de un festín. Los soldados de Thurzo luego subieron por las escaleras y avanzaron en formación de abanico sobre el interior del castillo. Lo primero que vieron fue a una sirvienta en el cepo del patio, en estado agónico debido a una paliza que le había fracturado todos los huesos de la cadera. Esto era práctica corriente y no les llamó la atención, pero al acceder al interior se encontraron a una chica desangrada en el salón, y otra que aún estaba viva aunque le habían agujereado el cuerpo. En la mazmorra encontraron a una docena que todavía respiraba, algunas de las cuales habían sido perforadas y cortadas en varias ocasiones a lo largo de las últimas semanas.
Por todas partes había toneles de ceniza y serrín, usados para recoger la sangre que se vertía tan pródigamente en aquel lugar. Debido a esto, todo el castillo estaba cubierto de manchas oscuras y despedía un tenue olor a podredumbre.
En dos días solamente (7 y 11 de enero de 1611) se llamó a declarar a treinta y cinco testigos. Todos habían sido torturados y obligados a jurar que dirían la verdad. Entre ellos estaban íntimos colaboradores de la condesa, como Darvulia, Jo Anna Tohka, Helena Jo, Selena y Ficzko. Todos, menos Darvulia, confesaron que habían ayudado a torturar y asesinar a una gran cantidad de muchachas que cruzaron el umbral de sus castillos, para no volver a trasponerlo. Jacob Silvazy, mayoral del castillo Čahtice, presentó como evidencia un registro, escrito por la mano misma de la Condesa, donde enumeraba las 650 muchachas que había matado. La conmoción de los jueces ante el elevado número de sus víctimas, mayor aún por haber sido íntimos de la mujer, repercutió a través de los procedimientos.
Cuando por primera vez se obtuvo suficiente evidencia, en el año 1611, Thurzo ordenó que el encierro de Erzebeth en Čahtice fuera permanente. La Condesa, que primero había sido puesta bajo arresto domiciliario en Čahtice, a continuación fue encerrada en su propia alcoba. Se dejó una abertura para que por ella se le pasara la comida una vez por día. Como no hubo una acusación formal contra Erzebeth de Bathory, la gran fortuna quedó en la familia. Erzebeth permaneció encerrada entre las paredes de su alcoba por casi tres años, sin el solaz de un solo rayo de sol. Afuera, la vida del castillo proseguía como si ella no existiera. Las noticias del mundo le eran negadas. Se la trataba como si ya estuviera muerta y enterrada. A medida que el mundo se iba apartando de ella, se contaba y se volvía a contar la historia de su vida.
Fuente: http://cmcorpkillers.blogspot.com/
El término asesino en serie o serial killer fue acuñado por el criminalista Robert K. Ressler en la década de los setenta, aunque el concepto existe desde principios del siglo XX. Anteriormente se les denominaba asesinos de extraños o asesinos múltiples. Ressler se inspiró en los seriales cinematográficos que veía cuando era niño, para crear una metáfora de los crímenes cometidos por un mismo individuo, con patrones semejantes. Un asesino en serie (o asesino serial) es aquel que mata a tres o más personas, mediando entre los crímenes un lapso determinado, durante el cual el criminal no mata, aunque sí recuerda frecuentemente los asesinatos; este lapso generalmente es de algunos días, aunque a medida que el asesino comete más crímenes, es frecuente que los lapsos se acorten. Algunos investigadores afirman que inclusive con una sola víctima puede detectarse a un asesino en serie potencial, basados en la intencionalidad; se considera que, al detener al criminal, se trunca la secuencia homicida.
Las causas de origen de un asesino en serie son multifactoriales. Se ha observado que la mayoría de ellos han sufrido golpes en la cabeza, episodios de violencia o abuso sexual en su infancia. Cuando son niños, frecuentemente padecen enuresis (micciones incontroladas) y además maltratan, torturan y matan animales (insectos, aves, roedores, gatos o perros). También suelen mutilar muñecas, presentar tendencias pirómanas y practicar juegos que concluyen con un supuesto asesinato o una muerte actuada. Gustan de desafiar lo establecido, presentan conductas audaces y delinquen con facilidad. No respetan las leyes ni las jerarquías, aunque a veces, por conveniencia, se apegan a ciertas reglas sociales. Son grandes fingidores, mienten con facilidad y son mitómanos. Por lo general, presentan conductas sexuales atípicas o patológicas (parafilias). Muchos consumen y coleccionan pornografía (libros, revistas y películas).
Sus motivaciones al matar incluyen la necesidad de calmar un impulso homicida; el cumplimiento de ciertas fantasías, casi siempre de contenido sexual; el deseo de ejercer poder y dominación sobre las víctimas; perturbaciones o enfermedades mentales que provocan alucinaciones y una profunda distorsión en la percepción de la realidad; y la satisfacción al causar dolor y muerte. Carecen de empatía y cosifican a sus víctimas, a quienes consideran objetos y no sujetos; cosas y no personas. Poseen, en cambio, la denominada empatía utilitaria, encaminada a analizar y manipular a los demás. Casi nunca se arrepienten de sus crímenes e inclusive presumen de los mismos ante los medios de información.
Poseen un modus operandi (el modo de actuar, las acciones características al cometer un crimen); una firma o personificación (el rasgo distintivo de sus crímenes, la manera inconsciente en que se atribuyen la autoría del asesinato); y un escenario o staging (montaje con falsas pistas y alteración de la escena del crimen, para despistar a los investigadores); a las incongruencias detectadas en una escena del crimen se les denomina banderas rojas. Esta clase de homicidas utilizan su ingenio para atraer a sus víctimas o desarrollan sofisticados métodos de tormento y ejecución. Se destacan por poseer una inteligencia por encima del promedio, poseen muchos recursos intelectuales y casi siempre son dueños de una fuerte personalidad. Seductores, disfrutan al construir artefactos, habitaciones e inclusive casas completas, que acondicionan como cámaras de tortura. Disfrutan con el dolor y el miedo de sus víctimas, y van perfeccionando sus técnicas.
Los asesinos en serie atraviesan por varias fases cada vez que cometen un crimen:
1. Fase áurea. El asesino se refugia en sus fantasías, que casi siempre giran alrededor de muerte, sexualidad y violencia. Su contacto con la realidad se debilita.
2. Fase de pesca. El homicida comienza a acechar a víctimas potenciales. Con frecuencia vaga por las calles, a pie o en un vehículo, seleccionando.
3. Fase de seducción. El criminal atrae a sus víctimas potenciales, se gana su confianza o provoca encuentros fortuitos con ellas. Esto le produce placer.
4. Fase de captura. El asesino ataca. En este punto, puede secuestrar a su víctima. Es también el momento en que ejerce la crueldad: viola, maltrata, amenaza, golpea, tortura, mutila, y si corresponde a su perfil, documenta sus acciones en video o fotografía.
5. Fase del asesinato. El homicida consuma la muerte de la víctima, siempre por medios violentos. Para ello utiliza un método preferido, que varía según el perfil del asesino: estrangular, disparar, desangrar, ahorcar, quemar, asfixiar, ahogar, golpear, envenenar.
