Introducción
¿Puede la música convertirse en un canal para que se manifieste el Maligno? ¿Existen sonidos “disonantes” capaces de impulsar al ser humano a cometer tropelías? ¿Podría el Diablo haber inspirado a Tartini alguna de sus composiciones? ¿Hizo un pacto Paganini con el Innombrable para alcanzar el éxito con su violín?
La música es, posiblemente, la más refinada de todas las artes humanas, la más armónica y proporcionada, la que utiliza reglas más estrictas y la que comunica sentimientos de un modo más directo y emotivo. Muchos creen que la música es el lenguaje perfecto para hablar con Dios. Según el relato bíblico, el rey David exorcizó a Saúl con la música de su arpa y hasta el mismo nombre de Yahvé (IHVH) se interpretó en clave musical. Pero desde antiguo la música se ha asociado también, en la misma proporción, con el gran oponente de Dios. Me refiero, obviamente, al Príncipe de las Tinieblas.
¿Puede la música convertirse en un canal para que se manifieste el Maligno? ¿Existen sonidos “disonantes” capaces de impulsar al ser humano a cometer tropelías? ¿Podría el Diablo haber inspirado a Tartini alguna de sus composiciones? ¿Hizo un pacto Paganini con el Innombrable para alcanzar el éxito con su violín?
La música es, posiblemente, la más refinada de todas las artes humanas, la más armónica y proporcionada, la que utiliza reglas más estrictas y la que comunica sentimientos de un modo más directo y emotivo. Muchos creen que la música es el lenguaje perfecto para hablar con Dios. Según el relato bíblico, el rey David exorcizó a Saúl con la música de su arpa y hasta el mismo nombre de Yahvé (IHVH) se interpretó en clave musical. Pero desde antiguo la música se ha asociado también, en la misma proporción, con el gran oponente de Dios. Me refiero, obviamente, al Príncipe de las Tinieblas.
Sonidos Disonantes
En los años oscuros de la Edad Media, cuando la Iglesia tenía verdadero poder y dominaba los estados seculares, se estableció que había sonidos “disonantes” capaces de impulsar el alma del ser humano hacia el mal y la inmoralidad. Pero, en realidad, esta idea se había originado mucho antes, pues ya Aristóteles dijo que había dos tipos de música: una digna, correspondiente a los espíritus elevados, y otra vil, propia de la “chusma”. Bajo la autoridad de este filósofo –que también afirmó que el trabajo envilece o que las mujeres son seres inferiores–, fue prohibido el Tritono, la “disonancia perfecta”, un intervalo melódico al que se bautizó con el muy explícito nombre de Diabolus in musica.
Su sonido se consideraba en sí mismo diabólico. Usarlo en una composición podía, en casos extremos, llevar a prisión o a la hoguera. Sin embargo, casi toda la música nacida en el siglo XX y la actual están basadas en él: ragtime, jazz, blues, rock, etc. Quizá por ello diversos líderes religiosos han acusado a estos estilos de contener mensajes satánicos y aún hoy están prohibidos en algunos países árabes. Es más, los regímenes marxistas combatieron no hace muchos años esa música "decadente" llegada de los países enemigos occidentales.
Su sonido se consideraba en sí mismo diabólico. Usarlo en una composición podía, en casos extremos, llevar a prisión o a la hoguera. Sin embargo, casi toda la música nacida en el siglo XX y la actual están basadas en él: ragtime, jazz, blues, rock, etc. Quizá por ello diversos líderes religiosos han acusado a estos estilos de contener mensajes satánicos y aún hoy están prohibidos en algunos países árabes. Es más, los regímenes marxistas combatieron no hace muchos años esa música "decadente" llegada de los países enemigos occidentales.
Una Composición Del Diablo
El compositor italiano del siglo XVIII Giuseppe Tartini aseguraba que en cierta ocasión había tenido un sueño diabólico y musical. Se quedó profundamente dormido y entonces apareció ante él el Maligno interpretando una pieza al violín tan exquisita y virtuosa que con ella pretendía seducirle para que le vendiera su alma. No lo consiguió, al parecer, pero cuando Tartini despertó quiso transcribirla a toda prisa sobre el pentagrama antes de que el recuerdo se desvaneciera de su mente. Esta composición existe: es una preciosa sonata que se titula Il trillo del Diabolo (El trino del Diablo) y estoy escuchándola en este preciso momento con cierto respetuoso temor...