6. Fase fetichista. El criminal elige el “trofeo” o “recuerdo” de su acto. Pueden ser las fotografías o videos que haya tomado, o algún objeto relacionado con la víctima. Es también el momento en el cual mutila el cadáver para guardar uno o varios trozos. Muchos aprovechan este momento para violar los cuerpos, descuartizarlos, enterrarlos o tirarlos en algún lugar.
7. Fase depresiva. Algunos investigadores equiparan esta etapa con el relajamiento post coital. Muchos agresores tienen pensamientos suicidas.
8. Fase de meseta. El asesino se tranquiliza, recuerda sus crímenes, contempla los objetos obtenidos, reúne recortes de prensa sobre el suceso, se dedica a escribir cartas, se acerca a los sitios donde ha matado, intenta establecer contacto con familiares de sus víctimas y autoridades policíacas, e inclusive asiste a las exequias. Este periodo de supuesta calma dura hasta que las fantasías y la necesidad de matar retornan.
Ciertas clasificaciones dividen a estos criminales en “organizados” y “desorganizados”:
1. Organizados:
- Tienen un coeficiente intelectual normal o alto.
- Llevan una vida social activa.
- Provienen o pertenecen a la clase social media o alta.
- Pueden ser casados o tener una pareja estable.
- Poseen un vehículo propio, en el que se trasladan para cometer los crímenes.
- Tienen un trabajo estable y gozan de cierta solvencia económica.
- Planean sus crímenes con antelación.
- Con frecuencia, conocen a su víctima.
- Portan un “kit de asesinato”, con los instrumentos que utilizarán para cometer el crimen (cuerdas, linterna, armas de fuego o armas blancas, esposas, etc.)
- Acostumbran violar y torturar antes de matar a su víctima.
- Son cuidadosos; eliminan las pruebas o tratan de no dejar indicios sobre su identidad.
2. Desorganizados:
- Tienen un bajo coeficiente intelectual.
- Llevan una vida social mediocre.
- Provienen o pertenecen a la clase social media-baja o baja.
- Por lo general son solteros.
- No eligen el escenario del crimen y cometen los asesinatos en el sitio donde encuentran a la víctima.
- Improvisan sus actos.
- No portan armas y con frecuencia utilizan objetos que se encuentran en el lugar del crimen.
- No conocen a las víctimas.
- Se trasladan a pie o utilizan el transporte público; y si utilizan un vehículo, es prestado, robado o se encuentra en malas condiciones.
- Matan a su víctima, a veces con crueldad, pero no la violan mientras vive, ni la torturan.
- Dejan pruebas de su identidad en el lugar (ropa, documentos, huellas digitales, cabellos, restos de fibras, sangre, semen, saliva, orina, excremento, etc.)
La relación de los asesinos en serie con los restos de sus víctimas es muy simbólica: algunos son necrófilos (mantienen contacto sexual con el cadáver o con trozos de él); necrófagos (comen pedazos del cuerpo, a veces por varios días); necrómanos (guardan partes como recuerdo); o necrógrafos (le toman fotografías a los restos). Unos más visitan los lugares donde han sepultado o abandonado los cadáveres, e inclusive llegan a desenterrarlos. La mayoría de los asesinos son extremadamente fetichistas: guardan “trofeos” o “recuerdos” físicos de sus crímenes (fotografías, prendas de vestir, joyas, credenciales o inclusive miembros de las víctimas), que los ayudan a revivir sus acciones y sirven como parte de una colección, cuyo significado es claro únicamente para ellos. Otros también recortan y guardan notas aparecidas en periódicos y revistas, e inclusive graban noticiarios que informan sobre sus crímenes.
El mayor porcentaje de asesinos seriales son hombres, caucásicos, de entre veinte y sesenta años de edad; hay muy pocos casos de asesinas en serie. Casi siempre matan dentro de su grupo racial y sus víctimas tienen semejanzas entre sí (de sexo, apariencia, ocupación, nacionalidad, edad, clase social, etc.). También suelen limitarse a un área geográfica determinada, cerca de sus lugares de trabajo o vivienda. Pueden llevar una vida aparentemente normal, lo que se conoce como máscara de cordura. Muchas veces escriben cartas a la policía, a los medios de información masiva o a las familias de sus víctimas. Necesitan ser reconocidos y gustan de la publicidad y la difusión que se le brinda a sus acciones. Algunos de ellos regresan al lugar de sus crímenes o intentan colaborar con las investigaciones de sus casos. Otros acuden a los funerales o sepelios de sus víctimas.
CASOS EMBLEMÁTICOS
“Jack el Destripador”
1888, Londres (Inglaterra): “Jack el Destripador” asesina a 6 prostitutas en el barrio de Whitechapel. Estrangula, degüella y mutila a sus víctimas, extrayendo los órganos internos y amputando partes del rostro de muchas de ellas. Los cuerpos son encontrados en habitaciones o en la calle. Se cree que mata a 11 mujeres, aunque solamente 5 son aceptadas por la versión oficial: Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly. El asesino escribe varias cartas a la policía y les envía pedazos de los cuerpos de sus víctimas. Existe más de un centenar de hipótesis sobre la probable identidad del asesino, quien nunca es capturado.
H.H. Holmes
1893, Chicago, Illinois (Estados Unidos): H.H. Holmes levanta “Holmes Castle” o “El Castillo del Terror”, un hotel con pasadizos secretos, mirillas, trampas, habitaciones ocultas, calabozos subterráneos, una cámara de gas y un horno crematorio. Holmes construye además un cuarto de torturas. Durante 3 años, junto con su cómplice Benjamin Pitezel, tortura y asesina a varios huéspedes y a mujeres que contrata para laborar allí; luego disuelve sus cadáveres en ácido o los incinera. También mata a su cómplice y a los hijos de este. Algunos esqueletos los vende. Asesina a más de 200 personas antes de ser detenido. Es juzgado y ahorcado a los 35 años de edad.
Henri Désiré Landrú “El Barba Azul de París”
1914-1918, París (Francia): Henri Désiré Landrú “El Barba Azul de París”, publica anuncios en los periódicos con fines matrimoniales. Contacta a varias mujeres, con quienes se relaciona amorosamente e inclusive llega a casarse con varias. Después las asesina y descuartiza, incinerando los restos en un horno que ha colocado en el sótano de su casa de campo, Villa Ermitage. Se apropia además de su dinero y pertenencias. Mata al hijo de una de ellas, cuyo cadáver también quema. Asesina a casi 300 mujeres. Simultáneamente, mantiene un matrimonio estable con su primera esposa y es un padre amoroso. Es descubierto y arrestado. Se le juzga y sentencia a muerte. Landrú es guillotinado en 1922, en la cárcel de Versalles.
Albert Fish “El Vampiro de Brooklyn”
1928, Nueva York (Estados Unidos): Albert Fish “El Vampiro de Brooklyn” secuestra a la niña Grace Budd, a quien tortura en su casa de campo y después asesina. Después se come su cadáver a lo largo de 9 días. Escribe cartas a la madre de la víctima narrando cómo la torturó, asesinó y devoró. Mata a otros 3 niños. Es detenido y juzgado; sentenciado a muerte, se le ejecuta en la silla eléctrica en 1936.
Marcel Petiot “El Doctor Satán”
1944, París (Francia): Marcel Petiot “El Doctor Satán”, un médico francés, aprovecha el caos producido por la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial para engañar a los judíos que desean huir a Argentina, atrayéndolos a su casa para secuestrarlos. Una vez allí, Petiot los tortura y asesina, robando sus pertenencias. Incinera los cadáveres en un horno crematorio y después los arroja a un pozo con cal. Detectado por la Gestapo, es detenido y torturado; luego lo liberan. Es detenido nuevamente, esta vez por la policía francesa, a quienes les asegura que los cadáveres que los agentes encuentran en su casa son de alemanes y colaboracionistas, muertos a manos de la Resistencia francesa. Otra vez lo dejan libre y huye en bicicleta. Lo detienen por tercera vez al comprobar que los cadáveres no son de alemanes. Mata a 63 personas, aunque solamente se le juzga por 24 crímenes. Es condenado a muerte y guillotinado en 1946.
David Parker Ray “El Amo del Juguetero”
1960-1999, Truth or Consequences, Nuevo México (Estados Unidos): David Parker Ray “El Amo del Juguetero”, compra una caravana en la cual se establece. Junto a ella, en un carro anexo de metal, construye “La Caja de Juguetes”, una cámara de torturas sexuales donde mantiene prisioneras a sus víctimas para martirizarlas a lo largo de semanas. También las viola, mutila y finalmente las asesina, filmando todo el proceso. Diseña varios artefactos especiales para causar más dolor. Su cómplice y amante, Cindy Lea Hendy, le consigue nuevas víctimas, hasta que una de ellas escapa y lo denuncia. Detenido y juzgado, es condenado a 224 años de prisión y muere en la cárcel de un infarto.
Albert DeSalvo “El Estrangulador de Boston”
1962-1964, Boston, Massachusetts (Estados Unidos): Albert DeSalvo “El Estrangulador de Boston” viola y estrangula a 13 mujeres en sus domicilios, haciéndose pasar por un técnico en reparaciones. Es detenido y juzgado por ataques sexuales, aunque no por los asesinatos. Es sentenciado a prisión perpetua.
Ed Kemper “El Cazador de Cabezas”
1964-1973, Santa Cruz, California (Estados Unidos): Ed Kemper “El Cazador de Cabezas” asesina a 10 personas. Comienza con sus abuelos, a los que mata cuando apenas tiene 15 años de edad. Tras ser dado de alta de una institución psiquiátrica, se dedica a capturar chicas autoestopistas, a las que viola, acuchilla, acribilla y decapita. Conserva las cabezas en su recámara y mantiene sexo con los cadáveres. Les amputa las manos para evitar que sean identificadas. Termina su carrera criminal asesinando y decapitando a su madre, tras lo cual viola su cadáver y utiliza la cabeza para tirar al blanco. Luego mata a una amiga de su progenitora. Kemper se entrega a la policía y confiesa los asesinatos; es recluido de por vida en prisión.
“El Asesino del Zodíaco”
1968-1969, California (Estados Unidos): “El Asesino del Zodíaco” ataca en varias ciudades, matando a jóvenes parejas en sitios descampados. También asesina a un taxista. 5 personas mueren y otras quedan heridas o incapacitadas. Aunque se emprende una cacería humana que dura varios años, nunca es identificado. Docenas de sospechosos son detenidos, pero a ninguno puede demostrársele responsabilidad en los crímenes. El asesino envía cartas y criptogramas a la policía y los medios de información, realiza llamadas telefónicas y manda pistas en sobres. Muchas personas son señaladas como sospechosos, pero el caso queda sin resolver.
Dean Corll “Candy Man”
1970-1973, Houston, Texas (Estados Unidos): Dean Corll “Candy Man”, dueño de una dulcería, atrae a niños y adolescentes con la promesa de regalarles dulces o dinero. Luego los encierra en un cuarto de torturas, donde les arranca trozos de carne, los viola y finalmente los mata. Uno de sus cómplices, Elmer Wayne Henley, le consigue víctimas a cambio de 200 dólares. Mata a 28 menores de edad y envuelve sus cadáveres en plástico, amarrándolos como si fueran caramelos gigantes, antes de enterrarlos en su cobertizo. Durante una borrachera, Corll muere a causa de un disparo de Henley.
Manuel Delgado Villegas “El Arropiero”
1971, Madrid (España): Manuel Delgado Villegas “El Arropiero”, asesina a 48 personas en España, Francia e Italia. La mayoría son mujeres, a quienes viola y estrangula. Tras su detención, es internado en un hospital psiquiátrico. Es liberado en 1998 y muere poco después.
Ted Bundy “El Asesino de Estudiantes”
1974-1977 (Estados Unidos): Ted Bundy “El Asesino de Estudiantes”, un prometedor estudiante de Derecho, asesina a 36 mujeres que cursan estudios en diferentes universidades, a quienes previamente golpea de manera frenética, para después violarlas e introducirles objetos en la vagina, como tubos de acero. Es arrestado y se fuga de prisión en dos ocasiones. Tras su tercera detención, es juzgado y se defiende a sí mismo. Se le declara culpable y es sentenciado a muerte. Bundy es electrocutado en 1989.
Dennis L. Rader “El Estrangulador BTK”
1974-1991, Wichita, Kansas (Estados Unidos): Dennis L. Rader “El Estrangulador BTK” (letras correspondientes a “Blind it, Torture it, Kill it”, “Atarlos, Torturarlos y Matarlos”), ata, tortura y mata a toda la familia Otero y a varios miembros de otras familias, en cuyas casas se introduce subrepticiamente. En sus días de asesino, Rader trabaja como policía y lleva una vida familiar ejemplar, con su esposa y una hija. Es además diacono de la iglesia luterana. La policía logra detenerlo gracias a un diskette que les envía. Es condenado a prisión perpetua por el asesinato de 10 personas.
David Berkowitz “El Hijo de Sam”
1976-1977, Nueva York (Estados Unidos): David Berkowitz “El Hijo de Sam” se dedica a dispararle a las parejas que encuentra en el interior de automóviles estacionados. Mata a 6 personas e incapacita a 7 más. Envía cartas a los periódicos y los medios dan amplia cobertura a sus crímenes, lo cual lo estimula para seguir matando. Es detenido a causa de una multa de tráfico. Tras ser interrogado, asegura que el perro de un vecino llamado Sam Carr le dio órdenes de matar, pues está poseído por un demonio; con el tiempo, confiesa que esta versión es un invento. Se cree que Berkowitz forma parte de un grupo de satanistas, pero nunca es comprobado. Es juzgado y sentenciado a 365 años de prisión. Años después, emprende una campaña para que los asesinos no puedan beneficiarse económicamente al vender sus historias o su imagen, lo que origina la denominada “Ley Berkowitz” o “Ley del Hijo de Sam”.