El más famoso de todos los instrumentistas que ha habido en la Historia –a despecho del pianista Franz Liszt– es el violinista y compositor italiano Niccolò Paganini. Su figura oscura y siniestra, su rostro enjuto, pálido, de nariz afilada y ojos profundos, sus enormes manos sarmentosas, unido todo ello a un virtuosismo desconocido hasta entonces, hicieron que su vida se viera rodeada de leyendas diabólicas. Se decía que era hijo de una bruja auténtica y que había hecho un pacto con el Diablo. Su propio apellido significa “pequeño pagano”, y cuando le llegó su hora se negó a que lo enterraran en suelo sagrado bajo el signo de la cruz.
Si Paganini es el rey de los violinistas y el violín está considerado el rey de los instrumentos, su violín favorito, Il Cannone, es sin duda el rey de los violines. Una historia no confirmada nos dice que Paganini murió con él entre sus brazos, aferrándolo en su último lecho como si se tratara de una mujer amada. Hoy El Cañón –que es lo que significa Il Cannone en italiano– se exhibe en el Palazzo Tursi, sede del Ayuntamiento de Génova, ciudad natal de su dueño. Resulta sorprendente para muchos que no se trate de un Stradivarius, a pesar de que Paganini poseyó hasta siete de los instrumentos fabricados por Antonio Stradivari, sino de un violín construido en 1743 por su principal competidor: Bartolomeo Giuseppe Guarneri, apodado Del Gesù (De Jesús), vecino de Stradivari en Cremona.
La leyenda de Il Cannone incluye el asesinato de una joven y bella mujer. Se decía que, después de haberla hecho su amante, Paganini la había matado para encerrar su hermosísima voz dentro de Il Cannone. Otra historia sin confirmar cuenta que Paganini tuvo que empeñarlo en cierta ocasión, pero que lo recuperó cuando el dueño de la casa de empeños le escuchó tocarlo y decidió devolvérselo movido, quizá, por un supuesto influjo diabólico.
Esas leyendas diabólicas rodearon la figura de Paganini y contribuyeron a crear el mito. Y no faltó quien llegó a asegurar que había visto con sus propios ojos al mismísimo Príncipe de las Tinieblas detrás de Paganini, entre las sombras, durante una representación, moviendo el arco del violín y guiando su mano sobre las cuerdas. El bisnieto de Paganini, que se llama John David Paganini y que nació en Nueva York, cita en su página web estas leyendas acerca del pacto con el Diablo de su bisabuelo. “Su interpretación de los pasajes más delicados –explica– era tan hermosa que sus audiencias rompían a llorar y, al mismo tiempo, era capaz de tocar con tanta fuerza y tanta velocidad que un espectador de Viena, medio enloquecido, declaró que algunos días había visto cómo el Demonio ayudaba al violinista.”
Pero ¿qué es lo que hace tan excepcional el sonido de los violines de Cremona, los Stradivarius y los Guarnerius? Un reciente estudio realizado por el doctor en bioquímica Joseph Nagyvary, de la Universidad A M de Texas (TAMU, Texas Agricultural Mechanical University) asegura que se debe a un tratamiento especial de la madera. Una mera cuestión de química, como dicen que es el amor. De hecho, Nagyvary ha construido un violín con una réplica de ese tratamiento y, a decir de algunos expertos (es importante resaltar que sólo algunos), suena mejor que cualquier otro violín moderno. Para Nagyvary el barniz y un tratamiento insecticida constituyen la base del enigma. En la composición de estos elementos se hallan el cuarzo, el polvo de vidrio contra las termitas y la esencia de una planta de Malasia que Marco Polo trajo desde Oriente y que los alquimistas conocían por el sugerente nombre de Sangre de Dragón.