John Wayne Gacy “El Payaso Asesino”
1977 a 1978, Chicago, Illinois (Estados Unidos): John Wayne Gacy “El Payaso Asesino”, un obeso contratista exitoso cercano al mundo de la política, secuestra, viola y asesina a 33 adolescentes varones, cuyos cadáveres entierra bajo el sótano de su casa. En su tiempo libre, se disfraza como un personaje llamado “Pogo el Payaso” y anima fiestas infantiles. Cuando el hedor en su casa es insoportable, la policía investiga, presiona a Gacy y este se derrumba, confesando. Es juzgado y condenado a muerte en 1980. Pasa 14 años en prisión, pintando y concediendo entrevistas, antes de ser ejecutado en 1994. Su historia inspira la novela Eso de Stephen King y la película del mismo nombre.
Andrei Chikatilo “El Carnicero de Rostov”
1978-1990, Rostov (Unión Soviética): Andrei Chikatilo “El Carnicero de Rostov”, esposo modelo, catedrático y miembro del Partido Comunista, viola, tortura, mutila y asesina a 53 niños, a quienes acecha y captura en las estaciones de trenes. Les saca los ojos mientras aún viven y les destroza el vientre a cuchilladas. A otros les arranca los testículos a mordiscos. Devora parte de los cuerpos. Tras su arresto, se le coloca en una jaula para juzgarlo. Es sentenciado a muerte y ejecutado con un disparo en la nuca.
Dennis Nilsen “El Estrangulador de Muswell Hill”
1978 a 1983, Londres (Inglaterra): Dennis Nilsen “El Estrangulador de Muswell Hill” secuestra, asesina, viola, descuartiza y lanza por la cañería a 16 hombres, a quienes conoce en pubs frecuentados por homosexuales. La policía lo detiene y él confiesa todo enseguida. Es juzgado y condenado a prisión perpetua, convirtiéndose en uno de los asesinos en serie más famosos de Inglaterra.
Jeffrey Dahmer “El Carnicero de Milwaukee”
1978-1991, Milwaukee, Wisconsin (Estados Unidos): Jeffrey Dahmer “El Carnicero de Milwaukee” asesina a 17 hombres, tras abordarlos en bares e invitarlos a su casa para sostener relaciones sexuales con ellos. A varios les trepana el cráneo y les inyecta agua hirviendo en el cerebro, tratando de convertirlos en zombies. Conserva sus cadáveres varios días y los viola; luego devora partes de los cuerpos, antes de deshacerlos en barriles de ácido. También guarda esqueletos y trozos de los cuerpos, que empaqueta en su refrigerador. Es detenido y sentenciado a 937 años de prisión. Es asesinado en la cárcel a manos de otro prisionero.
Robert Hansen “El Cazador de Humanos”
1980-1983, Anchorage (Alaska): Robert Hansen “El Cazador de Humanos”, un inmigrante estadounidense, secuestra y viola a 21 mujeres, a quienes luego lleva al bosque cercano a su casa para obligarlas a escapar mientras él las persigue, dándoles caza. Una vez que las alcanza, les dispara con su escopeta y entierra los cadáveres. Es detenido cuando una de sus víctimas consigue llegar a una carretera cercana y pedir ayuda. Se le sentencia a 461 años de prisión.
John Joseph Joubert
1982, Maine, Nebraska (Estados Unidos): John Joseph Joubert mata a varios adolescentes golpeándolos, abusando sexualmente de ellos y abandonando sus cuerpos desnudos en lugares descampados. Es arrestado en la base militar donde labora. Condenado a muerte, es electrocutado en 1996.
Robert Berdella “El Carnicero de Kansas”
1984, Kansas (Estados Unidos): Robert Berdella “El Carnicero de Kansas” mata a 6 jóvenes. Los desmiembra vivos, los eviscera, les inyecta líquido destapacaños. Descuartiza los cuerpos y los arroja a la basura. Tras su detención, la policía encuentra su colección de instrumentos de tortura, cientos de fotografías de sus crímenes y varias cintas donde graba las sesiones de tormento. Es sentenciado a prisión perpetua y muere en la cárcel, a consecuencia de un infarto, en 1992.
Richard Ramírez “El Merodeador Nocturno”
1984-1985, Los Ángeles, California (Estados Unidos): Richard Ramírez “El Merodeador Nocturno”, tomando su nombre de la cancion de AC / DC, entra a las casas forzando puertas y ventanas, y viola a las mujeres, la mayoría de ellas ancianas, antes de matarlas. Asesina a 14 personas. Es arrestado tras una cacería humana y sentenciado a muerte. Contrae matrimonio en prisión.
Aileen Wuornos “La Mujer Araña”
1989-1990, Palm Harbor, Florida (Estados Unidos): Aileen Wuornos “La Mujer Araña”, una prostituta con tendencias lésbicas, asesina a sus clientes dándoles 6 balazos en el interior de sus automóviles o hincándolos a un lado de los vehículos, dejando además un preservativo en el asiento trasero de los vehículos como firma. Mata a 7 antes de ser detenida. Es sentenciada a muerte y se le ejecuta por medio de una inyección letal en 2002.
Keith Jesperson “El Asesino de la Carita Feliz”
1990-1995 (Estados Unidos): Keith Jesperson “El Asesino de la Carita Feliz” es un canadiense fanático de las motocicletas, quien conduce un tráiler con el cual recoge a prostitutas o jóvenes autoestopistas, a quienes después viola y estrangula, abandonando sus cadáveres en los bosques circundantes. Jesperson deja varias pistas de manera intencional, y además rubrica sus crímenes y las cartas que envía a la policía con una carita sonriente. Mata a 8 mujeres antes de ser detenido y condenado a 3 cadenas perpetuas; él se atribuye 166 muertes. Desde la cárcel, mantiene correspondencia utilizando papel y sobres con su membrete personal: un tráiler con la cabina roja, en cuyo contenedor hay dibujada una carita sonriente.
Ronald Janssen “El Monstruo de Lovaina”
1990-2010, Lovaina (Bélgica): Ronald Janssen “El Monstruo de Lovaina”, golpea, viola y asesina a 15 mujeres a lo largo de 20 años. Divorciado y con hijos, lleva una vida social normal, tiene un amplio círculo de amistades y se desempeña como un respetado catedrático. Es detenido cuando asesina a una pareja de novios, vecinos suyos. Durante la investigación subsecuente, se determina que es el autor de todos los crímenes sin resolver ocurridos en Bélgica durante dos décadas.
Luis Alfredo Garavito “La Bestia de Génova”
1992-1998 (Colombia): Luis Alfredo Garavito “La Bestia de Génova”, se dedica a secuestrar niños, a los que después viola y asesina. Mata a 172 menores de edad. Es capturado cuando intenta secuestrar a una niña. Tras ser juzgado, es sentenciado a 1,000 años de prisión, pero a causa de múltiples apelaciones esta sentencia queda reducida a 60 años.
Futoshi Matsunaga y Junko Ogata
1996-1998, Fukuoka (Japón): Futoshi Matsunaga y Junko Ogata, su esposa, torturan y asesinan a 7 personas, incluyendo a 2 niños. Son arrestados y sentenciados a muerte. Se les ahorca en 2005.
Huang Yong
2001-2003, Henan (China): Huang Yong, un joven que contacta a adolescentes en tiendas de juegos de video, invita a sus víctimas a su domicilio, donde las droga para abusar sexualmente de ellas y después estrangularlas. Mata a 17 personas. Tras su arresto, declara que desde niño quiso convertirse en un asesino en serie. Es sentenciado a muerte y fusilado en prisión.
William Holbert “Wild Bill”
2006-2007 (Panamá): William Holbert “Wild Bill”, un inmigrante estadounidense, mata a 7 personas, a quienes despoja de sus propiedades. Es ayudado por su amante, Laura Michelle Reese. Entierra los cuerpos en su hostal, a la orilla de un río. Tras ser descubierto, huye a Nicaragua, donde es arrestado y extraditado.
Videos Relacionados..
Y de yapa, mi preferida.
Erzebeth de Bathory: "La Condesa Sangrienta"
Hambruna y peste reinaban en la Europa del siglo XVI. El peligro turco era omnipresente y Hungría era un granero que podían saquear a placer. Los campesinos no podían ir a trabajar las tierras sin armarse de una espada y teniendo un caballo ensillado para huir en caso de necesidad. La guerra se enseñoreaba en el Viejo Continente. Durante una derrota húngara, el sultán otomano Solaimán tuvo su diván bajo una tienda roja donde 2000 cabezas decapitadas servían de trofeos; había cabezas de obispos, de ricos y aristócratas, pero la del rey faltaba... La encontraron un poco más tarde en una ciénaga. La brujería campaba a sus anchas. Hija del temor y de la miseria, encontraba en ese caos las fuerzas necesarias para engrandecerse, para prosperar y extender los monstruosos tentáculos de la superstición y de la locura.
Erzebeth de Bathory (o Elizabeth de Bathory) nació de un matrimonio consanguíneo: su madre Anna Bathory, hermana del rey Istvan I de Polonia, casó en terceras nupcias con su primo el barón György Bathory de Ecsed, y tuvieron siete hijos: cuatro fueron abortados y dos hijas más, Sofía y Klara, murieron a manos de George Dozsa, un campesino rebelde que se dedicó a tomar los castillos de los nobles húngaros y a asesinarlos a todos. Erzebeth se salvó milagrosamente cuando el bandolero atacó el castillo de su familia.
Cuando capturaron a Dozsa, lo condenaron a sentarse en un Trono de Hierro que luego encendieron y pusieron al rojo vivo. Su cráneo estalló y su cerebro se derramó por sus oídos. Obligaron a sus cómplices a comer su carne asada; luego los destriparon vivos y arrojaron sus entrañas a los perros. Tras reducirlo a cenizas, arrojaron el polvo de Dozsa a los vientos. La pequeña Erzebeth de Bathory presenció todo: las torturas, las ejecuciones, la disposición de los cadáveres. Esta experiencia la marcaría para siempre.
monumento a George Dozsa
Entre los familiares de Erzebeth se contaban personajes poderosos: un cardenal, varios príncipes y su primo Zsigmond de Bathory, quien fue Gran Príncipe de Transilvania mediante su matrimonio con la princesa María Cristina de Habsburgo. Otro fue Esteban de Bathory. Erzebeth pasó su infancia en la propiedad de los Ecsed (el Castillo de Čahtice).
Esteban de Bathory
Se dice que a los cuatro o cinco años de edad, Erzebeth sufrió de violentos ataques, quizás causados por la epilepsia o alguna otra enfermedad neurológica; en todo caso, remitieron cuando aún era pequeña.
A los once años fue prometida al conde Franz Nádasdy, quien le doblaba la edad. Un año después, la enviaron a vivir en el castillo de los Nádasdy para que fuera conociendo a su nueva familia. Nunca hizo buenas migas con su suegra, Úrsula, matriarca del clan; al parecer, la joven Bathory hacía valer el rango superior de su apellido con una frecuencia que la enojaba.
Blason de los Bathory
Blason de los Nádasdy
A diferencia de la mayoría de mujeres (y hombres) de su tiempo, Erzebeth había recibido una buena educación y su cultura sobrepasaba a la de la mayoría de los hombres de entonces. Era excepcional; su amigo Andrei de Kereshtur, en sus Crónicas, relata:
"Hablaba perfectamente el húngaro, el latín y el alemán, mientras que la mayoría de los nobles húngaros no sabían ni deletrear ni escribir (...) hasta el Príncipe de Transilvania era prácticamente analfabeto".
A los quince años, en 1575, casó con Franz Nádasdy, que entonces contaba veintiséis años de edad. La ceremonia tuvo lugar con gran lujo en el castillo de Vranov nad Toplou; incluso se invitó al emperador Maximiliano II, que no pudo acudir. Fue Franz quien adoptó el apellido de soltera de su esposa, mucho más ilustre que el suyo. Se fueron a vivir al castillo de Čahtice, en compañía de su suegra Úrsula y otros miembros de la casa. El joven conde no pasaría mucho tiempo por allí: la mayor parte del tiempo estaría combatiendo en alguna de las muchas guerras de la zona, para merecer el apodo de "Caballero Negro de Hungría".
Tras su noche de bodas, Franz temía levantarse del lecho de su joven esposa. Afuera de la alcoba, envuelta en su capullo de dulce canción, estaban el rey Matthias, el príncipe Rudolf, sus soldados, Ursula su madre y el resto de quienes por arte de magia él había dejado atrás durante varias horas. Sabía, no obstante, que tarde o temprano debía reunirse con ellos. Se incorporó en la cama. “Debemos regresar al mundo vestido”, le dijo a su esposa. Esto le dio a Erzebeth una idea para poner a prueba los límites de la obediencia. Le dijo a Franz que quizás el regreso pudiera ser menos desagradable si el mundo vestido se desvestía. Podían pedir a todos los que les debían obediencia a ellos que se quitaran la ropa. Franz rió. Era una idea espléndida. Además, desarmaría a todos los hombres que llevaban armas pesadas, y que tanto le preocupaban. Se dieron perfecta cuenta de que habría que exceptuar de esta orden a Ursula, al rey, a los pastores luteranos y a los monjes católicos.
Erzebeth despidió a sus doncellas cuando acudieron a vestirla, y Franz hizo lo mismo con sus sirvientes. Cuando salieron de la cámara nupcial, los recién casados eran como Adán y Eva en el Paraíso. Todos bajaron los ojos de vergüenza. De pie junto a la puerta, tomados de la mano, primero Franz, y luego Erzebeth, anunciaron la orden del día. La orden viajó de boca en boca.
“En nombre del Paraíso de Dios, que fue construido con toda inocencia, y en honor de la exitosa consumación de la boda de Franz Nadazdy y Erzebeth de Bathory, se decreta que todos quienes están bajo el techo del castillo, con excepción del rey Matthias, el príncipe Rudolf, Ursula Nadazdy y los clérigos, andarán desnudos durante todo un día”.
Los historiadores húngaros en general no se han ocupado de este raro día en su historia, pero hay quienes alegan que ese día los habitantes del castillo se envenenaron con el cornezuelo de la harina de centeno. En Hungría hubo estallidos periódicos de esta calamidad, que causaba alucinaciones y comportamiento extraño. Resulta divertido observar que el 10 de mayo haya pasado a la historia folklórica sin mayor referencia en los pergaminos de las crónicas.