El Barniz Misterioso
Es cierto que los maestros cremoneses usaban unos barnices muy especiales de un color anaranjado intenso, cuya composición exacta se desconoce. La leyenda dice que Stradivari escribió la fórmula en la tapa interior de una Biblia, pero que ese ejemplar fue quemado con posterioridad por uno de sus descendientes. No sabemos si la fórmula del barniz contenía algún ingrediente tan diabólico como la sangre humana, responsable de ese peculiar color anaranjado-rojizo, pero en todo caso el hecho de quemar una Biblia ya parece algo poco piadoso. Una película titulada "El violín rojo" fantasea precisamente con la historia de un violín teñido con la sangre de una hermosa mujer cuya alma queda adherida para siempre al cuerpo de madera del instrumento.
¿Misterio Resuelto?
Entonces, ¿se ha resuelto el misterio que quita el sueño a tantos luthiers y estudiosos desde el siglo XIX? No todos están de acuerdo. Entre los más importantes expertos del mundo en Stradivarius y Guarnerius se encuentra el taller-tienda de William Moennig Son, ubicado en Filadelfia (Estados Unidos), primer miembro americano de la Sociedad Internacional de Fabricantes de Violines y Arcos.
(Stradivarius)
(Guarnerius)
Sus certificados de autenticidad se cuentan entre los más importantes que existen -autentifican habitualmente instrumentos para casas de subastas del prestigio de Sotheby’s o Christie’s –, y son proveedores de la Orquesta Filarmónica de Filadelfia, una de las mejores del mundo junto con la de Berlín y la de Viena. Cuando recientemente los visité tenían en depósito una viola, llamada Count of Flanders, que con toda probabilidad perteneció a Paganini.
Para Dick Donovan, uno de los socios de William Moennig Son, las conclusiones de la Universidad A M son muy discutibles: “No creo que la grandeza de los violines clásicos de Cremona pueda explicarse de un modo tan simple como el tratamiento de la madera. A lo largo de dos centurias los violines cremoneses han sido considerados los mejores del mundo. Las técnicas de construcción, el tallado de las maderas y los elementos químicos estaban muy desarrollados. Se usaban los mejores materiales y los mejores barnices. Y también por eso fueron elegidos por los más importantes intérpretes, lo que aporta a los instrumentos una óptima sonoridad. Es seguro que el tratamiento de la madera es una pieza del puzzle, pero hay otras muchas”. En ello coincide también Paul Friedhoff, solista de violonchelo del Teatro Real de Madrid y luthier. Sentados en una cafetería, enfrente del Real, me explicó que definir qué es sonar bien ya constituye un problema: “Para la mayoría de la gente, sonar bien es sonar alto”.
Yo le conté que había asistido recientemente a un concierto de los Stradivarius Palatinos muy cerca de allí, en el Palacio de Oriente. Y le comenté que, a mi modesto entender, no habían sonado demasiado bien. Pero no es lo mismo escuchar una grabación en CD, que se ha repetido hasta la virtual perfección, que la música en directo. “Seguro que el concierto fue excelente –dice Paul–, pero siempre se producen ruidos, golpecitos y cosas por el estilo.” Los Stradivarius Palatinos son el único conjunto permanente de Stradivarius que hay en el mundo. Adquiridos por el rey Carlos IV en 1775, pertenecen a Patrimonio Nacional y se conservan en el Palacio Real de Madrid. Los más prestigiosos intérpretes ofrecen, en contadas ocasiones, conciertos de cámara a los que sólo se puede asistir mediante estricta invitación personal.
Enigmáticas Marcas
El trabajo de Giuseppe Guarneri supone el triunfo de la osadía y el genio sobre el perfeccionismo laborioso. Sus instrumentos son menos hermosos y exquisitos que los de Stradivari, no resultan tan equilibrados ni agradables, son difíciles de tocar -no “perdonan” al instrumentista sin la categoría suficiente para sacarles partido– e incluso muestran defectos estéticos que han llevado a cometer más de una metedura de pata a lo largo de la Historia. Paul Friedhoff me explica que “los Guarneri se pueden comparar con los Ferrari, más difíciles de conducir que otros vehículos de la misma potencia, pero con un encanto inigualable y, cuando se dominan de veras, inalcanzables”.