Franz y Erzebeth apenas se veían debido a las actividades guerreras del primero. Existe registro epistolar de cómo Franz y Erzebeth intercambiaban información sobre las maneras más apropiadas de castigar a sus sirvientes, algo normal entre los nobles de la época. Las posesiones de esta pareja de nobles húngaros eran enormes, y se requería además un férreo control sobre la población local, de origen húngaro, rumano y eslovaco.
En 1576, poco después que Erzebeth cumpliera dieciséis años, murió Maximilian II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, luego de un reinado de doce años, y fue sucedido por su hijo, Rudolf II (1576-1612). Ese mismo año, Ursula Kaniszayy Nadazdy falleció de repente y su desaparición fue lamentada por toda la cristiandad. Algunos, en secreto, también lloraban de dolor por la ascensión al trono del “Loco de Praga”. Rudolf II fue emperador durante la mayor parte de la vida de Erzebeth de Bathory. Lo sobrevivió sólo por un año.
Poco tiempo después de la muerte de Ursula Nadazdy, la ofensiva turca se inició en serio. Franz Nadazdy estuvo ausente un año entero. Tras dar a luz a su hija Anna Bathory, Erzebeth apenas podía darse abasto con la incesante actividad que debía desplegar. Un tropel de visitantes acudió a Sarvar para conocer a la nueva ama. Llegaban desde todos los confines de Hungría y Transilvania, trayendo obsequios y relatos, tratando de actuar con gracia y hacerse memorables para la muchacha que era más rica que el rey. Le llevaban aves increíbles, pavos reales y faisanes, especias raras y fruta de la Nueva España, vendidas por los italianos en los mercados de Transilvania, cristales hechos en Venecia por artesanos que soplaban el vidrio tan delgado como telaraña, tazas de oro hechas por artífices alemanes, telas tejidas por hilanderos flamencos y misales escritos a mano por los monjes, que ilustraban las primeras letras con tintas extrañas.
Castillo de Cahtice
Su primo Stephen Bathory le regaló un animal extraño y maravilloso traído por marineros españoles de la Nueva España. Era un felino entrenado desde cachorro que, sin embargo, conservaba muchos instintos peligrosos. Se trataba de un jaguar, adorado como un dios en muchas partes de Nueva España. Le dio el nombre de Nieve Nocturna porque le recordó a la nieve brillando bajo la luz de la luna. Ella misma lo alimentaba con carne cruda. Algunas noches dormía desnuda al lado de la jaula de Nieve Nocturna. Poco después, el jaguar ya salía de su jaula e incluso dormía con ella en su cama. En 1583 llegó al castillo el famoso filósofo Johannes Kepler, amigo de la infancia de Erzebeth. Permaneció allí varios días, intentando averiguar si el protestantismo se había apoderado de la Casa Bathory o el catolicismo aún tenía esperanzas. Sostuvo largas e interesantes conversaciones con Erzebeth, rememoraron los días de antaño y hablaron como buenos amigos.
No fue hasta 1585, diez años después de su matrimonio, que la condesa tuvo a su primera hija, Ana, y en los nueve años siguientes dio también a luz a Úrsula y Katherina. Finalmente, en 1598, alumbró a su único hijo, Pál. Es de esa época que data su único retrato, hoy desaparecido.
La Locura de Erzebeth
Un día, Erzebeth descubrió que la edad la había convertido en una mujer madura. Se obsesionó con el proyecto de conservar su juventud. En su biografía de la Condesa, el escritor Andrei Codrescu describe magistralmente el instante en el cual Erzebeth destruyó todos los espejos de su castillo y cometió el crimen que finalmente iniciaría su caída:
“El último día del siglo XVI, la condesa Erzebeth de Bathory de Hungría, deprimida por el paso irremediable del tiempo, airada por la traición de la carne, y entristecida más allá de todo consuelo por la pérdida de su juventud, ordenó que sus doncellas rompieran todos los espejos de su mansión sobre una colina de Budapest. Las atemorizadas muchachas bajaron los pesados marcos de las paredes y los sacaron a la intemperie. Algunas lloraban sin saber por qué, sospechando que los caprichos de su ama acababan de dar un vuelco más sombrío que de costumbre. Cuando llegaron al centro del patio, apoyaron con ternura los espejos sobre la nieve. El cielo plomizo se reflejaba, tenebroso, en los cristales. No obstante, parecía inclusive, que hasta el cielo los rehuía, dejando la pulida superficie en la oscuridad. Desde su posición elevada en el ventanal, Erzebeth hizo una seña para que comenzaran. Al observar a su multitud de mujeres vestidas de negro rompiendo los espejos con palas bajo la nieve que seguía cayendo, Erzebeth sintió una fría llama en el interior de su cuerpo. Parecían cuervos, esas mujeres, atareadas enterrando la vanidad de su carne, Cuando todos los fragmentos sucumbieron bajo una fresca capa de nieve, ella juró erigir un monumento en ese sitio, algo poderoso y frío, en conmemoración del fin de su belleza temporal.
Esa noche, Erzebeth escogió con el mayor de los cuidados su atuendo negro para la Misa del Gallo. En la iglesia de Santa María, en Budapest, Ilona Harszy, que acababa de cumplir los quince años, cantó con una voz tan hermosa que hizo llorar a los monjes agustinos. Los aristócratas húngaros que asistían al servicio religioso cubrieron de elogios a la pálida niña. Algunos desnudaron sus brazos y su cuello de alhajas, y se las ofrecieron a la iglesia en señal de gratitud. Ilona se erguía, con toda modestia, en medio de esta tormenta de afecto, la cabeza inclinada, agradeciendo en su interior a la Virgen Santa por la inspiración que había hecho que su voz se elevara a alturas angelicales.
El suelo frente a la iglesia se cubrió con la seda de nobles abrigos, tendidos para que Ilona no tuviera que pisar la nieve. Su manera de cantar hizo que el barón Eszterhazy escribiera a los padres de la muchacha: ‘Su voz pura era una de las mejores de Europa, mejor de las que he oído en los teatros de ópera de Italia’. Los monjes agustinos, que vivían enfrente de la iglesia de Santa María, cosieron una túnica para Ilona. El abad, Teronius, les recomendó que cosieran la túnica con pureza, llenos de gratitud por la angelical Ilona Harszy, cuya voz le fue enviada del cielo. Dos horas después de la sorprendente actuación de Ilona, Erzebeth envió a su carruaje a buscarle para una actuación privada. Ilona subió al carruaje, aún ataviada de blanco, los hombros cubiertos por una capa de armiño regalada por un noble.
Erzebeth de Bathory recibió a la cantante en el salón rosa, una habitación artesonada con madera de palo de rosa y cubierta de alfombras orientales. Cerca de las llamas la Condesa reposaba en un diván turco, vestida sólo con una túnica negra de seda. En la mano sostenía la boquilla de oro de un narguile turco, en el que ardía una bola de dorado hachís.
Erzebeth le ordenó que cantara, pero el miedo atenazó a la chiquilla. La Condesa se levantó del diván, la abofeteó, y luego le arañó las mejillas. Sus doncellas le quitaron el vestido a la chica. Después la Condesa se quitó con ferocidad su propia túnica y quedó desnuda. Sus senos abundantes, sus caderas opulentas y la piel floja de su abdomen se enfrentaron con desafío a la figura insustancial erguida ante ella. Poniendo la mano bajo la barbilla de la muchacha, le levantó la cara con energía.
-¡Contempla a una mujer! -exclamó.
La Condesa mordió a la muchacha, sacando sangre. Acarició el cuello de Ilona, apretándolo después. La muchacha se desmayó. Cubriendo su desnudez, arrastró a la niña inconsciente al exterior, seguida de sus doncellas.
El frío era fuerte. Temblando, las mujeres subieron a la cantante sobre el montículo bajo el cual estaban enterrados los espejos de Erzebeth. La Condesa mantenía a la muchacha, siempre inconsciente, cerca de su cuerpo, sintiendo cómo el calor la iba abandonando y entrando en ella. Su mejor doncella, Darvulia, trajo un cubo de agua desde la casa. Las doncellas mantuvieron a Ilona erguida, mientras Erzebeth arrojaba agua sobre la pálida forma. El agua se hizo hielo de inmediato y la muchacha se congeló en el acto. Las mujeres se quedaron contemplando durante un momento a la estatua de carne. Una lámina de hielo, afilada como una astilla de cristal veneciano, se curvaba hacia adelante entre las piernas de la muchacha. Sobre esta lámina, su pubis brillaba. El ombligo también se había llenado de cristales de hielo, como un racimo centelleante de pequeñas joyas.
-Belleza -dijo con frialdad Erzebeth- ¡Con cuánta facilidad te aferráis a los débiles!"
Después de la desaparición de la cantane Ilona Harszy el fin de año de 1599, los rumores de los actos malvados de Erzebeth de Bathory se tornaron más alarmantes. Ponikenuz y Megyery predicaban contra ella en las iglesias, llamándola bruja y exigiendo que se la quemara en la hoguera. Ponikenuz escribió tanto al rey Matthias como al emperador Rudolf pidiendo una investigación. El rey Matthias, que amaba a Erzebeth, convocó a su primer ministro, el palatino Thurzo, y le ordenó que se encargara del asunto. Thurzo se preocupó mucho. No estaba tan afligido por Erzebeth, sino por el apellido Bathory y por la suerte de su gran fortuna, que corría peligro de caer en manos del rey, en caso de que fuera condenada.
El declive comenzó en 1604, poco después de la muerte de su marido. Una de sus sirvientas adolescentes le dio un involuntario tirón de pelos mientras la estaba peinando. Al principio tuvo mucha suerte: la condesa reaccionó reventándole la nariz de un fuerte bofetón (cuando lo normal entre la nobleza de la época habría sido sacarla al patio para recibir cien bastonazos). Pero cuando la sangre salpicó la piel de Erzebeth, a ésta le pareció que allá donde había caído desaparecían las arrugas y su piel recuperaba la lozanía juvenil. La Condesa, fascinada, pensó que había encontrado la solución a la vejez, y siempre podría conservarse bella y joven. Con la ayuda de sus sirvientes, desnudaron a la muchacha, le hicieron un profundo corte en el cuello y llenaron un barreño con su sangre. Erzebeth se bañó en la sangre, o al menos se embadurnó con ella todo el cuerpo y probablemente la bebió.
Entre 1604 y 1610, los agentes de Erzebeth se dedicaron a proveerla de jóvenes entre 9 y 26 años para sus rituales sangrientos. En un intento de mantener las apariencias, habría convencido al pastor protestante local para que sus víctimas tuviesen entierros cristianos respetables. Cuando la cifra comenzó a subir, éste comenzó a manifestar sus dudas: morían demasiadas chicas por "causas misteriosas y desconocidas". Así es que ella le amenazó para que callase y comenzó a enterrar en secreto los cuerpos desangrados.
Tomó la costumbre de quemar los genitales a algunas sirvientas con velas, carbones y hierros por pura diversión. También generalizó su práctica de beber la sangre directamente mediante mordiscos en las mejillas, los hombros o los pechos. Para estas cuestiones privadas se apoyaba en la fuerza física de sus criados.
En repetidas ocasiones se trasladó a Viena, y ya circulaba por entonces el apodo con la que le habían bautizado: "Blutgräfin" (“Condesa Sangrienta” en alemán). Se contaban historias de sangre corriendo por la capital austríaca, de los gritos de jóvenes doncellas asesinadas.
A sus cincuenta años, según los testimonios de las personas que la conocieron, presentaba un aspecto de juventud sorprendente, casi diabólico, con una palidez lechosa que fascinaba y aterraba. Se decía además que mientras su esposo estaba fuera, ella mantenía relaciones sexuales con sirvientes de ambos sexos, y se rumoraba que cuando tenía sexo con chicas, no era raro que las mordiese salvajemente.
Los asuntos del día requerían sirvientes eficientes y de mente sobria, pero las actividades de la noche también tenían su personal, igualmente eficaz. Se encargaban de llevarle jovencitas, principalmente campesinas. Erzebeth estaba intrigada por el poder que tenían estas vulgares muchachas de excitarla. Empezó a jugar con ellas de otras maneras, para ver qué motivaba su comportamiento. Ordenó que a toda nueva muchacha se le afeitara la cabeza. Con el pelo hizo sogas, para comprobar su resistencia.
Colgó estas sogas de la ventana de su alcoba y luego le ordenó a Ficzko, su amante, que subiera por ellas. Erzebeth lo aguardaba, desnuda, detrás de un muro de velas encendidas. Otra vez hizo hacer una túnica con el pelo de las sirvientas, y se puso la túnica sobre las carnes, dejando ver sus pechos y pubis entre los cabellos flojamente trenzados mientras realizaba sus tareas habituales, conferenciaba con sus administradores, instruía a los empleados y regateaba con los comerciantes. Si sorprendía a alguien mirando con osadía los lugares donde se abría la túnica de pelo, reprendía al atrevido y exigía, al mismo tiempo, una disculpa y un elogio de su novedosa prenda. “Santa Cecilia andaba desnuda, cubierta sólo por sus trenzas, y, sin embargo, la veneramos”, afirmaba.
Un día llegó un mercader de las tierras alemanas con un instrumento, una jaula cilíndrica con afiladas estacas que giraba y se contraía, y las estacas atravesaban la carne de la desgraciada criatura que a la sazón estuviera aprisionada adentro. El alemán, llamado Philipp Imser de Augsburgo, era el brillante inventor de muchos mecanismos refinados y útiles. Había empezado a hacer instrumentos de tortura porque existía una gran demanda luego de una serie de rebeliones de campesinos. Viajó a Hungría para conocer al gran Thurzo, cuyo gran trono de hierro al rojo vivo para el bandolero George Dozsa admiraba. Había construido la jaula cilíndrica para Thurzo, pero el palatino decidió hacerle un obsequio a su sobrina Erzebeth de Bathory. Erzebeth no estaba segura de lo que significaba el regalo de la jaula, pero se alegró de recibirla.