Pero lo que más me interesa es algo que me refiere Dick Donovan acerca de estos excepcionales instrumentos. La familia Moennig lleva siglos dedicada a su labor y ya más de una centuria establecida en Estados Unidos. En ese tiempo, sus distintos miembros han revisado y restaurado un buen número de Guarnerius y otros muchos instrumentos de arco de la más alta categoría. En el interior es habitual colocar una etiqueta con el nombre del luthier pero, en ocasiones, también se encuentran cosas inesperadas: marcas secretas que nos conducen al misterio.
Ciertos fabricantes han introducido en sus instrumentos signos mágicos o incluso de brujería. “Algunos luthiers de Nápoles–me explica Donovan– incluían en el interior de sus instrumentos o en la zona superior la Jettatura, es decir, una pirámide con un ojo inscrito que simboliza el temible "mal de ojo", y también otros signos parecidos.” El mismo Giuseppe Guarneri utilizó extrañas y enigmáticas marcas que hasta hoy nadie ha sabido interpretar. Dick Donovan se refiere a ellas como “misteriosas”. Si dejamos volar la imaginación quizá puedan interpretarse también como símbolos mágicos... ¡quién sabe si de magia negra! Y quién sabe también si por eso Paganini eligió un Guarneri como violín favorito. El hecho de que Guarneri incluyera las letras I.H.S., abreviatura griega de Jesús, junto con un símbolo de la cruz sobre ellas, que le valieron el apodo de Del Gesù o De Jesús, acaso no sea más que una maniobra para ocultar sus verdaderos intereses, como un posible pacto con el Diablo.
Ciertos fabricantes han introducido en sus instrumentos signos mágicos o incluso de brujería. “Algunos luthiers de Nápoles–me explica Donovan– incluían en el interior de sus instrumentos o en la zona superior la Jettatura, es decir, una pirámide con un ojo inscrito que simboliza el temible "mal de ojo", y también otros signos parecidos.” El mismo Giuseppe Guarneri utilizó extrañas y enigmáticas marcas que hasta hoy nadie ha sabido interpretar. Dick Donovan se refiere a ellas como “misteriosas”. Si dejamos volar la imaginación quizá puedan interpretarse también como símbolos mágicos... ¡quién sabe si de magia negra! Y quién sabe también si por eso Paganini eligió un Guarneri como violín favorito. El hecho de que Guarneri incluyera las letras I.H.S., abreviatura griega de Jesús, junto con un símbolo de la cruz sobre ellas, que le valieron el apodo de Del Gesù o De Jesús, acaso no sea más que una maniobra para ocultar sus verdaderos intereses, como un posible pacto con el Diablo.
El "Instrumento Perfecto"
La música, sea divina, diabólica o mezcla de ambas –al igual que nosotros mismos–, tiene la capacidad de emocionarnos como ninguna otra expresión artística. Escuchando los dieciocho violines de la Novena Sinfonía de Beethoven (abajo) o respirando el aroma interior del taller de los Moennig es imposible creer que una mezcla de productos químicos –o alquímicos– pueda constituir por sí sola el secreto del sonido del “instrumento perfecto”.
La Curiosidad
El hermano gemelo de Il Cannone (el violín favorito de Paganini)
(Il Cannone)
conocido por el nombre de Carrodus,
(Carrodus)
ha sido tasado en un valor de siete millones de dólares, aunque seguramente duplicaría ese precio si se subastara. Su dueño califica a este violín de “impetuoso” y, en comparación con el sonido de los Stradivarius, afirma que el de éste es “más oscuro, más rico, más parecido a la voz humana”. Y la voz humana es el único instrumento capaz de superar el sonido de un violín.
(Il Cannone)
conocido por el nombre de Carrodus,
(Carrodus)
ha sido tasado en un valor de siete millones de dólares, aunque seguramente duplicaría ese precio si se subastara. Su dueño califica a este violín de “impetuoso” y, en comparación con el sonido de los Stradivarius, afirma que el de éste es “más oscuro, más rico, más parecido a la voz humana”. Y la voz humana es el único instrumento capaz de superar el sonido de un violín.
Bueno termino este magnifico post, con una frase magica:
“Un violín es como un ser vivo. Su madera se obtiene de un árbol, que es una criatura viviente; luego se va transformando y, por fin, adquiere su propia voz.”
Nos vemos, hasta otro post