Hizo instalar el objeto en su sala de baño en Kereshtur. Allí rotaba mientras ella yacía en su baño, una jaula de cobre brillante sin un pájaro dentro. Su satisfacción al contemplar el mecanismo se vio reducida severamente por un arañazo en su pecho izquierdo. Una de las muchachas que la friccionaba, una retasada mental de Eslovaquia, llamada Katarina, la arañó con una uña. Erzebeth la azotó, furiosa, pero al ver que su castigo no hacía mella en la muchacha, le ordenó a Darvulia que mandara llamar a Ficzko. Sin salir de su baño, hizo que su fornido ex amante y sus mujeres ataran a Katarina. Bajaron la jaula rotativa, y obligaron a Katarina a acurrucarse dentro. Luego levantaron la jaula. A medida que el movimiento arrojaba a la muchacha a un lado y otro, las largas agujas le fueron atravesando el cuerpo. La sangre que manaba iba bañando a Erzebeth, que estaba justo debajo. Fue una sensación extraordinaria. A medida que la sangre de la muchacha llovía sobre ella, un júbilo enloquecedor se apoderó de ella. Mejor aún, en los lugares mojados por la sangre, su piel parecía hacerse más joven, llena de una nueva vida.
Durante los tres años siguientes, la jaula rotativa se convirtió en el entretenimiento favorito de Erzebeth. Cuando se miraba en el espejo después de una de sus duchas de sangre, se veía fuerte y bonita. La suerte de las muchachas sacrificadas en aras de su bienestar no le interesaba en absoluto. Las muchachas, sus padres y las aldeas de donde provenían eran de su propiedad. Era libre de disponer de ellas como se le antojara. Pero su falta de preocupación no era compartida por sus sirvientas que, si bien ayudaban, temían ser descubiertas. Los rumores acerca de la desaparición de muchachas creaban gran inquietud entre los habitantes de las aldeas. El pastor Ponikenuz, a quien le habían permitido ingresar en el área de baños, intentó entrar por la fuerza un día, cuando las mujeres estaban lavando la sangre y cortando en pedazos el cadáver de la víctima para un entierro clandestino. No logró su propósito, porque Darvulia se interpuso y lo hizo sentir grosero por tratar de invadir un área femenina.
Es por esta época que empiezan a escucharse rumores de que algo muy siniestro ocurre en el castillo de Čahtice. A través de un pastor protestante local, llegan historias de que la Condesa practica la brujería (explícitamente, la magia roja) y para ello utiliza la sangre de muchachas jóvenes (una típica acusación muy popular en la época, similar a las que se realizaban contra los judíos). Es curioso observar el paralelismo con Juana de Arco, acusada igualmente de brujería cuando su poder político se consideró peligroso para el sistema establecido.
Mientras, en el castillo, Darvulia conspiraba para vestir a las campesinas con elegantes vestidos como si fueran nobles, luego de bañarlas y perfumarlas. Las muchachas eran llevadas a la mesa de Erzebeth y se comportaban siguiendo las instrucciones impartidas, pero rara vez abrían la boca por temor a traicionar su ordinariez. Después de la cena, la Condesa ordenaba que se les encerrara en una Doncella de Hierro o ella misma las torturaba. Muchas veces, durante la tortura, los groseros alaridos de las muchachas destruían la ilusión de su origen aristocrático. Entonces la Condesa se convertía "en una loba feroz, de ojos enrojecidos, con espuma en la boca", según declaró después Jo-Anna, que también participaba en estas orgías.
A finales de noviembre de 1610, Erzebeth viajó a Čahtice con su séquito de mujeres. Čahtice, en el país eslovaco, era una de las propiedades más pequeñas, con un castillo protegido.
La muerte de Ilona en la nieve fue el primer acto registrado, de naturaleza abominable, que involucraba a una hija de la nobleza. Le siguieron otros: las hijas mellizas de una princesa rusa; la hija única de una viuda austríaca relacionada con la corte de los Habsburgo. Después que le empezaron a gustar las muchachas aristocráticas, bien educadas, bien vestidas y perfumadas, Erzebeth perdió su interés por las campesinas. Sin embargo, no había suficientes muchachas nobles.
Al frente de un grupo de soldados, el conde Thurzo irrumpió en forma inesperada en el castillo de Čahtice el 29 de diciembre de 1610, durante las festividades navideñas. Al reconocer los estandartes de su tío, Erzebeth permitió que se bajara el puente levadizo sobre el foso, sin sospechar nada. No bien el grupo armado cruzó el patio, los soldados de Thurzo desarmaron a los guardias de Erzebeth, que fueron sorprendidos en el cuartel mientras disfrutaban de un festín. Los soldados de Thurzo luego subieron por las escaleras y avanzaron en formación de abanico sobre el interior del castillo. Lo primero que vieron fue a una sirvienta en el cepo del patio, en estado agónico debido a una paliza que le había fracturado todos los huesos de la cadera. Esto era práctica corriente y no les llamó la atención, pero al acceder al interior se encontraron a una chica desangrada en el salón, y otra que aún estaba viva aunque le habían agujereado el cuerpo. En la mazmorra encontraron a una docena que todavía respiraba, algunas de las cuales habían sido perforadas y cortadas en varias ocasiones a lo largo de las últimas semanas.
Por todas partes había toneles de ceniza y serrín, usados para recoger la sangre que se vertía tan pródigamente en aquel lugar. Debido a esto, todo el castillo estaba cubierto de manchas oscuras y despedía un tenue olor a podredumbre.
En dos días solamente (7 y 11 de enero de 1611) se llamó a declarar a treinta y cinco testigos. Todos habían sido torturados y obligados a jurar que dirían la verdad. Entre ellos estaban íntimos colaboradores de la condesa, como Darvulia, Jo Anna Tohka, Helena Jo, Selena y Ficzko. Todos, menos Darvulia, confesaron que habían ayudado a torturar y asesinar a una gran cantidad de muchachas que cruzaron el umbral de sus castillos, para no volver a trasponerlo. Jacob Silvazy, mayoral del castillo Čahtice, presentó como evidencia un registro, escrito por la mano misma de la Condesa, donde enumeraba las 650 muchachas que había matado. La conmoción de los jueces ante el elevado número de sus víctimas, mayor aún por haber sido íntimos de la mujer, repercutió a través de los procedimientos.
Cuando por primera vez se obtuvo suficiente evidencia, en el año 1611, Thurzo ordenó que el encierro de Erzebeth en Čahtice fuera permanente. La Condesa, que primero había sido puesta bajo arresto domiciliario en Čahtice, a continuación fue encerrada en su propia alcoba. Se dejó una abertura para que por ella se le pasara la comida una vez por día. Como no hubo una acusación formal contra Erzebeth de Bathory, la gran fortuna quedó en la familia. Erzebeth permaneció encerrada entre las paredes de su alcoba por casi tres años, sin el solaz de un solo rayo de sol. Afuera, la vida del castillo proseguía como si ella no existiera. Las noticias del mundo le eran negadas. Se la trataba como si ya estuviera muerta y enterrada. A medida que el mundo se iba apartando de ella, se contaba y se volvía a contar la historia de su vida.
Fuente: http://cmcorpkillers.blogspot.com/